Ángeles Desesperados

En apuros

Luego de la euforia inicial que trajo el reencuentro de nuestros protagonistas, Kagome percibió en su abrazo que o eran ideas suyas o…

- ¡Inuyasha, por Dios Santo, si has adelgazado! – Exclamó separándose un poco de su abrazo para confirmar sus sospechas. Él rió divertido.

- Mira quién viene a hablar. – Se mofó notando que Kagome seguía igual de delgada como siempre.

- No, pero lo tuyo es…es ¡anémico! – Volvió a exclamar incrédula. Esta vez Sota se unió con Inuyasha en su risa.

- Kagome, no pongas esa cara de tragedia, mira que yo me tengo que ir dentro de poco y ese tipo de halagos no me estimulan mucho que se diga, ya ha pasado el año…voló el tiempo, ¿no? – Comentó casualmente Sota.

- Para algunos… - Murmuró Kagome viendo que Inuyasha había alcanzado a escucharle y sonreía nuevamente.

- Oh, lamento haberme presentado así…trasnochado y hediondo a mono… - Rió recibiendo nuevamente en sus brazos a Kagome que volvía a abrazarle con suma alegría.

- Déjate de tonterías. – Sonrió. - ¿No te volverás a ir, no? – Inquirió con un interés que equivaldría a la sentencia divina.

- Oh, no, al menos no por tanto tiempo ni mucho menos tan lejos… - Respondió separándose nuevamente de su novia y sin esperar a que alguno de los hermanos Higurashi le permitiera sentarse, se desplomó sobre el sillón más cercano. Finalmente, suspiró cansado.

- Inuyasha… ¿Quieres agua, un jugo, algo? – Preguntó Kagome con semblante preocupado. Él volvió a sonreír, añoró cada momento en que ella lo llamaba o recibía una de sus cartas y volver a verla era definitivamente estar en la gloria.

- ¿Jugo de qué? – Preguntó suspicaz. Ella sonrió triunfante.

- De naranja, ya te lo traigo. – Avisó sin siquiera esperar la respuesta de su novio, ya sabía que él era adicto al jugo de naranja.

Cuando Kagome volvió con lo que había prometido, él lo recibió educadamente y lo bebió de un sorbo a pesar de que quería aparentar que no estaba tan transido de hambre como era en realidad.

- ¿Y cómo está la licenciada? – Inquirió burlón mirando a Kagome. La aludida chasqueó la lengua en ademán de incredulidad.

- Llevando más palo que una gata ladrona. – Espetó sonriente mientras se sentaba junto a él. - ¿Y el docteur? – Preguntó a su vez imitando la forma en que Sota llamaba a Inuyasha, ya que el hermano de Kagome había hecho diversos estudios en francés además de su carrera de medicina y de vez en cuando usaba esa cualidad para bromear. Inuyasha puso los ojos en blanco.

- Médico laboral. – Especificó con falsa pedantería. Kagome rió entusiasmada. Sota, que había quedado relegado a un segundo plano también rió y ambos le dieron a Inuyasha sus congratulaciones. – Bueno, aún tengo que hacer algunos cursos más para mejorar mi currículo… - Reconoció. – Pero medicina laboral es mi especialidad. – Confirmó orgullosamente sonriente.

- Es una lástima que tú ya te veas como un profesional y yo apenas empezando mi lucha. – Bromeó. – Aunque ya me imagino mi placa colgada en la puerta de mi oficina. Escucha: - Avisó colocando sus manos en el aire como si estuviera remarcando una placa. – Lic. Kagome Higurashi. Contador Público. Especialista en Derecho Tributario. – Dijo con voz anhelante. Inuyasha rió nuevamente.

- Suena muy bien, sobretodo porque no sé que demonios es "derecho tributario". – Volvió a reír. Kagome sonrió.

- Sí, el tuyo si se entiende mejor: especialista en medicina del trabajo, ¿no? – Observó como Inuyasha asentía.

Y así, mientras Inuyasha relataba gran parte de su estadía en China se fueron consumiendo las horas y dio con que eran ya las 8:30 p.m. Por ello, al despedirse, sentía que el cuerpo le pesaba el doble y las maletas posiblemente el triple.

- Inuyasha…tienes los ojos rojos. No deberías irte así, tienes semblante de que estás más muerto que vivo. – Comentó Kagome preocupada. Él sonrió lánguidamente.

- Dudo mucho que Sota me deje dormir contigo. – Expresó irónico. Kagome se sonrojó y Sota asintió con vehemencia.

- Pero si puedo dejar que te subas a mi carro y yo te lleve a tu casa. – Anunció Sota. Inuyasha lo miró perplejo.

- ¿Carro? ¿Tienes un carro? – Preguntó asombrado. El aludido soltó una carcajada al ver la incredulidad de su amigo.

- Mi papá me ayudó con los gastos. – Reconoció.

Luego, cuando se finalizó la larga despedida de los novios, Sota procedió a llevar a su amigo hasta el apartamento de su familia y una vez aparcados frente al viejo edificio, Inuyasha suspiró cansinamente.

- ¿Es de muy mal gusto que duerma con Kagome? – Rectificó al saber que tendría que volver a ver a su madre. Sota rió.

- Bastante diría yo. Pero, este suplicio no será por siempre, ¿no? – Le animó. Inuyasha se volvió a verle con semblante escéptico.

- Por mi salud física y mental espero que no. – Dijo sinceramente empezándose a bajar del carro. Sota le imitó y luego de sacar todo el equipaje de la maletera, se despidió de él en su nuevo auto, que aunque sencillo era bastante práctico. Inuyasha suspiró echándole una leve mirada al oscuro cielo con sus estrellas y la blanca luna, que varias veces le regaló a Kagome en muchas de sus citas.

Una vez llegado hasta el piso donde estaba el apartamento de su familia, sacó su llave y abrió la puerta. Al entrar, observó como junto a la sala, en el pequeño comedor se encontraba sentado su papá corrigiendo los exámenes de sus estudiantes, ya que el Sr. Taisho era profesor de bachillerato. Inu no Taisho se veía con el ceño fruncido y con pose dubitativa mientras intentaba entenderle las respuestas a uno de sus más problemáticos alumnos, era más que evidente que ni se hubiera enterado que alguien había llegado a la casa.

- Papá…- Llamó Inuyasha. El hombre se volvió hacia su hijo y abrió la boca sorprendido. Luego de unos segundos de anonadamiento, sonrió ampliamente y se levantó de la mesa para ir a abrazar a Inuyasha.

- ¡Oh, muchacho! ¡No sabía que regresabas hoy! – Exclamó alegre. Inuyasha sólo esbozó una sonrisa. Ya sabía que su padre se enfrascaba en su trabajo y siempre dejaba las decisiones importantes o eventos relevantes a su madre. Y ahora que se acordaba de ella…

- Papá, ¿y mamá? – Preguntó. Él aludido deshizo el abrazo y suspiró cansinamente.

- Se fue a una de esas reuniones de colegas en el Colegio de Médicos. – Dijo despreocupadamente. Inuyasha frunció el ceño levemente. ¿Él regresando y ella de fiesta por ahí? Que preocupación tan grande la de su madre, pensó irónicamente.

- ¿Y Kikyo? – Inquirió nuevamente preguntando por su hermana menor. Inu no Taisho esta vez hizo una mueca de desagrado.

- Se fue a una fiesta con Yura. – Masculló serio. Inuyasha abrió los ojos sorprendido. Las fiestas a las que asistía su hermana mayor no eran aptas para una muchacha tan joven como Kikyo.

- Oh… - Logró exclamar. Ya sabía que de nada serviría oponerse a ello si ni siquiera su mamá hacía algo al respecto para frenarles esas conductas a sus hijas. Luego de darle las buenas noches a su papá, se fue a su habitación y prácticamente al tocar la cama, cayó rendido en un sueño profundo.

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Varias semanas habían pasado desde el regreso de Inuyasha. Kagome no podía estar más rebosante de alegría por el hecho, después de todo, ahora volvía con su novio y saber que ninguna tipa lista por allá en China lo había engatusado y enamorado era un gran alivio. Ahora él la iba a recoger la mayoría de las veces a la Universidad y finalmente ambos se habían vuelto a reconciliar con la cartelera de cine, durante el año abandonada por su separación geográfica. Y esa tarde volvían a salir al cine nuevamente.

- ¡Yuka! – Exclamó Kagome sonrojada mirando espantada a su hermana.

- ¿Qué? – Preguntó inocentemente.

Kagome volvió su vista a la prenda que su hermana llevaba en sus manos: una blusa blanca con un escote demasiado sugerente, la cual, quedaba bastante ceñida al cuerpo.

- Olvídalo. – Negó. – No me voy a poner esa cosa. Sabes que yo no tengo un cuerpo como el tuyo, no puedo andar por ahí exhibiéndolo para que todo hombre que me pase por un lado largue la baba por mí, ¡Esa actitud en mí daría risa! – Espetó volviéndose hacia el espejo que tenía en frente mientras reanudaba su proceso de maquillarse. Yuka bufó fastidiada.

- Hay que ver que la genética no perdona. – Aseveró. - ¡Eres igual a mamá! – Le exclamó. Kagome le lanzó una mirada asesina y continuó aplicándose el lápiz labial.

- Bueno, chao entonces. – La despidió ignorando los comentarios mordaces seguidos de esa afirmación.

- En algún momento tienes que sacar provecho de ser mujer, Kagome. – Dijo sermoneándola. Kagome puso los ojos en blanco y una vez que Yuka hubiera estado fuera, cerró la puerta y pasó el seguro.

- Yuka y sus cosas… - Se dijo moviendo la cabeza de un lado a otro mientras tomaba el cepillo y continuaba peinándose en la privacidad de su habitación.

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Inuyasha y Kagome pasaron una excelente velada donde el helado, el cine, las conversaciones, todo había salido muy bien, como tantas otras veces. Por ello, a pesar de que ya había anochecido, fueron a comer a un restaurante del centro comercial y mientras reían por lo que hablaban entre sí, tomaron asiento en una de las mesas.

- ¿En verdad? – Decía Kagome incrédula revisando el menú para luego alzar la vista con los ojos inmensurablemente abiertos. - ¿Fuiste a un concierto de Sting? – Repitió totalmente anonadada. Inuyasha rió.

- Bueno, he de admitir que prácticamente todas las cosas que estaban en mi habitación tuve que venderlas y empeñar otras tantas…para comprar la entrada. - Sonrió apenado. Kagome rió.

- ¡Inuyasha! – Se oyó una chillona voz. Tanto Inuyasha como Kagome voltearon y dieron con la exuberante imagen de Tsubaki. La primera impresión de Kagome era que aquella tipa definitivamente no tenía buenas intenciones.

- Tsubaki… - Dijo Inuyasha incómodamente. Kagome volvió su vista a su novio. ¿Entonces sí era conocida de ella?

- Ay, hola cariño. – Le saludó dándole un beso en la mejilla y tomando asiento en la misma mesa sin permiso alguno. Kagome parpadeó indignada. ¿Y ésta qué se creía?

- Disculpa, ¿Eres…? – Preguntó. En ese momento, Tsubaki la miró con desdén, aparentemente no había reparado antes en su existencia. Finalmente, la mujer se decidió por sonreírle.

- Tsubaki, mucho gusto. – Comentó apenas y rozando los dedos cuando se estrecharon las manos. Kagome tuvo que inhalar hondo ante este gesto dado su enojo, puesto que tal vez Tsubaki pensaba que ella tenía lepra u otra enfermedad contagiosa. Finalmente, luego de las presentaciones, Kagome entrelazó sus manos y las alzó frente a su rostro mientras mantenía los codos apoyados sobre la mesa.

- ¿Eres compañera de clase de Inuyasha? – Prosiguió con su interrogatorio. Tsubaki la miró de arriba abajo con desprecio. Kagome sentía la tentación latente de golpearla aunque fuese con el arreglo de mesa que tenía en frente, es más, hasta la blusa que le había ofrecido Yuka ahora le parecía buena para la ocasión, para que esa mujer no la mirara como un moscorrofio.

- Pues sí. – Sonrió. – Es una maravillosa coincidencia. Ah, pero disculpa, ¿tú eres su hermanita? – Preguntó sonriendo falsamente. Kagome le devolvió la sonrisa y alzó las cejas.

- ¿Hermanita? – Repitió aparentando total serenidad. – No lo creo, soy su novia. – Sonrió triunfal. Tsubaki la miró incrédula y luego se volvió hacia Inuyasha.

- Así es. – Respondió Inuyasha antes de darle tiempo de formular la pregunta. – Estamos en medio de una cita, ¿nos permites? – Preguntó molesto.

- ¡Oh! – Rió ella. – Ni más faltaba. Pero cariño, ¿me has cambiado por esto? – Cuestionó señalando a Kagome como un trapo sucio.

- Posiblemente prefiera a alguien decente e intelectual a una zorra mezquina y desgraciada. – Espetó Kagome para sorpresa de Inuyasha y de la misma Tsubaki, la cual, no la creía capaz de defenderse por sí sola. La susodicha sonrió burlonamente.

- La gatita ha mostrado sus uñas, ¿eh? – Rió con desgano. – Inuyasha, llámame cuando te canses de ésta. – Se despidió. Kagome ni se molestó en seguirla insultando, no caería en una discusión tan deplorable. Sin embargo, la mirada asesina que lanzó a continuación hacia Inuyasha mostraba que no estaba precisamente contenta de haber conocido a aquella tipa.

- ¿Por qué no te vas a charlar con tu amiguita? Se ve que tiene ganas de "conocerte" mejor – Espetó enojada mientras tomaba su bolso y se levantaba de la mesa.

- Kagome… - Dijo Inuyasha en tono cansado mientras la observaba hastiado. Ella caminó hacia la salida e Inuyasha bufando sonoramente se levantó y la siguió. – Kagome… - La llamaba mientras la perseguía, ella sólo caminaba con vista al frente y con el paso acelerado. Finalmente él corrió y la asió del brazo. – Kagome…

- Me voy. – Anunció zafándose del agarre bruscamente. Sango y Miroku, que se encontraban hablando cerca de las puertas del restaurante, al observar esta escena se preocuparon y siguieron a nuestros protagonistas todo el trecho, escuchando con atención cada palabra.

- Yo te llevo. – Dijo con tono autoritario mientras la volvía a coger del brazo. Kagome lo siguió prácticamente arrastrada, pero prefirió ir con él dado que a ella le daba miedo tomar un taxi ya cuando había anochecido.

Una vez ambos en el carro, ella se cruzó de brazos y volvió a encararlo.

- ¿Qué relación hay entre esa tipa y tú? – Preguntó de una vez. Inuyasha puso los ojos en blanco.

- ¡Nada! – Exclamó poniendo el vehículo en marcha. Kagome lo miró inquisitivamente. - ¡Maldición, nada! – Volvió a exclamar. – Escucha: Yo no tengo nada con ella, que ella esté interesada en mí es otra cosa, yo prefería que tu hermano la entretuviera para que no se me pegara como un chicle pero la mujer insistía conmigo, tengo un año que no la veo y me da exactamente lo mismo lo que sea que haga con su vida.

- ¿Y en China? ¿Tampoco tuviste nada con ninguna tipa? – Le espetó. Inuyasha la miró de reojo y luego volvió su vista al volante, pero en su rostro se formó una mueca irónica.

- Con que todo era por eso, ¿no? Querías una oportunidad para echarme en cara algún caso de infidelidad, ¿no es así? – Dijo dolido mientras aceleraba el vehículo.

- ¡Que se yo! Yo no te engañé con nadie, más no sé con qué certeza puedo creer que tú tampoco. – Respondió. – Aparentemente no te fue tan mal en China y pues, pues…

- Y piensas que la pasé maravillosamente viviendo en un burdel. – Le completó sarcástico. Kagome lo miró seria.

- Deja de decir estupideces. – Ordenó furiosa. – Sólo que si la tal Tsubaki se puso toda melosa contigo, pues, por algo será ¿no? – Inuyasha suspiró cansinamente mientras se paraban en una solitaria avenida esperando que la luz del semáforo volviera a cambiar de color. Sango y Miroku observaron un movimiento sospechoso desde la otra calle.

- ¿Eso no es…? – Preguntó Sango. Miroku asintió.

- Rápido, debemos irnos antes de que llegue. – Afirmó Miroku intentando gritarle a Inuyasha para que en su conciencia una pequeña vocecilla le gritara que acelerara, pero el joven sólo estaba pendiente de las palabras que iba a decir.

- Eso tiene una explicación, pero no la que te imaginas. – Aclaró. – Mi mamá últimamente ha organizado reuniones de estudio donde Tsubaki va para mi casa, claro, junto con otros. Sabes que mi mamá no está muy convencida con que yo tenga una relación que ya haya durado tanto.

- Pero igual, eso no da motivo alguno para que esa tipa te trate así. – Refunfuñó molesta.

- Yo no soy el que le da motivo, pero ella se siente apoyada por mi mamá, ya que aparentemente ella prefiere a Tsubaki, pero a mí nunca me llegará a gustar esa mujer. Por tanto, prefiero ignorarla y en lo posible evitarla, más ya no soy responsable de la actitud que ella demuestre conmigo. – Aseveró serio mirando fijamente la mano de Kagome que había tomado y entrelazado con la suya. - ¿Me crees capaz de cambiarte por alguien así? Ya me conoces demasiado bien para creer eso, Kagome.

Kagome se sintió culpable al sospechar de él y también se había quedado mirando sus manos entrelazadas mientras formulaba en su tumultuosa mente una buena disculpa. Inuyasha le había parecido muy sincero y ella no era quién para dudar de su palabra, no luego de años de conocerse mutuamente.

- Yo… - Empezó a decir, más sin embargo se interrumpió al sentir que la puerta del copiloto era abierta abruptamente, al voltearse observó a un tipo encapuchado que rápidamente le puso una enguantada mano sobre la boca y la pistola en la sien. Inuyasha abrió los ojos desorbitadamente en fracción de segundos mientras este hecho parecía pasarle en cámara lenta.

- Maneja o le vuelo los sesos a ella. – Ordenó mientras se montaba en el carro y bruscamente agarraba a Kagome, colocándola sobre él para que no se le escapara e inmovilizándola por completo. Ella inmediatamente empezó a temblar y a llorar mientras sentía el frío metal presionar contra su piel. Inuyasha maldijo por lo bajo y más blanco que un fantasma logró reaccionar y emprender la marcha en su carro.

Observó de reojo la calle y notó que el asaltador cargaba consigo unas bolsas inmensas que aparentaban tener adentro dinero en efectivo y cerca de allí quedaba un banco. Sacó sus conclusiones rápidamente y se maldijo a sí mismo por haberse enfrascado tanto en la discusión con Kagome y no haber estado pendiente de la zona por donde transitaban. Ahora ambos estaban en peligro de poder morir. Sango abrazaba con todas sus fuerzas a Kagome mientras que la cubría con sus alas, sentía el miedo de ella claramente colarse a través de cada fibra de su espiritual anatomía. Miroku mantenía su mano apoyada en el hombro de Inuyasha, debía hacer que él se mantuviera sereno o de lo contrario chocarían en cualquier momento, sobretodo porque los gritos del criminal recriminándole porqué no aceleraba lo suficiente sólo lo ponían más nervioso. Kagome sin embargo, aún en su temblor y horrible pánico oraba porque Inuyasha saliera con vida de todo eso, y quizá, si aquel maleante se apiadaba de ella, sólo la asesinara pero que no la violara antes.

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Bueno, estoy consciente de que estuvo algo dramático el final, pero es que ese asalto en verdad pasó. Lamento el retraso, últimamente no he estado muy bien que se diga de inspiración y pues, cuando escribía, no lograba que me salieran bien las palabras. Aparentemente, estoy retomando fuerzas en esto, aunque sea un poco ñ.ñU Muchísimas gracias por sus reviews, si ven que la relación entre los protagonistas no es precisamente apasionada, pues, les digo, todo tiene su razón de ser, yo sé porqué hago las cosas, así que no se desesperen, ahora es que vienen otros eventos n.n Ojalá les haya gustado y me puedan dejar review, será hasta el próximo capítulo. Sayonara ;)