DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia es solamente mía.

"In the shadows"

FRAILTY
(Fragilidad)

Y te oigo llamarme, todavía te debo de estar esperando,
incluso cuando sé que esto ya está acabado,
no puedo evitar buscarte…

Prendí fuego a la lluvia, y nos lancé a las llamas,
entonces sentí algo morir,
porque sabía que sería la última vez.
La última vez…
Oh, no,
déjala arder, oh,
déjala arder…
déjala arder.

[Set fire to the rain - Adele]

La música explotaba en mis oídos, sus manos recorrían mi cuerpo acompasado por la fuerte tonada que se escuchaba.

Las luces se movían de un lado a otro rápidamente. Eran una mezcla de colores encantadores. Garrett estaba detrás de mí. Estire mis brazos acercando su cabeza a mi cuello. Su nariz rozaba mi cuello mientras yo seguía moviéndome en círculos y agitando mis brazos. Podía sentir que en cierta forma era libre. Sólo eso. Libre.

Garrett sonreía en mi cuello dejando su cálido aliento extenderse sobre mí, haciéndome estremecer. Olía a tabaco y menta. Delicioso. Mis manos se enredaron en su pelo haciendo círculos por ella. Bailaba tan bien. Era simplemente un pecado no hacerlo con él. Moviendo mi cuerpo de esa manera esquivaba todo lo que me atormentaba.

Dejamos la pista de baile dirigiéndonos hacia nuestra mesa. Garrett tomo mi mano y la junto con la de él. Nos sentamos en la mesa redonda, no antes de que Garrett me tomara por sorpresa y estampara sus labios sobre los míos. Su mano fue bajando por mi cadera, hacia el nacimiento de mi culo y dándole un fuerte apretón.

—¡Váyanse a un motel! —Nos gritó Jane riendo.

Ella había venido con nosotros junto con su nueva "novia" Renata. Los ojos de Jane iban desde mí hasta Garrett. Ella sabía cuales eran mis propósitos con él. De reojos podía ver como sonreía y negaba con su cabeza. Para completar el plato al frente de nosotros estaban nada más ni nada menos que Alice y Edward. La sonrisa de suficiencia y descaro que manejaba él hacían que me calentara hasta lo más profundo de mí. Alice estaba enfrascada en su conversación sobre su nueva fundación para jodidos perritos sin hogar. La dulce y noble Alice Brandon donaba su dinero para causas perdidas y bla, bla, bla. Sólo quería que cerrara su puta boca de una vez. Una fugaz idea paso por mi mente.

Estire mi mano a través de la mesa derramando el vaso que estaba enfrente de Alice. Ella salto sorprendida mientras todo el alcohol se vertía en su puto vestido de marca.

Reí por dentro. ¡Toma esa perra!

—¡Oh, Alice! Lo siento tanto, tanto amiga —dije mientras le ofrecía una servilleta—. No lo vi. Oh por Dios. En verdad lo siento.

Jane contenía su risa porque sabía que lo había hecho con intención. La miré y levante mis hombros dando una sonrisa tipo fue-un-accidente. Ella me cerró un ojo mientras tomaba su trago para disimular su risa.

—No te preocupes, amiga. Yo sólo lo limpiare —me dio su estúpida sonrisa negando en mi dirección—. No te preocupes, cariño. Con permiso. —Dijo mientras se dirigía a los baños.

Perra odiosa 0, Bella 1.

—Así es que… ¿están saliendo? —Dijo Jane señalándonos—. Porque déjame decirte guapito que sin mi aprobación no llegaras muy lejos.

Todos en la mesa rieron, pero no podía apartar mi mirada de Edward. Él estaba bebiendo su trago. La manera en la que lo hacía, dejando sus labios sobre el vidrio del vaso, tomando lentamente el líquido, bajando por su garganta, mientras que su manzana de Adán subía y bajaba. Me estaba torturando.

Pero este juego se puede jugar de a dos.

—Oh, bueno Jane, eso no lo sabía. —Dijo Garrett riendo. Pasó su brazo por mis hombros, dejándolo ahí—. Aunque esa pregunta no la puedo responder yo.

Jane dio un grito, golpeando la mesa con sus manos haciendo un sonido de tambor. —Muy bien. Entonces Swan, suéltalo. Sin anestesia, nena.

Giré mi cabeza quedando frente a Garrett mirándolo. Me lo había pedido, más de una vez de hecho, pero nunca le había dando una respuesta verdadera. Siempre le decía que lo tenía que pensar.

Deslicé mi mano por su rostro, acercándome más a él. Pose mis labios sobre los suyos, rozándolos. —Supongo que sí —dije y lo bese. No fue un beso dulce ni tierno, no señores, fue rudo y caliente. Su lengua y la mía estaban mezcladas una con la otra mientras que su mano se ponía detrás de mi cabeza acercándonos mucho más. Pasé su lado del asiento quedando casi sobre él. Sus manos bajaron por mi cuerpo ayudándome a sentarme sobre él.

—Ok, ok, ok. Creo que a todos nos quedo claro. ¿O no Cullen?

Edward le dio una mirada que parecía encantadora, pero yo sabía muy bien que era del tipo del cual te estaba haciendo mierda por dentro.

—Felicidades a la pareja —dijo levantando su vaso—. Un brindis por los dos.

Luego de un montón de copas más por parte mía, de Jane y Edward, decidí que era tiempo de irse. Le susurré a Renata que por favor se hiciera cargo del bulto que era Jane y se la llevará a casa. Ella amablemente acepto llevándosela a tirones. Estaba tan ebria que lo más seguro es que no se acuerde de nada mañana. Nos despedimos entre todos y ya casi al final, cuando nos íbamos me incliné para recoger mi bolso, en el descuido, Edward apareció por detrás enterrando su pelvis en mi trasero. Subí lentamente rozando mi cuerpo con su pecho por mi camino.

—Muy buen trabajo, bebé. —Me susurró en mi oído.

.

.

.

.

.

.

.

Estoy sola en mi departamento. De nuevo, lo extraño. ¿Pensará en mí? ¿Me extrañará al igual que lo hago yo?

Dijo que me llamaría. Edward, Edward, Edward. Suspiro y dejo el teléfono a mi lado. Camino de un lado al otro como león enjaulado.

¿Llamará?

Me duermo con el teléfono a mi lado y lo último en que pienso antes de quedarme inconsciente es en sus ojos.

La inesperada vibración de mi celular me despierta. Es un mensaje de Alice invitándome a su casa. ¡Agg! Quiero decirle que se vaya al mismísimo infierno, que me borré de sus contactos y que se olvide de mi existencia.

Pero no. Soy más sensata que eso. Así que levanto mi trasero de mi cálida cama y me arreglo para ir a su casa.

Camino por las solitarias calles, el sonar de mis tacos al chocar con el cemento crean un ritmo que hacen que me pierda. La gélida brisa que trae el viento es como una suave caricia que recorre mi cuerpo. No sé a dónde me llevan mis pasos, lo único que sé, es que no quiero llegar todavía a la casa de ellos. Es temprano en la mañana, probablemente ella le esté sirviendo el desayuno, probablemente están compartiendo juntos un agradable momento, susurrándose palabras, ella pasando su asquerosa mano por su cabello, dedicándole estúpidas sonrisitas al pasar y diciéndole patéticas palabras de amor.

Definitivamente algo que quería evitar a toda costa.

Llegue hasta el parque central. Las palomas tienen invadido el lugar creando una especie de ola ploma que se esparce por todo el lugar. Me siento en uno de los bancos y suspiro. Ante mi vista veo pasar una pareja. Ella, mucho más joven que él, está aún con su uniforme, de seguro salto sus clases para estar con él. Cierro los ojos. Eso me recuerda tanto a lo que solía hacer yo. Levanto mi vista al cielo, el cual está repleto de nubes. Nubes de múltiples formas. Y al igual que la pareja, esto me hace recordar a las incontables veces que pasábamos Carlisle y yo recostados sobre el pasto observando las nubes. Él tenía muchas más imaginación que yo, por supuesto, encontrando las mejores formas y sacándome montones de sonrisas.

De pronto recuerdo que él está en la ciudad. ¿Por qué habrá vuelto? ¿Por mí? Intento controlar a mí escurridiza mente sobre crear estúpidas teorías del porqué de su regreso.

Me levanto y hago algo que no había hecho en años: me recuesto en el césped. Está frio aún. El olor a hierba mojada inunda mis fosas nasales. Doy una fuerte inhalada, llenando mis pulmones con el aire del parque. Levanto la mirada hacia el cielo. Esta más celeste de lo que recordaba. Pero esta vez no les hallo ninguna forma, sólo veo pedazos de esponjosa masa en él. Mi labio tiembla y los aprieto evitando que las emociones salgan. Cierro los ojos, sin embargo, siento como una solitaria lágrima baja por mi rostro.

Definitivamente es un conejo. Sí, un conejo.

Rio.

Estás loco, no es un conejo. Es una Liebre digo tan sólo para llevarle la contraria. Carlisle ríe conmigo negando con su cabeza.

¿Y se puede saber cuál es la diferencia entre un conejo y una liebre?

Entrecierro mis ojos, dándole una enojada mirada. No te pienso decir y definitivamente es una LIEBRE. Fin de la discusión. Perdiste.

Se gira quedando más cerca de mí, descansando su cabeza en sus manos y me sonríe.

De lo único que estoy seguro es de que eres una pésima perdedora, Bella mala perdedora Swan.

Y sin dejar de sonreírme se tira sobre mí encarcelándome con su cuerpo. Sus manos recorren todo mi cuerpo haciéndome cosquillas, chillo por la sorpresa y me retuerzo entre sus brazos. Soy incapaz de decir palabra alguna y mis risas se convierten en suspiros que dan paso a los gemidos y al instante siguiente siento sus labios sobre mi cuello, marcando todo a su paso. Me dejo llevar por la placentera sensación de sus labios sobre mi piel sin importarme la marca que deje en él. Sus manos continúan su recorrido, encendiéndome.

Tomó su rostro entre mis manos y lo acerco desesperadamente a mis labios. Lo beso, lo beso y lo beso, como si la vida se me fuera en ello y me aferro a él no queriéndome alejar nunca de esa sensación de confort. Él se separa un poco de mí, pero nunca abandonando mis labios. Sus ojos se ciernen sobre los míos, desarmándome. Queda completamente sobre mí y pone sus brazos a los lados de mi rostro. Acerca más sus labios a los míos, rozando su aliento. Cierro los ojos y siento como mi corazón se acelera por la sola manera de tenerlo conmigo.

Estoy contando los días para que seamos solo nosotros. Sin nadie más.

No puedo estar más de acuerdo en eso. Tengo un calendario en mi cuarto en el que día a día tacho líneas sobre él restando los días de condena que me queda por pagar. Paso mis manos por su pelo, entrelazando mis dedos con su cabello y acercándolo más mí.

Abro los ojos de golpe dejando caer infames lágrimas sin sentido. Con mis manos aprieto el pasto, tirando de él con fuerza y rabia. Mucha rabia. Me doy la vuelta, abrazando mis piernas acurrucándome conmigo misma. Intento acallar los gritos que explotan en mi cabeza. Sus gritos.

¡Para! ¡Para! ¡PARA! Gritaba Carlisle.

Estaba tan cansada de toda esta mierda. Quería acabar con todo, ya. Mis manos destrozaban todo lo que a su paso hallaban. Gritaba y gritaba. Rompí los casi inexistentes e insignificantes muebles del cuarto de motel. Rompí las sabanas, rompí los platos, tiré nuestras ropas. Quería quemarlas, quería ver arder todo este maldito lugar con él entre las llamas.

Te odio, te odio, ¡te odio!

Sus manos quisieron aprisionar mis brazos como siempre lo hacían, pero no se lo permití. Luche con todas mis fuerzas. Di fuertes golpes sobre su pecho, descargando mi ira en él. Todo esto me tenía enferma.

Haz que se detenga, por favor… por favor… susurraba como demente. Con mis manos en puño daba golpes sobre su pecho.

¡¿Qué mierda te pasa?! ¡¿Qué está mal contigo?! —Me gritó.

¿Qué está mal conmigo? —Dije en voz baja moviendo mis manos—. ¡Qué mierda está mal contigo! —Grité—. Creías que no me iba a dar cuenta. ¿Tan estúpida crees que soy? Yo confiaba en ti, mierda, ¡CREÍ EN TI! ¡Dejé TODO POR TI! Me quede en este infierno porque te amaba, imbécil. Y es así como me pagas.

Las lágrimas no paraban de salir. Quería gritar, gritar y gritar. Carlisle se quedó allí, perplejo. Él sabía que lo había descubierto. Negó con su cabeza y comenzó a meter su ropa en su bolso.

Qué… ¿qué estás haciendo? —Pregunté nerviosa.

Él no dijo nada. Siguió moviéndose por la habitación hasta que tomo el bolso poniéndolo sobre sus hombros y abriendo la puerta. Algo en mi hizo ¡clic! Corrí y me aferré a él como si la vida se me fuera en ello.

No me puedes dejar, no, no, no.

Carlisle me tomó por mis hombros fuertemente. Su mirada ya no era la misma. No. Me miró como si yo no valiera nada. Como si fuera una mugre que estaba quitando de su zapato.

—Hemos acabado, Isabella.

Y me tiró al suelo.

¡Carlisle! ¡Carlisle! ¡Carlisle!

Grité arrastrándome por el suelo, acabando conmigo.

Carlisle…

Creí que había aprendido a hogar a mis demonios, pero los malditos aprendieron a nadar, saliendo a flote. Me quede allí por un largo rato más hasta que ya no pude conmigo misma y me encaminé en dirección a la casa de los Cullen.

A mi llegada la empleada de la casa me abre la puerta diciéndome que la "señora" me espera en su habitación. Ruedo los ojos. Ella está sentada en la cama con sus manos en su rostro.

—¿Alice?

Ella me dio una débil sonrisa, abrazándome. Se notaba que había estado llorando.

—Que bueno que llegaste. Yo… yo tengo algo que contarte. —Tomó mis manos y me sentó en la cama a su lado—. Mmmh… no sé cómo comenzar. Es sólo que estoy tan nerviosa, toda por fin está saliendo como quiero y quiero que tú estés a mi lado, como siempre, Bells.

—¿De qué hablas, Alice? —Pregunté nerviosa, ella me ponía nerviosa.

—Hace mucho tiempo queremos con Edward tener un bebé y…

—¿Qué? —Dije con un tono que no debía haber de ocupado. Estaba loca. ¿Esa perra quería tener un hijo con él? ¿Y por qué mierda Edward no me había dicho?

—Bueno, no te había dicho porque… porque nos ha costado tanto —comenzó a llorar y yo no sabía qué hacer. Puse tímidamente mi mano sobre su hombro, conteniendo mi respiración—. Ha sido un tiempo difícil para nosotros pero ahora, ay Bells, ahora hemos decidido que lo tendremos, no importar si es de nuestra sangre o no.

El aire parecía más pesado, me costaba en verdad respirar. Pequeñas punzadas se clavaban en mí. Bastardo, no me había dicho nada. Definitivamente esto no estaba en nuestros planes.

—Me han llamado del orfanato. Sólo nos queda un par de trámites más, pero Dios, quería que lo supieras. —Tomo mis manos juntándola con las de ellas—. Hoy tengo que ir para allá. Te necesito Bella. Estoy tan nerviosa ¡voy a ser mamá!

No pude hacer nada más que sonreír. De pronto me abrazo y siguió llorando para lo que para mí fue una eternidad.

.

.

.

.

.

.

.

Alice estaciona el auto cerca de una vieja granja. Y de nuevo siento aquella brisa que me ha estado acompañando desde ya hace un tiempo. Doy un sonoro suspiro y me bajo del auto. No sé por qué estoy tan nerviosa. El lugar en sí me pone de nervios. Alice toma mi mano y le da un apretón. Juntas caminamos hasta la entrada. La casa se ve pobre. La puerta es un improvisado pedazo de cartón que se mueve. El hedor del lugar me golpe al instante provocándome nauseas. Alice sigue firme el camino hacia dentro del recinto. Montones de niños se ven al pasar e incluso un grupo de ellos pasa corriendo por nuestro lado. Pero ella busca con la mirada a alguien en especial. Quiero preguntarle qué es lo que busca con tanto anhelo, su mirada se posa de niño en niño. Da rápidos pasos entrando en cada habitación de la granja.

Sigo con mi mirada a Alice. Ella se acerca hasta una pequeña niñita, me es familiar su rostro. Me acerco más a ellas y la reconozco: es Leila.

Ahora se ve diferente. Muy diferente. Lleva ropas más andrajosas, su mirada es triste y puedo notar lo descuidada que esta. Alice la acaricia diciéndole tiernas palabras. La niña me reconoce y se acerca a mí. Sus profundos ojos me escanean por completo. Quiero decirle algo, pero no puedo.

Cada vez que la veo es como si algo me atrajera a ella pero a la misma vez una fuerza me aparta, diciéndome que me aleje.

Leila gira su rostro para ver a las monjas que la llaman y es en ese instante que quedo congelada por lo que veo.

—Leila —la llamo. Con mis manos temblorosas tomo el collar que cuelga de su cuello.

¿Un collar? Le pregunto sonriente.

Una promesa, nena. —Me dice Carlisle.

Tomo entre mis manos en el pesado medallón. Tiene forma de corazón tallado. Carlisle lo abre ante mis ojos y lee lo que dice:

Fire.

¿Fuego?

Fuego. Como nuestro amor. Como el fuego. Porque lo nuestro nunca se extinguirá, nena. Y de así serlo renacerá de las cenizas.

—¿Bella? —Pregunta Alice.

—¿Es tuyo? —e pregunto a Leila demasiado enérgica.

La pequeña asiente asustada.

Y dejando salir a mis peores demonios abriendo el medallón, acabando con mi cordura.

—Fire. —Leo sin aliento.

.

.

.

.

.

.

.


OOOOOK chan chan chan (jiji me encanta decir eso) ¿Qué les pareció? ¿Será o no será Cosa? *u* sintonícenos en este mi canal para saberlo xD Espero leer sus opiniones ;)

Primero que nada me parece que algunas personas no entendieron que el capítulo anterior era un recuerdo de Bella, o sea, paso antes de que conociera a Edward y por ende él no es el papá de Cosa ni ella se quedo con el bebé. Muchas chicas me han dicho que qué va a pasar con el bebé o si Ed es el papá. Lo sé, lo sé, soy pésima explicando pero que quede claro que el cap pasado sólo fue un RECUERDO sólo eso :D

Muchas gracias a todas las que dejan un RR, son el cielo, la luna y el sol :3

Y aprovecho el momento para decirles que estoy participando en el contenst: La batalla de los os, oh sí, es mi primera vez haciendo uno y déjenme decirles que me salió todo mi lado mamon y cursi que no sabía que tenia xD Les dejo el summary para que paseen a leerlo ¿siii? ;)

Sin nada más que decir me despido

Con cariño Nala

Junto al Lago

(Mi OS en competencia)

Summary: Luego de una discusión, Isabella reflexiona sobre lo que ha sido su vida junto a lo que ella cree es el amor de su vida. Pero tendrá que dejar al descubierto sus sentimientos para salvar su matrimonio, su vida y al hombre que ama.