Disclaimer: La idea original de Harry Potter, así como sus personajes son propiedad de J.K. Rowling, después del último libro podemos dejar volar la imaginación por lo que pudo ser, pero no fue…
CLAROSCURO
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Marcada
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Sí, la diversión apenas está comenzando. El solo pensar en la sangre que será derramada, me provoca placer y mi cuerpo se estremece con cada palpitación. Morirán, todos ellos morirán y estableceremos un nuevo orden; uno donde la magia sea el poder.
-Ra.L.-
…
Mirándose frente a frente, deseaba ignorar las similitudes que compartían, no precisamente físicas sino internas, claro que no se consideraba una demente pero, siendo crítica, ambas se parecían mucho más de lo que le hubiera gustado admitir.
A las dos las dominaba esa ansia insaciable por el conocimiento, las dos eran sumamente brillantes a su manera, las dos eran astutas y ambiciosas, las dos poseían un carácter de temer, y ninguna de las dos se había conformado en ser como todos…
Quizás fueron las circunstancias, sus respectivas familias, sus apellidos, la sangre, o tal vez simplemente fueron sus decisiones las que marcaron sus caminos que, ciertamente, habían sido muy distintos.
La mayor siguió su fanatismo y el dogma de un megalómano sediento de poder.
La menor prefirió escuchar a su corazón y siguió a sus ideales de justicia e igualdad.
Pero ambas entregaron su cuerpo y alma a su respectiva causa con la misma intensidad de mil soles.
Ahora, ambas estaban encarándose, nuevamente luchando por sus ideales, por preservar lo que cada una creía correcto y sabían que cualquiera de ellas moriría por lograr esos objetivos.
La pelinegra, aún sumida en un silencio contemplativo, le dedicó una rota sonrisa a la otra pues también había llegado a la misma conclusión.
- Antes de que acabe la noche, te mataré. Sólo una de nosotras puede quedar con vida, el mundo no podría soportar a las dos- espetó la pelinegra esbozando nuevamente su típica sonrisa torcida que hacía más macabro su desgastado rostro. ¿Es que acaso no podía haber un villano que luciera amable? Primero Voldemort con su apariencia de serpiente humanoide y ahora Lestrange con pinta de desquiciada. Pero vaya, así era la vida y quizás la maldad interna se reflejaba en el físico al final de todo.
- Estoy segura que el mundo te extrañará- contestó la castaña con marcado sarcasmo y sabiendo que sólo tenía una oportunidad para marcar a la bruja, y si fallaba…moriría.
- En cambio a ti, nadie va a recordarte- rio la otra de vuelta y, por una pequeñísima fracción de segundo, la menor imaginó que en otra vida ellas dos pudieron haber simpatizado, quizás hasta pudieron ser aliadas…pero esa no era esa otra vida y ambas tratarían de matarse mutuamente.
Hermione estaba sola, había sido separada de sus amigos y, aunque podía volver con ellos mediante su anillo, no lo haría. Sabía el hechizo correcto, era el momento señalado y tenía a su objetivo en frente. No huiría.
Sin embargo, era muy consciente de que si el duelo se prolongaba, perdería.
Debía concentrarse.
Astucia sobre fuerza, inteligencia sobre experiencia.
Las dos mujeres comenzaron a caminar en círculos sin quitarse la mirada de encima la una de la otra, como si quisieran añadirle más drama a su inminente duelo.
No obstante, la ojigris rompió el suspenso lanzando el primer hechizo o, mejor dicho, la primera maldición. La otra mujer pudo esquivarlo con relativa facilidad, pudiera no ser un auror pero había sobrevivido a una guerra y era momento de demostrar que todavía tenía buenos reflejos.
Ciertamente había concluido que el conocimiento que poseía era más teórico que práctico pero no era como si tuviera otra opción más que aplicar todo lo que sabía en ese duelo. O realizaba bien el hechizo a la primera o podía darse por muerta.
A pesar de eso, en un fatal descuido, un rayo color magenta traspasó las defensas de la mujer más joven mandándola a estrellar contra una de las lápidas del lugar.
Un dolor en forma de choque eléctrico recorrió toda su espalda hasta llegar a sus pies, seguramente se había golpeado en un nervio y no pudo evitar soltar un gemido de dolor.
- ¿Eso es todo? ¿Y se supone que tú eres una amenaza para mí? ¿Qué eres mi igual? - espetó la pelinegra mirando con asco a la mujer caída mientras se le acercaba lentamente.
Hermione la miró con furia y rodó sobre sí justo a tiempo para esquivar otro rayo, enseguida se resguardó tras una gran escultura con la forma de un ángel de la muerte. Nada inspirador.
- ¿Acaso te escondes niña? ¿No se supone que eres una gryffindor?- chilló su rival con mofa- ¡Maldita sea Granger! ¡Pensé que por lo menos morirías de pie!- exclamó sin moverse de su lugar pues esperaba que la otra diera la cara.
La aludida inspiró profundamente y analizó sus opciones, claramente era inferior a su rival en cuestiones de combate por mucho que se esforzara en igualarla. Si bien podía conocer más hechizos, la mortífaga conocía más maldiciones y no dudaba en usar viciosamente cada una de ellas, además poseía una agilidad diabólica para su edad.
Inspiró nuevamente, escuchando cómo su corazón latía como demente. Tenía miedo pero definitivamente no era una cobarde, así que amasó todo su valor y se movilizó.
- ¡No moriré aquí Lestrange!- gritó saliendo de su refugio para lanzar un rayo directamente hacia el pecho de la otra.
Bellatrix lo bloqueó haciendo lo propio, eso realmente era un juego de niños para ella, uno que acabaría en un charco de sangre…de sangre sucia.
Con otro hechizo bastante bien colocado de la pelinegra, la castaña dio un giro en el aire para impactar fuertemente contra uno de los árboles del cementerio provocando que la nieve de sus ramas cayera sobre ella.
La nieve en el suelo se manchó con unas gotas de intenso color carmesí creando un marcado contraste.
Rojo profundo sobre blanco absoluto.
Hermione contuvo otro gemido de dolor, estaba siendo vergonzosamente apaleada.
- Me decepcionas sangre sucia- confesó la pelinegra acortando la distancia entre las dos mientras miraba a su oponente con desprecio- Si hubiese sabido que eras tan débil, no hubiera esperando tanto para robar la dichosa profecía y matarte. El destino resultó ser un desgraciado, ni siquiera pudo darme un combate más digno- se lamentó falsamente poniéndose en cuclillas para hablar cara a cara con la otra, realmente no la consideraba un peligro, pues era evidentemente débil.
Hermione trató de moverse pero sintió que esta vez algo se había roto, tal vez una costilla pues el dolor era agudo en su costado derecho. Pese a eso, no podía darse por vencida, no podía dejar a esa bruja con vida y, peor aún, libre.
Soltó un fuerte alarido cuando la maldición torturadora laceró su piel. Miles de cuchillos se clavaban en su cuerpo provocándole ese ya tan conocido dolor.
- Cuando dejes de respirar, mataré a todos los que te importan- susurró la mujer deteniendo su tortura físicamente para agregar la mental.
Más allá, Hermione creyó escuchar otro grito y rogó porque no fuera de Malfoy, si ella moriría al menos esperaba que el rubio pudiera detener a la mujer.
La imponente figura de la mortífaga se posó frente a la más joven apuntándola con su varita directamente al centro de su pecho.
Una luz verdosa comenzó a salir de ella y Hermione supo cuál maldición la impactaría.
No, aún no era tiempo.
No moriría.
No podía morir.
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Draco estaba teniendo problemas con Rabastán, además de estar todavía debilitado por la batalla anterior, el otro mago era alguien realmente versado en las artes más obscuras y un hombre sin ningún tipo de escrúpulos.
A pesar de eso, el rubio había entrenado mucho para nunca más volver a ser aquel débil jovencito que se sometía a la voluntad de magos más poderosos por miedo…o cobardía. Había decidido volverse fuerte practicando tanto magia blanca como negra, pues él no creía en la nobleza del espíritu ni nada de esas cosas, solamente creía que en un duelo tenías dos opciones: matar o morir, y ahí no había ética alguna.
Un feo corte estuvo a punto de cercenar la mano izquierda del menor de los hermanos Lestrange quien miró al otro con burla.
- Vaya, veo que Lucius logró enseñarte algo decente después de todo- soltó el hombre de cabellera marrón con su negro sentido del humor.
No le interesaba vivir o morir, solamente quería que el mundo ardiera de una manera o de otra.
- Lo único que mi padre me enseñó, fue que algunas vidas son insignificantes y merecen ser aplastadas- siseó el rubio con una sonrisa ladeada llena de arrogancia.
Rabastán no se tomó bien esa indirecta, sintiendo su orgullo herido, atacó nuevamente sin piedad. El problema era que el mortífago se creía demasiado superior y subestimó garrafalmente al joven Malfoy.
No tuvo la destreza de recordar que ambos habían pertenecido a la misma Casa, a Slytherin, donde la astucia era sumamente preciada.
- Eres un asqueroso traidor Draco y tu única redención es la muerte- espetó Rabastán lanzando una ráfaga de maleficios sin pensarlo mucho.
- ¿Quién dijo que quería redimirme?- fue la contestación del otro, cosa que sólo contribuyó a aumentar la furia del mayor.
De pronto, Draco escuchó los gritos agónicos de la castaña y sintió una terrible ansiedad por saber lo que estaba pasando con el otro duelo. Había ido a ese lugar para tratar de ayudar a Granger a no morir, no para cumplir con su estúpido destino, pero Rabastán estaba entreteniéndolo demasiado, su tía no era alguien fácil para combatir.
Tenía que acabar las cosas deprisa.
'Estúpida Granger' pensó sin atreverse a quitar la atención de su duelo pues una distracción sería fatal. Consciente que debía apresurarse a ayudar a Granger antes de que la mataran, hizo gala de su excelente condición física y saltó, rodó, esquivó, para finalmente atacar con una increíble precisión.
De un solo movimiento, cuando su corazón estaba en medio de un palpitar, su varita lanzó una luz rojiza que atravesó limpiamente el cuello de Rabastán.
El mortífago detuvo todos sus movimientos en seco mirando a su oponente con algo muy parecido a la sorpresa. Trató de decir algo, y de su boca salieron las últimas palabras que diría.
- Ella nunca morirá…con dos más…dos más y será inmortal…
El rubio miró al hombre con asco e ignoró sus palabras, mientras corría en pos de la castaña, una cabeza rodó por la nieve en un grotesco espectáculo de sangre y violencia.
Draco temió haber llegado tarde cuando detectó que de la varita de su tía comenzaba a salir un rayo verdoso bastante familiar.
La escena pareció suceder en cámara lenta y sus piernas no eran lo suficientemente rápida…afortunadamente, Granger tuvo la sensatez de esquivar la maldición asesina en el último instante cosa que él aprovechó para atacar a su tía con furia.
Bellatrix reaccionó de prisa ante la inesperada intromisión y bloqueó el ataque de su sobrino sintiéndose ligeramente frustrada al no poder acabar de una vez por todas con la molesta sangre sucia.
- Rabastán realmente es un inútil si no pudo acabar contigo- escupió ella con un deje de desprecio por su antiguo cómplice.
- Digamos que no fue tan astuto como pensaba- explicó el rubio crudamente a lo que la ojigris torció el gesto al distinguir al otro Lestrange caído entre la nieve ahora pintada de rojo.
- Te equivocaste de bando Draco- gruñó Bellatrix, por un lado reconocía que su sobrino hubiera podido ser uno de los mejores mortífagos, pero por el otro le daba asco pensar que bien pudiera haberlos traicionado en cualquier momento.
- Eso pasó cuando dejé que me marcaran como vil ganado- escupió el aludido amargamente.
Ambos personajes se miraron con odio y comenzaron a lanzarse maldiciones con la fría cólera de quien sabía que peleaba contra su familia y se avergonzaba la misma.
Hermione observó la escena desde el suelo tratando de recuperar un poco de su energía, desgraciadamente se sentía demasiado débil y cotidianamente inútil. Ni siquiera era capaz de defenderse eficazmente por su cuenta, era una vergüenza y una humillación a su orgullo. Años viviendo en la ilusión de paz, la habían hecho muy descuidada.
Inspiró una vez más, frunció el ceño y decidió dejar de lamentarse para comenzar a usar lo único que resaltaba en su ser, su cerebro.
Con esfuerzo, se refugió nuevamente entre las lápidas del cementerio y comenzó a marcar una serie de runas entre la nieve con el propósito de crear un círculo alrededor de los duelistas. Cada runa debía ser perfecta o todo sería un fracaso, la secuencia debía ser infalible y el patrón extremadamente claro. Era magia muy antigua y necesitaba su absoluta concentración, claro que el dolor en su costado no le ayudaba en lo absoluto.
Sin dudarlo, en cada símbolo fue impregnando un poco de su magia y de su sangre, debido precisamente a esa combinación de ingredientes, el hechizo que se disponía a hacer era considerado como magia negra.
Su alma lloraba al saber que haría esa clase de magia turbia y retorcida, una que desafiaba todo lo puro del universo…pero no podía detenerse pues de lo contrario todo estaría perdido.
Hacer el mal para conseguir el bien.
Muchos se perdían en el significado de esa frase y rogó porque a ella no le pasara.
Terminó el círculo y ninguno de los duelistas lo notó.
Estaba casi lista.
- ¡Draco!- gritó de pronto y con mucha fuerza.
El aludido se sorprendió por la llamada y no pudo evitar mirar a la castaña de reojo. En ese instante, un rayo rojizo lo impactó en pleno cuerpo lanzándolo bruscamente fuera del círculo en que él no sabía que estaba.
Entonces, Hermione ignoró su dolor para entrar a la circunferencia rápidamente y, antes que la pelinegra reaccionara, comenzó con el intrincado ritual.
- ¡¿Qué demonios haces impura?!- chilló Lestrange tratando de atacarla, pero antes de poder hacerlo, todas las runas del suelo se iluminaron y sintió que su cuerpo se volvía tan pesado como el mármol.
Un campo mágico se formó alrededor de ambas brujas ante la mirada sorprendida del rubio quien trataba de ponerse de pie con evidente esfuerzo, él también estaba herido.
- Lo que debo hacer…- declaró la castaña con una trágica resolución pero sin detener sus movimientos de varita a pesar de comenzar a sentirse exhausta, entre la pérdida de sangre, su costilla rota, el cruciatus y la magia empleada, no estaría consciente por mucho tiempo.
Bellatrix apretó los dientes tratando de liberar su propio poder, pero el maldito campo mágico hacía que su cuerpo fuera demasiado pesado y que su magia fuera retenida en contra de su voluntad.
El ambiente del cementerio comenzó a electrificarse por la rauda magia que desplegaba la castaña y comenzaron a surgir pequeñas chispas cuando ésta chocaba con la magia de la pelinegra.
Las auras mágicas de las dos hechiceras se manifestaron agitándose con brusquedad mientras una tercera magia primigenia explotaba en una especie de combinación de luz y obscuridad sólo que con colores dorados y violáceos.
Draco tuvo que cubrirse los ojos ante el poderoso resplandor mientras escuchaba el grito agónico de su tía en medio de semejante destilación de poder mágico.
Bellatrix sintió que una agresiva magia rasgaba su alma podrida, gritó en agonía pues parecía que su rostro ardía en llamas.
Hermione contempló cómo su rival se arrodillaba ante el dolor mientras las runas volaban hacia el rostro de la otra tatuando su piel para siempre. Al mismo tiempo, su magia salía de su corteza como un grifo abierto y sin control, tan rápido que comenzó a sentirse mareada. Un profundo dolor atacó su antebrazo izquierdo pues también sentía como su ser era rasgado atreves de la cicatriz que portaba, y las lágrimas escurrieron libremente por sus mejillas.
Súbitamente, todo acabó y el silencio de la noche envolvió a los tres magos presentes como si lo acontecido hacía escasos segundos, no hubiera sido nada más que un espejismo.
- ¡Voy a matarte!- fue el alarido furioso que rompió ese silencio.
Draco salió de su estupefacción apresurándose a lanzar una bola de luz para iluminar un poco el lugar, y lo que vio le provocó un escalofrío.
Su tía estaba arrodillada con sangre en las palmas de sus manos, seguramente por haberse clavado sus propias uñas en ellas. Su rostro estaba contorsionado en una mueca desquiciada y una línea formada por runas recorría su sien derecha perdiéndose en su cuello, se veía extremadamente dolorosa y poseía un marcado color rojizo como si estuviera en llamas.
La castaña, por su lado, también estaba arrodillada tomando su antebrazo izquierdo que parecía sangrar pero lucía una cansada sonrisa de satisfacción; como si hubiera ganado una guerra.
A las 00:13 horas, la Reina Blanca había marcado a su igual.
El rubio no lo dudó y corrió hacia la castaña sabiendo que su tía estaba herida pero no derrotada. Y ninguno estaba en condiciones para enfrentarla.
Rodeó a la mujer con sus brazos y murmuró unas palabras esfumándose en el aire mientras otro alarido inundaba sus oídos.
La guerra había empezado.
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- ¡HERMIONE!- vociferó la voz de Harry al ver a su mejor amiga desaparecer justo enfrente de sus ojos.
En ese instante, varios aurores aparecieron en respuesta a la alerta de auxilio pero, al no ver la amenaza advertida, se organizaron rápidamente en grupos para encargarse de los muggles presentes. Tarea para la cual no tuvieron problemas y los desmemorizaron cuidadosamente eliminando así toda prueba de que había ocurrido una batalla en esa pacífica calle londinense.
- ¡Maldita sea!- gritó Harry golpeando el suelo al no lograr detectar el rastro mágico de Lestrange, había estado haciendo eso desde que desaparecieron.
A su lado, Neville se mantuvo inmóvil como si hubiese sido petrificado.
- ¿Qué pasó aquí, Potter?- inquirió su jefe viendo la desesperación en el rostro de los demás pero sin estar seguro cuál era la emergencia.
- ¡Lestrange se llevó a Hermione!- confesó frustrado al no poder detectar la magia que buscaba.
- ¿Qué? ¿Se la llevó como rehén?- se extrañó Robards pensando en la joven hechicera que lo había intimidado recientemente (eso no lo admitiría en voz alta), pero a quien reconocía como una digna colega y le indignaba que pudieran haberla secuestrado.
- No hay tiempo para explicaciones, ¡debemos encontrar a Hermione!- intervino Ron desesperado y sin querer entretenerse más en cosas que para él no tenían sentido.
- Usted no intervenga, señor Weasley- le exigió el jefe de aurores frunciendo el ceño ante semejante irreverencia- Necesito saber qué fue lo que pasó aquí antes de hacer algo más o de organizar una misión de rescate- añadió mirando directamente al ojiverde.
- ¡Encontré algo!- informó Harry ignorando por completo a su jefe mientras Ron se le acercaba corriendo y con un expresión de desespero.
Ambos hombres se tomaron de los hombros y desaparecieron en medio de la calle sin agregar algo más.
Robards se quedó con la palabra en la boca y bastante indignado por ello, si era un asunto de seguridad mágica, él debía de saberlo para actuar acorde a ello.
- Auror Robards- una tercera voz intervino- Tengo que hablar con Kingsley y con usted, quizás yo pueda aclarar un poco las cosas. No cometeré el mismo error de Albus...- declaró Minerva McGonagall con seguridad pero definitivamente preocupada por su ex alumna favorita.
El hombre miró a la anciana directora de Hogwarts sabiendo que de ella obtendría algunas respuestas, así que calmó su enojo, asintió y ambos desaparecieron sin otra palabra.
Los otros presentes seguían sin poder terminar de asimilar todo lo sucedido, en unos cuantos minutos todo había cambiado y ellos no había hecho nada.
Antes de darse cuenta, Harry y Ron reaparecieron en la calle con un estruendo.
- Era un rastro falso...- gruñó Harry apretando sus puños con fuerza mientras la sangre escurría por sus dedos, se había lastimado con el golpe anterior.
- Tenemos que hacer poción localizadora, es la única forma de…- propuso Bill poniendo a su cerebro nuevamente a trabajar.
- No hay tiempo para eso- objetó Ron sin ocultar su miedo.
- ¡Copsy!- llamó Luna sin pensarlo dos veces a lo que una elfina apareció frente a ella, Harry la miró con una nueva esperanza- ¿Puedes llevarnos con Hermione?- preguntó la rubia con amabilidad.
La elfina apretó sus grandes orejas contra su cráneo.
- Copsy no puede obedecer a otro que no sean su Ama- negó la criatura.
- ¡Esto es importante! ¡Si no nos lo dices Hermione puede morir!- exclamó Ron sin poder controlarse.
- Copsy no puede…- musitó la criatura con desespero.
- ¿Qué nos queda? No podemos esperar a que la maten- espetó Harry con agresividad pero sabiendo inútil presionar a la elfina.
- Malfoy está con ella- dijo Charlie.
- Tres contra uno, eso no ayuda Charlie- bufó George sin poder contenerse, había claro rencor en su tono.
- Malfoy ya no es un mortífago, serán dos contra dos- intervino Luna nuevamente.
- ¡Es un mortífago y siempre lo será! No puedo creer que se la llevaran frente a nosotros…- exclamó Ron cada vez más desesperado.
- Será mejor que continuemos con esta conversación en la casa- sugirió Arthur sabiendo que los aurores aún presentes podían escucharlos.
Hubo un asentimiento general y todos entraron a la casa mientras Harry se reportaba con sus compañeros instándolos a retirarse por las buenas, no estaba de humor para dar explicaciones. Luna tuvo la sensatez de 'empujar' a la figura inmóvil de Neville sin preguntarle nada, sabía que estaba conmocionado.
Nada más entrando a la casa, un hombre de castaña cabellera estrelló a Harry contra la pared con una fuerza devastadora.
- ¡Desapareció frente a tus narices!- le gritó Edward Granger con una furia hasta entonces desconocida en el normalmente tranquilo hombre- ¡Dejaste que se la llevaran! ¡No hiciste nada!- agregó en reclamo.
- Señor Granger, cálmese por favor- Arthur lo separó del ojiverde con ayuda de Bill.
Jane lloraba desconsolada en uno de los sillones de la sala mientras Molly la abrazaba compartiendo su pena.
- Lo lamento...- murmuró Harry desviando la mirada pues se sentía como el único culpable de tal desgracia. No había podido hacer nada, si tan sólo...
- ¡No quiero que lo lamentes! ¡Quiero que encuentres a mi hija y que la traigas sana y salva!- vociferó Edward tratando de liberarse del agarre de los dos pelirrojos pero no pudo.
Las campanadas del antiguo reloj del lugar, marcaron la media noche.
- Prepararé la poción localizadora- se ofreció Charlotte jalando a Angelina consigo, no podían hacer más de momento.
- Saldré a buscarla- se adelantó Neville quien no había dicho palabra hasta ese momento pero ahora su voz fue clara.
- No sabemos dónde está, podría estar en otro país- lo detuvo Charlie con mayor sensatez.
- ¡No me interesa! No pienso quedarme de brazos cruzados mientras está lista la dichosa poción- declaró Longbottom en uno de sus raros accesos de furia.
- De nada servirá, sabes que no tiene caso- intervino el ojiverde controlándose a sí mismo pues deseaba hacer exactamente lo mismo que su amigo, pero su mente de auror se lo impedía. No era sensato separarse en ese momento porque se convertirían en blancos vulnerables.
- No me importa- negó Neville sin entender razones, debía encontrarla.
- No te dejaré exponerte de esta manera- intervino el ojiverde poniéndose en su camino con firmeza.
- ¿No me dejarás? ¿Y si dejarás que asesinen a Hermione?- reclamó.
- ¡Claro que no!- negó el otro con igual furor- Pero no sabemos dónde está, no podemos buscarla a ciegas- añadió más razonablemente mientras George se preparaba para intervenir si las cosas se subían de tono.
- Apártate de mi camino Harry- le exigió el joven profesor de manera inflexible, no cambiaría de opinión.
- ¿Y si no lo hago?- el otro lo retó sacando su varita al igual que el primero.
En un segundo, el ambiente se puso tenso.
- Chicos...- Ron suspiró tratando de calmarlos y controlando su propio enojo al ver la alteración en ese par.
- No me subestimes Harry, recuerda que por una sola decisión tú tienes esa cicatriz y no yo- espetó Longbottom ignorando a Ron y con una dureza que sorprendió a todos.
Ambos chicos se miraron fijamente, como nunca antes lo había hecho.
De pronto, la puerta principal se abrió de golpe y dos figuras ingresaron a la sala apoyándose la una en la otra.
Era una visión extraña.
Hermione estaba pálida cual papel, de su boca escurría un hilillo de sangre pero en su rostro se adivinada el fantasma de una sonrisa; se sostenía un costado con la mano y con su otro brazo sangrante se apoyaba en el rubio. Draco portaba una expresión ceñuda y varios cortes sangrantes por todo el cuerpo, sus ojos grises brillaban amenazantes y cojeaba con cada paso dado.
- ¿Dónde está mi madre?- fueron las únicas palabras del hombre.
- ¡Hermione!- Jane Granger se abalanzó contra su hija apartándola del rubio quien no despegó su mirada de Potter en espera de una respuesta, pero éste seguía sorprendido por la escena.
- La señora Malfoy está arriba con Ginny y Andrómeda- contestó Luna con gentileza.
Con eso, el rubio subió las escaleras tratando de contener su cojera sin éxito. Nadie lo detuvo.
Al irse, los demás salieron de la conmoción y se abalanzaron sobre la debilitada figura de la joven mujer de ojos marrones que era sostenida por su madre.
- ¿Qué rayos sucedió?- se apresuró a preguntarle Ron rodeándola atentamente para comprobar que realmente era ella y no una ilusión.
Harry secundó la pregunta con una mirada preocupada mientras Edward envolvía a su hija en un fuerte abrazo. Los tres Granger se sentaron en uno de los sillones detectando la debilidad de la menor y ayudándola a acomodarse.
Hermione escuchaba las voces que la rodeaban pero su mente seguía conmocionada por lo recién ocurrido, la adrenalina la embargaba. La magia consumida le provocaba una incómoda sensación de vacío, y a la vez sentía algo distinto en su aura...como si un tinte obscuro la hubiera marcado a ella también.
Quería llorar, quería reír, quería gritar…pero no logró que su cuerpo respondiera a ninguno de esos impulsos.
Ginny bajó las escaleras casi de un salto llevando consigo su maletín de pociones. Corrió al lado de su mejor amiga apartando a todos a su paso.
- Hermione, ¿puedes oírme?- inquirió la pelirroja examinando sus pupilas dilatadas. No hubo respuesta- Está en shock, al parecer tiene una costilla rota y varias contusiones pero nada grave, lo único preocupante es su cicatriz…- diagnosticó rápidamente la joven sanadora demostrando su pericia.
Todos miraron el antebrazo de la joven donde se leían claramente las palabras 'sangre sucia', parecía una herida fresca y la sangre se deslizaba libremente por su clara piel.
- ¿Crees que…?- Harry no pudo continuar.
- No lo sé- le respondió Ginny aplicando vendas y pociones a la herida.
- Pero ¿qué fue lo que pasó?- insistió Molly regresándolos a la realidad pero sin poder seguir la velocidad de los hechos.
Hacía unos minutos, la castaña había sido secuestrada y ahora regresaba herida pero con vida, por supuesto que eso daba pie a miles de incógnitas.
- Ella no podrá decirnos nada de momento- concluyó Neville acercándose a la joven con un marcado aire protector pero dejando que sus padres la abrazaran.
- Entonces se lo sacaremos a golpes a Malfoy- propuso Ron dispuesto a cumplir con lo dicho, quería saber qué había pasado y quería saberlo ya.
- Imposible, en cuanto vio a su madre cayó inconsciente- negó Ginny administrando unas cuantas pociones junto con varios hechizos al cuerpo de su amiga- Él tenía heridas un poco más serias que Hermione pero sobrevivirá.
- Díselo a quien le importe- murmuró Ron cruzándose de brazos.
- Ronald, eso no es muy gentil de tu parte- le riñó Luna.
- Ni lo será, es Malfoy. No entiendo por qué lo dejan estar aquí y no lo enviamos a San Mungo, seguramente todo es una trampa. Él es, después de todo, un mortífago- espetó el pecoso.
- Y tú eres un cabeza hueca como siempre- intervino Charlie mirando a su hermano con reproche- Por lo que sabemos, Malfoy ayudó a Hermione a regresar con vida- alegó razonablemente.
Ron puso una cara de poco humor.
- Harry, ésta es tu casa. Tú puedes decidir si Malfoy se queda o se va- terció George también receloso del rubio pero haciendo una esfuerzo por analizar lógicamente los hechos.
El ojiverde suspiró y luego se arrodilló frente a la castaña para verla fijamente, agradecía a los cielos el poder verla nuevamente con vida.
- Por alguna razón, Hermione les dio los anillos y no seré yo quien dude de su buen juicio. Pueden quedarse, al menos hasta que Hermione pueda decirnos qué pasó- declaró con firmeza.
Nadie objetó aunque no estuvieran de acuerdo.
- Será mejor que acostemos a Hermione, una poción para dormir le hará bien- sugirió Molly sin esperar la aprobación de su hija, no era sanadora pero había criado a 7 hijos y tenía una experiencia irrefutable.
Los demás asintieron y así se hizo.
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Draco abrió los ojos con cierta brusquedad.
En segundos, se dio cuenta que no estaba en su cama, ni en su habitación y mucho menos en su mansión.
Los eventos del Año Nuevo le llegaron de golpe, todos los recuerdos galoparon por su mente tan rápido que tuvo que esforzarse para procesarlos pero mantuvo la calma, no podía darse el lujo de entrar en alguna crisis nerviosa en esos momentos.
…-*Flashback*-…
- Draco, por favor, no podemos encerrarnos aquí para siempre; tienes que salir del país- le instó su madre con una mirada preocupada.
- No voy a irme sin ti- negó conjurando otro hechizo alarma en uno de sus ventanales, habían rechazado la invitación de los Greengrass para la Cena de Año Nuevo.
El rubio sabía que era peligroso ir por ahí sin protección, y no podían salir del país porque su madre tenía una orden del Ministerio que se lo impedía (culpaba a Lucius por eso), así que lo único que le quedaba era proteger su mansión.
- Nada detendrá a Bella, ella vendrá por ti- insistió la mujer cada vez más desesperada.
- Pues que venga- gruñó el otro caminando hacia la escalinata principal, debía asegurar la primera planta.
Sin embargo, una imagen lo dejó congelado antes de poder subir el primer escalón.
Arriba, al inicio de la elegante escalinata se encontraba una conocida figura, su largo y obscuro cabello cubría parte de su rostro pero era claro que sus ojos destilaban maldad.
- Hermanita querida, volvemos a vernos- saludó mientras Narcisa transformaba su rostro en una máscara de indiferencia y Draco se colocaba delante de ella en actitud protectora- Hola sobrino, veo que cada vez te pareces más a tu padre- añadió mirando al rubio con una falsa sonrisa.
- Bella, déjate de tonterías- le dijo su hermana aparentando firmeza- Si vienes a matarme, deja a Draco fuera de esto- exigió.
- Madre- su hijo la miró de reojo con reproche.
- Oh no Cissy, no quiero matarte- rio la mortífaga bajando las escaleras con deliberada lentitud a lo que el rubio se tensó sacando su varita en el acto- Deseo verte sufrir cuando mate a tu traidor hijo frente a tus ojos- aclaró con ligereza.
Narcisa endureció sus facciones y sacó su varita dispuesta a todo con tal de proteger a su hijo, pero el susodicho fue más rápido y lanzó la primera maldición.
Bellatrix blandió su propia varita como una experta desviando el rayo sin aparente esfuerzo, luego lanzó su propio a ataque y el duelo comenzó.
Draco atacó sin piedad y sin importarle que fuera su tía la que quería matarlo, sintió cómo varios hechizos rozaron su piel pero decidió ignorar el dolor pues no podía darse el lujo de distraerse. Su madre trataba de intervenir pero en cada ocasión su hijo la bloqueaba hasta que conjuró un campo protector para impedirle acercarse más.
- Patético Draco, ¿cómo piensas proteger a tu madre si ni siquiera puedes protegerte a ti mismo?- se burló la pelinegra lanzando una poderosa maldición que impactó en el hombro de su oponente haciendo que soltara su varita- Me pregunto si hasta en la muerte te parecerás a tu padre- sonrió dispuesta a terminarlo.
El rubio apretó sus dientes con furia y supo que no saldría vivo de ahí, sin embargo otro hechizo impactó a su tía mandándola a estrellar contra una mesa.
- No te atrevas a lastimar a mi hijo- bramó Narcisa con una mirada colérica y su varita en alto.
Bella se levantó sin muchos problemas mientras limpiaba el hilillo de sangre que escurría de sus labios, luego volvió a sonreír.
- Entonces morirán juntos- gritó enviando un poderoso hechizo hacia el techo y Draco supo lo que pretendía hacer.
El techo se estremeció con fuerza mientras el rubio se abalanzaba sobre su madre en un intento de cubrirla del inminente derrumbe pero un pedazo de techo impactó sobre su cabeza dejándola inconsciente, otro más apresó su pierna y decidió que no tenía más opción que huir.
Antes de que su demente tía pudiera detenerlos, el rubio abrazó el cuerpo de su madre contra sí y cerró los ojos.
- ¡Toujours Pur!- exclamó con desesperación.
…-*Fin del Flashback*-…
Inspiró profundamente para ponerse de pie dándose cuenta de que llevaba puesto un sencillo pijama de algodón y estampado escocés, hizo una mueca al pensar que seguramente esa prenda le pertenecía a algún Weasley.
Sabía dónde estaba y sabía exactamente cómo había llegado ahí.
Detectó su varita en la mesita de noche al lado de la cama y la tomó para conjurar sobre sí una túnica decente. Pero no quiso perder más tiempo pues quería ver a su madre, comprobar con sus propios ojos que estuviera bien.
Salió del cuarto donde estaba encontrándose en un largo pasillo repleto de puertas, no conocía ese lugar en lo absoluto. Caminó sin detenerse dispuesto a inspeccionar cada una de las habitaciones si era necesario, de pronto, sintió la punta de una varita presionar fuertemente contra su nuca.
- Haz algo estúpido Malfoy, lo que sea, porque no sabes cuántas ganas tengo de hechizarte- espetó una conocida y detestada voz.
- Atacar por la espalda es muy poco gryffindor de tu parte Weasley- respondió el rubio con burla, no le temía al patético pobretón.
- Me importa poco lo que pienses Malfoy, además tú no mereces consideraciones, maldito mortífago- gruñó Ron al mismo tiempo que se colocaba frente al otro sin dejarlo de apuntar con su varita, aunque ahora directamente al pecho.
- Siempre tan original comadreja- Draco lo miró con sarcasmo a lo que el pelirrojo comenzó a enrojecer debido a la furia.
- Eres un...
- Ron, yo me encargo de Draco, será mejor que bajes con los demás- intervino una voz femenina con contundencia.
La imponente figura de Andrómeda Tonks salió de su cuarto al escuchar la discusión e intervino sin dudarlo.
- Pero...
- Responderé por lo que haga, gracias por tu preocupación- lo cortó la mujer una vez más, su voz no admitía réplicas y el pelirrojo lo entendió así, por lo que bufó sonoramente pero dio media vuelta para retirarse.
Draco miró a su tía, aquella que fue exiliada de su familia tantos años atrás y que conocía muy poco por esa misma causa.
- No sé cómo puedes convivir con ellos- declaró el rubio cuando Ron se hubo marchado dando grandes zancadas.
- No los juzgues tan duramente, su lealtad con la familia es apasionada y sorprendente, si te consideran uno de ellos harán lo que sea para protegerte- explicó la mujer de cabellera castaña obscura casi negra, algunas veces se sorprendía al recordar que ese hombre de gesto duro era su sobrino.
- ¿Tú te consideras una de ellos?- el hombre enarcó una ceja sin dejar de mirarla, le intrigaba la admiración que su tía parecía sentir hacia los Weasley.
- Teddy definitivamente lo es y, por extensión, también fui incluida en ese trato- explicó rápidamente conteniendo un suspiro para cambiar de tema- Supongo que buscas a Cissy- el otro asintió- Está en la cocina con Teddy, por extraño que parezca Cissy siempre tuvo una habilidad especial para controlar a los niños- sonrió con sinceridad.
- ¿Eso significa que ella está bien?- preguntó el otro ansioso por asegurarse que así fuera, lo último que recordaba era haberla visto dormida en una cama.
- Sí, Ginny la examinó meticulosamente y la vigiló durante la administración de las pociones sanadoras. Desde el día de ayer finalmente pudo salir de la cama, no tenía más que una contusión y varios golpes sin importancia- explicó.
- ¿Ayer? ¿Cuánto tiempo estuve dormido?- se extrañó el hombre, no le agradaba estar incapacitado tanto tiempo y ni siquiera saberlo.
- No te alteres Draco, sólo fueron un par de días- le dijo reconociendo lo histérico que su sobrino podía llegar a ser, eso definitivamente lo había heredado de su madre- Vamos abajo, a Cissy le dará mucho gusto verte despierto- invitó.
Ambos bajaron las escaleras en silencio hasta llegar a la concurrida cocina donde Narcisa Malfoy ayudaba a su sobrino a comer. El infante reía divertido cambiando el color de su cabello en cada parpadeo para el completo deleite de la rubia quien le aplaudía exageradamente.
En la cocina, además de los dos primeros, estaban los Granger, Molly y Fleur con su hija Victorie.
Narcisa debió detectar algo porque su postura se puso rígida de repente, luego giró su cabeza para chocar con los ojos de Draco.
- ¡Hijo!- la rubia no esperó más y saltó de su lugar para colocarse frente al joven hombre y examinarlo atentamente sin importarle el decoro en lo más mínimo- ¿Cómo te sientes?- le preguntó levantando su mano para acariciar la mejilla del otro con ternura.
- Mejor madre- respondió dejando que la caricia lo tranquilizara.
- ¿Tienes hambre? Las señoras Weasley prepararon una comida deliciosa, los demás deben de estar por llegar- siguió la rubia empleando un tono relajado, al parecer estar ahí la hacía sentir segura.
- No, y será mejor que me retire. Madre, te pido que por favor te quedes aquí si es que lo permiten, será más seguro de esa manera- inició apartando la mano de la mujer e intercambiando una mirada con su tía quien entrecerró sus ojos en un mudo desacuerdo con su decisión.
- Hijo...- su madre trató de objetar.
- Sé perfectamente que no soy bien recibido aquí- espetó seriamente sin mirar a ningún Weasley presente- Regresaré a la mansión y tomaré las medidas necesarias para protegerla.
- Joven Malfoy, Harry dijo que podían quedarse aquí cuando tiempo fuera necesario- intervino Molly sin estar segura cómo llamarle al joven hombre de rubia cabellera.
- No necesito la caridad de Potter- espetó duramente y aún sin mirar a la pelirroja- Pero les agradezco el haber recibido a mi madre y el haber atendido nuestras heridas- agregó recordando su educación ante todo, además había adquirido una deuda por esos hechos, no deseaba deberles nada más.
- Draco, por favor, el orgullo no es lo más importante en este momento- le dijo Andrómeda decidiendo intervenir.
- Nada de lo que digas me hará cambiar de opinión tía Meda, debo irme- negó el hombre pretendiendo retirarse de una vez por todas. No podía quedarse en un lugar donde su simple presencia causara discordia, donde pudieran maltratar a su madre por su causa…
Pero antes de que pudiera dar un paso más hacia la salida, una voz lo detuvo.
La única voz que podía detenerlo.
- Malfoy- pronunció claramente esa voz.
El aludido se detuvo para mirar a la nueva figura reconociendo a la castaña en el acto, parecía sumamente cansada.
La comadreja la acompañaba como perro guardián sosteniendo uno de sus brazos con evidente cuidado al tiempo que le dirigía una mirada de desprecio al rubio.
- Granger- pronunció en un tono neutral.
- ¿Podemos hablar?- el pelirrojo bufó como era su costumbre- En privado- aclaró la castaña a lo que Ron frunció el ceño pero, ante una mirada, se apartó de su lado sin reclamos.
- Adelante- asintió Draco con tranquilidad.
Los dos entraron a la biblioteca de la casa donde tomaron asiento en dos de los sillones que estaban junto a unos estantes.
- ¿Cómo estás?- inició la mujer con la típica pregunta para entablar una conversación.
- He estado mejor- él se encogió de hombros- Y el hechizo que me enviaste no contribuyó favorablemente- agregó con un ligero tono de reclamo.
- Siento eso- sonrió ella sin la más mínima cantidad de remordimiento- Tenía que apartarte del círculo de una forma o de otra, y no tenía mucho tiempo para ello- explicó sin darle mayor importancia.
- Y bien, ¿qué fue todo ese espectáculo? Podría jurar que sentí magia negra en esas runas- inquirió como si fuera de lo más natural, no la criticaría por eso…no tenía derecho.
La castaña miró hacia sus manos y apretó la boca, tomo aire y luego habló.
- ¿Recuerdas la profecía?- él asintió- Pues esa noche marqué a Lestrange como mi igual usando la runa de halagaz- explicó sabiendo que podía confiar en el rubio por muy extraño que pareciera.
- ¿Y tú qué le diste a cambio?- preguntó sin inmutarse aunque internamente estaba preocupado, con ese tipo de hechizos no se jugaba.
Hermione sonrió al descubrir nuevamente la aguda perspicacia de su antiguo compañero.
- Digamos que fue una especie de intercambio, para bloquearle el paso a Bellatrix tuve que remover un poco de su corteza mágica y, a cambio, ella se quedó con un poco de la mía a manera de sello- recitó en un suspiro cansado.
- Así que ahora están ligadas- concluyó él.
- Por desgracia sí- asintió- Eso me recuerda, ¿qué pasó con Rabastán? No pude explicar nada sobre él, sólo lo que pude ver- agregó.
- Lo decapité- respondió el otro con tal ligereza que la mujer no pudo alterarse.
Pasó casi un minuto de silencio hasta que la mujer volvió a hablar.
- Lo supuse- fue lo único que dijo en medio de un suspiro.
- Vaya, pensé que me exigirías entregarme a los aurores- declaró Draco atento a la reacción de su interlocutora.
- No- negó ella mirándolo con tristeza- Tú no eres el único que se ha visto tentado a matar…- el rubio la miró con sorpresa- A decir verdad, es algo de lo que no suelo hablar; en la batalla final, cuando creí que Harry había muerto, perdí la cabeza. No pensé en nada más que en la venganza, estuve a punto de asesinar a dos mortífagos a sangre fría y Bellatrix lo vio todo...- en ese punto suspiró nuevamente pasando una mano por su cicatriz del cuello- Me pongo a pensar y creo que ese fue el momento en el que sellamos nuestro destino. Cuando ella me miró y descubrió el mismo brillo asesino en mis ojos que en los de ella...durante un eterno segundo fuimos iguales….
- Tú no eres como ella y nunca lo serás- dijo el rubio con tal firmeza que la mujer quiso creerle, aunque sabía que sólo era un intento de consolarla.
- La única diferencia entre nosotras es el bando al que pertenecemos- explicó con una sombría mirada- Y evidentemente que ella es mucho más hábil para los duelos que yo, si no hubiese sido por ti...- se mordió el labio con fuerza.
Draco la miró haciendo una mueca ante ese patético intento de agradecimiento.
- Acogiste a mi madre y ayudarte es sólo saldar parte de la deuda que tengo contigo- la interrumpió antes de que pudiera agregar algo más, era la verdad.
- Yo no la ayudé, Ginny fue quien lo hizo- le corrigió al instante.
- Si no hubiera sido por ti y mi tía Meda, estoy seguro que nos hubiesen dejado a nuestra suerte- espetó con cierto grado de amargura.
- No digas eso, Harry tiene un gran corazón, él nunca...
- No soy estúpido Granger. Potter y compañía aún nos consideran escoria - suspiró.
- Pues yo creo que han cambiado y que merecen esta segunda oportunidad para demostrarlo- declaró ella muy segura de sus palabras.
El rubio apartó su mirada pero no dijo nada, luego ella volvió a hablar.
- Necesito pedirte un favor.
- No pienso hacerme amigo de Weasley ni de Potter- aclaró con una mueca tal de asco que casi provocó la risa de la castaña.
- Quédate- pidió la mujer con una profunda mirada.
Draco la miró a los ojos descubriendo que el fuego que veía en ellos refulgía con fuerza. Recordó la rauda magia que una vez había resonado para su propia magia y sintió que algo se removía en su pecho.
- De momento- contestó accediendo a la petición sin preguntar nada.
En ese instante, su orgullo quedó en el olvido, su apellido poco le importaba, así como el que todos en esa casa lo despreciaran de una u otra manera.
No pudo evitar acceder a esa solicitud tan llena de significado, ceder ante el tono de la castaña por más que lo intentó.
Era algo más poderoso que él y, en un segundo, supo que estaba jodidamente condenado. Ahora sabía que ya jamás podría negarle algo a esa mujer.
Sonrió ante su evidente derrota.
…
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¡Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas!
Me parece
Ignaciaf.- Gracias por tus comentarios, espero que este siga esa línea. Hasta pronto!
Guest.- Pero regresé como cada semana, espero que con esta actualización prefieras no lanzarme de un lugar tan alto. Saludos.
Athefrod.- Un gusto leerte como siempre, pues sí fue un capítulo con adrenalina. Me agrada mucho saber que lo que escribo se logra entender de esa manera (o al menos tú lo ves así), pues precisamente eso quiero transmitir, la evolución de nuestra heroína. Hermione no es perfecta, tiene sus defectos pero ahora saber que debe superarlos para luchar por sus seres queridos, es cierto que tuvo ayuda y tuvo dudas todavía, sin embargo marcó a Bella sellando sus destinos de una manera definitiva. ¿Quién es más fuerte? Bueno eso lo descubriremos conforme avance la historia, aunque la fuerza no solamente se mide en magia ¿no crees? Las dos Reinas tienen mucho por ofrecer y estoy segura que nos sorprenderán. Draco, por su lado, tiene muchos conflictos pero ha luchado contra sus miedos y lo demostró al ayudar a Hermione. Mmm, esa escena también me agrada y es interesante que la relaciones con lo que pueda pasar en la historia, por desgracia no puedo decirte más o serían spoilers…muchas gracias por tus comentarios y hasta pronto!
lapoket- Hola, bueno era para crear el suspenso pero estoy de vuelta y creo que funcionó pues me regalaste tus comentarios hehe. Neville es un personaje importante pero no sabremos qué tanto hasta que llega su tiempo.
YUKI NICKY1.- Exactamente, ya vimos lo que pasó con Hermione y Bellatrix, además de otra interacción con Draco (ahí me parece que hubo un algo entre los dos, y todo se desencadenará). Espero leerte pronto y gracias por tus comentarios.
¡Travesura Realizada!
