As de Corazones
Capítulo 12. Cartas sobre la Mesa
Bella POV
Ambos caminaron en mi dirección, sonriendo. Por mi mente pasaron cientos de imágenes de ellos, cuando nuestra relación era buena, cuando nos tratábamos como personas, cuando nos queríamos. El dolor me golpeó de forma devastadora. Jacob Black no dejaba de mirarme fijamente a los ojos, recordándome las innumerables horas que había pasado alguna vez contemplando sus orbes negras y misteriosas.
Su compañera, con una característica belleza exótica, me miraba con cierta lástima. Leah Clearwater era una diosa de piel cobriza, vestida con un diminuto vestido negro que enmarcaba cada curva de su cuerpo perfecto. Su cabello negro y lacio caía sobre sus hombros, delineando su rostro fino. Sus labios llenos se curvaron en una mueca solo para mí.
Al verlos a ambos tan imponentes me sentí empequeñecida. Deseaba que alguno de mis amigos llegara a mi lado para rescatarme de las garras de ese par, pero sabía que eso era imposible. Todos estaban ocupados, menos yo. Edward era mi última esperanza, pero gritarle con ellos en frente era un suicidio. Sería una forma muy obvia de delatar el miedo de darles la cara.
-Isabella Swan, ¿qué haces por acá?- me preguntó Jacob de forma divertida, como si fuéramos amigos y no un doloroso pasado. –No esperábamos encontrarte en un lugar así.- con sus manos me indicó el ambiente: luces, humo, gente…
-Vine con unos amigos.- respondí de forma dulce, intentando mitigar la furia que trataba de colarse por mis palabras.
-Es bueno eso.- señaló Leah, pegando su cuerpo al de su novio. –Nos has ahorrado la tarea de buscar tu casa por todo el país.- se rió sutilmente, intentando sonar graciosa. Me dieron ganas de vomitar.
-¿Por qué habrían de hacer eso?- cuestioné con cierto recelo.
Jacob besó los labios de su exótica mujer y señaló el anillo que ésta llevaba. Un diamante brilló contra las luces de la pista. Leah colocó su mano en su barbilla, permitiéndome mirar de cerca la costosa sortija de… compromiso. Se comenzó a formar un nudo en mi garganta al notar ese detalle.
-Nos casaremos pronto y no teníamos idea de a dónde enviar la invitación.- Jacob dijo todo sin respirar, emocionado. Algo dentro de mí hizo clic. La llamada de Emily el día que salimos rumbo a Las Vegas era para advertirme de Jacob Black.
¿Cómo había podido olvidar eso? Emily había comentado que Jacob le había pedido mi dirección, alegando que era imposible que ya no estuviéramos en contacto. ¡Era eso! Pensaba buscarme hasta el fin del mundo solo para invitarme a su boda. Jacob se casaba con la misma mujer que me había engañado al ser novios y todavía tenía el descaro de solicitar mi presencia en el evento.
-¡Wow, que sorpresa!- dije, fingiendo estar emocionada. Ambos se desconcertaron ante eso y sonreí interiormente. -¿Será en Forks?- me aventuré a preguntar, como si realmente estuviera considerando ir.
-¡Oh, no!- repuso Leah, sorprendida y algo ofendida. –Será en el mejor salón de eventos de Seattle.- su sonrisa arrogante me arrebató una risita que no pasó desapercibida para ellos. -Y, ¿qué hay de ti, Isabella?-
-Uhm…- realmente no sabía de qué intentaba hablarme.
-¿Cuándo te casas?- una corriente eléctrica me recorrió por completo. Pensé en las palabras de Edward y sonreí dulcemente.
-En realidad, me he casado hace poco.- respondí como quien no quiere la cosa. Ambos me miraron desconcertados. Solo entonces me permití imitar la acción de Leah y dejar mi sortija a la vista. No era un enorme diamante, era una preciosa esmeralda. Verla detalladamente, como lo hacía en ese momento, me recordó los maravillosos ojos de Edward. –Quería algo discreto. No podía soportar un minuto más sin estar con él.- suspiré.
Jacob balbuceó un par de veces, sorprendido. Él era consciente de la promesa que le había hecho a mi madre, aunque ella hubiera muerto antes de que fuera capaz de decirla ante sus ojos. "Virgen al matrimonio", se había burlado él mismo al romper conmigo. Quizá no había conocido a mamá, pero esa razón fue la que me impulso a prometerle castidad.
Estaba completamente segura que Jacob Black había captado el doble significado de mis palabras. Una boda rápida es igual a sexo inmediato, ¿no? Su boca se abrió de nuevo, pero no salió sonido alguno. Me reí de su expresión y el frunció el ceño.
-Quizás suene patético casarse en Las Vegas, pero era más rápido.- susurré de nuevo. –Quizás después hagamos una boda en grande y les envíe la invitación a su casa.- Leah asintió, algo cohibida. –Nos vemos luego, chicos.-
Antes de que me marchara, Leah extendió hacia mí un perfecto sobre de celofán con la invitación de su boda. Sonreí cálidamente y me di la vuelta. Quería salir de ahí lo antes posible, por lo que caminé deprisa a la mesa y tomé mi bolso. Edward seguía sentado ahí, contemplando su copa aún llena. Me limité a tomar su mano y jalarlo.
Me siguió en silencio y pronto estuvimos en nuestra habitación. Camino al hotel había llamado a Alice para avisarle de nuestra partida, por lo que no había problema en el hecho de marcharnos de repente. Ella comprendía mi deseo de salir temprano de lugares como ese y el hecho de tener a Edward Cullen cuidándome la dejaba mucho más tranquila.
-Edward.- él me miró con sus ojos verdes, avergonzado. –Tenemos que hablar.- sabía perfectamente de qué iba el tema. Mi esposo era demasiado inteligente para no darse cuenta y esa era la razón por la que me miraba de esa forma, o evitaba mirarme, realmente.
-Sé lo que piensas, Bella.- habló, por fin. –Y te pido una disculpa por la propuesta que te hice, sé que fue algo estúpido y no tienes por qué sentirte obligada o acep…-
-La acepto.- le corté, fijando mis ojos en los suyos.
-¿Qué dices?- me preguntó asombrado, tratando de leer mis pensamientos. El rostro de Edward era un verdadero poema, un sin fin de emociones se mezclaban en sus ojos. Su confusión era evidente, lo que provocaba que los nervios crecieran en mi interior. Acaso, ¿se había arrepentido?
¡Estúpida! Me grité interiormente. Seguro me diría que su opinión había cambiado. Reconsideraría la oferta o exigiría alguna otra cosa a cambio. ¿Por qué no había aceptado desde el principio? Edward Cullen era el sueño de cualquier mujer, ¿por qué no podía ser el mío?
-Lo siento, Edward.- susurré. Sentí como mis mejillas se mojaban. –Olvidemos el asunto, no tienes que hacerlo…- me giré dispuesta a marcharme, pero me sujetó por la muñeca.
Me quedé quieta, sollozando a mitad de la habitación. Soltó el agarre y, aún así, no me moví. Cerré los ojos, abrazándome a mí misma. Él caminó hasta detenerse frente a mí y me envolvió entre sus brazos. Hundí mi rostro en su pecho y me permití llorar un poco. Sus dedos se deslizaban por mi cabello, procurando tranquilizarme. Cuando lo consiguió, tomó mi rostro entre sus manos y fundió nuestros labios es un beso suave.
Edward POV
Los labios de Bella eran suaves y dulces. Deseaba con todo mi corazón que sus palabras fueran ciertas. Algo dentro de mí me decía que era la mujer perfecta, la que mi madre querría para ser mi esposa. Sin embargo, no la amaba. ¿O sí? No, no podía hacerlo. Sentía un gran cariño por ella y, evidentemente, ambos nos atraíamos. Quizás después de probar ser una pareja de esposos, ambos nos diéramos cuenta del engaño.
Separé nuestros labios, pero dejé mi frente apoyada en la suya. Sus mejillas estaban teñidas de un suave tono carmín, y pensé lo lindo que sería ver eso cada día. Dibujé una sonrisa solo para ella y noté como sus ojos huían de mi mirada. Mis dedos acariciaron su mejilla y ella buscó mis labios de nuevo.
La conduje a la cama y me acosté a su lado. Apoyó su cabeza en mi pecho y la rodeé por la cintura. En un silencio cómodo y sin nada más que decir por el momento, ambos nos quedamos dormidos. Y esa noche soñé con ella, con sus labios, su cuerpo, su cariño. Quería a Isabella Swan, pero no la amaba.
Los rayos del sol que se filtraban por la ventana impactaron directamente en mi rostro. Me llevé una mano a la frente para apartar los mechones cobrizos que caían desordenados. Abrí los ojos suavemente y me topé con dos orbes chocolate que me contemplaban con diversión. Bella estaba acostada a mi lado, mirándome a los ojos. Una sonrisa dulce se formó en sus labios, antes de depositar un suave beso en la punta de mi nariz. "Será agradable despertar así", pensé en ese momento.
-Bella, anoche tú…- quería preguntarle si realmente había considerado mi propuesta, pero ella colocó un dedo sobre mis labios. La miré aún con dudas, pero ella me aseguró que todo estaba bien. Se puso de pie antes que pudiera preguntarle algo más, abandonando la habitación. Quise seguirla, pero al darme cuenta de que ella ya había tomado una ducha y se había vestido, me hizo reconsiderarlo.
Mis pies me llevaron al cuarto de baño, bajo el agua caliente de la regadera. Al salir de ésta, me envolví en una toalla y me miré al espejo, una y otra vez. ¿Mis ojos se veían distintos? Por alguna razón, notaba cierto brillo en mis orbes siempre opacos. ¿Era eso posible? Antes de seguir perdiendo el tiempo con ese tipo de preguntas, me vestí y salí a buscar a Bella.
Ella se encontraba en la cocina, frente a la estufa. Su imagen me recordó a cientos de películas que había visto. Caminé despacio hacia ella, procurando no hacer ruido, y la abracé por la espalda. Se tensó al contacto, pero luego se relajó entre mis brazos. Su cabello olía a fresas y no pude evitar hundir mi nariz en él. Bella dejó escapar una risita antes de voltear el panqueque que cocinaba.
-¿Quieres ayudarme con el desayuno?- preguntó en un susurro. Realmente no deseaba separarme de ella, pero no quise molestarla. Todo era tan nuevo. Incluso el ambiente parecía menos hostil y mucho más acogedor. Asentí quedamente y ella comenzó a pedirme que buscara cosas.
Pronto estuve sentado frente a una pila de Hot Cakes recién hechos. No podía negar que olían delicioso, pero me sentía mal por poner a Bella a hacer el desayuno. Estaba por agradecerle cuando se sentó sobre mis piernas, contuve la sorpresa lo mejor que pude, pero ella se dio cuenta. Una sonrisa maliciosa se apoderó de sus labios cuando se dio la vuelta y se acomodó a horcajadas sobre mí.
-¿Qué pasa, Eddie?- quise responderle, pero mis palabras se fueron al percatarme del escote de su blusa blanca. Su posición me daba una perfecta vista de sus pechos. Tragué saliva y la sentí moverse, eso fue todo lo que necesité para atraerla hacia mis labios.
Ese beso no fue como los de la noche anterior, estaba lleno del deseo que sentía por ella. Reflejaba todas las emociones que se apoderaban de mí cuando la tenía cerca. Sus dedos se deslizaron por mi pecho bajo la camiseta. Una de mis manos acarició su espalda bajo la tela. Sus labios nunca habían sido tan deseables. Quise seguir besándola, quise llevarla de nuevo a la habitación, pero tocaron a la puerta y tuvimos que separarnos.
-Hola, chicos.- saludó Alice una vez cruzó el umbral de la cocina. Rosalie, Emmett y Jasper venían detrás de ella y, cerrando la puerta, pronto los siguió Bella. -¡Oh, panqueques!- chilló encantada la duendecilla, contemplando con sus grandes ojos la enorme pila que había preparado mi esposa. Una pequeña descarga me recorrió al pensar en esa palabra. Esposa.
Los seis tomamos asiento frente a la mesa y nos dispusimos a desayunar tranquilamente. Nadie decía nada, así que Bella fue la primera en romper el silencio.
-Anoche me topé con Jacob.- dijo suavemente, antes de llevarse un bocado a la boca. Yo seguí comiendo normal, sin saber de quién hablaba. Sin embargo, la reacción de todos me sorprendió. Los chicos soltaron sus tenedores de inmediato y la enana se atragantó con un trozo de panqueque.
-¿Con Black?- escupió Rosalie, furiosa. -¿Y que quería el perro ese?- Bella le dirigió una mirada fría, pero no dijo nada.
-¿Por eso quisiste irte de forma repentina?- preguntó Alice, algo nerviosa.
-¿Quiso hacerte algo?- preguntó Jasper, preocupado.
-¿Quieren que lo golpee?- cuestionó Emmett.
Bella negó con la cabeza y comenzó a regañar a los chicos por expresarse de esa forma. Todos hablaban a la vez, por lo que no entendía nada. No quería intervenir, pero no me quedó de otra.
-¿Quién es Jacob?- pregunté en un grito. Todos se callaron al instante. Comenzaron a disculparse por no explicarme la situación, pero cuando lo hicieron estuve tan molesto como el resto. El exnovio de Bella aparece de un momento a otro para invitarla a su boda. ¿Qué clase de cretino hace eso? La forma en que ese imbécil trataba de burlarse de mi Bella me enfureció.
Ella nos contó a detalle como había arreglado el problema, lo que me dejó sorprendido. Le había dicho que estaba casada conmigo. Me sentí realmente feliz de que fuera así. Después de su confesión, todos volvimos a comer en silencio. Dispuestos a dejar pasar el asunto.
Bella POV
Edward, Emmett y Jasper se levantaron de la mesa alegando un partido de baloncesto. Rosalie y Alice decidieron quedarse en la cocina y ayudarme a limpiar un poco. Antes de empezar a hablar con ellas sobre lo sucedido la noche anterior, me cercioré de que el televisor estuviera lo suficiente alto para que no me escucharan.
-Tengo algo que hablar con ustedes, chicas.- iba a continuar, pero los chicos entraron a la cocina a hacer palomitas y por unos refrescos. –Edward, cielo, ¿pueden esperar en la sala?- todos me miraron con los ojos abiertos como platos, salvo Edward, quien me besó suavemente en los labios y salió de la cocina. Emmett y Jasper corrieron, literalmente, tras él.
-¿Qué ha sido eso, cielo?- me atacó Alice tan pronto los chicos se marcharon. Mis mejillas se tiñeron de rosado al escucharla. Negué con la cabeza y metí la bolsa de palomitas al microondas.
-Es de eso que quiero hablarles, niñas.- respondí dudosa. –Edward me ha pedido que lo intentemos y he aceptado.- susurré, sin saber si me habían escuchado.
-¿Antes o después de ver a Jacob?- me aventó Rosalie.
-Ambas.- las tres permanecimos en silencio, incómodas. El sonido del microondas fue el encargado de romperlo. Serví las palomitas es un recipiente y se las llevé a los chicos, quienes se miraban curiosos unos a otros.
-¿Por qué aceptaste?- me preguntaron ambas al mismo tiempo. Casi estaba segura de que se habían puesto de acuerdo en cuanto salí de la habitación, aún así no dije nada.
-Edward me gusta, no puedo negarlo.- admití, por fin. Ambas sonrieron suavemente. –No sé que pasó. Me lo propuso antes de ver a Jacob y me asusté y, después de lo de él, acepté. Suena estúpido, lo sé, pero quiero darme la oportunidad.-
-¿No crees que arriesgas demasiado?- me preguntó Alice, mirándome a los ojos. –Sabes cuánto puede afectarte si las cosas salen mal.- dudó por un momento sus siguientes palabras. -No sé si estés lista para ser una esposa, Bella.- me quedé en silencio, mirando el suelo, hasta que fui capaz de responder.
-No, no lo hago.- dije al fin. –Sé que puede ser un fracaso, pero quiero hacerlo.-
-¡Vas a acabar perdiendo!- dijeron ambas a la vez. Cerré las manos en puños y los apreté a mi costado.
-Piénsalo bien, Bella.- pronunció Alice.
-Tengo un as bajo la manga.- las palabras salieron con gran seriedad de mis labios. Y, acaso, ¿era cierto? No lo sabía, pero era la única forma de convencerlas.
-Lo dudo, Bella.- sus ojos se clavaron en los míos por un instante. Yo asentí, sin decir nada. Me di la vuelta y me encerré en la habitación, con lágrimas deslizándose por mis mejillas. Y me quedé ahí, llorando sobre la almohada, hasta que alguien acarició mis cabellos susurrando que todo estaría bien.
Edward POV
-¿Qué ha sido eso?- preguntó Jasper, mientras Emmett tarareaba el tema de los "Expedientes Secretos X". –Cállate, Emmett.- mi hermano obedeció, esperando la respuesta.
-Bella y yo hemos decidido intentarlo.- ambos sonrieron sinceramente. –No sé si funcione, pero no perdemos nada con ello.- Jasper me dio una palmada en el pecho, mientras mi hermano hablaba sobre ser un hombre y lo feliz que estaría mamá de saberlo.
-Me alegro mucho por ti, Eddie.- cantó Emmett, entusiasmado. Dejé pasar el molesto apodo. –Jasper.- llamó a mi rubio amigo. –Te apuesto mil dólares a que lo arruina.-
-Acepto.- ambos se estrecharon la mano. Los miré con la boca abierta, sorprendido por tal acto. Iba a decir algo, pero Bella apareció con las palomitas en ese instante.
-¿Qué les pasa a ustedes dos?- les pregunté tan pronto mi esposa estuvo fuera de vista. –Pensé que se alegraban por mí.- Ambos rieron, divertidos por mi reacción.
Y lo hacemos, Edward.- alegó Jasper, sinceramente. –Sin embargo, es una buena situación para apostar.- Emmett se rió estruendosamente.
-Apuesto mil dólares más a que Edward no puede lograr que Bella quiera acostarse con él.- Jasper aceptó de nuevo. –Vamos, hermanito, mil billetes a que no consigues que ella te lo pida.- negué con la cabeza, pero después de mucha burla e insistencia, terminé aceptando.
Seguimos viendo el partido, hasta que escuché un portazo. Rosalie y Alice aparecieron en la sala con una expresión de culpa y preocupación. Se disculparon por irse de forma repentina y obligaron a sus parejas a seguirlas. Bella estaba llorando cuando entré a la recámara. Mi corazón se oprimió ante esa imagen. Acaricié su cabello suavemente, indicándole que estaba ahí para ella.
-Todo estará bien, Bella.- le dije lentamente. –Te lo prometo.- ella se sentó sobre la cama, mirándome. Antes que pudiera decir otra cosa, sus labios estaban sobre los míos.
"Definitivamente, podría acostumbrarme a esto".
