Capítulo 12: La conexión irrompible

—Fuera de aquí.

—Pero Haher...

—Vete. No eres bienvenido.

—Haher, escúchanos, por favor...

Haher estaba de espaldas, organizando lo poco que quedaba de Hogwarts contra las Artes Oscuras. Las mesas, estantes y armarios que aún quedaban en pie, estaban ennegrecidos por el hollín. En el aire se percibía un olor que daba testimonio del incendio. Las sillas estaban todas tumbadas, algunas sin patas, otras rotas o quemadas. Incluso los rincones que parecían haberse salvado del fuego se veían tristemente desordenados, por los afiliados que se encontraban en el club al momento del accidente y que intentaban escapar a toda costa.

—Solo quiero —dijo Haher con voz tranquila— que me dejen solo. No tengo nada de qué hablar contigo, Mankar.

Ya no lo llamaba «Manu».

El chico bajó la mirada. Haher ni siquiera se molestaba en mirarlo a la cara. Era mejor no insistir. La única forma de entrar al club era afiliándose, y Mankar lo hizo para poder hablar con su tío, pero no quiso desafiliarse, eso sólo empeoraría las cosas. Se retiró del lugar solo; Gonza se quedó a hablar con Haher.

Se sentía muy culpable, aún sabiendo que él no había hecho nada. Pero era por su propia actitud que su tío, su amigo, lo odiaba.

Y ese sentimiento de Haher no cambiaba con el paso de los días. Mankar se sentía muy deprimido. Por lo menos tenía a Gonza, que lo entendía y con quien podía hablar, pero que pasaba más tiempo con Haher que con Mankar. Así que, de nuevo, su único escape era visitar clubes, para distraerse.

«¿Cómo se le denomina al mago que puede cambiar su apariencia a voluntad?», preguntaba la trivia de Dumblemort.

«Todo me lo recuerda —pensó Mankar—, hasta la trivia».

¡Focumskript! —exclamó, concentrado en la palabra «metamorfomago», y respondiendo antes que el resto de jugadores.

«¿Cómo se llama la criatura que es mitad águila, mitad león?», apareció en la pantalla.

Mankar no se podía concentrar. Todos los recuerdos le venían a la mente. Todo lo que había pasado los días anteriores no lo dejaba en paz.

—Mankis, esa es fácil —le dijo alguien—. ¡Skript!

Respuesta: Grifo
Ganadora: Jessica Jordan

—Hola, Jessi —saludó Mankar—, no te había visto por aquí antes.

¡Skript! —exclamó ella, sonriendo—. Sí, es que necesito algo con qué distraerme. Además, soy una gran admiradora de los libros de Harry Potter.

—Yo también vengo cada vez que me quiero distraer... Los últimos días han sido difíciles.

—Para mí también —dijo Jessi, algo tímida—. Terminé con Gesux.

Mankar se quedó mirándola con expresión triste, aunque en el fondo no se sentía así.

—Lo siento —mintió. Jessi sonrió desanimada.

—Está bien —dijo ella, mirando a Mankar a los ojos—. Las cosas entre nosotros ya no eran como antes. Creo que así es mejor. ¿A ti qué te ha pasado?

Mankar hizo una mueca antes de responder.

—Me siento muy solo... mi amigo no me habla...

—Mankis, pero me tienes a mí —sonrió Jessi. Él hizo lo mismo.

Desde ese día ambos se hicieron amigos muy cercanos. Jessi y Mankar, aunque no volvieron a coincidir en Dumblemort, duraban horas hablando en la Sala Común, de toda clase de cosas, y a veces también se les unía Gonza.

El mes de octubre transcurría muy rápidamente. Mankar lamentaba ser diferente más que nunca... Habría pasado esos días divirtiéndose con sus amigos, tal vez jugando con el balón de fútbol que Merlín le había enviado por su cumpleaños... sin ninguna preocupación mayor que los trabajos para cada clase... Tendría mejores notas, más puntos... Su única relación con los muggles habría sido la clase de Estudios Muggles, y podría comentar con el mismo interés el rumor del que la profesora Fairy Black les había hablado acerca de los verdaderos nombres de los personajes de Harry Potter... Estaría en ese momento a la expectativa de lo que iba a ser el baile de Halloween que se iba a realizar en Harrylatino...

Pero a él casi nada le importaba. Incluso la tortura que debía de ser la hora semanal de Taller de Vuelo le era totalmente indiferente. Tampoco se sentía motivado para buscar la forma de realizar la poción multijugos, ni para dedicarse enteramente a su club, a pesar de que Vito había vuelto a permitir la entrada a los clubes.

Del incendio sólo se concluyó que había sido un accidente. Mankar estaba completamente seguro de que Macnair estaba involucrado, con tantos comentarios de burla que hacía él y sus amigotes del Poder Calamar.

Haher, por otro lado, sin duda seguía pensando que había sido Mankar el culpable. No parecía haber cambiado de opinión al respecto, y Gonza no lograba convencerlo. Sin embargo, nunca lo acusó de nada. Prefirió quedarse callado e ignorar a su sobrino por completo.

Afortunadamente, al final del mes, el positivismo de Mankar aumentó... hasta cierta clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, el día de Halloween. Taz siempre los hacía trabajar por parejas pero, ese día, Mankar no pudo sentarse con Jessi.

—Mankar Weasley —llamó la profesora Devil, mirando una lista—, trabajarás con... Haher Weasley.

«No puede ser cierto», pensó Mankar, fastidiado y a la vez emocionado. Miró a Jessi y ella le hizo una expresión que le aconsejaba tranquilidad. El chico se levantó y se sentó junto a su tío. Se miraron fugazmente, pero sin decir ni una sola palabra.

Gonza se sentó junto a Andrea Delacour, de Gryffindor, en la mesa que estaba al lado de la de Mankar.

—Hay cierta clase de hechizos —explicó la profesora Taz, en cuanto terminó de ubicar a los alumnos— que pueden combinarse para formar uno nuevo. Algunos magos son capaces de realizar los dos simultáneamente. En los duelos de magos, es posible que una pareja una sus fuerzas para vencer a los contrincantes, o también si están intentando defenderse de una criatura peligrosa.

Mankar ya sabía acerca de esto. Él mismo lo descubrió para realizar hechizos en clase de Encantamientos.

—También puede haber hechizos que hagan cambiar el efecto de otros —continuó Taz— y también hay aquéllos que no sirven sin un hechizo complementario. Todos estos se clasifican como hechizos compuestos. Lo que haremos hoy es sencillo, pero requiere de un gran trabajo en equipo. Cada pareja debe crear un hechizo con base en otros dos. ¿Cómo? Deben concentrarse muy bien. No pueden improvisar. Escojan los dos hechizos que van a combinar antes de practicar. ¿Qué hechizos? Los que ustedes quieran, los que crean que controlan mejor. Antes de finalizar la clase, deben presentarme el resultado del trabajo que hoy realicen.

¿Qué podía ser peor? Mankar estaba obligado a trabajar con la persona que lo detestaba y, además, tendría que usar algún hechizo de fuego, los que precisamente creaban distancia entre los dos, pues Mankar no era capaz de hacer algún otro.

—¿Qué se te ocurre? —le preguntó a su tío, con voz indiferente.

—No sé —respondió Haher, cortante.

—¿Con qué hechizos te va mejor? —insistió Mankar.

—No sé.

Mankar abrió con fastidio el libro Inicios en Defensa y buscó el capítulo de hechizos compuestos. Había muchísimo de donde escoger, o incluso podrían intentar algo que el libro no nombrara. El chico buscaba algo que pudiera involucrar fuego.

—¿Qué tal este? —señaló Mankar, con su ánimo bajando.

Haher se quedó igual de callado y no miró el libro.

—Te estoy hablando —le dijo su sobrino—. Mira, este hechizo crea burbujas de fuego que estallan con agua. Lo usan como animación en eventos...

—Claro, algo de fuego. Eso sí puedes, ¿verdad?

Mankar bajó la mirada.

—¿Cómo van por acá? —dijo la profesora Devil, acercándose a la mesa. Los chicos estaban callados. Ella miró la página del libro que tenían abierta y preguntó asombrada—: ¿De dónde van a sacar un elefante?

—No, profesora, no estábamos mirando ese hechizo —dijo Mankar, y señaló más abajo en la página—. Yo proponía las burbujas de fuego...

—Ah, sí —dijo Taz—. Genial, ese es muy atractivo. ¿Ya comenzaron a practicarlo?

—No... aún no decidimos nada —habló Mankar por los dos.

—¿Quién hará la parte del fuego y quién la del agua?

Haher negó con la cabeza con expresión incrédula.

—Bueno —dijo Taz—. Mankar, haz tú el hechizo de fuego y Haher, el de agua. Deben trabajar en equipo si quieren que funcione. Inténtenlo.

Mankar miró la página del libro y leyó el conjuro.

¡Fórmafoust!

El Rubí brilló. De la varita salió una simpática burbuja de fuego, que en un momento era gruesa y al siguiente tan delgada que casi se podía ver a través de ella.

De mala gana, Haher miró el libro y, con la varita en alto, pronunció:

¡Lancuamdúo!

Apareció una especie de aguja transparente, hecha de agua. Haher apuntó a la burbuja con su varita y, de repente, la aguja salió disparada. Atravesó el fuego y se esfumó. La burbuja estalló como fuegos artificiales.

—Genial, ¿cierto? —exclamó Taz—. Quiero que hagan algo más complicado. Podrían intentar varias burbujas y agujas al mismo tiempo. Practiquen y en un rato paso a revisar, ¿de acuerdo?

—Sí, señora —respondió Mankar. Luego le habló a Haher—. ¿Quieres hacer algo?

—Lo que sea.

Entonces Mankar comenzó a repetir el conjuro sin hacer caso a Haher.

¡Fórmafoust! —decía una y otra vez.

En cuanto había unas seis burbujas ya flotando en el aire, Haher empezó a pronunciar su conjuro. Las agujas atravesaban las burbujas y las hacían estallar con bastante gracia.

Mankar le sonreía a su tío, pero no recibía respuesta.

—Atención —oyeron decir a la profesora Taz, quien se aproximaba al frente del pizarrón—. Muy bien. Llamaré a cada pareja y quiero que pasen adelante y le muestren a toda la clase lo que han aprendido hoy —miró una lista y llamó—: Brafajarte y Jordan, pasen por favor.

Ricardo y Jessi se pusieron de pie y se dirigieron al pizarrón. Hicieron una simpática presentación, en la que Jessi se ocupaba de hacer salir de la punta de su varita líquidos de todos los colores, y Ricardo usaba un hechizo que funcionaba como aspiradora, de forma que absorbía el líquido tan pronto este llegaba a su varita.

La profesora quedó muy satisfecha con esta demostración.

—Pasen ahora... —dijo Taz, después de calificar a Ricardo y a Jessi— los señores Weasley.

Eso era demasiado pronto para lo que Mankar esperaba. Él y Haher se levantaron con actitud indiferente y se ubicaron uno frente al otro junto al pizarrón, como si fueran a batirse en duelo.

¡Fórmafoust! —exclamó Mankar, y una burbuja de fuego apareció en el aire. En cuanto vio que su tío iba a lanzar su hechizo, creó una burbuja más.

¡Lancuamdúo! —dijo Haher. La aguja de agua apareció, se dirigió a la primera burbuja... pero no la atravesó, sino que se evaporó al hacer contacto.

Haher miró a Mankar con dureza, mientras pronunciaba de nuevo el conjuro. Una nueva aguja intentó hacer estallar la burbuja, pero también se evaporó al tocarla.

—¿Qué haces ahora? —susurró Mankar.

—¿Yo? —respondió Haher disimuladamente—. ¡Eres tú el que le hace algo al fuego!

—¡Yo no estoy haciendo nada!

—A ver chicos, concéntrense más —los animó la profesora Devil.

¡Lancuamdúo! —exclamó Haher. Apareció una aguja más transparente, más gruesa y mucho más grande de lo normal. Salió disparada en contra de una burbuja y... la atravesó rápidamente.

En ese momento, pasaron dos cosas que no debían pasar: la aguja que Haher había creado no se esfumó al atravesar el fuego, sino que siguió directamente hasta Mankar, y lo golpeó fuertemente, empapándolo de pies a cabeza y haciéndole perder el equilibrio hasta tumbarlo en el suelo; por otro lado, la burbuja estalló como fuegos artificiales, sí, pero mucho más fuertemente de lo que debía, y las chispas se dispersaron por todo el salón, cayendo en cuadernos, mesas, e incluso las cabezas de los estudiantes, y empezaron a quemarlo todo, sin producir humo.

Mankar se levantó asustado, con la ropa empapada. Casi resbaló con el charco, pero de repente, toda el agua que había en el suelo desapareció.

La profesora Taz corría de un lado a otro, apagando el fuego lo más rápido que podía, antes de que causara un nuevo accidente. Los niños se levantaron y se dirigían angustiosamente hacia cualquier rincón donde no correrían peligro.

—Siéntense ya, chicos —dijo finalmente Taz, apagando las burbujas de fuego que aún quedaban frente al pizarrón, con un grueso chorro de agua—. Señores Weasley —les dijo seriamente—, ya saben que el objetivo principal de esta clase es aprender a controlar el poder mágico. No pueden de repente armar este alboroto si tienen problemas para que les salga un hechizo tan sencillo. Sé que no hace mucho tuvieron cierto problema, así que les pediré que tengan más cuidado. Por favor —añadió alzando la voz, cuando vio que Mankar se disponía a decir que de eso él no tenía culpa.

En ese instante, sonó la campana que daba por terminada la clase. Taz anunció que en la siguiente los esperaba con los hechizos compuestos completamente perfeccionados, y se retiró del salón apresurada.

—Esto es tu culpa —le dijo Haher a Mankar con dureza.

—¿Mía? ¡Si tú fuiste el que sacó esa cosa...!

—¡Entonces debiste hacer las burbujas tal como estábamos practicando!

Gonza y Jessi se acercaron, mirándolos preocupados.

—¡Yo estaba haciendo exactamente lo que debía hacer! —decía Mankar en voz bastante alta.

—¡Sí! Y también debías quemar mi club, ¿no es cierto?

—¡¿Cómo demonios quieres que te haga entender que yo no...?

—¡Oigan, basta ya! —exclamó Gonza.

Ambos lo miraron con sorpresa. Haher volvió a hablar, dirigiéndose a su sobrino:

—Sólo hay una forma de solucionar esto. Nos veremos en este mismo lugar, en cuanto comience el baile, y probaremos quién es quién, con un duelo de magos.

Y sin decir una sola palabra más, caminó hacia la puerta y salió del aula.

• • •

«¿Qué quiere hacer él?... ¿Quiere lastimarme?... ¿Tan grande fue mi error? ¿Tanto me odia?...»

—Mankis... no tienes que ir si tú no quieres...

Era una tarde bastante fría. El cielo estaba nublado y oscuro. La Sala Común de Gryffindor parecía tan simple... cualquier lugar habría resultado igual de inapropiado para pensar en todo lo que había pasado. Para Mankar era muy valiosa la compañía que Jessi le hacía.

Habría preferido pasar el tiempo lamentando el ridículo que hizo ese día en clase de Vuelo... Debía estar, como todos los demás niños, preparándose para el baile de Halloween, o admirando la majestuosa decoración que había en el Gran Salón, o al menos acariciando el gato que se encontraba debajo de la mesa a la que él se hallaba sentado, al cual ignoraba por completo.

—No quiero ir. No quiero hacerle daño...

—Eso Mankis, y tampoco te meterás en problemas —dijo Jessi sonriendo—. Mejor vas al baile y nos divertimos todos.

—«La única forma de solucionar esto»...

Jessi se quedó mirando a Mankar fijamente.

—Voy a ir —dijo Mankar, seguro—, pero sólo para hablar con él. Creo que no hay necesidad de enfrentarnos.

—Debes tener mucho cuidado...

Mankar asintió, pensativo.

Por más ganas que sintiera, por más motivos que tuviera para hacerle daño a Haher, Mankar era sencillamente incapaz de hacerlo. Debía de poderse solucionar sin necesidad de varitas...

Recordó cómo su héroe, Harry Potter, también había sido retado a un duelo de magos en su primer año, pero nunca se llevó a cabo. La trivia de Dumblemort le había recordado a Mankar muchas veces: «Según Ron, ¿qué era lo máximo que podían hacerse Harry y Malfoy en el duelo de magos?». La respuesta era... lanzarse chispas.

Él sabía que, para enfrentarse a Haher, no podría hacerle nada con chispas, porque sencillamente no era capaz de crearlas. Tendría que realizar algún hechizo de fuego, y a ese punto no quería llegar. Sería trágico si llegaba a perder el control como la noche antes de viajar a Harrylatino. Evitaría al máximo iniciar la lucha, pero de todas formas Mankar estuvo practicando todo el resto de la tarde un hechizo para usar contra Haher, pero uno que no le hiciera daño.

Faltaban diez minutos para las diez de la noche, hora en que Haher había programado el duelo. Gonza había intentado razonar con él desde que salió del aula, pero no logró convencerlo.

—¡Vamos, vamos mejor al baile! —le insistía Gonza a Mankar, en el dormitorio, terminando de vestirse para el baile—. ¡Deja a Haher solo! ¡No puedes seguirle ese juego! ¿Qué harás si te descubren? ¡Quizás hasta te expulsen, teniendo en cuenta todas las faltas que hemos cometido!

Mankar sonrió. Eso fue lo último que Gonza vio hacer, porque al siguiente segundo Mankar era completamente invisible a los ojos de los demás, gracias a que tenía puesta su gorra.

Tercer piso. Bajó esquivando a todos los niños que pasaban vestidos elegantemente, algunos en pareja, otros con su grupo de amigos.

Mankar entró al salón de Defensa Contra las Artes Oscuras. Estaba a oscuras y no vio a nadie.

—Pensé que no vendrías —dijo la voz de Haher, indiferente. A la luz de la luna que entraba por las ventanas, Mankar distinguió la silueta de su tío, quien se levantó de una mesa.

—Por eso somos Gryffindor, porque no nos escondemos, sino que enfrentamos nuestros problemas —respondió Mankar, con voz baja.

—Pero tú ni siquiera mereces estar en este colegio, mucho menos en Gryffindor —dijo Haher, alzando la voz—. No tengo idea cómo te las ingenias para hacer esa magia con fuego, y ni me interesa. Pero es hora de resolver esto de una buena vez —añadió.

—¿Qué resolvemos con esto? —preguntó Mankar, alterado—. ¿Qué más querías que yo hiciera? ¡No me voy a arrodillar ante ti, a pedirte perdón, si es lo que esperas, sólo porque salió mal un hechizo en clase de Defensa!

—¿Y quién dijo que era sólo por hacerme quedar en ridículo en frente de todos? —preguntó Haher, muy serio—. ¡Eso no ha sido lo único que has hecho!

Mankar lo miraba fijamente. El Rubí del Fuego empezó a brillar, y se notaba en la penumbra.

Haher sacó la varita. Mankar, instintivamente, lo imitó.

—¡Mankis, no! —gritó horrorizada la voz de Jessi. Mankar se volteó hacia la puerta y la vio parada detrás de él, con Gonza tomándola de los hombros, mirando fijamente a la muñeca de Mankar.

—Tranquilos, yo arreglaré esto —les susurró él. Luego, habló con voz fuerte dirigiéndose a Haher—: ¿Qué es lo que vas a hacer? ¿Me vas a lastimar? ¿Qué vas a hacer? —repitió.

—Voy a cobrar cuentas —respondió Haher—. Y lo haré como tanto te gusta —continuó, con tono sarcástico—. Apagaré tu fuego. ¡LANCUAMDÚO!

Mankar, por puro instinto, gritó con sus fuerzas el hechizo que había practicado, exactamente en el mismo instante que Haher había conjurado el suyo:

¡LANGFRADIUM!

De la varita de Haher no salió una aguja de agua, sino un brillante rayo azul, mientras que, de la de Mankar, salía un rayo de luz roja que se dirigía directamente a su tío.

Ambos hechizos se encontraron en medio del aire. En el punto donde se estrellaban, surgió un rayo más, de color dorado. La gema comenzó a brillar con una intensidad superior a la que jamás había tenido. La varita de Mankar vibraba con una fuerza tan poderosa que amenazaba con saltarle de las manos. El corazón de Mankar casi tenía el mismo movimiento.

—¡¿Qué estás haciendo? —chilló Haher. Se podía ver su plateado cabello brillante a través del rayo.

¡Priori incantatem! —gritó Gonza, con los ojos muy abiertos.

Mankar no era conciente de lo que estaba ocurriendo. Sujetaba fuertemente su varita, en una habitación ahora iluminada por rayos de tres colores diferentes.

Algo le pasaba al Rubí. Por algún motivo, Mankar tenía la sensación de que iba a explotar. Le comunicaba un dolor, que empezó sintiéndose como un pellizco, pero de repente se hizo muy fuerte, y le fue transmitido por todo el brazo. Pero no era lo mismo que había sentido en el avión de Harrylatino. Era otro dolor, soportable, que lo llenó de una fuerza que lo hizo sentir poderoso.

—¡Mankis! ¡Mankis, basta! —gritaba Jessi, desesperada.

No era capaz de romper la conexión. Tenía miedo de cualquier reacción de Haher.

Y entonces, cuando Mankar empezaba a comprender lo que ocurría con los hechizos, pasó lo que debía haber imaginado. La parte dorada que conectaba ambos rayos, de repente, hizo una especie de explosión, lanzando rayos dorados que se extendían como arcos alrededor de ellos, encerrando a Haher y a Mankar en una especie de cúpula dorada.

—¿Qué está pasando aquí? —exclamó fuertemente una voz de hombre.

Mankar desvió su varita con todas sus fuerzas, sobresaltado. Lo mismo hizo Haher. El rayo se partió en dos y se esfumó la cúpula. Ambos miraron aterrorizados a la puerta del aula. En ese momento, cualquiera habría pensado que la persona que estaba parada mirándolos a ellos dos era en realidad un boggart. Pero el profesor Riddle era tan real como cada uno de ellos.

—Explíquense —ordenó el profesor.

—Eh... yo... nosotros... —comenzó Mankar

—Hicimos una apuesta y... —tartamudeó Haher.

—Me enseñaba un truco...

—Queríamos mostrarlo en el baile...

—Así que era cierto... —susurró el profesor Riddle.

—¿Disculpe?

—Silencio —dijo Riddle—. No crean que no sé qué estaban haciendo. Ustedes dos estaban batiéndose en duelo. No me discutan —añadió, alzando la voz, cuando los chicos se disponían a responderle—. Los cuatro tendrán un castigo, acompáñenme por favor.

Jessi y Gonza estaban completamente callados, y miraban fijamente al profesor. Riddle señaló la puerta del aula y los cuatro chicos salieron. Los hizo subir las escaleras hasta el séptimo piso, y los guió a su despacho, en una zona que ellos no conocían.

—Así que era cierto... —seguía diciendo el profesor, pero los chicos no se atrevieron a preguntarle nada más.

El despacho de Riddle era un lugar que a Mankar le resultaba increíblemente familiar, pero no recordaba de dónde. Había polvorientos estantes iluminados a la luz de velas blancas, que hacían de ese lugar el último que alguien querría visitar la noche de Halloween. Un inmenso armario negro parecía que vigilaba la habitación desde donde se encontraba. En varias esquinas había escudos de Slytherin. Allí, la cara del profesor Riddle lucía espantosa. Daba miedo sólo mirarlo... Y sin embargo, Mankar pensaba que no era la primera vez que veía esa expresión.

—Iré a avisar a la profesora Sorceress —anunció Riddle—. Mientras ella llega, les pido el favor de que escriban en un pedazo de pergamino lo que han hecho hoy, admitan su mala conducta y lo firmen.

Riddle salió del despacho. Haher y Mankar mantenían la mirada en el suelo, pensativos. Gonza y Jessi no se atrevían a hablar.

—Perdónenme —dijo por fin Mankar—. Todo esto es mi culpa.

—No, yo soy el culpable —dijo Haher—. Nunca debí retarte al duelo.

—Pero... de todas formas yo participé en el duelo —respondió Mankar, con los párpados caídos.

—Lo hiciste para defenderte, no para hacerme daño —dijo Haher—. Yo fui quien lanzó primero el hechizo.

—Creo que lo hicimos al mismo tiempo...

—No debí enojarme por la demostración de la clase de Defensa...

—De no ser por mi actitud nada de esto habría pasado —insistió Mankar.

—Vean —interrumpió Gonza—, ambos tienen algo de culpa. Pero dejen de pensar en eso. Cada uno se ha equivocado, sólo deben intentar ponerse en los zapatos del otro. Ustedes son familia, y además son amigos.

—Haher —habló Jessi—. Yo sé que Mankar quiere hacer las paces. Te ha pedido perdón. Tienes que creerle que el no tuvo culpa en lo que le pasó a tu club.

Haher asintió mirando al suelo.

—Y Mankar, Haher también quiere que todo vuelva a la normalidad. En el fondo no le interesaría si fueras mago, muggle, o whity.

Mankar miró a Haher a la cara.

—¡Dense la mano! —dijo Jessi, parándose junto a ellos dos, y tomando el brazo de Haher. Mankar levantó la mano derecha tímidamente, y ambos la estrecharon. Sonrieron muy levemente, con expresión de disculpa. En ese momento, todo lo que Mankar había sentido en contra de Haher, se esfumó. El Rubí, que, aunque no tanto como durante el duelo, hasta entonces no había dejado de brillar, se apagó en el instante. Mankar se había calmado.

—No puedo creer que nos hayan descubierto —se lamentó Gonza.

—Parece que el profesor ya sabía... —comentó Jessi.

—¿Tú crees que alguien le dijo algo al respecto?

Se quedaron pensando dos segundos, y las cuatro voces pronunciaron una palabra: «Macnair».