Si, lo sé. Soy una irresponsable de lo peor, pero mi pequeña musa se fue de vacaciones y apenas regresó, que linda ella... Espero les agrade, quiero dejar claro que no abandoné la historia, sólo tuve algunos inconvenientes y que quiero terminar todos mis pendientes para año nuevo...

Gracias por la paciencia, recuerden pasar a mi página en FB, el link en mi perfil... Sin más...

Enjoy it!


...

— ¿Por qué tan sonriente?

Karin giró para ver al dueño de esa voz. Bufó algo incomoda y siguió mirando por la ventana aquel hermoso atardecer, por alguna razón quería grabar esa tranquilidad en su memoria antes de irse.

—Bonita vista—Suigetsu se acercó a la ventana procurando no quedar muy cerca de la pelirroja.

Decidió no responderle nada, no tenía caso. Siguió con lo suyo tratando de no perder la cordura ya que cada vez que él estaba cerca sus nervios incrementaban y sus piernas flaqueaban, no era normal; y más por el hecho de que una vez cruzó por su mente aquella noche.

—Estás muy seria, zanahoria—dijo Suigetsu tratando de llamar su atención. Ya había notado esa actitud en su compañera y le desesperaba; no es que deseara a gritos que volviera a ser como antes y que lo golpeara o regañara por cada cosa que hacía, pero al menos que la tensión desapareciera. Aún no entendía cómo es que a ella le afectó tanto eso.

Había pensado en muchas posibilidades. La más obvia que era porque realmente lo odiaba y detestaba. Por un breve momento llegó a pensar que tal vez porque la chica era virgen, pero borró ese pensamiento y prefirió quedarse con el primero; aunque eso de cierta lo inquietaba, ¿tan detestable es?

—Déjame tranquila—contestó Karin ya con la voz cansada.

— ¿Lista para irnos?—preguntó tratando de seguir la conversación.

—Eso creo, ya no hay nada aquí que nos detenga—dijo la chica sin quitar la vista del ocaso.

—Para Sasuke si, al parecer—respondió Suigetsu mientras recargando su brazo en el marco de la ventana.

—Tal vez, pero a Sasuke no le interesa y yo me encargué de que a los demás tampoco les interese.

—Lo dices por Sakura—el chico tiburón giró para ver a la chica. Ella no contestó nada, no tenia porque darle explicaciones. Trató de tener su vista fija, pero no pudo; giró para contestarle aquella mirada al de cabellos blancos. Grave error.

Una corriente eléctrica la atravesó al darse cuenta de que Suigetsu se acercó demasiado a ella, violando su espacio personal. Le molestaba y mucho, le molestaba porque le agradaba esa cercanía. Tragó gordo y desvió la vista hacia otro lado, si seguía así ya no podría con esta situación.

—Dime una cosa—se detuvo—. ¿Tanto te pudo haber estado conmigo?

— ¿Eso qué tiene que ver?—preguntó muy nerviosa, sus manos comenzaron a sudar y su corazón se aceleró a mil por hora. ¿Por qué le preguntaba eso? Ni siquiera estaban hablando de ese tema.

Suigetsu no supo ni que responder, esa pregunta se había escapado de sus labios sin siquiera pensarlo. Le importaba un comino lo que pasaba con Sasuke y lo que ella había hecho, pero le sorprendía la manía que tenia Karin hacia el Uchiha. A veces se preguntaba qué tenía su líder que no tuviera él. Por primera vez, desde que conoce al Uchiha fue mejor que él, por primera vez Karin lo había preferido a él, pese a las circunstancias.

Silencio. Suigetsu esperaba alguna respuesta de la pelirroja pero ella ya no fue capaz de decir nada. Odiaba esa sensación que crecía desmesuradamente en su pecho y la hacía perder la razón. Ni siquiera era consciente de que se acercaba peligrosamente al de cabellos blancos y tal vez aquella misma energía hizo que Suigetsu imitara la acción.

Ella quería sentir que pasaba en su interior, saber el motivo de aquella reacción que le provocaba su compañero. Él, pues él sólo quería disfrutar de nuevo de esos labios. Podían sentir el aliento del otro en sus labios; Karin debía aceptarlo, la cercanía le agradaba y a la vez la ponía nerviosa, pero ya no importaba, quería hacerlo, quería sentirlo.

Suigetsu rozó sus labios provocando una corriente eléctrica en ambos que recorrió todo su cuerpo. Karin se estremeció y se alejó de golpe, había sentido la presencia de Juugo acercándose a la habitación y era mejor dejarlo así. Sin más, se fue de ahí dejando al chico tiburón con una expresión de desconcierto.


No dejaba de lamentarse una y otra vez. ¿Cómo se le había ocurrido besar a Naruto? Todo fue tan rápido que no lo pensó. Ver a Naruto de esa forma fue raro, algo difícil de describir, pero no le gustó. Ahora se sentía una tonta por haber huido de la situación, con un simple: "lo siento, tengo que irme" se libró de dar explicación alguna, pero sabía que su amigo la merecía, tenía que hablar con él y explicarle todo.

Decidida, salió de su casa para aclarar la situación de una vez por todas, aunque ni siquiera ella lo tenía claro. El beso fue lindo, lento, cálido, pero no sintió absolutamente nada y no pudo evitar compararlo con Sasuke, a pesar de que sus besos eran más brucos y exigentes, había algo en ellos que la dejaban sin aliento.

Alentó un poco su paso, ahora que lo pensaba bien, no sabía que decirle a Naruto. Es decir, quería aclarar que fue un arranque y que la disculpaba, pero conocía los sentimientos de su amigo y no quería lastimarlo, simplemente no lo merecía.


— ¿Ya tienes todo listo?

Suigetsu había entrado a la habitación de su compañero gigantón y se sentó en la cama. Observó como él estaba dejando todo en orden y ponía en una pequeña bolsa sus pertenencias. Juugo notó algo extraño en el chico tiburón, no era normal verlo tan serio y pensativo.

— ¿Algún problema?—preguntó Juugo sentándose a un lado.

—Sólo pensaba si realmente Sasuke está listo para irse de aquí—comentó muy pensativo. Juugo lo miró algo incrédulo—. Tú lo has visto como se ha comportado todo éste tiempo, aún no se deshace de los lazos con su pueblo natal.

—Tal vez—agregó el de pelo naranja—. Debemos de confiar en él.

—No quiero andar con un desequilibrado emocional—Suigetsu se puso de pie, estaba algo frustrado, pero no precisamente por la situación con Sasuke.

— ¿Quién es un desequilibrado emocional?

Ambos chicos giraron a la entrada encontrándose con un cabreado Sasuke. Suigetsu sonrió por la situación y decidió afrontarlo, debían dejar las cosas claras antes de partir.

—Tú, Sasuke—respondió con mucha seguridad—. Desde que llegamos aquí has hecho cosas muy extrañas y no quiero que esos conflictos emocionales nos causen problemas a la larga.

— ¿De qué hablas?—aunque se daba una idea, prefería que Suigetsu dijera todo lo que su mente le gritaba día y noche.

—Sobre tu vida pasada, tus amigos y…

—Yo no tengo amigos—refutó inmediatamente.

—Sobre Sakura…—terminó de hablar Suigetsu. Aunque dudo un poco, pero era eso lo que más le llamaba la atención. Por un momento dudó si contarle lo que hace un par de horas había visto, pero ¿qué más daba?

—Te aclaro que no me interesan en absoluto y no dudaré en atacarlos si es que se interponen mi camino.

—Hoy vi como Sakura besaba a Naruto—no logró contenerse más. Deseaba desquitarse de alguna forma de sus frustraciones, y aunque Sasuke no tenía nada que ver, deseaba ver la cara de éste al saber eso. Sabía perfectamente que algo había entre ellos, era demasiado evidente, al menos ante él.

Sasuke guardó la calma –como siempre–, eso no era algo que le interesara en lo absoluto. Ni siquiera le vio el punto de ese comentario con lo que estaba diciéndole. Simplemente bufó y se dirigió a la salida de la habitación.

—Tengan todo listo, partimos en una hora—dijo al detener su paso con la voz más firme que jamás se le había notado—. Y, Suigetsu. Ten por seguro que con el único problema que tendrás que lidiar será tratar de matar a Kisame.

No dijo más y se retiró completamente de ahí dejando un aura de obscuridad en la habitación. Por primera vez Suigetsu borró su sonrisa y se quedó sin palabras, al parecer se había equivocado con Sasuke.


Tocó por tercera vez la puerta de la mansión Hyuga y no recibió respuesta, estaba por desistir pero abrieron la puerta dejando ver a una pequeña niña.

—Buenas noches, ¿está Hinata?

— ¿Quién la busca?

—Inuzuka… Inuzuka Kiba.

La niña cerró la puerta de golpe y Kiba se quedó algo confundido. Esperó un rato más mientras veía a Akamaru correr tras un pequeño animal; sonrió y lo llamó para que dejara en paz a esa creatura. Escuchó un ruido de la entrada y vio a su amiga salir de su casa.

—Kiba-kun, ¿qué haces aquí?

—Sólo quería saludarte y saber cómo estás. Últimamente te he notado algo distante.

Hinata se acercó a su amigo y se sentó en la los escalones de la entrada principal. Kiba la imitó y la miró fijamente, no se había equivocado al venir.

—Estoy bien, gracias por preocuparte—contestó Hinata tratando de sonar lo más convincente.

— ¿Por qué estás así?

No podía decirle que el motivo de su depresión era Naruto, no tenia porque abrumarlo con sus problemas, es por eso que nadie sabía de su amor por el rubio. Sonrió sinceramente, agradecía tener amigos como él que la apoyaran en las buenas y en las malas.

—Voy a estar bien, te lo prometo—dijo Hinata ya más tranquila.

Kiba puso una cara muy seria, tanto así, que puso nerviosa a la chica. Se acercó lentamente a ella y susurró:

—Más te vale, porque si no… te atacaré con cosquillas—gritó y realizó su advertencia. Hinata gritó de la sorpresa y no soportó la carcajada.

Después de varios minutos del ataque, ambos chicos se cansaron y dejaron eso por la paz. Hinata seguía con aquella sonrisa y por instinto le dio un beso en la mejilla a su amigo.

—Gracias, Kiba-kun—dijo sinceramente la heredera del clan—. Tengo que meterme, nos vemos mañana.

Kiba observó a la chica entrar a su casa, aún seguía pasmado por aquel acto, no pudo evitar tocar su mejilla y sonreír, sonreír como un niño. Akamaru ladró para llamar su atención y vio como movía su cola muy emocionado.

—Vamos, Akamaru.


La noche soltó un gran viento, las ramas se movían al compás y algunas hojas caían por la fuerza. Sakura se abrazó para eliminar el escalofrió que la recorrió por completo. Tenía una sensación, un presentimiento o tal vez eran los nervios por hablar con Naruto. Ya era tarde y le estaba dando demasiado largas al asunto, así que apresuró su paso para llegar lo antes posible, sin embargo se detuvo al instante, no esperaba realmente encontrarse con eso. El equipo de Sasuke con maletas, en medio de la noche, sólo indicaba una cosa. Se iban.

El equipo Hebi detuvo su paso al notar la presencia de Sakura, pero Sasuke continuó el paso, así que los demás lo siguieron. Cruzaron junto a Sakura que parecía estar en shock. Juugo la miró de soslayo y le sonrió susurrando gracias. Ella a pesar de su estado logró contestarle con una sonrisa.

Atrás pasó Suigetsu mirándola fijamente, sonrió ladinamente, se detuvo junto a ella por un breve instante.

—Nos veremos después.

Vio como se alejaba de ella y sonrió con tristeza, aún no procesaba bien lo que sucedía. Miró a Karin pasar junto a ella, quien sólo le dedicó una mirada de desprecio y superioridad, pero por un segundo sintió que la miraba con algo de lastima; eso no le gustó para nada a la kunoichi.

Por último vio pasar a Sasuke, era como si él se esperara para que lo pudiera contemplar completamente. Fue ahí cuando Sakura reaccionó, debía saber que pasaba, aunque si usaba un poco su lógica comprendería el escenario.

—Sasuke—lo llamó como pudo, la voz no quería salir, pero debía hacerlo.

El Uchiha detuvo su andar y miró a sus compañeros, ellos giraron para ver a su jefe y saber que diría.

—Vayan derecho, la salida está a unos metros. Espérenme a tres kilómetros de aquí al sur—ordenó el azabache dejando sorprendidos a todos.

—Pero, Sasuke…—trató de intervenir Karin.

—Hagan lo que digo—su voz sonó tétrica y a los Hebi no les quedó otra opción. Miraron por unos instantes a Sakura y desaparecieron de ahí.

El viento movía los cabellos de ambos, Sakura apretó sus puños y trató de no perder la calma. Si él se había quedado era por ella, para explicarle, para decirle la verdad. Pero que tonta Sakura. No había otra verdad más que su venganza, se regañó mentalmente por tener esos pensamientos de niña. Borró esas ideas de su mente y la invadió el miedo y la nostalgia.

Sasuke meditaba que era lo que iba a decirle, en realidad no comprendía por qué se quedó ahí con ella, debió seguir su camino junto a su equipo, pero algo le dijo que se quedara. Miró fijamente a Sakura y pudo notar toda su confusión y miedo, como aquella vez.

— ¿Qué quieres?—dijo Sasuke por fin después de aquel incomodo silencio.

—Yo…—Buena pregunta, ¿Qué quiere? Ya ni siquiera tenía claro eso, no pensó que esto se le presentara tan repentinamente, sabía de antemano que en la primera oportunidad él se iría de ahí, pero nunca pensó que tan pronto—Te vas—susurró lo obvio.

—Sí eso es lo único que pensabas decirme, me voy—dijo Sasuke dando media vuelta para seguir su camino.

—Espera—gritó Sakura—. ¿Sabes que en cuanto pongas un pie fuera de aquí serás considerado un traidor?

Claro que lo sabía, era más que obvio, pero no le interesaba en lo más mínimo, ya se había ido una vez, qué más daba irse otra. Giró de nuevo para ver de frente a Sakura y no pudo evitar recordar a esa pequeña niña que imploraba porque no se fuera; ahora sólo podía ver a una mujer firme pero dudosa, un contraste que le sorprendía de Sakura.

Trataba de ser fuerte, la situación se le estaba yendo de las manos y Sasuke estaba a dos pasos de largarse de ahí. Sentía que era su deber detenerlo, pero ¿y si no era así? Se acercó con cautela hacia él y no pudo evitar pensar en hace unos años pasaba por lo mismo, aunque aquella vez lloraba desconsolada rogando porque no se fuera, no quería hacerlo, no de esa forma.

—Ahora no habrá llantos, ni suplicas—exclamó con un nudo en la garganta—. No te haré promesas y ni te pediré que me lleves contigo. No trataré de gritar para que te detengan.

Mentiría si dice que no le sorprendió eso, la verdad esperaba cualquier tontería por parte de ella, menos eso. Sostuvo su mirada fija en ella y su temple no se desvaneció. Instintivamente también dio un paso hacia ella.

—Sólo quiero que recuerdes que éste es tu hogar, que a pesar de todo nos tienes a nosotros.

¿Nosotros? Naruto, claro. A Sasuke le disgustó ese comentario, incluir a Naruto en esa conversación sólo hacía que el comentario de Suigetsu le molestara más.

—Olvídense de mí—dijo Sasuke con un tono muy frio—. Enfócate en ese idiota, haz lo que quieras con él y déjenme en paz.

— ¿Por qué no puedes comprenderlo?—gritó Sakura perdiendo los estribos.

—No hay nada que comprender—Sasuke se acercó bruscamente a Sakura y la tomó de los hombros—. Esta vez no habrá un gracias, no te diré que eres molesta, no te dejaré inconsciente—su tono se suavizó un poco—. Sólo veras partirme para nunca regresar.

Soltó a la chica, pero no se retiró de ella. Había sentido una sensación extraña en su estomago al tocarla que lo dejó confundido, pero no bajo su postura. Debía dejar todo en claro con Sakura porque sabía perfectamente que era la última vez que podría hacerlo.

La kunoichi no resistió más y dejo escapar un par de lágrimas de sus ojos esmeraldas. Fue demasiado para ella. El pecho le dolía, no recordaba cuanto dolía.

—Dijiste que no habría llanto—dijo Sasuke más calmado.

Levantó su brazo para limpiar sus lágrimas, pero su brazo no alcanzó a llegar cuando Sasuke había colocado su mano derecha en el rostro de la chica y limpio esas lágrimas. El azabache miro una lágrima en la yema de sus dedos hasta que se desvaneció por completo. Como le gustaría que todo el dolor y sufrimiento lo pudiera borrar de la misma forma.

Miró a Sakura quien se encontraba en estado mirándolo fijamente, con sus ojos rojos e inundados de agua. Y de nueva cuenta esa sensación en el estomago.

—Gracias—fue lo primero que salió de sus labios. No lo pensó, ni lo meditó… simplemente salió de lo más profundo de su ser.

—Dijiste que no habría gracias—Sakura sonrió con amargura.

—Hmp.

Y nuevamente las lágrimas salieron, una tras otra. Y esta vez no quiso retenerla, necesitaba sacarlas o explotaría y nuevamente él se acercó para tratar de detenerlas, pero eran muchas. No podría con tanto, miró como una lágrima moría en la comisura de los labios de Sakura. Acercó sus labios lentamente hacia aquella gota. Por instinto, Sakura cerró los ojos haciendo que más lagrimas salieran, sus labios temblaron ligeramente y únicamente sintió el aliento de él chocar contra el suyo.

Sasuke rozó aquellos labios con los suyos y probó esa lágrima, lagrima con la que cargaría siempre. Se separó de Sakura quien aún permanecía con los ojos cerrados y con un deje de esperanza; intentó acariciar su rostro pero se detuvo en el acto. Sonrió de lado y Sakura abrió los ojos, nuevamente y por última vez, sus miradas se encontraban para decir adiós.

Él se alejó y ella miró como desaparecía en la obscuridad.