Disclaimer: Los personajes de Sailor Moon no me pertenecen, son creación de Naoko Takeuchi, yo solo los utilizo en esta historia sin fines de lucro y para entretener solamente.

¡A leer!.

Capítulo 11: Nuevos horizontes.

E.U.A.

Despertar desnudo y sintiendo la calidez de otro cuerpo acurrucado contra sí en la misma condición, debería ser gratificante, sobre todo cuando la noche anterior se hubieron compartido caricias, besos, palabras de deseo y todo lo que incluye una entrega física. Pero para Darién Chiba, eso no ocurría y lo que es peor, no se sentía. Hacía más de un mes que se había decidido a darle un giro de índole formal a su relación con Berjerite, la chica que en los últimos meses había luchado de varias formas para conseguir un lugar en su vida... Y en su corazón. Justo anoche habían consumado su noviazgo, la joven era hermosa, inteligente y llena de vida, su presencia provocaba que el pelinegro se sintiera halagado y agradecido por tenerla como compañera, amiga y ahora novia, pero si era realmente sincero consigo mismo, sentirse inseguro y preocupado, no era un buen augurio para la relación, al menos, no para él.

A unos kilómetros de ahí.

Su mejor amigo y mejor amiga, discutían una vez más, algo típico entre ellos en los últimos días.

- ¿Es en serio Loren? Tienes semana trabajando con todo lo que tienes y puedes y lo que no también- increpó irónico el guapo de Taiki Kou.

- Es la labor de un médico servir siempre que se le necesite- enfatizó la aludida con una tranquilidad un tanto hostil.

- Este no es el caso y lo sabes- dijo él con impaciencia –creo- ella lo cortó sin perder la compostura.

- Yo no creo, ni se nada Tai, quizás ese es el problema-.

- ¡Pues hablemos entonces!- Explotó él.

- ¿En serio quieres eso? ¿Te sientes listo?- Cuestionó ella con sorna, mirándolo fijamente.

- Loren- expresó secamente, con un ligero tono de advertencia.

Ella lo ignoró –deja de vivir en el pasado Taiki, te lastimas y lastimas a quienes te amamos-.

- Loren-.

- Deberías ver como un reflejo de consecuencias a Darién y entender que pese a que tú te quieras estancar, la vida sigue- le recriminó –a mi me importas, me importas tanto que antes de condenarte a lidiar con lo que te une a mi, prefiero alejarme, pero no para dejarte solo, si no para darte espacio, te estoy dando tiempo, y me lo estoy dando yo, porque a diferencia de ti, yo quiero ser plena y por mucho que te ame, si sigues así, sé que no lo voy a conseguir contigo- concluyó con mirada triste.

Derrotado, el castaño emprendió la marcha al dormitorio que compartía con ella casi desde que había regresado de Tokio. Al estar dentro de el, pensó con ironía que la alcoba era el refugio de los amantes y enamorados, la cual te brindaba una privacidad que al estar con la persona adecuada te llenaba de una enorme paz, claro que en el caso de él y Loren, eso no pasaba, no cuando la soledad, la frustración y la resignación es lo único que los cobijaba por las noches y entendió que eso era debido a su actitud y falta de compromiso, evidenciando su pena por lo que ya no era, ni tenía, llevando con eso a su pareja a ocultar inútilmente una tristeza trabajando al máximo.

Y hablando de trabajo.

En el hospital en donde laboraban, cierta pelirroja malévola miraba pensativamente a través de los grandes ventanales del edificio. Divagaba sobre su sentir por lo acontecido en los últimos meses.

Encontrarse con Darién había sido grandioso, sobre todo después de saber que estaba muy alejado tanto física como emocionalmente de la insulsa y estúpida de ridículo peinado, eso sin duda era inmejorable. Pero estar cerca y a la vez tan lejos de él no era agradable. Al principio tenían tiempo en común, pero de unas semanas para acá eso era algo que casi nunca pasaba y cuando coincidían siempre estaba acompañado de su novia, quien por ironías de la vida vivía con ella y podría decirse eran amigas. Saori que se consideraba nada tonta, sabía que las acciones de su pasado habían sido empujadas por obsesión, encaprichamiento y despecho. ¿Amor?... ¿Qué era el amor? Ella nunca lo había sentido y estaba segura de que la vida no le daría la oportunidad de experimentarlo... ¿Le molestaba? ¿Le apenaba?... Si era sincera, no. Pero no era feliz. Y egoísta como era y siempre había sido, tampoco iba a permitir que el único capaz de hacerle sentir diferente lo fuera. Se felicitaba a sí misma porque en ese campo el trabajo estaba más que hecho. Si existía esa tontería del amor verdadero, el de él estaba a kilómetros de su alcance, separados no sólo por la distancia física, una gran brecha emocional también interfería con ese sentimiento, empujándolo al olvido y de esa situación, con gran regocijo ella se adjudicaba toda la culpa.

La pelirroja sonrió al ver su reflejo en el vidrio. ¿Cómo olvidar que en un momento de puro egoísmo había acabado con las ilusiones de una familia? La de Darién y de su rubia idiota, pensó con cinismo. Su móvil personal comenzó a sonar, sacándola de un cúmulo de ideas que se agolpaban en su cabeza.

- Diga- contestó cortante al no identificar el número en la pantalla del celular.

- Se me acabo el dinero- informó secamente la voz del otro lado de la línea.

- Te dije que ya no te necesitaba- espetó ella.

- Lo recuerdo- expresó con falsa aflicción –aunque pensé que quizás te gustaría saber el paradero de ellos- comentó despreocupadamente.

- Dijiste que estaban en Londres- respondió con seguridad la joven doctora.

- Tú lo dijiste Saori, estaban-.

- No pienso permitir que me chantajees- advirtió.

- No lo hago, no te he pedido nada- recordó pensativa- sólo te hice un comentario-.

Saori medito y maldijo por lo bajo mientras la voz reía a expensas de su denotada frustración. ¿En que momento se le había ocurrido usar a Esmeralda Hack? Ella sabía que había sido cuando necesitó de alguien que la mantuviera informada del paradero de la familia a donde cierto niño había ido a parar.

- Necesito una pista, si no, no hay trato- dijo al fin.

- Ok- rió y pausó –más cerca de donde y de quien tú quisieras- respondió con firmeza la mujer y colgó antes de darle algún tiempo para replicar.

Furiosa por las malas nuevas, Saori decidió seguirle el juego a la mujer. No permitiría que su aparente seguridad se viera afectada por nadie y sólo quedaba una opción. Una que no le importaba llevar acabo después de todo lo que había hecho.

Flash back.

- A pesar de ser prematuro, se encuentra en perfectas condiciones- informaba cierta doctora con profesionalismo propia de su labor a un ojeroso y fatigado padre.

- ¿Está segura?-.

- Completamente señor- sonrió.

- ¿Cuándo lo darán de alta? Con lo del funeral de mi esposa ni siquiera e podido visitarlo el tiempo que se merece- Externo arrepentido.

- No se preocupe, lo hemos cuidado bien- animó la doctora- en cuanto a lo otro, en tres días podrá salir de aquí con su hijo en brazos- sonrió.

- Gracias-.

- De nada-.

Fin del flash back.

- "Y tuve que asegurarme de no dejar ningún indicio de lo que en verdad pasó con esos niños, fingiendo demencia y preocupación por quienes fueron mis blancos en esa acción, que no estaba planeada pero que resultó mejor que cualquier otra cosa que hubiera imaginado"-.

Flash back.

- Te preocupas mucho por ese niño Saori-.

- Es mi paciente Andrew, además su madre murió y su padre pasa poco tiempo con él por atender asuntos obvios- contestó la aludida viendo al pequeño con una falsa ternura.

- Lo sé- suspiró –es un bebé muy fuerte- suspiró de nuevo.

- Lo dices por el hijo de Darién ¿Verdad?- Indagó curiosa.

- Es algo lamentable- comentó él con tristeza –mi amigo esta deshecho- murmuró, Saori entendió que la baja de defensas era la razón por la cual el rubio compartía sus pensamientos en voz alta con ella, lo cual aprovecho para dar la impresión de que no era tan mala como todos pensaban.

- Las cosas extrañas de la vida Andrew, uno no entiende el porque, pero pasan- medito.

- Supongo que sí- concordó él.

- Ayer paso por aquí, se veía realmente mal, no estamos bien, pero aún así siento mucho su pena- el ojiverde asintió fijando su vista de nuevo en el recién nacido que dormía plácidamente sin percatarse de la sonrisa de satisfacción de la pelirroja.

Fin del flash back.

- "No Esmeralda, no voy a permitirte que interfieras en mis planes, por mucho que me hayas ayudado". Pensó con fría determinación.

Flash back.

- Señor, ella es Esmeralda, una excelente enfermera en el área de pediatría-.

- Yo...No entiendo- expresó él confuso.

- Necesitará ayuda con el bebé- explicó –a pesar de estar sano, por ser prematuro, necesitara ciertos cuidados especiales-.

- Ya veo- murmuró pensativo el padre.

- Un gusto señor- saludó la enfermera, quien era alta, guapa y de un ondulado cabello en tono verde, quizás un poco escandaloso para su posible jefe que la veía un tanto reticente.

- Primo- un hombre alto muy parecido al triste hombre que conversaba con las mujeres hizo acto de presencia.

- Permítanme presentarlos, Malaquite Black, mi primo- las presentes sonrieron cortésmente –primo, la pedíatra de Zaf y la enfermera que nos recomienda- informó.

- Un gusto- dijeron las mujeres a coro.

- El gusto es mió- respondió él recién llegado mirando impaciente a su primo.

- ¿Qué pasa?- Cuestionó éste entendiendo el gesto.

- Tenemos que partir de inmediato a Londres, ya tengo el viaje listo-.

- ¿Londres?- Preguntó asombrada la pedíatra.

- Así es doctora, nos vamos a casa, aunque no pensé que fuera tan pronto-.

- Por mi viajar no sería un problema- comentó la enfermera –claro, si usted requiere de mis servicios-.

Los dos hombres intercambiaron miradas cómplices.

- Entonces, haga sus maletas, nos vamos mañana mismo- dijo Malaquite, su primo asintió.

Saori esbozó una sonrisa de emoción. Todo salía tal como le convenía a ella.

Fin del flash back.

- "Ya una vez te permití salirte con la tuya, no puedo dejar que pase nuevo"-.

Flash back.

- Estaremos yendo a Tokio frecuentemente, de hecho hace unas semanas que estuvimos por ahí- informó con fastidió Esmeralda.

- ¿Por qué no me avisaste?- Cuestionó molesta su cómplice.

- Porque ya no trabajo para ti- respondió la peliverde con simpleza.

- ¿Y desde cuando es eso?- Preguntó con sorna.

- Desde que quiero ser la nueva señora Black-.

- Idiota, eres una... -.

- Confío en que no arruines mis planes- la cortó la primera –no te conviene- advirtió.

- No nos conviene- corrigió la pelirroja.

Fin del flash back.

- "Ahora sé que tus planes no te salieron como esperabas y eso es algo que en cierta forma me agrada, será más fácil de realizar lo que tengo planeado para ti", pensó Saori. - "Yo no cometo el mismo error dos veces, así que prepárate para caer mi querida Esmeralda"-.

Después de todo Esmeralda Hack era un eslabón perdido que alguien podría encontrar por casualidad y eso no debía permitirse. Satisfecha con lo que su mente maquinaba se dio la vuelta para continuar con su trabajo, después de todo faltaba poco para que terminara su turno.

Tokio.

Haruka se encontraba de visita en casa de su padre y veía con un profundo desagrado los arreglos florales que invadían sillones, pisos y casi toda la superficie de la sala. Ya había escuchado a su prima Lita hablar del asunto, claro que no le había tomado la suficiente atención por estar pensando en sus problemas matrimoniales. Pero estando frente a la situación que causaba tanto revuelo en la familia, entendió que no era algo que estaba dispuesto a dejar pasar.

- ¿Cómo es que permites esto?- Le espetó a su padre. Kenji Tsukino sonrió y se encogió de hombros.

- Es mejor que ría como tonta con eso, a que lloré y luego excusé la cara que le queda con que es por ver películas románticas- externo Sammy como defensa.

- ¿Aun llora?- Dudó –No me lo habían dicho- acusó-.

- Es raro cuando lo hace- meditó su padre –y mucho tiene que ver todo esto- señaló las flores.

- ¿Y te alegra?- Preguntó derrotado a su hermano menor.

El jovencito levantó su dedo pulgar negándose a despegar su vista del libro que leía aparentemente muy concentrado.

- ¿Comes con nosotros?- Interrumpió Kenji, Haruka asintió- excelente, voy a servir- señaló al dirigirse a la cocina.

- ¿Qué tanto lees?-.

- Algebra-.

- ¿Para que?-.

El adolescente miró irritado a su hermano y suspiró. –Quede de ir a estudiar con una compañera esta tarde y me estoy preparando- respondió tirante.

- Oh vaya- rió divertido el rubio –Hotaru- afirmó.

- Exactamente hijo- respondió su padre mientras depositaba una gran bandeja en la mesa y los invitaba a sentarse a la mesa.

- Es linda- comentó, Sammy ignoro el comentario y su padre carraspeo.

- Y... ¿Cómo esta Michiru?-. Su hijo miró distraídamente hacia el techo.

- Hace rato que nos despedimos estaba bien, más tarde, no sé decirte- murmuró.

- Me voy a lavar las manos- se excusó el chico, entendiendo que debía darles privacidad.

- Que prudente- alabó Haruka.

- Esta madurando y no le gusta mucho- comunicó Kenji -¿Y bien?- Apremió.

- Esta tan desesperada por un bebé que todas las falsas alarmas la deprimen al punto de transformarle el carácter-.

- Es normal...Supongo- comentó comprensivo el señor Tsukino.

- Yo lo sé papá, pero a veces ni yo se cuanto más podré con esa situación-.

- ¿Ya hablaste con Noriko? Tal vez ella pueda ayudar- aconsejó.

- Justo en ese momento Michi esta con ella-.

- Los problemas de pareja son la sal y la pimienta en una relación hijo, su problema no es algo que no tenga solución.

- Yo lo sé-.

-Entonces dale tiempo para que ella lo entienda- animó el hombre. Haruka asintió mientras su padre pasaba un brazo por sus hombros, en un claro gesto de apoyo, el apoyo que el rubio tanto necesitaba. El timbre sonó y Sammy que regresaba al comedor corrió a abrir la puerta, los adultos siguieron conversando ajenos al asunto. Se oyó como la puerta principal se cerraba y los pasos del joven dirigiéndose a donde ellos se encontraban. Levantaron la vista al escuchar una falsa tos y vieron ante sí un enorme arreglo de flores.

- Puntual como siempre- bromeó el chico. Su hermano bufó.

Kenji sonrió ante el gesto –le hace bien hijo, debemos alegrarnos por eso-.

Ajena a todo lo que pasaba en su casa, Serena se encontraba en el hogar de los Furuwata Aino, disfrutando de las ocurrencias que tanto caracterizaban a la reunión semanal de chicas. Y aunque aún no se acostumbraban a la ausencia de Ami y a las constantes faltas de Michiru, no se podía negar que cada encuentro era memorable, sobre todo por la hermosa amistad que las unía a pesar de todo.

Andrew miraba con cierta aprensión a su esposa y al grupo de mujeres mientras charlaban en voz baja en el comedor de su casa, era la reunión semanal y a Lita le había tocado organizarla, embaucándolo para que se fuera al Crown a supervisar el trabajo del lugar aprovechando que se encontraba de vacaciones y bajo ningún motivo tenía que ir al hospital en donde prestaba sus servicios como médico.

- Vaya vacaciones- masculló molesto.

- ¿Qué dices cielo?- Cuestiono con cierto rintintín su mujer.

- Digo que... Que ya es tarde, me voy, se quedan en su casa- gritó a las chicas que reían a costillas de él.

- Nos vemos en un rato- contesto de vuelta la castaña.

Al escuchar la puerta principal de la casa de los Furuwata cerrarse, el grupo de mujeres se soltó a reír.

- Jajajajaja-.

- Lo traes cortito- se burló Mina.

- Como debe ser- aclaró Ray.

- Pobre Andrew- se compadeció Serena aún riendo.

- ¿Por qué pobre? Sabe que lo compensaré, por eso no se queja...Demasiado- comentó Lita.

- Jajajaja- rieron de nuevo.

- Basta- cortó Mina- mejor aprovechemos el tiempo, que no tarda en despertar ese diablillo de Drew- señaló estremeciéndose.

Todas rieron con mayor fuerza, recordando el pánico que le inspiraba el niño a su tía, ya que en las ocasiones que le tocaba cuidarlo como favor a su hermana terminaba hecha polvo.

- Las voy a extrañar- dramatizó Ray.

- No exageres- bufó Lita – te vas de viaje a Londres y eso no es como para quejarse-.

- Bueno, un mes sin nosotras, si es mucho tiempo- se lamentó la hiperactiva del grupo.

- Con el Internet, podremos estar en contacto- argumentó Serena.

- Pero no es lo mismo- se lamentó la pelinegra.

- Aprovechemos entonces- invitó la castaña -¿Cómo está Michiru?- Preguntó a su prima.

- Triste-.

- Es normal- apuntó Mina.

Todas asintieron pensando en la difícil situación que estaba pasando su amiga, ya que Michiru había pasado de la desesperación a la depresión debido a que se le negaba la dicha de ser madre.

En una clínica a kilómetros de ahí.

Y mientras ellas seguían en su reunión, en la clínica de la doctora Mizuno, un momento madre e hija acababa de llevarse acabo, las lágrimas se habían hecho presentes, para la señora un halo de entendimiento se extendía sobre la joven, quien callada y sollozando la tenía fuertemente abrazada.

En la mente de la joven señora Tukino era su esposo lo único que veía, ahora entendía que había sido injusta recluyéndose en su pena, cuando él le ofrecía compartirla y el consuelo sin que ella se lo pidiera, pero a la vez sin aceptarlo. Haruka su esposo constantemente le recordaba que lo importante era su amor y que si no se embarazaba bien podían recurrir a otras opciones. Ahora entendía que esa postura era lo que la irritaba, obligándola a evitar hablarle al rubio por días. Su vida se había reducido a un patrón de reconciliación que consistía en una explosión de llanto, seguido de disculpas, concluyendo en la cama, en donde se daba rienda suelta a la pasión desenfrenada. Después de eso volvían a ella las esperanzas momentáneas. Pero al cabo de pocos días, el mínimo detalle hacia que volvieran los problemas. Consternada admitió que debía cambiar su actitud, sobre todo ahora que sus ruegos habían sido escuchados.

De vuelta en casa de Lita.

- Pienso que cuando deje de preocuparse tanto, pasará lo que tanto ansía- comentó Mina en tono reflexivo en relación a la esposa de su primo Haruka.

- Esperemos que sea así- murmuró su hermana.

- Y hablando de cambiar perspectivas- expresó la rubia de moño rojo con cierto misterio y mirada burlona.

- Por favor- bufó su prima.

- ¿Qué pasa?- Inquirió la pelinegra intrigada, Lita se carcajeo fuertemente, ella sabía lo que se diría a continuación.

- Pues...Se de alguien que dentro de poco tendrá forzosamente que montar una florería- declaró muy segura de sí misma la menor de las Aino, intercambio miradas con su hermana y ambas asintieron.

- Mmmm...¿Y?- Dudó la joven Chiba.

- Jajajaja, andas lenta Ray- se burló la castaña.

- Lo dice por mí- respondió finalmente la protagonista del tema en cuestión.

- Explíquenme- demandó la pelinegra.

Serena estaba por contestar cuando Mina se le adelantó carraspeando para llamar la atención.

- Resulta- dijo al fin ante la furibunda mirada de la otra rubia –que a cierta personita le envían un ramo de rosas todos los días desde hace más de dos meses- informó.

- ¿Eso es en serio?- Cuestionó a Serena que sonrojada agacho la mirada.

- ¡Claro que lo es!- Exclamó Lita –es más yo misma se lo dije a Haru, pensé que se molestaría- comentó distraída –pero no, no me hizo mucho caso- expresó pensativa.

- Y pensar que antes me espantaba a los pretendientes con todo y sus flores- refunfuñó la hermana del aludido con falsa molestia.

- No era el único- secundó su ex cuñada –Darién también lo hacía.

El comentario cortó las risas divertidas de las presentes sumergiéndolas en un silencio sepulcral, Mina fulminó a su amiga con la mirada ante lo cual ésta sólo se encogió de hombros, cosa que pasaba siempre que algo parecido ocurría, Lita palmeó a la rubia quien sonrió débilmente.

- Me lo confesó cuando vivíamos juntos- susurró pérdida en los agradables momentos que sí había tenido su relación pasada.

- Sere-.

- Estoy bien- manifestó sonriente –lapsus momentáneo –sus amigas la miraron dudosas.

- Discúlpame- dijo Rey avergonzada –me es difícil no nombrarlo- la rubia no contesto- y se que es incómodo para ti-.

- Un poco- admitió la rubia –pero nada que deba hacerte sentir mal- sonrió.

- Bueno, bueno, ya, démosle vuelta a la página- ánimo la Aino -¿Qué más hace ese bombón aparte de enviarte flores?- Cuestionó elevando ambas cejas.

- Por Dios Mina, ¿Es que el hombre tiene que hacer más?-.

- Obvio Lita, las flores dan a entender algo, pero siempre debe haber algo más- señaló.

- Es todo- murmuró Serena- cuando va por Zafiro me mira, sonríe y se va-.

- ¿Y tú que haces?- Le cuestiono la pelinegra, un tanto renuente.

- Pues- se sonrojo y dudó –nada- susurró.

- Puffff, que mal- amonestó su prima –esta esperando-.

- Una señal- completo Lita.

- ¿Tú crees?-.

- Serás boba, ese hombre esta loquito por ti, pero tú andas lenta, yo mínimo ya le hubiera agradecido el detalle diario de las flores-.

- Es el papá de uno de mis estudiantes- dijo a modo de pretexto.

- El cual te adora- señaló Mina.

- Es guapo- aceptó Ray.

- Simpático- calificó Lita.

- Y babea por ti- expresó Ray evidenciando los hechos.

- ¿Qué más quieres?- Ironizó la actriz.

- Buenoooooo...Él no me ha pedido salir-.

- Wooooooooooooo- Fue el grito general antes de que el pequeño Drew hiciera acto de presencia debido a los alaridos de sus tías.

Lita como buena madre que era, corrió a atenderlo, mientras que Mina atendía una llamada telefónica, Rey Chiba, consciente del brillo que había visto en su amiga antes de la interrupción se acercó a ella.

- Si a ti también te interesa, no esperes, ve por él- animó.

- Gracias, no se si lo haré, pero es bueno saber que no te opones-.

- No tengo porque- expresó con sinceridad.

Más tarde la conmoción llego al grupo cuando Mina anunció que ya tenía fecha para la boda, armando un gran revuelo de emociones.

- Sé que había tardado en dar este paso, pero primero quería ser totalmente plena en mi carrera y como mujer, ahora, sé que ya es el momento de serlo, con él, a su lado- declaró con convicción.

- Seiya y yo también tenemos fecha- confesó la joven Chiba. Causando un nuevo estruendo que ponía a prueba los nervios del hijo de Lita quien cada vez que pasaba corría escaleras arriba tratando de huir de las mujeres a quienes en su cabeza denominaba "locas".

- Va a haber mucha celebración en unos meses- bromeó la Tsukino.

- Tentativamente la mía es en seis meses, aunque no sé, debo checar fechas con Darién y esperar que si asista a la boda- ironizó molesta.

- Él nunca se perdería un momento tan especial para ti- lo defendió Serena.

- Él se pierde los que pudieran ser momentos especiales en su vida- Alegó la pelinegra.

Nadie dijo nada, pensando en que la hermana del aludido tenía razón.

- Y hablando de momentos especiales ¿Qué tanto harás en Londres?- Preguntó la señora Furuwata.

La aludida suspiró teatralmente –según mi jefe y novio, trabajar- murmuró.

Todas rieron al imaginarse lo estricto que era Seiya en su trabajo. Había madurado mucho, lo cual a casi todos sus amigos sorprendía. Su padre, quien después del fracaso de su matrimonio se había retirado a descansar y viajar, saliendo ocasionalmente con la señora Mizuno, y en varias ocasiones había externado el orgullo que su hijo menor le producía. Porque Seiya era todo un as en los negocios, inteligente e implacable. Aunque cuando la ocasión lo ameritaba dejaba salir ese lado bromista que tanto lo había caracterizado en el pasado.

Los días pasaron, para algunos lentos y tortuosos, para otros llenos de ilusión, esperanza y anhelo.

E.U.A.

Berjerite vivía en una nube de felicidad, disfrutando al máximo todos los momentos que compartía con su novio. Para Darién eran situaciones agridulces que lo hacían sentir más miserable que feliz, debido a que no podía corresponder ni al cariño ni al entusiasmo de la guapa joven.

En Tokio.

La familia Aino se encontraba de cabeza con los preparativos de la boda de Mina. Buscando, comprando, seleccionando y adquiriendo lo necesario e innecesario para tal evento, así era como las mujeres gastaban el tiempo y el dinero. La rubia del lazo rojo opto por una celebración sencilla y en la playa con la luna y las estrellas como los testigos eternos de su amor por el ojiverde. Yaten por su parte se encontraba feliz por ver y hacer feliz a la mujer de su vida. Y aunque ella le había obligado a invitar personalmente a su padre, como un principio en busca de una mejora para esa relación, él no se sentía muy convencido de hacerlo y mucho menos de lograr algún cambio.

Serena veía como la plenitud hacía maravillas con las personas, el claro ejemplo actual, podía verse en Mina, quien brillaba como nunca a causa de lo que la vida le daba. Ella esperaba pronto tener algo que la llevará a tener esa luz de felicidad dentro de sí. Un cambio se estaba dando en su interior, eso podía sentirlo y sabía que mucho tenía que ver Diamante Black, el hombre que con su risa, sus tímidos saludos, sus incoherentes y exagerados detalles y sus breves intercambios de palabras que últimamente no se daban le daban un respiro de ilusión. Sonrió al recordar las flores, normalmente su prima casada y su cuñada se beneficiaban cuando ya no quedaba espacio para más arreglos, aunque eso, eso ya no pasaba. Hacía dos días que las flores habían dejado de llegar. Entristecida la rubia pensó que quizás lo que parecía falta de interés por parte de ella, era la causa de eso hecho.

Alemania.

Ami Ross disfrutaba de las silenciosas tardes en la pequeña casita que habitaba con su esposo. Era un lugar pintoresco situado a unas manzanas del hospital y la universidad en donde trabajaban y estudiaban ambos respectivamente. Su luna de miel había sido de ensueño y el tiempo posterior a eso una deliciosa fantasía de donde no deseaba salir. Claro que extrañaba a su familia. Pero estar ahí, también era importante para su vida profesional y mientras estuviera en ese lugar planeaba aprovechar al máximo la oportunidad.

A sus casi seis mese de embarazo gozaba de una perfecta salud, al igual que su bebé y por eso se encontraba redactando un e-mail en donde confirmaba su asistencia a la tan publicitada boda de Mina y Yaten. Tan concentrada estaba en el asunto que no escucho la puerta principal abrirse y cerrarse, tampoco se percato de la cercanía del dueño de sus suspiros.

- Hola preciosa- susurró Steve al oído de la peliazul causando un estremecimiento en la futura mamá.

- ¡Steve!- Lo reprendió fingiendo enfado –me asustaste- comentó y lo beso.

Él rió –me di cuenta- expresó culpable y respondió el beso de forma más exigente.

- Termino esto y te preparo algo de comer ¿De acuerdo?-.

- Ya comí- informó, ella sonrió y prosiguió con lo que estaba haciendo -¿Qué haces?-.

- Confirmo nuestra asistencia a la boda- respondió alegre.

- Si claro-.

- ¿Qué pasa?- Inquirió su esposa con extrañeza.

- Nada-.

- Sé que te pasa algo- insistió.

- ¿No puedo engañarte? ¿Verdad?- Ami negó.

- Ahí estará Taiki- murmuró distraídamente.

- ¿Y?-.

- ¿Cómo que y?- Gimió frustrado.

- Steve, eso ya pasó- recordó comprensiva –fue- insistió –es algo que no debería preocuparte- él enarco una ceja – yo soy tu esposa, estoy contigo y te amo a ti ¿No te parece suficiente?-.

- Ay Ami- suspiró –no te merezco- murmuró al contemplar el rostro de su esposa, el cual irradiaba ternura, amor y todo lo que había hecho que se enamorará de ella.

- Otra vez con eso Steve- refunfuño la joven –todos tenemos lo que buscamos en la vida, a veces arrastramos un pasado intenso, a veces no, yo sé que tu no eres perfecto- él objeto –yo tampoco lo soy- él sonrió –pero nos amamos y eso es lo que importa-.

- Aún así a veces me siento como un usurpador en tu vida, pero luego esa idea se opaca al estar así contigo- abrazándola con fuerza- tan feliz y esperando a ese pequeñín- posando una mano en el abultado vientre de Ami.

- Bueno, pues ve buscando la manera de opacar por completo esa idea y disfruta de lo real, que es el ahora y ya no digas tonterías amor, o voy a creer que te arrepientes de estar conmigo- alegó.

- De eso nunca hermosa –"del como"- pensó –Taiki fue muy afortunado- dijo sin querer.

Ami suspiró frustrada- tu lo eres más-.

- ¿Me amas?-.

- Como nunca he amado a ningún otro hombre-.

Steve sonrió y la atrajo hacía si para besarla con todo el amor y pasión que ella le inspiraba y merecía. Al separarse, ambos se miraron a los ojos y el brillo inconfundible de felicidad era lo único que se apreciaba en ellos. Una felicidad que se incremento unos minutos después al estar ambos desnudos, en su cama, disfrutando de la lujuria amorosa que los consumiría el resto de la tarde.

Tokio.

Haruka se sorprendió enormemente al ver a su esposa tarareando una canción y cocinando como para veinte personas con una tonta sonrisa en el rostro.

- ¡Hola amor!- Exclamó Michiru radiante.

- Hola- respondió el confuso - ¿Qué es todo esto?- Preguntó y señaló los globos y decoraciones que estorbaban su caminar desde la sala a su comedor.

- Los preparativos de una celebración-.

- ¿Y que celebramos?- El rubio repasó mentalmente todo evento que los incluyera a ellos y hubiera podido pasar por alto, sin éxito alguno-.

- Nuestro amor- dijo sencillamente, él frunció el ceño.

- Mmmm- dudó -¿Quieres que te ayude?-.

- No, descansa, ve a la recámara- animó –mi mamá y tu familia llegaron hasta las siete de la tarde, así que tienes tiempo para tomar un buen descanso- explicó.

Tras consultar su reloj Haruka asintió –pues si, de hecho estoy algo cansado-.

- Anda ve- apremió su mujer empujándolo lentamente y sonriendo como pocas veces se le había visto en meses.

El rubio doctor obedeció torpemente adentrándose en su recámara, Michiru sonrió ampliamente mientras miraba fijamente la puerta, misma que sabía se abriría de golpe en cualquier momento.

Y pasó.

- ¡Michiru!- Haruka se plantó ante ella jadeando y sonreía sorprendido.

- Si- articuló la aludida haciéndose la inocente.

- ¿Esto es?- le mostró una pequeña fotografía con una manchita gris media amorfa- ¿Es lo que creo que es?-.

- Tu hijo- confirmó ella con dulzura-.

Él la abrazo con fuerza, agradeciendo en silencio a Dios por cumplir el anhelo tan deseado que ahora era una hermosa realidad. -¿Todo va bien?- Preguntó negándose a soltar a su mujer.

- Todo está perfecto amor-.

Y mientras para muchos la vida era benevolente y les daba más de lo que habían soñado, o aquello que tanto habían deseado, otros pasaban por períodos de incertidumbre a causa del temor y la inseguridad.

Era viernes y se encontraba despidiendo con una sonrisa a cada uno de sus alumnos, recordándoles sus deberes para el fin de semana mientras les entregaba sus pertenencias, aunque la realidad es que Serena Tsukino no tenía muchos ánimos de un corto tiempo para acá. Se sentía extraña y reconocía aunque fuera para ella misma que era por la extraña sensación de vacío que se había hecho muy pesada de llevar en esos días.

- Soy el último señorita Serena- La rubia despertó de su letargo y sonrió a su alumno favorito.

- Que extraño Zafiro, tu papá siempre es el primero en llegar- recordó.

- A mi no me importa esperar y quedarme con usted-.

- A mi tampoco, de hecho me encanta tu compañía- expresó con sinceridad.

Zafiro Black, un pequeño que con sus ocurrencias, su simpatía, su evidente cariño y admiración la llenaban de una calidez agradable, una que le provocaba el pequeño Drew Furuwata también, aunque el pelinegro lo hacía de manera diferente. No sabía como describirlo, pero era agradable sentirlo.

Tras unos minutos de espera, la profesora habló. -¿Qué te parece si vas a los juegos? Yo mientras cierro, recojo mis cosas y en seguida voy contigo a esperar a tu papi-.

- ¡Siiiiiiii!- Chilló Zafiro dejando de lado su mochila y corriendo en la dirección indicada, Serena negó divertida.

Al terminar sus pendientes y dirigirse hacía donde se encontraba el niño una bolsa con varias golosinas se cayó provocando un regadero de cosas por el suelo. Rodó los ojos y maldijo en su interior. Se agacho a levantar los objetos cuando:

- Permítame- se ofreció una conocida voz que la hizo sonrojarse al instante.

- Diamante- murmuró ella sonriendo tímidamente.

- ¿Cómo estás Serena?- Preguntó con voz ronca, como acariciando su nombre.

- Bien...Ehhh, gracias... ¿Tú?-.

Él sólo se encogió de hombros.

- Iba con Zafiro, esta en los juegos- informó nerviosa.

- Lo sé, yo...Yo le dije que esperará un poco-.

- Oh- se limitó a decir la rubia.

- Quiero disculparme por mi atrevimiento- continuó él –las flores- añadió, Sere hizo el amago de hablar –espera, estoy consciente de que fue exagerado y se prestaba a que quizás tú pensarás que lo hice buscando un compromiso forzado de tu parte- explicó evidenciando pena.

- Yo no- él la corto.

- Me gustas- dijo al fin, mirándola a los ojos –creo que eso es más que obvio- rió –me gusta tutearte, conversar contigo, aunque haya sido brevemente y es que de ese modo, sé de ti, de tus gustos, pero soy honesto y te digo, que yo no puedo seguir así-.

- Diamante- susurró con algo de pánico.

- Se que no me conoces bien, por eso te propongo algo –ella esperanzada lo miró soltando el aire –quiero ser tu amigo, bueno no- se retorció las manos- en realidad yo quiero ser más que eso, pero por algo se empieza- reconoció en un lamento -¿Qué piensas tú?-.

- Me encantaría... Me encantaría conocerte Diamante- concordó la rubia.

Él la tomo de las manos y sonrió -¿Te gustaría ir a comer el domingo conmigo y Zafiro?-.

- Que cita tan original- bromeó ella nerviosa.

- Conmigo es todo un paquete- reconoció con un particular brillo en la mirada.

- Que vale la pena disfrutar- apuntó ella con sinceridad, sin percatarse de lo importantes que eran esas palabras... Para ambos.

- ¿Entonces?-.

- El domingo me parece bien- respondió con una radiante sonrisa.

- Zafiro se va poner feliz- expresó alegre el hombre.

- ¿A si que por eso me invitas eee? ¿Sólo por tu hijo?- Bromeó mientras caminaban por los pasillos del colegio.

- Noooo ¿Cómo crees? Lo que pasa es que a él también le gustas-.

- Lo he notado-.

Ambos notaron entre ellos una conexión que se había hecho presente, además de que al estar juntos una increíble sensación de bienestar los envolvía. Él deseaba nunca salir de ese confort y ella poder disfrutar de el y no perderlo. Quizás un romance no era la meta, al menos de la rubia, pero en esta ocasión no iba a dejar pasar la oportunidad de una amistad, aunque Diamante Black con su atractivo y esa arrolladora personalidad que le salía cuando estaba en confianza inspiraba para algo más. Ciertamente convenía no apresurarse y dejarse llevar. Ella lo necesitaba y él se lo ofrecía. No había acuerdo mejor.

Esa noche muchos celebraban, otros suspiraban y otros planeaban, todo tenía en común el amor y lo mucho que dejaba ese gran sentimiento. Más había alguien que a kilómetros y un océano de distancia no se sentía con ningún ánimo de disfrutar de nada.

E.U.A.

Darién se encontraba en el área de urgencias anotando indicaciones y datos en el expediente de un nuevo paciente cuando Loren tan impulsiva como era, se había plantado frente a él mirándolo con una cara de pocos amigos. Con un suspiro de resignación el pelinegro se levantó de su asiento y siguió a su amiga y colega.

- Me enteré de que dejaste a Berjerite- dijo directa.

- Terminamos- corrigió él tomándola del brazo y guiándola a un lugar más privado.

- Eso no fue lo que me dijo- espetó.

- Pero fue lo que pasó- insistió él inexpresivo.

- ¿Por qué? Pensé que estaban bien- inquirió sin dejar el tono acusador.

- Era lo mejor-.

- ¿Para quién?-.

- Para ella, para mi... ¡Para los dos!- Gritó.

Exasperada la pelirroja se halo de los cabellos –eres un imbécil-.

- Pues gracias- expresó con sorna el pelinegro.

- ¿Por qué te empeñas en negarte la posibilidad de ser feliz? ¿Qué ganas no viviendo?- Cuestionó frustrada por no entender el complicado cerebro de su mejor amigo.

- ¿Quieres que sea hipócrita? ¿Qué finja que estoy feliz con alguien sin estarlo realmente?-.

- Igual le haces daño a las personas y al menos así ¡NO ESTÁS SOLO!-.

- Físicamente- apuntó él –porque aquí- señalando su corazón –estoy más vacío que nada, es como si se hubiera quedado en Tokio, con –guardó silencio y Loren frunció el ceño comprendiendo al instante –Berjerite necesitaba a alguien mejor que yo-.

- Créeme Dari, tú eres el ideal de muchas chicas, sólo que no te das la oportunidad de verlas- alegó la pelirroja.

- Yo no creo ser adecuado para nadie, no con el peso que arrastro- explicó.

- Es por Serena- afirmó ella.

- No-.

- Ni siquiera sabes mentir- protestó.

- Ella es el amor de mi vida- reconoció –eso nunca va cambiar-.

- Y por eso estás aquí a kilómetros de distancia-. Él no contesto.

- Eres no sólo un imbécil si no un redomado idiota, además de egoísta y patético. Si vives así, actuas así, y te sientes así- enumeró -¡ES POR TU CULPA!- Gritó –te quejas de todo y te boicoteas a ti mismo, porque eres un cobarde que sabe lo que quiere, pero que no lucha por ello- comentó airadamente- tu no amas, tu vives en lo sueños, y eso es una evasión, despierta a la realidad Darién, la realidad que tu escogiste-.

- Ella me pidió que la dejará-.

- Porque no le diste el consuelo que necesitaba, estando juntos ambos se aferraron tanto a lo que no tenían, a lo que perdieron –una punzada de dolor asaltó al guapo doctor –que se olvidaron el uno al otro y al amor que decían profesarse-.

- ¡Era amor!- Afirmó él con furia –Es amor- susurró.

- No Darién, así no es el amor- el tono de voz de Loren bajo, porque ella estaba en una situación similar, sólo que en su caso tanto ella como su pareja habían pactado darse la oportunidad con todo la energía y compromiso que eso implicaba, con tristeza la joven veía que su amigo seguía obstinado en el pasado. - Las personas cambian, el amor también, se fortalece o se acaba, no puede estancarse, tú lo sabes bien-.

- Tenía miedo de estar con ella- confesó al fin –por eso le di la oportunidad de buscarse, de que sola llegará a esa paz que yo no se ni como encontrar-.

- Todo es cuestión de querer realmente hacer las cosas- animó ella.

- Siento lo de Berjerite Loren, pero no podía y creo que tampoco estaba dispuesto a cederle un lugar que siempre va tener dueña- reconoció.

- ¿Y eso en que te ayuda? Refugiarte en la soledad tampoco es bueno-.

- Loren-.

- Despierta Darién Chiba, si tú sabes lo que quieres ¿Qué haces aquí? La vida no es tan larga como para pensar detenidamente lo que quieres de ella, debes actuar y luchar. Aferrarse y seguir adelante, eso es lo que debes hacer-.

- Eso es lo que me falto-.

- Lo que les falto a ambos, sólo que creo que ella lo entendió primero que tú-.

- ¿Por qué lo dices?-.

- Por sus acciones, tú fuiste incapaz de decidir o hacer, ella lo hizo por los dos- explicó la doctora.

- Pero...Entonces...No tenía derecho-.

- Claro que sí, también era su vida la que estaba en juego-.

- Debimos tener esta conversación antes- bromeó él.

- Supongo que antes no tenía la perspectiva que tengo ahora- dijo ella con cierta nostalgia que no paso desapercibida para su amigo, pero que en ese momento no tuvo tiempo de indagar. Sus intercomunicadores se hicieron notar, informando que eran requeridos.

En Tokio.

En la casa de la familia Black los moradores de la misma se encontraban disfrutando de un reconfortante desayuno.

- Entonces ¿Ya te lanzaste?-.

- Podría decirse que sí- respondió orgulloso el cuestionado.

- Ya era hora-.

- ¡Zafiro!- Lo reprendió su padre.

- ¿Qué? A mi me cae bien la señorita Serena, me gusta estar cerca de ella- expresó soñador- siento bonito- concluyó antes de meterse un gran trozo de piña en la boca. Su padre casi escupe el café por su comentario.

- Ahhh- rió Malaquite –el enamoramiento infantil por la maestra-.

- ¡No tío!- Se quejó el niño –a mi me gusta como mamá- declaró orgulloso.

Esta declaración lejos de sorprender al par de adultos, los hizo sonreír a uno como burla para su primo, al otro con aire soñador. Además ambos reconocían que era normal la idea del niño ya que a su edad era cuando se empezaba a resentir la falta de figura materna.

- Sería maravillosa como mamá –murmuró Diamante llenando su mente de la rubia sonriendo con esa ternura que la caracterizaba y que él tanto adoraba.

El domingo llegó puntual. Diamante Black tocó a la puerta de la casa de los Tsukino con un poco de nervios, a su lado Zafiro sonreía de oreja a oreja. La puerta se abrió dando paso a la figura de un rubio de aspecto severo.

- Sí- les dijo viendo con interés al niño para luego ver al individuo que tantos suspiros causaba entre las mujeres de su familia.

- Buscamos a la señorita Serena- informó Zafiro con impaciencia.

- Claro ya viene-.

- Gracias- respondió el peliplateado educadamente.

- Pasen, uno nunca sabe lo que una mujer puede hacerte esperar- se hizo a un lado y los recién llegados entraron con lentitud.

- Gracias señor- Agradeció el niño.

En el cuarto de la joven, los nervios estaban a flor de piel, una divertida Michiru buscaba la ropa de su cuñada mientras Mina terminaba de peinar a la rubia que con nada parecía estar de acuerdo.

- Quédate quiete Sere- demandó su prima.

- Estoy nerviosa-.

- No lo habíamos notado- ironizó la futura mamá, la aludida sonrió viendo ante sí un segundo ejemplo de la felicidad, despejo su mente y apuro a las dos mujeres.

- Es mi primera cita- rezongó –quiero verme bien-.

- Pues deja de moverte y no es la primera- razono Mina.

- Para mí sí- apuntó. Y para sorpresa tanto de la rubia hiperactiva como de la peliaguamarina se sacó el anillo de compromiso que Darién le obsequiara años atrás y que nunca se había quitado, nadie hacía comentarios al respecto, más en ese momento asombradas, el par de mujeres sólo atinaron a intercambiar miradas y asentir para la otra en silencio que para su dulce y lastimada amiga este era un nuevo comienzo de verdad. Uno que tenía como punto a su favor que ella quería iniciarlo sin fantasmas ni recuerdos. Ambas rezaron en silencio para que lo lograra.

Cuando finalmente la rubia bajo de su habitación se encontró con una peculiar escena, su padre conversaba animadamente con su cita, mientras su hermano mayor lo evaluaba con vista de águila ante la atenta mirada de Sammy, las risitas que se dejaron escuchar le hizo saber que tanto su prima como su cuñada también veían lo mismo.

Él por su parte esperaba causar buena impresión, pero sobre todo poder conseguirlo, aunque si lo pensaba fríamente era demasiado pronto para ver buenos resultados en ese punto.

Unas horas más tarde.

Después de una agradable comida en donde las risas y los temas de conversación no faltaron, una caminata por el parque les pareció la manera adecuada de darle el toque final a la cita, eso sí, disfrutando de un delicioso helado.

Y tras una breve parada en un stand de juguetes en donde Zafiro fue el único beneficiado decidieron descansar en una banca ubicada frente al lago.

- Gracias por la invitación, me le he pasado muy bien-.

- Gracias a ti por aceptar, a sido una tarde maravillosa-.

Serena sonrió, asintió y suspiro –no he salido mucho con chicos- confesó –ni en mi adolescencia, ni desde hace casi siete años- informó.

- Bromeas ¿Alguien como tu? Me es difícil de creer-.

Mirando al pequeño Zafiro mientras alimentaba a los patos que se congregaban en la orilla del algo, la rubia suspiró consciente de que no tenía, pero quería revelar lo que había pasado en su corta vida.

- Hubo alguien- dijo de pronto.

- No es-.

- Escucha por favor- rogó, él algo contrariado la insto a continuar –fue mi amor de la infancia- sonrió con añoranza- era como un sueño, un príncipe inalcanzable, uno que yo no sabía ya había elegido princesa y resultó que era yo- negó y trago saliva –nos amábamos y ahora sé, la falta de madurez nos llevo a engañarnos con unos efímeros focos de felicidad-.

- ¿Te hizo daño?- Cuestionó él preocupado, interrumpiendo el relato.

- Nos lo hicimos- rectificó ella con nostalgia –nos aferramos a una familia que no pudo ser –Diamante la miró contrariado –me embaracé y decidimos vivir juntos- explicó.

- Oh vaya, no tienes que decir más si te resulta doloroso recordar-.

- Ya no vivo de recuerdos Diamante, y creo que es justo que sepas, que yo llevo a cuestas una lucha interna por seguir-.

- Con verte, eso es más que obvio- aseguró él.

- ¿A sí? Tal vez tengas razón –concedió ella –mi hijo murió y yo creí que con el todos mis sueños y mis ganas de vivir-.

- ¿Qué pasó con él?-

- ¿Con Darién?- Suspiró melancólica –se encerró en si mismo, como yo lo hice, y cuando quisimos rectificar, era tarde, se había perdido algo valioso en cada uno y por ende en la relación- comentó y al hacerlo de pronto sintió su conciencia más liviana.

- Ahora entiendo muchas cosas- expresó él algo contrariado.

- Quise contarte esto, para que no te hagas muchas expectativas de mi persona o creas cosas que no son-.

- Yo creo que eras especial- la cortó él –hace años lo intuí, pero ahora lo confirmo, Serena Tsukino-.

- ¿Qué dices? ¿Años? Exageras-.

- ¿No me recuerdas verdad? Pero yo sí, era un día parecido a este y también había un lago, uno que reflejaba el rostro de un ángel rubio-.

Serena lo miró inexpresiva por unos segundos tratando de hilar las pistas del rompecabezas que se había formado frente a ella, él por su parte sonreía esperando que ella finalmente lo reconociera.

Flash back.

- ¿Se encuentra bien?- preguntó el hombre frente a ella, comprobando que era real y no un producto de su imaginación.

El silencio reino -¿Necesita algo?- le volvió a cuestionar.

Ella agachó la mirada y él se sintió desconcertado por la actitud de ella.

- No ha sentido a veces que necesita llorar hasta que no le queden lágrimas- murmuró ella.

- Hace un tiempo, muchas veces- contestó él, ella levanto la cabeza fijando su vista en la del hombre, ahora si podía verlo bien, era alto, de cabello casi plateado y tenía ojos obscuros y profundos, su mirada la traspasaba y sin embargo no se sentía incómoda con su presencia –pero si ya no tiene remedio para que seguir atormentándonos por eso- le tendió un pañuelo para que secara sus lágrimas.

- Yo se eso, pero no puedo evitarlo, el dolor que siento es tan grande...-.

- Que a veces sientes que te vuelves loca- completó él suspirando, algo en su interior lo llevó a compartir con ella las palabras que habían logrado muchas cosas en él.

Fin del flash back.

- ¿Eras tú? ¿Tú eres el hombre del lago?-.

- Tardaste mucho en recordar-.

- No puedo creerlo- negó incrédula.

- Difícil, pero cierto.

- Yo no, no se que decir-.

- Pero yo si- tomo sus manos y se puso de cuclillas frente a ella –Serena, gracias por la confianza, créeme, valoro mucho ese acto que sé para ti debió costar un enorme esfuerzo- ella asintió – no me gustan las promesas, y no pienso hacerte ninguna- un halo de desilusión cruzo el rostro de la rubia –haré algo mejor, voy a demostrarte con hechos el hombre que soy- Serena abrió los ojos sorprendida e impactada por las palabras del peliplateado –y lo que soy capaz de hacer por ti, por tenerte en mi vida- declaró con firmeza, advirtiendo el temblor en las manos de quien tanto significaba para él.

- Dia...Diamante- balbuceó atontada.

- Eres hermosa, y no sólo físicamente, todo tu ser lo es, y me es difícil expresarte lo que me haces sentir, pero es algo muy intenso – señaló su pecho – y quiero la oportunidad de ayudarte a que tu corazón sienta lo mismo por mi-.

La rubia tenía que ser sincera, sentía y quería darse y darla a él esa oportunidad que su razón le decía aceptará. Estaba completamente decidida a recibir las cosas buenas que la vida pudiera brindarle, abriéndose con confianza a la calidez y sensación que el guapo hombre que le hablaba con el corazón en la mano le inspiraba.

- No tenemos garantía de nada- murmuró ella en una débil protesta.

- No las necesitamos, solo necesitamos ser sinceros y querer hacerlo- argumentó él.

Guiado por las emociones, Diamante rozó su mejilla con ternura deleitándose con la suavidad de su piel y disfrutando de la cercanía y la disposición que la rubia mostraba. Era inimaginable lo mucho que habían avanzado en esa salida. Pensaron los dos. Y no se equivocaba ninguno en asegurar que eso que comenzaba llegaría a buen puerto.

El paso de los meses.

En un ambiente privado que sorprendió a todos los invitados ya que los protagonistas del evento que se llevaba acabo eran conocidos, famosos y muy queridos en la farándula, se llevaba acabo una boda más que esperada.

Con la noche como testigo y decorada con antorchas encendidas a lo largo de un camino de arena, Mina Aino caminaba del brazo de su orgulloso padre, él ataviado con un pantalón blanco y camisa de lino, de corte sencillo, ella con un lindo vestido de seda en color beige, de finos tirantes, drapeado al frente y a la altura de la cintura uniendo ambos conjuntos de pliegues una gran flor, la falda larga dejaba al descubierto los pies descalzos de la rubia, su cabello recogido en un chongo despeinado estaba sujeto por un tocado pequeño de cristal y un ligero maquillaje le daban el aspecto de una ninfa nocturna, el complemento de su ajuar era un pequeño ramo de rosas verdes, escogidas en ese tono por el color de ojos de su casi esposo.

Todos los presentes estaban descalzos, tal como había pedido la excéntrica novia en un apartado especial de la invitación y todos lucían de blanco, contrastando notablemente con el novio, quien era el único que vestía de un ligero verde, petición de su amada y es que todos sabemos que en la boda la novia es la que debe resaltar, más ella había decidido cederle ese honor a quien la honraba hoy frente a sus seres queridos convirtiéndola ante ellos en su compañera para toda la vida, aunque la pareja creía que sus almas estaban unidas hasta más allá de la muerte.

La ceremonia fue hermosa, todas las invitadas derramaron un par de lágrimas, sobre todo las que estaban embarazadas, Ami no dejo de ser vista por Taiki, pero ya no con un gesto anhelante, si no con decisión, la decisión de dejarla ir para siempre.

Serena, contemplaba de primera mano la escena, con un ruego a Dios, que la guiara a donde ella pudiera encontrar lo que su querida prima, a pesar de todo, siempre había tenido.

La ceremonia concluyo y con eso se dio paso a la recepción que se llevaría acabo a un costado del original altar, los no más de 50 invitados, disfrutaron de un rico buffet de mariscos y barra libre de bebidas, las mesas cubiertas con toldos elegantes y exóticos arreglos florales formaban una gran M y al centro una pista de baile que en los laterales tenía un grupo de violinistas y al otro lado una banda que amenizaría con la música.

Todos bailaron disfrutando de esa paz que el amor verdadero desprende. Deseando lo mejor al nuevo matrimonio y deseando al mismo tiempo la eterna dicha para ellos.

Para sorpresa de algunos, Diamante había sido invitado, primero por la novia y posteriormente por su rubia, como su acompañante, él había accedido, sintiéndose más seguro de la relación que podría llegar a tener con ella, a nadie le paso por alto, la forma en que Serena reía y se sonrojaba al lado del joven.

Loren que había asistido con Taiki, hermano del novio, no dejo de notar, que ella si había seguido con su vida, esperaba que su amigo hiciera lo mismo, por que nada era más triste que una buena persona solitaria por decisión, producto de un auto castigo no merecido.

Un mes después.

Mina aún se encontraba de luna de miel en compañía de su flamante esposo, disfrutando de las mieles del amor, tal como debía ser el bien nombrado viaje de todos los recién casados.

Ami había decidido quedarse hasta después del parto, Steve se encontraba en Alemania resolviendo sus compromisos y volvería a Tokio dos semanas antes del nacimiento de su hijo.

Lita que había dado la noticia de que sería mamá de nuevo una semana después de la boda de su hermana era muy consentida junto con Michiru, ambas eran tratadas con pinzas debido a los notorios cambios hormonales que experimentaban. Serena quien todos pensaban estaría muy susceptible por estas noticias, todo lo contrario mimaba sin algún dejo de tristeza a las futuras mamás mostrando con eso a toda la familia que iba por muy buen camino.

Ray había vuelto a Londres dos día después de la boda, pero en esta ocasión por motivos personales, había regresado una semana después con el diseño de su vestido de novia, ahora era el turno de la familia Chiba de planear y por lo que comentaba la pelinegra a sus amigas, lo estaban haciendo bien. Ella nunca comentaba sobre Darién y su vida, pero todas eran conscientes de que vendría a la boda y un encuentro entre él y Sere estaba más que decidido por el destino.

Los problemas, las penas y los momentos de tristeza parecían haber quedado atrás, claro que como siempre se ha dicho, nada puede llegar a buen puerto, si antes no concluyes y cierras ciclos.

E.U.A.

- ¿Qué tal Loren?-. La joven pelirroja sentada en la cafetería del hospital levanto la vista advirtiendo que quien menos confianza le inspiraba en el mundo estaba frente a ella.

- Saori- expresó con falsa alegría -¿Qué necesitas?-.

- Me preguntaba si haz visto a Darién, se supone que tiene turnos dobles pero no lo encuentro y necesito hablar con él- explicó evidenciando ansiedad.

- Que pena Saori, pero él se fue a Tokio, ¿No te lo dijo?-.

- Tengo varios días sin verlo-.

- Oh, se fue ayer-.

La pedíatra sonrió falsamente a quien le brindaba el mismo tipo de gesto, articuló un débil gracias y se marcho sin que pudiera ver la penetrante mirada que Loren le dirigió.

Tokio.

El aeropuerto a pesar de ser ruidoso y estresante provocaba en cierto pelinegro una gran paz. ¡Estaba en casa! ¡Y se sentía feliz! O algo muy parecido, reconoció. Había pasado ya mucho tiempo desde la última vez que había pisado tierras niponas. Ansiaba ver a su madre y hermanas, a quienes tenía abandonadas excusándose siempre con el trabajo, quería comer la comida típica y tan conocida a nivel mundial. Visitar a los amigos y llenar su ser de esa sensación que el hogar te brinda... Paz. Pero sobre todo quería verla a ella, el principal motivo de su visita.

Salió del lugar y tomo un taxi, dio la dirección de la casa de su madre y se recostó cerrando los ojos, había sido una locura pedir unos días de descanso, pero ya que nunca lo había hecho desde su ingreso al hospital, el director del mismo, no había tenido reparos y con Loren por ahí, ciertamente el área de neurología estaba cubierta.

Al llegar a su destino bebió hasta hartarse de la imagen de la casa que tenía años sin pisar. Toco sin éxito alguno, al parecer no se encontraba nadie, cómo aún tenía llave de la misma, entró y comprobó que las habitantes se encontraban seguramente de compras, lo cual dedujo al ver montones de catálogos desparramados y aventado a lo largo y ancho de la sala.

Cansado como estaba decidió dirigirse a su antigua habitación olvidándose de la maleta que dejo en la planta baja. Observó con nostalgia que su cuarto estaba tal cual lo había dejado la última vez que estuvo ahí, claro que un poco más limpio, lo cual agradeció. Posó su vista en la fotos, los recuerdos, más una cajita sobré el buró llamo particularmente su atención.

- ¡Dios!- Gimió sintiéndose sofocado, se dejó caer pesadamente en el colchón y el entendimiento de lo que significaba lo que tenía entre sus manos lo golpeo de lleno.

- Dijo que para avanzar tenía que desprenderse de el- comentó una voz que lo hizo girar su cabeza.

- ¿Cuándo? ¿Por qué mamá?- Cuestionó y entonces se quebró, no pudo reprimir las lágrimas por la enorme decepción que le causaba el sentirse finalmente excluido de la vida de quien lo había inspirado a volver.

- Cálmate Darién, yo pensé que tu la entenderías, puesto que tu se lo pediste siempre- expresó contrariada Setsuna Chiba.

- Pero volví- murmuró él –volví- repitió una y otra vez.

Su madre no tenía respuestas para eso, si en realidad las quería tendría que ir por ellas el mismo, por lo pronto lo único que podía hacer era acunarlo entre sus brazos, brindándole todo el apoyo, consuelo y sensación de confort que solo las madres pueden ofrecer a los hijos, siempre que se les necesita.

Bien sabía ella que Darién había llegado tarde. Su reacción evidenciaba esperanzas rotas, era obvio que su repentino regreso tenía que ver con la rubia, para quien él ya no tenía cabida en su vida y posiblemente en su corazón, no al menos en ese momento y no de la forma que su hijo esperaba.

Continuará...

¡HOLA A QUIEN ESTÉ POR AHÍ! JEJEJE... VOLVÍIIIIIIIIIIIII...Como ya habrán notado n_n y bueeenooo, con capítulo intermedio, digo yo porque a partir de aquí entramos a una nueva etapa del fic.

Quizás haya algunas dudas, aclararé unas como algo especial por tardar tanto...¿Darién y Berjerite? Pues eso era algo necesario, como ustedes leyeron el personaje del protagonista es complicado.

Aparentemente todo va bien para el resto de las parejitas y creo que así va seguir un tiempo, el próximo capítulo esta muy enfocado en Diamante que es un amor, yo lo adoro, y bueno, ya se develo un misterio, para que no digan que soy mala y eso en parte justifica el porque de la nueva relación de Sere, yo sé que ustedes son listas y van a entender el rumbo de las cosas. No crean que he olvidado a Kakyuu, esa mujer aparecerá en unos dos capítulos más, que es en donde inicia la recta final de esta historia. La verdad es que tengo planeado un buen escarmiento para ella, porque por su culpa Mildred ¿la recuerdan? ejem, es su hermana, sufre mucho y bueno, algo tendré que hacer por ahí también, puuffff, en fin. Como decía, me detiene el pensar en los castigos, por así decirlos de esas personas indeseables, pero todo lo demás esta más que previsto...

Disculpen la demora en publicar, pero como una querida amiga me dijo, eso de esperar que la alineación de los planetas me llene de energías a veces es tardado...

Y bueno, un regalo más que podrán disfrutar es un lemon ¿De quienes?... Bueeeenoooooo ya lo leerán...

Hasta pronto.

Dudas, comentarios y sugerencias, todo es bien recibido.

P.D. Si actualizo círculos de intriga el viernes 4 de febrero del 2011, entonces tal vez llega el 10 de febrero, así que a leer y dejen review eeee, aunque no lo merezca, snif...