¡Hola! Espero que me perdonéis la espera: he estado fuera y no he tenido Internet durante muuuucho tiempo. Empieza lo interesante en la historia :)

Capítulo 11

La semana pasó con la misma dinámica: todas las tardes Isuzu pasaba un rato en el Host Club, y ni ella ni Kyoya iban a quejarse por ello: habían pasado de verse algún que otro fin de semana a todos los días. Aun así no se comportaban como siempre, pues aún no querían llamar mucho la atención y sería malo para el Host Club que se descubriera que Kyoya estaba con alguien.

Estudiando los apuntes que tenía entre manos, Kyoya andaba de un lado a otro del salón mientras mordisqueaba distraídamente una pasta de té. Aunque fuera sábado por la tarde, los exámenes finales se acercaban peligrosamente y no tenía siquiera tiempo para salir con el Host Club o Isuzu –de momento se conformaban con verse todas las tardes de la semana.

Tan concentrado estaba que no oyó cómo la puerta se abría y cerraba, una persona habiendo entrado en el salón.

-Kyoya.

Sobresaltándose un poco, el joven se dio la vuelta tan de repente que por un momento vio puntitos negros en su vista.

-Padre –saludó, comiéndose la pasta de té que le quedaba en la mano. Yoshio pasó por delante de él y se sentó en el sofá, de espaldas a Kyoya, que por un momento se quedó esperando algún tipo de comentario. Al no oír ninguno, volvió a su rutina de andar en círculos mientras memorizaba sus apuntes.

Pero en ese momento había demasiada tensión en el ambiente como para estudiar.

A pesar del silencio que había en el salón, en la cabeza de Kyoya los pensamientos pasaban a mil por hora: ¿qué pretendía su padre? Nunca habían estado en una misma sala si no era por algo relacionado con negocios o las notas de Kyoya. El joven estaba seguro de que seguía teniendo las mejores notas de su clase, y si fuera por algo relacionado con la empresa familiar su padre ya hubiera dicho algo. En cambio, Yoshio estaba sentado en el sofá, leyendo un libro mientras su hijo estudiaba para los exámenes finales.

Por muy normal que esa escena fuera para muchas personas, en la mansión Otori era un hecho sin precedentes.

Yoshio Otori nunca, nunca, tenía tiempo libre para pasar leyendo un libro. Menos aún para socializar con su familia. Kyoya no estaba seguro de poder aguantar ese "ambiente familiar" mucho más cuando el timbre que indicaba que alguien llamaba a la puerta resonó en el salón.

Desde el sofá Kyoya escuchó a su padre cambiar ligeramente de posición y hacer un leve sonido de interés. Antes de que Kyoya pudiera pensar en el significado de tal sonido, la puerta del salón se abrió y el secretario de Yoshio entró, haciendo una profunda reverencia.

-Sr. Otori, su cita de las seis ha llegado.

-Hazle pasar –dijo Yoshio sin levantar la vista de su libro. El secretario se quedó sin habla por un momento.

-¿A-Aquí, señor? ¿No preferiría en su despacho? –Kyoya seguía andando por el salón fingiendo que estudiaba.

-No hace falta pasar a mi despacho para lo que vamos a hablar –afirmó Yoshio, aún sin levantar la vista de su libro y con una voz que no daba lugar a la réplica-. Hazle pasar aquí.

-Sí, señor Otori.

En ese momento Kyoya decidió que era el momento de irse de allí: obviamente su padre deseaba recibir a un socio en un ambiente más familiar y daba la casualidad de que Kyoya estaba estudiando allí ese mismo día en ese mismo momento. Dejando de lado sus apuntes, dio la vuelta al sofá y empezó a recoger los libros que había sobre la mesa.

-No hace falta que te marches, Kyoya –le dijo su padre, pasando una página de su libro-. Es más, deberías quedarte.


-¡Oh! Va a empezar a nevar otra vez.

-Será mejor que lleguemos pronto, entonces.

Haruhi ajustó la bufanda alrededor de su cuello un poco más y apretó el paso para no quedarse atrás de las largas zancadas de su padre. De vuelta del supermercado, Ranka tarareaba una canción mientras veía caer la nieve a su alrededor.

-Haruhi, ¿podrías hacerme un favor?

-Por supuesto, papá.


Kyoya se quedó congelado en el sitio, ojos ligeramente abiertos y en sus manos los libros del instituto. Recuperándose, puso todo en orden y se sentó en el sofá que estaba frente a su padre.

Aunque por fuera Kyoya parecía el mismo de siempre, en su cabeza las ideas corrían a mil por hora: ¡su padre le había ofrecido quedarse para hablar de negocios! ¿Significaría eso algo? ¿Qué quizás su padre estuviera pensando en él como posible candidato para heredar el negocio Otori? Solo la posibilidad hacía que a Kyoya se le escapara una pequeña sonrisa.

Alguien tocó a la puerta y un hombre alto y moreno entró a la habitación. Su padre lo saludó y el hombre le tendió un sobre. Yoshio lo cogió y sin una palabra más, el hombre salió de la habitación.

-Ten –le dijo Yoshio a su hijo, tendiéndole el sobre. Kyoya lo cogió y le dio varias vueltas, esperando ver una dirección o algo que le diera una pista sobre qué había dentro del sobre-. Ábrelo, Kyoya. El tiempo vuela y tenemos que discutir varias cosas.


Haruhi llegó a la pequeña tienda y sonrió a la mujer que estaba detrás del mostrador.

-Buenos días, querida.

-Buenos días –respondió Haruhi mientras buscaba en las estanterías el periódico que su padre le había pedido que buscara. Tras pagar por él y comenzar el camino a casa, decidió echar un vistazo a las noticias del día.

Fueron tres minutos después cuando lo vio.


Kyoya no podía creerlo. En parte sabía que tenía que llegar ese momento, pero aun así le pilló por sorpresa: al abrir el sobre, una docena de fotos cayeron sobre la mesa, en todas ellas la cara sonriente de Isuzu junto a Kyoya.

Yoshio no dijo nada, solo observó cómo Kyoya separaba tranquilamente cada foto.

-Sabía que la chica Shiraiwa y tú seguíais en contacto desde la primera vez que os conocisteis en la inauguración del hospital –dijo su padre, dejando de lado su libro e inclinándose hacia delante, de forma que si Kyoya levantaba la vista no tenía otra opción que mirar a Yoshio a la cara-. Fue cuando intentabas marcharte de casa todos los fines de semana esperando que no me diera cuenta. Recuerda que toda la gente aquí trabaja para mí antes que para ti, Kyoya.

"El conductor del coche" concluyó el chico, culpándose a sí mismo por confiar en el hombre.

-Después de que me informaran de tus salidas –seguía hablando Yoshio-, fue muy fácil contratar a alguien para que me diera las pruebas que confirmaran mis sospechas.

-¿Contrataste a un detective para que me siguiera? –preguntó Kyoya, las manos cerradas en puños sobre sus rodillas: ni siquiera se había dignado a preguntárselo en persona… ¡había comprado a alguien para que le siguiera a escondidas!

Kyoya debería sorprenderse por la falta de confianza en su familia.

-Así es –confirmó Yoshio mientras cogía una de las fotos y la observaba detenidamente-. Mi objetivo era ponerle fin a esto antes de que se corriera la voz, pero creo que ya es demasiado tarde.


Con la boca abierta y los ojos como platos, así fue como Ranka encontró a su hija en la puerta de casa.

-¿Haruhi? ¿Pasa algo?

-No, papá, no te preocupes –dijo su hija distraídamente-. Es…

La chica le tendió el periódico a su padre por la página de 'Sociedad': allí, en una foto que ocupaba la mitad de la página, Isuzu y Kyoya aparecían paseando por la calle, ella cogida de su brazo. Un gran titular coronaba la imagen: "A espaldas del mundo" 'Parece que los jóvenes de las familias Otori y Shiraiwa no son de la misma opinión que sus padres, que se les tacha de enemigos irreconciliables desde el incidente del último hospital construido por los Otori. A escondidas, se ha visto a la joven pareja varias veces…'

-Oh, vaya –exclamó Ranka.


-Me esperaba más discreción de tu parte, Kyoya, ahora mismo la mitad de Japón sospechará de tu relación con ella. Relación que ni ha sido consultada ni aprobada –condenó Yoshio-. Iba a dejarlo pasar a la espera de que cayeras en tu propio error, pero parece que sus visitas a ese Host Club –aquí Yoshio hizo una mueca-indican que esto es más serio para ti de lo que pensaba.

-Padre, no creo…

-No me interesa lo que creas ahora mismo, Kyoya –le cortó su padre-. Debes cortar cualquier lazo con la chica: ni hablar, ni veros, ni saber uno del otro.

-Pero padre, no puedo…

-Una semana, Kyoya. No más.