Disclaimer: Los personajes pertenecen a la gran S. Meyer. La historia es una loca idea de mi cabeza que he decidido compartir con ustedes.

Capítulo beteado por Mirem Sandoval Callañaupa.

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Capítulo 11

Una visita a la joyería.

Bella escuchaba el tic-tac del reloj, se había acostado desde horas atrás pero solo estaba recostada sobre la cama con los ojos bien abiertos.

¿Edward estaría con Jane? Una parte de ella deseaba que él cancelara su compromiso. ¿Qué oportunidad tenía ella de luchar contra los encantos de Jane? Si ella fuera hombre sería difícil resistir a una mujer como Jane Vulturi. No podía olvidar la desastrosa cena y la indiferencia de Edward.

¿Cómo pudo ser que él actuara tan frío y distante conmigo? Sé que Edward no me ama, pero él me pidió que asistiera a esa cena. Al menos debió hacerme caso.

No podía evitar sentir algo extraño en su corazón, le pesaba e impedía respirar. Bella trató de imaginarse su vida sin él y era totalmente oscura. ¿Cómo podría seguir ella a su lado?

Ella apenas conocía algo de él y había puesto su mundo de cabeza. Edward entró como un huracán a desordenar su vida y si él desaparecía, nada sería lo mismo. Bella lo debería odiar y despreciar, pero cómo hacerlo si ante cualquiera de sus caricias su cuerpo la traicionaba. El deseo se apoderaba de ella.

A la mañana siguiente, trataba de cubrir las ojeras debajo de sus ojos con un poco de maquillaje, pero no funcionó pues Jacob inmediatamente lo notó.

—Bella, te conozco como a la palma de mi mano, ¿qué pasa?

Si ella tuviera un estado de buen humor, se hubiera reído.

—Estoy bien —mintió.

—¿Ha cancelado la boda? —Aún no.

—Jacob, no pasa nada. Regresa a trabajar —siseó ella.

Predeciblemente, Jacob, murmuró una letanía en italiano. Dijo algo sobre que él era solo el chico de la cocina y que ella era la jefa que lo trataba como cáscara de papas y que merecía el lugar de la basura. Bella se identificó con él, pues Elizabeth la había reducido a una simple cocinera. Exhaló pesadamente y siguió preparando el plato del día.

No podía decirle a nadie en el estado en el que se encontraba, tenía que resolverlo sola.

Cada vez que sonaba el teléfono del restaurante, su corazón se detenía al pensar que era Edward… pero no lo era. Solo hablaban para pedir órdenes o hacer reservaciones. Bella se enfocó en el postre a pesar de la molestia de Jacob por invadir sus tareas. Se suponía que Jacob se encargaría de las entradas y de los postres, pero esta vez ella invadía sus responsabilidades pues prefería mantenerse ocupada de alguna u otra forma.

A las tres de la tarde le dolían sus pies, ni siquiera había almorzado. Desde las cuatro de la mañana estaba trabajando sin descanso. Bella se preparó un poco de té y se fue a su oficina para poner los pies en alto. El teléfono sonó y ella contestó automáticamente, suponiendo que hablaban para reservar o pedir una orden.

—Hola, cara, ¿me extrañaste?

—No, he estado muy ocupada. —Su corazón latía como las alas de un colibrí.

—Necesito treinta minutos de tu tiempo, ¿puedo pasar por ti?

Puedes cancelar nuestro compromiso por el teléfono. Prefiero no verte a los ojos cuando lo hagas.

—No, no puedes... Dilo por teléfono.

O un simple mensaje de texto.

—No, cara. Paso por ti en quince minutos. —La línea se cortó.

Bella era un manojo de nervios. ¿Debería quitarse su uniforme? ¿Importaba lo que vestías cuando tu prometido iba a cancelar el compromiso?

¿Por qué no lo hacía simplemente en su oficina?

De esa manera ella podría llorar y desahogarse en la soledad de su corazón.

Espera… ¿llorar?

Estaba escribiendo la lista de frutas y vegetales cuando sintió la presencia de Edward. Levantó su mirada para encontrarse con esas profundas esmeraldas.

Sus ojos avellanas se mezclaron con los tempestuosos ojos verdes. Admiró su perfecto rostro y tentador cuerpo. Edward se sorprendió al ver lo que reflejaban los ojos de Bella. Claramente, estaba molesta por sus constantes demandas, pero por alguna razón, esta vez no le había pedido que se marchara.

—¿Estás lista? —demandó.

Sin saludo y sin sonrisa.

Así que, ¿no pasó nada la otra noche?

No fuiste un estúpido.

¿No pasaste la noche en los brazos de Jane Vulturi?

¡Dios! Ayúdame a terminar con todo esto... ¡No puedo más!

Bajó su mirada, colocando la pluma sobre su escritorio. Terminaría la lista a su regreso. ¿Cuánto le tomaría a Edward romper el compromiso?

Eres libre. Se terminó. ¡Adiós!

—Sí. —Se levantó de su lugar.

Con su cara larga, Edward colocó su mano en la espalda baja de ella y la guió hasta su coche. Le puso el cinturón de seguridad para después tomar su lugar frente al volante, sin decir ni una palabra. Bella seguía siendo un manojo de nervios. Se mantuvo en silencio. Era muy difícil establecer una conversación en semejante ambiente. Nunca había sido tan difícil como hoy.

Fijó su mirada en sus manos y de vez en cuando miraba por la ventana el movimiento del tráfico vespertino de Londres. Edward se enfocó en manejar y en sus propios pensamientos. No había duda de que estaba recordando la noche memorable en brazos de la voluptuosa Jane Vulturi. ¿Había sido él, el que fue a su habitación o Jane la que había estado en la misma cama en la que ella había perdido su virginidad? Bella pensó en comprar esa cama para tenerla como monumento. No muchas vírgenes tienen la suerte de que su primera vez sea con un hombre gentil y peligrosamente sexy.

—Hemos llegado, tesoro. —Edward apagó el motor del coche y encaró a Bella.

Silenciosamente, se permitió ver por la ventana. Se quedó muda al darse cuenta que Edward la había llevado a una de las más prestigiosas y caras joyerías de todo el Reino Unido.

—¿Q- Qu-é hacemos aquí?

—Es una joyería, cara. —Se inclinó sobre ella y capturó sus labios—. Vamos a comprar nuestros anillos.

—¿Anillos? ¡¿Aún me voy a casar contigo?!

—¿Ya tienes el dinero de la nueva renta del local de tu restaurante? —demandó él.

—No… tú sabes que no lo tengo.

—Entonces, te vas a casar conmigo en dos días. —Le recordó mientras abría la puerta del coche.

—¡Bastardo! —siseó Bella. Edward se rió entre dientes.

—No habrás tu puerta, cara mía, yo lo haré.

Voy a casarme con él, voy a casarme con él, en dos días.

—Me alegra que a veces me hagas caso. —Le abrió la puerta y la ayudó a salir.

—Llevo mi... uniforme —se quejó. Iba a hacer el oso de su vida en esa joyería, ella con su uniforme de chef y su muy elegante prometido.

Él sonrió y la atrajo entre sus brazos a mitad de la calle.

—Eres hermosa, cara mia. —Su mirada se posó sobre ella—. Tienes los ojos y piernas más sexys que un hombre puede apreciar en toda su vida. —El rostro de Bella se enrojeció—. Y puedo apreciarte mejor sin nada de ropa. —Le guiñó un ojo—. ¿Necesito cargarte?

—Me estás avergonzando —siseó—. Quita tus manos de mí.

—Esa orden no la voy a acatar, Bella. —Y sin pedir permiso, capturó sus labios. El beso comenzó suavemente, pero después se tornó más erótico, fue ahí cuando Edward se separó de ella, dejándola sin aliento.

—Ellos nos están esperando, tesoro. —Edward entrelazó sus manos con las de ella.

Bella levantó su mirada para encontrarse con dos caballeros que los esperaban a cada lado de la ridícula y prestigiosa joyería. Un sentimiento cálido la inundó en el momento en que Edward, posesivamente, la tomó de la mano.

Signor Cullen, buenas tardes —saludó cortésmente uno de los caballeros—. Señorita Swan, bienvenida. —Sonrió.

—Buenas tardes —contestó Bella apenada. Edward saludó a ambos hombres y entabló una pequeña conversación de unos segundos.

—Una bebida, señorita Swan —ofreció una muchacha que salió inesperadamente con una charola de bebidas refrescantes.

—Gracias —aceptó Bella, sonriéndole a la chica. Ella había sido mesera cuando estudió en Italia y apreciaba la cortesía—. Eres muy segura —agregó Bella—. Yo aún me pongo nerviosa cuando llevo una charola con muchas bebidas. —La chica se carcajeó y a partir de ese momento se sintió menos estresada con la presencia de la futura señora Cullen.

Un silencio incómodo se formó en la joyería cuando los caballeros y Edward escucharon a la muchacha reírse. Bella lo miró y una calidez irradiaba de los ojos de su prometido, le devolvió la sonrisa al tomar un poco de champagne burbujeante.

Los futuros esposos, fueron llevados a una sala más privada dentro de la joyería. Bandejas y bandejas de brillantes diamantes fueron colocadas frente a Bella. Parecía que el "rey Cullen" había ido antes para seleccionar las joyas de su agrado. Cada bandeja contenía anillos costosos con las piedras más caras del mundo.

—Ninguno de ellos se puede comparar con tus ojos —susurró cerca de su oído—. Pero quiero que complementen tus brillantes ojos.

Bella se quedó con la boca abierta. Nunca en su vida había visto tantas joyas carísimas juntas.

—Debe de haber alguno que te guste, cara. —Él se paró al lado de ella. Ágilmente, la besó en el cuello. Bella se quedó sin aliento, no aguantaba más las caricias que Edward le hacía, la estaba enloquecido. Pensando que él tenía prisa, escogió el anillo más pequeño de las bandejas.

—¿Estás segura? —Edward sonaba decepcionado por su elección.

—¿No te gusta? —murmuró ella.

—Yo hubiera escogido otro. —Sus miradas se encontraron.

—¿Cómo cuál? —Bella respiró inconscientemente, sus ojos estaban fijos en los de su prometido, e ignoraba los anillos.

—Este. —Edward agarró la 'piedra'. Tenía dos líneas de oro blanco, en medio de ellas había una línea incrustada de las más exquisitas esmeraldas. Bella no podría usar ese anillo, era muy... pesado y caro, no era su estilo. La podrían asaltar y perder su vida en el intento.

—Es muy grande —protestó ella. Edward se rió.

Cara, eres la única mujer en el mundo que tiene ese tipo de queja. —Bella maldijo en su mente.

—Me gusta. —Edward le colocó el anillo en el dedo. Encajó perfecto. Bella sintió el extraño peso en su mano.

—Ok, me lo llevo —murmuró.

—Excelente —sonrió Edward—. Ahora, escoge el mío —instruyó.

Bella levantó nerviosamente su mirada a Edward.

—Es imposible para mi comprarte algo de esta joyería —murmuró.

—¡Isabella! —gruñó Edward al tomarla entre sus brazos. —Cuando estés conmigo no tendrás necesidad de pagar un sólo centavo —habló suavemente en su oído.

Sí, solo hasta que te canses de mí.

—Ahora, escoge uno —demandó él.

—Está bien. —Bella se tomó su tiempo para escoger un anillo de las bandejas y encontró el perfecto. Uno de oro blanco con pequeñas piedras incrustadas, apuntó hacia él—. Me gusta éste.

Edward no le preguntó si estaba segura de su elección, pues vio la determinación en sus ojos avellanas.

—Te tomó más tiempo elegir mi anillo que el tuyo —acusó.

—Me gusta el tuyo y a ti te gusta el mío. ¡Ambos contentos! —anunció.

Edward se rió. Miró al vendedor que estaba discretamente en la esquina, esperando. El fino hombre caminó hasta él.

—Mi prometida se lleva su anillo puesto. Envuelva lo demás —demandó Edward.

—¡Edward... no puedo caminar con esto por la calle!

—Oficialmente estás comprometida conmigo —sonrió—. El anillo se queda en tu dedo.

Bella analizó su mano. La sortija resaltaba sobre su piel, era extraño pues no estaba acostumbrada a mucho lujo. Moría por quitárselo, pero los ojos de Edward le advirtieron que no lo hiciera.

Desganada, Bella asintió. Bebió más champagne y platicó con la niña que la había recibido en la joyería antes de que Edward la regresara al restaurante.

Bella respiró profundamente, esperando la reacción de Jacob. Él no iba a dejar pasar la ocasión para hacer burla del semejante anillo de compromiso. No tuvo que esperar mucho tiempo.

—¡Dio in cielo! —Jacob tomó la mano de Bella y sus ojos se le hincharon ante semejante diamante.

—Este anillo cuesta más de lo que tengo ahorrado en el banco.

—Lo sé —tartamudeó Bella.

—Cuesta más que este edificio.

—Lo sé —repitió ella.

—Cuesta más que...

—¡Cállate, Jacob! —Apartó su mano de él.

—Eres una mujer con suerte. —Jacob la miró con admiración y decepción.

¡Eso crees!

—Así que… en dos días te casas.

Y contando...

—Sí —murmuró—. ¿Podemos regresar al trabajo? Tenemos varias órdenes.

Por alguna extraña razón, Bella estaba contenta, pero no sabía el porqué de su felicidad. Se iba a casar con un hombre que la había presionado y amenazado. Se iba a casar con un hombre que no la amaba. Prácticamente, Edward había desnudado a Jane Vulturi con su mirada la otra noche, ¿qué le estaba pasando?

—Tía Bella, Ed-dward nos visitó. —Natasha brincaba de arriba a abajo frente a su tía.

—Buenas noches, es bueno verte también, pequeña —le respondió a Naty. Normalmente, Bella no la encontraba despierta a esa hora, pues su sobrina ya estaba en la cama—. ¿Qué quería? —preguntó curiosa a la niña.

—No quería nada. —Natasha se rió—. Mañana él nos va a llevar a comprar vestidos para tu boda y también me mostró fotos de mi habitación. Todo está listo para mí, tía Bella.

—¡¿Te va a llevar de compras?!

Él tiene personalidad bipolar.

—Sí, no puedo esperar. También me va a comprar zapatos nuevos. —Natasha enredó sus pequeños brazos alrededor de la cintura de su tía. Antes, ni había dinero suficiente para comprarle muy seguido zapatos. De hecho, había estado ahorrando para comprarle unos para el día de su cumpleaños.

—Me alegro por ti, muñequita —Bella abrazó a su sobrina—. Vamos a saludar a mami.

—Hola, Rose —sonrió Bella, mostrándole el anillo a su hermana.

—¡Por todos los cielos! —Rosalie se quedó en shock—. Es...

—Es exagerado. —Se rió al sentarse sobre la cama.

—Es hermoso. —Rosalie tomó la mano de su hermana para observarlo mejor—. ¡Wow!

—Es muy grande, no creo que pueda acostumbrarme a él —se quejó ella.

—¿No te gusta? —preguntó su hermana sin creerlo.

—Es exquisito, pero hubiera preferido algo más pequeño y menos ostentoso.

—Es asombroso, como todas las cosas que están en tu habitación.

—¿Disculpa?

—Creo que tu prometido te compró un guardarropa completo. Hay cajas y cajas —susurró las últimas palabras.

—¡Oh! No tenía idea. —Bella se levantó de la cama. Tenía curiosidad de saber lo que Edward le había comprado sin su consentimiento.

—¿Puedo ayudarte a abrir la cajas, tía Bella?

—Seguro, muñequita.

Rosalie no bromeaba cuando mencionó lo de "cajas y cajas". La cama de Bella estaba repleta de ellas.

Abrió algunas cajas que contenían varios vestidos de noche en diferentes colores y estilos. Otras, contenían ropa de diario, sandalias, zapatos y botas de diseñador. Con cuidado, abrió una pequeña caja con listones, contenía la más sexy y descarada lencería que había visto en su vida, de un color rojo, rápidamente cerró la caja.

—Muñequita, estoy cansada ¿qué te parece si seguimos mañana?

—Pero me estoy divirtiendo, tía —dijo Naty mientras se probaba uno de los elegantes sombreros de su tía.

—Es tarde, Natasha, ya deberías estar en la cama. Además, necesito tomar una ducha.

—Ok. —Asintió Naty decepcionada—. ¿Vas a venir mañana conmigo? Quiero que nos acompañes, por favor.

—Está bien. —Sonrió ella—. Pero después tengo que regresar al trabajo. —Bella aventó la mayoría de las cajas al suelo.

—Gracias. —Besó a su tía en la mejilla y saltó de la cama.

Cuando Bella salió de su ducha, sin querer mucho, marcó el teléfono de Edward para darle las gracias por las cosas.

¿Qué tal si estaba teniendo una cena íntima con Jane?

Ella tenía el derecho de hablarle, era su prometido.

—Edward, buenas noches —dijo nerviosamente por el teléfono.

Buonasera, tesoro —saludó con voz aterciopelada.

—¿Interrumpo?

—Eres un dulce alivio, cara. Estaba revisando varios reportes financieros, aunque preferiría admirar tu exquisita figura. —Ella escuchó la risa seductora de su descarado prometido.

A mí también me gustaría.

—Hum... quiero darte las gracias... por todas las cosas.

—Es un placer, cara. Aunque hubiera preferido ver tu expresión cuando abrieras cada una de las cajas —se carcajeó.

—Bueno, no vi el contenido de todas las cajas.

—¿Abriste las caja con listones?

—No —mintió. Escuchó un gruñido por el auricular.

—No todos suenan sexy cuando dicen mentiras como tú, cara.

Bella permaneció en silencio, no sabía que contestar.

—¿Puedes hacerme un favor, cara mia?

—Depende.

—¿Puedes probarte la lencería roja, tomarte una foto y enviarla a mi Blackberry?

—¡No! Absolutamente no.

No había forma de que ella hiciera algo tan pervertido como tomarse fotos medio desnuda para enviarlas electrónicamente. Diablos. ¿Qué tal si caían en las manos equivocadas?

Per favore.

—No, voy a colgar. Buenas noches.

—¡Espera!

—¡¿QUÉ?!

—No cuelgues, cara. Quiero escuchar tu voz, háblame.

—¿De qué?

—De lo que sea. Prefiero escuchar tu dulce voz a revisar estos reportes.

Bella sonrió. Ella tampoco quería terminar la llamada.

—Natasha quiere que los acompañe mañana de compras.

—¿Vas a venir con nosotros? —preguntó esperanzado.

—Si no se tardan mucho porque tengo que regresar al restaurante.

—Bien, entonces, ¿aceptarías almorzar conmigo en mi penthouse después de dejar a Rosalie y Natasha?

—¿En tu penthouse? —cuestionó nerviosamente.

La última vez que había estado ahí, fue cuando perdió la virginidad con él.

—¿Miedo, cara?

—¿De qué? —retó ella.

—De ti misma porque sabes que si te tomo entre mis brazos terminaríamos en la cama. Me deseas tanto como yo a ti.

Él la conocía demasiado bien.

—No. En mi vida vuelvo a ir allí, prefiero prepararte el almuerzo.

—¿Qué tal si te sientas frente a mí y alguien más cocina para nosotros?

—Eso puede arreglarse —sonrió.

—Buenas noches, cara. En menos de cuarenta y ocho horas serás solamente mía.

La línea se cortó. Bella aún mantenía su móvil pegado a su oreja. ¿Por qué su corazón latía con la velocidad de las alas de un colibrí con el pensamiento de estar de nuevo entre los brazos de Edward? Y, ¿por qué contaba las horas para que eso sucediera?

Chicas antes que nada quiero pedirles una disculpa por no haber actualizado el domingo pasado pero se complicaron un poco las cosas. Espero su comprensión. ¿Qué les pareció la forma en que nuestro queridísimo Edward le dio el anillo a Bella? Todo pinta a que habrá boda. Están cordialmente invitadas (eso si Lizzy y Jane lo permiten)

AGRADEIMIENTOS:

A las chicas que dejan REVIEW: Andrea 14 de Cullen, karolay28, ma ofelia, Elaine Haruno de Uchiha. Tata XOXO, NessiBella, Maedna 33, Deathrevenge, isabela-vulturi123, ashleyswan, karolay28, ma ofelia, , Mila Withlock, robcesionadatwilighter, AngelesMC, karina, Manue Peralta, JCullen Swan, ISACOBO, kpatycullen, indii93, kimjim, Ania, Tina, Magay Gómez, Jade HSos, Lulu, anto prenezio, yolabertay, MAGUI DE CULLEN, Casey, Karla Stew Pattz, Lydia Zs Carlton, zujeyane, Narraly, Samara Cullen Swan, pera lt., Paola, Viviana, Mary de cullen, ashleyswan, locaxtv, any0239, karenava, Nina Cordova, YuliBar, green'splace, shsdooh17, gabyCGEC, Sun-e Kristal, Yumel22, vale55, brigitte.

Elizabeth: Respondiendo a tu Review puesto que no tienes cuenta en FF, si me refería a ti como nueva lectora. De nuevo te doy la BIENVENIDA. Qué bueno que te gusto el capitulo. Sólo puedo adelantarte que ni Jane o Elizabeth podrán separar a Edward y Bella, pero eso no significa que no vayan a intentarlo jeje.

Magui de Cullen: Ya tengo pensado en el perfecto antagónico de Edward. Garret suena bien pero no me gusta mucho jeje. Verás que conforme se desarrolle más la historia te vas a dar cuenta que va a tardar para aparecer, mientras tanto Jacob se encargará de despertar los celos y el lado más posesivo a nuestro queridísimo Edward :D Ya me dirás que te parece.

A las nuevas lectoras: green'splace, shsdooh17, gabyCGEC, Sun-e Kristal, Yumel22, vale55, brigitte. BIENVENIDAS.

A las lectoras fantasma que espero algún día se animen a dejar sus impresiones, no les toma mucho y siempre son bien recibidas las críticas siempre y cuando sean con respeto.

Recuerden que pueden pedir unirse al grupo en facebook "FanFiction AlexDeGrey"

Nos leemos pronto.

REVIEW?

Alex De Grey.