Disclaimer: Los personajes de Fairy Tail son propiedad de Hiro Mashima, la historia es mía.
Libro Uno: Torbellino Rosa
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Capítulo Doce: ¡Llegaron las vacaciones!
Faltaban exactamente tres días para el final de las clases, la primavera estaba por finalizar y ya se iban asomando indicios de una de las estaciones más esperadas durante todo el año; el cálido verano con sabor a libertad. Todos los estudiantes de Fairy Tail podían inspirar un aire más pacífico ahora que los exámenes habían acabado y tan solo quedaba realizar la despedida para el cuarto año, una tradición que se ha ejecutado generación tras generación donde el tercero organiza un baile formal con ceremonias y concursos para homenajear a sus compañeros que saldrán al mundo laboral.
Hoy era el día. Los potentes rayos de sol ya hacían presencia sobre los cristales de la habitación de Lucy quién no sabía ni de su espíritu al dormir profundamente, se giraba de un lado a otro como si estuviera teniendo un montón de sueños confusos.
Justo en ese momento su celular emitió un fastidioso sonido de llamada entrante despertando de golpe a la rubia y de paso a su prima que dormía a un costado en un pequeño colchón lleno de frazadas y peluches.
Lucy estiró su mano en modo zombi buscando el aparato manteniendo su cara contra la almohada, de forma inútil siguió indagando sobre la alfombra hasta que pudo silenciar la melodía apretando el botón de contestar. ―¿Sí, diga? ―masculló con los ojos pegoteados y un poco de baba en su mentón―, ¿qué sucede Cana?, no me digas que estás llamando para preguntarme qué vestido usaré porque te mato.
Mavis solo podía escuchar indefinidos cuchicheos por el otro lado del teléfono, se inclinó en su colchón y mientras se restregaba los ojos paró su oreja para prestar más atención al asunto.
―¡Son las siete de la mañana!, ¡soy un ser humano que necesita dormir! ―maldijo a su amiga mientras ella insistía que el atuendo de esta noche sería muy importante y debía escogerlo bien, la odió mucho en ese momento.
Miró la hora en su teléfono con lamentos, Cana era una impertinente de lo peor. Cortó la llamada lanzando el teléfono lo más lejos que pudo y apoyó otra vez su cabeza sobre la almohada tirando maldiciones a su entorno, palabras que solo ella entendía.
―Lucy, ¿yo podré ir a esa fiesta? ―preguntó Mavis con la leve esperanza de que la respuesta fuera sí; como siempre durante toda su vida jamás le dieron un no por respuesta por parte de sus padres y gracias a ello se ha convertido en la malcriada que es hoy en día. Solo requería una tierna carita de gato abandonado para que todos sus problemas estuvieran solucionados, quién diría que no siempre todo es color de rosa.
―Lo siento Mavis, pero la despedida es con entrada y sabes que no tenemos suficiente dinero para costear la tuya ―explicó Heartfilia con pésame en su cara, sin duda deseaba que ella la acompañara pero esta vez la situación sería diferente.
La pequeña joven infló sus mofletes. ―No es justo ―se echó hacia atrás entregada a su colchón como si fuera a formar un muñeco de nieve recostada en él―, es verdad, ¡yo tengo dinero! ―una ampolleta imaginaria se había encendido en la cabeza de Mavis.
―Oh, lo he olvidado ―Lucy se levantó de su cama―, solo pueden asistir personas de la escuela. No importa si tienes dinero para comprar todas las entradas, es un evento exclusivo ―rascó su cabeza―, lo siento mucho de verdad.
―Rayos ―una nube negra llena de energías negativas y depresivas se posó sobre la diminuta cabeza de la muchacha de ojos verdes.
Ignorando los berrinches ya porvenir de su prima, Lucy bajó a la sala para desayunar. Tenía la cabeza envuelta en un lío tremendo, es que no podía dejar de pensar en la última salida repentina que tuvo junto a Zeref.
Bajó la escalera como si aún siguiera dormida y se encontró con Spetto, su adorable nana quien ya tenía la mesa casi lista.
―¿Comerá de inmediato mi niña?
―Sí, muero de hambre ―admitió sin vergüenza alguna.
Al rato después bajaron Jude y su esposa para unirse a la mesa, de Mavis no se sabía nada aún.
―Que rápido se ha pasado el tiempo ―comentó el hombre de la casa mientras bebía un breve sorbo de su taza de café con cuidado para no quemarse. Layla lo miró de reojo.
―Es verdad, quién iba a pensar que nos terminaríamos acostumbrando a esta nueva vida ―agregó Lucy con aires positivos.
Su madre se cruzó de brazos. ―Habla por ti, yo aún extraño nuestra casa en la playa. ―volvió a hablar en un tono tan desagradable que nuevamente la culpa recaía sobre los hombros de su marido. Claro, para ella Jude tenía la culpa de todo lo que les estaba sucediendo y escucharle hablar así tan sereno la sacaba de quicio.
―Eres incorregible ―Jude se defendió―, agradece que tienes qué comer y qué vestir, te estás comportando de una manera muy grosera cuando frente a ti tu propia hija actúa mucho mejor. ―Señaló a Lucy que no podía opinar con el trozo de pan en su boca.
―¿Cómo quieres que actúe si vivimos en la miseria?, no me casé contigo para que me trajeras a un pueblo social a pasar el resto de los años que me quedan de vida. ―su voz empezó a quebrarse.
Lucy dejó de lado lo que hacía y le propinó un pequeño golpe a la mesa para despertar la atención de todos. ―Te estás pasando Mamá.
―¡Ahora la culpa la tengo yo!
―Si no te gusta la vida que te estoy dando la puerta es bien ancha ―Jude elevó la voz y al mismo tiempo corrió su silla atrás para levantarse de la mesa dejando a su esposa, hija y Spetto sentadas con caras palidecidas.
Layla realzó una ceja. ―Conque eso deseas, ¿eh?, pues bien. ―golpeó la mesa con su servilleta e hizo lo mismo caminando directamente hasta su habitación.
Ahora tan solo quedaban dos personas en la mesa, Jude sacó las llaves de su auto y sin decir más salió de la casa con una cara de dos metros. Lucy y Spetto se miraron con pavor al tanto Mavis recién venía bajando la escalera sin entender lo que estaba pasando.
―Vaya forma de comenzar la mañana ―soltó la rubia con sarcasmo, Spetto suspiró cansada.
―¿De qué me perdí? ―Mavis se sentó en la mesa y de inmediato atacó las tostadas restantes rellenándolas con mantequilla, su manera de comer no se complementaba con su ligera constitución.
―Tranquilas niñas mías, después de la tormenta sale el sol. ―y con esa metafórica frase Spetto terminó por recoger la mesa aun dejando en la duda a la pequeña prima de Heartfilia.
Se quedaron conversando un rato más en la tablero, Lucy jugueteaba con las migas de pan reuniéndolas y formando figuras abstractas mientras Mavis la bombardeaba de preguntas.
―¿Me dirás al fin a dónde fuiste? ―insistía refiriéndose a su reciente salida con Zeref, cosa la cual ella desconocía. No obstante era evidente que había salido a algún lado ya que luego de abrir esa puerta desapareció sin aviso llegando cuatro horas más tarde.
Al principio dudó si contarle ya que todo este tema era demasiado reciente y algo confidencial, pero Mavis era su prima y una de las personas en las que más confiaba en este mundo. Pensó que tenía que hacer lo correcto y lo hizo.
―Es una historia algo larga y compleja pero te la resumiré ―respiró profundo―, ¿recuerdas a Natsu?
Mavis rechistó. ―tu pobre vecino que gritoneaste, sí, como olvidarlo ―hizo un puchero.
―¡Él se lo ha ganado! ―se justificó un tanto alterada, al notar cómo se había puesto carraspeó paulatinamente para ir calmando sus ánimos y retomar su idea―, como decía, ese tonto tiene un hermano mayor.
―¿Hermano mayor?
―Así es, su nombre es Zeref y esa noche vino a mi casa a pedirme un favor de suma importancia para él a lo cual…yo accedí ―afirmó con innegable conflicto como si desconociera la verdadera razón del porqué lo hizo. No conocía del todo al muchacho y eso le quitaba muchos puntos a la hora de asociarse con él. ―Esa es la razón.
La chica platinada apoyó su mentón sobre ambas manos con la mirada pensativa. ―Pobre Natsu, aún debe tener el espíritu fuera de su cuerpo a causa de tus gritos. Yo que tú iría a pedirle disculpas, después de todo fuiste muy mala con él.
La flamante observación que acababa de darle su prima hizo que Lucy lanzara por la borda los trozos de migas.
―¿Di-disculpa?
―Natsu se fue muy cabizbajo hasta su casa…además me dejaste sola en plena calle que no conocía ―se cruzó de brazos―, fuiste una prima muy malvada.
Todo esto hacía eco en su cabezota, ¿fue realmente muy ruda con él?, ella lo sabía mejor que nadie. No tenía ningún derecho sobre él ni menos cuando se trataba de reclamarle dónde pernoctaba. De seguro Natsu creía que estaba muriendo de celos, lamentó ella arrugando el individual haciendo que crujiera.
―Vale, quizá me he pasado un poco ―empezó a acceder―, no debí abandonarte, lo siento ―se disculpó de forma sincera ya que si no fuera por su vecino, Mavis estaría perdida hasta el día de hoy. Eso le ayudó a sacar más conclusiones y a tener nuevas ideas ―. Supongo que le haré una pequeña visita para darle las gracias por lo que hizo y de paso también pediré perdón.
Mavis sonrió. ―eso estaría bien.
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Después de una corta ducha se vistió y salió a paso largo hasta la casa de su vecino. Lucy necesitaba hablar con él para aclarar sus ideas y al mismo tiempo disculparse. Tocó el timbre y esperó unos segundos afuera de la casa hasta que la puerta se comenzó a abrir despacio, era Igneel con su típico delantal rosa y guantes de cocina.
―Lucy, qué gusto verte otra vez ―la saludó Igneel con buen ánimo―, ¿vienes por Natsu?
―Hola. Así es, ¿se encuentra él en casa?
―Acaba de levantarse pero adelante, pasa ―le abrió el portón y la acompañó hasta la sala principal.
En estricto rigor, la casa de Natsu era como su segundo hogar; abundaba de confianza con él y con su padre. No necesitaba decir permiso para tantas cosas, llegó y subió al segundo piso hasta el cuarto de su compañero.
Aunque quizá era demasiada confianza.
―¿Natsu? ―Lucy abrió la puerta de golpe encontrándose con el susodicho leyendo una tira cómica…en calzoncillos.
Por cómo él se mostró ante la circunstancia se notaba que aún había molestia en su rostro en referencia a cómo le gritó sin razón aparente, según el torbellino. Este hizo como si no la hubiera visto y siguió con su lectura recibiendo otro libro, pero en su cara.
No toleró de que no la tomara en cuenta, de modo que decidió lanzar lo primero que encontró, así terminó aterrizando un texto de biología sobre la frente de su aturdido amo.
―¡¿Qué ha sido todo eso?! ―Natsu se levantó olvidándose por completo del cómo iba vestido y se aproximó hacia ella con el frontis de su cara del color de una guinda ardiendo por el impacto literario.
―¡No me ignores, idiota! ―de ojos cubiertos, Lucy le reclamaba. Él comprendió la situación y divertido con ello decidió jugar un poco.
Se puso a su derecha y aspiró el perfume de sus dorados cabellos. ―¿Por qué te haces la desentendida?, ¿acaso no deseabas verme así? ―no lo admitiría nunca, pero él lo estaba gozando enserio.
―Eres un puerco. ―Lucy se destapó los ojos y con un peluche de proveniencia desconocida cubrió ese llamativo bulto que sobresalía de la ropa interior masculina.
―Me-me estás rozando con eso…quítalo de ahí o te arrepentirás ―Natsu se sonrojó, su juego comenzaba a tornarse algo oscuro y sin compasión ante la inocente rubia que no sabía cómo reaccionar.
―¡Cállate! ―empujó el rostro de su vecino con ambas manos dejando por el suelo el peluche del delito, se prometió a si misma jamás volver a tocar ese extraterrestre de felpa.
Ella sabía que sus mejillas estaban tan rojas al punto de estallar, así que se las cubrió con sus palmas y dio media vuelta para que él no la pillara en esa faceta. Mala idea, obviamente.
Sintió la respiración de él en su oreja erizando toda su piel. ―Detente…he venido a decirte algo importante ―insistió Lucy, pero Natsu seguía en plan de incomodarla.
Con delicadeza fue despejando sus deseados hombros corriendo su rubio cabello hacia adelante y dejándolo caer sobre sus pechos, contempló sus brazos y parte de su espalda a la vista para luego depositar un ardiente beso en su nuca. Ella hipó de la sorpresa.
―¿Qué haces? ―pudo mascullar con la poca voz que le quedaba, él no respondió.
―Lo que he ansiado por mucho.
Volvió a depositar otro beso en la punta de su hombro derecho. Era agobiante para ella no poder resistirse a esos mimos, pero debía reaccionar.
―Yo vine a decirte que…lo siento mucho. ―soltó entre jadeos.
Natsu se detuvo de golpe, acababa de escuchar algo que ambicionaba hace horas. La tomó por los hombros y la giró hacia él para quedar frente a frente. Luego del desalmado jugueteo pudo vislumbrar que ella estaba hablando muy enserio y que quizás, se había pasado un poco con todo esto.
Ella prosiguió con su disculpa. ―Lo pensé mucho y me costó, debo aceptarlo. Pero no podría soportar otra hora más sintiendo que no puedo hablarte con la naturalidad de siempre, prometimos que no nos alejaríamos más y no estamos cumpliendo con nuestro trato ―su voz se quebrantó―. Entiendo todo a la perfección, no tenía ningún derecho de reclamarte porque dormiste con Lisanna, tu vez con quién duermes y todo eso. No son quien para decir si está bien o está mal, así que perdóname.
El contexto era más que claro, y eso le contestaba muchas dudas que tenía sobre el repentino comportamiento de su vecina. ¿Acaso estaba celosa?
―Aun así, me hubiera encantado que me lo comentaras ―continuó.
―Lo siento.
Lucy lo observó taciturna.
―¿Cómo?, ¿dijiste algo?
―¡Que lo siento! ―exclamó Natsu un poco fastidiado―, me comporté como un idiota al no decirte dónde pasé la noche luego de que me comentaste que estuviste buscándome y todo eso. De verdad que apesto. ―concluyó él mismo, cruzándose de brazos.
Se contemplaron fijamente a los ojos por un momento deseando que este no acabara, pero no todo sería color de rosa para ellos esta vez.
De repente la puerta de aquella habitación se abrió sin previo aviso destapando la figura de Zeref quien llevaba a Happy en sus brazos.
―Oh, pero si es la vecina. ―acarició el fino y extraño pelaje azul de Happy.
Natsu se puso frente a Lucy de modo protector. ―¿Qué quieres?
Tal acto causó un poco de risa en su hermano mayor, saltaba a la vista lo mucho que le importaba aquella muchacha.
―Solo vine a decirte que la comida está servida, ¿nos acompañarás? ―le preguntó a la rubia.
―Lo siento, pero no quiero dejar sola a mi prima.
De seguro Mavis se aburriría escuchando los griteríos entre Layla y su padre. No quería que ella cargara con todo ese estrés de forma solitaria. Además en la noche tenía que salir así que debía aprovechar el tiempo de calidad que le quedaba junto a ella tomando en cuenta también que el aire de aquí era muy cortante.
―¿Tienes una prima?, de seguro es tan linda como tú. ―Zeref no paraba de lanzar cumplidos y mostrar interés en que ella se quedara, situación más que fastidiosa para el menor de los Dragneel.
―Si no tienes nada más que hacer aquí puedes largarte ―alzó la voz―, ¡y no toques a Happy, es mío!
―Qué egoísta eres, no me prestas ni a tu gato ni a tu chica…―esto último lo dijo con malicia aunque fingiera parecer ofendido.
―¿¡Qué dices!? ―exclamaron ambos involucrados al mismo tiempo.
Zeref soltó una carcajada. ―Por cierto, ¿tienes lista tu ropa ya para la noche? ―le preguntó a Natsu―, supongo que si piensas ir con esa muchacha a la fiesta debes estar listo con anticipación.
La rubia sintió un fuerte retorcijón en su estómago y no era precisamente por culpa de algún alimento en mal estado. Su cabeza iba a explotar en ese momento, ¿quién era la chica?, se preguntó. Moría, mataba y timaba por saberlo. Le echó un vistazo a su vecino, estaba pálido.
―¿Con quién irás a la fiesta? ―se atrevió a preguntar con el corazón en la mano. En gran parte tuvo que ocultar la molestia que sintió ya que nuevamente era la última en enterarse de todo y tendría que sacárselo a súplicas u otros métodos más extremos. Se silenció quedando frente a la puerta sin mover ningún músculo. Esperaba la respuesta y nada más le importaba.
Por su lado, Natsu comenzaba a tener un gran dolor de cabeza mientras miraba a Zeref con deseos asesinos por ser tan parlanchín.
―Irás con Lisanna, ¿verdad? ―ya cansada de tanta espera soltó la pregunta del millón, solo un nombre se le venía a la mente y era el de la albina.
―Sí, iré con ella…―Natsu sudaba frío, no encontraba ningún punto fijo para enfocarse y evitar la interrogante mirada que tenía Lucy.
Hubo un silencio tan punzante que hasta Zeref decidió abandonar el campo de batalla junto a Happy; los felinos eran buenos para detectar las zonas de peligro. El aire era tosco y oscuro, todo, absolutamente todo quemaba con tan solo tocarlo.
―Me alegro. ―Lucy sonrió de forma breve y luego se retiró sin decir más. Tiesa y con la boca sellada dejó la casa de los Dragneel. Él estiró el brazo en un intento de detenerla y explicarle todo, pero ¿por qué?, no debía. Ella fue muy clara cuando le dijo que lo suyo solo debía ser amistad, todo el tiempo se lo pasaba metiéndole a Lisanna en su cabeza; tendría que estar contenta con sus decisiones.
Cuando Natsu sintió el ruido de la reja cerrándose se dirigió a paso rápido hasta el cuarto de su hermano y lo tironeó de su sudadera. ―¿Te diviertes cagándome la vida?
―Oye, tranquilo ―el inculpado alzó ambas manos exigiendo paz―, tu dijiste que solo eran amigos.
―Vete a la mierda. ―soltó el arrugado cuello de la prenda que llevaba su hermano y salió por la puerta soltando groserías e improperios a medio mundo.
Zeref se sacudió la ropa al tanto lo veía partir con pasos de gorila, su hermano menor era un caso y muy complejo, ¿tanto le costaba ser sincero con el mismo?, pensó él. La situación comenzaba a preocuparle.
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Lucy retornó a su morada con la cola entre las piernas o algo parecido, se insultaba a si misma por permitirse ser tan estúpida. Era un hecho de que Lisanna y Natsu comenzarían a acercarse más, todo gracias a sus constantes insistencias. ¿Qué hacía la diferencia ahora?, ¿acaso esperaba ir con Natsu a esa ceremonia?, ni modo, ella quiso que todo acabara de esta forma y debería superar de sobremanera todos esos encontrones con el torbellino rosa en donde se devoraban hasta los intestinos. Recordar aquello le denotaba lo mala amiga que fue con Strauss tiempo atrás, se había transformado en esa clase de persona que asegura confianza y luego se derrite con la mirada esmeralda de su vecino, sus fuertes brazos, su cabello rosa y puntiagudo que al acariciarlo da cosquillas, ese torso tan tosco y varonil, sus labios, sus besos ¡cómo besa ese hombre!; te toma como si fueras su presa y encuentras el nirvana…
―¿¡Pero en qué estoy pensando!? ―abofeteó su cara para despertar, sus reflexiones se estaban desviando. ¡Debía dejar de pensar en él!
Algo necesitaba, alguna señal caída del cielo que le diera la respuesta, humo o ruido, lo que sea.
Y lo tuvo, su teléfono celular vibró tres veces en compañía de una simpática canción que avisaba un nuevo mensaje en su buzón. Por inercia corrió casi tropezándose a su aparato para revisarlo. Lo tomó entre sus manos sentándose en su cama para leer mejor.
…
¿Cómo estás, Heartfilia?
Sé que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hablamos y durante ese lapso han sucedido muchas cosas de por medio. Lamento no haber sido del todo sincero contigo desde un principio, por esa razón ahora quiero remediarlo y comenzar a hacer las cosas bien.
Prometo ser honesto con lo que siento, por eso, deseo pedirte que seas mi acompañante esta noche. No te sientas obligada, dime si quieres o no. Yo cumplo con hacer lo que me nace y deseo, me quedo tranquilo sabiendo que pude pedírtelo.
Y bueno, nunca es tarde.
Esperaré tu respuesta, besos.
Hibiki L.
…
Dejó el celular a un costado de su pierna con la mirada pegada en el techo, pensó que se trataba de un sueño; tal vez una pesadilla. Volvió a mirar la pantalla para comprobar si era cierto, ¿qué había sucedido en todo este tiempo?, ¿acaso terminó con Karen?, su suposición era de lo más factible y en parte se aliviaba al pensar en ello. Sin duda aún quedaban pequeñas secuelas de sus sentimientos ante el delegado, pero cubrían una gran herida que dejó en su interior. Temía que esa cicatriz volviera a abrirse, porque era lo más probable.
Cada párrafo, cada palabra le iba punzando en su piel. Leyó el mensaje mil veces más y acobijó el teléfono entre sus pechos para pensarlo mejor; Natsu y Lisanna irán juntos, de seguro sus amigas también irían acompañadas. Levy con Gajeel estaban más cerca que nunca. Mirajane y Laxus tienen mucho que aclarar, eso es un hecho. El tema de su amiga Erza era más complejo y bueno, Cana tenía al alcohol. Quizá no era tan mala idea buscarse un compañero, alguien con quien bailar y compartir durante la ceremonia.
Quiso relajarse un poco y se dio un baño para prepararse, masajeó lentamente su cabello para enfriar su cabeza mientras pensaba en la decisión a tomar. Terminó su ducha y salió destilando del baño cubriendo su desnudo cuerpo con una toalla blanca. Entró a su habitación para vestirse y se encontró con Mavis quien se mostró alarmada como si le hubieran pillado con las manos en la masa.
―¿Me perdí de algo? ―Lucy alzó una ceja, dudosa.
Mavis se sentó de manera rara sobre su cama como si tratara de ocultar algo a sus espaldas, cuadró "eso" que ocultaba y fingió no entender las miradas sospechosas de su prima.
―No, nada.
―¿Qué tienes ahí atrás? ―se acercó a la pequeña que con su vida y trasero protegía la caja casi oculta, pero era imposible, Lucy ya estaba encima de ella tratando de quitársela. ―¡Anda, dime que es!
La joven platinada agachó la cabeza con amurre. ―Ni modo, era una sorpresa que tenía guardada para ti pero ya que lo descubriste…―sacó la caja de su "escondite" para relucirla frente a Lucy―, es un regalo que traje de Inglaterra y creo que esta es la ocasión perfecta para que lo uses.
Estiró ambos brazos como pudo para mostrarle un hermoso vestido cubierto con lentejuelas azules a lo largo de los tobillos con una abertura en la pierna izquierda y un prominente escote, se notaba de lejos que era de alta costura. Era alucinante, casi como algo inalcanzable. Lucy lo tomó entre sus manos, tocándolo con ansiedad, estaba emocionada.
―Es precioso… ―saltó sobre Mavis dándole un fuerte abrazo removiendo un poco la toalla que llevaba puesta. ―Muchas gracias, eres la mejor.
―Lo sé ―bromeó la pequeña con una sonrisa ladeada―, anda, póntelo ya.
No era necesario que ella le dijera, Lucy ya lo tenía en mente desde que lo tuvo en sus brazos por primera vez. Secó su cuerpo rápido para ponerse ropa interior y poder lucir esa belleza de obsequio. Mientras la rubia se acicalaba Mavis se cubría los ojos para brindarle más emoción a ese momento.
Espero al menos dos minutos entre que buscaba la ropa interior y se puso el vestido.
―Abre tus ojos ―Lucy se puso frente a ella, Mavis le obedeció.
―Te ves…¡te ves hermosa! ―los ojos de la platinada humedecieron ante la conmoción, Lucy parecía sacada de una revista de alta costura; simplemente divina, pensaba Vermillion.
Heartfilia se miró al espejo para comprobarlo, era verdad; aquella prenda parecía haber sido confeccionada para su cuerpo. Se dio un giro y ya convencida corrió hasta su teléfono para responder ese mensaje lleno de dilemas.
…
Ven por mí a las diez, estoy casi lista.
Lucy.
…
Quiso ser breve, sin mostrar tanta emoción ni desesperación por ir con él. Tragó una gran cantidad de saliva antes de enviarlo, los nervios hasta le quitaron el apetito. Lo hecho, hecho estaba.
A los cinco segundos recibió respuesta. ―Hasta para los mensajes es puntual…―murmuró la rubia.
…
A las diez en punto estaré afuera de tu casa.
Besos,
Hibiki L.
…
"Besos" una palabra que le puso los pelos de punta y leyó al menos cien veces, ¿cómo sabrán sus besos?, pensó con la cabeza afiebrada. Siempre le llamó la curiosidad las razones por las cuales él se pudo fijar en Karen, quizá era una buena besadora. Él de seguro no se quedaba atrás, sus labios finos se veían muy tiernos y capaces de entregar un contacto suave. Sus mejillas se entumecieron haciendo que terminara sacudiendo su cabeza con regocijo, estaba demasiado entusiasmada antes de tiempo; era la hora de dar un paso atrás con las locuras de Natsu y aprovechar la instancia que se le estaba presentando ahora.
Se puso unos tacones altos y se puso a encrespar un poco sus pestañas cuando sintió el timbre seguido del grito de Spetto.
―Hija mía, te busca un muchacho ―gritó ella desde abajo. Mavis se levantó como cohete de la cama para asomarse por la lumbrera indiscretamente, abrió ambas cortinas como si estuviera buscando los rayos ausentes de sol y pegó su nariz, frente y mentón al cristal.
―¡Qué guapo es ese plebeyo!
Lucy sacudió su cabeza con una carcajada, ya se estaba acostumbrando a la inocencia de su prima. Parte de su risa era por nervios más que nada, hace tiempo no salía con él. Se despidió de Mavis y bajó con los pies temblorosos por la escalera rezando para no caer boca abajo.
―¿A dónde crees que vas? ―Jude apareció desde la cocina y por la cara que puso parecía no gustarle el modo en que vestía su hija.
―Papá, tengo la despedida de la escuela, ¿lo has olvidado? ―ella decidió apuntar al papel de víctima, era un hecho que les había comentado sobre tal evento, pero nunca le mencionó que había que ir con cierta vestimenta que no era bien vista por sus padres.
―¡Tío, mi padre lo está llamando desde Inglaterra! ―Mavis se asomó desde la alcoba de Lucy mostrando su teléfono celular con signos alarmantes, había aparecido en el momento preciso para rescatar a su prima de un incómodo regaño por parte de su padre; esta noche se había transformado en su heroína.
Jude subió las escaleras un tanto emocionado por recibir nuevas noticias sobre su condición económica, al tanto Lucy se despedía con un gracias mudo a su prima que sonriente la observaba desde la punta de la escalera.
Salió de la casa y se encontró con Hibiki apoyado en su auto, apenas la vio se mostró muy encantado. Le pegó una mirada desde su cabello suelto hasta sus zapatos altos preguntándose por qué la rechazó. Dejo salir un suspiro de arrepentimiento para abrirle la puerta de copiloto y saludarle, como todo un caballero que lo caracterizaba.
―Buenas noches, te ves preciosa. ―soltó sin vergüenza alguna esbozando una sonrisa entusiasmada.
Lucy llevó parte de su flequillo tras su oreja, no hallaba qué hacer para desviar sus nervios. Se subieron al vehículo para irse en dirección a la escuela. Durante el camino cruzaron algunas palabras aunque seguía persistiendo aquel aire de confusión y temas pendientes. Ella moría por preguntarle un montón de cosas pero tampoco quería ir de empellón. De todas maneras tenían largas horas para charlar.
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Minutos después se estacionaron frente a la escuela, Hibiki bajó primero del auto y como todo un caballero la ayudó a bajar ofreciendo su mano.
―Vamos, la fiesta nos espera.
Lucy solo asintió, seguía dudosa luego de todo el disparate que ocurrió en menos de un día. Caminaron hasta la entrada donde pudieron encontrarse con los demás, todos vestían muy formales. Ya cerca del patio principal se encontraban las amigas de Heartfilia quienes al verla fueron a saludarla un tanto confundidas por quién era su acompañante. La rubia se encogió de hombros dando a entender que ni ella comprendía la situación, por su parte Hibiki las saludó cordialmente y luego fue a reunirse con sus compañeros.
―¿Se puede saber qué haces con ese? ―Cana casi la asesina con la mirada, si sus ojos fueran cuchillas Lucy ya estaría trozada en mil pedazos. Las demás se mostraron en el mismo enfoque a excepción de Levy.
―No tenía con quien más venir ―se explicó―, sé que es una locura…
―Sí que lo es ―agregó Mirajane con preocupación―, pero supongo que si eso te hace feliz debemos entenderlo.
La mayor de los Strauss siempre tenía algo bueno que decir y muy en el fondo ella sentía que no estaba en ningún derecho de reclamarle con quién estar, miró a sus espaldas; Laxus la observaba con intrepidez. Ambos tenían muchos temas pendientes.
Todos estaban presentes, desde profesores hasta encargados de la dirección. Cada uno ubicado en un lado del patio charlando de cosas comunes, grupos de alumnos por un lado, maestros por otro; Jellal era uno de los que más llamaba la atención en esa velada. Erza lo contemplaba desde su lugar mientras tanto fingía interés por lo que hablaban las chicas, era inevitable desviar su mirada hacia él, se veía muy apuesto con ese fino traje negro.
Más allá, Natsu y Gray trataban de acabar con toda la comida. Lucy percibió desde un principio la presencia de su vecino, pero se abstuvo de acercarse y saludar; Lisanna estaba unos centímetros más lejos con la mirada perdida en él. Qué tormenta.
―¡Estimados alumnos! ―Makarov dio inicio a la ceremonia con un leve discurso―, hoy estamos a pasos de completar una etapa importante en la vida de los alumnos del cuarto año y por eso estamos reunidos esta noche…―alzó una copa seguido por todos los invitados hablando sobre las reglas del establecimiento y de la vida, entre otros asuntos aburridos. Terminó de hablar y exigió un salud por parte de todos.
Por supuesto, las copas de los estudiantes no tenían alcohol alguno. Brindaron con ánimos y la música empezó a sonar al instante, era hora de bailar y pasarlo bien. Cada uno agarró del brazo a su pareja y lo arrastró a la pista de baile.
―Vamos. ―Hibiki le extendió su brazo a Lucy, esta le respondió. Se pasearon alrededor de la muchedumbre, en ese instante Heartfilia pudo sentir la pesada mirada de su vecino sobre sus hombros. Tragó en seco, de seguro él se preguntaba mil cosas en este instante. Hizo lo posible por no verle y mantener la vista fija sobre las luces de colores que decoraban el lugar, de ninguna forma le daría tribuna a Natsu para que se acercara a ella, menos cuando estaba bien acompañado.
Se pusieron a un costado y comenzaron a bailar al ritmo de la música actual; acordes ruidosos y pegajosos que hacían mover los pies de forma inconsciente. Lucy mantuvo la vista pegada al piso todo el rato, sentía las miradas de Natsu como un puñal clavándose en su espalda una y otra vez. En frente de ella, Hibiki no parecía darse cuenta de cómo se estaba desarrollando realmente la historia. Se aproximó un poco más y la tomó de la mano para hacerla dar unas vueltas, giró con gracia haciendo provecho de ese paso para encontrar su mirada con la del torbellino, había fuego en sus ojos; ella sintió miedo.
Luego se fijó que él no era la única persona que los examinaba con hostilidad; Flare parecía aplastar la servilleta que utilizaba para limpiar la comisura de sus labios en tanto Jenny cuchicheaba con sus amigas de ceño fruncido.
―Bailemos nosotros también, Natsu…―Lisanna se agarró de su pareja con gran entusiasmo sin dejarle opción de responder si quería o no.
―Quedémonos por aquí. ―se detuvo unos centímetros más allá de donde estaba su marca personal, se venía decidido a bailar lo más cerca que podía de Lucy. Era el instinto de amigo protector, supuso él.
Natsu no era precisamente el rey del baile ni un profesional, pero al menos lo intentaba aunque nadie lo creía.
―¿De cuándo baila ese idiota? ―le comentó Gray a Elfman con quién compartía apoyados en una mesa. Le causaba gracia ver a su amigo-rival en esa faceta.
―Está acompañado de mi hermana, es de hombre responder y bailar cuando estás con una chica.
―¿No sabes decir otra cosa que no sea hombre? ―el moreno resopló estresado, ya iba un buen rato que se sentía observado.
Loke se acercó a ellos acompañado de dos chicas de cuarto año, una en cada brazo como todo un playboy. ―Hey chicos, ¿permanecerán ahí toda la noche?
Ambos se quedaron viendo, ¿qué tenía de malo el no querer bailar con una chica?
―En cambio tu no pierdes el tiempo. ―bromeó Fullbuster.
―Lo dices porque tienes suerte con las mujeres, en cambio yo…―Elfman se mostró frustrado mientras le echaba un vistazo a Evergreen, la chica de la cual confesó estar enamorado en la fiesta de Loke.
―Solo se requiere actitud y masculinidad ―Loke sonrió―, si quieres te puedo prestar a una de mis chicas.
―¿¡Cómo se te ocurre hablar de las mujeres como si fueran objetos!? ―Erza apareció en la conversación con cara de pocos amigos, detestaba los comentarios machistas de sus compañeros. El chico popular sintió un escalofrío por toda su espina dorsal al escuchar la tosca voz de la presidenta.
Gray soltó una carcajada. ―¿Masculinidad dices?
Un poco más lejos de esa escena, Juvia espiaba al moreno desde el frasco de ponche fingiendo que era la encargada de servir.
―Qué guapo se ve cuando ríe ―sostuvo sus mofletes con ilusión, cómo gozaba ver a Fullbuster en todo su esplendor. Era su pasatiempo favorito ―, si tan solo se riera así conmigo…
―¿Quién quieres que se ría contigo? ―preguntó Jellal en tono de broma.
Al darse cuenta de que alguien había escuchado su vergonzosa confesión, Juvia comenzó a arder en destemplanza al tanto sus mejillas se ponían como pomelos. Su misión imposible de espiar a Gray toda la noche corría peligro, creía que fingir estar sirviendo ponche le ayudaría a disimular más pero se equivocó por completo.
―Na-nadie profesor ―desvió la cara.
―Tranquila, solo bromeaba ―respondió él tratando de calmarle, aunque se dio cuenta que quizás se pasó un poco. Ella estaba petrificada sin pestañear ni mover sus labios.
Decidió alejarse de a poco hasta que Juvia recuperó la cordura, retrocedió la vista hacia ella con disimulo y trató de seguir hasta donde iban esas miradas perdidas que entregaba ella desde la mesa del ponche; ahí se encontraba Gray sosteniéndose el estómago de tanto reír, a su lado estaban Elfman, Loke y Erza.
Pero se detuvo justamente en ella, no había cruzado palabra con la pelirroja en todo el día. Que tonto se sentía, perdido en esos cabellos escarlata que se mecían atrevidos con la leve brisa que corría a esa hora. De seguro toda la ropa que llevaba la había pagado sin ayuda de nadie, un hermoso vestido color rojo como el de su cabello y zapatos del mismo color, incluso había maquillado un poco su rostro.
Cuando la veía así, hasta juraba que era un poco más grande. Ya era lo suficiente madura de forma psicológica; ella era tan distinta a las demás chicas. Jellal acomodó ambas manos en sus bolsillos y se atrevió a mirarla un poco más, ¿en qué momento le vino tanta vacilación a su cabeza?, ¿cuándo empezó a dudar de él mismo?
Aborrecía en lo que se había convertido; un lobo feroz que ansiaba cortar sus cadenas para ir de cacería. Tenía esos ojos tristes clavados en su cabeza, esa mirada inocente pero al mismo tiempo tan centrada lo tenía loco. Apretó sus puños, ¿cuánto más podría soportar?, la tenía viviendo bajo el mismo techo; definitivamente merecía un premio al esfuerzo. Y pensó, que quizá él no era el único que fingía hacer otra cosa para espiar a alguien.
Regresando a la pista de baile el ambiente se tornaba más crítico. Parecía una competencia de quién lo pasaba mejor entre Natsu y Lucy, miradas aquí y allá; era una verdadera suerte de que sus parejas no lo notaran. La música era muy prendida hasta entonces.
Y para sorpresa de todos, de un segundo a otro esta cambió bruscamente por un ritmo más lento y romántico.
Hibiki clavó sus ojos en la rubia con determinación y la tomó por la cintura para acercarla más a él. ―Espero que no te moleste que bailemos tan cerca ―comentó sin perder su resplandeciente sonrisa. Su voz era tan melodiosa y gruesa que puso a Lucy de los nervios. Sintió su mano recorrer desde sus omóplatos bajando lentamente hasta el final de sus caderas. Ella apoyó su mentón sobre el hombro de su acompañante y contempló la vista que los rodeaba. Mataba por saber cómo estaba bailando cierto personaje, si se encontraba igual que ella o la vergüenza de hacer el ridículo era demasiado, la segunda opción no le sorprendía viniendo de él.
Dieron media vuelta y pudo comprobarlo ella misma, Lisanna colgaba sus brazos sobre los hombros de Natsu mientras se veían fijamente, al mismo tiempo este sujetaba su cintura.
Lucy apretó sus dientes, se soltó un poco de Hibiki y tomó su mano derecha. ―Hagamos un paso diferente.
Él le siguió la corriente y la hizo dar vueltas con delicadeza para hacerla regresar a él y luego bajarla un poco sujetándola por la espalda. Muchas miradas cayeron sobre ellos, en especial una.
Natsu no quiso quedarse atrás y fue acercándose con trastienda junto a su compañera hasta quedar lo más cerca posible y la separó un poco para darle la misma vuelta un poco más distorsionada. Lucy destrabó una risotada.
Ahora se había convertido en una competencia de baile. La música se puso un poco más rápida, era hora de separarse, dar más giros y pasos divertidos. Aunque todos ponían de su parte para destacar y ser la mejor pareja, Hibiki era indiscutiblemente el mejor bailarín en esa despedida y Heartfilia alardeaba de ello mientras a Natsu se lo comía la rabia.
―Me cansé de bailar así que iré por algo de beber, ¿quieres algo? ―le preguntó Dragneel a su compañera de baile.
―Una bebida, mientras tanto iré con Mira y Elfni ―Lisanna se dirigió hasta donde se encontraban sus hermanos.
―¿Te molesta si voy a hablar con Ren un rato? ―Hibiki se percató de la presencia de su amigo que hace un rato esperaba para charlar. Sin embargo tampoco parecía muy entusiasmado por ir.
Lucy asintió. ―Tranquilo, yo haré lo mismo con mis amigas.
Se separaron yéndose cada uno por su lado. Era la señal más que perfecta para Natsu, ella estaba completamente sola probando las patatas fritas en una de las mesas. Se fue acercando de a poco como si se dirigiera hacia otro lugar quedando finalmente a su lado. La rubia lo miró de reojo pero optó por no decir nada continuando con su deleite salado.
―Y el premio a la más arrastrada es para…―Natsu le entregó una papa frita― ¡Lucy Heartfilia!, felicitaciones eres toda una tonta. ―se escuchaba muy resentido a pesar de que lo tiró en tono de broma.
Lucy bufó con sarcasmo y decidió devolverle la mala pasada. ―Veamos ―sacó un maní―, el galardón para el más guapo y simpático es para…―observó para todas partes―, un momento, no veo a nadie por acá.
―Muy graciosa. ―respingó.
―Tu empezaste, idiota.
―Babosa ―susurró tan bajo como si se le fuera la voz.
―¿Disculpa? ―le pegó una mirada asesina.
―Hermosa.
Corrigió él. Fue un término que la dejó helada y sin nada que contestar. Tiró su cabello hacia atrás y fingió no sentir nada ante tan inesperado cumplido, aunque por dentro sentía que iba a estallar. ¿Quién diablos se creía? venir de la nada y lanzar una palabra tan comprometedora hacia ella era cruel.
―¿Qué pretendes? ―lo interrogó sin darle la mirada, eso la pondría aún más nerviosa.
―Nada, solo me divierto ―contestó él en seco.
―Pues diviértete con Lisanna, después de todo la elegiste a ella como tu compañera ―le restregó en la cara un complejo que le venía deteriorando la cabeza horas atrás. Salió por su boca con naturalidad, como si ansiara por gritárselo y hacerlo sentir lo peor. Cómo añoraba lanzarle todo el plato de patatas en la cabeza.
Natsu abrió la boca un tanto inmoderado y aunque nadie pudiera creerlo él jamás pensó que Lucy llegaría a reclamarle tal decisión, después de todo era la primera en estar de acuerdo que él estuviera con Lisanna.
―Bueno, ahora no entiendo nada ―se cruzó de brazos―, ¿no me digas que estás celosa?
―¡Cállate! ―Lucy le tapó la boca metiéndole una patata sin consideración alguna―, solo no entiendo por qué estás aquí molestándome cuando deberías estar con ella.
Dragneel se tragó la papa y bebió un poco de jugo para pasar la dureza que quedó en su garganta. ―Eres realmente bruta, pude haber muerto ahogado.
―Pero no moriste, ahora si te parece puedes regresar con tu pareja que yo regresaré con la mía. ―Tomó un vaso y se alejó de aquella mesa dejándole solo con una gran tormenta en su cabeza y en su faringe.
Se quedó viendo como ella se alejaba, estaba tan empecinado en fastidiarla que no se percató el cómo iba vestida. Deleitó sus ojos con esas largas piernas soportando unos tacos de muerte, pero con gracia; se perdió en su espalda desnuda, en sus caderas contorneadas, en ese largo y fino cabello del cual sentía envidia como rozaba su piel.
En ese preciso instante sus delirios fueron interrumpidos por Hibiki que se posicionó a su lado con una expresión amigable.
―¿Se te perdió algo, princesa? ―bromeó Natsu, realmente lo detestaba y mucho. No, definitivamente si había alguien a quién considerar su enemigo era Lates, no le daría ni siquiera la oportunidad de vencer ni salirse con la suya otra vez.
―Tranquilo Natsu, ya superé lo que sucedió ―él sonrió como si nada.
―Pues yo no te he pedido disculpas. ―destacó con terquedad sin mostrar ninguna pizca de arrepentimiento, cómo era de esperarse.
Hibiki fijó su mirada en Lucy para volver a hablar. ―¿Sabes?, me comporté como un imbécil.
Dragneel comprendió enseguida a qué se refería.
―Dime algo que no sepa.
―Pero sé que nunca es tarde para pedir perdón ―suspiró y regresó la vista hacia él―, lo mío con Karen no resultó y ahora estoy completamente libre para hacer lo que desee.
Natsu fue moviendo su cabeza como robot tratando de procesar por su cabeza lo que acababa de escuchar para enfrentarle fijamente a los ojos.
―¿De qué mierda me estás hablando?
―Me gusta Lucy.
Natsu sudó frío.
―Creo que es linda y muy divertida, la quiero para mí ―siguió Hibiki―, solo quería contártelo.
Y se retiró con la última palabra en su boca.
Natsu seguía pálido, ¿acaso le estaba provocando o algo parecido?, definitivamente lo que acababa de hacer no fue con buenas intenciones. Sintió muy en el fondo cómo le estaba rayando la cancha. Lo maldijo con palabras irrepetibles en su mente mientras regresó hasta donde se encontraba Lisanna, ya presentía que Lates se volvería un verdadero dolor en el trasero para él.
Al mismo tiempo, Hibiki se reencontraba con Lucy a la salida de los baños.
―Disculpa que te pida esto pero ¿podemos hablar en un lugar más privado? ―preguntó él con seriedad.
Lucy miró hacia atrás, sentía aún sobre su espalda la mirada fija y calculadora de Natsu qué los observaba desde su lugar mientras Lisanna le comentaba quizá que cosa no lo suficiente divertida para que perdiera su tiempo mirándolos. Luego regresó la vista hacia Hibiki y asintió. ―Vamos.
Natsu los vio alejarse y sintió una fuerte opresión en el pecho mientras la voz de Lisanna hacía eco en su cabeza.
―¿Qué pasa, te estoy aburriendo? ―preguntó la albina un poco triste.
―Lo siento Lisanna, vengo enseguida…
Se alejó de ella ignorando qué podría ocurrir después para seguir a Lucy, no les daría el gusto de estar solos por nada en el mundo; que antes de eso lo apastara un gorila gigante.
Ambos escabullidos se encontraban en la sala de delegados, el lugar favorito de Lates. Entró primero ella para que luego él juntara la puerta del salón, acto que hizo ruido en Heartfilia.
―¿Qué estamos haciendo? ―los nervios se percibían en la voz de la rubia, y aunque preguntara, algo en su interior le gritaba para dónde iba todo esto.
―Necesito decirte algo.
Ella guardó silencio y trató de calmarse, quizá iba a hablar de un tema espinoso y por eso quiso alejarse del resto. Entonces, ¿por qué se estaba arrimando demasiado a ella?, en ese minuto su sangre dejó de circular.
Cuando ya se dio cuenta su dorso rozaba con la fría pared, extraño escenario que le trajo recuerdos de constantes encuentros con Natsu, qué ironía. Trató de mantenerse firme y seguir con la cabeza fría.
―He sido un completo idiota por no darme cuenta de tus sentimientos…―afirmó ambos brazos sobre el panel para no dejarle salida a la aterrada rubia que no entendía nada.
―Hibiki, ¿qué haces?
―Perdona si te parezco osado, pero es algo que siempre quise hacer. ―sostuvo el fino mentón de Heartfilia y realzó su rostro hacia el suyo para depositar un beso.
Lucy abrió ambos ojos con impresión, acababa de cumplir uno de sus más añorados sueños desde que entró a Fairy Tail. Bajó sus párpados como dos persianas cayendo. ¿Cuántas veces se había desvelado pensando en este acontecimiento?
Sin embargo, jamás pensó que al momento de la verdad…no sentiría absolutamente nada.
¿Por qué?
―¿Qué diantres está pasando aquí? ―Natsu alzó la voz sorprendido, estaba a un breve lapso de explotar y lanzar todo lo que estuviera a su paso.
Los personajes se distanciaron de inmediato. Hibiki retrocedió hasta él con una sonrisa ladeada.
―Por dios Natsu, ¿no te das cuenta que estás interrumpiendo?
Mientras ambos se mataban con la mirada, Lucy seguía en estado de shock y desde ese momento no mencionó ninguna palabra más el resto de la noche.
Una noche tormentosa para ambos.
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Lucy Heartfilia POV
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Transcurrió una semana desde aquel incidente y aún me cuesta pestañear. Natsu no me ha dirigido la palabra desde entonces. Todo, absolutamente todo ocurrió demasiado rápido, desde el mensaje hasta ese beso que no me movió pelo alguno, me sentía mal por Hibiki. Después del encontrón en la sala de delegados yo me alejé sin decir ninguna palabra más, no sé si Natsu lo asesinó o simplemente decidió ignorarlo, solo sé que Gray y Loke me acompañaron hasta mi casa. No quise hablar más con Lates desde entonces, pues no quería herirlo más; a decir verdad no sentí absolutamente nada cuando me besó. Sabía que a los hombres les descalabraba hasta el alma que una les dijera que no le causaban la más mínima cosquilla.
Tenía los ánimos por el piso, rara vez me daba un baño y me quitaba el pijama; más miedo me daba aún asomarme por la ventana y encontrarme con la mirada hostil de mi vecino que de seguro no quería verme ni en pintura. Debe pensar que soy una pervertida, qué molestia.
Así pasaron los días conmigo sobre mi cama leyendo libros o escribiendo alguna historia interesante, un nuevo pasatiempo que tomé desde que acabé con mis exámenes y todo eso. Hoy sería un día normal, me dedicaría a tomar apuntes de nuevas ideas y quizás desarrollaría una nueva historia, sin embargo nada fue como esperaba…
―¡Lucy! ―Mavis entró a mi cuarto con una enorme sonrisa, no paraba de saltar ni dar giritos por mi habitación mientras sujetaba un sobre blanco con ambas manos.
La miré de reojo sin despegarme de mi cuadernillo. ―¿Qué sucede?
―¡Mira! ―me mostró todo el dineral que sobresalía de ese sobre, yo trataba de fingir que no estaba emocionada pero caí―, me lo ha mandado mi padre para que vayamos de vacaciones, dijo que podíamos usar nuestra mansión en la playa de Crocus.
―¿¡Qué!? ―di un salto de la sorpresa pegando un grito en el cielo―, ¿cómo es que aún tienen esa casa?
―Secreto ―me sacó la lengua―, ¡hay que invitar a tus amigos plebeyos!, nos vamos mañana por la tarde, ¿te parece bien irnos por cuatro días?
―Más que suficiente.
La noticia me había levantado del piso como un clavo saca otro clavo. De seguro ir a la playa sería una buena instancia para distraerme y pasarlo bien con mis amigos. Tomé mi teléfono celular y mandé un mensaje de texto masivo a todos los chicos de mi clase, incluyendo a mi tormentoso vecino, Lisanna y Juvia. Estaba muy emocionada por que pasara rápido el día. Elegí mi mejor ropa y comencé a ordenar mi equipaje mientras Mavis hacía lo mismo, en lo que ordenaba todo iba recibiendo mensajes, hasta el momento todos me habían confirmado su asistencia a excepción de Natsu.
No lo culpaba, no habíamos hablado en días y sería raro que llegara como si nada a aceptarme una invitación de esa índole.
Decidí ignorar mi teléfono el resto del día porque sabía que el no recibir respuesta de su parte me haría sentir mal. Seguí ordenando mi maleta hasta que se hizo tarde. Dieron las nueve de la noche y bajé a cenar junto a mi familia para contarles la noticia.
―¿La playa? ¡Yo quiero ir! ―exigió mi madre.
―Olvídalo, eres mi esposa y debes quedarte donde yo esté ―mi padre se mostró muy molesto ante la situación―, por mi trabajo no puedo tomarme vacaciones así que quítate esas ideas locas.
Decidí no inmiscuirme en la discusión de mis padres, ya era costumbre que se agarraran de las greñas todas las noches, sin embargo al final del día siempre estaban bien. Además quería compartir con mis amigos y si ellos venían sería mucho más incómodo de lo que ya será si es que va Natsu.
Aunque muy en el fondo deseaba que él fuera.
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La alarma de la madrugada siguiente sonó a las siete, abrí mis ojos y contemplé a Mavis ya lista para salir. Corrí a la ducha y me bañé a toda rapidez; los chicos llegarían a las siete y media. Salí del baño y me vestí lo más veloz que pude mientras mi prima secaba mi cabello.
Por suerte tenía todo listo para salir, en eso, el timbre sonó. Me asomé por la ventana y vi como todos esperaban afuera con sus respectivos bolsos y maletas. Bajamos por la escalera con cuidado para no caernos junto al equipaje y después de una complicada despedida con mis padres y Spetto nos reunimos afuera con los demás.
―¡Qué emoción!, jamás he visitado Crocus ―Levy se veía muy contenta, cargaba una mochila en su espalda y un bolso un más grande reposaba al costado de sus pies.
―Muchas gracias por invitarnos ―dijo Erza tan cordial como siempre.
Mientras todos comentaban lo entusiasmados que estaban yo buscaba a una persona en específico, pero él no había llegado.
―De seguro lo pasaremos muy bien ―Loke se aferró a mí cruzando su brazo sobre mis hombros, yo solo asentí.
¿Por qué me siento tan decepcionada?, debería estar contenta.
―¡Gracias por la invitación! ―exclamaron Lisanna y Mirajane al unísono, ellas también se veían muy felices.
―¡Eres todo un hombre! ―agregó Elfman alzando su puño.
―¿Gracias? ―no sabía cómo responder a eso.
De apoco fueron llegando más personas e iba dándome cuenta quiénes irían en realidad. Juvia había llegado junto a Lisanna y sus hermanos, Gray y Loke por su lado. Más tarde llegó Cana con una caja llena de cervezas.
―Bien, ¿ya están todos? ―preguntó Mavis quién hablaba con el chofer que había contratado, al parecer el dinero que mandó mi tío desde Inglaterra era más del que yo conté el día anterior; nos iríamos en un bus enorme solo para nosotros, era para pensar eso y más.
Yo volví a mirar al grupo con la absurda esperanza de que él apareciera, pero nada ocurrió.
Se comenzaron a subir al bus de a uno mientras el chofer cargaba el equipaje en el maletero, cuando ya estaba por terminar Mavis fue a comprobar que todos estuvieran arriba del vehículo. Era hora de subir y partir a la playa, yo era la única que faltaba.
Subí primero un pie al escalón de la puerta y me detuve de golpe al escuchar un ruido proveniente de la casa de al lado.
―¡Espérenme, maldita sea!
Mis manos se tensaron por inercia, apreté ambas paredes que rodeaban la entrada del bus a causa de los nervios. Era él, su voz era inconfundible. Retrocedí un escalón hacia atrás y lo comprobé por mí misma; Natsu venía corriendo con su bolso.
Le pedí al chofer que se bajara para ayudarnos con el equipaje restante mientras yo me encaminé hacia él. Pero cuando quedamos frente a frente pude notar que aún seguía molesto conmigo o al menos eso demostraba.
―Pensé que no irías…―no se me ocurrió que otra cosa decir.
―¿Y perderme una súper aventura millonaria en la playa? ―me miró incrédulo―, ¡ni de broma, Luce!
Me estremecí al escucharlo decir mi nombre de esa forma, era delirante.
―¿Sigues molesto conmigo? ―aproveché la instancia.
―Ya está, pasémoslo bien ―se cruzó de brazos e infló sus mofletes como un niño fingiendo hastío, era incorregible.
Ese era mi Natsu.
―¡No se olviden de mí! ―ambos escuchamos otra voz y nos pusimos a mirar hacia todos lados.
No lo comprendía, estaban todos en el bus y de ninguna manera podía llegar otra persona que no haya invitado. Aunque pude evidenciar de quién se trataba con solo ver la cara de funeral que traía mi vecino.
Zeref no quería excluirse de esa visita a la playa, aunque no sabía bien cómo se lo tomarían los demás no me parecía tan mala idea después de todo.
―Oh no, eso sí que no, ¡tú no vas a ninguna parte! ―Natsu le gritó.
―No seas malo, hace tiempo no veo el mar ―Zeref le hizo un puchero.
―¿Por qué tanta demora? ―Mavis bajó del bus con rapidez y caminó hacia nosotros, no tardó tanto tiempo en darse cuenta la razón de nuestro retraso.
Podría jurar que las pupilas de mi prima tenían forma de corazón al clavarse sobre Zeref, algo así como amor a primera vista.
No sabía cómo acabaría todo esto y me preocupaba.
―¿Quién es él? ―me preguntó Mavis al oído, se veía muy entusiasmada por saberlo. Peor fue para ella el darse cuenta que él la había escuchado.
―Mi nombre es Zeref, soy el hermano mayor de Natsu e iré con ustedes al paseo ―sonrió―, un gusto.
Mi prima casi cayó desmayada, cómo se derretía su piel al escucharle hablar; era un poco gracioso.
―Sigue soñando, no irás con nosotros ―Natsu parecía muy decidido y confiado en que se cumpliría su palabra, pero en menos de un segundo Mavis ya lo había subido al bus dejándonos a los dos completamente solos y desiertos en mitad de la calle. ―¿Qué fue eso? ―gritó desconcertado.
―Lo siento, creo que a mi prima le gustó tu hermano.
―¡Me lleva el demonio! ―se agarró su cabeza maldiciendo a medio mundo mientras caminaba en dirección al bus para subirse, yo le seguí.
Luego de ese tenso momento, nos metimos a otro. Cuando subimos al fin al bus y empezamos a acomodarnos en los asientos Natsu volvió a soltar otro grito, estaba muy escandaloso esta mañana.
―¿¡Y a este quién carajos lo invito¡? ―apuntó a Gajeel quien no parecía inmutarse con tal comentario. Levy, quien iba a su lado soltó un suspiro de culpa.
Sorprendentemente el chico ignoró por completo al neurótico de mi vecino. Cuando el chofer hizo andar el bus tomé a Natsu del brazo y lo arrastré para que se sentara a mi lado, olvidé por completo mi plan de unirlo con Lisanna y decidí irme junto a él para mantenerlo tranquilizado. A veces lo veía como un animalito salvaje que había que controlar, era un poco tierno, tenía que admitirlo.
Veinte minutos más tarde los ánimos estaban en off, todos dormían plácidamente mientras el bus avanzaba a excepción mía. Era un poco extraño regresar a Crocus, ya hacía más de medio año que me fui de ahí junto con mis padres y Spetto. Me fui observando por la ventana cada fragmento y parte de la calle, un cambio brusco de lo que era Magnolia. Apoyé mi cabeza sobre el respaldo del asiento y miré a Natsu, parecía un bebe atrapado por Morfeo. Qué lindo se veía cuando dormía.
Y la tentación fue más grande, acerqué despacio mi mano y acaricié su rostro, era tan suave que jamás se daría cuenta de lo que estoy haciendo. Mis dedos se resbalaban por sus pómulos hasta su mentón, luego toqué su pelo y perdí mis dedos entre sus puntiagudos cabellos. Me sentía una abusiva al aprovecharme de esta situación, pero lo disfruté.
Pasó una hora y media hasta que el bus se detuvo provocando que los demás abrieran sus ojos, yo ya me había separado de Natsu, moría si él se daba cuenta de lo que había hecho durante todo el camino. Hice como si nada y me levanté de mi asiento para bajar del vehículo seguida de los demás.
Él bajó de los últimos, se detuvo en medio del escalón de la puerta e inspiró el aroma del mar.
―¡Llegamos! ―exclamó con alegría.
Caminamos hasta la casa unos pasos más allá, era una mansión enorme ubicada en frente de una de las playas más populares de Crocus, tenía bellos recuerdos de este lugar desde que era una niña. Sentí mucha nostalgia el encontrarme aquí después de tantos años. A mi paso todos iban con sus equipajes para escoger los cuartos, Natsu y Gray como de costumbre corrían compitiendo por quién agarraba la mejor cama, son un desastre.
Ya adentro y como esperaba, todos agradecían al borde de las lágrimas por estar en un lugar tan hermoso, incluso yo que era algo completamente ajeno a lo que vivía hoy en día.
―Muy bien ―Erza se colocó en medio de todos―, los chicos dormirán de un lado y las chicas del otro, no quiero que ningún idiota se quiera pasar de listo con nosotras. ―puso su cara más temible, incluso Gajeel se mostró intimidado.
Terminamos de organizar las habitaciones para ir a la playa, no tardamos nada en ponernos nuestros trajes de baño. Yo elegí uno que tenía guardado desde hace tiempo; gracias a dios no embargaron mi ropa y pude conservarla. Elfman se encargó de instalar las sombrillas y Loke se ofreció para echarle crema solar a todas las chicas, oferta que obviamente todas ignoraron.
―¡El último que toca el mar es una princesa! ―Natsu anunció un concurso inesperado para todos mientras lanzaba arena con sus pies al correr siendo seguido por Gray y los demás chicos a excepción de Zeref. A diferencia de su hermano él era muy tranquilo, casi inquietante.
―Yo también quiero bañarme, ¿vamos? ―Levy miró a Gajeel con interrogatorio mientras este solo rechistó, supongo que eso era un sí de su parte. Vaya manera rara de comunicarse.
Levy tenía muchas cosas que explicarme, no había que ser un genio para no darse cuenta de que ambos salían juntos.
―¿Qué estás esperando Lucy?, vamos al mar. ―Cana abrió una lata de cerveza y aventó el contenido por su boca como una máquina traga-monedas, qué energía tenía siempre.
Asentí y nos fuimos metiendo de a poco, de principio el agua se sentía un tanto fría pero con el tiempo uno se iba acostumbrando. Tras de nosotras venía Mirajane y Lisanna tomadas de la mano.
―Está muy helada. ―se quejó Lisanna.
―Vaya, es verdad. ―contestó Mira con una sonrisa.
―¡Deben meterse rápido si no quieren congelarse! ―exclamó Erza segundos antes de tirarse un piquero profesional al agua, como una sirena cruzó la distancia desde las Strauss salpicando agua hasta nosotras sin perder el ritmo. Aunque algo en ella me llamaba mucho la atención…
―Oye, ¿no tenías un bañador más juvenil? ―Cana la miró de pies a cabeza con desencanto―, pareces una señora.
Erza llevaba puesto un traje de baño tipo escolar color azul marino, no muy femenino que digamos. Tan solo le faltaban los lentes y el gorro de agua para completar la tenida.
―¿Tú crees? ―respondió avergonzada, al parecer el tema de vestir a la moda era realmente importante para ella.
―¡Por supuesto que sí! ―la regañó ―, ¿qué harías si el chico que te gusta te ve en esas fachas? ni un pelo le lograrías parar.
Y como siempre, Cana era muy delicada para decir las cosas.
Erza se puso rojísima, y solamente yo y ella sabíamos en quién estaba pensando. No importaba lo imponente que se viera, en el fondo era una chica muy inocente y adorable.
―¿Te parece si te presto uno de mis bañadores? ―ofrecí―, no tengo problema ya que traje muchos.
Vi sus ojos iluminarse hacia mi persona, me sentía como una mujer de bien. ―¿De-de verdad?
―¿Estás segura que a Erza le quedarán bien tus bañadores? ―Natsu apareció repentinamente en nuestra charla con todas las mechas mojadas. Por mi parte yo ya entendía muy bien para donde iba con esa pregunta.
―¿Por qué? ―pregunté apretando los dientes.
Él se rascó la cabeza como si no tuviera la más mínima noción de lo que estaba a punto de hacer, el muy idiota. ―Tú estás algo más rellenita y quizás se le caiga…
No le permití seguir hablando, le quité la pelota que traía entre sus manos y se la lancé con todas mis fuerzas sobre su cabeza para llevarme a Erza para que se probara uno de mis bañadores. Qué detestable era cuando quería, ¿qué le hacía pensar que podía hacer bromas sobre mi peso? ¡estoy en el peso ideal!
Ojalá se haya ahogado mientras vuelva.
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Quince minutos después regresé en compañía de Erza ya cambiada, le presté un bikini negro que le quedaba muy bien ya que se ajustaba con marras. Ya quería ver la cara del idiota de Natsu al ver que sus dichos eran absurdos, ¿yo pasada de peso?, ¿acaso le entró arena en el cerebro?
Cómo lo detestaba.
Cuando volvimos los chicos echaban un partido de volley a orillas de la playa, en un equipo estaba Gray, Loke y Zeref, mientras que en el otro estaba Gajeel, Elfman y el idiota de Natsu. Se veía muy ansioso por ganar, sobre todo porque su hermano estaba en el grupo contrario. Justo en ese momento se me ocurrió una grandiosa idea para vengarme de él.
Me acerqué al grupo expectante y alcé la voz. ―¡Vamos Zeref, tú puedes!
Todos se dieron vuelta a verme como si estuviera loca, incluso mi supuesto ídolo. Quizá sí me pase un poco. No obstante, Natsu parecía querer que la arena lo tragara, así mi trabajo ya estaba hecho, logré lo que quería.
―Qué mala eres Lu ―bromeó Levy que se posó a mi lado observando el partido.
―Hey, solo lo dices porque estás apoyando al otro equipo ―le devolví el chasco causando que se sonrojara. ―Por cierto, no creas que te has salvado de mi interrogatorio, esta noche te las verás conmigo.
―Lo siento, creo que me he guardado muchas cosas ―me dijo ella con arrepentimiento.
―Entonces tenemos mucho que hablar ―sonreí con satisfacción.
Levy me miró con picardía. ―Tú también pareces tener mucho que contar.
―¿Eh?
No entendí a donde quería llegar.
―No te hagas, sé lo que sucede entre tú y Nat…―mi miró con asombro mientras yo cubría su boca, la mala costumbre que tenía de callar a la gente de esa manera me iba a pasar la cuenta algún día.
Lo que más me causaba impresión…¿desde cuándo se dio cuenta?, ¿tan evidentes somos?
―Está bien, ya entendí, pero no digas nada ahora por favor ―supliqué. Sé que ella pudo notar mi desesperación, muy en el fondo sentía que Levy era la mejor persona en la que podía depositar mi confianza.
―Tranquila Lu, tu secreto está a salvo conmigo ―me guiñó un ojo―, ya tendremos nuestro momento para charlar.
Definitivamente Levy era una gran amiga, estaba muy agradecida de haberle conocido.
Estaba dan enternecida que no me di cuenta cómo Natsu se acercaba a mí con pasos agigantados y una mirada discrepante, ¿se habrá molestado de verdad por lo que hice?
―¡Perdimos, por tu culpa! ―rugió como un dragón.
―No es culpa mía que seas tan malo en volley, o mejor dicho, que Zeref sea mejor que tú…
Auch, creo que sigo pasándome con él.
―Te ahogaría, solo me contengo porque eres una chica ―frunció el ceño.
―Oh, pues no te tengo miedo ―me acerqué a él desafiante.
Mientras nos asesinábamos con la mirada, Lisanna se acercó a nosotros con ganas de apaciguar el ambiente.
―Oigan, creo que se están tomando esto demasiado enserio ―dijo ella―, solo fue un partido.
―¡Apoyó a mi hermano en mi cara!, eso es traición ―se justificó él.
Eso quiere decir que realmente le dolió lo que hice, bueno, era lo mínimo luego de haberme llamado gorda.
―¡Tú me dijiste ballena!
―¿Cuándo te dije eso? ―Natsu se mostró ofendido y desconcertado.
Bueno, quizás estaba exagerando un poco.
―Ya, basta los dos ―Lisanna se puso entremedio de ambos, era un poco vergonzoso que ella nos tratara de calmar.
Para empeorarlo aún más, Zeref se adosó al triángulo de la discordia con aires de triunfo, qué mala pasada.
―Quiero agradecerte ―se aproximó a mí―, sin tu apoyo jamás hubiera ganado el partido ―tomó una de mis manos y la besó…
―¡Qué te den, Zeref! ―gritó Natsu antes de irse en dirección contraria, pero qué forma tenía de expresarse hacia las personas. Era un verdadero desastre.
―Al menos me llamó por mi nombre, estoy feliz ―sonrió él con serenidad.
Todos los Dragneel eran muy raros.
―¿Por qué tú y Natsu pelean tanto últimamente? ―me preguntó Lisanna―, creí que se llevaban bien. ―por su tono pude notar lo preocupada que estaba, más bien, inquieta. No me sorprendía si comenzaba a dudar de nosotros, después de todo siempre se nos escapa de las manos.
―Es muy inmaduro, pero no te preocupes ya se le pasará ―le dije para tranquilizarla, pero ella no era ninguna tonta. La mirada suspicaz no le cambiaría con nada.
Debía evadir la situación o todo se irá por la borda.
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General POV
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El día siguió transcurriendo y el sol cada vez pegaba más fuerte, causa de ese hecho fue lo que llevó a Juvia regresar a su bolso ubicado bajo una de las sombrillas. Pudo sentir un pequeño ardor en su hombro izquierdo por haber olvidado aplicarse protector solar, todo a causa de estar embobada con Gray.
Se quedó bajo la sombra plasmada hasta que se le ocurrió una brillante idea, tomó el frasco de bloqueador con su mano y corrió hasta la orilla del mar para encontrarse con Fullbuster.
El muchacho estaba empeñado en construir un castillo de arena junto a Elfman, así que no notó en absoluto la presencia de la joven a sus espaldas.
―Esto…¿Fullbuster? ―dejó salir con mucha cortedad, era demasiado difícil para ella entablar una conversación con ese chico en especial.
Gray volteó en respuesta con mucho cautelo para no destruir nada.
―¿Qué quieres? ―preguntó con poca delicadeza.
―Yo…me preguntaba si…―jugueteó con las puntas onduladas de su cabello manteniendo la mirada sobre sus pies medio enterrados sobre la arena, estaba demasiado nerviosa―, ¿pu-puedes echarme crema solar en la espalda?
―¿¡Qué¡?, ¿y por qué yo?, ¿no puedes echarte tú sola? ―Gray no reaccionó como ella esperaba, al contrario, solo la bombardeó de inquieres descentrados para evitar en lo posible tener el más mínimo contacto con ella.
Juvia agachó la cabeza con desilusión. ―Pero, es que me duele mucho…―trasladó una de sus manos con cuidado para no pasar a llevar lo irritado.
―No tienes remedio ―Gray dejó de lado el castillo y decidió acceder a su petición, no soportaba ver a alguien herido y dejarlo pasar. Le quitó el frasco de las manos y se echó un poco para luego esparcirlo cuidadosamente sobre la blanca piel de la muchacha quien lo gozaba con fervor.
Al concebir sus grandes manos sobre su espalda su delgado cuerpo se zarandeó en un leve jadeo, apretó sus nudillos para contenerse y tragó en seco.
―¿Estás bien? ―pregunto él, desconfiado.
―Si-si…―jadeó otra vez, su respiración era demasiado agitada para ignorar.
Algo lo hizo detenerse, como si un deja vu aterrizara sobre su cabeza. Resulta que la peculiar situación le trajo recuerdos de los constantes encontrones en el sótano con su admiradora, el cómo acariciaba su piel mientras la besaba mientras ella gemía. Podría parecer un poco egocéntrico, pero el que ella gozara tanto con sus caricias lo hacía sentir todo un ganador. Siempre quiso saber quién era realmente, pero desde que salieron de vacaciones no volvió a saber sobre ella.
¿Por qué se había acordado de eso?, pues Juvia no dejaba de hipar mientras le esparcía el bloqueador, como si se deleitara con algo tan absurdo.
Se sentía como un tonto.
―Esto, ya terminé ―Gray se alejó avergonzado, no se sentía para nada cómodo con la situación. Se limpió el resto de crema pasando sus manos por su propio bañador, no le importaba, de todas maneras ya estaba mojado.
Juvia esbozó una sonrisa con dificultad. ―Gracias.
―¿Por qué he pensado en ella cuando toqué a esta chica?... ―pensó él rascándose la cabeza.
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―¡Miren, miren! ―apareció Mavis con un folleto en sus manos en búsqueda del grupo que gozaba del sol y la playa.
―¿Y eso qué es? ―preguntó Lucy.
―Esta noche se celebrará el festival de fuegos artificiales, ¿lo recuerdas? ―se dirigió a su prima―, aquel evento en que se cuenta que si vas con la persona que amas serán felices por siempre ―mencionó con ilusión.
Todos comenzaron a cuchichear sobre ello, Juvia lo primero que hizo fue echarle un vistazo a Gray que no mostraba el más mínimo interés en esa extraña tradición. Levy miró de reojo a Gajeel y este no estuvo lejos de la actitud de Fullbuster, por otra parte, Loke parecía ser el más entusiasmado de los chicos.
―Eso quiere decir que habrá muchas chicas ―sonrió ajustándose las gafas.
―De haberlo sabido hubiera traído mi yukata ―lamentó Lisanna.
Mavis sonrió con picardía. ―No se preocupen, pensé en eso antes de venir, tengo todo listo para cada una de ustedes.
―¡Tu prima es sorprendente! ―le dijo Cana a Lucy.
Y así era, Vermilion había comprado una yukata a cada una de las muchachas, nadie sabe cómo lo hizo con el talle, sin embargo lo hizo y eso era lo que importaba; todas estaban muy emocionadas por que el sol se escondiera. No obstante, muchas deseaban que ciertos personajes se encontraran cerca para asistir a esa fiesta. Erza pensaba en Jellal, en qué podría estar haciendo en estos momentos, ¿estará pensando en ella?
Por su lado, Lucy tenía un terremoto en su cabeza; miró a Natsu, por la cara que este tenía el evento no era gran cosa para él, más Lisanna mostraba mucha interés en ir; de seguro ansiaba asistir en compañía de su vecino.
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Las estrellas se podían vislumbrar y faltaban tan solo dos horas para que comenzara el festival de fuegos artificiales a orillas de la playa. Por suerte a cada chica le quedó bien su respectivo traje, incluso a Levy que temía por sus pequeñas medidas. Los chicos se arreglaban por su lado y las muchachas por otro, los que iban terminando esperaban en la sala principal hasta que estuvieran todos listos.
Lucy fue una de las primeras en arreglarse pues no tenía muchas ganas de ir, salió rápido de su habitación sin pensar que se toparía con Lisanna en el pasillo junto a la escalera, ella parecía esperarla por cómo se reaccionó al verla.
―¿Podemos hablar un momento?
La rubia asintió sin problema, caminaron un poco hacia las escaleras y se sentaron ahí para charlar más cómodas.
―Sé que lo que te voy a pedir es muy tonto, pero me gustaría que me ayudaras con Natsu esta noche.
Ella ya lo veía venir, después de tanto y constante esfuerzo por unirlos ahora tendría que cumplir con la etapa más complicada de todas. Y ahí estaba, en una situación a la cual no podía negarse.
―Lo he pensado mucho y me he dado cuenta que Natsu de verdad me gusta, además puedo percibir de su parte que también siente cosas por mí ―esas últimas palabras marcaron a Lucy―, yo sé que tú eres muy cercana a él y que podrías ayudarme mejor que nadie.
―Cla-claro…―usó todas sus fuerzas para sonreír, tensó los músculos de sus brazos para abrazar sus rodillas y atraerlas hacia ella para soltar de alguna manera todo el estrés que comenzaba a sentir.
Lisanna le dio un abrazo y le susurró al oído. ―Gracias, eres una gran amiga Lucy, mereces ser feliz.
Sus palabras fueron como un puñal que lentamente se clavaba en su espalda y se iba girando para agrietar más la profunda herida que atravesaba su piel. Cada giro era más duro, más doloroso, estaba muriendo por dentro. Lucy quiso sonreír, de verdad ella quería corresponderle el abrazo y prometer que todo estaría bien.
¿Pero desde cuándo se volvió tan mentirosa?
Maldijo el día y el mañana para luego ponerse a contar los segundos que le quedaban.
Al tanto Lisanna se reunía con Mirajane y su hermano Elfman, Lucy bajó las escaleras con pésame apoyando sus manos sobre la muralla como si hubiera recorrido kilómetros antes de llegar ahí, sus pies pesaban y su pecho ardía. Trataba de frenar a ratos para pensárselo bien, quizá si hablaba las cosas con todos podría terminar con tanto sufrimiento…
―¿Pero qué estoy pensando?, le hice una promesa a Natsu y Lisanna…―arrugó su cien, era mucha la rabia que sentía. Pisó con determinación cada escalón y ya decidida a seguir con la tortura golpeó a la habitación de los chicos para llamar a su vecino.
Primero se anunció una vez, sin embargo no obtuvo respuesta; espero un poco más a un lado mientras tarareaba una canción corta-venas. Se sentía como en una de las típicas novelas que leía cuando quería llorar intencionalmente. Volvió a golpear y esta vez lo hizo con más fuerza. Estaba segura que había alguien allí dentro por las pisadas que se sentían desde afuera.
―¡Pasa ya! ―se escuchó un grito latoso que indudablemente correspondía a Natsu, ella entró enseguida con la confianza de que no encontraría a nadie más dentro de la habitación.
Cuando este la vio entrar se quedó estático, estaba abrochándose los últimos botones de su pantalón para quedar completamente listo, terminó rápido con ese trámite y se acercó a ella para ver que quería. Lucy se mantuvo apoyada sobre la puerta de brazos hacia atrás y mirada cabizbaja, eso comenzaba a preocuparle.
―¿Qué te pasa, Luce?, ¿comiste algo que te cayó mal?
Ella se quedó muda buscando las palabras correctas que decir, pero palabras era lo que menos tenía. Avanzó cuatro pasos hacia delante como si deambulara sin rumbo y levantó un poco el semblante para admirar el moreno y perfecto rostro de Natsu que la contemplaba sin entender lo que ocurría, su expresión confusa la estaba desesperando.
Quería correr a sus brazos, pero se contuvo.
―Algo no está bien contigo…―Natsu caminó hasta quedar frente a ella y le tomó la temperatura de su frente pensando que tendría alguna enfermedad o algo por el estilo, inclusive en esos momentos mantenía su patética inocencia. Usó la punta de su nariz y la colocó otra vez sobre la frente de la muchacha, pero todo eso era inútil.
―Debes…debes ir con Lisanna a la fiesta…
Él la miró receloso.
―¿De qué estás hablando?
―Ella está enamorada de ti, ya es hora de que estén juntos…―Lucy aferró ambas manos a la camisa que traía Natsu, enterró sus uñas a través de la flexible tela y apretó hasta crujir sus nudillos para desquitar su ansiedad.
Ahora las cosas comenzaban a aclararse mejor para Dragneel, de seguro empezaría de nuevo con su loca idea para unirlo con su amor de la infancia; algo que para él ya parecía no ser tema de conversación.
―¿Me has preguntado si estoy enamorado de ella? ―contestó él, seco y tosco.
Lucy abrió sus ojos con asombro.
―Le pediste que te acompañara en la despedida, supongo que te gusta al menos.
―Eso quiere decir que tú amas a Hibiki y por eso lo acompañaste.
A pesar de que Natsu solía ser un chico muy infantil y hasta a veces tonto, había ocasiones como esta en la que encontraba la respuesta justa para dar en el momento específico.
―Son cosas diferentes. ―justificó ella.
―Dime una cosa ―Natsu rozó su frente con la de Heartfilia para verla lo más cerca posible―, ¿realmente quieres que me quede con ella?
La pregunta del millón caía sobre la mesa mientras el calor de ese cuarto aumentaba. Él apoyó sus manos sobre su cintura como si se quemara al tacto, se fue adecuando de a poco hasta apretarla lo más que pudo hacia él.
―¿O quieres que me quede contigo?
Lucy sentía que iba a desmayarse, jamás había visto algo tan hermoso. Los verdosos ojos de Natsu reflejaban las deslumbrantes estrellas como si formaran parte de él, un fantástico firmamento en sus fanales; serios, fijos en ella como si esperara por su presa.
Cerró sus ojos, sentía que no merecía ser digna de ver algo tan único y especial, sin saber que al mismo tiempo se estaba entregando al lobo en carne propia. Natsu aprovechó la instancia sin dudarlo y la besó encajando su lengua de intromisión para explorar en su interior.
Ella lo recibió muy bien y no parecía quejarse en absoluto. De respuesta se colgó sobre su cuello mientras él la levantaba para acomodarla a horcajadas de él hasta llevarla a la primera cama que encontró y caer sobre algo blando. Se mordieron, devoraron y gozaron. Todo era dicha en ese momento, era su momento.
Natsu sostuvo las manos de la chica con las suyas y las aprisionó haciendo presión sobre la cama para no dejarle escapatoria mientras mordisqueaba su labio inferior con ferocidad. Ella solo enloquecía.
Y su cabeza lo repetía una y otra vez como una canción de un disco rayado; te amo, te amo, te amo.
Lo tuvo en la punta de su lengua, quería gritarlo a los cuatro vientos y acabar con todo lo que la estaba asesinando. Lo exclamaba en su mente con un eco de fondo de forma constante hasta que…
―¿Hay alguien ahí? ―era Cana con unos ánimos como si estuviera fastidiada― si hay alguien ahí más vale que se apure porque estamos esperando abajo ―trataba de abrir la puerta moviendo la manija de la puerta, pero fue inútil, Lucy la había cerrado con seguro después de entrar.
Y los que permanecían ahí encerrados sobre la cama se miraron alarmados, no era el momento ni la instancia para caer bajo tal tentación cuando todos esperaban por ellos, sería más que evidente lo que estaba ocurriendo si llegaban juntos.
―Solo soy yo, ya voy ―gritó Natsu desviando la situación y ocultando por completo la presencia de su compañera.
―Apresúrate ―se escuchó como Cana se iba alejando de allí.
Lucy suspiró un poco más tranquila al sentir los escalones sonar como señal de que ya estaba bajando dejando el pasillo despejado. Se levantaron del colchón para arreglarse un poco su ropa y caminaron hacia la puerta, pero cuando estaban por salir Natsu le sostuvo la mano para detenerle.
―Aún no me respondes, ¿quieres que me quede contigo?
―Natsu yo…
―¡Responde ya! ―levantó la voz―, ¿acaso no te gusto?
―¿Y Lisanna?, ¿no te importan sus sentimientos acaso?
Hubo una pausa hostil, funeraria, digna de una telenovela.
―Tomaré eso como un no…―Natsu tocó el mango decidido a abrir y acabar con todo, estaba furioso, quería romper todo a su paso. La miró una vez más buscando su aprobación, pero no la tuvo.
Ya con el diablo en el cuerpo, abrió la puerta y salió sin mirar atrás manteniendo su postura mientras desaparecía por las escaleras. Ella lo permitió, ella lo dejó ir, la culpa sería suya.
La culpa era suya.
Lucy se quedó en blanco mientras escuchaba los escalones rechinar, Natsu bajaba con fuerza como si fuera a destrozarlos. Sus piernas y brazos temblaban así como su mentón, quería gritar, quería correr hasta él para detenerle.
Pero no pudo.
―Detente. ―susurró con voz desgastada.
El silencio cayó sobre su espalda y fue absorbiéndola de apoco hasta que pudo darse cuenta lo sola que se encontraba.
―¡Que te detengas maldito idiota! ―elevó más su exclamación.
No importaba lo mucho que gritara, la única respuesta que recibiría sería el eco de su voz. Cubrió su rostro con ambas manos para tapar las lágrimas que caían como desde una cascada empapando todas sus mejillas hasta llegar a su cuello, se detestaba, se odiaba a si misma por ser tan débil.
¿Acaso él no volvería?
―¡No te vayas! ―gritó con desgarre y afirmó ambos brazos sobre los parajes de la puerta para gravitar su cuerpo y no desvanecerse. ―¡Regresa! ¡Vuelve a mí, Natsu! ¡No me dejes por favor! ―chillaba con lágrimas en los ojos. ―¡Devuélvanme a mi Natsu! ¡Regresa conmigo!
Se resignó y cayó al suelo para desquitar su saña y desolación entre el cuarto de los chicos y el pasadizo. Lagrimeaba todo lo ocurrido desde el minuto en que decidió conservar sus sentimientos hasta entonces, ahora pagaría las consecuencias y nunca se perdonaría por haber dejado ir a quien amaba.
Ahora el cielo y la culpa se desplomarían sobre su espalda; así mientras lo pensaba, jamás creyó que en tanto se despedazaba sobre el suelo frío alguien estaría oyendo sus rogativas y arrepentimientos. Lisanna, quien se había acercado al cuarto de hombres para buscar a Natsu, pudo escuchar sus quejas desde el escondrijo del pasillo. La albina bajó la mirada al piso con el corazón roto.
―Eso consigues por ser tan egoísta, bien hecho. ―se dijo a sí misma con sarcasmo y deshonra, culpándose de la tormenta que estaba por caer.
¿Continuará?...
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Estimados, queridos y amados lectores: Aquí concluye la "primera temporada", "primera parte", "primer libro" o como deseen llamarle de New Life. Espero que les haya gustado (no me maten por favor), lamento un montón la enorme tardanza para poder traerles este episodio, más no puedo decirles otra cosa que gracias a mis estudios y la ola de exámenes que he tenido el tiempo se me hace cada vez más corto. A pesar de eso no pienso rendirme y acabaré con esta historia como se lo merece, así que aún tenemos para rato con NL :) y además estoy produciendo nuevas historias Nalu, así es señores, he venido para quedarme a este bello fandom :)
Ahora tan solo les pido paciencia, debo comenzar ya a escribir la segunda parte de esta historia y bueno como muchos saben, que las ideas lleguen a tu cabeza así como si nada mientras te sientas frente al computador es casi imposible, al menos en mi caso las cosas surgen y ya, tengo que anotarlas o correr a escribir al pc. Además, como siempre deseo entregarles algo de calidad y que no sea forzado, por eso, me disculpo de antemano si quizás tarde un poco en publicar la segunda temporada.
Les doy las gracias de todo corazón y espero seguir leyendo sus opiniones, comentarios, quejas, amenazas de muerte (?), y esas cosas...
Saludos y abrazos para todos, nos leemos próximamente en la segunda temporada.
Kaya.
