Las hadas habían pasado las noches en vela hasta conseguir elaborar un trono a la altura del nuevo miembro de la Corte Seelie, Luke estaba satisfecho con el resultado. Ahora ocupaba el lugar que le correspondía junto a su única y verdadera madre. Compartió con ella sus historias de la infancia, aunque eran historias de su parte nefilim, la Reina Seelie las escuchaba con atención puesto que quería saberlo todo sobre él. Ella también le contó historias, y secretos. Confiaba ciegamente en su hijo, pese a no conocerlo. Pero él era su único descendiente y haría cualquier cosa por él. Hasta volverse vulnerable.

—¿Qué opinión tienes de Esther?—indagó Luke.

La Reina Seelie hizo una mueca que no supo descifrar. Luego su expresión de tornó neutra.

—Se presentó ante mí con otro nombre, Athar. Me prometió que unificaría por fin las dos coronas bajo mi mando, también poder casi ilimitado...

—¿Y qué te pidió a cambio?—preguntó el joven, sin importar que interrumpiese a la Reina.

A ella le molestó, pero no lo expresó verbalmente sino tan sólo con una mirada fría que pronto se suavizó.

—Un heredero.

La monarca de las hadas tuvo un hijo con un fin político, no por amor. Sin embargo a Luke parecía quererle, o quizás era solo en apariencia ya que él era la solución a su mayor problema. Su eterna disputa con el Rey Unseelie. Luke se descubrió a sí mismo no importándole realmente si ese amor no era real, al menos la mujer confiaba en él para legarle su corona, porque era sangre de su sangre. Y para las hadas, más que para los nefilim, la descendencia era importante.

Las puertas de la sala del trono se abrieron, sin que nadie anunciase su llegada. Esther apareció ante ellos sin ir acompañada de ningún guardia, pero sí de una figura atada y con el rostro tapado por un saco raído. De las manos amarradas de su acompañante, había una cuerda que terminaba en manos de Esther. El demonio tiró de la cuerda con fuerza, haciendo que su prisionera se quejase y se viene lanzada al suelo. Cayó de rodillas, frente a los dos tronos.

—Veo que la familia está unida al fin.

—Serás bienvenida en mi Corte, pero debes de cumplir con el protocolo y dejar que tu visita sea anunciada.

Esther sonrió de forma ladina.

—Vaya, y yo que os traía un regalo. A los dos.

Madre e hijo compartieron una mirada, ninguno de los dos sabía a qué se refería, lo cuál causó mayor diversión al demonio. Retiró el saco que cubría el rostro de su prisionera, revelando a una joven que llevaba un trozo de tela en sus labios impidiéndole hablar. Sus ojos eran de un tono café oscuro, casi negro. Su cabello era largo, castaño y estaba revuelto por haber llevado el saco puesto, al retirarlo había dejado a la vista una de sus orejas, ligeramente puntiaguda. Era una hada. Entonces Luke vio que algo negro asomaba por el cuello de su camisa, una runa. También era nefilim. Una híbrida, una que posiblemente primero fue nefilim, luego secuestrada y finalmente convertida. Pero él no recordaba haberlo hecho, así que debía de haber sido cosa de Esther. La Reina Seelie escrutó al completo a la híbrida, sus labios se convirtieron en una fina línea al terminar.

—¿Por qué iba a querer yo a esta híbrida en mi Corte?

—Te prometí que unificaría por fin las dos coronas—dijo Esther señalando a la chica—. Esta híbrida se llama Lena Luceboreale, pero seguramente estará dispuesta a renunciar a su nombre de nefilim. Su parte hada es la única hija viva del rey Unseelie. Eso hace que Lena sea la perfecta candidata para Luke.

La chica escuchaba con atención la escena que ocurría a su alrededor, en sus ojos había terror puro. Estaba llorando y parecía que si tuviese un mínimo de fuerzas, se pondría en pie y echaría a correr lejos de ahí. Luke dejó que su madre continuase llevando la conversación, él le limitó a seguir mirando. Los ojos de Lena acabaron encontrando a los de Luke, empezó a temblar de pavor y a Luke le resultó divertido.

—Has cumplido con tu palabra—dijo la Reina Seelie finalmente—. Las hadas te están agradecidas por dar una solución a una eterna y absurda disputa. Se arreglará un compromiso entre los dos herederos.

Lena empezó a llorar sonoramente, a Luke le pareció una delicia. Estaba conforme con la decisión de la Reina. Porque eso implicaba que el siguiente paso sería librarse de la competencia, el Rey Unseelie y sus muchos descendientes. Todo un desafío.

Y un baño de sangre, algo que a Luke le iba a encantar.