¡La entrega del día!

Líndisima KathKolmer gracias por iluminarme (todos los días se aprende algo nuevo siempre lo he dicho), pero creo que me quedaré con el nombre en inglés.

Espero que les guste el Bokuaka, me alegra ver que es una pareja bastante popular!


RIMMING

BOKUAKA

La primera vez le ganó a Bokuto un golpe con la pelota en el rostro. La estrella de Fukurodani cayó al piso sobre su trasero, le hubiera dolido si lo último que vio no hubiera sido por lo que tenía frente a él.

La temperatura ese día era mayor a treinta y ocho grados, el equipo se había dividido en dos grupos, era su turno practicar con el nuevo armador de Fukurodani, Akaashi se había tomado un descanso y ahora estaba tomando agua, el chico de los ojos rasgados dejaba caer riachuelos de agua por su mentón; dejando a Bokuto hipnotizado, miró como el líquido cristalino se deslizaba por la curva de su labio, luego por el arco de su cuello hasta deslizarse por su clavícula y perderse en su ropa.

Por eso ahora se encontraba en el suelo, una mano en su rostro calmando el dolor.

Afortunadamente el remate no había sido hecho por el jugador más fuerte de todos… es decir… ¡él! Así que el daño pudo haber sido significantemente peor. Por eso sus compañeros de equipo no lo consideraron una emergencia.

—¿Estás bien, Bokuto-san? —preguntó Akaashi al otro lado de la cancha.

—Sí, sí…

Sacudió su cabeza y reanudó la práctica.

La segunda vez fue imposible de evitar, el armador oficial estaba calentando después de la práctica estirando sus piernas y brazos, alcanzando con sus manos el piso; dándole la espalda a Bokuto. Su moldeado trasero era como metal y sus ojos eran el imán; se encontró mesmerizado por las largas piernas de Akaashi y la manera como sus shorts subían muy ligeramente revelando la curva de sus nalgas.

Bokuto estaba corriendo alrededor de la cancha, liderando a su equipo para estirar post práctica. No notó la red en el suelo, sus piernas se enredaron hasta sus rodillas, y cayó de bruces al piso, su rostro se deslizó por el piso de madera por unos centímetros.

Todo el equipo se acercó esta vez.

—¿Bokuto? —preguntó Konoha.

Komi se rio a carcajadas.

Washio lo tomó de su brazo y comenzó a levantarlo, cuando el chico de cabello blanco irguió su cuello notó dos piernas frente a su rostro, Akaashi estaba sentado, apoyando su mentón sobre sus rodillas; Bokuto no era un mirón, pero el short del armador era holgado, pudo mirar la parte interna de su muslo y su ropa interior.

—Ah… ha… ¡A-Akaashi! —gritó cuando vio el rostro del armador, sentía calor en sus mejillas.

—Has estado particularmente distraído hoy, Bokuto-san —señaló, voz aterciopelada y calmante, la estrella quería ahogarse en ella.

—¿Ah? ¡Sí! —Aceptó la ayuda de Washio y se puso de pie rápidamente, con fuerza se aclaró la garganta—. ¡Hey, hey, hey! ¡De acuerdo, chicos, terminemos los estiramientos para finalizar la práctica!

—¡Sí! —gritaron todos los chicos al unísono, aliviados de ver a su capitán con su humor de siempre.

Bokuto esperó que todos los chicos se ducharan, de todas formas, él tenía la llave del gimnasio y era su deber cerrarlo. Quería un momento a solas para enfriarse; se secó el sudor con una toalla frente a su casillero. El sábado había recibido una invitación de Kuroo para probar la nueva cafetería al lado de la cuadra; los rumores decían que las hamburguesas de ese lugar eran lo suficientemente grandes para alimentar a un caballo.

Ambos capitanes tenían que averiguar si eso era cierto.

También debía hacer la tarea de matemáticas, pero no tenía idea de cómo realizar los problemas de los libros… debía de pedirle ayuda a alguien… ¿pero a quién? ¿Konoha? No, él era igual que él. ¿Sarukui? Definitivamente no, él seguramente le pediría una retribución como dinero.

¿Akaashi?

El armador era inteligente, seguramente él sabía cómo realizar esos problemas, además era amable y un buen chico, no le pediría nada a cambio. Otra ventaja es que pasaría más tiempo con el atractivo pelinegro, el pensamiento fue lo suficiente para despertar a su entrepierna; imágenes de la práctica de ese día que quería evitar chocaron con su mente con rapidez.

Las gotas de agua… la curva de su trasero… su ropa interior…

—¿Bokuto-san?

—¡¿Eh?! —gritó al escuchar la voz del armador de segundo año, notó que todavía vestía el uniforme para entrenar, sus mejillas estaban rosáceas por la actividad física—, ¿A-Akaashi? ¿No deberías haberte duchado ya?

—Hubieron algunas cosas que debía hacer antes, terminar el inventario y tal. —Lo miró a los ojos—. Soy el vice capitán, después de todo.

Akaashi sonrió, sus finos labios estirándose lo necesario para convertirse en una sonrisa encantadora, sus ojos se arquearon con alegría y se encogió levemente de hombros, Bokuto estaba seguro que el otro podía escuchar los fuertes latidos de su corazón.

Los miembros del equipo restantes salieron de las duchas, con sus mochilas en mano; uno por uno salieron por la puerta despidiéndose de su capitán y vice capitán, Bokuto, con cada adolescente que salía sentía que se despedía con los remanentes fragmentos de su control. El último en salir fue Onaga, cerró la puerta detrás de él.

Se giró, recordando pedirle al armador su ayuda para poder entender los problemas del libro de matemáticas; pero antes que pudiera decir algo Akaashi… ¡Se había quitado la camisa!

El rematador pudo ver como las escápulas se movían debajo de la expansión de piel, el perfecto arco que formaba su espalda, terminando en los dos hoyuelos en su espalda baja justo arriba de su trasero.

Bokuto quería probarlos.

—¿Qué haces? —Preguntó el capitán, incredulidad manchando su voz.

—¿No es obvio? —Contrarrestó el bonito pelinegro—. No me he duchado todavía, pensé que podíamos compartir el baño. Es bastante grande y somos dos chicos, ¿verdad?

Tenía un punto.

Se le ocurrió decir una excusa, pero fue perdida cuando vio el trasero desnudo de su menor. Se giró lo más rápido que pudo e hizo lo mismo, supuso que podía evitar verlo, así que se quitó su ropa y mirando al techo, siguió al adolescente de segundo año a las duchas.

Bokuto se adelantó al armador y tomó una casilla, para su infortunio (o suerte) Akaashi cogió el que estaba a su lado. Esto no podía ser una coincidencia, ¿o sí? Una pared que llegaba hasta su estómago separaba cada una. Así que no podía ver al de segundo año de las piernas hacia abajo.

Abrió el grifo y el agua comenzó a caer, se sentía bien en su caliente piel después del entrenamiento, el capitán podía sentir como la suciedad salía de sus poros, era calmante. Dejó de serlo cuando acordó que el armador estaba a su lado, restregando cada parte de él, la espuma caía por cada hendidura de su cuerpo. Era un espectáculo verlo, cuando Akaashi abrió los ojos, el capitán resumió su propia labor.

Con la esquina de sus ojos, hubiera jurado ver sonreír al chico.

—¿Qué es tan divertido? —preguntó Bokuto, curioso.

—Estás mirando.

El rematador sintió la sangre correr a su rostro.

—¡No es cierto! —Reclamó como un niño—. Estaba asegurándome que la puerta estuviera cerrada, es todo.

—¿En verdad?

—¡Definitivamente! —el capitán apretó sus ojos y frotó con más fuerza su cabello.

—¿Entonces, qué debo hacer para que lo hagas?

'¿Eh?'

Confundido, abrió sus ojos para entender mejor las palabras de Akaashi, solo para descubrir que había entrado a su casilla, ahora lo podía ver descaradamente expuesto, de pies a cabeza…

… ¿y duro?

—¿Has estado haciendo todo eso apropósito? —No era el más brillante, pero todo comenzó a caer en su lugar. La ropa, las posiciones… Akaashi deliberadamente había estado exponiéndose frente a él… de esa manera.

¿Por qué?

—Mira esos brazos —dijo en lugar de responderle, se acercó a su cuerpo desnudo y tomó su extremidad, el toque fresco levantó la piel de gallina—, siempre me ha atraído eso de ti, Bokuto-san.

Akaashi se acercó más, chocando su cuerpo con el de la estrella, la sanidad del capitán se transformaba en polvo con cada palpitación. Sintió en su muslo el miembro semiduro del armador. El de cabello blanco comenzó a imaginarlo, tomando esas posiciones solamente para que Bokuto se fijara en él.

Eso era lo suficiente para excitarlo.

El armador pasó sus manos desde sus bíceps hasta sus hombros y luego a su cuello, donde se encontró con sus otras falanges y los entrelazó; Akaashi se acercó a su cuerpo, juntando cada parte con Bokuto.

El capitán se tensó, las gotas de agua caían, humedeciendo su piel y la del pelinegro. El de tercer año sentía el toque de cada centímetro de su cuerpo deslizándose con el del armador, era celestial.

Sus manos tomaron el trasero de Akaashi y lo apretó, el bonito armador dejó salir el quejido más erótico que Bokuto había escuchado. No necesitó otra invitación, apretó nuevamente las nalgas del chico y besó su cuello, todavía podía probar el sabor de su piel, mezclada con el agua y jabón, el pelinegro estiró el cuello, exponiéndolo para él.

La estrella de Fukurodani trajo las caderas del pelinegro, juntando ambas entrepiernas, él volvió a gemir y Bokuto mordió su cuello. Akaashi envolvió ambas erecciones en su mano y comenzó a bombearlas, deslizando los falos, el agua y el líquido pre seminal hacían que estuvieran resbaladizas; el placer era intenso, el de cabello blanco encogió sus dedos de placer, respiraba forzosamente en el oído del menor.

—E-espera —jadeó el armador, su rostro estaba contorsionado en una erótica mueca capaz de hacer venir a cualquiera—… no quiero ¡ah! ¡Ah! Que termine todavía… Bo-Bokuto-san.

El de tercer año obedeció y besó los labios de Akaashi, mordiendo levemente el inferior, succionando con suavidad. El pelinegro dejó salir pequeños lloriqueos y gemidos. Bokuto siempre fue impaciente y demandante, así también eran sus besos; no notó cuando lo había llevado a la pared.

Llevó sus manos y los enredó en sus hebras blancas, el capitán gruñó de placer y devoró los labios del otro.

No fue hasta que escuchó el golpe húmedo que Bokuto notó, el otro chico se había caído.

—¡Akaashi! —exclamó, inclinándose al lado del armador— ¿Estás bien?

Luego, el pelinegro se rio, el sonido era ligero, adorable y contagioso.

Bokuto se enamoró.

—Sí, estoy bien —aseguró, riéndose—, mis rodillas comenzaron a temblar y el piso estaba mojado. Lo siento.

El rematador lo besó, esta vez más suave.

Fue sorprendido por una errante mano enrollándose en su duro miembro, Akaashi comenzó a masturbarlo y profundizó el beso. Bokuto gimió, trajo una mano para apretar el pezón del otro, él arqueó su espalda de la manera más hermosa, el capitán pensó que estaba mirando una obra de arte.

—Gírate —dijo la estrella, su voz ronca y gutural.

Akaashi lo hizo, de rodillas y apoyado en la pared llena de azulejos. El de tercer año besó su hombro, mordiendo donde podía, estaba seguro que él podía sentir su erección frotándose en su trasero, por la manera en que temblaba de anticipación.

El capitán comenzó a dejar un rastro de besos por el arco de su espalda, siguiendo las gotas de agua que caían como si fueran cristales deslizándose por su piel. Pensó que las pequeñas perlas recorriendo el cuerpo del armador se veían mejor que cualquier otra piedra preciosa.

Besó su espalda baja, Akaashi gruñó suavemente.

Separó las mejillas de su trasero y pasó su lengua por el pequeño anillo de músculo, el pelinegro gimió su nombre. Bokuto tomó el sonido como alentador y lo hizo otra vez causando que su pareja temblara, gimiendo su nombre.

Depositó otro beso en la espalda baja, intentando relajar el cuerpo del adolescente mientras metía un dedo en el estrecho agujero. Lo hizo, introduciéndolo hasta el nudillo, Akaashi movía sus caderas para intentar encontrarse con los movimientos de Bokuto.

El de tercer año sacó el dígito y lo reemplazó con su legua, metiendo el músculo resbaladizo en su entrada. Bokuto sentía como se contraía a su alrededor y solo lo alentaba más. Akaashi jadeaba y pequeños gemidos caían de sus labios, el capitán estableció un paso, cogiéndolo con su lengua. El cuerpo del armador daba pequeñas convulsiones, estaba dolorosamente duro y él también.

El cuerpo del pelinegro se tensó y gritó, viniéndose en las losas de la ducha. Bokuto siguió lamiendo el hipersensible agujero causando que Akaashi gimiera por la estimulación.

Colapsó en el piso, jadeando y con ojos cerrados; el capitán se lamió los labios.

—Eso… —Intentaba decir sin aire en sus pulmones—… eso fue… ¿dónde aprendiste a hacer eso?

La estrella lo pensó en momento.

—No sé —contestó con sinceridad—, solo sabía que quería besarte ahí.

Las mejillas de Akaashi se colorearon de rosa y Bokuto sonrió de oreja a oreja.

El armador estaba apoyando su espalda a la pared, miró la entrepierna del rematador, todavía estaba duro. Lo tomó en su mano y lo acarició unas cuantas veces

—Ven, ahora es mi turno.

Rodeó el miembro con sus falanges y lo dirigió a su boca.

Cuando Bokuto sintió el delicioso calor húmero envolver su erección, pensaba que definitivamente: debía existir un Dios.


¿Qué tal les pareció?

Hagánmelo saber en un lindo review (y si son un poco tímidas podrían mandarme un saludito en anonimo uwu)

Siguiente día: "Dulce y apasionado" y será Daisuga.

Nos leemos luego