Gente: ¿que no actualizaban los jueves?
Japi: sí pero hoy (miércoles 20/08) es el cumpleaños de Mister Ace
Chiero: y el corazón de Mister Ace necesita de esto (también Uno lo necesita)
Querido Desconocido
Una colaboración entre Japiera Clarividencia y ChieroCurissu
Disclaimer: HQ! pertenece a Furudate-sensei
En la carta anterior: Oikawa va hasta el departamento de Bokuto y cuela debajo de su departamento lo que es su última carta.
Domingo 12/07/2015
Todavía no digas nada. Guarda silencio un poco más. Acabas de recibir mi última carta, de mis manos, y es importante que, primero, leas.
¿Eres acaso real?
Llevo un rato espiándote, desde que terminé de leer la carta que colaste bajo mi puerta.
Admito que me sacudió el miedo cuando supe que estabas aquí y estuve a punto de correr a una aerolínea a comprarme el primer vuelo a Acapulco. O quizá solo al puerto de Chiba. No sé. Fue Akaashi quien me avisó que estabas aquí, y desde entonces, he estado imaginando desgracia tras desgracia.
Sí, Akaashi. Él está aquí también. Cuando termines de leer, le diremos que salga a saludarte.
Me sudan las axilas mientras escribo. Seguramente, mientras lees, me siguen sudando. No vayas a pensar mal de mí. Mi metabolismo es espantoso.
El asunto es, que al final, descubrí quién eras en realidad. Lo descubrí ayer, de hecho. Ayer sábado, luego del curso de repostería, le comenté a Kuroo…, estaba pensando en voz alta. No puedo recordar cómo empezó, pero supongamos que dije algo así: «lo mejor, es evitarle a la gente el conocerme». Kuroo me quedó mirando. «¿Qué dices ahora?», «Tu vida era más tranquila antes que me metiera en ella. Es así, ¿cierto? No puedo culpar a alguien si no quiere conocerme. Es una decisión lógica y segura». Kuroo se rio. Me preguntó desde cuándo la palabra lógica se admitía en mi vocabulario. A mí también me sorprendió haberla empleado, y su comentario, lejos de enfadarme, me ayudó a tranquilizarme.
Se lo conté todo. Me refiero a lo nuestro y a la correspondencia, y le eché la culpa de mi predicamento. Si Kuroo no me hubiese pedido ayuda haciendo inventario, yo no habría extraviado mi billetera y tú no la habrías hallado brillando en el momento de la hora cero. Y luego, todo lo que provocó al toparse contigo ese día que llovía, la ceja perdida… En fin.
No me di cuenta del tiempo que nos habremos gastado hablado, pero ya habíamos pasado la hora cero hace rato y nos iluminaban los faroles de la avenida. Al terminar toda la historia, Kuroo me preguntó si acaso tenía fiebre. O si estaba enfermo. De salud me sentía perfecto, pero no lo sé, quería desplomarme sobre el pavimento.
—Uno-kun ya sabe quién soy, y ha decidido que no me quiere conocer. No lo puedo culpar. Tú tampoco debiste haberme conocido nunca. Mira el mal rato que te estoy haciendo pasar. Ya, me voy. Dile a Akaashi que no me hable jamás. Si llegas a aprender polaco, intenta explicárselo a Polonia de mi parte.
—Maldito melodramático, ¡vuelve acá!
Me arrastró de una mejilla —es que las tengo elásticas como la goma— hasta su piso y telefoneó a una pizzería para que nos trajeran algo de comer. Mientras llegaba la comida, le mostré a Kuroo mi bitácora de investigación.
No te conté antes. Me conseguí con mi hermana una libreta de bolsillo en la cual anotaba todas las cosas que guardaban relación contigo. Es una libreta de la Kitty-chan, de hojas rosadas con olor a fresa. La llevaba conmigo a todos lados, por si tenía que hacer una anotación de emergencia. Aquello no ocurrió.
—Te lo he dicho tantas veces, como investigador no vales porque no tienes paciencia. —De hecho, cuando tomé mi curso de Novela Policíaca, estuve tentado a dedicarme de detective, pero Kuroo no lo vio—. Así que por eso me hiciste hacer el tonto dos días esperándote al otro extremo de la ciudad.
Le pedí perdón. Dijo que era un tonto. Le mostré las fotos que tomó Polonia, las cuales guardaba en mi bitácora. Le grafiqué su pelean con Leviatán —su verdadero nombre es Lev—, y todas las consecuencias que trajo. Kuroo se quedó mirando la foto del perfil bastante tiempo.
—¿Este es Uno-kun? Este no puede ser el chico que me encontré bajo la lluvia.
—¿Qué dices?
—Es una pésima foto de todas maneras, pero el chico que yo vi, el que me ha estado regalando botellas de agua todos estos días, tiene el cabello más cuidado. ¿Dices que también conoces a Dos y Cuatro? —asentí—, ¿y que jugaste contra Dos? —volví a asentir—. Entonces sabes cómo se llama Dos.
¡Claro! ¡El folleto de los playoffs! Kuroo tiene más pasta de detective que yo.
También guardaba el folleto de los partidos en mi bitácora. Matsukawa Issei tenía que ser, la camiseta 8. En lo que comíamos nuestras pizzas, Kuroo encendió su computadora y buscó al tal Matsukawa Issei por las redes. Y hallamos su perfil de fb. ¡Ay! Me dio un ataque cardíaco. ¡Matsukawa Issei! ¡La misma cara de pervertido pasivo! ¡SU PERFIL ERA PRIVADO!
—¡Qué hacemos! ¡Kuroo!
—Buscamos los amigos en común.
Ay, ay, ay, ay…
—¡Los Karasuno! —grité—. ¡Es de Miyagi! ¡Nuestra mandarina naranja tiene que ser la misma mandarina! ¡Kuroo!
Le pedí que llamara a Sawamura, quien fue capitán de su equipo y era más amigo con Kuroo que conmigo. Kuroo se rascó una ceja. En cambio, llamó a Koushi. Lo conoces, ¿cierto? Es un chico pálido con un lunar bajo el ojo. ¿Te acuerdas de que te comentaba que se había puesto de novio? ¡Que me lleve el diablo! ¡Es que ese Koushi era su chico! El ataque cardíaco mutó a una apoplejía con fallo multisistémico y me puse a correr por todo el piso de Kuroo hasta destruirlo.
…Y es por ese motivo que Kuroo nunca me cuenta de sus relaciones.
Bueno, para qué te cuento más. Ese Koushi llegó al piso de Kuroo y, sin hacer demasiadas preguntas, nos dejó su cuenta de fb para que metiéramos las narices en las fotos de Matsukawa Issei. No tardé en hallar álbumes con fotos de la preparatoria, y cuando descubrí que su número de camisa en ese entonces era el dos… al fin hice las matemáticas adecuadas.
—Busca al que lleva en la camiseta el número 1 —le dije a Kuroo.
—¡Es ese!
—No, ese es Cuatro.
—No, no. Ese es Uno. Lo sé, te digo que lo he visto.
Te mentiría si te dijese que no me choqueó, o que no me impactó. Pero de pronto, me sentí recuperado del multisistémico, la apoplejía y el ataque cardíaco y, por una vez, me reí.
—Soy un imbécil.
Luego podemos hablar de Kuroo y Koushi, yo preferí dejarlos solos. Me acabé mi porción de pizza primero, porque nunca rechazo comida y de pronto estaba con humor. Te imaginaba a ti, leyendo la última carta que te envié. Seguro lo pensaste un montón de veces: «este tipo es imbécil». Yo no lo dejé de pensar en toda la noche.
Koushi, o Refrescante-kun —me dijo que así le llamabas—, también era amigo tuyo en fb. Ya tenía tu fecha de nacimiento, los nombres de tus familiares, tus fotos de bebé —tú te amas, ¿no? bueno, es que eres bonito, y lo peor es que lo sabes—, pero, sobre todo, tu universidad de estudio.
Hoy domingo en la mañana fui hasta donde Akaashi. Se le veía ojeroso porque había trasnochado construyendo la maqueta de un edificio con forma de arrecife de coral, una cosa rarísima y demasiado compleja incluso para tratarse de Akaashi.
Bueno, también te puedo hablar de eso luego.
Le conté de mis últimos descubrimientos. Que no eras el Cabello-Picudo, sino el Cabello-ondulado. Que te había escrito que te derrotaba en vencidas ¡con el meñique!, ¡qué vergüenza! ¡Te dije que eras un chico lindo! ¡Ay Buda! ¡Cómo permites que mi vida sea tan absurda!
Fuimos a un templo, a pedir por el bien de mi alma. También pedimos por los gemelos de Akaashi y por los dientes de Pequitas que todavía no se descalcifican y seguramente no lo harán nunca, pero Akaashi se ha puesto terco. El verdadero nombre de Pequitas es Suzumeda Kaori-san, aunque gracias a ti, ahora le decimos la McBeal. Entre que orábamos, le pregunté a Akaashi cómo diferenciar un templo budista de un sintoísta, y él me dio toda una clase al respecto que al fin entendí por qué mi amigo se había ido por la rama de la arquitectura. Hasta entonces nunca lo había oído explayarse con tanta emoción sobre un tema en particular, y me di cuenta de que era un apasionado. Me sentí confuso. Yo realmente nunca entiendo lo que pasa a mi alrededor. Otra prueba de ello es todo este lío de cartas que he armado.
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Lo que más quería era conocer la opinión de Akaashi sobre nosotros. Todavía no podía comprender del todo por qué habías decidido no buscarme. Sin embargo, ahora que yo ya sabía dónde estudiabas, tampoco estaba seguro de querer buscarte. Pensaba: todavía me queda una chance de jugar contra este tipo en un duelo oficial. Porque, con la información recabada, sabía que tu equipo sí había clasificado, y yo tenía la esperanza que te recuperaras de tu lesión para que nos enfrentásemos frente a frente. De alguna manera, estaba seguro de que, ahora que tú también sabías quién era yo —era imposible ya pensar lo contrario—, te esforzabas al máximo para recuperarte de tu lesión.
—Lo voy a esperar —resolví—. Lo voy a conocer cuando él me quiera conocer.
Akaashi me preguntó por qué.
—Porque me venció. ¿No lo ves, Akaashi? Me descubrió primero. Hasta que no me cobre el favor que me debe, voy a hacerle el favor que me venza en los términos que él quiera.
Decidí que te iba a esperar. Ya conocía tu apariencia, a tus amigos. Solo faltaba que te decidieras tú.
Luego de orar en el templo, Akaashi se iría a casa de Pequitas, pero decidió acompañarme en el camino de regreso a mi casa. En el portal del edificio nos encontramos con Polonia, aterrorizado. O quizá enojado, o alarmado. No sé leer a ese tipo, qué te digo. Me intentó explicar con su pésimo inglés su situación, y el mío que no es mucho mejor, se enredó en la conversación. Yo estaba seguro que hablábamos de waffles y carreras de caballos. Trataba de decirle que a los caballos se apuesta con dinero, no con waffles. Akaashi me dejó discutir con Polonia para escabullirse hacia el interior del edificio. Se devolvió casi de inmediato.
—Está aquí —me dijo, susurrando.
—¿Cómo?
—Llorica-san está aquí.
Todo ese discurso que te iba a dejar que me vencieras bajo tus propios términos… digamos que toda mi cordura se me fue a la mierda. La apoplejía volvió haciendo estallar mi cabeza y por un segundo, me desvanecí. ¡Imbécil! Polonia no me hablaba ni de waffles ni de caballos, ¿cómo puedo enredarme tan desenfadadamente? Me tiré de los pelos. Me faltaba el aire. Me picaba el talón. Quería comer atún al limón. Quería lanzarme de cabeza por un acantilado y que me besara el agua del mar. No sabía que quería, pero sin dudas huir. A Acapulco o qué se yo. Le dije a Akaashi: Vámonos a Acapulco. ¡Ay! ¡Pero no tengo dinero! ¡Ese cabellos-ondulados lo está estropeando todo! ¡Qué espanto! ¡Vamos al puerto de Chiba! ¡No! ¡Que se vaya a él! Akaashi me remeció de la camisa.
—¡Bokuto-san! ¡Cálmate!
Le dije que, primero que todo, necesitaba llenar mi estómago con un tarro de atún al limón.
—No se puede pensar con el estómago vacío, Akaashi.
Bien, sea. Subimos por la escalera de incendios hasta mi casa. Akaashi, Polonia y yo. El sobre colado bajo mi puerta brilló ante mis ojos y el hambre se me desvaneció. Abrí la carta en el futon, haciéndole espacio a Akaashi para que leyera conmigo. Polonia se comió todo el tarro de atún al limón.
¿Está bien que Akaashi haya leído conmigo? ¿Y que Polonia se haya comido el atún?
Cuando llegamos a esa parte en que Cuatro… Iwa-chan…, la parte en que tu mejor amigo te pregunta si acaso yo te gusto… Yo miré a Akaashi.
—No dejes de leer la carta —le pedí—. Quédate aquí, conmigo.
Me preguntó qué sentía yo. ¿La verdad? Nunca había estado tan confundido.
¿Habrá sido una tontería escribirte esta respuesta estando tú al otro lado de la puerta? Me pareció que era la justo, pero sé qué, al entregarte la carta, me arrepentiré. Lo que ahora creo es, que luego de esto no habrá más cartas. Se acabó lo de correr al buzón para recoger tus palabras. Se acabó lo de buscar guías viejas en las que escribirte mis respuestas. Nos acabamos. Un inicio inevitablemente acarrea un final. Estamos tú y yo, uno frente al otro, ojo contra ojo. ¿Te gustan mis ojos? Quizá tú te sientas transparente porque has sido brutalmente honesto conmigo en cuanto a tus sentimientos. Pero ha sido eso, eso precisamente, lo que te vuelve a mis ojos, en el ser más misterioso con el que me he cruzado, y no puedo atravesarte con la mirada sin sentir que golpeo contra un muro de cemento.
Se me quiebra el cráneo. No te entiendo para nada. Tengo una bitácora llena de datos tuyos y no te entiendo. Conozco a tus rivales, que da la casualidad que también son los míos. Conozco a tu mandarina naranja, que da la casualidad que también es la mía. Mi kohai y tu kohai son el combo más raro que hay, y creo que al fin comprendo a qué te refieres cuando hablas de destino. También he visto tus fotos por fb, y te he visto por el agujero de la cerradura. Le rompí el dedo a tu amigo Mattsun-kun, he insultado la piel y el cabello de tu amigo Iwai-chan-kun, y te he insultado a ti en incontables ocasiones a lo largo de toda nuestra correspondencia. Les he dado a ti y todo tu entorno razones suficientes para que me odien, y en cambio, ellos creen que tú me gustas, o yo te gustó, ¡no lo sé! Y tú estás aquí, frente a mí.
En pocos párrafos más va a terminar mi carta, y aquello marcará el fin de nuestra correspondencia, pero el inicio de otra nueva etapa.
Una etapa contigo, mi desconocido conocido.
Perdí mi billetera a fines de mayo. Ya son mediados de Julio. Dime, Chico Kawaii, ¿estás preparado para conocer mi voz? Guarda mi carta, esta última carta, en un lugar donde nunca puedas perderla, y vayamos juntos a comer algo diferente a atún al limón, porque ahora que estoy relativamente más calmo, me acuerdo que nunca me ha gustado demasiado. Prometo responder todas tus preguntas, si acaso tienes alguna, y mientras intercambiamos información, tú y yo dejemos de ser desconocidos mutuos, y tengamos la confianza de señalarnos como, ¿quién sabe? Incluso algo más que meros conocido.
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Bokuto Koutarou
O Boku-chan, si tanta ilusión te hace
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Querido Desconocido
Gente: Y esta historia concluye aquí. Muchas gracias a todos quienes siguieron y alentaron este proyecto. ¿Algunas palabras finales, Japi?
Japi: En lo personal fue toda una experiencia, ya que la escribí junto a una de las fanfickers que más admiro, y pude sacar varias enseñanzas de este proyecto. En este punto, admito que las caóticas y a veces faltas de coherencias cartas de Bokuto corrieron de mi cuenta (así mismo todos sus despistes), mientras que Chiero se dedicó no solo a moler la rodilla y el tobillo de Tooru, sino a destruir su muñeca con aquellas kilométricas misivas. Escribir la historia fue algo muy espontáneo y ninguna de las dos estaba muy segura de cómo terminaría, hasta que ha terminado.
Gente: Interesante. Chiero, ¿tienes algo que agregar?
Chiero: Mis queridxs desconocidxs (que he conocido mediante reviews, favs y follows), de verdad muchas gracias por leer esta pequeña historia entre Mister Ace y Uno-kun. Para mí, que soy novata en el fandom de Haikyuu!, fue una experiencia única que me dejó muy entusiasmada. Lo mejor de todo fue tener la oportunidad de escribir junto a Japiera, quien es mi sensei en este fandom, ¡gracias, socia, te admiro!
Japi: ¡Ay! ¡Yo te admiro más!
Chiero: No, de verdad, agradezco que le hayan dado oportunidad a este BokuOi, que fue escrito con mucho corazón.
Gente: Esperemos que volvamos a leernos en otros proyectos. Un abrazo muy grande a todos. Y a México mucha fuerza :')
Japi&Chiero
