Esta historia no es mía pero yo la traduje con el permiso de la autora original, Eternal Cosmos, quien amablemente me permitió hacer esto, todos los créditos corresponden a ella, yo solamente traduje.


Notas originales de la autora: Este es un capítulo revisado, Grifo en lugar de Hipogrifo como la forma Animaga de Harry.

El Mundo Sin Mí

Capítulo 12: Vacaciones Emotivas

Harry despertó al día siguiente para descubrir que estaba solo en la habitación; Ron y los demás se habían ido para terminar sus últimos exámenes.

Eran alrededor de las diez de la mañana y ya se sentía mucho mejor. Se puso su ropa rápidamente, luego de revisar a Nagini y decidió explorar un poco. Desde su bolsillo sacó la versión miniatura del Mapa del Merodeador y murmuró "¡Engorgio!" para hacerlo regresar a su tamaño original.

Por suerte solo tenía que golpearlo con su varita para activarlo.

"Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas." Harry lo escaneó con avidez y fue feliz al notar que nadie estaba en los corredores, más precisamente el segundo piso. Filch y la Sra. Norris estaban patrullando el cuarto piso y Snape estaba en las mazmorras.

Dejó la sala común y utilizó un pasadizo secreto para llegar directamente al segundo piso. Suspirando de alivio al ver que la puerta del salón de clases de McGonagall estaba cerrado, se abrió paso hacia los baños de Myrtle y localizó el lavabo que marcaba la entrada a la Cámara de los Secretos.

"¿QUIÉN ESTÁ AHÍ?" exclamó repentinamente una estridente voz y Harry hizo una mueca antes de darse la vuelta para confrontar a Myrtle. "¡Tú eres un NIÑO! ¡Este es un baño de NIÑAS! ¡VETE!"

Harry rió entre dientes y se reclinó contra el lavabo. "Hola Myrtle, ¿cómo estás el día de hoy?"

El fantasma se congeló, le observó con la boca abierta y comenzó a llorar. "¡Nadie nunca me ha preguntado eso antes!"

Harry esperó pacientemente a que sus alaridos se transformaran en un ligero sollozo.

"Tú eres ese muchacho invitado, ¿verdad? ¡Me agradas! ¡Si alguna vez puedo hacer algo por ti, solo pídelo!"

Harry sonrió de lado mentalmente; Myrtle era sencilla de manipular una vez que aprendías cómo. "Bueno, sí hay algo… la Profesora McGonagall me dijo lo que te ocurrió. No en detalles ni cómo es que moriste, ya que nadie sabe cómo, pero tengo curiosidad. ¿ Cómo FUE que moriste?"

Myrtle lucía encantada de que le preguntaran y sonrió. "Oh, en realidad no lo recuerdo, ya que soy un fantasma y mis recuerdos anteriores son algo borrosos, pero fue rápido y sin dolor, eso te lo puedo asegurar. Todo lo que recuerdo es haber visto un par de ojos brillantes amarillos.. cerca del lavabo en el que estás reclinado justo ahora." Su expresión se volvió sombría y antes de que Harry pudiera hablar otra vez, ella ya estaba llorando fuertemente, de nuevo, y voló de vuelta a su cubículo.

La habitación se volvió silenciosa otra vez.

Tan silenciosa que Harry se removió sobre su sitio y decidió ir a la Cámara justo en ese momento, en lugar de quedarse ahí. "Ábrete."

El lavabo se cerró tras él cuando se dejó caer al túnel. La usual pila de huesos estaba ahí, como Harry lo recordaba de su segundo año. Solo estaba aliviado de que no hubiera ningún Lockhart esta vez, ese maldito idiota.

Se retiró su guante izquierdo mientras se habría paso a la segunda puerta cerrada y Nagini se mostró más que contenta de finalmente poder moverse con libertad sobre su amo. "Reconozco vagamente esste lugar… ess ssagrado, ¿no ess así? Pero también te pertenece porque posseess loss poderess y derechoss del fallecido Voldemort."

Harry asintió, las palabras le reconfortaron un poco. No tenía idea de cómo es que el Basilisco reaccionaría ante su presencia.

Siseó otra vez y la serpiente encantada de metal se deslizó a lo largo de la puerta para abrirla. Harry observó con calma el lugar donde el Basilisco había caído en su mundo luego de ser asesinado por la espada de Gryffindor y, consecuentemente, por su mano.

Sacó su varita roja y la sostuvo con inseguridad. Si algo malo pasaba, al menos su varita sería capaz de canalizar sus poderes de mejor forma…

"Yo te invoco, Bassilissco, de tu lugar de desscansso dentro de la boca del máss grande de loss cuatro fundadoress de Hogwartss!"

Vagamente escuchó a Nagini murmurar sobre las "sserpientes vanidossass y humanoss creando contrasseñass tan essnobss" y se habría reído con humor si no fuera por el hecho de que la boca de la gigante estatua se estaba abriendo para dar paso al Basilisco.

"¿Quién me perturba de mi ssueño? ¿Un ssolitario humano? ¿Qué eress y qué ess lo que quieress, extraño parlante de la noble lengua de Sslytherin?"

Harry se mantuvo en guardia y mantuvo sus ojos apartados de la mirada molesta que recibía; el Basilisco no estaba siendo hostil, pero tampoco estaba dándole la bienvenida. La curiosidad dominaba el largo siseo, así como una advertencia oculta.

"Esstoy aquí para hacer un trato, oh, magnificente creatura."

Si los halagos eran una forma de obtener su meta más rápido, que así fuera.

"Me gusstaría que te aliarass conmigo para defender el casstillo de tu amo. Tom quiere desstruirlo y ssolo te esstá ussando para consseguir ssuss propóssitoss egoísstass-" Harry tuvo que detenerse y literalmente lanzarse al frío suelo cuando el Basilisco se le echó encima, ya fuera para morderlo o comérselo.

"¡¿Cómo te atrevess a manchar el nombre del heredero de Ssalazar Sslytherin?! ¡Tom nunca me haría essto a mí! ¡Usssarme!"

Harry lo comprendió de inmediato, aún si el sentido de alarma resonaba incesantemente: El basilisco estaba en negación. Estaba a punto de atacar otra vez cuando, sin pensarlo, Harry agitó su varita. "¡PETRIFICUS TOTALUS!"

Su varita pulsó peligrosamente y Harry tuvo que abrazarse a sí mismo cuando la magia surgió de la brillante varita. El hechizo golpeó al Basilisco con tanta fuerza que petrificó a la criatura desde la cabeza hasta la punta de su cola, sin ningún problema… y para petrificar a un basilisco entero, sabiendo que sus escamas eran lo suficientemente gruesas como para repeler casi cualquier tipo de magia, sin duda era un gran logro.

Harry observó su varita con los ojos abiertos de par en par y realizó el hechizo Lumos. Fue una mala idea, porque la luz estalló e iluminó completamente la habitación. El Niño-Que-Vivió gruñó y se obligó a sí mismo a hacer que la magia en su cuerpo cediera poco a poco.

Pronto tuvo su varita bajo control y ahora podía usarla sin ningún problema, si se concentraba lo suficiente.

Suspiró y observó a la criatura congelada. Nagini siseó con enojo en dirección a la otra serpiente. "¡Amo, deberíass encerrar a esste imprudente Bassilissco de vuelta en la esstatua! ¡Él no merece esstar afuera!"

Harry no quería nada más que estar de acuerdo con Nagini, pero esta no era una causa perdida, no aún. Se acercó a la bestia y frotó las escamas con cariño, sus ojos se volvieron comprensivos y pacíficos. "Ssé que essto debe sser difícil de aceptar... pero él nunca regressó para ssacarte, ¿no ess assí? Te utilizó hace cincuenta añoss y, cuando ssu plan fracassó, ssimplemente sse marchó lejoss. Ssé por hechoss que ssi Tom en verdad quissiera entrar a Hogwartss, fácilmente lo lograría. Ssolo quiero proteger essta esscuela. Ess mi hogar, assí como ess el tuyo. ¿Me daráss una oportunidad? Finite Incantatem."

El Basilisco levantó lentamente su cabeza para observar al muchacho que le ofrecía una oportunidad de ser más de utilidad a Hogwarts, y se dio cuenta de que tenía algo de razón: Tom nunca había regresado y él había estado atrapado dentro de esa estatua por cincuenta años porque se requería de un hablante de la lengua Parsel para abrirla. "¿Cuál ess tu nombre, muchacho? Huelo muchass essencias mezcladass en ti... Ssin duda eress el heredero de Gryffindor, y aún assí..."

Harry sonrió con tristeza y acarició la cabeza que se había acercado a él. Nagini siseó su incomodidad al ser tan pequeña comparada con el Basilisco, pero la creatura siseó hacia el familiar, pidiéndole que no se preocupara.

"En esste momento tengo un nombre falsso: Jamess Evanss. Pero mi verdadero nombre ess Harry Jamess Potter. En efecto, ssoy el heredero de Gryffindor, pero también ssoy el heredero de Sslytherin debido a mi passado. No ssoy originario de esste mundo. Ess una hisstoria muy complicada."

"Ssin duda."

Harry levantó la mirada, sorprendido.

"No me miress assí. Tuss ojoss muesstran mucho aún ssi llevass puessto un dissfraz. Ssoy una criatura mágica, Harry. Puedo ver máss que loss ssimpless humanoss. Ssin embargo tu mente esstá muy bien protegida, assí que no puedo ver tu passado. Pero tuss ojoss... me dicen que el otro yo te caussó basstantess problemass. Lamento profundamente esso."

Algunos recuerdos oscuros resurgieron pero Harry los ignoró. El pasado era pasado. "Tom lo había corrompido máss allá de la razón. Tuve que matarlo. Pero no me gussta matar criaturass aún ssi sson de la parte osscura del reino animal."

"Ahora veo esso. Ess por esso que confiaré en ti y me negaré a Tom."

Harry asintió agradecido y Nagini le recordó que los profesores probablemente le buscarían pronto, si no es que ya lo estaban haciendo. "Debo irme. Te dejaré rondar por loss alrededoress, pero debess prometerme que no dejaráss que nadie mass te esscuche o vea. Vendré de vez en cuando. Em, por cierto, ¿cuál ess tu nombre?"

El Basilisco pareció pensarlo. "No lo ssé. Tom ssiempre me decía Sserpiente. ¿Esso ess un nombre?"

Harry resopló sombríamente; a Tom le hacía falta imaginación. "Sserpiente no ess un nombre, ess una dessignación. Te diré algo: tu dueño original era Sslytherin y tú, obviamente, tieness mucho respeto por él. ¿Qué te parece ssi te llamo Ssalazar?"

El Basilisco, ahora llamado Salazar, lució encantado y agradeció profundamente a Harry por el nombre. Harry sonrió y se despidió de Salazar, hasta la próxima vez, feliz de que ahora tuviera un poderoso aliado de su lado, un elemento sorpresa si las cosas se salían de control en el futuro cercano.

Harry estaba vagando por los corredores cuando Dumbledore finalmente lo encontró. "¡Ah, James! ¡Ahí estás! Me preguntaba a dónde habías ido cuando me percaté que no estabas en los dormitorios de Gryffindor. ¿Estás perdido?"

Harry colocó su mejor mirada falsa de inocencia. "Estaba buscando a Sirius y Remus. ¿Sabe dónde están? Teníamos planes para las vacaciones."

La mirada de Albus se movió, nerviosa, de izquierda a derecha. "Lo lamento pero están algo indispuestos en este momento. Ambos están en la enfermería, siendo tratados por Madam Pomfrey y no creo que estén en un buen estado como para hablar contigo."

James lució tan preocupado por un momento que el anciano hombre suspiró. "Sin embargo, me dirigía hacia allá en este momento, así que si quieres acompañarme, no te detendré. Pero si Poppy nos saca del lugar, no me haré responsable por la reprimenda que recibiremos."

James rió entre dientes y siguió al director. "¿Qué ocurrió con ellos?"

Albus se tomó su tiempo para formular una respuesta. "El hombre lobo que desmayaste el día de ayer los encontró primero. Estaban afuera anoche cuando los sorprendió. Sirius y Remus lograron escapar, pero recibieron muchas heridas. Poppy los curará en poco tiempo, estoy seguro."

James asintió en silencio. 'Mentiroso.' Su mirada se ensombreció. 'Pero yo también estoy diciendo mentiras.'

Madam Pomfrey estaba ocupada con ambos hombres cuando Dumbledore y James finalmente llegaron. Albus caminó con naturaleza hacia la enfermera, aunque tenía una expresión de preocupación sobre su rostro.

Harry estaba clavado en su sitio y observaba a su Padrino y a su amigo.

Remus tenía arañazos casi por todas partes, pero no lucían tan mal comparadas con la herida en su frente y Harry se sintió mal; él, siendo un Grifo, le había causado esa herida en particular.

Sirius, sin embargo, lucía aún peor. Estaba completamente vendado y tenía problemas para respirar.

Harry respiró profundamente y se concentró en su habilidad de Legeremancia para filtrarse en una infinitesimal parte de los recuerdos de Sirius de la noche anterior, para que el perro Animago no se diera cuenta de que alguien había ingresado a su cabeza.

Lo que vio lo hizo parpadear un par de veces para salir de su estupor.

Habían ido a la Casa de los Gritos como siempre, pero Sirius siempre encerraba a Remus en una gran jaula, bajo la demanda del hombre. Pero el día de ayer las barras se habían destrozado bajo un asalto particularmente agresivo del Hombre Lobo. Sirius, como Canuto, había intentado detener a la criatura enfurecida, pero el Hombre Lobo le dio una paliza al pobre perro, aún con su gran tamaño.

Lo que era más desconcertante era que Snape nunca había sido capaz de crear alguna poción o algo que previniera que la mentalidad del Hombre Lobo dominara a la parte humana.

La Poción Matalobos.

'¡¿Cómo lograron mantener al Hombre Lobo a raya todos estos años sin la Poción Matalobos?! ¿Sirius ha sido herido más de una vez? ¡Esto no puede seguir así! ¡Tengo que hacer algo! Pero... no puedo simplemente darle a Remus una bebida regular y decirle que es jugo o algo como eso. Sospecharían y quizá pensarían que quiero envenenarlo...'

La mirada de Harry se endureció con determinación y resolución mientras observaba los cuerpos maltrechos de su única familia. "Director Dumbledore, creo que es mejor que me marche. Ciertamente necesitan descansar. ¿Podría por favor decirles que vengan a verme tan pronto puedan hacerlo? Espero que se recuperen pronto."

Albus asintió, aliviado por ver que el muchacho tenía el sentido de la cortesía. "Les diré tan pronto se sientan mejor. ¿Regresarás a Hogsmeade?"

James asintió y, con una última mirada hacia Sirius y Remus, salió de la habitación.

Remus gruñó de forma suave y desgarradora. "¿Cómo? ¿Cómo puedo continuar así? ¡El muchacho ni siquiera sabe que fui yo quien lo atacó!" Remus susurró con desesperación y vergüenza.

Poppy se encontró a su lado en un instante y Albus estaba aliviado de ver que al menos Remus había despertado. "¿Qué ocurrió, querido muchacho?" preguntó suavemente.

Remus observó a otra parte, con una expresión de sufrimiento. Era difícil para él y se notaba. "La jaula no resistió. Canuto intentó detenerme, pero Lunático no le dio oportunidad. Estaba tan enojado ayer que ni siquiera intentó reconocer a Canuto y escapó luego de atacarlo y dejarlo inconsciente. Lunático quería ser liberado. Pero... ¡Merlín! ¡No pude hacer nada, Albus!" dijo Remus de forma temblorosa y cerró sus ojos dorados con fuerza.

"¡Los vi! ¡A la Señorita Weasley y a James! Intenté con todas mis fuerzas decirles, gritarles que huyeran, pero nunca me escucharon. ¡James pudo haber muerto cuando se lanzó contra Lunático! Le dio suficiente tiempo a Ginny para escapar, pero, ¡oh Dios! ¡Pude haberlo matado!"

Remus estaba tan alterado que Poppy le dio una poción tranquilizadora. Albus suavemente le pidió que continuara su historia y después podría descansar.

"Se lanzó contra Lunático y caímos hacia atrás al Bosque Prohibido. Fue capaz de quitarse de encima a Lunático con una patada y lo siguiente que supe fue que Lunático estaba siendo atacado por un Hipogrifo... o algo que se parecía mucho a un Hipogrifo. Estaba muy oscuro, pero creo que fue Buckbeak, o al menos uno de los Hipogrifos de Hagrid, ya que James parece tener una conexión con ellos. Era muy grande, fuerte y logró hacer que Lunático se desmayara. Recuerdo haber escuchado vagamente la voz de James murmurando algo incomprensible y lo último que hice que agradecer a los Cielos de que el muchacho estuviera bien, antes de que Lunático perdiera la conciencia y todo se volviera negro a mi alrededor."

Albus asintió de forma pensativa, preguntándose por qué James había omitido decirles que una criatura le había ayudado con el Hombre Lobo. Pero el muchacho obviamente había estado muy cansado cuando finalmente había regresado así que el anciano hombre lo dejó pasar. Luchar contra un hombre lobo podía hacer que una persona olvidara los detalles; uno normalmente estaba intentando salvar su propia vida antes de darse cuenta de nada más a su alrededor.

"¡Oye James! ¿Vas a regresar a Las Tres Escobas?"

James se giró y ciertamente, Ron y los otros Gryffindors estaban caminando en su dirección. "Sí, tengo que trabajar a las tres y no quiero llegar tarde. ¿Terminaron su último examen? ¿Cual fue?"

Ron se encogió de hombros de forma indiferente. "Estuvo bien. Tuvimos Defensa Contra las Artes Oscuras esta tarde. Me pregunto por qué el Profesor Lupin y Black no estuvieron ahí..."

Semus sonrió de lado. "Bueno, como sea, ¡pienso que me fue muy bien! ¡Las lecciones abarrota-cerebros de Hermione lo valieron esta vez!"

Los demás rieron, pero estuvieron totalmente de acuerdo. James sonrió suavemente cuando mencionaron a la Ravenclaw, anteriormente Gryffindor en su mundo. El Tío Dorado ya no existía, pero al menos aquí no estaban muertos."

"Me alegro por todos ustedes. Si me disculpan."

Ron sujetó su manga. "¡Espera! Quería agradecerte por salvar a Ginny de ese Hombre Lobo el día de ayer. Fue algo muy valiente de hacer, pudiste haber muerto," finalizó el pelirrojo con una expresión seria.

James abrió su boca para responder cuando alguien le interrumpió, mientras los Gryffindors gruñían y observaban de mala manera al chico rubio.

"¿Un Hombre Lobo? ¿Ahora estás intentando salvar a los estudiantes de las criaturas oscuras? ¿O sera que hiciste un trato con él?" se burló Malfoy, recargándose contra una pared tras de ellos. "Como sea, no fue valiente, fue estúpido, intentar salvar a alguien más y poner tu propia vida en peligro. ¿Siempre estás ahí cuando hay problemas? ¿Eres tú quien los está causando?"

Dean y Seamus lanzaron dagas con la mirada a Malfoy, mientras Neville intentaba razonar con Ron. James observó a Malfoy con desdeño, sabiendo bien que el Prefecto rubio solo estaba haciendo esto para sacarlo de quicio; no iba a perder la paciencia. "No sabría decirte. Los problemas normalmente me encuentran a mí, así que quizá no deberías estar cerca de mí; no querrías morir muy joven, ¿o sí?" respondió enigmáticamente.

Malfoy resopló y sacó su varita. Crabbe y Goyle le imitaron. "¿Eso es una amenaza, Evans?"

James levantó una ceja ante la varita que apuntaba en su dirección y no hizo movimiento alguna para sacar la suya. "Adios Malfoy," dijo sarcásticamente.

"Tengan unas buenas vacaciones, muchachos. Probablemente los vea en dos semanas."

Ron solo asintió mientras Malfoy gruñía al haber sido ignorado. "¡¿Cómo te atreves a no responderme?! ¡SERPENSORTIA!"

Los Gryffindors y estudiantes que se habían congregado alrededor exclamaron con miedo cuando una serpiente apareció en el suelo frente a James, quien simplemente se mantuvo ahí de pie, sin parpadear. 'Bueno, esto me es familiar...'

"¡No te muevas, James! ¡Esas son peligrosas!" Gritó Hermione cuando llegó al mismo tiempo que Malfoy lanzó su hechizo.

"¡Malfoy, eres un PREFECTO! ¡Tu trabajo es marcar el ejemplo y te atreves a atacar a un invitado! ¡Se lo diré a Dumbledore!" Hermione estuvo a punto de desaparecer la serpiente pero Malfoy le gritó.

"¡CÁLLATE! ¡Mantente fuera de esto, tu SANGRE SUCIA!"

Hermione jadeó ante eso y esta vez incluso Dean, Seamus y Neville combinados tuvieron dificultades en retener a Ron, quizá porque ellos también querían ir a golpear a Draco.

Harry los ignoró y observó a la serpiente directamente a los ojos. Ésta siseó de forma peligrosa ante los humanos ruidosos y molestos pero observó de vuelta a Harry una vez que el contacto se hubo establecido. Hermione gritó, haciendo que los demás se detuvieran y volvieran a la realidad, cuando James comenzó a caminar en dirección a la serpiente.

"¡Se está preparando para atacar, James! ¡No te le acerques!"

Pero James ignoró a Hermione, se puso de pie justo frente a la serpiente, la observó con una mirada oscura y movió su mano en dirección del animal.

Ginny gritó horrorizada, así como tras chicas, y cerró sus ojos. Draco observó con una mirada anhelante, esperando a que el muchacho de cabello oscuro fuera mordido, pero, extrañamente, la mordida nunca llegó.

Todos observaron, ahora con mucha sospecha, asustados y temblorosos, cómo la serpiente lentamente subió por el brazo derecho de Harry, rodeó su cuello y bajó por su brazo izquierdo, acomodándose. Harry levantó su brazo izquierdo y lo movió por el aire un poco, antes de dirigirlo hacia su rostro. Sus ojos oscuros perturbaron a muchos cuando él comenzó a susurrar en voz baja y sus labios se arquearon en una risa casi maniática ante la criatura.

"Ehhh... ¿James?" Llamó Ron de forma vacilante, sin saber en realidad qué entender de todo esto. "Es una serpiente la que tienes alrededor de tu cuello y brazos..."

James roló sus ojos, pero sin cortar en ningún momento la conexión con los de la serpiente. Parecía ser que lucía muy contenta de ser sostenida de esa forma. "Tus poderes de deducción son extraordinarios, Ronald. Bravo."

Ron lució herido por haberle hablado de esa manera. "¡P-pero! ¡Pensé que te agradaban los Gryffindors! ¡Te gustan los Hipogrifos! ¡No pueden gustarte las serpientes! ¡Todas son malas! ¡Pensé que éramos amigos!" dijo con convicción, dirigiendo una asquerosa mirada en dirección de los Slytherin.

Los ojos de James se entrecerraron considerablemente y todo rostro de emoción abandonó su rostro. '¡Dile eso a Peter Pettigrew!' quiso gritarle de vuelta Harry.

Ronald Weasley no era el mismo aquí que su Ron, que Dios bendijera su alma.

"No todos los Gryffindors son unos santos, Weasley. Y algunas veces, incluso un Slytherin puede salvar una vida." Harry se detuvo por un segundo y cerró sus ojos para pensar en Severus Snape.

Ron lució confundido y disgustado por esa idea. "Entonces eso es. Te estás poniendo del lado de los Slytherins. Fui un tonto por creer que estarías del lado de la luz."

Colin, que ahora estaba detrás de Ron, estaba horrorizado por escuchar esto y palideció. Sus ojos se ensancharon cuando James comenzó a reírse de ellos.

"¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ? ¡Todos deberían ir en camino a la estación del tren!" una profunda voz surgió de detrás de los estudiantes, haciéndolos brincar por el miedo. Rápidamente se apartaron para abrirle el camino a Severus Snape y la mirada asesina que les dirigió al pasar les hizo tragar saliva. Pero Snape se congeló en su sitio y palideció cuando notó a James y más precisamente a la serpiente que descansaba sobre el muchacho.

"¡Ahh, Profesor Snape! ¿Cómo está?" preguntó James como si nada estuviera mal.

Snape reaccionó rápido. "¡¿Qué estás haciendo con esa peligrosa -cosa- sobre ti?!" exclamó austeramente, pero se movió nerviosamente cuando el muchacho parpadeó y comenzó a acariciar a la serpiente, con cariño.

"Oh, ¿la serpiente? En realidad, es un regalo de Malfoy."

Severus le dirigió una mirada fea a Malfoy, quien retrocedió haciendo una mueca de dolor.

"Pero es una belleza, ¿no es así?" ronroneó James mientras observaba a la criatura con amor. "La liberaré en el Bosque Prohibido en mi camino de regreso."

James caminó hacia Snape y puso a la siseante criatura a la altura de los ojos del profesor, para que el hombre pudiera verla mejor.

Snape dio un paso hacia atrás. "¡No hagas eso!" escupió. "¡Tú sabes lo mucho que se desprecia a las serpientes! ¡Lo representan a ÉL!"

James parpadeó. "¿ÉL? Ahhh," dijo cuando entendió de qué hablaba. "¿Quiere decir, Voldemort?"

Todos se estremecieron visiblemente.

"¡N-no digas su nombre!" ladró el Maestro de Pociones.

James ignoró su cambio de humor. "No debería preocuparse por eso. Nunca me pondría de parte de un anciano asesino y maniático. Para lo que me importa, Voldemort puede pudrirse en el infierno.

Ellos se estremecieron otra vez y se preguntaron si el muchacho estaría loco por llamar al Señor Oscuro un 'anciano asesino y maniático'.

"Aunque sí me gustan las criaturas oscuras. Pero eso ya lo sabían. Hagrid estaba muy feliz por ese hecho. Después de todo, tengo bastante talento cuando se trata del tema de Defensa Contra las Artes Oscuras. Ahora, si me disculpan, tengo que regresar a Hogsmeade."

Snape y los estudiantes permanecieron en silencio mientras él se abría paso a través de la pequeña multitud, pero se detuvo cuando estuvo a punto de rodear una esquina. "Oh, qué grosero de mi parte. Les deseo a todos una Feliz Navidad y un Feliz Año Nuevo. Y antes de que lo olvide... Ron, en serio deberías dejar de ser tan cerrado de mente. Si la idea de un Gryffindor malvado te altera tanto, deberías pensar en esto: Cuando se trata de poder, la traición de más alto nivel puede venir con mucha facilidad de parte de un mago que alguna vez fuera fiel servidor de la luz y alguien en quien se podía confiar ciegamente. Merlín sabe que he tenido bastante de eso."

Y con esa última frase de sabiduría, quedó fuera de sus vistas.

El corredor permaneció en silencio hasta que Snape los corrió a todos de ahí. El Maestro de Pociones se encerró entonces a sí mismo en su habitación privada y se sentó en su sillón de cuero negro, sirviéndose un gran vaso de Brandy.

"James Evans... ¿Quién demonios eres? La forma en que caminas, la forma en que hablas..."

Snape se estremeció.

"A veces suenas como el Señor Tenebroso. Te estaré vigilando. Obviamente estás intentando ocultar algo muy importante de nosotros. ¿Estás con ÉL?... ¿O estás con Albus?"

El hombre dio un largo trago a su bebida y maldijo en voz alta. "Será mejor que el hombre lobo y ese perro tengan cuidado con este niño. Esos dos zoquetes confían muy fácilmente en los otros."

Resopló sombríamente. "Mira cómo les fue con Pettigrew."

Hizo una mueca al pensar en el traidor. El Maestro de Pociones era un espía para Albus así que sabía que ÉL quería liberar pronto a Pettigrew de Azkaban. Si Black o Lupin, pero especialmente Black, echaban sus manos encima del traidor, él no viviría mucho para contarlo.

Lo que Snape no sabía era que si Pettigrew lograba escapar... Sirius no tendría suficiente tiempo para llegar a él; había alguien más esperando la ocasión para mostrarse.

Para Harry, la navidad esta acercándose muy rápido. Las Tres Escobas casi siempre estaba llena y tenía poco tiempo para ejecutar su plan. Había recibido una carta de Remus y Sirius, diciéndole que estaba invitado a Hogwarts en Noche Buena, aunque era bienvenido en cualquier momento que quisiera.

Cuando Rosmerta le pidió que fuera a unas compras por ella, aceptó sin quejarse. Era casi imposible caminar por el Callejón Diagon; las personas estaban corriendo dentro y fuera de las tiendas y no veían hacia dónde iban.

La segunda vez que alguien empujó a Harry por un lado, puso su mejor mirada de enojo y fue capaz de caminar por entre la masa de gente con facilidad. Primera parada: La tienda de animales mágicos.

Rosmerta quería que James comprara una lechuza para su pequeño sobrino, así que compró una joven lechuza de granero que crecería y sería fuerte. Luego de darle al dueño de la tienda el dinero, encogió la jaula y dio indicaciones a la lechuza de que permaneciera en su hombro.

Un ulular familiar le hizo observar hacia el techo de la tienda y sonrió a Hedwig; ella le había seguido obedientemente desde el bar de Rosmerta. La dejó volar alrededor libremente, pero si la joven lechuza se comenzaba a inquietar, haría que Hedwig se encargara de ella.

Siguiente parada, su parada: la Botica. El dueño lucía poco abierto pero Harry no necesitaba su ayuda para encontrar lo que estaba buscando. Él sabía que tendría que ir al Callejón Knockturn por una de sus compras, pero eso no disminuyó su determinación.

Encontró todo lo que estaba buscando, por suerte, y llevó los artículos al mostrador. El anciano dueño levantó una ceja ante la variedad de diferentes, y algunas veces volátiles, ingredientes. "¿Una Piedra Lunar y Asfódelo? ¿Belladona y Hellebore? ¿Qué clase de poción quieres preparar, niño? Estos ingredientes no reaccionan bien cuando los mezclas."

Harry frunció el ceño. "¡Eso lo sé! ¿Quién es usted para criticar mis compras? ¿Yo le digo cómo hacer su trabajo?" explotó y el anciano rápidamente envolvió los objetos, aceptó el dinero y observó con los ojos abiertos de par en par al muchacho cuando se retiró.

Harry respiró profundamente una vez que salió y llamó a Hedwig. "Hola hermosa. ¿Puedes llevarte al pequeño contigo? El Callejón Knockturn no es un lugar para él."

Hedwig ululó y pellizcó sus dedos como si le dijera a Harry que también era peligroso para él. Sin embargo, ella obedeció y voló alejándose, con la lechuza intentando seguirla tan rápido como podía.

El muchacho de cabello oscuro se mezcló entre las sombras y entró al oscuro callejón. La atmósfera era muy diferente aquí.

Harry tenía que lucir tan peligroso como pudiera, bajo su disfraz, y dio la espalda a cualquiera que se le acercara demasiado. Viejos brujos y brujas, luciendo tan pérfidos como podían, intentaron acercarse y venderle objetos sospechosos.

"¡Bien, bien! ¿Qué tenemos ahí? Eres muy valiente, o quizá muy tonto, para vagar por el Callejón Knockturn, niño. Mientras estás aquí, ¿qué te parece comprar esta recordadora maldita?"

"¿O quizá una varita ilocalizable?"

"¿O un libro que le perteneció al mismísimo Slytherin?"

Lo estaban rodeando y casi salivaban al verlo, intentando venderle objetos oscuros falsos. Harry se hartó entonces de ellos. Estaban haciendo que perdiera la calma e intentaban acorralarlo, él conocía sus trucos enfermos.

Enderezó sus hombros y se burló, agitando su varita frente a él.

"¡SALGAN DE MI CAMINO!" gruñó y una ola de magia lanzó a los magos indignos de confianza lejos de él. Todos aterrizaron con un golpe seco a unos metros de él y una vez que recogieron sus pertenencias, le observaron con ojos ensanchados y temerosos, para luego alejarse como si él fuera la peste.

No hacía falta decir que nadie más bloqueó su camino o intentó siquiera acercarse.

Harry ocultó el hecho de que estaba sorprendido por la magia sin varita que acababa de realizar sin sentirse agotado después de eso. 'Entonces, ese es el tipo de poder que mi varita puede canalizar... No me extraña que se haya fusionado con la otra.'

Harry entró a la tienda de Pociones Oscuras y observó a su alrededor; lo que quería estaba detrás del mostrador. "Quiero el Acónito que tiene," dijo con voz firme.

Un viejo y decrépito hombre entrecerró sus ojos al verlo, pero tomó el objeto cuando el muchacho depositó la bolsa de dinero en el mostrador. "¿Eso sería todo?" preguntó el dueño con una voz oxidada.

Harry asintió de forma tensa, pagó al hombre y salió del lugar con prisa; el aire en la tienda apestaba al anciano y a los ingredientes tóxicos.

Sabía que podía contar con Hedwig en llegar a la pequeña lechuza de vuelta a Hogsmeade así que se apareció a la aldea tan pronto como pudo. Hedwig llegó no más tarde que él y Rosmerta estaba encantada con la pequeña lechuza.

James le sonrió suavemente y, ya que su turno había terminado, se encerró en su habitación y comenzó a preparar la poción que haría que las personas lo amaran o sospecharan tanto de él que lo meterían en problemas.

Pero lo tenía que intentar. Valía mucho la pena.

"¡Hola James! ¡Te estábamos esperando!" dijo Sirius, felizmente, una vez que James ingresó al Gran Comedor.

Solo había una mesa colocada y los estudiants y profesores estaban todos sentados en ella, Dumbledore incluido. Los profesores dieron la bienvenida a James con sonrisas de su parte, pero Severus solo murmuró y apenas y le dirigió la mirada.

Sirius le dijo al muchacho de cabello negro que ignorara a Snape y lo invitó a sentarse entre Remus y él mismo, para la felicidad interna de Harry.

Manx ni siquiera le dirigió una mirada.

Los pocos estudiantes que se quedaron en Hogwarts no sabían realmente cómo reaccionar ante su presencia; la pelea entre Weasley, Malfoy y él había llegado a los oídos de todos. Sirius parecía no estar enterado y si Dumbledore lo sabía o fingía de forma perfecta o simplemente no le importaba... por el momento.

James inició rápidamente una conversación con Hagrid sobre las diferentes criaturas mágicas que existían y algunas veces Remus hacía uno o dos comentarios. En algún momento de la tarde la conversación pasó al Quidditch, para la dicha de Sirius y Xiomara.

Hooch se mostró ansiosa por decirles en qué posición había jugado alguna vez James y que no podía esperar por ese juego uno contra uno.

"Entonces James, ¿qué tipo de escoba tienes?" Preguntó Sirius, mientras asesinaba aún más a su pobre puré de papa, para la diversión de Minerva.

James sonrió de forma misteriosa y tomó otra cucharada de su estofado. "Ya lo verás. ¡Pero puedo prometerte que te hará tragarte el polvo que deje atrás!" bromeó de buen humor.

Xiomara gimió. "¡Ya basta con el misterio! ¿Por qué no me dices, al menos, qué tipo de escoba es?"

"Sí, Señor Evans. ¿Por qué debe ocultarse tanteo?" preguntó Snape, repentinamente, intentando alarmar a James y hacerlo hablar.

Harry simplemente hizo un puchero y recostó su mejilla sobre su mano. "Oh, no son divertidos. Bien, les diré el nombre, pero dudo que jamás hayan escuchado hablar de ella. Es una Saeta de Fuego."

Recibió varias miradas y parpadeos, incluso de Albus y Manx. "Nunca he escuchado de ese tipo de escoba. ¿Es nueva en el mercado?" preguntó Albus con curiosidad.

James rió entre dientes mientras Sirius respondía: "No que yo sepa. ¡Has capturado mi interés, James!"

El muchacho se encogió de hombros con una sonrisa de lado y se rehusó a responder ninguna más de sus preguntas.

La pequeña fiesta terminó tarde y pronto fue hora para que todos regresaran a sus salas comunies. James fue invitado a quedarse con Sirius y Remus, quienes compartían habitaciones grandes, así el muchacho no se sentiría fuera de lugar en la habitación vacía de Ronald Weasley.

Harry tuvo que sonreír suavemente cuando entró en la habitación de su Padrino; todo estaba decorado en rojo y dorado... típico de Gryffindor.

"Preparamos una habitación de invitados para ti, espero que te guste," dijo Remus con una suave sonrisa. Aún se sentía culpable por el incidente con el hombre lobo y se le notaba.

Fue una de las rarísimas ocasiones, pero Harry dejó caer su expresión de cautela y sonrió de la forma más brillante que pudo. "¡Es perfecta, gracias!"

Sirius y Remus compartieron una mirada y pequeñas sonrisas pero observaron al muchacho con preocupación cuando su expresión se volvió sombría y tomaba asiento en el brillante sillón de cuero rojo.

"¿James? ¿Ocurre algo?" preguntó Sirius, consternado.

James les indicó que se sentaran frente a él con un movimiento de su mano. Hicieron lo que pidió, curiosos y preocupados por un momento. Cuando James les observó casi se echaron hacia atrás debido a la intensidad de su mirada. Tenía una mirada de esperanza y desesperación que ningún muchacho ordinario debería poseer, jamás.

Esto perturbó a ambos hombres, pero James levantó su mano, para evitar que hablaran. "Por favor no me interrumpan. Yo-" suspiró de forma nerviosa. "Quería darles sus regalos ahora, en lugar del día de mañana. No quiero que la atmósfera se rompa pero si ustedes me van a odiar por esto, prefiero no hacerme esperar y sufrir en silencio, esperando a que llegue el golpe."

Sirius y Remus abrieron sus bocas, pero las cerraron igual de rápido. ¿De qué estaba hablando el muchacho? ¿Por qué lo odiarían tan repentinamente? ¿Qué podía hacer que James pensara eso? Sin embargo, Sirius obligó al muchacho a continuar, con una mirada penetrante.

James suspiró temblorosamente y sacó dos paquetes de su bolsillo, los desencogió con un hechizo dicho en murmullo. Sirius y Remus levantaron una ceja sorprendida; ¿el muchacho podía hacer magia sin varita? Ignoraron este hecho de momento, ya que su curiosidad pudo más que ellos.

"No debiste comprarnos nada. Estábamos felices de poder invitarte aquí," dijo Remus, pero el muchacho no pareció escucharle. La verdad fuera dicha, ellos también le habían comprado a James algo.

El joven hombre primero le dio su regalo Sirius, ya que no iba a crear ningún problema. El Animago lo tomó con cuidado y comenzó a desenvolverlo. Se mostró encantado cuando vio la hermosa capa, aparentemente cara, hecha de lienzo de Dragón. Era completamente negra y estaba adornada con intrincados bordados dorados.

Cuando la desdobló, un libro cayó en su regazo y lo observó con interés. James sonrió suavemente. "Espero que te guste la capa. El libro, sin embargo, fue difícil de encontrar. Trata de Defensa, por supuesto, pero hay un rumor de que fue escribo por el mismo Godric Gryffindor. Tiene un hechizo de preservación y la firma de Gryffindor en él."

Sirius se mostró sobrecogido por los dos objetos. "¡Debieron haber costado una fortuna! ¡No puedes comprarnos cosas así!" Aunque la verdad, Sirius estaba realmente extático pero ¿cómo podía comprar el muchacho tales cosas cuando apenas y se conocían?

James negó con su cabeza con resolución. "Compré estas cosas para ti y solo para ti. Valió la pena el dinero, créeme."

Sirius estudió el libro y finalmente lo aceptó, con una sonrisa.

Ahora venía lo complicado.

Harry pudo sentir la temperatura de su cuerpo comenzar a subir y sus manos temblaron cuando le dio a Remus su regalo. Tan pronto como Remus lo tomó, James se levantó de un salto del sillón y caminó un poco, apartándose de ellos, dándoles la espalda.

Sirius le llamó pero James negó con la cabeza. Remus observó el regalo de forma extraña. ¿Por qué el muchacho se había apartado de él tan repentinamente?

Sirius y él observaron el paquete con cautela, pero, una vez más, la curiosidad fue más fuerte. Sin embargo, Sirius tomó su varita entre sus dedos, solo en caso de que algo saltara contra sus caras. Cada vez que Remus movía la caja, algo dentro de ella tintineaba.

La abrió y Sirius hizo una ligera mueca cuando vio un par de frascos. Remus lucía confundido. "¿Pociones? ¿Le diste pociones a Remus?" Preguntó Sirius con una expresión desconcertada.

James se rehusó a observarlos pero les agració con una respuesta, aunque fue una dicha muy suavemente. "No es solo cualquier poción Sirius. Si tu la tomas, podrías enfermar gravemente."

Los ojos de Sirius y Remus se ensanchó. "¡Estás intentando envenenarnos!" exclamó Sirius.

James le dirigió al hombre una mirada impaciente, pero sus ojos se dulcificaron cuando observó a Remus. Nuevamente se dio la vuelta, no queriendo ver sus rostros cuando les dijera para qué era la poción. "Dije que TÚ enfermarías, Sirius. Pero no Remus. El hombre que me mostró cómo hacer esta poción... bueno, está muerto, así que no tomaré ningún crédito por ella, tampoco quiero hacerlo. Él me mostró cómo hacerla, solamente a mi, soy el único que sabe cómo se prepara; no está en ningún libro de pociones que puedan encontrar."

Remus era un poco más paciente que Sirius y esperó a que el muchacho continuara. Aunque estaba muy interesado. "Entonces, ¿para qué sirve?" preguntó con un tono calmo de voz.

James cerró sus ojos. "Tienes que beber un frasco cada semana, preferentemente el mismo día. De esa forma, Sirius jamás volverá a ser herido, tampoco nadie que esté en los alrededores."

Ni a Sirius ni a Remus les gustaba hacia dónde estaba yendo esta conversación; palidecieron poco a poco y lucían a punto de entrar en pánico. "¿Qué? ¿De qué rayos estás hablando, James? ¿Qué te hace pensar que yo lastimaría a Sirius?" preguntó Remus, con voz temblorosa, mientras Sirius fruncía el ceño al muchacho.

James fue rápido en responder. "Oh, sé que no es intencional, no te preocupes," dijo con calma. "Pero esta poción en verdad te ayudará. El hombre que la inventó tenía grandes intenciones para ella pero está muerto, así que... Una vez que esta guerra termine, creo que honraré su nombre y escribiré un libro sobre esta poción."

James finalmente se giró hacia Remus, la intensidad de su mirada nunca disminuyó. "Esta poción, Remus, se llama Matalobos. ¿Sabes por qué?"

Remus palideció completamente y casi dejó caer los frascos cuando se paró de golpe y casi tropezó al caminar hacia atrás. Sirius se pudo se pie frente a su amigo, de forma protectora. "¿Estás intentando envenenarlo? ¿Matarlo? ¿Qué es lo que sabes?" preguntó duramente.

Harry retrocedió ligeramente; escuchar a Sirius hablarle así estaba rompiendo su corazón, pero al menos Remus se sentiría mejor. "Sé que Remus es un Hombre Lobo, Sirius. Sí, lo sé, porque ambos estaban heridos al día siguiente de la luna llena. Fue obvio. Intentaste detenerlo, aunque no se cómo, y el Hombre Lobo te derrotó. Tus heridas eran las típicas que provocan los Hombres Lobo. Sé que fue Remus quien me enfrentó aquella noche pero no te hago responsable, ni le diré a nadie más. Yo también tuve un amigo que fue Hombre Lobo, ¿saben?" Harry se detuvo y apenas y se percató de que sus puños se habían vuelto blancos por la presión que puso en ellos.

Sirius y Remus le observaron, con la boca abierta. "¿Cómo puedes no culparme? ¿Cómo es que aún quieres estar cerca de mi?" preguntó Remus con desesperación.

Sirius guardó silencio; esto ya era un asunto entre su amigo y el muchacho de cabello negro. Luego de un incómodo silencio, Remus cedió y no pudo evitar preguntar tímidamente: "¿Qué... qué es lo que hace la poción?..."

James le dirigió una sonrisa triste, pero también una sonrisa que prometía mejores días. "Tienes que beber una botella por semana. La Poción Matalobos sabe a mierda, como mi amigo me lo dijo muy elocuentemente cuando aún estaba vivo, pero es muy efectiva ya que es una versión mejorada. Permite que, cuando la transformación está completa, el humano retenga sus pensamientos intactos y tenga control sobre la bestia. Encierra los pensamientos de la bestia lejos y así Remus tendría el control completo sobre ella. La nueva versión, que ahora tienes entre sus manos, también reduce el dolor cuando el Hombre Lobo se transforma."

Remus se sintió caer contra el sillón y lágrimas de alegría y esperanza se abrieron camino por sus mejillas. "Oh Dios, ¿esto es real?" dijo ahogadamente.

En un instante Sirius se encontró a su lado y palpaba la espalda de Remus de forma tranquilizadora. "¿Nos podemos atrever a tener esperanza?"

James suspiró. "No es una cura, pero con esta poción estamos en el camino correcto. Quiero que todos los Hombres Lobo se beneficien con esta poción pero no quiero que Voldemort sepa de ella. Aunque pueden decirles a los profesores, porque lo descubrirán pronto. Tendré a Snape encima de mi espalda más que nunca."

El muchacho gruñó y Remus y Sirius no pudieron evitar reír. Fue una risa nerviosa, temblorosa y llena de emociones, pero había felicidad en ella.

"Nunca podría haber recibido un mejor regalo. No sé cómo podré pagarte." Remus se frotó los ojos con su manga.

James sonrió. 'Si te gusta la Poción Matalobos, espera a que te sorprendas con la aparición de Harry James Potter...'

"Feliz Navidad, Sirius, Remus." fue su única respuesta.

Recibió un abrazo de grupo y se bañó en la calidez de su Padrino y tío, a falta de una mejor palabra. Sirius se apresuró a ir a su habitación y le dio a James su regalo. "Ya que tú nos has dado los nuestros..." explicó con alegría.

James les sonrió y abrió su regalo. Una pelota dorada pasó rápidamente frente a su rostro y la atrapó con facilidad, casi por reflejo. Sirius chifló. "Vaya, Hooch no mentía cuando nos contó que eras un Buscador. ¡Tendré que apostar por ti cuando tengas tu partido contra ella!"

Remus giró sus ojos y guardó silencio, aún sorprnedido por su regalo y lo que significaba para él. Aún debía sentir el efecto en la realidad, pero continuaría teniendo esperanza por el momento.

James observó la esfera dorada que se removía en su mano. "¡Una snitch! ¡Vaya! ¡Gracias!" liberó a la pelota y ésta voló alrededor de su cabeza. Observó el paquete y sacó tres libros; uno respecto a maleficios y contra-hechizos, el segundo era de criaturas mágicas y el tercero trataba de estrategias durante un duelo.

"Estos libros son sensacionales, gracias. Les aseguro que los leeré todos con mucha atención." Y era sincero al respecto. Había leído muchos libros sobre las Artes Oscuras y duelos, pero algunos libros aquí eran diferentes y le emocionaba aprender más de ellos.

Se dieron las buenas noches y fueron a la cama, completamente felices con sus regalos. Harry levantó su hechizo de silencio, pero no corrió ningún riesgo con Nagini; ella se quedó en su brazo toda la noche.

Hedwig se había aparecido en su ventana, así que la dejó entrar; estaba acomodada en el poste de la cama.

El Niño-Que-Vivió se durmió rápidamente, con una sonrisa satisfecha. Si Remus y Sirius estaban felices, eso era todo lo que él necesitaba.

Sirius estaba a punto de apagar las luces en su habitación cuando Remus se apareció y se recargó contra el marco de la puerta. "¿En verdad piensas que esta poción me ayudará?" preguntó tímidamente a su amigo.

Sirius intentó ser tan alentador y darle todo el apoyo que pudo. "Solo podemos esperar, Remus. Ciertamente, él lucía muy seguro de sí mismo. Vale la pena intentarlo. Nunca antes se ha hecho algo como esto. ¡Piensa en las consecuencias que traería si funcionara! Le mostraremos primero a Snape la poción, si James quiere. Solo quiero asegurarme de los ingredientes. No es que no confíe en él, pero tú eres mi mejor amigo, Remus."

El Hombre lobo asintió pero nunca antes había lucido tan seguro y positivo en su vida. "Estoy seguro de que me ayudará. Este muchacho no es malo, Sirius. ¡Solo lo sé! Bueno, buenas noches." Terminó tímidamente cuando Sirius bostezó con fuerza.

Remus regresó a su habitación y apagó las luces diciendo 'Nox'. Ambos hombres se durmieron tan rápido como el muchacho que estaba en la habitación al lado de las suyas y por una vez todo fue como siempre debió ser.

"Padre."

"Draco. ¿Tienes nuevas noticias sobre este tal James Evans?"

"Va a ser una molestia, padre. E insultó a nuestro Señor frente a todos. No se nos unirá y se podría convertir en un problema. Es perturbador. ¡No sé de qué lado está en realidad! En un momento está hablando mal de nuestro Amo y al siguiente está sujetando una serpiente que hice aparecer y murmurándole como si la comprendiera! ¡Eso es demente!"

Lucius frunció el ceño. "Le informaré a nuestro Lord. Aún tengo que hacer unas investigaciones sobre él y una vez que tenga suficiente evidencia, le advertiré al ministro. Presionaré a ese tonto para actuar en contra del muchacho."

Draco lo detuvo antes de que se pudiera marchar. "¿Tus heridas están mejor, padre?"

Lucius casi lo maldijo. "¡No hables de eso! Aún estoy intentando a la pequeña basura que se hace llamar el 'Niño-Que-Vivió'. Sentirá la ira de los Mortífagos y Dementores una vez que lo encuentre!"

Draco hizo una mueca de dolor y salió rápidamente de la habitación. Quedarse cerca de su padre cuando estaba así de molesto, no era una buena idea.


Notas de la traductora MikoAucarod: En verdad les agradezco todo el apoyo que me están dando con esta traducción, ¡de corazón se agradece! ¿Qué les pareció el episodio de hoy? Yo realmente me emocioné cuando le dio la Poción Matalobos a Remus, fue algo muy hermoso x3 ¡los leo en el siguiente capítulo!