¡Hello, personas! xD Bien, como he estado súper apretada con todo lo que me ponen a hacer estos profes, no he podido subir el chap antes, perdón TT Pero pues ahorita que tengo tiempo les dejo el mágico y mega wow siguiente capítulo, jajajaja ¡Disfrútenlo:P

Capítulo 12:

La Raijin se espantó realmente ante la reacción de Shippo, puesto que él se levantó de golpe y se apoyó en el grueso tronco del árbol más cercano. Después de un breve silencio, le preguntó:

-¿Cómo era esa sensación?

-¿Eh?- tanto ella como el dragoncito le echaron miradas de desconcierto. ¿Ya se le habría botado la canica al kitsune?

-Eso que sentiste cuando el sujeto aquel te atacó con sus poderes… dime, Sou Ten, ¿Cómo era?

-Pues…- hizo una pausa reflexiva- se sentía muy mal, era como…. Como si todos mis poderes se…. Como si se retrajeran, ¿me entiendes? Como si los estuviera inhibiendo. Y me sintiera muy mareada.

Después de la explicación miró al kitsune, como aguardando por una explicación. Y aun así el se tomó su tiempo en encararlos, meditando por un momento y acariciando la rugosa corteza de aquel árbol con sus dedos.

-Yo ya la he sentido- afirmó, dándose la vuelta para observar a Goryu y a su ama.

-¿En serio?- preguntó un desconcertado chibi-dragón.

-Sí. Cuando viajaba con Inu Yasha y los demás, lo sentí.

-¿Cómo fue?- interrogó Sou Ten, limpiándose las lágrimas decididamente con una manga de su kimono e inclinándose hacia delante para ver bien la cara de Shippo, que había bajado la mirada un poco.

-Era un ser muy poderoso, nos causó bastantes problemas porque ayudó a Naraku… le decían… el santo Hakushin…

-¿Un… santo…?- repitió ella, confundida- Perdóname, Shippo, pero si ese sujeto es un santo, yo soy la Emperatriz de Japón.

-No, no…- a Shippo se le escapó una fugaz sonrisa por el comentario de la youkai- No puede ser él porque… bueno, porque el sujeto está muerto. De hecho estaba muerto cuando causó todo el rollo con Naraku, y…- calló un poco al ver la expresión de los otros- ¿Qué pasa?

-¿Q-qué estaba muerto, dices?- dijo Goryu como quien no quiere la cosa, aunque con su pequeño labio inferior temblando un poco.

-Bueno, sí, pero…- el kitsune volvió a callar al notar que de rojo, el dragoncito estaba pasado rápidamente a distintos tonos de rosa, cada vez más pálido.

-No podía ser un muerto- arguyó Sou Ten, posando ligeramente la palma de su mano sobre la cabecita de su sirviente- su energía era enteramente humana. Estaba vivo.

-Ah, pero es que ya se me están adelantando- comentó él con una sonrisa- Yo no dije que fuera el santo Hakushin en persona. Solo dije que la sensación era la misma.

-¿Quieres decir qué…?

-Si. Ese sujeto también posee mucho poder espiritual. La cosa es averiguar de donde lo obtuvo. Tenemos que saber para enfrentarlo.

-¿Enfrentarlo?- repitió Goryu sin poder disimular ahora si el temblor en su voz- pe-pero… pero si es que…

-Shippo, la última vez casi nos mata- le respondió Sou Ten, muy seria- Y apenas hemos comenzado nuestro viaje…- bajó la cabeza, avergonzada- No creo que mis habilidades hayan aumentado lo suficiente…- era obvio que estaba recordando lo ocurrido en el castillo. La youkai estaba avergonzada de haber retrocedido frente a un humano…

Shippo tomó su barbilla con delicadeza y la alzó, inclinándose él al mismo tiempo para verla bien..

-Si mal no recuerdo, aquel día del castillo me prometiste que no te dejarías vencer por nadie nunca más. Es tu oportunidad de demostrármelo.

Se quedaron viendo, la mirada aguamarina fijamente clavada en la carmesí y viceversa. Y los dos sonrieron al mismo tiempo.

-Tienes razón. Hay que hacerlo- respondió ella ensanchando la sonrisa, aunque Goryu puso cara de ataque cardiaco. Aunque su expresión de infarto pasó a furia al ver como los dos jóvenes se acercaban poco a poco…

-Ajem… ¡AJEM!- carraspeó un enojado dragoncito, provocando que los otros dos se sonrojaran y se separaran de golpe cuando ya estaban a menos de diez centímetros de distancia.

-Esto… ajem- carraspeó también el guapo kitsune- entonces, ¿está decidido?

-¡Por supuesto!- contestó su compañera de viaje con nuevos ánimos- ¡A las Montañas del Trueno!

Oooooooooooo

El clima siempre estaba brumoso ahí, no importaba cuantas limpias de aura intentara hacerle. Claro que había sido un tanto ingenuo de su parte pensar que siglos de poderes demoníacos iban a salir con solo un mes de rituales. Aquel monje se sentó en el porche del reconstruido castillo de los Raijin, donde ya había pegado varios pergaminos con signos misteriosos. Por momentos se sentía enfurecido de que las cosas no marcharan tan rápido como él lo hubiera deseado, pero en esos momentos solo respiraba y se recordaba a si mismo que, por lo menos, ya había expulsado a las criaturas que anteriormente habitaban aquel lugar. Al recordarlo, no podía evitar sonreír.

Eran peor que escoria. Todos ellos, sin excepción. Aunque llevaran mucho más siglos sobre la tierra que los humanos, para él los monstruos no eran más que una plaga, alardeando de esos poderes que, como le eran incomprensibles, consideraba malignos. Al igual que ellos. Él se encargaría de exterminarlos a todos, y también se juraba a si mismo y a todos los dioses que NO sería lo último que haría. Por la pureza del alma de Japón… por su maestro…

Aquel hombre, de nombre Benkei, recordaba como había guardado un rencor profundo por los youkais cuando una manada de ellos atacó la aldea donde vivía de niño. Por culpa de esos seres, había tenido que ver las los rictus horrorizados de sus padres, cubiertos de sangre y en la inmovilidad del rigor mortis. Cerca estuvo de terminar como ellos, si no hubiera sido por su maestro. Él, Hakushin, que poco después recibiría el título de santo. Gracias a que aquel monje había llegado y había exorcizado a aquellas bestias, no le quedaba más daño que una cicatriz en el hombro y varias en la mente, que había llegado a olvidar durante bastante tiempo, mientras su maestro lo instruía. "Tienes mucho potencial", le había dicho a los tres días de rescatarlo de las ruinas de lo que alguna vez fue su hogar. Y había estado aprendiendo de él a controlar ese poder espiritual que emanaba tanta pureza… Él había sido fiel discípulo de Hakushin-sama hasta que éste decidió vagar por todo el territorio nipón a auxiliar a los que estaban en desgracia por la guerra. Él, mientras tanto, se había ordenado sacerdote en su honor, y había prosperado hasta convertirse en abad. Había vivido tranquilo, consciente de que su maestro había muerto de manera noble, hasta hacía unos pocos años. Escuchó, por boca de un viajero, del demonio Naraku y de cómo había profanado el descanso eterno de Hakushin.

Fue entonces cuando sintió un viejo odio resurgir en él. El pequeño niño asustado se había convertido en un influyente y poderoso monje, que decidió que tendría que exterminar a cuanto youkai se le pusiera enfrente… la parte más racional de su mente decía "para proteger a los inocentes…" Pero aquella recóndita vocecita que tenemos todos en la mente le decía, más bien "para cobrar venganza". La sonrisa malsana volvió a dibujarse en su rostro. Ya fuera por los inocentes, ya fuera por venganza… estaba decidido a lograrlo.

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¡Mil ocho mil gracias a mis amigas Lady Indomitus y Al-chan por su paciencia y por sus reviews:D Ojalá les haya gustado el chap, que de nuevo les dedico con mucho cariño :P ¡Ayosh!