CAPÍTULO 12
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-¡Papi, papi!- una mano pequeñísima tiraba de sus pantalones, reclamando su atención- ¡Papi, mira lo que hice!- él se agachó para complacerla, mientras la niña le tendía ansiosa una hoja de papel en el cual había otro de sus tantos garabatos. Era un alivio que al fin estuviera dibujando en papel y no en las paredes de la casa, que para la fecha estaban todas "decoradas" con los dibujos de la pequeña de tres años. Jules se había rendido hacía rato, diciendo que ya repintarían la casa cuando Lily fuera a la universidad. Después de todo, las paredes de color rosado "eran cool". No le pregunten qué significaba eso.
La pequeña había sacado su color de pelo, pero lo tenía rebelde y ondulado como su madre. Sus ojos azules, enmarcados con espesas y largas pestañas negras, habían aprendido a muy temprana edad que de su papi podían obtener lo que quisieran si lo miraban de la forma correcta. En ese momento expresaban completa adoración y Steve sintió su corazón derretirse.
-Primero quiero un beso- le dijo él, a lo que Lily aceptó gustosa, implantando un sonoro beso en su mejilla y dejándola pegajosa con una mezcla de saliva y el chupa-chups de manzana que había estado comiendo.
-Lily, ¿qué estás haciendo?- Jules ingresó al living, caminando cual pingüino con una mano en la espalda que le ayudaba a equilibrar el peso de su gran barriga. Era increíble que sólo hubiese una criatura allí dentro. Si no hubiera visto las ecografías, Steve juraría que ella esperaba mellizos.
-Estoy mostrándole a papi mi dibujo, mami- explicó la pequeña.
-Estoy esperándote para bañarte desde hace quince minutos cariño. Muéstrale el dibujo a papi y vamos a meterte a la bañera. El señor Poppy ya está allí y quiere jugar contigo-
-Si mami- dijo la niña, volviéndose a su padre para mostrarle su nueva obra de arte. Steve sacó sus ojos de su hermosa (y grande) mujer y con una sonrisa tomó el papel que le entregaba su hija.
-A ver qué tienes aquí, Picasso.
Había dibujado una AK-47. Steve levantó la vista, y su niña estaba vestida de ninja.
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Despertó sobresaltado, con la respiración agitada y su cuerpo sudando frío. El salto que dio en la cama había despertado a Jules, quien estaba acurrucada contra él.
-Steven, ¿estás bien? ¿Ocurre algo?- preguntó ella con voz somnolienta, incorporándose sobre un codo para mirarlo mejor.
-Sí, estoy bien... era.. era solo un sueño. Vuelve a dormir- la tranquilizó, volviendo a acomodarla contra su pecho, aunque su ritmo cardíaco seguía corriendo una maratón.
Todo esto era culpa de Danno. Iba a matar a su compañero y su maldita bocota. Sin remordimientos.
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Tres días después, estaban todos sentados alrededor de la mesa de la cocina. Desde la primera vez que se habían juntado para desayunar allí, su equipo parecía haber adquirido el hábito de pasar por allí todas las mañanas, antes de comenzar una nueva jornada de trabajo. Steve era una persona que disfrutaba la privacidad, pero como sucede en todas las familias, nadie le presta atención a nimiedades como ésas. Fue algo progresivo, pensó. Comenzó con Danno, entrando sin golpear la puerta (rehusándose a ello a pesar de lo mucho que él había insistido), luego Danno y Grace, Kamekona a continuación, luego Jules, Ziva, Kono y Chin. Todos se manejaban como si estuvieran en su propia casa. Era agradable, concluyó. Realmente constituían una familia… de lo más atípica, eso sí.
Se había percatado unos días atrás que estas pequeñas reuniones hacían feliz a Jules. Y él haría lo que estuviera a su alcance para que ella se sintiera feliz. Si formar parte de esta ohana era lo que necesitaba, él iba a dárselo.
Danno estaba sentado frente a él, entre Ziva y Chin. Kono estaba a su lado, y Jules estaba sentada sobre su pierna izquierda, riéndose a costa del detective. Todos tenían una taza de café humeante en la mano y comían panecillos con mermelada de fresas que había hecho Jules el día anterior. Cuándo encontraba ella tiempo para cocinar, era un misterio para él. Habían pasado el fin de semana sin un segundo de respiro, un caso tras otro. Y sabía que tanto Jules como Ziva habían estado muy ocupadas también.
Kono dio un largo bostezo, y luego se pasó las manos por el rostro para intentar despejarse.
-Chin, tápate los oídos- Indicó Danny, a lo que el otro lo miró extrañado- ¿Gran noche la de anoche, novata?- bromeó el detective.
-Ahh, cállate Williams- respondió ella con una mueca. Todos sabían que había tenido una cita con Ben la noche anterior, a la que casi no llega a tiempo porque el caso les había tomado más de lo planeado.
-No, en serio, ¿cómo fue? – preguntó Ziva, mientras se servía más café.
-Estuvo bien, ¿ok?
-Bien ¿cómo?, ¿Bien-más o menos, Bien, o Bien-bien?- interrogó Jules.
-¿Cuántos "bien" tienen las mujeres para calificar una cita?- Murmuró Steve, desconcertado.
-Más de los que crees, cariño.
-Estuvo bien-bien… hasta que me caí dormida sobre el sushi – Contestó ella, negando con la cabeza, en señal de frustración – ¡Estaba tan cansada!
-Uhhf- exclamaron las restantes mujeres de la mesa
-Vaya, eso no pudo haber terminado bien – dictaminó Danno con la boca llena.
-Sí, gracias por la brillante deducción- respondió la novata mordazmente.
- Bueno, siempre podías dar la excusa que estabas con calmantes, ya sabes, de esos que provocan sueño.- Sugirió Jules.
-Sip, eso siempre funciona- Aseguró Ziva.
-Mujeres- fue todo lo que acotó Chin, como si estuvieran más allá de la comprensión de cualquiera, lo que hizo reír a Steve.
Jules se irguió de pronto, mirando su reloj.
-Mierda Z, se nos hace tarde- dijo mientras se levantaba y tomaba apresurada lo que le quedaba de café – Vamos- le indicó, mientras la israelí ya se paraba también.
-¿Y adonde van ustedes dos?- preguntó Danny
-Tenemos que hacer unas compras – contestó Jules, mientras le daba a Steve un rápido beso de despedida.
-¿Compras? ¿Qué quieres decir? ¿Qué tipo de compras? ¿Ropa o algo así?
-Mhm… no, nada de ropa.
-Accesorios – dijo Ziva, saltando en su ayuda.
-¿Qué tipo de accesorios?- cuestionó el detective, con una ceja en alto.
-La curiosidad mató al gato, Daniel – Lo amenazó Ziva, mientras salía de la cocina detrás de Jules.
Cuando ellas dos salieron de la casa, Danny tenía una mueca de sospecha que iba en crescendo a medida que pasaban los segundos.
-¿Les crees?- preguntó a Steve.
-Para nada.
-¿Qué crees que van a hacer en realidad?
-Algo muy ilegal- de eso Steve no tenía ninguna duda.
-¿Deberíamos seguirlas?- propuso su compañero.
-¿Tú quieres seguirlas?
Danny pareció pensárselo mejor durante unos segundos antes de contestar.
-Me gustan mis partes privadas donde están.
-Entonces no deberíamos seguirlas.
-Tienes razón.
-Lo sé.
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-Hay algo raro contigo hoy- le dijo Steve a Danny, mientras entraban caminando al HQ.
-¿Discúlpame? ¿Conmigo? - preguntó el detective, apuntándose al pecho con las manos - ¿qué quieres decir? ¿Algo raro?-
-Sí, algo raro Danny-
-¿Y puedo saber qué es lo que tu retorcido cerebro de ninja encuentra raro?-
-No lo sé todavía, y no digas ninja, Danno. Pensé que te lo había dejado claro.- Steve abrió la puerta de cristal que daba a la oficina común del HQ, dejando pasar primero a su compañero.
-Ninja, ninja, ninja. Tienes un montón de apelativos, y ese es uno de mis preferidos.
-Sigue buscándome, y haré que alguien te dispare hoy- lo amenazó – Y hay algo raro contigo hoy ¿No vas a decírmelo?-
-No sé de qué estás hablando- negó con la cabeza- Uh, mira lo que tenemos aquí – dijo mientras señalaba un sobre de papel madera que había sobre la mesa, junto con varios papeles más.
-Maldita sea, otro sobre– lo abrió para encontrar una llave de color dorado, y mostrándosela a Danny – Intenté con esta cosa en cada cerradura de la casa, pero no coincidía. Hasta probé con las del antiguo escritorio de mi padre en la HPD, ¿recuerdas?
-Lo habrán dejado en el buzón general de la HPD, si estaba con el resto de estas... ¿Qué qué son? ¡Ahh, mira! Pero si son facturas de todo lo que tu trasero de SEAL ha roto últimamente – decía con una estúpida sonrisa de satisfacción, mientras miraba la pila de papeles – Te dije que nos iban a cobrar por esa puerta que tiraste abajo la semana pasada, maldito neanderthal. ¿Y a quién estás llamando?
-Jules
Después de cinco timbrazos, ella respondió y él la puso en altavoz.
-¿Si?
-Hey Jules, ¿dónde estás?
-Mhm... en el aeropuerto.
-¿Qué? ¿qué están haciendo en el aeropuerto? ¿Van a alguna parte y olvidaron mencionarlo?
-Nop, estamos esperando un paquete.
-¿Un paquete? ¿Qué clase de paquete?- preguntó Danny.
-Oh mi Dios, ese hombre nunca deja de hacer preguntas – Se escuchó que Ziva decía en el fondo.
-Voy a hacer todas las preguntas que quiera, porque cuando no lo hago, la gente empieza a dispararme ¿sabes? A dispararme. ¡Y me gusta estar prevenido, muchas gracias!
-¡Yo voy a dispararte, Daniel, si sigues haciendo preguntas de las que no quieres saber la respuesta!- le advirtió la israelí.
-Dime Steve, ¿qué necesitas?- Jules intervino antes de que el asunto fuera a mayores.
-Llegó otro sobre hoy, pensé que querrías saberlo. Tiene una llave dentro, pero no sé de qué abre.
-¡¿En serio?- preguntó emocionada -¿Dónde lo dejaron?
-En el buzón de la HPD.
-Ahh, mierda- se quejó ella, mientras Ziva soltaba una carcajada.
-¿Por qué, qué sucede?- quiso saber Steve.
-Le debo a Z cincuenta dólares – lanzó un sonoro suspiro- Ella fue la que insistió en que pongamos una cámara ahí también, pero yo pensé que dado que ya te habían dejado uno ahí anteriormente, no iban a volver a repetir el lugar por miedo a ser descubiertos.
-¿Qué? ¿Quieres decir que pusieron una cámara en la HPD?- Danny le hizo una mueca.
-¿Necesitas que te lo escriba, Daniel? - Ziva lo provocó nuevamente.
Danny hizo una mímica como si estuviera ahogando por el cuello a alguien con las dos manos. Imaginen quién era.
-Oh, pusimos cámaras en todos lados- Informó Jules.
-¡Eso es genial! –Steve estaba exultante -quiere decir que tenemos filmado a quién quiera que me esté enviando esos sobres.
-Yeahp, ésa era la idea.
-Ehy, J, el tipo está aquí – le avisó Ziva
-Ok, tengo que dejarlos. Los vemos en tu casa cuando terminemos aquí.
-Espera Jules, ¿quién…?
Y la comunicación se había cortado.
-¡¿Puedes creer a esa mujer?- gritó Danny y algo así como un "¡mmmm!" de rabia salió de la boca del detective, mientras apretaba los dientes y tensaba todos los músculos de la cara. Y sí, estaba ahorcándola de nuevo. Después le decían a Steve que él tenía "caras". Obviamente su compañero no se había mirado al espejo – ¡me vuelve absolutamente loco! ¡voy a matarla antes de que todo esto termine!
Steve solo sonrió.
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Ziva se hallaba manejando un teclado, mientras buscaba entre todos el video que necesitaban. Sí que habían puesto muchas cámaras. A velocidad relámpago pasaban por el monitor (que estaba decorando la pared de su living) imágenes de cada una. Del HQ (¿cuándo demonios habían entrado ellas dos en sus oficinas sin que ellos lo notaran?), del patio trasero su casa, del patio delantero de su casa, de su camioneta, del Camaro, de la casa de..
-¡¿Estaban filmando mi casa?- exclamó Danny, furioso, dirigiéndose a la agente David, que le devolvió una mirada glacial.
-¿Con miedo, Daniel?- preguntó ella, con una sonrisa malévola – Tal vez deberíamos ver las grabaciones, solo por si acaso.
-Zivaaa- Le regañó Jules, viendo estos dos iban a enzarzarse en una pelea. Otra vez.- Esa Z, esa es – dijo cuando vio el video de la HPD pasar en la pantalla.
Adelantaron el video hasta llegar a la noche anterior, donde redujeron un poco la velocidad para poder ver algo. Estaba el cartero, dejando de todo menos un sobre marrón… y luego estaba…
-Esperen un segundo… ¡¿Laura Hills?- preguntó Steve estupefacto.
-Pregunta básica, pero ¿quién es Laura Hills?- Jules estaba mirándola a él - ¿La conoces?
Docenas de pensamientos estaban corriendo por la cabeza de Steve al mismo tiempo, mientras su cerebro intentaba analizar las diferentes posibilidades.
-Ella es el enlace de la seguridad pública, designada por Jameson, la gobernadora de Hawaii- Explicó Chin.
-¿Por qué está enviándote ella las cosas de tu padre? – cuestionó Kono.
-¿Y cómo es que tiene acceso a esas cosas? Se suponía que Hiro Noshimuri las había robado- preguntó Danny.
-Tal vez esté trabajando para Wo Fat
-O para alguien que trabaja para Wo Fat
-La verdadera pregunta aquí es para qué equipo está jugando – razonó Jules
-O bien está intentando llevarme a Wo Fat, o a quien sea que tenga las evidencias ahora, o está actuando bajo sus órdenes – resumió él.
-La pregunta es cuál.
-Si
-¿Y cómo vamos a hacer para averiguarlo? Si está pateando para el equipo contrario, no podemos simplemente preguntarle. Sería lo mismo que ondear una bandera roja indicando que estamos aquí – estableció Ziva.
-Hacemos lo que sea necesario. Ella no sabe que la tenemos, por lo que no va a estar esperando que alguien siga sus movimientos- dijo Steve- Quiero sus registros telefónicos, movimientos bancarios, antecedentes. Todo. Amigos, conocidos, familiares. – Enumeró.
-No creo que esté trabajando para Wo Fat- conjeturó Chin, tras lo cual todos se pararon para mirarlo. – No me dio esa impresión. Es una buena persona.
-No la conoces, primo.
Chin Ho Kelly guardó silencio por unos segundos, con una expresión indescifrable en el rostro.
-Si ella está tratando de ayudarnos, y alguien la descubre, podría estar en peligro. No podemos arriesgarnos.
-Lo haremos con cuidado. La vigilaremos, y veremos qué sucede.
El celular de Steve comenzó a sonar, y luego de contestar le dijo a su equipo:
-Era la HPD, tenemos un caso. Tenemos que irnos.
-Ok, ustedes vayan, nosotras nos pondremos con esto- ofreció Jules – Les avisaremos cuando encontremos algo, no se preocupen.
Steve asintió y todo su equipo se puso en marcha.
-Y tú… - le advirtió Danny a Ziva, mientras la apuntaba con un dedo - no le dispares a nadie-
Ella retrucó algo en hebreo que hizo reír a Jules.
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Dos horas y media más tarde, Steve decidió que necesitaban ayuda.
Iban a contrarreloj, y se les estaba acabando el tiempo.
-Danny, llama a Jules- le pidió a su compañero que estaba sentado junto a él, en el asiento del pasajero del Camaro.
-¿Por qué? ¡¿No puedes esperar? ¡Ahhhh! ¡¿Puedes por favor ir más despacio? – le rogó mientras Steve tomaba una curva cerrada a alta velocidad.
-Porque vamos a necesitar ayuda si queremos encontrarla a tiempo, Danny, tú no tienes ninguna experiencia en rastreo, ellas sí- le explicó mientras daba otro volantazo en el "camino" de tierra por el que estaba conduciendo montaña arriba. Kono los seguía en su auto, junto con Chin.
-¡Ok, ok! ¡Dios, vas a hacerme vomitar! – se quejó mientras marcaba el número de Jules. Ella contestó al segundo timbrazo.
-¿Si?
-Ehy Jules, es Danny. ¿Dónde están?
-En la casa de Laura Hills.
-¿Qué quieres decir? ¿Vigilando la casa?
-No, estamos EN la casa. Dentro. Encontramos los sobres con que le manda las evidencias a Steve, pero las cosas no están aquí… ella no las tiene. Debe estar sacándolas de algún otro lugar.
-Discúlpame, ¿estás diciendo que están allanando la casa? ¡Necesitan una orden para eso!-
-Ahora sí voy a matarlo- le dijo Ziva a Jules, pero ellos la oyeron perfectamente. El altavoz era una perra.
-¡Danny concéntrate! Puedes gritarles luego - le gritó Steve, mientras hacía saltar el Camaro sobre unos baches.
-Mierda. Ok, salgan de allí, las necesitamos aquí- Les pidió.
-¿Dónde es aquí? ¿Qué pasa?- preguntó Jules
-Pues no lo sé, tenemos que recuperar a una testigo en el medio de la maldita selva-
-En Kahuku- aclaró Steve.
-Sí, eso. Estoy enviándoles las coordenadas ahora-
-Ok, vamos para allá. ¿Armas?- preguntó ella.
-Sí, vengan armadas- les pidió el comandante, antes de que cortaran la comunicación.
-No me gusta esto, no me gusta para nada- le dijo Danny – Y cuando las cosas salgan mal, voy a decir un gran, gran "te lo dije"!
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Ok, la situación es la siguiente – Informó Steve a las cinco personas que lo rodeaban, mientras todos comprobaban sus armas y preparaban sus equipos – Julie Masters es una testigo imprescindible en el juicio por asesinato contra Aaron Brenner, un importante distribuidor para el cartel de Baja California. Tiene que estar en el juzgado para las 1700 horas, o Brenner sale libre. Sin Julie, la fiscalía no puede proceder.
-¿Qué pasó aquí?- preguntó Ziva.
-Los Marshalls del FBI que la estaban custodiando fueron asesinados, y también dos oficiales de policía – explicó él, mientras les señalaba la casa donde se había hospedado la testigo – Ella logró escapar, sin embargo. Por lo que pudimos deducir, hay un grupo de asesinos profesionales que la están buscando, y van a hacer todo lo posible por evitar que ella testifique hoy.
-Tenemos que encontrarla antes que ellos- dijo Kono, a lo que todos asintieron.
-Vamos a dividirnos en equipos, tenemos más probabilidades de encontrarla antes si nos separamos. Quiero que tengan extremo cuidado y disparen si es necesario pero intenten no delatar su ubicación, ¿de acuerdo? No sabemos cuántos hombres están persiguiéndola-
Steve miró a su equipo, evaluando sus capacidades y experiencias.
-Jules, vas con Chin. Ziva con Danny y Kono, tu vienes conmigo- Indicó.
-¿Qué?- preguntaron al unísono el detective y la israelí, como si hubieran entendido mal.
-¿Estás loco? ¿Vas a mandarme con ella? ¿Por qué no puedo ir contigo?- reclamó su compañero.
-Pareces un niño, Daniel- lo regañó ella.
-No voy a ponerme a discutir ahora, no podemos perder más tiempo Danny.
Ahh… Steve daba gracias a la tecnología y al genio al que se le había ocurrido poner una cámara de fotos dentro de los celulares. Porque ahora tenía una fotografía de Danno vistiendo pantalones militares, una remera de camuflaje (que eran de él) y el pelo rubio bañado en pintura verde. Sip, esto sería material perfecto para algún chantaje de alta categoría cuando la ocasión lo requiriera.
Mientras se untaba a sí mismo con pintura de camuflaje, observó al resto de su equipo, hasta que su vista se detuvo en Jules. Ella parecía una amazona, con unos pantalones marrones que le marcaban el trasero – según la había escuchado quejarse, la ropa pertenecía a Ziva- un arma en la cadera y otra en la pierna derecha. En la izquierda tenía amarrado un cuchillo. Tenía el pelo sujeto en un rodete y la cara y los brazos con pintura. El ritmo de la respiración de Steve se tornó irregular, y su corazón se saltó algunos latidos.
-¿Auriculares listos?- chequeó el suyo propio, mientras escuchaba cinco personas respondiendo "si".
-Ok, gente. Hora de movernos-
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