La tensión se podía palpar en la medida que el grupo avanzaba por el laboratorio. Nadie se animaba a pronunciar una sola palabra. Los que encabezaban se detenían cada tanto para olfatear el ambiente y escuchar si alguien se acercaba. Lo mismo hacían los que se hallaban detrás de todos.

Tino se percató de inmediato de la decepción en el rostro de los dos betas. El omega se acercó a Eduard y le puso una mano sobre su hombro, para animarlo.

—Vamos, no tenían idea de que esto ocurriría —Pese a todo, Tino se mantenía más que optimista. Estaba seguro de que el grupo sería capaz de salir de allí. Sólo era cuestión de que la suerte los acompañara el resto del trayecto.

Eduard esbozó una triste sonrisa antes de levantar la mirada.

—Creí que podríamos apagar todo —Eduard le dio un rápido vistazo al pasillo. Había algo en el ambiente que no le gustaba en lo absoluto:—Hicimos el procedimiento cómo corresponde y… —De repente, los ojos del muchacho se abrieron en par en par cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando en realidad.

Toris, al parecer, también se percató de ello ya que empezó a temblar ligeramente.

—Esto es una trampa —susurró.

Ludwig se dio la vuelta cuando escuchó eso y arrugó la frente. Ya le habían advertido en la base de que era muy probable de que el Director de aquella fundación les estuviera poniendo a prueba. Suspiró, ya era muy tarde para retractarse. Si bien estaban relativamente preparados para una lucha, aquellos omega y beta eran la prioridad del grupo.

Tanto Magnus como Berwald estaban alerta al máximo. Ni uno se animaba a hablar, por temor a no poder escuchar algún ruido que pudiera delatar a lo que fuera que les estaba esperando. El primero caminaba con los puños cerrados, listo para dar el primer golpe si la situación lo requiriera.

De repente, Ludwig se detuvo. Su segundo al mando, un muchacho bastante joven llamado Alfred hizo lo mismo. Magnus y Berwald pudieron escuchar el ruido de las botas que se acercaban cada vez más hacia ellos.

—No rompan formación —Ludwig les indicó a Magnus y a Berwald:—Tal vez intenten atacarnos por ambos lados —añadió antes de volver a su lugar.

Pese a que todos estaban preparados para dar una batalla, no pudieron prever lo que ocurrió a continuación. Un par de bombas de humo cayeron muy cerca de ellos y todo se cubrió de una neblina muy espesa. La confusión se apoderó del grupo en apenas unos cuantos minutos.

Como Tino y Sigurd se habían mantenido muy cerca uno del otro, consiguieron encontrarse de inmediato. Pero debido al barullo del ambiente, no pudieron hacer la gran cosa más que quedarse en el mismo sitio. Si bien el miedo se había apoderado de los dos, intentaron mantenerse lo más calmados que pudieron.

—¿Qué se supone que está sucediendo? —Tino le preguntó al otro omega.

—No lo sé, pero sea lo que sea, tenemos que salir de aquí cuanto antes —Sigurd tosió un poco.

De repente, una mano trató de agarrar a Tino y éste se movió lo más rápido que su cuerpo le permitía. De ningún modo tendría a su hijo en aquel lugar. Estaba seguro de que Berwald pensaba lo mismo. El muchacho trató de percibir el olor de su alfa, pero el humo había confundido por completo su sentido del olfato.

Sigurd estaba haciendo prácticamente lo mismo, pero no había manera de que pudiera oler el aroma de Magnus. Esperaba que sólo fuera por culpa del humo.

Alfred apareció, agachado y en cuatro patas, para luego hacerles una señal. Si bien los omegas no deseaban dejar a sus respectivas parejas, la realidad era que tenían un cachorro por el cual debían velar primero.

—¿Qué hacemos? —Tino le preguntó a Sigurd, dubitativo. Berwald había hecho tanto por él, que aunque sabía que el cachorro debía ser su prioridad, no dejaba de pensar en que lo estaba dejando atrás.

—Debemos irnos, Tino. Ellos estarán bien —Sigurd estaba sumamente preocupado por Magnus, pero no quería desperdiciar el sacrificio que estaba haciendo por ellos.

—¡Vamos! —Alfred les reclamó:—Tenemos que escapar de inmediato —añadió mientras que continuaba caminando a gatas.

Por su lado, Magnus y Berwald intentaban ver en dónde se hallaban sus respectivos omegas. Podían oler el estrés que provenían de ellos pero aun tratando de usar sus sentidos amplificados, aquella espesa niebla les impedía observar más que alguna que otra figura y no podían tener la certeza de que se trataban de ellos o si eran el enemigo.

—Teníamos que estar más cerca de ellos —Magnus se lamentó:—Si les llega a pasar algo a ellos, voy a matar a cada individuo en este recinto —dijo sin poder contener la rabia que comenzaba a formarse en su interior.

Berwald se limitó a asentir. Se preguntaba cuán asustado estaba Tino. Sin embargo, en aquel momento, era su deber protegerlo aunque éste no estuviera cerca. Aquella oportunidad todavía no se había cerrado del todo. Le había prometido hacer lo que fuera por él y pensaba respetar aquellas palabras a como diera lugar, incluso si ello exigiera su propia vida.

—Tenemos un plan de resguardo —Una voz gruesa dijo repentinamente:—Ellos van a escaparse sin duda. Nosotros tenemos que encargarnos de que eso pase —Ludwig anunció. Era posible que no viera a Feliciano por un largo tiempo, pero no se arrepentía en lo absoluto de aquel plan. Al fin y al cabo, era por el bien mayor.

Desde una habitación remota de aquel laboratorio, un hombre conocido como el "Director" observaba cada momento con mucha atención.

—Quiero que tomen nota de todo lo que está sucediendo —Les ordenó a sus subordinados:—Se nos ha presentado una oportunidad muy rara para estudiar a los alfas en particular —Una sonrisa maquiavélica iluminó su rostro. En todo lo que podía pensar era en los premios que más adelante ganaría por aquella investigación.

De regreso con los protagonistas, Tino, Sigurd, Alfred y otros más consiguieron escabullirse de la escena. No había tiempo para perder.

—¡Vamos, vamos, vamos! ¡Tenemos que llegar a la alcantarilla pronto! —Alfred exclamó. Aunque hubiera preferido ser parte de la acción, Ludwig le había encomendado una misión y no planeaba fallar la misma. Iba a demostrarle que se había ganado su lugar como segundo al mando.

Los alfas, por su lado, intentaban encajar algunos golpes pero la mayoría terminaba en la nada. La frustración comenzaba a apoderarse del grupo.

Repentinamente unas cuantas inyecciones comenzaron a volar por los aires. Los alfas fueron lo suficiente ágiles para esquivar las primeras, pero aquellos soldados no dejaron de dispararlas. Eran preparados especiales para adormecer a aquellos hombres que no se rendían tan fácilmente.

Todos los alfas decidieron tirarse al suelo, ya que era el único espacio por donde podían contar con la visión. Aprovecharon que aquellos soldados necesitaban tiempo para recargar sus pistolas. La niebla había comenzado a disiparse y con ello, las figuras de los guardias se volvieron mucho más nítidas.

Una sonrisa se formó en el rostro de Magnus. Fuera lo que fuera a suceder a continuación, al menos estaba contento de poder descargar toda la furia contenida en su interior. ¿Cuándo había sido la última vez que había tenido la oportunidad de emplear su fuerza? No lo recordaba, pero estaba feliz de tener una razón de poder dar unos cuantos golpes.

Berwald aprovechó la oportunidad para agudizar sus sentidos una vez más. El aroma de Tino se iba alejando cada vez más de aquel lugar. Esperaba poder distraer a aquellos hombres lo suficiente para que su pareja y sus acompañantes pudieran llegar salvos y sanos a las afueras del domo. Hizo crujir sus dedos, aunque nunca había sido fanático de la violencia física, aquella era una situación excepcional.

Los disparos volvieron a suceder y aunque algunas inyecciones dieron al blanco, la furia de los alfas era tal que incluso medicamentos como eso no surtían el efecto esperado. La adrenalina les permitía continuar a pesar de todo.

Pronto un par de guardias que consiguieron escapar de las manos de aquellos súper humanos, cambiaron de objetivo. Si no eran capaces de detener a aquellos "animales", como eran considerados en aquel laboratorio, entonces tendrían que ir por las presas más débiles.

Para cuando Magnus, Berwald y Ludwig se dieron cuenta de ello, estaban demasiado agotados para la carrera. Vieron los cuerpos de los guardias que habían vencido sobre el suelo y todavía así, no había sido suficiente.

Ludwig se dio cuenta del desconcierto en las miradas de los otros hombres. La guerra aún no estaba del todo perdida, pensó. Sólo necesitaban de tal vez unos cinco o diez minutos para recuperarse parcialmente. Aquello sería más que suficiente para lograr su objetivo.

—Alfred va a sacarlos de aquí —Les prometió a Magnus y a Berwald:—Confío plenamente en él y ustedes deberían hacer lo mismo —les sugirió antes de tambalearse y luego sentarse contra una de las paredes.

Pero el descanso no duró mucho. Las alarmas comenzaron a sonar y el ruido que producían era insoportable. Ludwig se percató de que era un sonido especialmente diseñado para ellos. Era probable que humanos normales no pudieran darse cuenta de ello o al menos, no serían muy afectados por ellos. Al igual que él, los demás alfas se vieron obligados a cubrirse las orejas y ello obligaba a que bajaran su defensa por completo.

Por su lado, Alfred estaba peleando consigo mismo para poder continuar. El sonido era insoportable. De repente, una mano se posó sobre su hombro. El muchacho levantó la mirada y vio que se trataba de uno de los betas que los había estado acompañado.

—Yo les llevaré hasta la salida, no te preocupes —Eduard estaba sumamente asustado pero no podía defraudar a sus amigos. Aún se sentía responsable por el hecho de que la electricidad hubiera llegado antes de lo esperado.

Tino y Sigurd se acercaron a éste, obviamente preocupados por sus alfas.

—Tenemos que seguir —Eduard no estaba seguro de dónde provenía aquella seguridad. Tal vez porque si los guardias de aquel laboratorio llegaran a atraparle, era posible que le usaran como sujeto de experimento:—Sé que lo ideal sería que Magnus y Berwald estuviesen con nosotros, pero tienen que aprovechar el sacrificio que han hecho

Alfred se limitó a asentir mientras que trataba de cubrir sus oídos. Toris le ayudó con un par de audífonos que traía consigo. Tal vez no era la gran cosa, pero al menos iba a mitigar por un buen rato el ruido.

Los dos omegas se tomaron de la mano. No tenían de otra, ya habían avanzado bastante y estaba muy cerca de la salida. Todo lo que les quedaba por hacer era esperar que Berwald y Magnus fueran capaces de alcanzarles pronto o por lo menos, que encontraran la manera de salir de allí.

—Tenemos que continuar —Toris se acercó a los dos omegas para darles un suave empujón. Al igual que Eduard, estaba dispuesto a ayudar aunque sea a esos dos muchachos a salir de esa horrible prisión:—Estoy seguro de que es lo que ellos querrían esto —añadió.

Los dos omegas se dieron vuelta para mira una última vez el pasillo vacío que habían dejado atrás. Luego asintieron y continuaron la marcha sin cesar. Por supuesto, ambos sentían cierto remordimiento por no haber siquiera haberles dedicado una sola palabra de aliento. Pero ahora ya era tarde para eso y el tiempo estaba en su contra.

Francis les estaba aguardando en la salida, impaciente. Se sorprendió de que el grupo fuera tan pequeño.

—¿En dónde está Ludwig? ¡Pensé que vendrían más, no menos! —El francés le reclamó a Alfred, completamente sorprendido.

—Nos hemos encontrado con ciertos problemas en el camino —Alfred no estaba orgulloso de haber huido de ésa manera, pero al menos había sido capaz de llevar a cabo la misión que le había encomendado el líder de la facción:—¡Pero los omegas están con nosotros! —Se apartó para que el otro pudiera examinarlos.

Tino y Sigurd volvieron a sentirse como conejillos de india en ese momento. Sin embargo, el hombre fue mucho más gentil de lo que esperaban.

—Tomaste la decisión correcta —Francis respondió al cabo de un rato. Luego les sonrió a ambos omegas:—Lo siento mucho. Les examinaremos mejor en la base, pueden confiar en nosotros —No esperaba que ya estuvieran tan avanzados en el embarazo.

Se apresuraron en salir de allí antes de que las puertas se cerraran del todo. Tino contempló el exterior del lugar por un largo rato en silencio. Olfateó el aire, era puro. Jamás había sentido algo por el estilo. Se dio la vuelta y recordó que Berwald se había quedado atrás. Comenzó a temblar de rabia.

A Sigurd le pasó algo similar. Sin embargo, él fue capaz de mantener una expresión serena, tal vez porque no quería mostrarse débil ante aquellos desconocidos. No dejaba de preguntarse por el destino de Magnus. ¿Estaría bien? ¿Qué estaría sucediendo allí?

—¿Qué va a pasar de ellos? —Sigurd preguntó. La curiosidad le estaba matando por dentro y era posible que Tino sintiera lo mismo.

Alfred levantó el pulgar y sonrió con confianza.

—¡No te preocupes! ¡Los rescataremos! —exclamó con una certeza de la cual no sabía de dónde provenía:—Ahora tenemos que alejarnos de aquí antes de que llegue la policía.

Alfred y Francis les guiaron a través de unos arbustos hasta llegar a unos vehículos que estaban escondidos en aquel lugar.

—¿Crees que estamos haciendo lo correcto? —Tino le susurró a su mejor amigo.

—Al menos, esos científicos no nos podrán tocar. Ya no, Tino —Sigurd respondió, aunque tal vez estaba usando aquellas palabras para convencerse a sí mismo de continuar con aquel escape.

Tino agachó la cabeza y se frotó el vientre. Lo estaban haciendo por el bien de sus respectivos cachorros. Sin embargo, no podía evitar pensar en que le había causado un sufrimiento innecesario a Berwald. Al menos, ahí adentro, contaba con su protección. Afuera, estaba a solas, con Sigurd. ¿De verdad había tomado la decisión correcta?

En el interior del laboratorio, Berwald, Magnus, Ludwig y el resto que había quedado rezagado, luchaban para ponerse de pie. Pero aquellas drogas eran demasiado fuertes para combatirlas y eliminarlas en tan corto tiempo. Era evidente que serían prisioneros de aquel espantoso lugar.

—¿Crees que hayan conseguido escapar? —Magnus le preguntó a Ludwig. Trataba de ponerse de pie, pero volvía a caer una y otra vez. Estaba sumamente mareado. Sólo podía pensar en su amado omega.

—Estoy seguro de que sí —Ludwig se había dejado vencer, al igual que el resto. Ni siquiera era capaz de pensar en un plan para salir de allí. Sólo le quedaba esperar que su grupo fuera capaz de llevar a cabo un rescate.

Berwald no dijo nada. Cerró los ojos. ¿Qué estaría haciendo Tino en aquel momento? ¿Estaba a salvo? Dejó escapar un largo suspiro de frustración. Todo lo que le importaba era su bienestar y el del cachorro.

Las sombras de varias personas aparecieron repentinamente. Berwald levantó la mirada, reconoció de inmediato al hombre que lideraba aquel grupo.

—Su intento de escape ha fracasado y ahora tienen que pagar las consecuencias del mismo —El sujeto no escondía la felicidad que experimentaba en aquel momento.


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