CAPÍTULO 12: TERNURA

Overgirl flotaba en el aire, al otro lado de la ventana de la habitación. Las pesadas cortinas tapaban la vista, pero eso no era problema para Kara y su mirada de rayos X. Lena parecía dormir plácidamente, con expresión calmada. La comandante sonrió sin darse cuenta. Y justo en ese momento, la joven Luthor comenzó a desperezarse. Overgirl regresó rápidamente a la entrada de la casa.

Lena salió a desayunar al porche. Su guardaespaldas la acompañaba, también su doncella y su chófer. Lex Luthor apareció a los pocos minutos y se sentó junto a su hermana.

―Prepara el coche, James, luego voy a ir al cuartel militar ―dijo Lena.

―Lo siento mucho, señorita Luthor, no me dio tiempo a lavarlo esta mañana ―explicó James con inquietud, sintiendo la mirada de desprecio de Lex.

―Qué inútil, ni siquiera sabe organizar el tiempo de sus tareas ―exclamó con crueldad. ―Lena lo miró con indignación y después de dirigió a su angustiado chófer.

―No pasa nada, James, ya lo lavarás cuando volvamos, no necesito que esté impoluto para este viaje ―dijo con una sonrisa amable que él le devolvió asintiendo con la cabeza antes de marcharse.

Overgirl no perdía detalle de la forma en que su protegida interactuaba con sus sirvientes, tan distinta a la de su hermano.

―Aquí tienen el desayuno ―anunció Eve posando una bandeja de plata sobre la mesa de madera.

―Muchas gracias, Eve ―contestó Lena que miraba el contenido de la bandeja como si buscase algo―, ¿no hay mermelada?

―Otra que no sabe hacer bien su trabajo ―declaró Lex en tono burlón. Eve evitó mirarlo para no provocarlo más.

―No le hagas caso, Eve, nunca solemos pedirte mermelada para desayunar, es natural que se te haya pasado ―justificó Lena con afecto―, ¿podrías traérmela?

―Claro que sí, señorita Luthor, enseguida ―replicó Eve sonriendo.

―Espera, Eve ―interrumpió Lex, haciendo que detuviera sus pasos y se volviera para mirarlo―, creo que desayunaré dentro, súbeme una bandeja a mi habitación ―Lex terminó la frase sin esforzarse en ocultar sus segundas intenciones.

Eve buscó a Lena con la mirada, suplicando ayuda, y la joven Luthor, por supuesto, se la concedió.

―Súbete la bandeja tú mismo, Lex, ya eres mayorcito ―acusó su hermana―, ¿o quieres que nuestro padre sepa que el hombre que heredará tosas sus empresas no es capaz de levantar una simple bandeja? ―Atacar su orgullo masculino solía funcionar.

―Estás mimando demasiado al servicio, no olvides que están aquí para cumplir nuestras órdenes ―terminó echándole una mirada de lo más indecorosa a Eve.

Lex pasó por la cocina y después tomó las escaleras hacia el primer piso. Sólo entonces, Eve se metió en la casa para entrar en la cocina, evitaba, siempre que podía, estar a solas con él. Lena y Overgirl seguían en el porche.

―¿Quieres desayunar conmigo? ―invitó Lena.

―Gracias, señorita Luthor, pero ya desayuné al levantarme ―contestó la comandante.

―Parece que madrugas más que yo ―bromeó Lena.

―Sí… ―Dudó pero finalmente lo dijo― Su forma de tratar al servicio…

―¿Qué le pasa?

―Me resulta extraña, es demasiado… amable con ellos ―afirmó Overgirl, decepcionando a Lena.

―¿Verías mejor que los tratase como mi querido hermano? ―preguntó la joven Luthor, pero no la dejó responder―, no veo necesario maltratar al servicio, Eve y James merecen el mismo respeto que yo.

―¿El mismo que usted? ―exclamó Overgirl sin dar crédito.

―Trabajan para mí, es cierto, pero precisamente por eso, hacen muchas tareas que yo no hago, y con ello me ayudan, ¿por qué no iba a tratarlos con respeto y amabilidad si hacen mi vida mucho más fácil?, les estoy agradecida ―admitió Lena dejando sin palabras a la comandante.

Overgirl nunca había escuchado semejantes argumentos. En el centro de reclutamiento siempre le habían dicho que había que tratar con frialdad a las clases inferiores para que no cogieran fuerza y se rebelasen, que era su único deseo. Pero Eve no parecía albergar resentimiento ni agresividad hacia Lena, sino todo lo contrario. ¿Acaso la manera de tratarla de Lena tenía mejores resultados que la frialdad e indiferencia que siempre le habían predicado a ella? En realidad, no sólo habían sido instrucciones, lo había vivido en su propia piel. No recordaba ningún gesto amable o cálido de la gente que formó parte de su vida en el centro de reclutamiento, y la cosa no cambió cuando empezó a trabajar para el régimen nazi como Overgirl. Nunca se lo había preguntado antes, porque esos sentimientos no entraban en la forma de vida de una comandante nazi, pero, ¿qué debía sentirse al ser tratada con cariño y no sólo con fría disciplina?

―¿No tienes nada que decir al respecto? ―sondeó Lena.

―No, señorita Luthor.

«No creo que deba compartir mis reflexiones contigo», se dijo Overgirl en su interior.

―Me gustaría llamarte Kara ―dijo Lena de pronto, sacando a la comandante de sus cavilaciones.

―¿Qué?

―Me resulta incómodo llamarte Overgirl o comandante Danvers ―explicaba Lena―, como sabes, te tuteo desde hace tiempo y no tiene sentido usar esos nombres.

―No es necesaria tanta cercanía, señorita Luthor ―replicó Overgirl de inmediato, tratando de mantener la distancia como si eso la protegiese de ella y su poderosa influencia en tantos sentidos―, soy su guardaespaldas, obedeceré sus órdenes porque es mi deber proteger a la prometida de mi capitán, no vamos a ser amigas.

―Vaya, sí que tienes claro tu trabajo ―musitó con tristeza mientras apartaba la mirada y se levantaba de la silla.

―¿A dónde va?

―Ya no me apetece desayunar aquí.

Lena caminó hacia el interior de la casa, pero se detuvo al sentir la mano de Kara en su muñeca. En cuanto la joven Luthor la miró, la comandante liberó su brazo.

―Lo siento, no quería molestarla con mis palabras. ―Era totalmente sincera, la tristeza en sus ojos verdes le había provocado un fuerte malestar en el pecho.

―No te preocupes, es culpa mía, todavía me cuesta acostumbrarme a la realidad de las cosas ―dijo Lena―, es sólo que pensé, que como vamos a pasar mucho tiempo juntas, muy cerca la una de la otra… ―Lena avanzó un paso para acortar la distancia entre ellas y Overgirl empezó a ponerse un poco nerviosa al sentir el calor que irradiaba su cuerpo― sería natural llamarte de una forma menos fría… además… bueno, da igual.

―No, dígame, por favor ―Sabía que estaba metiéndose en la boca del lobo, pero ahora no podía dejar de escuchar.

―Quería llamarte de manera diferente a como te llama todo el mundo ―afirmó Lena.

―¿Por qué? ―logró pronunciar Overgirl, con el corazón acelerado.

―Porque… me salvaste la vida, para mí eres diferente del resto, eres… especial ― confesó con un suave rubor en las mejillas― Pero entiendo que tú lo veas desde otra perspectiva, no pasa nada.

Lena retomó sus pasos hacia el interior de la casa y Overgirl hizo el amago de seguirla, pero su maltrecha sensatez logró detenerla.

«¿Soy especial para ti?», se dijo llevándose la mano al pecho, donde pudo sentir su corazón latiendo desbocado, «maldito, relájate de una vez, ¿qué demonios te pasa?»

XXXXXX

Lena se presentó en el cuartel militar para hacerle una visita de cortesía a su prometido. Tenía que mantener las apariencias de compartir con él una excelente relación. Overgirl la acompañaba, y allí se encontraron con el emperador, que hablaba animadamente con Edge y Lord, y su escolta persona, Psi. Lena quería hablar con Gayle, ahora que tenía la certeza, gracias a Alex y a Maggie, de que a la rubia le gustaban las mujeres y que además frecuentaba locales secretos como el "Wired". Pero su querido prometido le había dejado muy claro que no quería verla a solas con ella, así que lo iba a tener difícil.

―Buenos días, señorita Luthor, es un verdadero placer verla por aquí ―declaró Gayle con una amplia sonrisa que a Overgirl hizo fruncir el ceño.

―Buenos días, teniente Marsh ―contestó Lena compartiendo la sonrisa. Overgirl empezó a molestarse.

―Su presencia es como un soplo de aire fresco en este lugar tan serio y estricto ―bromeó Gayle dando unos pasos hacia la joven Luthor.

Overgirl alzó el brazo indicando a Gayle que no se acercase más a ellas.

―¿Ve lo que le digo?, cuánta frialdad y es mi propia compañera ―exclamó Gayle con teatralidad―, ¿no ha dormido bien esta noche, comandante?

―No me gustan sus bromas, teniente ―dijo Overgirl con seriedad.

―Tranquila, Psi sólo quiere saludarme ―intervino Lena.

Ambas mujeres intercambiaron miradas cómplices. Querían hablar, pero no podían hacerlo delante de la comandante y de los otros.

―Voy un momento al baño ―indicó Lena.

―¡Comandante Danvers, venga! ―exclamó Edge, y Overgirl tuvo que obedecer, aunque eso significara ver cómo Psi seguía a Lena hasta el baño y no poder hacer nada.

―Ha habido suerte, su prometido nos ha concedido unos minutos sin saberlo ―se burló Gayle.

―Entonces aprovechémoslos, antes de que Overgirl entre a asegurarse de que no me hace nada malo ―bromeó Lena, haciendo reír a Gayle.

―Me cae bien, señorita Luthor.

―Llámame Lena ―Le ofreció la mano y la rubia se la estrechó.

―Gayle, entonces ―replicó―, está bien que nos tuteemos, tenemos bastante más en común entre nosotras, que con toda la gente de ahí fuera.

―¿Cómo puedes vivir una doble vida perteneciendo a la división de las SS? ―preguntó Lena con interés―, me parece muy peligroso.

―Lo es, pero seguro que para ti tampoco es fácil, perteneciendo a los Luthor y ahora aún más, siendo la prometida del capitán Edge.

―Supongo que las dos sabemos lo que es jugarse la vida por ser como somos.

―Lesbianas… qué alivio poder decir la palabra prohibida en voz alta ―admitió Gayle.

―Ahora que las dos conocemos eso de la otra, tenemos el poder para destrozarnos.

―Sí, pero no temas de mí, Lena, lo último que haría es perjudicar a una mujer que puede comprenderme como tú ―aseguró Gayle.

―Te creo, y tienes mi palabra de que yo tampoco te delataré, Gayle. ―Ambas se sonrieron.

Lena quería contarle más cosas, que ella no sólo ocultaba su orientación sexual, sino también su trabajo como espía de la Resistencia. Pero sabía que no eran ni el momento, ni el lugar adecuados, así que se despidió de ella, satisfecha por contar con su discreción, y salió de los baños para no levantar sospechas.

Respiró aliviada al ver que Overgirl seguía con Edge y los demás. Pero cuando la comandante la vio, dejó el grupo y se acercó a ella.

―¿Ha estado hablando con Psi? ―preguntó sin rodeos.

―He ido al baño, y la he saludado al salir, nada más ―mintió Lena.

―Parecían llevarse muy bien ―dejó caer con fastidio Overgirl.

―Somos cordiales, tampoco la conozco tanto ―replicó―, ¿te molesta que nos dirijamos la palabra? ―inquirió Lena.

―No me gusta que la trate, señorita Luthor, no me fío de ella.

«¿Por qué?, Gayle sólo es una lesbiana degenerada que vive una doble vida», se dijo internamente Lena con diversión, «exactamente igual que yo».

Morgan Edge saludó a su prometida y la informó de que el emperador quería reunirse con los integrantes más importantes de su ejército, así que Overgirl también debía quedarse. Lena aceptó encantada las noticias y aseguró que iría a comer a casa y se quedaría allí toda la tarde. Ya había perdido la cuenta de las veces que había mentido aquel día. Después de comer, dejó la mansión Luthor y acudió al DEO. Por suerte, sus padres casi nunca estaban en casa, Lionel andaba siempre ocupado con sus negocios y Lillian con sus eventos sociales de la aristocracia berlinesa, así que ninguno puso objeción a que saliera sin su guardaespaldas. Lex tampoco estaba, fue la ocasión perfecta.

XXXXXX

―¡Nuestra Kara está regresando, lo sé! ―exclamó Lena emocionada.

―¿Por qué estás tan segura? ―preguntó Alex, que no quería ilusionarse en vano.

―Porque continúan sus episodios de lucidez ―explicó Lena―, sus recuerdos siguen ahí, aunque enterrados, sé que su mente lucha por regresar a pesar del maldito implante.

―¿Y qué sucede durante esos episodios? ―inquirió Sam, que tampoco quería dejarse llevar por el entusiasmo de la morena.

―Eh… ―Lena recordó los últimos besos que habían compartido y se puso nerviosa, pero trató de ocultarlo lo mejor posible―, hablamos… y cuenta cosas que vivimos juntas hace muchos años.

―¿Y si esos episodios son algo puntual y no van a más? ―concluyó Sam.

―Alex, ¿tú crees que Kara podría llegar a recordar de manera permanente a pesar del bloqueador?

―Bueno, es pronto para saberlo…

―No sé qué es peor, si el excesivo fervor de Lena o la lentitud de Alex investigando… ―dijo Sam.

―¡Ey, mi chica lleva estudiando el tema desde que entró en "Lord Technologies", y hace todo lo que puede con la poca información de que dispone! ―defendió Maggie. Alex la miró sonrojada y le tomó la mano como muestra de agradecimiento.

―Relájate, Arias, cada una hace lo que puede, tal como están las cosas ―afirmó Winn.

―Claro, todas hacen mucho, pero yo me quedo aquí encerrada día y noche, y ya estoy más que harta… disculpadme. ―Sam abandonó la sala de reuniones.

―Sam lleva cada vez peor su encierro ―aseguró Maggie―, está bastante susceptible, quizá deberías hablar con ella, Lena.

Lena asintió y buscó a Sam en su habitación. Tocó a su puerta y cuando Sam la invitó a entrar, prefirió quedarse en el hueco.

―¿Cómo estás?

―Aburrida, frustrada, triste… ―admitió Sam―, ¿por qué no pasas dentro?

―No puedo quedarme, Sam, he de volver cuanto antes a mi casa.

―Claro, a tu casa «con Kara» ―Sam se acercó hasta Lena y enmarcó su rostro con las manos―, ¿no puedes quedarte unos minutos?

Lena llevó sus manos hasta las muñecas de Sam para apartar sus manos.

―Lo siento, Sam, tengo que irme, las cosas ya no son como antes.

―Lo sé ―Lena miró sus ojos con temor de que pudiera leer en los suyos la verdad―, ahora estás prometida con esa escoria de Edge, y estás más vigilada que antes.

―Exacto… ―dijo aliviada― Además, lo de hoy ha sido un golpe de suerte, ahora Kara está siempre pendiente de mí, no me deja ni a sol ni a sombra.

―Es verdad, Overgirl es tu guardaespaldas, está siempre contigo…

«Siempre, incluso cuando no lo está físicamente, ese es el problema, Sam», confesó en su interior Lena.

―Si algún día puedes escaparte un rato, espero que lo pasemos juntas ―manifestó Sam y Lena se sintió terriblemente culpable.

―No lo sé, Sam, con todo lo que está pasando últimamente… no sé si podré sentirme como antes contigo.

―¿Qué quieres decir, Lena? ―preguntó nerviosa―, ¿qué es lo que tanto te afecta de pronto?

Le gustaba Kara, le gustaba de verdad, incluso más que antes de su reclutamiento, porque ahora eran mujeres adultas, y a todo lo emocional que surgió en su niñez, se unía una irresistible atracción física. Kara Danvers seguía existiendo, aunque fuese dentro de Overgirl, Lena la había visto y se había derretido con ella, era inútil negarlo. Sin embargo, no se atrevía a confesarle esto a Sam, porque para ella, Kara todavía era Overgirl, y no podría entender jamás que Lena sintiese cosas por Overgirl.

―Tengo que irme, Sam, cuídate hasta que vuelva a veros.

La abrazó, besó su mejilla y se marchó de allí. Sam sintió aquel beso como el más triste que había recibido de Lena, como si llevase sabor a despedida. Apretó los puños con fuerza.

―Sé que es por ti… Kara ―farfulló.

XXXXXX

Cuando Lena entró en el salón de su casa, una voz a su espalda la sobresaltó.

―¿Dónde estaba? ―demandó Overgirl―, me aseguró que no dejaría su casa.

Pero en su voz había más preocupación que enfado, o así lo sintió Lena. Su hermano hizo acto de presencia e intervino, ansioso por crearle problemas.

―Eso, hermanita, dinos dónde fuiste después de comer, yo también siento curiosidad.

En ese momento, sonó su teléfono. Lena miró la pantalla, era Cat Grant, y le dio una idea. Puso la llamada en manos libres.

―Hola Cat, mi hermano me pregunta que dónde he estado después de comer…

―Conmigo, por supuesto ―afirmó la directora del periódico CatCo sin titubeos.

El gesto de Overgirl se relajó, justo al contrario que el de Lex, disgustado por la coartada de su hermana.

Tras unos minutos de charla intrascendente con su escolta y su hermano como público, Lena le escribió un mensaje de texto a Cat agradeciéndole su ayuda y asegurándole que iría a verla muy pronto para contarle algunas novedades. Después, se quedó a solas con Overgirl, y ésta se acercó a ella.

―La próxima vez que cambie de planes y salga o lo que sea, por favor, dígamelo.

―De acuerdo ―contestó Lena sin mirarla.

Overgirl la tomó del brazo sin apretar pero con firmeza.

―Hablo en serio, señorita Luthor… ―dijo clavándole sus ojos azules―, me resultará más fácil protegerla si me lo dice.

Lena separó los labios, pero no sabía qué decir ante aquel arrebato de preocupación por parte de la comandante. De pronto se sentía tan importante para ella. De pronto su pulso empezaba a acelerarse, y su juicio, a nublarse. Overgirl no advirtió nada porque ya tenía bastante con ocuparse de sí misma. Mirar sus apetecibles labios rojos le había generado una peligrosa necesidad, quería besarla. Así que hizo lo único que podía hacer si no quería delatarse ante su protegida, escapar.

―Disculpe mi ímpetu, me tomo muy en serio mi deber ―afirmó irguiéndose―, voy a entrenar un poco, si decide salir de la mansión, hágamelo saber.

XXXXXX

Lo había probado todo, tratar de relajarse sosteniendo la pluma entre los dedos, salir a patrullar por las noches, hacer ejercicio hasta cansarse… y nada había logrado alejar de su mente la tentadora imagen de Lena Luthor ni sus deseos y fantasías depravadas con ella. Estaba tan harta de todo. Lanzaba puñetazos y patadas al aire con toda su rabia. No podía romper cosas porque estaba en la mansión Luthor, y eso aún la frustraba más.

Sumida como estaba en su desgracia, no advirtió la presencia oculta de Lena, que la observaba con atención detrás de una rendija de la puerta. Había ido a buscarla para hablar con ella, porque se había quedado preocupada al verla tan afectada por no haberle informado de su salida de la casa. Pero aquel espectáculo había cautivado todos sus sentidos, olvidando el motivo que la llevó allí. Era la primera vez, desde su reencuentro, en que Kara parecía realmente Kara, la primera vez que la veía sin el símbolo de las SS en el pecho.

La comandante conservaba los pantalones y las botas, pero la capa descansaba sobre un banco, y la parte superior del uniforme, que comprendía el torso, los brazos y los guantes, colgaba de su cintura, pues se había bajado la cremallera de la espalda para desprenderse de ella. Sólo llevaba una especie de top deportivo negro, así que Lena podía ver perfectamente los sólidos brazos de Kara, sus poderosos músculos tensándose y relajándose, sus abdominales ligeramente marcados… y un intenso calor hizo arder sus mejillas y otras zonas de su cuerpo ocultas a la vista. Kara tenía un aspecto magnífico sin el uniforme nazi.

«Magnífico, fascinante, seductor… », recitaba Lena en su mente sin perder detalle de los movimientos de Kara, «Dios, eres perfecta…»

De repente, Overgirl disparó sus rayos infrarrojos contra sus propias manos desnudas, ahogando un grito al sentir el dolor que le producían mientras abrían su carne y la hacían sangrar. Lena se llevó las manos a la boca, horrorizada. La rubia ya no sabía qué hacer, y había optado por el autocastigo físico, con la esperanza de que, asociando el dolor a sus pensamientos con Lena Luthor, estos se fueran mitigando. Overgirl se detuvo, pero a los pocos segundos retomó el ataque contra sí misma. Lena ya no pudo aguantar más, a fin de cuentas, se trataba de su querida Kara.

―¡¿Qué estás haciendo?, basta! ―chilló revelando su presencia desde la puerta.

―¿Qué hace aquí? ―exclamó Overgirl como respuesta―, ¡no debería estar aquí, no es apropiado!

―¡Es mi casa y puedo estar donde quiera! ―se defendió sin titubeos.

―No debería verme sin el uniforme ―señaló Overgirl más calmada.

―Ahora mismo, me importa un bledo el uniforme ―aseguró Lena caminando hacia ella―, ¿qué estabas haciendo hace un momento? ―preguntó con incredulidad.

Overgirl la miró con seriedad, buscando en su mente una justificación.

―Sólo es una forma de entrenamiento ―dijo sin más.

―No puedo entender ese tipo de entrenamiento ―exclamó Lena indignada.

―Hay muchas cosas que no puede entender, señorita Luthor.

―Mira, no me importa cómo entrenases antes, pero mientras estés cerca de mí, no volverás a hacerte daño de esa manera ―demandó.

―¿Por qué no?

A Overgirl le molestaba aquella orden, porque suponía perder el último recurso que tenía para combatir su debilidad por ella.

―Porque tú eres… «mi Kara» eres mi guardaespaldas, y te quiero en plena forma todo el tiempo.

―No se preocupe, las heridas se cierran de inmediato, así soy de poderosa ―presumió Overgirl.

Pero Lena ignoró sus palabras y llegó hasta ella, tomándole las manos de manera inesperada. Overgirl se sobresaltó pero no se las apartó.

―¿Se cierran de inmediato?, ¿entonces qué es esto?, todas estas cicatrices ―reclamó Lena, escandalizada ante la visión de las dañadas manos de Overgirl.

―Son antiguas, de mi preparación antes de otorgarme el rango de comandante.

―Por Dios, ¿qué te hicieron? ―musitó mientras acariciaba suavemente con sus dedos la superficie maltrecha de las manos de la rubia.

Nunca nadie la había tocado con tanta delicadeza, con tanta ternura. Era una sensación completamente nueva y agradable, sorprendentemente agradable. Lena alzó el rostro y la miró con sus ojos verdosos brillantes. No pudo contenerse, una de sus manos abandonó las de Kara y acabó posada en la mejilla de la comandante, mientras seguía mirándola con inmensa ternura. Kara se tensó al notar el nuevo contacto, pero no lo rechazó, y acabó cerrando los ojos. ¿Era aquella maravillosa calidez lo que se sentía cuando te trataban con cariño?

―Cuánto debes haber sufrido… ―musitó Lena afligida.

Kara abrió sus ojos azules. En ellos no quedaba rastro alguno del orgullo desafiante de hacía un rato. La poderosa Overgirl había desaparecido. En su lugar, una chica de triste pasado parecía suplicarle con la mirada. Lena no pudo ignorarla, y la abrazó con fuerza. No había ni una pizca de deseo en aquel abrazo, sino la más profunda ternura que Lena fue capaz de transmitir.

―No estás sola ―aseguró la joven Luthor.

Kara sintió un nudo en la garganta y se aferró a su cuerpo con necesidad, como si aquella mujer, causa de sus mayores males, fuera también su salvación. Lena no se movía por miedo a romper aquel momento, y disfrutaba de volver a sentir a Kara entre sus brazos. Pero lo más increíble de la situación era que Kara no estaba sufriendo dolores de cabeza ni estaba recordando nada. Le estaba devolviendo el abrazo porque le había nacido hacerlo. Quizá Kara Danvers estaba más presente en Overgirl de lo que nadie imaginaba.

Sin embargo, lo bueno no dura eternamente, y la rubia acabó removiéndose y apartándose de ella casi con vergüenza.

―Lo siento, señorita Luthor, no sé qué me ha pasado ―se deshacía en disculpas.

―Tranquila, no pasa nada, sólo ha sido un abrazo… ―Lena trataba de calmarla.

―No debería tomarme estas confianzas con usted, no volverá a pasar ―repetía una y otra vez Overgirl mientras se ponía el uniforme.

«Ojalá que sí vuelva a pasar», deseó Lena en el fondo de su corazón.

CONTINUARÁ…