Hola!

Feliz año nuevo, navidad, día de reyes, y todas las festividades pasadas y futuras. Tengo el placer de traerles el capitulo 11! (los pueblos del mundo celebran que actualice)

No sé si advertirlo, entiendo que todo el que lee yaoi espera el lemon, bueno o malo, de muchas páginas o de pacas, el caso es que creó esta implícito en toda historia. Pero de todos modos, este capítulo contiene LEMON, favor abstenerse si no le gusta.

Gracias a todos por sus comentarios, espero puedan seguir dejándolos.

Declaración: los lindos personajes no son míos, sino de su creador.

A leer!

XII

Un paso a la vez.

—…ahhh…nm…n-no…— apenas podía hablar. Su cuerpo no estaba respondiendo como debería, y todo gracias al hombre sobre el que se había dedicado a saborearlo como si fuera un helado en un día de verano. En ese momento otro gemido recorrió el cuerpo del pelirrojo, ya que Neji estaba tomando entre sus dientes uno de sus delicados pezones — ahh!

Pero no todo era placer, el pelirrojo tenía una verdadera batalla, su cuerpo le pedía más de esas sensaciones tan placenteras. Pero su mente le decía que no, no podía entregarse a alguien que no lo estimaba. No podía permitir que su cuerpo fuera utilizado para el desahogo de un varón que estaba siendo guiado por la frustración y el enojo.

Intento una vez más detener esa locura.

— Ba-basta…ah…no — trato de separar al castaño de su cuerpo, colocando sus pequeñas manos en los anchos hombros que para ese momento se encontraban sin prenda alguna. Un pequeño grito escapo de su garganta cuando la mano que estaba en su entrepierna apretó un poco la punta de su miembro.

Neji estaba perdido. Estaba totalmente sumido en una nube de lujuria en la que solo importaba el placer. Escuchaba los gemidos y los pequeños gritos que el doncel dejaba escapar. También escuchaba uno que otro "no" pero eso era irrelevante, él sabía que resistirse era parte del juego de seducción que ese chico trataba de jugar con él. Pero el juego terminaba esa noche. Justo después de que se saciara del menudo cuerpo bajo el suyo.

— Basta Neji…de...detente…no…quiero...no...— empujaba el pesado torso sobre él. Se estaba asustando por dos razones; una era la reacción tan vergonzosamente de su cuerpo, y otra la reacción del propio Hyuga quien parecía estar en un trance de lujuria. El miedo se abría pasa cada vez con más fuerza por la mente del pelirrojo — Neji! — llamo reuniendo un poco de entereza. El de ojos blancos escucho el llamado y alzo la cabeza desde el ombligo del pelirrojo, que era hasta donde le habían llevado las caricias — detente…no quiero esto…yo… — trato de explicar el pelirrojo.

—Tranquilo, ya puedes dejar de fingir — la voz de Neji era una muestra más de la excitación de su cuerpo, se había vuelto totalmente baja y rasposa. Sus palabras solo asustaron más al pelirrojo — sé que quieres que te posea, que te haga correrte hasta que tu cuerpo ya no pueda más…

Aunque esas palabras solo eran una muestra de su excitación, Gaara no las registro de esa manera.

— No q-quiero eso. ¡Déjame ir idiota!

Neji frunció un como el ceño, de ninguna manera lo iba a dejar ir y dejarlo con esa erección que parecía un faro.

El castaño volvió a acercar su rostro al del muchacho y a centímetros de su boca le dijo;

— Tranquilo…te gustara.

Nunca se sabrá que fue lo que en esas tres palabras desataron el pánico en el doncel. Quizás fue el tono, quizás fue el acento, quizás fue que justo al terminar la última silaba, su lengua volvió a entrar en su boca sin medias tintas.

El pánico lleno la mente de Gaara, comenzó a removerse, empujando a Neji por los hombros, sin técnica alguna de defensa, solo el pánico guiaba sus movimientos.

Neji se dio cuenta que algo iba mal, cuando los dientes del pelirrojo se enterraron en su labio con zaña.

— ¡ah, maldición! ¿Qué te pasa… — tuvo que esquivar un puñetazo que le lanzo el pelirrojo, y sujetar sus dos manos a ambos lados de su cara para detener los frenéticos intentos por golpearlo. La imagen que penetro hasta el cerebro de Neji era desgarradora.

Gaara tenía los ojos muy abiertos y solo pánico se veía en ellos, sus labios seguían rojos, pero ahora estaban abiertos tratando de llevar más oxígeno a sus pulmones. Pero lo que más descoloco a Neji fueron las lágrimas. El sonrojado rostro de Gaara estaba húmedo por la muestra tangible de su miedo.

— N-no me fuerces…n-no t-tiene q-que s-ser a-si…p-por f-favor

Fue como un balde de agua fría para el castaño. No entendía que pasaba. Creía que Gaara era alguien experimentado que solo buscaba jugar con él. Seducirlo hasta enloquecerlo y convertirlo en un esclavo de su deseo o mejor dicho, eso quiso creer.

En esos momentos, el pelirrojo solo era un doncel que se enfrentaba el varón que había pagado un aporte por él a la ciudad y que estaba listo para usarlo, aun en contra de su voluntad. En su mente no había más que miedo.

Neji se dio cuenta de su error. Bajo el, había una pequeña flor del desierto, tan frágil que estaba llena de espinas para poder sobrevivir. Por un momento, el Hyuga no supo qué hacer. Tenía bajo su cuerpo excitado aun frágil doncel que estaba en pánico. Pero por algo decían que era un genio, ideo un plan que puso en marcha de inmediato.

— Gaara mírame – llamo suavemente el de ojos blancos — respira hondo, vamos respira hondo

El pelirrojo se fijó solo en los ojos color luna y obedeció la voz que llego hasta su cerebro. Respiro profundamente, una dos tres veces. Aun sentía el peso del otro sobre él, pero su mente turbada solo seguía la voz. Tenía miedo de reconocer algo más, no quería reparar en que su camisa estaba abierta, o que estaban solos en una cama.

— Escúchame…voy a soltarte, no tienes de que temer, no hare nada que no quieras. — dejo libre los brazos del doncel, quien de inmediato los replegó sobre su desnudo torso. Neji vio el acto y solo pudo sentir como un nudo se formaba sobre su estómago. El castaño se sostenía sobre sus fuertes brazos, pero paso a estar sobre sus rodillas, entre las piernas del pelirrojo — cálmate…voy a sujetarte de los brazos para ayudarte a sentarte ¿de acuerdo?

Neji hablaba modulando cada palabra para que la mente del pelirrojo la asimilara. Cuando el castaño lo sujeto de los hombros, sintió como el cuerpo del pelirrojo estaba temblando ligeramente. Como le anuncio, lo levanto de la cama hasta que quedo sentado en la misma, con el justo al frente. Sus rostros estaban cerca y Neji se relamió los labios tratando de contener las ganas que aun tenia de besarlo. El Hyuga seguía su instinto, y uno muy fuerte le decía que debía besarlo, solo una vez más, solo un poco más…

— Gaara — le llamo con suavidad — voy a besarte — le anuncio — solo un beso más. ¿De acuerdo?

El de ojos aguamarina no sabía que decir y no tuvo que hacerlo, ya que el castaño se acercó poco a poco a su rostro, y rozo sus labios con los de él. El primer contacto le provoco un respingo, pero no le asusto. Neji acaricio su rostro con sus fuertes manos y volvió a unir sus labios en un contacto más prolongado. Esta vez Gaara lo recibió sin temblar tanto.

Neji repitió la acción tres veces más, dando besos cortos, sin lengua. Solo besos que buscaban tranquilizar al otro y así lo logro.

— Gaara — pregunto mientras acariciaba el rostro del menor — ¿por qué te asustaste? — cuestiono mientras besaba sus mejillas.

— Ah….yo… creí que me vi-violarías… — respondió suavemente el pelirrojo mientras sentías los besos que el castaño repartía por su rostro.

El Hyuga oculto su sorpresa, y volvió a besar delicadamente los labios del pelirrojo.

— ¿por qué creíste eso? — continuo cuestionando sin dejar de acariciar y darles pequeños besos.

—Tú…tú no me escuchaste cuando…cuando te dije — beso— que te detuvieras…— beso.

— Soy un idiota, me deje llevar, eso es todo. No te iba a lastimar — en ese momento Neji llevo sus manos hasta los hombros de Gaara para retirar la camisa del delicado cuerpo. Gaara se tensó, pero Neji volvió a besarlo por más tiempo. Recorrió con sus labios los rosados del pelirrojo. Sin excederse, sin forzar, solo besándolo con ternura, hasta que la rigidez del cuerpo ajeno se fue.

Retiro la camisa, y tuvo que reprimir un gruñido cuando vio la parte superior completamente desnuda. Era tan delicado y menudo, su cintura era esbelta, esa piel suave y cremosa, sus círculos color cereza le llamaban para que los tocara, y mordiera, pero no lo hizo, disfruto de la vista por unos segundos y después volvió a posar sus orbes claras en el rostro del pelirrojo.

— Yo…no estoy listo…yo…— trato de justificarse el pelirrojo. Ya estaba más tranquilo, pero los besos que el castaño estaba repartiendo por su rostro, y ahora por sus hombros lo estaban inquietando de una manera diferente. Su cuerpo estaba respondiendo como unos minutos atrás, cuando el miedo aun no entraba en su cuerpo.

Neji lo sintió temblar entre sus brazos, y como si de una invitación a seguir se tratara, continúo besando la piel a su paso, agregando pequeñas mordidas al recorrido de sus labios. Sabía que se había equivocado al suponer que el pelirrojo era un experto en los juegos de seducción, pero no quería dejarlo ir sin probar su hermoso cuerpo. No quería pensar en que significaba esa obsesión por el menor, solo quería seguir sus instintos por una vez en su ordenada y solemne vida.

Gaara volvió a posar sus manos cobre los hombros del Hyuga, pero no para apartarlo, lo hizo para sostenerse mejor ante los temblores que la boca del castaño estaba despertando en su cuerpo.

Entre sentados e hincados uno frente al otro en la amplia cama, continuaron fluyendo las caricias, sintiendo como su corazón latía rápidamente, Gaara dejo vagar su pequeñas manos por los fuertes hombros, y brazos, subiendo una vez más hasta perderse entre la mata de cabello castaño que caía libre por toda la espalda del Hyuga. Aún estaba nervioso, pero los nervios no impidieron que dejara salir un delicioso gemido, cuando la lengua intrépida del Hyuga llego hasta uno de sus pezones.

— ahhhh!— dejo escapar el pelirrojo. Por un momento, Neji se detuvo a disfrutar de ese sonido, y queriendo más. Por ello, aprisiono el pequeño y delicado pezón entre sus dientes — gmmmm ahhh…— un gemido más gutural fue la recompensa del castaño que como si de una dosis de la más adictiva droga se tratara, quiso más de esos placenteros sonidos.

Neji subió al pelirrojo sobre sus muslos, acercando su sexo semierguido, y volvió a asaltar sus labios. Los pequeños gemidos de Gaara morían en los labios ajenos, si en algún momento sintió miedo las caricias del castaño en su espalda le distrajeron de asustarse. Una mano acariciando la piel expuesta de su espalda y otra se enterrada entre los cabello color lava.

Cuando la piel del pecho del pelirrojo hizo contacto ron la piel ardiente del castaño, un escalofrió recorrió su espalda. Era un pecho firme, de músculos deliciosamente definidos, contrastando totalmente con su propio pecho, que era pequeño y suave, sin músculos ni grasa, simplemente denotaban la protuberancia de sus pezones que en ese momento de encontraban más que erguidos por la recientes atenciones del castaño.

Por otra parte, Gaara sentía la proximidad de la dureza ajena, que de una manera sinuosa buscaba frotar la suya. Aunque la tela de sus pantalones y ropa interior estaba de por medio, no evito que sintiera el calor que desprendía el otro hombre.

Las sensaciones se agolpaban en su cuerpo sin ningún tipo de control. La sangre corría caliente por sus venas, sus latidos eran responsables de esa carrera dentro de su cuerpo, y a su vez el responsable era él.

Ya no había miedo. No tenía espacio para temer, él se había adueñado de todos sus sentidos, incluyendo su mente.

Neji no se detuvo. Dejando un nuevo rastro húmedo, abandono la boca del pelirrojo y se concentró en su cuello, besos y mordidas fueron dejadas en esa sensible área, mientras el de ojos aguamarina gemía a la semioscuridad el placer que estaba sintiendo. La mano que acariciaba la espalda bajo más por la suave piel, buscando nuevos terrenos para conquistar, y lo encontró aun cubierto por la tela de los pantalones. Las redondeadas y firmes nalgas del pelirrojo recibieron la atención de la mano del Hyuga, quien sediento de conocer más al chico buscaba la manera de deshacerse de esos pantalones.

—…Gaara…— su voz enronquecida lleno los oídos del doncel, quien solo pudo gemir cuando sintió esa boca caliente, acariciar el lóbulo de su oreja izquierda —…Gaara…no tengas miedo…— una mordida justo debajo de la oreja — …voy a quitarte los pantalones….— una mordida más — …te molestan…igual que a mí.

—…gmmm…— esa fue la respuesta del pelirrojo a tal propuesta. En verdad sentía su entrepierna más apretada entre la tela. No sabía cómo librarse de los pantalones y lo que Neji de proponía era la solución.

Ante la respuesta de Gaara, el castaño no perdió tiempo y lo poso nuevamente en la cama, sin dejar de besarlo se puso de pie junto a la cama y en un movimiento de menos de cuarenta segundos, se despojó se sus pantalones. Regreso a besar los labios del pelirrojo, mientras sus manos desataban el botón y cremallera del pantalón de mezclilla del doncel.

Los besos del castaño se dirigieron al estómago del doncel, ignorando los rosados pezones, su boca recorrió la suave piel del pelirrojo, llegando hasta el ombligo de este. Gaara hacia grandes esfuerzos por no gritar ante la nueva ola de sensaciones que recibía su cuerpo, pero cuando la lengua del Hyuga toco su sensible ombligo, el gemido que escapo de su garganta bien puso pasar como un grito.

Una nota más para la droga auditiva a la que se estaba haciendo adicto Neji. Pero aun así, no se distrajo de su tarea, paso su húmeda lengua por es sensible área, y siguió más abajo, el olor caliente y hasta delicado que desprendía el sexo del pelirrojo hizo que el miembro del ojos de plata saltara en su sitio, como si gritara por ser atendido.

En su recorrido, guio sus manos hasta rodear las caderas de Gaara, y acariciar la suave redondez del trasero del pelirrojo. Su objetivo seguía claro, desnudar por completo al pelirrojo, por ello, sus manos estaban por entero dentro de su ropa interior. Una vez que quito las molestas prendas del trasero del doncel, en un fluido pero delicado movimiento, para no asustarlo, se deshizo de la ropa.

Cuando el castaño pudo contemplar la escena frente a él, casi gruñe como s fuera un lobo hambriento.

Un agitado y muy sonrojado pelirrojo tendido completa y gloriosamente desnudo en su cama, son su delicado y lindo sexo inflado solo por él, era mucho más de lo que podía resistir. Pero debía hacerlo. No podía asustarlo, o no podría tenerlo esa noche. Sin saber porque, tenía que hacerle el amor a ese doncel, ya después analizaría sus motivos.

Gaara sintió vergüenza, estaba completamente desnudo frente a un varón que apenas conocía y que tal…. Hasta ahí llegaron sus pensamientos. La fuerte mano de Neji envolvió su falo mientras este se apoderaba de los rosados labios para absorber en su boca el grito de placer que el pelirrojo soltó.

Ya no había vuelta atrás, a pesar del miedo, a pesar de ser poco menos que extraños, sin importar nada de lo que pudiera pasar mañana…Gaara se entregaría a él. Esa noche…seria suyo.

******* Un paso a la vez *******

Luego de una deliciosa cena, Itachi había llevado a Deidara hasta su apartamento en una zona exclusiva de la ciudad. No quería exponer al rubio llevándolo a un hotel, además de que lo que sentía por el rubio no era para ser expresado en un lugar tan antipersonal como una hotel, por más de lujo que fuera.

Por ello, se encontraba junto a un nervioso Deidara subiendo en el elevador que lo llevaría a su destino.

— No estés nervioso – le pidió el azabache mirando de soslayo al rubio.

— Hm…yo no estoy nervioso — dijo haciéndose el valiente — solo no me gustan los elevadores.

Una sonrisa adorno las facciones del moreno. El elevador se detuvo y abrió sus puertas directo al recibidor del ático.

—Adelante, bienvenido — adentrándose en el lujoso departamento, Deidara tuvo que hacer esfuerzos por no quedar literalmente con la boca abierta. Justo frente él había una mesa redonda con un gran ramo de flores multicolores, rodeando la misma pudo apreciar como el espacio se abría dando acceso a la que sería la sala principal, muebles de estilo moderno en diferentes escala de grises se acomodaban en el centro, rodeado de lo que parecía ser la cocina, y el comedor. Más allá estaban unas escaleras que se suponían daban a las habitaciones. Las paredes eran decoradas con obras de arte modernas, que por el estilo parecían que era del mismo artista, no tuvo que pensar mucho para suponer que serían de su hermano. Era un espacio exquisitamente decorado, pero le faltaba algo, un toque más personal.

— No vienes mucho aquí ¿verdad?

— no, creo que esta sería como la cuarta vez. Lo compre hace poco, creo que hará unos seis meses. — se adentraron en la sala y mientras el rubio paseaba para ver las obras más de cerca, Itachi fue a la cocina a preparar unas bebidas.

— y ¿para que lo compraste si no lo utilizas? — cuestiono mientras se detenía en una muy singular y bella pintura.

— tengo intenciones de mudarme. Solo estoy ayudando a mi madre a hacerse a la idea. Ya la conoces, es muy apegada a sus hijos — respondió mientras se acercaba a contemplar la pintura que había captada la atención del rubio.

Deidara sintió su presencia detrás de él, y mirándole sobre el hombro se perdió por un momento en el brillo de esos ojos tan negros.

— ¿Te gusta lo que ves? — cuestiono en vos baja el azabache, mientras curvaba sus sensuales labio en una sonrisa.

— Hm…si me gusta mucho…— respondió con sinceridad el rubio.

— Me alegra…es uno de mis cuadros favoritos — el rubio lo vio con un gran signo de interrogación, hasta que el Uchiha hiso un ademan con la cabeza hacia la pared — el cuadro, lo pinto Sai.

—…— sonrojado el rubio volvió a ver la pintura, y más que escuchar, sintió la risa del hombre tras él. Se había delatado sin siquiera saberlo.

— perdóname, no pude evitarlo. Eres muy trasparente, Deidara, y me gusta saber que te gusto.

— Yo…hm me refería a la pintura. — trato de eludirse el blondo. Durante la cena que habían tenido, descubrió que a pesar de lo serio que era Itachi, tenía un sentido del humor un tanto peculiar. — supuse que tu hermano lo había pintado.

Comento el rubio dirigiendo su atención a la obra de arte. Con el azabache a su espalda, Deidara se sintió un poco nervioso por la situación en la que estaba. Estaba solo el apartamento de un varón que exudaba más testosterona que un toro en celo. Un temblor recorrió su espalda, y el azabache se dio cuenta al instante.

— Dei…si no quieres estar aquí, no hay problemas. No quiero hacer nada que te moleste o incomode…

— No es eso — le interrumpió el rubio sin volverse — es solo que…lo que paso en el coche…yo…nunca me había sentido así. Te…te quería tocar y…todavía quiero hacerlo…— a ese punto el rubor en su cara era más que evidente, aun el rubio estuviera de espaldas, y que sus orejas estaban igual de rojas — es solo que…temo que me guste mucho…y luego…ya sabes…no…no estoy listo — concluyo el rubio atropelladamente.

Itachi entendía a lo que el rubio se refería. Llevo su manos hasta los hombros del menor y con suavidad y firmeza lo giro hasta quedar frente a frente al sonrojado y hermoso rubio.

— Escúchame, Deidara. No tienes que tener miedo, no te mentiré y te diré que soy de hierro y no siento. Claro que me excitare si me tocas, es más, ya estoy excitado de solo tenerte cerca. — Confeso sin vergüenza alguna — pero el que tenga una erección no me convierte en un salvaje. Puedo controlarme, y no te forzare nunca a hacer algo que no quieres o para lo que no estás listo.

—...yo…quiero tocarte…y besarte…que me beses también…pero tengo miedo…no quiero que me duela…— confeso el rubio con lágrimas cayendo de su azules ojos.

Itachi tuvo que apretar los dientes para no maldecir al hombre que lo lastimo de esa manera. No podía creer que alguien fuera capaz de romper tan bella flor.

Limpiando las lágrimas con sus pulgares, acuno el bello rostro entre sus grandes manos, y se acercó a sus labios despacio. Lo beso con suavidad, transmitiéndole confianza a través de sus labios.

Deidara respondió al beso como había aprendido a hacer desde que el pelinegro se había dedicado a enseñarle. La caricia en su rostro no se detuvo, solo que mientras más duraba el contacto de sus labios, el rubio sentía que quería más. Y como si el pelinegro leyera su mente, profundizo el beso de una manera tan sublime que el rubio no pudo sentirse asustado, solo pudo sentirse envuelto en la bruma que se estaba creando alrededor de ellos, de una manera tan natural, que lo único que podía hacer era dejarse llevar.

Apenas podía respirar. Su cuerpo estaba fuera de control. Su piel ardía. Su sexo palpitaba. Su vista solo podía ver una sola cosa. A él.

Neji estaba entre sus piernas, con su miembro entre los labios, chupando como si quisiera exprimir el último sabor que ese pedazo de carne podía darle.

Gaara apretaba las sabanas debajo de él, tratando de no hundir sus manos en esa cabellera castaña que le hacía cosquilla en los muslos cada vez que la cabeza del Hyuga subía y bajaba. Gemía sin control, su mente estaba perdida en una bruma de placer, tal era su bruma que apenas noto cuando un digito se deslizo en su intimidad.

Neji sabía lo que hacía. No era un jovencito que estuviera adivinando que hacer, era un hombre con experiencia, si bien no eran ni la mitad de lo que las personas creían, sabia como tratar a un doncel en la cama, por ello sabía que el pelirrojo estaba totalmente entregado a él en ese momento, por ello llevo su mano hasta su entrada, y mientras chupaba la erguida polla del menos, entro un dedo en ese estrecho canal.

— Aahhh Ne…Neji…mng ah aha ha — hablar no entraba entre las funciones que el cerebro del pelirrojo podía ejercer en ese momento.

Ante esos gemidos, el miembro de Neji se sacudió pidiendo por atención. El castaño estaba desnudo, por lo que sentir como el otro se agitaba preso del placer era un estimo que se dirigía directo a su entrepierna.

Perdiendo un poco la calma, el castaño entro otro dedo al caliente canal del pelirrojo, mientras al mismo tiempo llevo el miembro hasta el final de su garganta, dejándolo ahí mientras con los dedos daba un certero golpe hasta el punto de placer del otro.

—AHHHHH NEJI AHHHH — el grito fe su recompensa, junto con el chorro caliente y viscoso de semen que cubrió su lengua. El sabor lejos de desagradarle le pareció único. Una mezcla entre salado y dulce más un aroma tan delicioso, que temió se volviera una obsesión para él. Lo extraño del caso es que era la primera vez que el castaño realizaba una felación.

Gaara aun sentía su cuerpo temblar, lo que había pasado era lo más glorioso que había experimentado en su vida. Perdido como estaba en el placer, el de ojos aguamarina no pudo saber muy bien que le pasaba hasta que el calor que embargaba su cuerpo se acentuó más en sus genitales, había sentido tal presión en sus gónadas que cuando se liberó pensó que moriría de placer. Fue único, todo su cuerpo estremeciéndose por las descargas de placer que le recorrían como si se tratase de electricidad.

Neji se tragó la liberación del pelirrojo sin siquiera pensarlo. Dejo caer el relajado miembro sobre el vientre del más joven mientras sus dedos eran movidos en círculos dentro de su canal. Subió hasta los labios sonrosados y una vez más lo tomo por asalto.

Gaara apenas regresaba a la tierra luego de haber sido lanzado al glorioso espacio, y se encontró con esos labios que devoraban los suyos. Su cuerpo estaba tan relajado que apenas sintió molestia cuando un tercer dedo entro en él, sumándose a los anteriores para ensanchar su estreches.

— Eres delicioso…— dijo entre besos el castaño, saboreando el sudor que perlaba la piel del cuello del pelirrojo.

—...y…tu…tambi...ahhh mngggg — gimió y ronroneo cuando lo dedos dentro del rosaron ligeramente su punto de placer. El cuerpo de Gaara dio una sacudida por la caricia en su interior, su miembro poco a poco volvió a inflamarse, a que los dedos se movían no solo en círculo sino en envestidas leves causando una fricción un poco incomoda en un inicio, pero que fue adentrándose en el placer a medida que pasaban los segundos.

Con orgullo, Neji vio como el chico comenzaba a gemir más fuertes, como sus manos no podían estar quietas, estrujaban las sabanas, se perdían en su cabello, acariciaban su espalda, o cubrían los labios del pelirrojo en intentos vanos por acallar los jadeos. Neji se sentía el hombre más poderoso del mundo. Quizás no era correcto, pero su ego estaba a niveles fuera de la tierra viendo a ese delicioso doncel contraerse de placer bajo el.

— Ne..ne…Neji…no..Puedo más….por favo...favor…— suplico el de ojos aguamarina sin ser muy consciente de que pedía. Solo sabía que su cuerpo ardía una vez más y que necesitaba aplacar ese fuego. De alguna manera primitiva, sabía que solo Neji podía aplacarlo.

Neji, quien también estaba a tope, retiro los dedos de la entrada, ganándose un quejido de protesta, y sin detenerse por más tiempo, acerco su erguido miembro hasta la entrada que ansioso lo esperaba, sin detenerse introdujo poco a poco la cabeza de su pene.

Gaara aguantó la respiración cuando sus carnes fueron separadas por esa roma cabeza, que poco a poco se fue introduciendo en su interior, provocando que su entrada se extendiera dolorosamente.

— ahh Nej…mnng

Neji vio la espalda del pelirrojo arquearse preso del placer. El castaño desvió los ojos hasta su unión y vio que ni siquiera había entrado la mitad de su erección en el pelirrojo. La presión que sentía era deliciosamente tortuosa, tenía que apretar sus dientes para no dejar salir las maldiciones que demostraban su excitación. Pero ver a Gaara arquearse no ayudaba mucho.

— gnn maldición…estas tan jodidamente apretado…maldición….me aprietas tanto...— las roncas palabras que escaparon del castaño, solo excitaron más al pelirrojo, quien involuntariamente apretó los músculos de su canal, apretando más al pedazo de carne que luchaba por abrirse paso. — JODER — grito Neji antes de lanzarse a capturar los labios ajenos, y de una potente envestida entras definitivamente en el pelirrojo.

Le dolió. El grito de su garganta murió en los labios de Neji, mientras este acariciaba su miembro para distraerlo de la molesta sensación que embargaba su trasero.

— lo siento…perdóname — le dijo Neji mientras lo besaba y acariciaba. Su miembro estaba profundamente enterrado en el estrecho ano de Gaara, estaba siendo gloriosamente ahogado por el calor, humedad y estreches, pero aun así, sabía que a su amante le había dolido por la forma ten brusca de esa última estocada. — soy un…animal…dijo entre besos.

Gaara ya había olvidado el dolor que le había causado albergar ese pedazo de carne. Y entre besos y caricias el placer había inundado su cuerpo una vez más, con más fuerzas a ser posible, ya que la sensación de estar lleno era indescriptible. Con un movimiento sinuoso, movió un poco las caderas, Neji apretó los dientes y mirando a los ojos verde aqua noto el brillo de la pasión y picardía que le invitaba a moverse y así lo hizo.

Ya no hubo más disculpas, ni más palabras, solo pasión

Neji trato de ir despacio mientras Gaara se acostumbraba a su invasión, pero el de ojos aguamarina tenía otros planes. Gaara separa más las piernas, provocando que las estocadas fueran más profundas y guiado solo por el deseo, flexiono sus delgadas piernas hasta llevar los talones hasta las firmes nalgas del castaño, incitándole a adentrarse más profundo en su ser.

El miembro de Neji llenaba por completo el espacio del pelirrojo, buscando ese punto que sabía había tocado con sus dedos, su búsqueda dio frutos, cuando toco con su inhiesta carne el centro del placer masculino. Como recompensa, Gaara hecho la cabeza hacia atrás y grito. Neji sonrió malicioso, y no volvió a fallar en tocar la próstata del menor obteniendo como premio todo tipo de reacciones.

Gaara grito, mordió, enterró las uñas, maldijo, lloro, todo eso presa del placer que su cuerpo estaba recibiendo y no sabía cómo procesar. Era demasiado. Besos, caricias, palabras tan ardientes por parte del castaño que nunca creyó que saldrían de su boca. Más caricias, más besos, y un solo deseo. Mas.

— po…ahj..por…favor….no…resist…— no le salía la voz. El movimiento de esas caderas no cesaban, y las de él tampoco. Era todo un frenesí de locura. Suplicaba y no sabía por qué. Era…era el paraíso.

Neji no estaba en mejores situación. Su cuerpo estaba cubierto de sudor. Su melena era una cortina enmarañada que caía sobre su rostro y espalda, pegando a su piel por lo majada y caliente que estaba. Se sentía a punto de estallar. Se sentía en el puto paraíso, y sabía que pronto sería mejor. Escucho la súplica de su amante, y eso lo llevo al borde del precipicio.

Llevo sus manos a las caderas del menor y aferrándose a estas envistió tan fuerte como era posible. Se suponía que tenía que ser tierno, y delicado, y todo eso, pero no podía, no con Gaara, sentía que eso era lo que el pelirrojo menos quería en ese momento. Intuía que el pelirrojo estaba tan perdido en el éxtasis que no le importaba nada más que ellos mismos.

Más gritos del menor. Más gruñidos del castaño.

—ahh…me…voy…a….NEJI! — con ese grito el miembro del pelirrojo se sacudió violentamente dejando salir un chorro caliente de semen que cayó sobre su abdomen, haciendo que el delicado cuerpo se convulsionara de placer.

Solo dos estocadas más, llevaron al castaño a su propia liberación. Un fuerte gruñido animal salió desde el fondo de su pecho cuando su simiente lleno el canal que se contraía a rededor de su miembro. Su piel ardía mientras espasmos casi eléctricos se distribuían por toda su anatomía. Su miembro se agitaba en su deliciosa prisión mientras todo su placer era vertido dentro del pelirrojo.

Fue un orgasmo que removió todo su cuerpo, dejando momentáneamente fuera de combate, haciendo que callera sobre el menor que intentaba llevar aire a sus pulmones.

Neji cayó con la cabeza en el hueco de su cuello, Gaara podía sentir su respiración pesada, y su cuerpo sobre él. El de ojos aguamarina se estaba dejando envolver en esa bruma placentera que lo invitaba al abandono de su cuerpo, y a sumirse en la oscuridad, el pelirrojo acepto la invitación y dejo sus sentidos vagar hasta caer en el mundo de los sueños, lo último que sintió, fueron unos cálidos labios en su cuello.

Deidara casi no podía creer lo que había pasado. Era tan irreal que le dio risa. Una suave carcajada salió de sus labios, provocando que el azabache le mirara con una sonrisa cómplice.

— ¿que es tan gracioso? — cuestiono el pelinegro sin dejar de acariciar sinuosamente la espalda del rubio.

— Esto es gracioso — respondió alzando su cabeza del pecho firme y de músculos definidos donde estaba — nunca pensé que llegaría a esto con un hombre.

— Es que no soy cualquier hombre — respondió con arrogancia el Uchiha.

— hm…que arrogante — dijo con burla el rubio.

— diría que es seguridad. — acoto el otro, sin dejar sus caricias en la suave piel del de ojos azules.

Ambos se encontraban acostados en el sofá del departamento de Itachi. La parte de arriba de sus ropas había desaparecido, y estaban piel con piel, por lo menos sus pechos.

Después de que el rubio le había confesado su temor, el pelinegro lo había consolado a puros besos. Cuando el blondo se calmó se ofreció llevarlo a su casa, pero este le dijo que no era necesario, que en verdad quería avanzar ese paso con él, le dijo que no quería huir de él.

El azabache no se hizo de rogar, y con beso y caricias le enseño al rubio un poco del placer que podía darle. Le había acariciado y besado desde la frente hasta la cinturilla del pantalón. Provocando toda clase de reacciones por parte del rubio. Por sobre la ropa. Itachi había acariciado el miembro del rubio, provocando que este se corriera por el cumulo de sensaciones. Un poco avergonzado, Deidara insistió en devolverle el favor, por lo que uso los mismos trucos que el pelinegro y este acabo igual que el rubio, llenado su ropa interior de la muestra de su placer.

Por eso en ese momento Deidara usaba unos pantalones de chándal que le quedaban ridículamente larga, pero gracias al amarre de la cintura no se le caían, e Itachi había tenido que cambiar su pantalón de mezclilla.

En la fase de las caricias, Itachi había descubierto una colección de cicatrices que marcaban la suave piel del rubio. Alguna solo eran decoloraciones en la piel, otras tenían las marcas de la suturas, otras eran pequeñas, unas más alargadas. A medida que las fue descubriendo el azabache tuvo que apretar los dientes al pensar en el dolor que debió vivir su rubio. Las lleno de besos en su momento, y ahora las acariciaba.

El tiempo se les había ido volando mientras le demostraba al rubio que el contacto con otra persona no tenía que ser doloroso. Tan sumido estaban entre caricias y susurros que cuando el ruido de un celular sonó ambos se miraron como que era la cosa más rara del mundo.

Una canción se escuchaba amortiguada, mientras los jóvenes se veían extrañados.

— creo que es tu móvil, Dei.

— hm…donde estará — se preguntó mientras abandonaba el cálido refugio de los brazos del rubio y buscaba entre la ropa que estaba en el suelo. Cuando lo encontró debajo de su pantalón, no pudo evitar sonrojarse al recordar como esa prenda termino en el suelo. Tomando el aparato vio el nombre de quien llamaba.

— Es Naru…— oprimió la tecla para responder y se llevó el aparato al oído. — hola, Naruto, ¿qué pasa?

— ¿Deidara estas bien? — la voz del menor se notaba un poco agitada.

— Sí, hm ¿qué pasa?

— Deidara…creo que algo le paso a Gaara, es muy tarde y aún no ha llegado a casa.

Ya eran las tres de la madrugada y aun no podía dormirse.

Neji veía a la luna en lo alto del cielo, desde la ventana de su habitación. Su habitación estaba sumida en un tranquilo silencio, que solo era interrumpido por el sonido de la respiración del doncel que dormía en la cama.

Neji apenas podía creer lo que había pasado. La forma tan libre en la que había tomado a ese doncel, y como el mismo se había estregado. Se comportó como un bastardo egoísta. De eso no había duda. Ya que después de quitarle su virginidad, y un pequeño descanso le había hecho el amor al pelirrojo.

El chico había respondido con la misma entrega y pasión de la primera vez, y juntos había alcanzado el paraíso.

Un pequeño zumbido se escuchó en el apacible silencio, sacando a Neji de sus cavilaciones, busco con la mirada por el suelo el aparato que hacia ese ruido, y lo encontró casi debajo de la cama, se acercó a tomarlo y se dio cuenta que era el móvil de Gaara. Por un momento dudo en responder, pero a lo mejor era la familia del chico.

— ¿Hola? — respondió con voz ronca el castaño.

— Buenas noches, habla Itachi Uchiha, me gustaría hablar con Gaara-san, por favor — respondió formalmente una voz fría del otro lado de la línea. Neji le reconoció de inmediato.

— Buenas noches, Itachi. En este momento Gaara esta indispuesto. — respondió con igual formalidad el Hyuga.

¿Neji? ¿Neji Hyuga? — cuestiono con sorpresa.

El mismo. — respondió con simpleza — ¿qué haces llamado a Gaara? —Mientras hablaba el castaño paseo sus ojos por el cuerpo dormido en su cama. Era tan atractivo, curvilíneo y sexy, casi le dieron ganas de despertarlo.

Su familia está preocupada por él, ¿se encuentra bien Gaara?

Perfectamente. — respondió con simpleza, mientras sus ojos seguían bebiendo de la desnudes del otro.

¿Le puedes poner al teléfono?

No creo que sea buena idea.

Supongo que lo traerás temprano. — acoto el Uchiha.

Tan pronto como él quiera regresar.

Entiendo. Le diré a sus hermanos.

Está bien.

Neji…que sepas no están solos. Y corto la comunicación.

Neji entendió la amenaza vendada en la última frase del Uchiha. Por un momento se preguntó qué relación tendría con la familia del pelirrojo, pero lo olvido tan pronto se dio cuenta de algo.

El cuerpo del pelirrojo estaba gloriosamente desnudo, y aunque durmiendo de perfil, pudo ver las pequeñas manchas de su extinta virginidad en la parte baja de sus nalgas. Un sentimiento de orgullo masculino recorrió su cuerpo al saberse el primero, pero algo mas llamo su atención, mas abajo, en la cara interna de los muslos del pelirrojo, había un rastro seco de una sustancia blanquecina, que se mezclaba con las pequeñas gotas de sangre. Era semen. Su semen, lo que significaba, que en todo ese proceso, no había usado protección.

Taran! Que tal, que les pareció.

Les cuento que me costó un poco porque no quería caer en contradicciones ni nada de eso. Ya comencé el próximo capítulo, perdónenme que esta me salió muy largo, pero tratare de que el otro me quede en mi límite de diez páginas.

Sin nada mas, besos y abrazos!