Capítulo VI
Los caídos
Ambas chicas salieron de la habitación, pusieron en práctica su talento actoral e intentaron aparentar naturalidad.
Estaban por despedirse cuando Nevra apareció por el corredor. Ambas jóvenes lo observaron por un breve instante para después lanzarse una mirada cómplice.
—Creo que es momento de que me vaya— anunció la elfo.
Yunel se tensó cuando el vampiro se colocó a su lado, le dirigió una mirada suplicante a Aretha: "No te vayas" rogaba mentalmente.
—Me gustaría seguir conversando, pero mi hermano ya debe estar esperándome…— Aretha miró su reloj para después disculparse visualmente ante la implorante expresión de Yunel.
—Entonces… nos vemos después…— sonrió falsamente la humana.
—Sí, hasta luego…— se dirigió cordialmente a la pareja y se alejó por el pasillo no sin antes dirigir una mirada de confabulación a Yunel.
Flash Back:
Ambas chicas salieron de la habitación, pusieron en práctica su talento actoral e intentaron aparentar naturalidad.
Estaban por despedirse cuando Nevra apareció por el corredor. Ambas jóvenes lo observaron por un breve instante para después lanzarse una mirada cómplice.
—Creo que es momento de que me vaya— anunció la elfo.
Yunel se tensó cuando el vampiro se colocó a su lado, le dirigió una mirada suplicante a Aretha: "No te vayas" rogaba mentalmente.
—Me gustaría seguir conversando, pero mi hermano ya debe estar esperándome...— Aretha miró su reloj para después disculparse visualmente ante la implorante expresión de Yunel.
—Entonces... nos vemos después...— sonrió falsamente la humana.
—Sí, hasta luego...— se dirigió cordialmente a la pareja y se alejó por el pasillo no sin antes dirigir una mirada de confabulación a Yunel.
Flash Back:
La batalla había dejado bastas y entrañables bajas en toda Eldarya. Mayoritariamente los más fuertes habían perecido en un intento por proteger a sus seres queridos, su tierra y su valioso núcleo (el cristal) corrieron con la misma suerte ante el ejercito de bestias infernales con sed de sangre. Los que restaron se vieron en la necesidad de atravesar los portales que conectaban a su viejo hogar (la tierra humana) para aventurarse en una misión que no terminaría hasta hallar los pedazos de cristal que habían sido arrojados por entes desconocidos y malévolos en un intento desesperado por salvar su botín.
No hubo tiempo de analizar o planificar, varios portales se abrieron en distintos puntos de Eldarya, los atacantes huyeron por aquellas brechas dimensionales o en su defecto lanzaron el botín a la suerte cuando se vieron derrotados por la muerte.
En segundos las grietas se cerraban, los más cercanos a ellas tuvieron que lanzarse a lo desconocido. No importó la fuerza, jerarquía o inteligencia, tampoco valió que tuviesen familia o una legión que cuidar. Recuperar el cristal era una prioridad vital que garantizaría la supervivencia de sus allegados y su hogar.
Su mundo fue derruido, los cementerios se saturaron y tuvieron que ampliarse para dar digna sepultura a los "afortunados" abatidos, pues de algunos ni sus cenizas quedaron.
Innumerables heridos (muchos de muerte) acapararon la atención de los escasos sanadores sobrevivientes. Los adiestrados en la medicina y enfermería también se vieron sobrepasados por la situación, sus manos no abarcaban la gran demanda de salud.
Eldarya perdió gran parte de su población, el sector más afectado fue la Guardia de la Anguila que había sido el blanco principal. Temiendo un segundo ataque al Cristal central y viendo el desabasto "humano", todas las localidades enviaron personal de apoyo para compensar las bajas y poblar la milicia.
Raissa lidiaba con el miedo y la zozobra de una desconcertada urbe, una política inestable, un peligro latente y un inminente ataque.
—Prepárense, ellos volverán...— fueron las últimas palabras que le dedicó su líder (y amigo) a la poderosa hechicera Raissa antes de cruzar el portal junto con su hermano y legarle su puesto.
Miiko y Leiftan se volvieron un apoyo incondicional para la nueva líder. Eudor se vio en la necesidad de viajar por toda Eldarya con los 4 curanderos restantes en una campaña cuyo objetivo era salvar la mayor cantidad de vidas posibles.
Eweleïn tomó abruptamente la dirección en la enfermería, sus milenarios y vastos conocimientos medicinales le permitieron afrontar y sobrevivir al caótico paisaje.
No hubo un curso de inducción o algún lapso de preparación. Tuvieron que atenerse a las inesperadas decisiones y adaptarse a los cambios: solo les restaba confiar en sí mismos y pensar que todo saldría bien.
Aretha contemplaba a su hermano mayor (la viva imagen de su padre) ir de aquí para allá, rebuscando papeles, recitando conjuros y preparando pociones. Su expresión severa delataba su preocupación y nerviosismo.
—Listo—Aretha le indicó una fila de pócimas —puedes darme la siguiente ronda—
—¿Ah? — Kunaq miró con incomprensión a su hermana— ¡Ah! — revisó el contenido y el gramaje de cada frasco. Un milímetro más o menos y su efecto se desfasaría.
—¿Sabes?...Insultas mi capacidad intelectual— Aretha se cruzó de brazos y arqueó una ceja.
Aunque fuese joven; su inteligencia y constancia en los temas herbolarios y alquimistas se podían comparar con los de cualquier miembro del C.G..
Kunaq le dirigió una leve sonrisa y le despeinó su blanca cabellera en modo de disculpa. Se giró y continuó con su letanía de conjuros.
—¿Todo bien? — cuestionó Aretha al no poder soportar el silencio de su hermano (obviamente algo le angustiaba).
Comprendía la incorrecta formulación de su pregunta, pues con los acontecimientos recientes ¿Quién iba a estar bien?.
Analizar los hechos la hacía sentir afortunada, era de las pocas personas que no habían sufrido una defunción.
—Es la carga de trabajo...— sonrió de forma tenue— Nada por lo que debas preocuparte—
La falsa confesión de su hermano le desconcertó; algo malo le ocurría.
—Kunaq...¿Sabes que soy tú hermana favorita? y ¿Qué puedes confiar en mi? —
—Aretha eres mi única hermana, eso te deja con el primer y único puesto—
—No está bien ignorar así a Arsen— discrepó con falso arrepentimiento la albina.
—Sabes a lo que me refiero...— sonrió por lo bajo— Les quiero por igual...— inesperadamente la estrujó entre sus brazos.
—Y eso... ¿Por qué? — le dirigió un mirar rosado inquieto.
—Esto le urge a Eweleïn— Le entregó una caja con diferentes pócimas y amasijos, posteriormente la empujó a la salida — Aún te quedan más por entregar— tras decir esto cerró la puerta, dejando a Aretha consternada: "Algo anda mal..."
—Algo está mal con Kunaq— le expresó a su gemelo antes de ir a descansar.
—Algo está mal con todos...— respondía desalentado— ¿Cómo lo haces? — reprochó.
Aretha se limitó a observarle con duda:
—Parece que la muerte de la mitad de nuestro pueblo no te afecta...— Arsen la miraba con decepción— Lander perdió a dos tíos... hoy en la enfermería murió un pequeño y una madre que dejó huérfanos dos recién nacidos... y ¿Tú?... —miraba a su hermana con incredulidad.
—Siento que hayas presenciado eso— Aretha le miró con frialdad.
—Nada... ¿Nada te conmueve? — expresaba estupefacto Arsen ante la conducta impasible de su hermana.
—Si permito que me afecte no podré resistir las desgracias venideras— explicó Aretha sin inmutarse.
Un cúmulo de sentimientos atacaron la restante fortaleza de Arsen, jamás imaginó que su acogedora tierra viviría tiempos tan caóticos.
—Recuerda la advertencia de Yonuki...— prosiguió Aretha— no es momento de flaquear, ocúpate por los que aún puedes salvar, los que estamos vivos—
—¿Por qué no nos advirtió del ataque? ¿Por qué se fue al bajo mundo? ¿Porqué...?— Recriminó Arsen sin miramientos ante la vorágine de emociones y pensamientos que estremecían su mente. Una palmada en la frente por parte de su hermana lo silenció
—¡Insensato! —Aretha lo miró con severidad— Yonuki no era el único que poseía el don de la premonición, tampoco era su deber ser un omnipotente adivino— Arsen estaba a punto de protestar pero la dura mirada de su gemela le hizo callar— Nadie con el poder de la premonición fue capaz de divisar el ataque. Él oráculo tampoco pudo advertirnos de tan poderoso enemigo— esperó a que su hermano respondiera, pero al solo recibir silencio decidió terminar la discusión— No hay culpables Arsen, pero si privilegiados como nosotros—el aludido la miró con incomprensión—Nosotros no perdimos a nadie— finalizó con a una apaciguada voz gélida y continuó su rutina nocturna.
La mañana siguiente la madre de Aretha le informó que Miiko requería su ayuda.
Obedeciendo el mandato, se dirigió a la sala de cristal donde su hermano también aguardaba por la misma consigna.
—Ayer escuché a Kunaq discutir con nuestros padres— Lander rompió el silencio; satisfactoriamente recibió una mirada curiosa...
"—Es necesario que actúe— imploraba Kunaq.
—Como tu padre y jefe de la guardia Absinthe te prohíbo que te acerques a Raissa o a cualquier superior— ordenaba Magnus con su imponente voz.
—No tienes tanta autoridad...— se defendía Kunaq— fue un error haber recurrido a ustedes—
—¡Para ya Kunaq!— exigía Victoria— Es inverosímil e improbable, no puedes actuar en estos momentos de esta manera. Nuestra situación ya es complicada, y tú paranoia solo generaría pánico colectivo...—"
—Fue todo lo que escuché— resoplaba Arsen— Kunaq salió hecho una furia—
Aretha sostenía su mentón; Kunaq difícilmente perdía los estribos (especialmente con sus padres).
—¿Estamos bien?— Arsen interrumpió sus reflexiones.
—Ya olvídalo— respondió con una especie de indiferencia mezclada con amabilidad.
Arsen sonrió; él que la conocía tan bien, identificaba ese gesto; "Lo había disculpado". Solo ella podía mezclar la indiferencia con la amabilidad, la alegría con la frialdad; entre otras incompatibles cosas más: "ese era el encanto de su personalidad".
Varias voces alebrestadas provenientes de la sala de cristal llamaron su atención, sin poder contenerse se acercaron a la puerta que les impedía el acceso y pegaron sus puntiagudas orejas a ella.
—Deben hacer algo...él va...él va— identificaron la histérica voz de Kunaq.
Los elfos se miraron contrariados, jamás lo habían escuchado tan fuera de control.
—Tranquilízate— pedía pacíficamente Leiftan.
—¡No!...¡no!...¡¿Quieren que me tranquilice con la presencia de ese asesino? ¡¿Por qué no lo arrestan? ¡— carraspeaba Kunaq de tanto gritar.
—No comprendo...¿Hice algo que te perturbara o dañara? —
—No te hagas el inocente Nerón, no caeré en tu juego...—
—Kunaq tus acusaciones son muy graves, no podemos basarnos en tus...— explicaba con estoica paciencia la nueva líder.
—¡¿Delirios!? ¡¿Alucinaciones!? ¡¿Qué sinónimo relacionado con la locura piensas atribuirme?! —
—No desconfío de tu discernimiento, pero sería injusto dudar de la impecable y entregada trayectoria de Nerón por una acusación no respaldada— proseguía Raissa de manera ecuánime.
—¿No harán nada? ¿Pondrán en peligro a toda la Guardía por este... sin vergüenza? — replicó el elfo.
—Raissa fue clara, sin pruebas...— La voz impaciente de Miiko fue frenada.
Los gemelos tuvieron que apartarse ante la intempestiva puerta que se abrió con violencia.
La cabellera negra y rebelde de Kunaq (que no pasaba sus hombros) se encontraba más
despeinada de lo habitual, su mandíbula estaba tensa y su mirada desencajada.
Les dirigió una severa mirada, no obstante no reparó en detenerse y atravesó apresuradamente el pasillo.
—No tardo— Indicó Aretha a su gemelo y corrió a alcanzar a su hermano mayor— Espera...— lo cogió del brazo y le obligó a parar.
Kunaq desvió la rosada y penetrante mirada de su hermana, sin importarle la hizo a un lado y se dispuso a continuar su camino. Ágilmente Aretha se aferró a su brazo como lapa y nuevamente impidió su huida.
—¿Qué acaba de ocurrir? — el pánico se apoderó de su antes gélida voz, su inquebrantable expresión se hallaba turbada.
Kunaq respondió con un mirar furioso, aquella intromisión había violado su privacidad e intimidad. Iba reprender a su consanguínea pero la poco habitual expresión de preocupación que mostraba erradicó su furia.
—Prométeme que tú y Arsen serán más fuertes— la mencionada entornó sus ojos confundida—promételo— repitió enérgicamente.
—Lo prometo...—
—Prométeme que seguirás instruyéndote en la alquimia, herbolaria, magia y todo o que te fortalezca— Aretha abrió la boca para responder pero Kunaq la interrumpió—Prométeme que fortalecerás tus dotes—
Aretha enmudeció; su hermano conocía sus prioridades, él sabía que para ella continuar con la labor de sus padres era más importante que perfeccionar su propio poder.
Aprender y perfeccionar los milenarios conocimientos en la alquimia, herbolaria y derivadas para después compartirlo con todos los Eldaryanos era su mayor deseo.
Cuestionó a su hermano, pero este en vez de aclarar pregonó una letanía de cosas a las que la obligó a comprometerse a cumplir.
—Para ya con el preámbulo y ve al grano— pidió impaciente Aretha, su hermano había acrecentado su preocupación.
—Nos traicionará...— le susurró con demencia el moreno.
—¿Nos traicionará? — repitió con los bellos de su espalda erizados mientras habría desmesuradamente sus rosados ojos.
—Nerón...—
—Kunaq, debes tranquilizarte...—
—¡Tienes que ayudarme!...¡El cristal!... ¡Tenemos que detenerlo!...—contempló implorante a su hermana.
—Creo que debes ir con Eweleïn— suavizó su voz e intento conducirlo a la enfermería.
—Tú también me tildas de loco— se zafó con brusquedad de su agarre.
Aretha intento detenerlo, pero alguien más lo hizo.
—Kunaq— le llamó Labib (comandante de la Guardia sombra) con su característica parsimoniosa y grave voz que contrastaba con su tétrico aspecto.
Sin rechistar, aunque visiblemente enfadado el aludido obedeció dejando a una confundida Aretha que aún años después seguiría cargando con la culpa de no haber escuchado a su hermano...
Fin del Flash back.
—¿Aretha?...¡Aretha!...¡¿Aretha?!... — repetía incesante Arsen.
—Shhh...— le miró incómoda— te escuché desde la primera vez que gritaste mi nombre—
—Pues deja de ignorarme...—Haciendo caso omiso de la petición de su hermano, Aretha posó su penetrante mirada en un particular dúo conformado por una sirena con piernas y una vampira
—¿Esa es la llave de la habitación de Yunel? —Arsen reconoció el pequeño artefacto que su hermana había guardado celosamente en uno de sus bolsillos— ¿Qué haces con eso?... — nuevamente fue ignorado.
Aretha fue al encuentro del dúo con Lander tras sus talones.
—Hola— saludó la albina con expresión impasible, recibiendo un eufórico saludo por parte de Alajéa y un asentimiento cordial por parte de Karenn —Yunel quiere verlas en su habitación, ahora mismo—
—No podemos— objetó Karenn, molesta por el tono autoritario de Aretha.
—Necesita hablar contigo —se dirigió a Alajéa, ignorando completamente a Karenn .
—Lo siento, vamos al concierto— sonrió emocionada la sirena—me encanta la música clásica, los flautines no se escuchan así bajo el agua...— empezaba a parlotear desbocadamente.
— Es sobre Nevra...— aquella corta oración la sosegó abruptamente— las espera en su habitación— continuó; al no escuchar respuesta extendió una gruesa y pequeña llave metálica— No tardará— Alajéa recibió dubitativa la llave.
La albina se giró sobre sus talones y continuó su marcha de forma altiva. Arsen contempló el intercambió de atónitas miradas de Alajéa y Karenn para después responderles con un leve levantamiento de hombros y una gesticulación negativa en sinónimo de una visible incomprensión.
—Me ocultas algo— reclamó el elfo cuando alcanzó a su hermana entre la multitud—¿Qué fue eso? — Aretha no respondió y continuó su andar hacía el C.G. que fue interrumpido por Arsen— ¿No confías en mí? — Arsen la miró dolido.
—Tengo cuestiones que resolver...— Ante la negativa de su hermana el joven resopló con frustración.
—Esa no es una respuesta— crítico la vaga explicación de Aretha.
—No es personal— balbuceó su interlocutora mientras construía una explicación congruente—Yo...es solo que... sucede... — balbuceaba.
—Es por Kunaq— el nombre petrificó a Aretha, sus ojos se abrieron como platos— no fue tu culpa—
—Confió en mí y le fallé— su mirada revelaba remordimiento— si lo hubiese escuchado, él y los demás estarían con nosotros—
—Si lo hubiésemos escuchado...— Arsen la contempló con amargura— Tu más que nadie sabe que el dote de la premonición rara vez se desencadena a tan tardía edad—
—Y cuando lo hace, cuando su desarrollo tarda tanto, cuando la madurez la alcanza a una edad muy por arriba del promedio, nos indica un gran poder. Si Kunaq no hubiese muerto en manos de Nerón, ahora sería un gran líder...—
—Lo sé...—
—¿Quieres lavar culpas? — Arsen asintió— Sígueme y no cuestiones, así sea o te parezca una locura te pido que confíes en mí...— con dulzura cogió su mano y lo arrastró al cuartel general.
"—Se ven lindas—afirmaba Jhosephine mientras admiraba un escaparate lleno de diademas en forma de coronas florales en un local de un popular centro comercial
—No me gustan, ni creas que me compraré eso— le advertía Eliza.
—Parece que te fuiste a revolcar a un prado con alguien...— opinaba Yunel, la cual se negaba rotundamente a gastar su dinero en algo tan llamativo.
—...Y te trajiste pegadas las flores en la cabeza— completaba Eliza al tiempo que reía escandalosamente junto con Yunel.
—Lo más triste es que no fue mi hermano— Señalaba Yunel con fingida decepción.
—Que malas son— protestaba Jhosephine— Me vale su opinión, yo la compraré—"
Yunel jugaba con la diadema de flores que reposaba sobre su cabeza, la giraba, la recolocaba...
"¡Concéntrate!" Se regañó mentalmente.
Cuando reaccionó y desactivó el piloto automático con el que se había conducido por casi una hora. Se encontró con una diadema de flores destrozada y una mirada escudriñadora por parte de Nevra.
—Para— le ordenó el vampiro mientras sujetaba sus manos para evitar que sus uñas terminaran como la corona.
Lo había estado evitando, cuando él hablaba ella se distraía con cualquier exposición o suceso y fingía interés. Si Nevra iniciaba un interrogatorio ella saludaba o detenía a cualquier transeúnte (sin importarle que fuera un completo desconocido) y comenzaba una charla, ganándose así varias miradas recelosas.
Cuando finalmente se le acabaron las excusas y los extraños que acosar, se encontró acorralada por la persistencia del vampiro.
—¿Hablarás? — la acorraló en la fuente.
"Tengo que encontrar a Miiko...no puedo perder más tiempo"
—No estoy conspirando contra Eldarya— respondió finalmente hastiada—mis problemas no ponen en riesgo su seguridad, tampoco les son relevantes. Su conocimiento no brindaría alguna utilidad...— comenzó a parlotear.
—Puedo hipnotizarte— amenazó. Su único ojo color azabache se oscureció más, creando una vaivén magnétizante.
—Eso no sería ético...— protestó —la privacidad es un derecho de cualquier ser pensante...—Yunel comenzó a sermonear con ímpetu al atrevido vampiro.
—Soy muy paciente...— Nevra informó con picardía en un pequeño lapso en el que la humana detuvo su discurso para tomar aire.
La expresión desenfadada del vampiro y su tensión acumulada, alebrestaron su retahíla sobre ética y moral.
Desde los pocos códigos penales que conocía, los derechos humanos, el manejo del sistema penal de su país y de algunos otros de los que tenía conocimiento, el avance con respecto a un uso adecuado de la ley y justicia que no violentara la vida ni la integridad humana entre otras cuestiones más, emanaron de su boca.
Parecía que nada la callaría, inesperadamente la humana soltó un grito. Algo húmedo se había prensado a sus piernas. Nevra la pescó y evitó que cayera al agua.
—Eliot— su semblante se relajó—pequeño apestoso— lo estrechó y dio varias vueltas sobre su eje con el pequeño Kappa —Pero mira que no has cambiado nada...—
¡Yunel! ¡Yunel!¡Yunel!¡Yunel!...repetía incesante el pequeño con alegría.
—¿Pero...?¿Qué haces aquí pequeño? ¿Cómo es que llegaste?— Yunel inspeccionó su alrededor hasta identificar a dos Kappas.
Vampiro y humana hicieron una leve reverencia que fue imitada por los Kappas.
—Me da gusto verte— señaló el anciano y conocido Kappa— Les presento a Marina— señaló a su acompañante (visiblemente más joven) quien nuevamente hizo una reverencia.
—Encanta de conocerles, deseaba agradecerles personalmente lo que hicieron con mi pequeño— la mujer Kappa escudriñó a la humana — Así que tú eres la famosa Yunel...—
—Encantada...yo— tartamudeó ante la aplastante personalidad de la mujer Kappa.
—Deberías buscarnos en un rato, mis esposa quiere conocerte— se inclinó nuevamente— Debemos irnos, tenemos un compromiso que cumplir— El pequeño Kappa se rehusaba a desprenderse de Yunel. Con la promesa de buscarlo después aceptó regresar al regazo de su madre.
—No es una mala joven— señaló el anciano una vez que se alejaron lo suficiente de los sagaces oídos del vampiro.
—La acepto porque mi hijo lo hace— estrujó al pequeño con más fuerza— No me inspira del todo confianza— aceleraron el paso al percatarse de la hora, la puntualidad era una cualidad de su tribu.
"La junta, la bendita junta", debía hallar a Miiko, pero con Nevra pisándole los talones era imposible acercarse sin levantar sospechas.
Entre la muchedumbre distinguió un pequeño rubio con cuernos —¡Mery¡ — le llamó.
El pequeño giró al escuchar su nombre, al reconocerla corrió a su encuentro.
—Yunel ¿cómo estás? Mamá dijo que debías descansar y por eso no te visite— explicó velozmente el pequeño—el otro día iba por el campo con pelusa cuando...— relató con alegría .
—No hay tiempo Mery— le interrumpió Yunel mientras miraba apremiada a su alrededor—Necesito pedirte un favor... Es una misión— inquirió finalmente una vez que corroboró la ausencia de Nevra, aunque con su agudo oído probablemente fuera inútil
—¡Misión!, haré a una misión— saltó el pequeño.
—Llévale esto a Miiko— Yunel le entregó un sobre— dile que es de mi parte y que es urgente que lo lea— el pequeño asintió— Debe estar en la biblioteca y si no— no se había planteado la problemática de la ubicación.
—La buscaré...— sentenció con ímpetu el pequeño— y la encontraré— su mirada era decidida. Yunel sonrió conmovida.
—¿Podrías avisarme en cuanto la reciba?— Mery afirmó con la cabeza y salió corriendo en busca de Miiko— ¡Cuídalo bien!— le gritó Yunel al tiempo que señalaba el sobre.
—¡No te preocupes!— respondió Mery tan alto como su voz le permitía, la distancia ya era considerable, hablar ya no bastaría.
Efectivamente como le indicó Yunel, Miiko se encontraba enfrente de la biblioteca. Recibía cortésmente a sus invitados y les invitaba a entrar a la estancia.
—Mery ¿Qué haces aquí? ¿Buscas a tu madre? — Mery negó con la cabeza y le entregó el sobre.
—Es de Yunel, quiere que lo abras ya—
—Ah...— arqueó una ceja— de Yunel— resopló molesta— Espero sea importante— Mery la observó con insistencia hasta que abrió el sobre, esperó un poco mientras la miraba lleno de curiosidad—Pero...¡¿Qué rayos?! — iba a exigirle una explicación al brownnie, pero este ya se había fugado.
—¿Qué sucede? — escuchó la voz de Leiftan tras de sí, quien había salido a revisar, tras escuchar a Miiko proferir maldiciones y un discurso sin sentido— ¿Algo va mal? — cuestionó nuevamente y obteniendo como respuesta un sobre arrugado— Comprendo...— respondió una vez que hubo leído el contenido—
—Hablaré con ella después— refunfuño Miiko— Tenemos asuntos importantes que atender...— ambos se giraron y retomaron su compromiso.
—Listo— Mery tiró de la capa de Yunel para llamar su atención.
—Gracias— sonrió ampliamente y despeinó su cabellera. Estaba doblemente agradecida, su interrupción la había salvado del interrogatorio sagaz del vampiro— Debo irme, me esperan—
—¿Para el concierto? — preguntó el pequeño con regocijo.
—Sí...— su voz débil delató a su oculto nerviosismo.
—Yo voy contigo— aplaudió el niño.
—De acuerdo...— Yunel lo tomó de la mano y se dirigió al escenario—Adiós— se despidió con frialdad de su acompañante.
—Te veo después— advirtió con indiferencia: "Ya hablará" se dijo mentalmente.
"Parece que lo harté" pensaba Yunel mientras ignoraba los reclamos de Mery.
—Lo siento— soltó al pequeño cuando se percató de lo fuerte que apretaba su mano.
