Esto está a punto de acabar, chicos! Gracias por vuestro apoyo! Pero tengo mucho trabajo como para seguir escribiendo continuamente, así que tendré que pasarme a historias más cortas, de un capítulo, o algo así. Así que, a disfrutar lo que nos queda.

VALE, ESTE CAPÍTULO TIENE SEXO. Y AUNQUE NO ES EXPLÍCITO (por que no sabría escribirlo) SI NO OS GUSTA, SALTAOSLO. De todas maneras, creo que no tiene nada relevante en la historia...para los que os gusta, bueno he hecho lo que he podido. Que lo disfruteis.


-Brucey, ¿por qué no vamos...a tu habitación, eh? -me dijo el Joker, cogiéndome de la mano y arrastrándome a levantarme del sofá. Yo había perdido la noción del tiempo y del espacio, y sólo me dejaba llevar. Mi corazón, debía latir a una media de más de doscientas pulsaciones por minuto. Sólo veía a ese maldito hombre por detrás, mientras me desplazaba por los pasillos de mi propia casa.

Se sabía la mansión de memoria.

Su pelo rubio y rizado ondeaba con cada paso que daba. No le veía la cara, pero sabía que estaba sonriendo triunfantemente. Posiblemente, ni siquiera le hubieran hecho falta las cicatrices para mostrar en su cara una sonrisa de mandíbula entera. Notaba como me transmitía la excitación a través de la mano, cada eestímulo de su sistema nervioso.

En ese momento, pasó algo que, si hubiera estado completamente consciente de mis actos, me hubiera hecho arrancarme hasta el último pelo de la cabeza. Allí, en medio del pasillo, estaba Alfred, que se debía haber levantado al baño, a la cocina, a cualquier cosa sin importancia. Mi boca se medio abrió y me dieron ganas de morirme en ese momento.

-Hola, Alfred -dijo el Joker, pasando de largo con mi mano agarrada, y moviéndome como una marioneta por detrás de él. Al pasar al lado de Alfred, me salió por la boca "puedo explicarlo, Alfred" pero él sólo levantó su palma abierta, y cerró los ojos. Y supongo que él también calló derrotado cuando vió la grotesca escena.

Cuando por fin llegamos a la habitación, después de lo que pareció una eternidad, un camino de verguenzas y arrepentimiento, para mí, por supuesto, porque el Joker iba saltando como si de un niño que volviera del colegio se tratara, el Joker me empujó sobre la cama. No lo evité. Rodeó la cama despacio, como si de un depredador se tratara. De hecho, lo era. En ese momento me pregunté que sería lo siguiente que haría. Podría rajarme la garganta. Podría prenderme fuego, prender fuego a toda mi casa. Podría escaparse, no volver jamás.

Pero no pasaron ninguna de esas cosas.

El Joker entró en el colchón, quedando sus rodillas entremis piernas, y se inclinó hacia mí. Fue el segundo beso, pero para mí seguía siendo como el primero. No había amor en los movimientos del Joker, no había ternura, pero tampoco había desesperación. Era una simple búsqueda de la sensación, del calor. Cataba cada momento como si fuera el último, cada beso, cada pose de mano.

Me volvía loco. Su lengua, sus manos, su olor. Sus suaves carcajadas, cuando algo sobre mi comportamiento, sobre el suyo, o sobre Dios sabe qué, le hacía gracia. Me desesperé, y sin darme cuenta, terminé dándole la vuelta bruscamente y colocándome encima de él. Le miré a los ojos, a su sonrisa de entretenimiento, su respiración, salvaje, sus ojos, entrecerrados. No sé cuantas veces devoré su boca esa noche. Le besé por el cuello, mientras sus manos se agarraban furtivamente de mi cabeza. Llegué a creer que me estaba arrancando el pelo a mechones. Me daba igual. Me daba igual todo. Le desabroché la camisa, mi camisa, botón a botón, haciendo sufrir a su paciencia, recorriendo con mi boca cada parte de él que quedaba al descubierto, demostrándo que yo no estaba acostumbrado, de hecho, que era la primera vez que mantenía esa clase de relaciones con un hombre.

Él, por cómo reaccionaba, bueno, me aventuré a pensar que también era su primera vez. No quise pararme a pensar en la obscenidad de mis actos, en lo que estaba haciendo, pero ahora que lo pienso, siento que la verguena me come por dentro. SIn embargo, creo que lo haría otra vez. Creo que lo haría mil veces más.

El Joker arqueaba la espalda y hacía sonidos que enviaban mi control a lugares que nunca había explorado antes, porque no me atrevía, porque ni siquiera se me había ocurrido. Una vez más, me encontré con el Joker encima mía. Me míraba con una sonrisa que no solía ver en él.

-Disfrutalo Brucey, porque las cosas que te voy a hacer yo esta noche, bueno, no te las va a volver a hacer nadie...

Que gran verdad.


Fue increíble. Al Joker le gustaba ser sumiso, y a la vez, dominante. Se supone que el dominante fui yo, pero, realmente, fui el que menos hizo. Se notaba que era la primera vez que intentaba, siquiera, cosas así. Pero todo lo probaba, todo lo intentaba, y todo lo hizo. Debió de pasar toda la noche, porque solo dormí dos horas.

Cuando me desperté, Joker estaba mirando por la ventana de mi habitación. No había ido a ninguna parte. Inconscientemente, sonreí al encontrarle allí. Porque realmente llegué a pensar que se iría después de haber conseguido lo que quería, y que no volvería más. Cuando oyó desperezarme, se dió la vuelta hacia mi, y hizo un gesto único, un gesto que sólo alguien acostumbrado a sentir muchas cosas a la vez podía hacer, un lunático. Una sonrisa de sorpresa, reconocimiento, sarcasmo, triunfo. Ya me había encontrado con esa expresión varias veces, pero nunca en una situaciòn así. Cuando termino de decirme "te lo dije" con la mirada, volvió a mirar por la ventana, dejándome sólo con mis pensamientos.

Ya no había lugar para el arrepentimiento, para la repugnancia. No había lugar para las excusas, puesto que no las había. Era como si esa noche hubiese estado planeada durante semanas antes. Viniendo del Joker, no me hubiera extrañado nada. Él sabía que una cosa así terminaría pasando, lo tená claro desde, debía suponer, el primer día. De alguna manera, u otra, Joker siempre se sale con la suya.

Cuando apresaba niños, cosa que le encantaba, de una manera inexplicable, posiblemente porque la gente compadecía más a los niños que a cualquier otra persona, ya que no les había dado tiempo a superar la inocencia, a perder la bondad, cuando hacía esa clase de cosas, no las hacía por el hecho de matar a los niños, sino para llamar mi atención, cosa que tenía, la mayor parte del tiempo que no se encontraba encerrado en Arkham. Curiosamente, cuando empecé, cuando se me ocurrió la idea de prestarle atención de otras maneras, de traerle a la mansión, desde entonces, a parte del incidente de la primera escapada, no volvió a suceder nada grave.

Joker esperaba. Y por lo visto, la espera, le había merecido la pena con creces. De ahí su sonrisa de satisfacción.

Mi segundo dilema de la mañana era qué le iba a decir a Alfred después de lo que había pasado. Alfred era casi como un padre para mí, pero sobre todo no era tonto. Tendría que rendir cuantas con él también, tarde o temprano. De hecho, cuando bajase a la cocina le vería, estaría con el desayuno ya preparado, y tendría que explicarle todo. Supongo que esa era otra de las razones por las que el Joker sonreía. Cabrón.

Me levanté de la cama, sin decir ni una sola palabra. Al fin y al cabo, todo estaba dicho ya. Me metí en la ducha de golpe, porque de todas maneras, ya estaba desnudo. Esperé un buen rato dentro de la ducha, para que todo el olor a sexo desapareciera. Estaba enjabonándome cuando el otro hombre se metió detrás mía. Yo no le dije nada. ¿Qué le iba a decir? ¿Sería justo, después de todo? Sabía que lo hacía para ponerme nervioso, ya que sabía de sobra que la ducha, bueno, la higiene personal era una de las cosas que el Joker más detestaba. Quedamos frente a frente, mirándonos a los ojos.

Entonces sonrió de manera pícara, y empezó a descender hacia abajo. Yo no lo impedí.

¿Qué le iba a decir?


Como de costumbre, encerré al Joker con llave, en un esfuerzo de insinuar que lo que había pasado entre nosotros no había significado nada.

-Tienes mucha cara, Brucey, Mucha, mucha cara...-me dijo él.

-Cállate, anda. Ahora te subiré el desayuno.

-¿Y no me le va a subir tu mayordomo, Brucey? -dijo, con una sonrisa malévola en la boca.

-En serio, cállate.

Le dejé haciendo carantoñas en la habitación. Como había previsto, Alfred me esperaba en la cocina.

-Confío en que se lo pasaría usted bien anoche, señorito Bruce. ¿Fue la velada acorde con sus planes? -preguntó, en un tono serio, rozando lo solemne. Mi cara se debió de poner roja como un auténtico tomate, y ni siquiera tenía palabras para responder.

De vuelta a mi infancia.


Ni siquiera había hecho la ronda la noche anterior. Habían atracado una tienda, y un coche había reventado, posiblemente la venganza de algún alumno suspendido, pero nada más. Crímenes menores. Aún así, me prometí que una cosa como esa nunca volvería a pasar. Qué iluso. Estuve todo el día como, en una nube. Todo lo que me decían me sonaba lejano, me daba la sensación de que todo el mundo me miraba porque sabían lo que había hecho. Era una locura, pero la paranoia se apoderaba de mí a cada paso que daba.

Estaba deseando volver a casa, volver e intentar escuchar el consuelo de Alfred, si es que me lo había ganado, que posiblemente no, o por lo menos, escuchar lo que el lunático del Joker me decía. Porque parece que no, pero era un experto en consolar a la gente en lo que a opiniones ajenas se refería. Le daba completamente igual todo. A veces deseaba que eso también se pudiera aplicar a mí. Joker, era Joker, y yo, tenía que esconderme de todo, ocultarme. Y eso, de alguna manera, me asustaba. Me asustaba el tenerle envidia, en tantos aspectos.

Me pasé por Arkham, a recoger unos cuantos informes.

-Podría llevarse a alguno más -me dijo un doctor, bromeando. A mi no me hizo ni pizca de gracia. Lo que me faltaba. Entonces ya podría poner un club de alterne para enfermos mentales en mi mansión. La doctora Harleen Quinzel salió a recibirme.

-¿Cuándo vas a traer al Señor J? -preguntó, haiendo una mueca. Qué poco profesional.

-Bueno, le traeré cuando vea que mi proyecto se ha completado -la dije, con una sonrisa Wayne -además, ¿por qué tanta impaciencia, doctora Quinzel?

-Bah, llámame Harleen. O Harley, si lo prefieres.

-Estaré encantado.

Ante eso, la rubita, que era bastante guapa, se ruborizó.

-Bueno, la verdad es que el señor J. me hacía bastante compañía aquí. Él no es como los demás, ¿me comprende usted? Es...es...hablador, atrevido, inteligente, astuto, y , bueno, entretenido. Muy entretenido. Era mi paciente, y, si no hablo con él, los días se me hacen eternos...

Pues mira, empezamos a entendernos, pensé para mí mismo.

-Te traeré a tu querido Joker a su debido tiempo Harley, no te preocupes. Así que mientras tanto...¿te hace un café?


Me costaba explicar la atención que el Joker le había prestado a esa doctora. No sé si lo que le habría contado, bueno, si algo de lo que la había contado sería verdad, pero teniendo en cuenta de que el lunático veía a todo el mundo como objetos, simples herramientas de entretenimiento, flores negras para llamar mi atención, era de extrañar que tubiese una relación tan...establemente inestable con la psicóloga, que bien podría haber sido una de esas top models que sólo sirven para posar y sonreir, pero no las pongas delante de un libro.

A pesar de todo, la doctora tenía mucha simpatía y energía en el cuerpo, cosa que hizo que me preguntara el motivo de haber terminado en un lugar como Arkham.

-Verás, hay algo especial en trabajar entre lunáticos. Algo excitante, y algo peligroso. Pienso que son gente que te puede herir tanto con las manos, como con las palabras. Al menos el señor J., claro. Los demás no se pueden comparar con él, ninguno. Aunque, si ha pasado tanto tiempo en tu casa, ya te habrás dado cuenta, ¿verdad? -desde luego.

-¿Esta bien para un psicólogo tener una relación tan, bueno...-profunda- digamos, con uno de sus pacientes? Sobre todo tratándose de Joker, claro.

-Bueno, en ningún sitio he leido que esté mal, o que sea ilegal, ¿no es así? No soy ningún profesor cuarentón acostandose con su alumna, ni tampoco mantengo ese tipo de relación con el señor J. Lo nuestro es, por así decirlo, puramente profesional. ¿Entiende, señor Bruce?

-Supongo que no debo de ser yo quien juzgue esas cosas, Harley.


Volví a casa para encontrarme al Joker entrando por la ventana. Le miré furtivamente, enfadado, pero él levantó las manos, a la defensiva.

-Calma, calma, Brucey...no puedes tenerme tanto tiempo aquí metido, eh, creo que me he ganado el derecho, a una, tregua...¿eh? ¿o no?

-¿Dónde has estado?

-Eso da igual, Brucey. No he salido en las noticias, no estoy de camino a Arkham, no ha habido explosiones, accidentes, incendios, niños muertos, residencias incendiadas, u hospitales para discapacitados gaseados. Estoy aquí, Brucey, contigo, y eso es lo único que importa.

Ese se convirtió en mi nuevo lema a partir de ese momento.

-He estado hablando con la doctora Harleen Quinzel -dije, sentándome en la cama.

-¡Harley! ¿De verdad? Espero que te haya hablado bien de mi...¿no es encantadora, Brucey? ¿Como una flor de primavera?

-¿Qué la has hecho?¿Cómo has conseguido que un interno de Arkham esté completamente de tu lado? ¿Qué la has estado diciendo?

-Ah, pero Brucey...a estas alturas ya deberías saber, que, yo, puedo convencer a quien sea...de lo que sea...independientemente de su fuerza de voluntad, dinero, métodos y psicología...creéme, yo de eso sé mucho, y déjame que te diga, querido -dijo, sentándose encima mía y rodeando mi cuello con sus brazos -que yo no he obligado a la pequeña Harley a, mmm, quererme. Y a ti tampoco...-dijo sonriendo, con los ojos muy abiertos. Una de sus expresiones más típicas.

-Yo no te quiero. Además, la echarán de Arkham por tu culpa, Joker.

-Bueno Brucey, no hay mal que por bien no venga, ya sabes lo que dicen...yo puedo darla muchas más cosas de las que la dan ahí dentro, ¿sabes? -dijo, posando su mano en mi entrepierna y empezando a moverla. Ahí es cuando saltaron todas mis alarmas.

-Sí, y quitarla todo lo demás -dije, apartando la mano intrusa.

-Eso ya lo veremos, Brucey. Todo a su debido tiempo...-posó sus labios sobré los míos, y yo accedí a continuar con esa locura, al menos un poco más.


Madre mía, me parece que, si todo va según lo planeado, que este ya es el penúltimo capítulo. ¿Cómo acabará? Bueno, eso no lo sé ni yo aún. Tengo preparados muchos finales, pero os advierto, no soy de finales felices. Y dados los personajes, su psicología y situación, no creo que eso estubiera muy dentro de contexto. Quiero que me salga lo más adaptado a la "realidad" posible, así que ya veremos.

Gracias por todos vuestros comentarios. Siempreme anima leerlos, de verdad. Si llego a saber que esta historia iba a gustar tanto, la hubiese escrito antes. Y eso que la dejé abandonada mucho tiempo. En fin, gracias!