12. Tres días es una eternidad
Ron apretaba con fuerza el blanco y delgado cuello de su esposa. Cho intentaba separar desesperadamente las manos de Ron de su cuerpo, pero aquel chico era demasiado fuerte y empezaba a notar como le faltaba el oxígeno. Comenzó a toser y la angustia de sentir la asfixia se reflejó en su rostro. Fue entonces cuando el pelirrojo aflojó las manos, Cho cayó al suelo llevándose las suyas al cuello y respirando profunda y entrecortadamente.
- ¡Estás… loco!... ¡Ibas a… matarme! – dijo recobrando algo de aliento.
Ron retrocedió unos pasos mirándola con desprecio y comenzó a caminar descontroladamente por la habitación.
- No te mereces menos…
- ¿Qué querías que hiciera? ¡Ibas a marcharte con ella! – exclamó la joven aun en el suelo.
- Hay que ser muy retorcida para hacer lo que has hecho – Ron seguía caminando intentando controlarse y no volverla a agarrar del cuello.
- ¿Yo soy retorcida?... Me ibas a dejar, era la mejor opción ¡Oh Ron! – dijo mientras se ponía de pie con mucho esfuerzo – Eres tan bueno, tan responsable, tan ingenuo. Fue tan fácil engañarte…
Ron se detuvo y movió la cabeza de un lado a otro, sin creer aun todo lo que estaba escuchando.
- … Planeé todo esto cuando me marché a casa de mis padres. Sabía que elegirías a esa cualquiera y yo no estaba dispuesta a consentirlo. Cuando me confesaste que la seguirías, tuve que poner en marcha mi plan y tú picaste el anzuelo como un imbécil.
- ¡Eres despreciable! – Gritó Ron volcando en ella toda su rabia y su frustración.
- No mas que tú querido – añadió su esposa desafiante – Ahora solo tenía que fingir, con la ayuda de mi madre, que había perdido al niño y que la culpa sería tuya. Eres tan predecible que con toda seguridad no habrías podido soportar la culpa y estarías atado a mí el resto de tu vida.
- Estás enferma Cho, muy enferma.
- Puede ser, pero ahora ella está a cientos de kilómetros de distancia y tú estás aquí a mi lado.
Ron rió incrédulo ante el cinismo de aquella mujer con la que había compartido tantos meses de convivencia.
- ¿Crees que voy a seguir contigo después de esto? Aunque no vuelva a ver a Hermione en mi vida, estás loca si piensas por un instante que voy a quedarme junto a ti.
- No puedes dejarme, no creo que seas tan estúpido. Sabes que mi padre tiene mucho poder en Londres, voy a encargarme yo misma de que no levantes cabeza en esta ciudad – le amenazó con los ojos rojos de rabia.
Ron rió de nuevo, agradecido por haberse dado cuenta a tiempo de que calaña estaba hecha aquella mujer de apariencia dulce y frágil.
- Tú, tu padre, sus influencias, hasta esta maldita casa, me importan un demonio. Y Londres no es la única ciudad del mundo. Podría haber apretado mucho más, pero no quiero cargar con tu cadáver en mi conciencia – Ron se dirigió a la puerta y añadió – La próxima vez que tú y yo hablemos será delante de un juez… Feliz Navidad.
Y salió de la casa dando un golpe tan fuerte a la puerta, que los cristales de la vidriera de ésta, saltaron por el aire cubriendo el suelo de cientos de brillantes colores.
Ron caminaba furioso, muy furioso. Tenía ganas de estrangular a alguien, a cualquiera, al primero que se cruzase en su camino. ¿Con que bruja se había casado? ¿Como se había atrevido Cho a hacer semejante atrocidad? Quería culparlo de la muerte de un niño que ni siquiera existía. Pero sobre todo ¿Cómo podía haber sido tan ingenuo, tan estúpido para caer en la trampa? Se frenó de pronto, ¿A dónde iría ahora? Hermione se había marchado y él necesitaba calmarse un poco y pensar con claridad. ¿Ginny? No, ella no. Estaba embarazada y enterarse de lo que Cho había hecho la disgustaría mucho y en su estado era peligroso… ¿Draco? No, él tampoco. Era su compañero de trabajo, no su mejor amigo y aquello era demasiado horrible para contárselo a cualquiera. Ron no podía pensar, nunca en su vida sentido tanto odio por alguien. ¡Luna! 'Sabes que puedes contar conmigo siempre', le había dicho solo unas horas antes. Ron se acercó a una cabina telefónica y busco en la guía el nombre de la rubia. 'Luna Lovegood', justo al lado se encontraba la dirección y el número de teléfono. Salió de la cabina, llamó a un taxi y se subió en él.
Luna preparaba la cena, aquella noche se sentía sin ánimos de cocinar. Así que cogió un sobre de comida precocinada y la calentó en el microondas. Aun le costaba creer que Ron hubiese ido a despedir a su prima, ella tenía razón. Él fue, aunque tarde. El microondas timbró, la rubia sacó su comida y se sentó a la mesa. El teléfono la sobresalto y corrió a descolgarlo.
- ¿Sí?
- Luna soy yo Hermione – dijo una voz al otro lado
- Oh cariño, ¿Qué tal el viaje?
- Bien pero estoy un poco cansada – Contestó la castaña – Mis padres me esperaban en el aeropuerto…
Luna deseaba decirle que Ron había ido a despedirla, sabía que el hecho de no haberlo visto era lo que mas angustiaba a su prima. Pero decírselo quizás le haría tener ilusiones de nuevo y volvería a sufrir viviendo una esperanza que no existía. Hermione seguía hablando…
- … Prométeme que vendrás a vernos en año nuevo. Ya no tienes excusa para no hacerlo, ahora que eres la dueña de un buen coche – rió.
La rubia rió con ella, aunque seguía sintiéndose mal por ocultarle la verdad.
- Lo haré, iré a visitaros y recibiremos el nuevo año juntas.
'Ding - Dong'
Luna se giró hacia la puerta, miró su reloj… ¿Quién llamaría a esas horas?
- Hermione, tocan a la puerta. Espera un segundo, no cuelgues – dijo dejando el teléfono descolgado sobre la mesa.
Se apresuró a abrir y Ron estaba allí, mirándola fijamente con los ojos desquiciados. Luna desvío la mirada hacia el teléfono y luego otra vez al joven.
- Disculpa la hora, pero necesito hablar con alguien – dijo el pelirrojo entrecortadamente.
- Está bien Ron, pasa, pero no hables – añadió la muchacha en voz baja.
Ron entró y la siguió hasta el salón, Luna agarró el teléfono, tomó aire y habló de nuevo.
- ¿Sigues ahí? Lo siento cariño, pero tengo una visita inesperada y no voy a poder hablar contigo. Mañana te llamo.
- Luna – dijo Hermione al otro lado – Si ves a Ron dile que… que… Olvídalo, no le digas nada. Te quiero prima.
- Y yo a ti, Hermione.
Ron que estaba mirando a través de la ventana, se giró de pronto. Luna se dio cuenta al instante de su error al nombrarla y se llevó un dedo a la boca rogando al joven que no dijese nada. El pelirrojo se puso nervioso y quiso que le entregase el auricular del teléfono haciendo un gesto con la mano, pero la rubia fue más rápida y colgó.
- ¿Por qué no me has dejado hablar con ella? – Preguntó ofuscado golpeando la mesa.
- ¿Para que? Solo conseguiríais haceros mas daño.
- No Luna, no lo entiendes. Todo es distinto ahora – Ron parecía sonreír en medio de su rostro desencajado.
- ¿Distinto? Ron ¿Qué puede haber cambiado desde la última vez que hablamos? – Luna movía la cabeza creyendo que el joven estaba perdiendo el juicio.
- ¡Me mintió! Me engaño como a un… Cho no está ni ha estado nunca esperando un hijo mío. Lo inventó todo para retenerme a su lado, la muy hija de…
Luna se llevó la mano a la boca espantada y se pasó la otra por el cabello.
- No puedo creerlo ¡¿Tanto sufrimiento para nada?! – Gritó – Lo ha pasado muy mal Ron, ha llorado hasta la extenuidad, no comía, no dormía, ha estado a punto de enfermar ¿Y todo eso por nada?
- Voy a buscarla… - dijo él dirigiéndose a la salida.
- ¡Un momento! – Exclamó Luna fuera de sí – No debes actuar sin pensar, ¿Crees que mi prima es un juguete?
Ron se detuvo y se quedó en silencio. Luna tenía razón, no podía jugar de esa forma con las emociones y las ilusiones de Hermione.
- Estás muy nervioso y no puedes actuar en caliente. Todo lo que ha pasado es horrible y tienes que digerirlo antes de ir a buscarla. Serénate y si sigues queriendo ir a por ella, entonces hazlo – le aconsejó Luna un poco más calmada.
- No necesito pensar nada, estoy absolutamente seguro que quiero ir a buscarla. Amo a Hermione y solo ese niño inexistente era lo que me impedía estar a su lado. Mañana sin falta compraré un billete de avión con destino a Glasgow.
Luna suspiró, caminó un poco por la habitación intentando pensar y mirándolo añadió.
- Ron es prácticamente imposible que consigas un billete tan pronto, es mas, creo que no conseguirás ninguno en estas fechas.
- Tengo que intentarlo – atajó él mirándola con recelo.
- Como quieras – Luna sabía que nada le haría cambiar de opinión - ¿Dónde pasarás la noche?
- No sé, no puedo volver a mi casa, ni tampoco a la de Ginny, está embarazada, y lo que menos deseo en este mundo es preocuparla – decía el pelirrojo moviéndose de un lado a otro.
- Si quieres puedes quedarte aquí. Solo tengo una habitación, pero el sofá es muy cómodo. Si no te importa dormir ahí.
- ¿Impórtame? Por supuesto que no, llevo un mes durmiendo en un sofá. Pero no quiero causarte molestias.
Luna sonrío y acercándose a él, le pasó la mano por el rostro a la vez que decía amablemente.
- Es un placer.
- Iré a mi casa por ropa y alguna de mis pertenencias…
- No Ron, no voy a dejar que vuelvas a poner un pie allí. Yo iré, dime que necesitas – dijo la rubia con decisión.
El joven le dio instrucciones sobre lo que debía coger y ésta fue al baño y volvió con una toalla.
- Toma, aséate. Yo volveré pronto – Y salió de su casa.
Hermione no podía conciliar el sueño, aun seguía muy afectada por el hecho de que Ron no fuese a despedirla al aeropuerto. Miraba al techo y de vez en cuando dejaba escapar un suspiro. Había quitado una foto del marco que tenia sobre la mesita de noche y en su lugar había colocado el regalo de despedida de Ron. Su madre entró en la habitación, le sonrío y se sentó junto a ella fijándose en el marco.
- ¿Qué es esto? – dijo mientras lo cogía.
- Un regalo – añadió Hermione.
Jane Granger lo leyó y mirando a su hija le preguntó.
- Dios mío es precioso, ¿Quién te lo ha regalado?
- Ron.
La mujer mudó la expresión de su rostro y una sombra de preocupación cruzó su mirada.
- ¿Es él la causa de tu tristeza?
Hermione no contestó, pero no hizo falta su madre supo que la respuesta era sí.
- Cariño pensé que aquello ya estaba olvidado – dijo con ternura.
- Yo también lo creía, hasta que lo vi en Londres… ¡Oh mamá!, podría contarte mil cosas hermosas sobre él y aun así me quedaría corta. Pero no debes preocuparte, Ron y yo no podemos estar juntos hay muchas cosas que nos separan y esta vez, no tengo mas remedio que intentar olvidarlo – Sus ojos comenzaron a brillar conteniendo las lágrimas.
- Pues deberías empezar por hacer desaparecer esto – dijo señalando el papel – Conservándolo nunca lo conseguirás.
- Lo sé mamá, pero no puedo deshacerme de él, al menos no por ahora… Gracias por tu consejo, pero necesito estar sola.
La Señora Granger asintió pesadamente, besó a su hija en la frente y sin reclamarle nada, salió de la habitación dejando a Hermione con el marco entre sus manos y suspirando con melancolía.
Luna se sorprendió al ver la vidriera rota y los trozos de cristal esparcidos por todo el suelo. Tocó al timbre y Cho abrió con el gesto contraído.
- ¿Qué quieres? – Le inquirió de muy malos modos.
- Ron me envía para recoger sus cosas – dijo Luna aparentando tranquilidad, aunque en su interior deseaba abofetearla hasta que su rostro dejase de ser bello.
La esposa del pelirrojo se apartó y señaló con el dedo hacia la puerta de la habitación.
- Es allí, no te tardes – Y se retiró al salón.
La prima de Hermione subió a la habitación, sacó una maleta del armario y recogió todo lo que Ron le había indicado. Cuando hubo terminado, volvió a bajar y Cho salió a su encuentro.
- ¿Irá a buscarla? – Preguntó con aires de superioridad.
- No creo que eso sea de tu incumbencia – Atajó Luna secamente.
- Espero que no vuelvan a Londres, o se arrepentirán - Amenazó con los ojos fuera de las órbitas.
Luna sonrío con sarcasmo, moviendo la cabeza y salió de la casa empujando la pesada maleta de Ron.
El pelirrojo no pudo pegar ojo en toda la noche, no porque el sofá fuese incómodo, que de hecho no lo era, sino porque no veía la hora de poder ir a comprar el billete de avión. Se levantó muy temprano y aprovechando que Luna aun descansaba, preparó el desayuno para agradecerle su hospitalidad. La rubia salió de su habitación ya lista para incorporarse al trabajo y se sorprendió gratamente cuando vio todo lo que Ron había preparado.
- Vaya que sorpresa, nunca antes nadie me había servido el desayuno.
- Para todo hay una primera vez – dijo el muchacho de mejor humor – Es solo una muestra de mi agradecimiento. Eres una gran amiga.
Luna se sonrojó y se sentó a probar el suculento desayuno.
- ¿Irás a por el billete? – Preguntó mientras mordisqueaba una crujiente tostada.
- Sí, voy a comprarlo antes de pasar por la redacción – Contestó él.
- Creo que va ha ser una perdida de tiempo – añadió la joven tomando un sorbo de café, Ron arqueó una ceja – Estamos en Navidad, ¡Por el amor de Dios! No vas a encontrar nada libre para estos días.
Y diciendo esto se terminó de una atacada el café, se levantó de la mesa y besando a Ron en la frente añadió.
- Me voy, llego tarde. Suerte.
Como Luna predijo, no había billetes de avión y aunque Ron protestó, pataleó, insistió y rogó, no consiguió nada y volvía cabizbajo y arrastrando los pies a la redacción de Profeta. Dejó caer pesadamente su cuerpo sobre el sillón y hundió la cabeza entre las manos. Draco y Pansy se miraron, sospechaban que el estado de depresión de Ron, se debía a la ausencia de Hermione y decidieron darle un margen para que lo superara, así pues ninguno de los dos dijo nada.
El teléfono móvil de Ron sonó y cuando vio que se trataba de Luna respondió rápidamente.
- ¡Dime!
- ¿Conseguiste algo? – Preguntó la chica al otro lado.
- No – Contestó él con tristeza.
- Te lo advertí, pero no te apures Ron, tengo una idea. Almorzaremos juntos y te la cuento.
- Por supuesto, gracias Luna – Dijo el pelirrojo mas animado y despidiéndose de ella, colgó.
Ron miró a sus compañeros y esbozó una triste sonrisa, luego se levantó y caminó lentamente hacia el despacho de Harry. Draco miró a Pansy, y ésta suspiró encogiéndose de hombros, unos instantes después continuaron con su trabajo.
- Ron pasa – invitó Harry – Un momento.
El pelirrojo entró al despacho de su cuñado que en ese instante atendía una llamada, al parecer muy importante. Se desplomó en el sillón y esperó pacientemente a que Harry terminase.
- Dígale al Señor Ministro, que no hay nada por lo que preocuparse. Tendrán una copia de las preguntas que mis reporteros le harán en la entrevista, antes de realizarla… Cuando las hayan revisado podemos fijar la fecha para el encuentro… Absoluta discreción… Ha sido un placer, a sus órdenes. Adiós – dijo despidiéndose de su interlocutor y girándose hacia Ron mientras colgaba el auricular añadió – Ésta entrevista es tuya y de Draco.
- Harry tengo que hablar contigo, no voy a poder entrevistar al Primer Ministro.
- ¡¿Cómo?! – exclamó Harry y las gafas resbalaron por su nariz.
- Vengo a ofrecerte mi dimisión – Dijo Ron mirándolo fijamente a los ojos.
Harry se levantó bruscamente del sillón y se recolocó las gafas en su sitio, caminó un poco y dijo con tono autoritario en su voz.
- No sé a que ha venido esa estupidez, pero no voy a prescindir de ti bajo ningún concepto. Tu solicitud de dimisión no es aceptada.
- Harry – El muchacho intentó hablarle de forma calmada pero trasmitiéndole lo seguro que estaba de su decisión – No se trata de si aceptas o no, se trata de que dejo El Profeta. No voy a volver a trabajar aquí, me marcho a Escocia. Voy a buscar a Hermione.
Harry estaba absolutamente confundido, ¿Cómo iba a ir por Hermione, estando Cho embarazada? El joven pensó que su cuñado comenzaba a perder el juicio.
- No lo entiendo Ron, creía que te quedarías junto a Cho – dijo al fin intentando ver un poco de lucidez en toda aquella locura.
- Y así era, hasta que descubrí que lo del embarazo fue una farsa, una sucia artimaña que mi 'querida' esposa planeó para retenerme a su lado - Harry sintió que las piernas le temblaban y volvió a su sillón dejándose caer en él. Ron prosiguió con su explicación – Anoche abandoné mi casa para siempre. Voy a divorciarme de Cho y ésta vez, sí tengo una justificación para hacerlo sin remordimientos.
- ¿Dónde pasaste la noche?
- Con Luna, la prima de Hermione. Ella me ofreció su casa, pensé ir a la tuya, pero no sabía cual iba a ser la reacción de mi hermana cuando se enterase de todo. No quise arriesgarme a que pudiese sucederle algo a ella o al niño.
- Te lo agradezco Ron, fue una gran decisión. Seré yo quien se lo diga cuando encuentre el momento mas apropiado – Convino Harry - ¿Cuándo te vas?
- Pensaba hacerlo hoy mismo, pero creo que no será posible.
- Ron, sigo sin estar de acuerdo con que dejes tu puesto en la revista – Dijo el muchacho volviendo a levantarse y colocando una mano sobre el hombro de su cuñado – Pero entiendo porque lo haces. Voy a guardar tu sitio aquí durante un año. Si en ese tiempo decides que no vas a volver, contratare a otro en tu lugar, sino, siempre podrás regresar. Piensa en Ginny, le va a costar mucho hacerse a la idea de que no vas a volver.
Ron suspiró y poniéndose también en pie, estrechó la mano de Harry y luego lo abrazó mientras decía.
- Gracias, hermano. Voy a recoger mis cosas.
Draco y Pansy hablaban de sus asuntos con los rostros muy cerca uno del otro. Neville resoplaba mientras miraba al rubio hacer carantoñas a la joven. Su ídolo estaba cayendo en picado o quizás ya se había estrellado contra el suelo. Lavender se aproximó a ellos y dejó un documento en cada mesa diciendo.
- No lo puedo creer, ¿Queréis dejar de hacer manitas y colocarlas sobre el teclado? ¡Cielo Santo! La revista a punto de ver la luz y vosotros en el paraíso - La pareja rió y decidieron hacer caso omiso a la secretaria – Por suerte, Cedric no trabaja aquí y yo no tengo distracciones dentro que me aparten de mis ocupaciones.
Y diciendo esto, se dio la vuelta tropezando con Ron.
- ¡Oh! Lo siento Ron – Exclamó apurada.
- Chicos, que bueno que estén todos. Tengo una noticia que daros, voy a dejar mi trabajo en la revista.
Todos se miraron sorprendidos. Draco se levantó y se acercó al pelirrojo apartando de su camino a Lavender que se había quedado petrificada.
- ¿Qué ocurre, Harry y tú habéis discutido? – Preguntó el rubio preocupado.
- No Draco, al contrario. Me marcho porque he decidido ir a buscar a Hermione.
Pansy soltó una risa y gritó algo parecido a un ¡Sí!, Lavender abrió mucho los ojos, pero seguía sin moverse del sitio. Neville esbozó una sonrisa de aprobación y Draco, volvió a preguntar.
- ¿Y Cho?
- Cho ya no existe, y su falso hijo tampoco. Os voy a echar mucho de menos.
Y sin dar más explicaciones, se acercó a su mesa, sacó una caja de cartón y comenzó a meter en ella sus cosas. Pansy miraba confusa a Draco, Lavender no apartaba la vista de Ron y Neville recorría con sus ojos a sus compañeros. Pero todos intentaban asimilar lo que el pelirrojo había insinuado con su contestación. Poco a poco, los gestos de confusión comenzaron a tornarse en sorpresa cuando consiguieron atar todos los cabos. Ron había terminado de recogerlo todo, les sonrió y comenzó a caminar hacia la salida.
- ¡Ron! – Llamó Pansy.
El muchacho se giró y la joven se acercó a él, se apoyó sobre las puntas de sus pies y sujetándolo por los hombros, lo besó en la mejilla.
- Suerte – le deseó.
Ron le sonrío y echando una última ojeada a sus amigos, abandonó la redacción.
Luna esperaba pacientemente al pelirrojo, sentada en la mesa de una conocida hamburguesería. Pensaba en como se tomaría Ron lo que iba a proponerle, probablemente no aceptaría. Pero aun así no perdía nada con comentárselo.
El joven entró algún tiempo después portando una caja de cartón con sus pertenencias. La rubia lo saludó con la mano y él se acercó tomando asiento y depositando la caja en el suelo.
- ¿Qué es eso? – Preguntó la muchacha señalando hacia el paquete.
- He dejado la revista – contestó él.
- ¿Por qué? ¿Has discutido con tu cuñado?
- No, he decidido alejarme de Londres durante una temporada, con o sin Hermione – Ron miró fijamente a Luna y añadió - ¿En que has pensado?
- ¿No quieres que pidamos algo antes? – Preguntó ella antes de comentarle nada.
- No.
Luna resopló, se pasó la mano por el cabello y comenzó a exponerle su idea.
- De antemano te digo que no te va a gustar – Ron alzó una ceja – Hermione y mis tíos quieren que yo los visite para el año nuevo. Iré en coche hasta Glasgow. He intentado que me dejasen algunos días libres en la escuela, pero no he conseguido nada más que el día treinta de diciembre. No podré partir hasta ese día y me gustaría que tu me acompañases.
Luna lo dijo todo de corrido, Ron esbozó una media e incrédula sonrisa y añadió.
- No me gusta. Yo no puedo esperara hasta el día treinta Luna, estamos a veintiséis. Esos son muchos días.
Luna resopló una vez mas, no esperaba otra respuesta.
- ¿Qué vas a hacer entonces?
- No lo sé, haré autostop si es preciso, buscaré un billete de tren…
- No quedan para estos días, ya pregunté – comentó la muchacha intentando ponerlo contra la pared.
- Son tres días Luna y Hermione está sufriendo. ¡No voy a hacerlo! – Exclamó Ron alzando un poco la voz.
- Escúchame yo no quiero que mi prima sufra, pero no puedes pedirle el coche a tu esposa. No te lo dejaría y menos para ir a buscarla. No hay billetes de ninguna clase para un viaje tan largo y lo del autostop me parece absurdo. Podrías llamarla por teléfono pero explicárselo todo eso es tan frío. Solo son tres días Ron, solo tres.
- Eso es una eternidad. No, no voy a esperar tanto – concluyó Ron.
Y diciendo eso, recogió la caja del suelo y se levantó pero Luna lo detuvo por el brazo. El joven se giró hacia ella, sus ojos brillaban de impaciencia. Luna sonrió levemente.
- Tienes razón Ron, es una eternidad y es cruel e injusto. Nos vamos mañana.
El muchacho cambió la expresión de su rostro y mostró una sonrisa sorprendido.
- Pero ¿Y tu trabajo?
- ¡Al diablo el trabajo! No puedo haceros esperar y ni en sueños voy a perderme la cara de mi prima cuando te vea. Ya me inventaré algo, solo son tres días.
Ron rió y Luna lo imitó, el joven soltó la caja y corrió a abrazarla. Todas las pertenencias del pelirrojo quedaron esparcidas por el suelo, la gente se volvió a mirarlos sobresaltados por el ruido. Ron abrazaba a Luna, sabiendo que aquella joven rubia de mirada perdida y sonrisa perpetua, le había devuelto la felicidad.
