Roxanne Weasley

1 de septiembre de 2018

–Como mamá me pille…

–No te va a pillar, Roxy. Mamá se fía de ti –contestó Fred, sonriendo–. Después de lo del año pasado ha dejado de hacerse la tonta con el doble fondo de mi baúl, pero no va a imaginarse, jamás, que esta vez eres tú la que lleva las cosas divertidas.

–No sé por qué estoy haciendo esto. –Roxanne se cruzó de brazos y negó con la cabeza.

–Porque eres mi hermanita pequeña, me quieres y te he prometido los apuntes de todo lo que quieras de algún empollón de mi clase.

–Espero que los apuntes sean buenos. –La chica sonrió y cogió su baúl–. Y si mamá me pilla pienso chivarme.

–Venga, no seas así, Roxy. James y yo necesitamos esas cosas para seguir siendo geniales.

–Y yo necesito que mamá siga dándome todo lo que quiero para seguir siendo genial –replicó–. Si hubieras sabido cómo hacer las cosas…

–Es que tú eres una pequeña genio.

–No seas pelota. –Le sacó la lengua–. Y pienso quedarme con algunas cosas, por si acaso.

Roxanne salió de su cuarto y dejó sus cosas en la puerta para que sus padres se encargaran de ellas antes de entrar a la cocina y servirse algo rápido para desayunar. Sabía que Fred y James se dedicaban a gastar bromas y meterse en líos el 90% del tiempo y ella, aunque no tenía ese interés por las gamberradas, también quería divertirse de vez en cuando. Además, nunca se sabía cuándo podía venirle bien tener a mano ciertas cosas de la tienda.

Se tomó rápido el vaso de zumo y las tostadas que había dejado su padre para ella, un poco nerviosa. Había oído tantas cosas increíbles de Hogwarts que no sabía qué esperar y, además, Fred se había pasado todo el verano contándole mentiras y verdades sobre el colegio y se moría por saber qué era real y qué no.

Solo estaba segura de una cosa: se avecinaba algo grande y el mundo iba a empezar hoy hablar de Roxanne Weasley.

Comenzaba su aventura.