Marco
Jean soltó un gruñido y tensó la pierna, por lo que Marco Bodt la sujetó con fuerza contra el suelo, para que no la moviera.
—Jean…quédate quieto. Te dije que podía dole-
—¡No tanto! —Respondió el otro.
Marco soltó un pesado suspiro e intentó hacer caso omiso a las quejas de su compañero.
—Pero…solo estoy intentando asegurarme que no tengas nada roto…Además, no deberías gritar, podrían oírnos y en ese caso tu pierna será el menor de tus problemas. —Murmuró el chico, un tanto más calmado, mientras palpaba con cuidado la pierna de Jean.
Pasados unos minutos, Jean empezaba a impacientarse.
—¿Está rota? —Preguntó. Se notaba que estaba nervioso, y razones no le faltaban. Una pierna rota podía significarle la muerte en aquel lugar, y de hecho una estúpida caída casi lo había hecho.
—No lo parece…de todas formas, tu caída no podría derivar en una fractura. Pisaste mal y caíste sobre la nieve.
—Hubieses empezado por ahí…
—La medicina no es exacta, Jean.—Marco miró la pierna con el ceño fruncido, y luego a él.—No tengo nada para vendarla. No está rota, pero lo mejor será que no te muevas demasiado…con un poco de suerte sólo se trate de una torcedura y mañana dolerá menos.—Le sonrió.
Jean lo miró como si fuese una especie de ángel, y Marco comprendió que se debía a que nadie esperaba que alguien hiciese eso por uno en la arena. Él mismo en un momento se cuestionó sobre lo que estaba haciendo, no porque fuese mejor dejarlo morir, sino que, ¿Qué harían cuando quedaran pocos en el caso de que se hiciesen amigos?
"Separarnos" pensó Marco, sin dejar de mirar a Jean. Eso sería lo mejor.
—¿Nos quedaremos aquí hasta que mi pierna se recupere? —Jean parecía molesto, e intentó incorporarse, pero Marco lo detuvo.
—En principio, si…Tú te quedas aquí y yo buscaré comida. Luego veremos que hacer…—No quería parecer demasiado misterioso con lo que harían luego, ya que lo último que quería era que Jean pensara que planeaba traicionarlo al tener la pierna herida. Desde luego que no era el caso.
Habían encontrado un buen lugar para esconderse y pasar unos días lejos de la masacre. Era una zona donde por lo menos de día había muy poca nieve. Se trataba de un pequeño acantilado que cortaba la montaña abruptamente, produciendo una saliente de roca que si era cubierta podía servirles de refugio. Marco había tumbado a Jean bajo aquel techo natural para asistirlo y, cuando terminó, se puso de pie.
—Voy a intentar armar una especie de paredes con rocas…—Le informó a Jean, mirando a su alrededor y preguntándose como haría para moverlas sin la ayuda de su compañero.—Luego, usaré nieve y ramas para camuflarlo un poco…será el refugio perfecto.—O al menos eso esperaba. Jean necesitaba un lugar para recuperarse y ambos un lugar para esconderse. Marco nunca había visto a nadie ganar los juegos con una honda como la que tenía él.
Empezó por una piedra relativamente grande, la cual arrastró con dificultad hacia uno de los laterales de la saliente. La cubría hasta cierto punto, pero era un buen inicio. Colocó una más chica encima, sellando así una parte del agujero. Algo muy parecido a una pared, una casita de piedra. No estaba nada mal. Aquello podía protegerlos de cualquier cosa, salvo tal vez de una avalancha o algo por el estilo.
Después de un rato, el refugio ya estaba casi terminado. Marco lo había rodeado con piedras dejando una pequeña abertura en uno de los costados para poder entrar.
—Ahora iré a buscar algo para cubrirlo…y comida. Espérame aquí, Jean.
No pensaba alejarse demasiado de su compañero, simplemente buscaría algo para remover la tierra y formar una especie de montículo y cazaría algún conejo por la zona. A ambos les venía bien comer algo de carne. Marco nunca había cazado antes, en primer lugar porque nunca lo había necesitado, y luego porque era especialmente sensible con los animales y le dolería hacerlo. Pero en ese momento estaba seguro de que le dolería más morirse de hambre.
Se quitó la honda del cinto y cogió una piedra de tamaño considerable, aunque un poco más pequeña de la que había usado con el chico del Distrito 2. Su arma no era de por sí un buen arma para los juegos, pero no era una honda de madera como las que fabrican los niños, era una de verdad hecha para disparar a objetivos más grandes que un pájaro. Pero no era ni de lejos tan efectiva como una lanza o un cuchillo.
Colocó el proyectil en la banda y la echó hacia atrás, empezando a moverse de forma más cautelosa para ver si podía oír algo que le llamara la atención. Esa zona no era boscosa, pero estaba cercana a un bosque y no había tanta nieve, de seguro podría encontrar unos conejos gordos allí.
Su pie tropezó con algo blando y destensó el arma un momento para mirar. Era un hongo bastante grande que también parecía tentador. En el Distrito 7 había muchos hongos y Marco estaba acostumbrado a comerlos. Eran deliciosos…pero también había ciertos tipos que eran venenosos. Su madre los sabía diferenciar muy bien, y le había enseñado a su hijo, a quién mandaba al bosque por hongos desde que tenía diez años. Aquel hongo era uno que Marco nunca había visto en su vida, ni siquiera en los catálogos del Centro de Entrenamiento. No estaba listado como venenoso…pero tampoco como seguro. No iba a arriesgarse. Lo pateó para destruirlo, diciéndose que podía ser alguna especie creada artificialmente por los vigilantes, y siguió su camino.
Volvió a estar alerta para la caza de un conejo. Le costó un poco encontrar alguno, pero apenas lo vio, le disparó y corrió hacia el animal para torcerle el cuello y acabar por matarlo. No fue fácil hacerlo. Lo inmovilizó, y en ese momento dudó. Estaba herido por el golpe, pero aún podía dejarlo ir. Soltó un suspiro y rodeó su cuello con ambas manos.
—Lo siento.—Murmuró Marco antes de partirle el cuello. Lo cogió del pelo, notando que era un tanto pesado. Se sentía mal por haber hecho eso, pero no le quedaba otra opción.
Regresó al refugio que había construido y dejó el conejo sobre una roca. El recinto era lo suficientemente grande para que entraran ambos y había un espacio en el medio para comer, pero no mucho más. Ambos tendrían que dormir sentados, pero era mejor eso y mantenerse vivos que dormir cómodamente en un lugar más a la vista. Incluso, con un poco de suerte, las cámaras no llegaban allí.
—Lo conseguiste.—Jean se incorporó al verlo llegar con el conejo, probablemente dándose cuenta de lo hambriento que estaba.
—No fue fácil, pero lo conseguí…—Marco sonrió un poco y pasó una mano sobre el pelaje del conejo muerto. No tenía muy claro como despellejarlo, ya que su padre solía cazar, pero usaba un cuchillo. Y ninguno de los dos tenía un cuchillo.—Lo prepararé en breve.
Pronto iba a anochecer y Marco no había comido casi nada en todo el día. Sólo se había topado con un arbusto de bayas en la mañana, las cuales había logrado reconocer, y comió casi todas. Nunca podría saber cuándo volvería a ver comida.
—¿Cómo prenderemos el fuego? —Preguntó Jean.
—No será fácil encontrar troncos del todo secos…pero sé cómo encender un fuego con dos palos. Lo aprendí en el entrenamiento.
—Sabes que no pienso comer la carne cruda, ¿verdad?
Marco negó con la cabeza y chasqueó la lengua.
—No te preocupes, yo tampoco.—Se incorporó y salió del refugio.
Ahora debía hacer un montículo de tierra bastante grande alrededor de las piedras para poder camuflarlo un poco y que pareciese menos una casa deliberadamente armada. Sería mejor eso antes que ponerse a comer y olvidarse de todo, sobretodo, antes de que oscureciera. Todavía era de día, pero hacía rato el cielo había empezado a perder brillo indicando que de a poco el sol se estaba poniendo, y que no tardaría en llegar la noche. No había habido ningún cañonazo en todo el día. Un primer día sin muertos no podía augurar nada bueno para el segundo, cuando los vigilantes empezaran a impacientarse y buscaran algún método artificial para que haya acción. No le extrañaría que fueran por él, ya que Marco era el responsable de evitar la muerte segura de su compañero.
Sin pensar demasiado en el día siguiente, se puso manos a la obra. Con los pies y ayudándose a veces con una piedra, removió la tierra del suelo y empezó a apilarla contra la pared de roca que había construido, cubriéndola así cada vez más. Siguió amontonando tierra hasta que, al cabo de más media hora, el montículo ya parecía una montaña natural al pie de un acantilado en la montaña. Cuando acabó, estaba sucio con tierra en todo su cuerpo y moría de sed.
—Jean, ¿por casualidad tienes agua? —Preguntó un tanto desesperanzado, ya que no le había visto ninguna cantimplora.
—No…he bebido nieve derretida.—El chico se arrastró un poco para asomarse por la abertura del montículo.—Ha quedado muy bien.—Dijo mientras admiraba el trabajo del otro.
Marco suspiró y caminó cuesta arriba para buscar un poco de nieve. A medida que caía el sol, la nieve que estaba en proceso de derretirse durante el día se petrificaba y se convertía en hielo. Marco cogió una plancha de hielo y empezó a beber de ahí, intentando ignorar el asco que le daba aquello.
"Debo encontrar ramas para encender el fuego" se dijo, soltando la plancha de repente. No le quedaba mucho tiempo. Bajó otra vez, intentando no resbalarse, y caminó hacia un grupo de árboles cercanos, que eran una avanzada de la zona boscosa. El suelo estaba más seco que en otros lados, ya que allí no alcanzaba tanto la nieve. Tomó del suelo unas cuantas hojas secas y trepó a un árbol para cortar dos ramas lo suficientemente gruesas como para encender un fuego. Por último, buscó ramitas por todos lados, las cuales agrupó debajo del brazo.
Al regresar a su campamento, se dispuso a acomodar todo lo que había traído para hacer un fuego.
—¿Quieres salir, Jean? —Llamó a su compañero. Tal vez no sería mala idea comer afuera del refugio y volver a esconderse para dormir.
Marco había aprendido a hacer un fuego usando dos palitos en el entrenamiento. No era la forma más fácil, pero era posible y la única que les quedaba en ese momento. Frotó con fuerza sobre las hijas secas, y al cabo de un minuto de intentarlo logró formar una chispa que se extendió a las hojas y ramitas.
—¿Sabes cómo despellejar el conejo? No pienso comerlo así…—Masculló Jean.
Marco lo miró nuevamente incrédulo.
—Yo tampoco…ni crudo ni peludo.—Respondió Marco como si aquello fuese obvio. Cogió al conejo y lo sostuvo por las patas traseras. Con ayuda de su uña, cortó un poco la piel de uno de sus tobillos y tiró hacia abajo para arrancar ese trozo de piel. Era algo que jamás se había imaginado que haría. Su padre le había enseñado a hacerlo cuando era niño, pero Marco nunca quiso hacerlo; los conejos siempre le habían parecido lindos. Pero ese no era el momento para ponerse sentimental.
Cuando el animal estuvo completamente pelado a Marco le pareció mucho más pequeño de lo que era con pelo, pero sin duda aquello era suficiente para los dos. Arrancó las patas y las depositó a un costado de la pequeña hoguera, de manera que se cocinaran sin calcinarse demasiado.
Fue entonces, cuando terminó, que pudo tomarse un respiro y mirar a Jean. Su compañero lo miraba asombrado.
—¿Todo aquello lo aprendiste en tu casa? —Preguntó, acomodando su pierna sobre una roca.
—Algunas cosas…otras las aprendí en el entrenamiento. Tú no hiciste caso de las habilidades de supervivencia, ¿verdad?
—No tanto como tú…pensé que sería pan comido e intenté enfocarme en aprender a usar algún arma. Pero ahora no tengo armas.—Jean suspiró.—En verdad pensé que iba a morir hoy…Gracias por salvarme, Marco.
—No es por nada, Jean…no iba a dejarte morir así, y menos si eres mi aliado.—Dio vuelta las patas de conejo en el fuego para que se cocinaran lo más posible. Luego puso el resto de la carne junto al fuego. No quería hablar demasiado sobre eso con Jean, porque dentro de unos pocos días de seguro quedarían ocho o siete y tendrían que separarse de nuevo. Y no quería que Jean pensara en eso cuando su pierna estaba en mal estado.
—¿Crees…crees que mi pierna vaya a recuperarse en unos pocos días? —Jean parecía aterrado. Estaba claro que también había pensado separarse de él pronto, pero temía quedarse solo sin poder defenderse.
—No lo sé, Jean…haré todo lo posible por qué si se cure…—Le sonrió, intentando darle seguridad. Cuando estuvo seguro que las patas estaban listas, cogió una para él y le dio otra a su compañero.—Ten, toma. Come y olvídate de eso por hoy.
Jean extendió la mano para coger su pata pero fue en ese momento que el indiscutible ruido de un cañonazo rasgó el silencio de la arena. Ambos chicos se miraron con los ojos muy abiertos. No era el primer cañonazo que escuchaban, desde luego, pero si el primero después del baño de sangre. Jean tomó rápidamente su pata y le dio una mordida. Estaba un poco calcinada por el contacto directo con el fuego, pero por dentro estaba bastante bien.
—¿Quién crees que…? —Marco no había comido nada, mantenía su pata suspendida frente a sus labios.
—No lo sé…supongo que dentro de un rato lo sabremos. Por lo pronto, no es ninguno de nosotros.
Marco terminó por morder su trozo de carne también, pero se quedó pensando en quién podría haber sido. Probablemente ninguno de los profesionales, salvo que se hubiesen traicionado entre ellos. Tampoco sabía cómo eran las alianzas. Tal vez la chica del 5, la compañera de Jean…ella parecía una niña frágil. Marco miró a Jean por unos segundos, pero este parecía estar muy concentrado en su comida.
—Lo siento, moría de hambre…—Respondió Jean cuando se percató que lo miraban.
—En el distrito 5 no comen mucho conejo, ¿verdad?
—¿Qué? ¿En el 7 sí? —Jean parecía sorprendido. ¿De verdad? Para Marco el conejo era lo más normal del mundo.
—Si…hay muchos en los bosques. Mi padre me enseñó a cazar…pero con el arma que tengo es un poco difícil.
—Sirvió para detener al chico del 2…Espera, ¿crees que ese cañonazo sea de él? Parecía adolorido, le diste con la piedra justo en la espalda…
Marco negó con la cabeza.
—No. Este arma no puede matar a nadie. Incluso yo me sorprendí cuando pude detener al chico lanzándole una piedra.
—¿En serio? Debe ser doloroso que te lancen una piedra…
—Sí, pero…me sorprende que haya servido para detenerlo y escapar. Eres consciente de que no tenemos ningún arma de verdad, ¿cierto?
Jean asintió, volvía a parecer asustado.
—Si nos atacan ahora mismo, estamos muertos.—Razonó.
Marco no respondió, porque sabía que no había otra respuesta. Si venía un chico o una chica con un cuchillo, una espada o cualquier otra arma, la honda de Marco no serviría para salvarles la vida esta vez. Retiró lo restante del conejo y con algo de dificultad lo partió en dos para darle la mitad a Jean.
—Come.
El cielo ya empezaba a oscurecerse y el frío se hacía cada vez más notorio. Marco cerró su campera para protegerse del viento helado que venía de la cima de la montaña. No tenían armas, pero tenían un muy buen refugio que los protegería del frío y de otros tributos que pudiesen pasar por ahí.
Cuando terminaron de comer sus respectivas porciones, Marco ahogó el fuego con tierra, esparció las ramas y echó más tierra encima para disimularlo. Jean se arrastró de nuevo al refugio, que ya por dentro estaba completamente oscuro. Marco se introdujo también en este, con algo de dificultad debido a que el hueco de la entrada era muy pequeño; no había encontrado piedras que se adecuaran exactamente a sus necesidades.
—¿Sabes? —Le dijo a su compañero, una vez estuvo pegado hombro con hombro con él.—De todas las arenas que hubiese podido tocarnos, esta es la que más familiar se me hace.
—Por supuesto que sí, el 7 debe ser muy similar, ¿verdad?
—Bastante, sólo que tiene más bosques…y las montañas no son tan monstruosamente altas…¿Cómo es el 5? —También se moría por saber. No veían mucho de otros distritos en la televisión, sólo del Capitolio o las ya muy conocidas propagandas sobre el Distrito 13 y su destrucción.
—Es ciudad en su mayor parte…
—¿Ciudad?
—Ni de cerca como el Capitolio.—Se apresuró a decir Jean.—Todo está alrededor de las plantas de energía, que son la única razón de ser del distrito…no es para nada hermoso…Sólo hay espacios verdes detrás de los alambrados, que siempre están electrificadas. Siempre.
—¿Alguna vez intentaste pasar? ¿Sabes qué hay del otro lado? —Marco parecía un tanto entusiasmado.
—No hay otro Distrito, creo que son tierras que no son de nadie…o mejor dicho, del Capitolio. No creo que las usen para nada, pero…de seguro que si logras atravesar el alambrado llegas a algún lado.
—¿Alguna vez intentaste cruzar? —Volvió a preguntar Marco.
Jean se apresuró a negar con la cabeza.
—No, yo nunca. Unos amigos quisieron, pero la electricidad los acobardó. Bueno, admito que a mí también, pero yo no fui tan idiota como para intentar hacerlo de todas formas. Los dos chicos se quemaron las manos y los brazos, yo volví a casa sano y salvo…y ahora soy yo el que va a morir.—Suspiró, frustrado.
Marco no dijo nada. No podía decirle "tal vez no lo hagas" porque eso significaría que él iba a morir, y tampoco quería eso. Lo único que quería era volver a ver a su hermana Louise.
—Tal vez ellos logren juntar dinero para que tu Distrito pueda enviarte algo. Lo han hecho otros años.
Jean se rió con amargura.
—Ni que fueran mis mejores amigos…no tengo mejores amigos.
—Yo tampoco…tengo buenos amigos, pero nadie que fuera a presentarse voluntario por mí o algo así…
—Eso es demasiado pedir…yo tampoco lo haría a decir verdad.—Jean hizo una pequeña mueca en la oscuridad.
—Yo lo haría sólo por mi hermana. Pero ella aún es muy pequeña para salir seleccionada. Espero que nunca lo haga.
—No creo que tu familia pueda tener tanta mala suerte…no volverá a suceder.
Marco le sonrió. Era extraño conversar tan abiertamente con un chico que bien podría matarlo mientras dormía, pero Marco estaba seguro que eso no sucedería. En primer lugar, porque Jean no tenía como huir si fallaba, y en segundo, porque parecía un chico honesto. Por el momento, era reconfortante poder intercambiar experiencias e inquietudes con alguien que estaba en la misma situación que él. Aquella plática le brindaba tranquilidad a Marco, y podía notar que Jean también estaba más tranquilo.
De repente, el himno de Panem empezó a sonar y Marco supo que ya había caído la noche por completo. Se removió un poco para asomarse por fuera del refugio, y poder ver así quién había muerto hacia tan solo menos de una hora.
Después de otro siglo traigo otro capítulo -deberían golpearme por actualizar tan lento-. Como sea, espero que lo disfruten e intentaré con todas mis fuerzas actualizar pronto para resolver ese cliffhanger~
