Lizzy buscaba a James entre la multitud. Lo había perdido hacía ya bastante rato y estaba muy aburrida. ¿Para qué le pedía que viniera si luego la dejaba sola? ¿Y si estaba con otra chica? Sintió una punzada en el pecho, pero una voz le recordó que entre los dos no había nada y que ambos podían irse con quien quisieran. Ella misma había pasado el día en Hogsmeade con otro chico. Aun así, no podía evitar buscarlo, tenía ganas de verlo, de charlar y bailar con él, así que cuando vio a Molly a lo lejos no dudó ni un segundo y aceleró el paso. Seguro que ella le había visto. La Weasley estaba pálida, todavía no se había recuperado del susto pero, por suerte, Rose no la había delatado y ella había logrado cerrar la puerta antes de que Lorcan se diera cuenta de lo que pasaba.
- ¡Molly! – Se giró al escuchar cómo la llamaban y enarcó una ceja al ver a Lizzy.
- ¿Qué ocurre?
- ¿Has visto a James? – Preguntó sin más.
- Sí, lo acabo de ver hablando con una chica, creo que es de Hufflepuff pero no estoy muy segura. – Contestó la joven. – Estaban cerca de la entrada.
- Oh, vale, gracias. – Lizzy fingió una sonrisa al escuchar aquello.
- ¿Lo buscabas para algo concreto? – Se interesó por saber Molly. – Quizás no deberías interrumpirle, se le veía bastante… ocupado.
- Solo quería decirle que me iba. – Mintió la Ravenclaw.
- ¿Tan pronto?
- Sí, sin mis amigas esto no es muy divertido que digamos. – Contestó ella de forma mordaz. No había que ser muy listo para darse cuenta de por qué Molly actuaba de aquella manera. – Si me disculpas.
La chica se giró y se dirigió hacia donde la otra le había dicho. No tardó en ver a James apoyado en una pared y charlando con una chica uno o dos años más pequeña que ella, bajita y pelirroja. Se mordió la lengua, pero continuó avanzando. Tenía que ser una pelirroja, qué típico. El chico la vio antes de que llegara y le dedicó una media sonrisa a la que ella no respondió. La chica que hablaba con él frunció el ceño, consciente de que algo había hecho que la actitud de Potter cambiara y se giró para encontrarse con Lizzy.
- ¡Llevo más de media hora buscándote, Jamie! – Exclamó la chica entonces, fingiendo normalidad.
- Oh, perdona, Lizzy, me he entretenido un poco… - El chico se sonrojó. Le daba mucha vergüenza que lo llamaran así y ella lo sabía.
- Ya veo. – Miró de arriba abajo a la chica y puso los ojos en blanco. – No quería interrumpir nada, pero creo que voy a marcharme, me aburro mucho.
- No te puedes ir tan pronto. – Protestó James.
- Es que si mi acompañante me deja tirada por otras cosas… - La Hufflepuff se removió un poco incómoda, sin entender muy bien qué pasaba. Sabía que James no tenía novia y que esa chica era solo su amiga. Siempre había habido rumores sobre ellos, pero los negaban una y otra vez así que no comprendía por qué se comportaban así.
- Pero no son cosas importantes. – Dijo. Notó cómo la pelirroja lo fulminaba con la mirada antes de girarse y, sin despedirse siquiera marcharse. Maldijo por lo bajo.
- ¡Qué educada! – La voz de Lizzy estaba cargada de ironía.
- ¿Haces esto porque la semana pasada te interrumpí mientras tonteabas con aquel chico después de las pruebas de quidditch? – James tenía la frente arrugada y parecía enfadado, pero la chica le aguantaba la mirada. Era una de las únicas personas a las que el joven no era capaz de intimidar.
- Entre otras cosas. – Se cruzó de brazos. – Si no querías pasar la noche conmigo, podrías habérmelo dicho, ahora podría estar durmiendo.
- Hay más gente en la fiesta aparte de mí.
- No sé si te has dado cuenta, pero no hay casi nadie de Ravenclaw: no están las chicas, ni Will, ni el resto de chicos de sexto. La única que ha venido he sido yo y lo he hecho por ti, pero quizás no debería haberlo hecho.
Ambos guardaron silencio unos instantes, mirándose a los ojos, hasta que James se atrevió a apoyar una de sus manos en los brazos de la chica y esta negó con la cabeza.
- Lo siento, ¿vale? – Murmuró. Lizzy tuvo que acercarse bastante a él para poder escuchar sus palabras. – Te perdí de vista, ella se me acercó y comenzamos a hablar, no quería dejarte sola ni que te aburrieras.
- No me apetece seguir aquí de todas formas. – Susurró la chica, bajando la mirada.
- A mí tampoco, pero no quiero volver a la Sala Común. – James se acercó aún más a ella y murmuró en su oído. - ¿Y si vamos a un lugar más íntimo?
- Eres incorregible. – Respondió ella, aunque no pudo evitar sonreír. – Tienes suerte de que yo también lo sea.
- ¿Eso es un sí?
- Anda, salgamos de aquí de una vez y hagamos algo interesante. – Contestó Lizzy, poniendo los ojos en blanco.
Ambos estaban a punto de abandonar la sala cuando James se detuvo, incapaz de creerse lo que acababa de ver. ¿Ese que bailaba tan pegado a su hermanita pequeña era Jordan?
- Maldito cab…
- ¡James Sirius Potter! – Se giró hacia la Ravenclaw, que le miraba enfadado. – Deja a tu hermana tranquila.
- ¡Pero Lizzy, Jordan es de mi edad y ella es mucho más pequeña! – Se quejó él. Sabía cómo era su amigo y no quería que nadie se aprovechase de la pequeña de la familia.
- Lily es bastante responsable, sabe lo que hace, además, ¿recuerdas qué hacías tú a su edad? ¡Eras muchísimo peor! – Replicó ella. – Y, si no recuerdo mal, cuando yo estaba en cuarto no te parecía que fuera tan pequeña.
- Era distinto, tú eres más… ella es menos… - La chica enarcó una ceja y él tragó saliva, sin saber cómo salir de aquel lío. Finalmente resopló y volvió a andar hacia la puerta, consciente de que no podía hacer nada más si no quería que la morena se pasara lo que quedaba de noche regañándole.
- ¡¿Pero qué haces aquí?! – Scorpius estaba completamente rojo de la vergüenza y es que, ¿cómo iba a imaginarse que Rose Weasley iba a entrar al baño de prefectos justo cuando él salía de la ducha?
- Podría preguntarte lo mismo. – Replicó la chica, también roja. – No eres prefecto.
- Y tú eres una chica. – Puntualizó él.
- Pero yo tengo más derecho que tú a estar aquí. – Arrugó la frente. - ¿Cómo diantres has conseguido la contraseña?
- ¿Y tú? – Ambos se aguantaron la mirada unos instantes y el Slytherin supo su respuesta sin que la pelirroja tuviera que pronunciarla. – Albus.
- ¿Tú también? – Rose enarcó una ceja.
- Es un desastre. – El rubio negó con la cabeza y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.
- Por una vez estoy de acuerdo contigo, Malfoy, pero no se lo digas a nadie.
Justo entonces la puerta comenzó a abrirse y Rose palideció. ¿Lorcan había entrado a buscarla? Sin pensarlo, corrió hacia la zona de duchas y se escondió detrás de una pared, mojándose los pantalones al dejarse caer y rogando porque Scorpius no la delatara. Este se había quedado estupefacto debido a la reacción de la chica. ¿Por qué había salido corriendo al ver la puerta abrirse? Vale que fuera un baño solo para chicos, pero aún así… Cuando la puerta terminó de abrirse vio a Lorcan Scamander y, como si de un puzle se tratara, las piezas encajaron en su cabeza. Había escuchado los rumores, sabía que aquellos dos habían quedado esa noche. Rose estaba huyendo de él y, aunque no sabía por qué, sintió una punzada de rabia. ¿Le habría hecho algo? El chico lo miraba desde la puerta con el ceño fruncido.
- Se supone que este baño solo pueden utilizarlo prefectos. – Dijo.
- Lo siento, Scamander, me gusta disfrutar de un baño tranquilo de vez en cuando. – Replicó él con cierta chulería. No iba a acobardarse porque el otro joven fuera Delegado.
- Tendré que quitarte puntos. – Lorcan sonrió. Malfoy no le caía bien, odiaba ese aire de superioridad que tenía y su chulería. – Veinte, para ser exactos.
- Oh, qué miedo.
- Y abandona este lugar de forma inmediata. – Le ordenó.
- ¿Quieres que me pasee por el castillo desnudo? Porque si es así quizás deberías replantearte ciertas cosas.
- Márchate en cuanto te vistas. – El Ravenclaw suspiró. Aquel chico era un insolente. – Por cierto, ¿no habrá entrado Rose aquí, verdad?
- ¿Rose? ¿Te refieres a la insoportable de Weasley? – Elevó un poco el tono de voz para que ella pudiera escucharlo perfectamente.
- Esa "insoportable" como tú la llamas, es prefecta de Ravenclaw y se merece un respeto.
- ¿Qué iba a hacer ella aquí? – Scorpius ignoró sus palabras y siguió hablando. – Es un baño de chicos, por si no te has dado cuenta. ¿Te han nombrado Delegado y ni siquiera sabes diferenciar eso?
- No sé para qué pregunto si quiera. – Lorcan se giró y abandonó el aseo rápidamente, mientras Malfoy contenía la risa.
- ¡Adiós, Scamander!
Una vez que la puerta se hubo cerrado, se dirigió hacia donde la chica se había escondido. Ella le dedicó una extraña mirada que mezclaba la rabia con el agradecimiento. No sabía por qué había mentido por ella, pero se lo agradecía aunque, al mismo tiempo, le molestaban sus palabras. El rubio se dejó caer a su lado, empapando la toalla que llevaba.
- ¿De qué va todo esto? – Le preguntó.
- No es asunto tuyo. – Replicó ella, cortante.
- He tenido que mentir por ti, claro que lo es. ¿Acaso tu novio y tú os habéis peleado?
- No estamos saliendo. – Contestó la Weasley, sonrojándose un poco. Scorpius no pudo evitar sonreír al verlo, consciente de que la cara y el pelo de la chica siempre acababan del mismo color. - ¿Sabes lo de la fiesta que han organizado?
- Claro, mi primo ha ido pero Molly no ha invitado a Albus así que me negué a ir. – Respondió él. - ¿Tú cómo lo sabes? Creí que los prefectos no sabíais nada.
- Lorcan y yo hemos pasado por el pasillo, he visto lo que pasaba y él ha estado a punto de descubrirlo así que he tenido que besarlo para ganar tiempo. Podrían haber expulsado a mi prima. – Confesó la pelirroja lentamente, realmente avergonzada. – Sé que no ha estado bien, pero no se me ocurrió nada mejor en ese momento y ahora no quiero enfrentarme a él porque no le quiero, no siento nada por él, somos solo amigos y tener que decírselo…
Dejó la frase a medias y se mordió el labio. Scorpius la miraba que los ojos entrecerrados y una pequeña punzada en el estómago que había aparecido en cuanto la chica le había contado que había besado al idiota de Scamander.
- Supongo que es un motivo válido Rose. – Murmuró entonces. Lentamente se atrevió a acercar su mano a su rostro y acariciarle la parte superior de la mejilla, llena de pecas.
- ¿No crees que soy una persona horrible? – El corazón de la chica se había acelerado como aquella noche en la fiesta y se acercó un poco más a Malfoy.
- Por supuesto que no. – Respondió él. - Tú no eres así, eres muy noble, aunque seas un desastre en Pociones.
- Eso es más bien culpa tuya. – Ella sonrió. Cada vez estaban más cerca y desvió su mirada hacia los labios del chico. – Eres un orgulloso.
- No tanto como tú.
La voz de Scorpius apenas fue un murmullo y Rose no necesitó nada más. Recorrió la corta distancia que los separaba y unió sus labios con fuerza. Una descarga de electricidad la recorrió de arriba abajo. Aquello no tenía nada que ver con lo que había sucedido antes con Lorcan. El rubio enredó una mano en su pelo y la acercó más a él apoyando la otra en su cintura, mientras ella apoyaba sus manos en sus hombros desnudos. No querían separarse, era como si se necesitaran el uno al otro, como si el hambre se hubiera apoderado de ellos y la única manera de calmarla fuera esa. Apenas se alejaban unos milímetros para respirar y recuperar el aliento. Scorpius recorría cada centímetro de la chica mientras ella acariciaba su pecho. Habían perdido el control, sin saber por qué. Se suponía que se odiaban, que lo de la fiesta había sido un accidente provocado por el alcohol, pero al parecer eso no era del todo así. Estaban extasiados pero, justo entonces, la chica levantó una de sus manos y golpeó sin querer, el interruptor de la ducha que comenzó a funcionar. El agua fría los hizo gritar y separarse. Por fin parecieron darse cuenta de lo que acababa de pasar. Rose abrió mucho los ojos, avergonzada, mientras Scorpius bajaba la mirada, sin saber qué hacer o decir.
- Scorpius yo…
- Tengo que irme.
Y así, sin más, el chico se puso de pie, recogió sus cosas y, todavía liado en la toalla, salió al pasillo dejando a Rose sola. La chica suspiró, pero también se puso de pie. No sabía qué le había pasado: había besado a Malfoy – otra vez – y le había gustado. Sacudió la cabeza, intentando alejar aquellos pensamientos, y decidió que lo mejor sería volver ya a la torre de Ravenclaw. Había sido una noche muy extraña.
