El potterverso es de Jotaká.
«REFLEJOS»
Por Victoire Black.
Desde cuándo.
—¿Qué diablos es esto? —masculló el celador cuando, en su ronda nocturna, vio a un distraído Dumbledore salir de un aula en desuso. Pensando quizá que tendría un amorío con McGonagall, y que al entrar la encontraría ella en lencería —cosa que no le desagradaba en demasía—, no dudó demasiado en mirar para todos lados, y atravesar la puerta.
Desilusión total.
Ni McGonagall, ni lencería, ni nada. Solo bancos rotos, telarañas, papeles tirados y... algo que no debería estar allí. ¿Desde cuándo habían espejos en los salones sin usar? ¿Y desde cuándo el mismísimo director atravesaba el colegio entero para simplemente mirarse al espejo?
Filch se encaminó hacia él sin esperarse mucho. Estaba lleno de polvo, y el cristal tenía manchas negras de humedad. Sacó un pañuelo de su bolsillo para limpiarlo, y su reflejo imitó el movimiento, asustándolo. Mientras reía de su estupidez, terminó de sacar el pañuelo, pero el espejo le mostraba otra cosa. Algo que no podría ser nunca.
Porque... ¿desde cuándo tenía él una varita mágica en su poder? ¿Y desde cuándo una sonrisa alegraba su rostro?
Tiró el pañuelo al suelo con la esperanza de que el reflejo hiciera lo mismo con el maldito palo, pero al contrario de lo que creía, simplemente se la cambió de mano, y sonrió más ampliamente. Maldiciendo a los alumnos que nada tenían que ver, y a Dumbledore por semejante broma, dejó el trozo de tela en el piso, y se dirigió rengueando hacia la puerta.
La próxima vez, lo pensaría dos veces antes de husmear las andanzas del director. Y cuando tuviera ganas de ver a McGonagall en lencería, simplemente se inmiscuiría en su despacho.
