Bueno, el capítulo de hoy es más bien corto, y el número 13 también lo será. Pero es que estoy dejando lo mejor para el final y por eso el capítulo final va a ser más largo de lo normal (pero no será una biblia, eh). Espero que os guste, ahora me voy a escribir de nuevo. Que bien suena no tener que decir que voy a estudiar, de verdad! Mañana empiezo el crédito de síntesis en el instituto, pero el jueves que viene volveré a actualizar. Os leo en los reviews :)


Capítulo doce

Todo en la vida llega, y el juicio de Ron no iba a ser una excepción. Parecía que había pasado una eternidad desde que volvieron de Australia, y ahora veía los días en los que habían estado preparando su defensa muy lejanos, como si no perteneciesen a su vida.

La mañana del juicio, Ron se despertó temprano. Hermione había pasado la noche con él, y Harry había dormido con Ginny, pero en ese momento a Ron no le importaba mucho, puesto que tenía la cabeza en otra parte. Se despertó cuando el primer rayo de luz de la mañana alumbró el paisaje. Todos dormían, incluida Hermione, que se había dicho a si misma que sería la primera en levantarse para prepararlo todo. Ron no quiso despertarla, todavía era muy temprano, así que salió de la cama sigilosamente y bajó a la cocina.

-Mamá.

La señora Weasley estaba fregando los platos manualmente, cosa que sorprendió a Ron. Se sobresaltó al escuchar la voz de su hijo menor y el plato que sostenía en las manos calló ruidosamente sobre el fregadero de la cocina.

-¿Qué haces levantada? –le preguntó Ron.

-Eso mismo debería preguntar yo. Es muy temprano, anda y vuelve a dormir. Quedan horas para el juicio.

-Me he despertado y ya no voy a poder dormir.

Eso era algo que Ron odiaba. Adoraba dormir. Pasar horas metido en la cama sin hacer nada, arropado por las mantas y dejando que el sueño se lo llevara. Pero una vez que se despertaba ya no podía volver a dormirse hasta que no caía rendido al final del día.

-No podía dormir –le confesó Molly a su hijo.

-¿Por qué? Todo saldrá bien, mamá.

-Pero no puedo evitar pensar… ¿Y si no es así? No puedes ir a Azkaban –dijo sollozando.

Ron la abrazó, los dos lo necesitaban. Hacía tiempo que su madre no disfrutaba de la vida, desde la muerte de Fred. Y ahora estaba ahí, abrazando a su hijo menor y llorando por la idea de que éste tuviera que pasar el resto de sus días encerrado en Azkaban.

-Ya verás: hoy a la hora de comer estaré aquí de vuelta y todo volverá a ser como antes –le aseguró Ron.

Se volvieron a abrazar y entonces fue cuando las tripas de Ron rugieron. Madre e hijo empezaron a reír.

-Suerte que vuelves a estar en casa. Te quedaste muy delgado buscando esos malditos horrocruxes.

-Si, bueno… No podíamos arriesgarnos a pedir una pizza –le contestó, riendo-. Te echaba de menos, mamá.

-Yo también, Ronnie.

Y los dos se abrazaron, diciendo con ese abrazo muchas cosas que llevan tiempo sin decirse: un te quiero, por ejemplo. Porque Ron había pasado los días de la búsqueda de los horrocruxes pendiente de las listas de magos y brujas desaparecidos, para asegurarse día a día que su familia estaba bien, ya que al irse los había puesto en peligro, por muchas medidas que tomaran.

-Siento interrumpir esta bonita estampa familiar, pero tenemos que prepararlo todo –dijo Kingsley a modo de saludo cuando bajó por las escaleras dispuesto a desayunar.

Poco a poco la cocina de los Weasley fue llenándose de gente: todos despertaban cuando el olor del desayuno recién hecho inundaba toda la casa y les entraba por las fosas nasales. Bajaban las escaleras desesperados y se sentaban a la mesa con los estómagos deseosos de comida.

-¡Ronald! ¿Por qué no me has llamado? –inquirió Hermione cuando despertó la última y bajó a desayunar-. ¡Te dije que quería prepararlo todo!

-Pero es que estabas tan mona dormidita… -le confesó Ron mientras se acercaba a ella y la abrazaba.

Hermione se dejó abrazar, más bien no se pudo resistir y cuando Ron la besó, el enfado que tenía hacía un momento quedó olvidado en sus recuerdos.

-Va, ven a desayunar, que necesitas fuerzas –le ordenó Ron cogiéndola de la mano y tirando de ella suavemente hasta llegar a la cocina.

Todos olvidaron sus preocupaciones cuando saborearon los exquisitos manjares de la señora Weasley, pero como siempre, cuando la comida acabó las preocupaciones volvieron de nuevo.

-¿Qué hora es? –inquirió Ron, que empezaba a notar los nervios por todo el cuerpo. Las manos le sudaban, no podía dejar de moverse y todo lo que acababa de comer parecía estar revolviéndose dentro de su estómago.

-Las nueve menos cuarto. El juicio es a las diez, todavía tenemos tiempo –le aseguró Kingsley.

-Está bien, ¡no me gustaría para nada llegar tarde!

Pero cuando dieron las nueve y media todos en la Madriguera empezaron a desesperarse. Habían pasado días y días planeando la defensa, y ahora que quedaba media hora para que empezara el juicio todavía no se habían puesto de acuerdo en quién acompañaría a Ron al Ministerio. En la citación ponía que sólo podía ir acompañado por una persona. Por eso mismo, cuando todos los presentes en la Madriguera se ofrecieron para ir con él, el caos fue absoluto.

-He de ir yo, yo soy su padre –decía el señor Weasley.

Hermione no pudo evitar reír.

-¿Y ahora que pasa? –inquirió el señor Weasley basante molesto, ya que pensaba que Hermione se estaba riendo de él.

-Esa frase… -reía-. Lo de 'yo soy su padre'. Me ha recordado mucho a una película muggle donde uno de los personajes dice 'yo soy tu padre'.

El enfado del señor Weasley se desvaneció cuando escuchó la palabra 'muggle' y no paró de preguntarle a Hermione sobre el cine muggle.

-¿Queréis callaros de una vez? –chilló Kingsley por encima de la multitud.

El silencio lo inundó todo.

-Creo que es mejor que vaya Hermione, puesto que ella estaba allí y vio todo lo sucedido.

-Pero alguien ha de acompañarles –dijo Arthur.

-Estoy de acuerdo en eso –le confesó Kinsgley.

-Somos mayores de edad, no creo que necesitemos ayuda. Además, ya entramos al Ministerio una vez, con otra identidad pero entramos.

-Cierto, amigo –le apoyó Harry, que sonrió al recordar el momento del que hablaba Ron.

-¡AAAAAAAAh, me vais a volver loca! –Chilló Molly-. Iros ya, que al final hasta llegareis tarde. Si pasa algo avisadnos, estaremos aquí.

Ron y Hermione se miraron, y cuando Ron asintió con la cabeza, Hermione cogió su mano y se desaparecieron.

El silencio volvió a inundar la Madriguera, donde todos esperaron inquietos noticias sobre el futuro de Ron.


Espero leer vuestros reviews, con eso lo digo todo! Que si no esto es muy penoso y me siento como una marginada.. ._.

Hasta el jueves que viene!