N/A: Siento haber tardado tanto en actualizar.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, solo los uso para crear esta trama.
Alivio.
Victoria.
Corre al baño de la escuela todo lo rápido que sus delgadas piernas le permiten. Su respiración agitada, sus manos sudadas y de nuevo... cortes en su muñeca. Esta vez no pudo luchar contra el impulso, era demasiado fuerte. Corrió de Jade y sus preguntas, de Jade y su insistencia. Huyó de la calidez que mostraban sus ojos, de la preocupación en cada parte de si... Escapó, escapó de todo aquello, porque su padre le dejó bien claro la última vez que solo era una gorda mierda con vida que no merecía si tan siquiera respirar.
Tomó aire una, dos, tres veces. Sonoramente. Pero no sirve. Necesita sentirse viva, necesita... la necesita a ella. Pero no puede, porque la mochila está en la clase y ella salió corriendo de allí en el descanso porque la pelinegra no dejaba de preguntar una y otra vez cuál fue aquella cosa que le había hecho salir de su casa tan apresurada.
Las lágrimas no la dejan ver, y es que a pesar de que sus ojos son grandes, hermosos y redondos, cuando llora es imposible ver nada ya que sus hojos se hinchan y por más que se quite aquellas gotas saladas que escurren de sus ojos, su visión sigue siendo borrosa.
Quiere dejar de llorar, de hiperventilar, de sentirse así.
"No puedo. No puedo"- Se repite constantemente.
Pero lo hace, y no siente todo el dolor que desea, pero sirve de algo. Clava sus uñas repetidamente en su muñeca y arrastra, arañando toda la zona baja del brazo. Una. Dos. Tres. Cuatro veces. Y sigue así hasta que el timbre suena. Pero ella no está preparado para ir a clases, por lo que intenta recuperarse mínimamente para ir a la enfermería y decir que le duele la cabeza demasiado. Mentir. Mentir constantemente, pero es que a veces la vida no permite otra cosa. A veces te hunde demasiado, y para luchar necesitas recurrir a los trucos más sucios. Ella odiaba la mentira, siempre lo había dicho, prefería la verdad -ya vería si le dolía o no- pero a pesar de eso, siempre tenía que recurrir a contar algo que no creía o que no había pasado. Siempre recurriendo a aquella mala estrategia...
Y eso servía con todos, con todos menos con Jade. Y es que aparte de que mentirle a ella le costaba el triple, esta no era tan tonta como los demás, y no se creía la mayoría de las falsedades que salían de la boca de la menor.
Tras haberse recuperado algo, se levantó del suelo de aquel pequeño cubículo y salió del baño camino a la enfermería. Esta estaba totalmente vacía tal y como había imaginado. La enfermera solo le dió una pastilla y le dijo que cuando llegase a casa descansase lo máximo posible.
"Como si eso fuese posible"- Se dijo, su tono totalmente irónica.
Caminó de nuevo a clases, no sin antes pasarse por el baño para ver su estado.
"Horrible, como siempre. Aunque al menos no quedan rastros de haber llorado"- Dió media vuelta, odiando un poquito más aquel reflejo, y caminó a clases. Odió que su asiento estuviese concordante al de la pelinegra, y es que esta la volvía a mirar de aquella forma que la hacía sentirse querida y protegida. Aquello era raro, horrible y enfermizo. Ella era un monstruo y nadie podía verla de aquella forma. Nadie.
'Siento si dije algo que no debía.
Solo quiero que sepas que estaré
para ti si necesitas algo.'
Se sorprendió cuando la mayor pasó aquel minúsculo papel hasta su mesa. A pesar de sentirse hundida, no pudo evitar mostrar una tímida, aunque sincera, sonrisa.
"Esto está terriblemente mal... esto está demasiado mal. Debe dejar de tratarme así, porque descubrirá demasiado... Y entonces correrá de mi"- Se repetía una y otra vez en la cabeza de la menor.- "Para esto, por favor. Páralo"
Miró a su compañera y suspiró.
-Tranquila, estoy bien.- Mintió. Y podía jurar que aquella fue la mentira que más le costó articular. Y no solo por el simple hecho de que fuese eso, una mentira, si no porque se lo dijo a Jade, aquella chica que por unos segundos iluminaba su mundo, aquella que ahora la estaba mirando con aquella sonrisa grandiosa, aune algo sarcástica y coqueta, en su rostro, con sus ojos brillando y su mano acariciando la suya.
Se percató entonces de que jamás había dejado que Jade la tocase, quizá porque el que alguien la tocase le daba pánico pues le traía dolorosos recuerdos, pero... se sintió tan bien ante ese gesto, que mientras que el profesor de Literatura no dejaba de hablar y hablar sobre los autores del Romanticismo, Tori disfrutó de esas caricias durante los cuarenta minutos restantes de la clase, sintiendo como el alivio poco a poco invadia su cuerpo.
"Quizá... esto sea más reconfortante que el dañarme.."
