Los personajes de esta historia no me pertenecen.
No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.
AVISO: Este fanfic es YAOI (y será slash), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Es un Saga/Máscara de Muerte.
Este capítulo tiene lemon explicito, si eso altera los nervios de alguien a estas alturas... no me lo explicaría.
Capítulo 12. Abriendo puertas
La gran celebración estaba siendo un gran éxito. El Santuario había reunido a todos los caballeros, de Bronce, Plata y Oro, así a como a los caballeros supervivientes de batallas contra otras deidades a fin de hacer pactos de alianza y lazos de amistad por un futuro en común.
Las armaduras habían sido relegadas a sus cajas como símbolo del fin de las batallas, y el Santuario entero se había puesto sus mejores galas para festejar apropiadamente la edad de oro del mundo.
Máscara de Muerte dió un sorbo de su copa, al principio de la velada había saludado a algunos caballeros y poco a poco había ido retirándose discretamente a un segundo plano. No era precisamente un animal social... bueno, si que lo era, pero sabía que su caracter siempre traía problemas, y antes que cambiar su caracter prefería alejarse. No era diplomático ni delicado, y no pensaba cambiar a ese respecto.
Afrodita estaba en su elemento, acompañado de una mujer que casi podía eclipsarle en belleza, y por supuesto habían vestido de forma conjuntada. Muchos se morían de envidia y muchas lamentaban no ser la elegida.
Shura, siendo como era un lobo solitario, estaba solo, aunque de un modo cómodo. Se mantenía ligeramente apartado pero presente, manteniendo breves pero amables cruces de palabras y saludos.
Los caballeros de bronce, insufriblemente optimistas, estaban encantados. Cada uno llevaba de su brazo a una joven y Máscara reconocía a la muchacha que caminaba junto a Shiryuu, caballero del Dragón. Vaya, había estado casi seguro de haber matado a esa chica en las cataratas del Rozhan.
Seiya iba con... ¿no era esa Shaina, amazona de la Serpiente?. Que desperdicio, una guerrera tan determinada y con tanto futuro eligiendo a semejante zopenco. Seiya sería poderoso y honorable, pero su dedicación a Athena era tan total que nunca podría corresponder totalmente a ninguna mujer. Shaina se llevaría una terrible decepción si esperaba un final feliz con aquel caballero. Seiya daría la vida sin dudarlo por Athena, pero no lo haría por Shaina, no del mismo modo, la amazona nunca estaría a la altura.
Máscara se cansó de contemplar la sala de baile y de comer canapés, fue a la barra libre y se pidió un gin-tonic. Ya servido, se apartó de las salas más concurridas y se retiró a uno de los balcones, desde allí se veían las doce casas en las colinas y acantilados, era una vista impresionante. Suspiró.
Saga y Kamus recuperaban el tiempo perdido. Los gemelos caminaban mano a mano desde el templo de Géminis, donde se habían entretenido más de la cuenta hablando y disfrutando de la compañía de su hermano. Habían estado muchos años separados, ambos tenían motivos para odiar al otro, y ambos tenían motivos para perdonarse y recobrar el afecto que les había unido en la mas temprana infancia.
- ¿No llevas a nadie contigo?.- Preguntó a su hermano gemelo.
Kanon se encogió de hombros.
- Tú tampoco.
Saga miró el templo de Cancer en tanto pasaban por su lado y se sonrió.
- Si que tengo a alguien.
- ¿De veras?.
- Si, ya debe estar en la fiesta.
- Estará furioso, llegaremos muy tarde.- Kanon frunció el ceño, no era propio de su correcto hermano el hacer esperar a alguien.
- No creo... no sigue las normas ni espera que otros lo hagan. No se enfadará.
Kanon asintió, era agradable volver a estar con su hermano gemelo, volver a compartirlo todo con su igual.
- ¿Es Máscara de Muerte?
Saga casi tropezó, y hubiera caido de culo por las escaleras si Kanon no le hubiera sostenido al tiempo que soltaba una risotada por la sorpresa de su gemelo.
- ¿Cómo lo sabes?
- Te conozco muy bien, creo que lo supe incluso antes que tú, hace mucho tiempo.
- Vaya...
Muchos pensaban que los hermanos gemelos tenían una especie de conexión psiquica casi sobrenatural, pero era una estupidez. Lo que tenían era la experiencia de haber vivido juntos desde su nacimiento, compartir el físico y la crianza les hacía conocerse muy bien el uno al otro, era la costumbre.
Llegaron al Santuario y una vez en la fiesta se despidieron, Saga tenía que ir en busca de su pareja en la fiesta.
- Buena suerte.
- Gracias, hermano.
La fiesta estaba llena, caballeros de todas las armaduras y unos pocos caballeros de otras deidades. La señorita Saori también estaba allí, más relajada, mas humana de lo habitual, probablemente porque nadie llevaba su armadura, aquello era la paz, no la Guerra. Podía permitirse ser humana por un día. Se presentó ante ella como dictaba la etiqueta y después devolvió su atención a la búsqueda de Máscara.
No dió con él. ¿Se habría echado atras y no había ido a la fiesta?. Esperaba fervientemente que no fuera así pero... no le veía, y no era alguien que pasara desapercibido, al menos no para Saga. Y desde luego no con el traje que le había... ayudado a probarse. Se había visto magnífico con el traje de esmoquin negro con aquel chaleco carmesí oscuro, perfectamente enfundado, enmarcando su cuerpo atlético... nadie podía resistirse, o al menos él no había podido.
Pero no le veía por ninguna parte, miró entre los comensales en busca del erizado cabello gris pero no había rastro. Saga sintió un gran temor, se había precipitado, había... practicamente había acorralado a Máscara en aquella tienda...
Sintió un acceso de pánico, y al rato practicamente corría entre la gente buscando a Máscara, rezando para que hubiese acudido a la fiesta, de otro modo sin duda sería su culpa, por precipitarse de aquella manera.
De pronto alguien le cogió del brazo y frenó su alocada búsqueda. Saga se vió cara a cara con Shaka. El caballero de Virgo llevaba una rica túnica hindú, indudablemente hermosa, aunque lo mas probable era que Mü le hubiera ayudado a elegir algo vistoso, dado que el asceta daba poca o ninguna importancia a aquello.
- Está en uno de los balcones. Ha venido.
No tenía que decir quien, ni porque sabía lo que buscaba. Saga le agradeció el detalle y fue inspeccionando los múltiples balcones hasta que encontró su objetivo.
Máscara estaba allí, apoyado contra la barandilla, en una mano sostenía un vaso y con la otra se aflojaba la corbata, dejándola medio caida, sin duda le agobiaba. Se llevó el vaso a los labios y dió un cortó trago, tras el cual se pasó el dorso de la mano por los labios para retirar la humedad.
Oh diosa, se alegraba tanto de verle allí.
- Máscara.
El aludido se volvió a mirarle. Y sin duda rememorando lo ocurrido la tarde del día anterior, se ruborizó, tiñendo de rojo sus duras mejillas. No obstante recuperó la compostura y nuevamente mostró su habitual estampa de "tipo duro".
- Hola, Saga.
- Temí que no vinieras.- Saga se acercó hasta ponerse a su lado en la balconada.
- ¿Por qué no iba a venir?. Bebida gratis.
- Te pido perdón.
Máscara frunció el ceño.
- ¿Perdón?. ¿Por qué?... ¿No hemos tenido esta conversación antes?
- No, no... es por lo de ayer.
Al pensar que Saga podía arrepentirse de haberle tocado, de haberse besado y acariciado, Máscara sintió un puño de dolor en el pecho, como una puñalada pese a todas sus intenciones.
- Oh...
- No quiero que pienses que es solo sexo. Te amo de verdad.
Máscara acababa de dar un trago de su copa, el liquido se fue por el mal camino y empezó a toser desesperadamente. Al momento Saga se apresuró a salvar la copa y darle unas suaves palmadas en la espalda hasta que el acceso de tos se calmó.
- Tjo... cof...
- ¿Estás bien?
- Yo... si... cof... estoy bien, no es nada.
- Deberias sentarte.
- Estoy bien, solo se ha ido por el lado equivocado.
Máscara se tranquilizó y se apoyó en la barandilla, mirando el gran monte que descendía ante ellos desde el balcón, sin atreverse a mirar a Saga. Su corazón se había desbocado en su pecho con la inesperada confesión de amor.
- Cielos, Saga... no se si... es decir...
- Sé que me amas, lo veo en tus ojos, en tus gestos, y yo también te amo.
No había sentido a negarlo, era tan inutil como luchar contra la marea. No se podía decir que era mentira, era como negar que el cielo era azul o que Saori era Athena reencarnada. Máscara no encontraba las palabras.
- Lo sé.- Admitió.
- He sido torpe.- Confesó Saga.- Se que la única relación que has tenido usó el sexo como un sustituto del verdadero afecto, y yo...
- No es eso.- Máscara se frotó el pelo.- No pienso eso de tí.
- Gracias, pero realmente quiero que sepas que mas allá de la atracción carnal, yo te amo. Es mucho más, muchísimo más de lo que tú conoces.
Lo que el conocía. El sexo que Máscara conocía era exigente, era brusco, era un sometimiento, una clara subordinación entre quien tomaba y quien era tomado. Su satisfacción servía solo para satisfacer el ego de su amante. Pero sabía... esperaba, que el sexo con un amor real, sería algo diferente.
- Muestramelo.
Esta vez fue Saga quien se quedó perplejo en tanto Máscara se volvía hacia él lleno de determinación.
- ¿Uh?... ¿Perdón?. No sé que...
No pudo continuar porque Máscara le agarró por el cuello de la camisa y le besó con ímpetu, acallandole con efectividad, fue un beso algo torpe por su brusquedad, pero no tardaron en amoldarse el uno al otro. Se separaron mirandose a los ojos con los iris brillantes a la luz de las estrellas.
- Jurame que no será un error.
- Haré algo mejor, te lo demostraré.- Saga sabía lo que debía hacer.
De momento era solo una muestra física de cuanto amaba a Máscara, porque era lo único que un hombre como él entendería tan pronto, mas adelante habría tiempo para hablarle de simple compañía, de convivencia, de una mirada, de una caricia. Pero ahora debía demostrarle su amor fisicamente, demostrarselo, porque el vocabulario de amor de Máscara era terriblemente limitado.
- Ven conmigo.
Le tomó de la mano y ambos salieron del balcón, se movieron de forma casi furtiva por el salón para retirarse a la zona inferior, al rato llegaron a los doce dormitorios, doce habitaciones dispuestas en el templo para que los caballeros de oro pudieran pasar la noche allí cuando tenían lugar largas reuniones de días e incluso semanas.
Entraron tras la puerta con el sello de Cancer, si bien todas eran iguales, apenas una sobria cama individual, una mesilla y un ventanuco. Pero bastaba para lo que necesitaba, solo eso.
Saga cerró la puerta y miró a Máscara, la determinación empezaba a esfumarse de su cuerpo y se percibía la incertidumbre, en cierto modo, no, realmente aquella sería su primera vez con un hombre que no era Ares. Era otro mundo, era algo nuevo. No sentía miedo, eso no.
Si estuviera con Ares ahora se desnudaría, esperaría instrucciones o se tumbaría directamente en la cama, esperando ansioso el placer, acostumbrado a su macho dominante, a su amo. Ahora no está seguro de lo que debe hacer.
Saga empezó a desnudarse, y no se limitó a quitarse la ropa, no, era deliberadamente sensual, parecía jugar con la pajarita, con cada botón de la camisa, revelando la piel centímetro a centímetro hasta que dejó resbalar la tela por sus brazos hasta el suelo. Las manos apartaron su melena rubia y se deslizaron sobre el esculpido pecho, serpenteándo por la perfecta musculatura hasta frotarse sobre los pezones, revelandolos después enrojecidos... Saga emitió un sonido entre el suspiro y el gemido que hizo que Máscara sintiera sus pantalones encogerse.
Máscara miraba aquellas manos con fascinación, su respiración se aceleró en tanto sus pantalones negros se volvían dolorosamente restrictivos. Saga desató el cinturón y lo lanzó a un lado para después desatar el único botón de los pantalones y deslizar... diosa, tan lentamente... la cremallera. Pronto los pantalones se sostenían precariamente de las caderas revelando la hendidura de las ingles, la curva del bajo vientre y el vello que se oscurecía hacia elástico de la ropa interior...
Máscara tragó saliva, su experiencia sexual era amplia, Ares y él habían fornicado en muchas posturas, en muchos lugares... pero nunca había visto un espectáculo así.
Saga le miraba, su deseo era evidente en la hinchazón que se iba revelando, pero se veía también en su expresión, sus ojos brillantes y profundos, sonreía, pero era una sonrisa lasciva y amable, nada que ver la lujuria cieja. Saga le deseaba, y quería ser deseado, no había medias verdades.
Saga metió los pulgares en el borde de los pantalones, incluidos los calzoncillos, y los bajó lentamente, revelándo su completa desnudez a Máscara. Un semidios desnudo, Máscara gimió sin abrir los labios, regalándose con la visión de aquella estatua de perfección griega.
- Máscara¿puedo tocarte?.
La pregunta era ridícula, pensó Máscara, por supuesto, de hecho él estaba deseando tocar a Saga. Asintió con la cabeza, no confiando en la firmeza de su voz. Saga se acercó, y empezó a quitarle la chaqueta y el chalecho con la misma lentitud con que se había desnudado a sí mismo. Torturador. Máscara dió un paso atras y antes de que Saga se preocupase por un rechazo empezó a desnudarse él mismo.
Saga no dijo nada pero se sonrió, había esperado que Máscara hiciera eso, para que participara activamente, aunque solo fuera en ese pequeño detalle.
Apenas Máscara se hubo quitado los zapatos y calcetines, quedando tan desnudo como Saga, este se arrodilló frente a él, para asombro de Máscara.
- ¿Saga?
Las manos de Saga se acomodaron en su cintura y le acariciaron, subiendo y bajando desde los muslos hasta la cadera, Máscara miró hacia abajo y se le subieron los colores al ver a Saga arrodillado frente a él, su rostro a escasos centímetros de su henchida hombría. Aparte de la breve primera vez... nunca más había tenido Máscara sexo oral, si se lo había proporcionado a Ares, pero este no había devuelto aquella acción.
- Hay muchas maneras de demostrar amor.- Le dijo Saga.- Esta es solo una de ellas, y no es la mas importante en absoluto pero... esta noche me gustaría darte esta.
- No es... no hace falta, te creo.
- Quiero hacerlo igualmente, pero si tú no quieres, me detendré. Podemos besarnos, o tomarnos de la mano, o sencillamente dormir abrazados.
Le creía, pero ni por todos los tesoros del Olimpo podía Máscara conformarse con esas caricias teniendo a Saga... arrodillado, hablandole y haciendo que su aliento se sintiera tan cerca de su miembro.
- Continua...
Saga sonrió y le lamió. Máscara se estremeció de pies a cabeza, Saga le recorría dedicadamente con la lengua y los labios, recorriéndo su sexo desde el escroto al miembro, acariciándole con las manos. Saga se detuvo apenas el tiempo suficiente para guiar a Máscara hasta la cama para que se sentara al borde de esta, sin duda fue una buena idea porque cuando Saga le devoró con la boca, Máscara estuvo seguro de que de haber estado de pie las rodillas le hubieran fallado.
- ¡Saga!.- Aferró puñados de manta y arqueó la espalda en tanto Saga le absorvía, le consumía con aquel calor húmedo, aquella succión...- Oh... Saga...
Se derramó con un gruñido y se desplomó en el colchón jadeando. Saga le besó el bajo vientre, el ombligo, y le recorrió hasta el cuello, besando y marcando con pequeñas marcas rojizas.
- Máscara...
Este se incorporó y se besaron largamente hasta quedar tumbados en la cama ambos. Saga no dejaba de besarle, de tocarle, recorría cada centímetro de su piel como si quisiera memorizarle con las manos. Se abrazaron y besaron con desesperación, intentando fundirse en uno en el otro, entrelazaban sus cuerpos, entrelazaban sus cosmos hasta formar una única llama. Máscara sentía contra la hombría de su amante, dura y ansiosa, contra su cuerpo, y se compadeció envolviéndola en sus manos. Saga gimió y hundió el rostro en el hueco del cuello de Máscara.
- Ah... oh... es... espera...
Pero Máscara no esperó, no quería esperar. Marcó a Saga con chupetones igual que había hecho Saga con él y siguió envolviendo su miembro, apretándolo y acariciándolo entre sus manos, extendiendo la humedad que segregaba por toda su longitud.
Saga aferró las nalgas de su amante, apretándolas y acariciándolas hasta pasar los dedos por la abertura entre estas. No necesitaba penetrar para conseguir que Máscara se removiera contra él y sentir los temblores en la zona acariciada. Máscara apretó contra Saga su erección renovada.
- Mas...- Pidió con un gemido.
- Te amo, Máscara...
- Y yo a tí...- Sus manos unieron sus hombrías para frotarlas a la vez.- Vamos...
La noche pasó demasiado rápido para los dos amantes. Retozaron entre las sábanas hasta sus abrazos se volvieron húmedos por el sudor, los gemidos se volvían ininterrumpidos, y nadie hubiera podido decir donde acababa uno y empezaba el otro.
Saga se aferró a los hombros de Máscara en tanto era penetrado. Máscara gimió a voz en grito alzaneado contra el cabecero de la cama. Saga suspiró entrecortadamente cabalgando sobre su amante. Se recorrieron, se besaron, cambiaron de posición y continuaron hasta que el agotamiento les dejó desmadejados en la cama y el amanecer les encontró entrelazados.
El ruido de alguien llamando a la puerta despertó a Máscara. No sabía que hora era, aunque su estómago le decía que sin duda se había perdido el desayuno y probablemente ya sería hora de comer.
Saga estaba tendido a su lado, dormía de lado con una mano contra su boca en un gesto algo infantil. Cuando Máscara se incorporó, Saga se removió y le pasó un brazo por la cintura, probablemente no despierto del todo.
- Solo un momento.- Le susurró Máscara divertido.
Máscara se levantó y no pudo evitar una mueca de disgusto, necesitaba una ducha urgentemente. Y también Saga, podrían ducharse juntos. Eso le devolvió la sonrisa, pero salió de sus ensoñaciones cuando volvieron a llamar a la puerta.
Afrodita iba a llamar otra vez y casi dió el siguiente golpe en la nariz de Máscara cuando este abrió la puerta.
- ¡Ah!. Por la diosa, Máscara, ponte unos pantalones o una bata, vas a sacarle un ojo a alguien.
- No seas ridiculo.
Afrodita dejó de cubrirse los ojos dramaticamente y miró la cara de su amigo con intensidad clínica.
- Iba a preguntarte que tal la noche, pero tienes la clasica sonrisa de sarisfacción post-coital.
- ¿De veras?. ¿Me queda bien?.- Se burló Máscara.
- No, a decir verdad te hace parecer idiota.
Máscara le cerró la puerta en las narices pero abrió de nuevo, no se sentía insultado, aquello era el clasico toma y daca de sus conversaciones.
- En serio, ponte unos pantalones, cubrete.- Suplicó Afrodita exageradamente.
- Luego. ¿Qué pasa?
- Solo quería saber si todo había ido bien, es lo que hacen los amigos. Ya veo que todo ha ido perfectamente... de hecho se ha oido.
- ¿Se ha oido?
- El caballero de Leo bebió de más y durmió en el dormitorio contiguo... o intentó dormir, se ha pasado toda la mañana maldiciendoos.
Máscara soltó una carcajada, alegrándose inmensamente de haber molestado tanto al cachorro. Saga rezongó a sus espaldas, probablemente molesto por el ruido.
- Bueno, supongo que me voy.
- Hasta luego.
- Y date una ducha por favor.
- Lárgate de una vez.
Máscara cerró la puerta y regresó a la cama junto a Saga, que remoloneó un poco antes de ceder y entreabrir un ojo medio dormido, para a continuación abrir los dos y sonreir con una expresión que Máscara sospechaba era la misma que Afrodita le había acusado de tener en el rostro. Era cierto, era una sonrisa muy idiota.
Pero le gustaba verla en Saga y saber que era obra suya.
- Buenos días...
- Necesitamos una ducha.- Comentó Máscara, y desde luego aquella cama necesitaba ser cambiada con urgencia.
- Mmmn... ¿el plural implica que la necesitamos a la vez?
- Quizá.
Saga se aferró a la cintura de Máscara sin levantarse en absoluto, besándole la cintura con afecto. Se sentía aun medio dormido, pero también como nuevo, nunca había estado mejor en toda su vida.
Máscara se dejó mimar, acariciando el cuero cabelludo de Saga como si se tratara de un gatito, relajándose. Era perfecto, nunca había imaginado que pudiera ser así, no tenía comparación con su experiencia de siete años. No podía creer que durante tanto tiempo se hubiera conformado con tan poco.
Saga se incorporó, pues podía volver a quedarse dormido si seguían así. Y había muchas cosas que quería hacer estando despierto. Mucho tiempo perdido que recuperar.
- Te amo.- Le susurró al oido.
- Eso ya ha quedado muy claro.
- ¿Mucho?
- Muchísimo.
Se sonrieron con aquella expresión que en cualquier otra circunstancia hubiera hecho que Máscara se burlara sin piedad. Era un nuevo comienzo.
Nota de la autora: Ahora todos juntos, ooooooh, que bonitooooo. ; ) Este el fin de este fanfic, punto final. Me toca descansar, hacer meditación, y que no cunda el pánico, ir pensando en el argumento de mi proximo fanfic de Saint Seiya con DM.
Estaré unos cuantos días hasta dar con un buen argumento, algo que tenga un poco de historia para dar sustancia al romance. Cuando tenga algo claro pondre una entrada en mi blog, pero no creo que se me ocurra nada definitivo en unos cuantos días, quizá un par de semanas.
Muchas gracias por todos los reviews, tanto en el fanfic como en mi blog o mail, y gracias a todos los que han leido mi fanfic. Espero que el final os guste y que la lectura os haya entretenido tanto como a mi escribirlo en este verano que se acaba.
