Un cuerpo que no envejece y que vive de otro que sí. Eso es lo que describe la naturaleza "biológica" de aquellas criaturas olvidadas en el tiempo y cultura. Se habla de ellos de una manera extraña, mezclando la realidad con ficción injustamente moderna que es casi una burla al sufrimiento.
El primero se formó ya con un cuerpo inmortal, un dios que fue lanzado a un pozo de almas llenas de rencor. Ese rencor se fusionó con su tristeza y desesperación formando así una criatura bella en apariencia, pero con el interior deseoso de mundana venganza.
Es entonces que el dios Hades se convirtió en un buen gobernante para el mundo de los muertos. Él comprende el deseo de la sangre como una necesidad, el rencor que se acumula por años hasta en las almas más limpia, la tristeza que atormenta durante años…Además de sufrir en su eterna agonía por sangre, el dios carga con el peso de las vidas de todos los que día a día mueren.
Al ser una extensión del alma de Hades, el joven de ojos verde esmeralda comprendió que ese dios sabía más de los humanos que ellos mismos.
Dicen que no existen las causalidades, y que el dios del inframundo eligiera a ese niño como su cuerpo va más allá de que fuera un alma pura. El joven estaba destinado a ver a la humanidad y cuestionarla siempre con los ojos de un niño ingenuo y curioso.
En aquella ocasión el joven, con lágrimas en los ojos, se preguntó por qué los humanos son como son, por qué sufren como sufren, por qué lloran por motivos tan variados, por qué ríen y después dejan de hacerlo…El joven que escuchaba los lamentos de humanos desdichados condenados a una eternidad con el peso de sus pecados se dijo que quería comprender el sufrimiento para por lo menos tratar de aliviarlo. Al pensarlo, una voz lejana le respondió sin querer hacerlo.
Llevado por la misma pureza que maldijo su destino, el joven se ofreció a sí mismo como precio para conocer y ayudar a los humanos. Muchas cosas pasaron por ese sacrificio, pudo ayudar a la más lastimada alma humana que le odiaba, y poco a poco las restantes se calmaban con bellas historias del mundo, a la vez que contaban las suyas y podían sonreír en vez de llorar al recordarse en vida.
Quizá, lo único que ese niño se arrepiente es haber lastimado a quien lo mantuvo con vida incluso al lastimarlo. Lo más desea ese que fue humano, es ver, aunque sea de lejos, a ese hombre de difícil carácter y blandos sentimientos.
Probablemente ese joven se arrepienta con cada pérdida y cada despedida, pero por ahora, la vida que le correspondía vivir es buena y mala, llena de sorpresas como cualquier otra. Eso es bueno, porque así, ese dios que modificó el destino del niño puede sonreír al verlo, y puede sentirse bien al pensar que por lo menos, si el mundo llegara a terminar algún día, ninguno de los dos estará solo.
