AMARTE EN SILENCIO
CAPITULO # 13
Por. Tatita Andrew.
Candy no sabía cuanto tiempo había pasado desde que había llegado a la banca se sentó junto a su esposo y el le pidió que no hablara todavía. Esperaba pacientemente que el decidiera empezar la conversación pero el estaba tan absorto en sus pensamientos que al final decidió que sería ella la que tenía que tomar la iniciativa para aclarar todas las cosas entre ellos.
-Albert….
-No tienes que decirlo Candy. Se porque has venido hasta acá a buscarme.
-¿Lo sabes? Por un momento ella creyó que el rubio sospechaba que ella estaba esperando un hijo pero eso no podía ser nadie lo sabía solo ella.
-Sí, has venido para concretar los trámites del divorcio como te dije en el mensaje que te deja al salir del hotel.
-Sí, también he venido por lo del mensaje. Pero también…
-Lamento no haber tenido el valor como decía en la carta de yo mismo buscarte personalmente para solucionar todo, pero deseaba unos días para recuperarme. La interrumpió él.
-Es por eso por lo que he venido, yo quisiera que antes de eso.
El se volteo y por primera vez ella pudo observar lo triste que estaban sus ojos, ya no tenía en su rostro aquella sonrisa que le derretía el alma y debajo de sus ojos unas sombras oscuras, tal vez había pasado varias noches sin poder dormir y todo era culpa suya.
-No hables Candy, te pedí que no lo hicieras déjame decirte todo lo que he guardado todo este tiempo antes de que pierda el valor, al verte aquí.
Ella asintió con la cabeza para que continúe.
-Lamento tanto haberte dejado esa nota, pero estaba dolido y herido en mi amor propio, como te dije en ella fui para hablar sobre los tramites del divorcio, en el momento en que me dejaste supe que he sido el peor de los esposos, no te he hecho feliz, no te he tratado como te mereces y solo has encontrado infelicidad a mi lado.
-NO digas eso.
-Lo digo por que es la verdad, sino porque otra razón habrías tenido que huir así, por eso me dije que si en verdad me importabas debía darte tu libertad, dejaría de ser egoísta y te daría el divorcio para que pudieras continuar tu vida sin estar atada a mí, pero todo cambio cuando te vi.
-¿En serio?
-Sí, no se estabas mas hermosa, mas radiante, mas feliz y entonces se me olvido para que había ido a buscarte a la playa, se me olvido lo del divorcio solo quería estar contigo, y fueron los días mas hermosos de mi vida tengo que admitirlo, pensé tontamente que los días que habíamos pasado podrían borrar todos los meses de negligencia por parte mía pero no fueron suficiente. ¿No es verdad? Todavía había dudas, y reproche entre ambos y al decirme claramente que nuestra relación no tenía futuro, me di cuenta que era lo que menos deseaba, pero ya era demasiado tarde, tu has seguido adelante y yo debería hacerlo. Por eso…
Tomo sus manos entre las suyas y siguió hablando.
-Hare lo que debí haber hecho hace mucho, Candy, te doy tu libertad, puedes continuar tu vida sin mí, prometo que aceptare el acuerdo que tu quieras.
-¿Entonces solo dejaste esa nota porque te rechace?
-Así es solo deseo que seas feliz.
-¿Quieres saber porque me hui?
-Imagino porque te hacía infeliz.
-Sí y no, me sentía infeliz por como habíamos dejado que llegara nuestro matrimonio, pero también era porque te vi esa noche con Eliza. Pensé que habían vuelto.
Albert no quería tener esperanzas ya se había hecho a la idea de que dejaría libre a Candy pero que ella haya sentido celos era un buen indicio.
-¿Y que te hizo pensar eso?
-La forma en que se acercó a ti, estaban demasiado juntos, me dije que no quería ser plato de segunda mesa por eso huí.
-Candy hace varios años que tu hermana y yo no hemos estado juntos.
-Lo sé, me lo dijo Eliza.
-¿Eliza te lo conto? Sinceramente me sorprende mucho ella siempre ha sido manipuladora.
-Esta arrepentida ahora, me conto que aquella noche ella se te insinuó
- Sí ella se me insinuó. ¿Pero sabes en que estaba pensando yo en ese momento?
-No lo sé.
-En ti, estaba deseando volver a casa y enterrarme en ti profundamente, a pesar de la forma en que me tratabas, en la forma en que me humillabas cuando intentaba tocarte no quería estar en otro sitio, que haciéndote el amor, añoraba los días que faltaban para volver a tenerte entre mis brazos, así sea del modo en que tu querías.
-Oh Albert… que injusta he sido, se sintió avergonzada - pero no lo hice por maldad solo intentaba protegerme de ti, de lo que me hacías sentir, de lo que no se me permitía sentir, desde el momento en que me case contigo supe que solo era la sustituta de mi hermana que solamente estaba en el lugar y momento equivocado, que sino fuera porque estaba oscuro ese día habrías terminado haciendo el amor con Eliza, me sentía insegura, humillada, dolida. Por eso me comporte de ese modo.
-Ese fue mi otro error guardarme un secreto que tal vez si te lo hubiera dicho, las cosas entre nosotros hubieran sido diferentes.
-¿A que te refieres?
-Yo sabía que eras tú la que estabas en esa habitación esa noche.
-No te creo. Tu mismo me dijiste que….
-Se lo que dije, estoy avergonzado también de eso, pero es la verdad. Para dejarte todo claro Candy y que me creas que es verdad te diré, que hace muchos años tu eras mi mejor amiga, tu sabías todo sobre mi matrimonio con tu hermana, la infidelidad por parte de ella, las peleas, todo, cada vez que iba a conversar contigo tu eras como un aire fresco, limpio puro entre tanta contaminación, eras la pequeña hermana de mi esposa en esos días, pero también eras mi mejor amiga.
-No tienes porque decirme algo que ya se, siempre me consideraste como tu hermana pequeña.
-No siempre.
-¿Qué tratas de decirme?
-No estoy orgullo de lo que te voy a decir, tal vez para ti fue algo sin importancia, después de todo eras apenas una jovencita que empezabas a vivir, pero la noche en que por fin abrí los ojos y me di cuenta de las sinnúmero de infidelidades de Eliza, me sentí asqueado y me fui a emborrachar, ya estando en tragos pensé que necesitaba verte, que no deseaba estar en otro lado que no fuera contigo, pero en cuanto entre y te conté lo de Eliza, algo en mí cambio, al verte tan vulnerable tan dolida por las cosas que hacía tu hermana aunque tu no tenías nada que ver, y fui la primera vez que te vi. Que me di cuenta que ya no eras una niña que ya eras una mujer joven pero una mujer, y no pude resistir el deseo de besarte Candy. ¿Lo entiendes? Yo era el adulto allí tenía que haberme controlado pero no pude.
-Yo también lo deseaba Albert. No tienes que llevarte todo el crédito. Sonrió coqueta.
-¿En serio? Pero eras una niña y yo me aproveche de ti.
-Y Albert, te dije que ya no era una niña.
-¿Y entonces porque dejaste que te besara?
-No creas que fu fácil, para mí también fue difícil, me sentía tan mal cuando pensaba en Eliza, pero…
-Dímelo Candy por favor… necesito escucharlo. Le toco la mejilla.
-Te amaba Albert, te he amado desde los 17 años y muchos años antes te he amado siempre, por eso me dolió tanto que te casaras conmigo creyendo que yo era Eliza, pensé que toda la vida mi hermana iba a hacer una sombra entre los dos. ¿Ahora entiendes mi comportamiento? ¿Por qué me mostraba fría e indiferente? Cuando lo que en verdad quería era abrazarte y decirte lo mucho que te amaba.
-Oh Candy he sido un completo imbécil, si tan solo te hubiera contado la verdad desde el principio.
-¿Qué verdad?
-Que yo fui a tu cuarto sabiendo que eras tu la que estabas allí, sí en realidad Eliza trato de seducirme aquella noche pero había pasado mucho tiempo desde la ultima vez que caí en su juego cada vez que peleaba con su pareja iba y me buscaba, se que es vergonzoso pero así era, pero luego decidí tomar amor propio y terminar aquella relación autodestructiva, eso fue hace muchos años Candy, cuando recién había terminado lo nuestro, por eso aquella noche fingí que le seguía el juego, que ella creyera que me tenía en sus manos pero la verdad era otra, yo la iba a dejar esperando toda la noche y no iba a aparecer en la habitación, pero entonces cuando iba subiendo para cambiarme para la cena, escuche una conversación entre ella y tu hablando de cambiar de habitaciones, estabas tan hermosa, mucho mas que antes, y estaba muerto de los celos. Sí debo admitir que odiaba a Archie por la forma en que te miraba, me dije que no debía permitirme aquellos sentimientos éramos amigos, pero supe que había caído en mi propia trampa porque deseaba besarte nuevamente y entre en tu habitación mientras dormía se que se escucha algo pervertido, pero te juro que solo quería mirarte en la obscuridad pero escuche que susurrabas mi nombre y no pude resistirme habían sido varios años conteniéndome que me volví loco de deseo y ya sabes como termino todo, mi tía nos descubrió.
-¿Y te obligo a casarte conmigo para salvar mi honor?
-En eso también hay un detalle.
-Albert Andrew… no me digas que intentaste evitar el matrimonio.
-Al contrario Candy.
-¿Explícate?
-Mi tía me dijo que ella confiaba en mí, ciegamente que sabía que era un hombre de honor y de buenas costumbres que si yo le aseguraba que no había pasado nada entre nosotros, ella sabría que tu honor estaba intacto. Tuve la oportunidad de escapar si hubiera querido, pero la cuestión Candy… es que deseaba casarme contigo, no lo vi hasta que mi tía no me dejo otra opción que el matrimonio, por eso le dije que me iba a casar contigo, pero te aseguro con todo mi corazón que si esa noche nadie nos hubiera descubierto, yo igual hubiera seguido con la idea de conquistarte, claro que lo hubiera hecho de un modo diferente mas sutil como era debido, citas y todo, pero las cosas se dieron así vi mi oportunidad de sacarte de los brazos de Cornwell y la tomé no podía dejar que tuvieras algo con él.
-¿Albert no había que tus sentimientos eran así de fuerte?
-No te imaginas amor, al igual que tu me deje llevar por el orgullo, estaba dolido por la forma en que me tratabas como un tapate del piso, por eso no te dije nada y me conformaba con las pocas horas que estamos juntos pero sabes algo Candy White yo te amo, jamás olvide aquel beso y después me aleje de ti por vergüenza y culpa, pero en cuanto te volví a ver supe que tenías que ser mía. Que no podía dejar que otro hombre te tuviera. Te he hecho tan infeliz y prometo. Si me aceptas nuevamente que te compensaré por todos estos meses de infeliz matrimonio, serás la mujer más feliz del mundo mi vida.
-¿Y lo del heredero?
-¿Qué heredero?
-Eliza me dijo que todos en la familia te estaba insistiendo para que tuvieras un hijo el cual iba a ser el heredero de toda la fortuna.
-Esta equivocada.
-Pero tu me lo dijiste recuerdo textualmente tus palabras creo que es hora de que tengamos un hijo, ese ha sido mi sueño tener un hijo que sea mi heredero y mi adoración. Lo deseo con todo mi corazón, lo que te pido es que hagamos que nuestro matrimonio sea verdadero que vivas conmigo como mi esposa… y la madre de ese niño me diste a entender que todos te estaban presionando para aquello.
-Se que lo dije para que pareciera de esa forma, pero sabes una noche que volvía desesperadamente para estar contigo, no sabía ni las razones por las que quería estar, no me dejabas tocarte, besarte me tratabas tan mal, pero igual no había otro lugar en el mundo donde yo deseara estar y allí iba meditando sobre nuestro matrimonio en el auto que no vi que un conductor borracho venía hacía mí Candy. Solo cuando estas a punto de morir te planteas como estas viviendo tu vida. Me di cuenta que cuando muriera no iba a haber nadie allí. Y entonces lo desee con toda mi fuerza, desee tener una familia, contigo con un bebe corriendo por allí, lo anhelaba tanto y cada mes era una tortura, por un lado quería dejarte embarazada y que llevaras un hijo en el vientre y por el otro lado no quería hacerlo porque sabía que la única razón por la que accediste a acostarte conmigo fue para darme ese niño, por eso a veces rogaba que no lo estuvieras porque sabía que en cuanto lo tuvieras me alejarías de tu vida y de tu cama para siempre y yo deseaba estar contigo.
-Ahora que todo esta aclarado entre nosotros y que se que amas tanto como yo…
-No, no tanto como tú mucho mas dijo el rubio antes de tomar su cara con las manos y besarla muy apasionadamente, ella le devolvía el beso con ansias sin reprimirse ahora los dos sabían que habían estado ocultándose los sentimientos mutuamente, que debido al orgullo, a las confusiones habían erigido una pared entre ambos para no dejar ver lo que el otro sentía, pero allí estaban los dos se estaban amando en silencio.
Cuando al fin Candy pudo respirar suspiro sobre los labios de su flamante esposo.
-Ahora deberíamos ir a practicar para hacer ese bebe que ambos deseamos.
-No necesitamos platicar para eso amor… pronto seremos tres…
Albert abrió los ojos asombrado por la forma tan directa que Candy abordo el tema llevo su mano derecha hasta su vientre y pregunto con voz muy conmovida.
-¿Estas segura?
-Por supuesto, me he enterado hace poco por ese tenía que venir a buscarte me dije que había destruido nuestra felicidad cuando recibí tu mensaje.
Solemnemente y sin importarle si alguna persona lo viera allí en el parque en donde estaban a la vista de todos la puso en pie y se agacho frente a ella. Y la beso en la panza que aún estaba pequeña pero que él sabía llevaba una vida en ella, una vida que ambos habían creado juntos.
EPILOGO…..
Iban tomados de la mano en el mismo lugar donde se habían entregado sin reservas y sin reproches al amor, ella iba descalza con un vestido largo azul con bolitas blancas, y el también iba descalzo con un pantalón blanco el cual le había hecho varios dobladillos hacia arriba para no mojarlo.
Los dos en silencio sin decir nada, no había necesidad las cosas ya se habían aclarado para ambos y los dos sabían que cada uno amaba con locura al otro.
Los mas felices de todos con respecto al bebe era la tía, pero al igual que toda la familia convirtieron a Candy en una mujer consentida. Si quería algo todos estaban dispuestos a levantarse e ir por ello, la mimaban con comida, en especial Albert le hacía masajes en los pies, en la espalda, jamás en su vida había sido tan feliz y lo serían aun mas cuando por fin tuvieran a ese pequeño ser que crecía dentro de ella con ellos.
La del gran cambio había sido su hermana Eliza, al principio Albert había tenido sus dudas, después de tantos años conociéndola dudaba que alguien pudiera cambiar así de la noche a la mañana, pero pasado el tiempo no pudo dejar de sorprenderse con su actitud, la forma de hablar era como si unos alienígenas la hubieran raptado y les hubiera devueltos a otra mujer en su mismo cuerpo, era la broma que todas las veces le hacía el rubio a su esposa Candy.
Ella lo golpeaba suavemente en el hombro.
-Que malo, querido, todas las personas tienen derecho a equivocarse y también a intentar remediar sus errores, ella me conto que tomo la decisión al vernos juntos, supo que ella debía luchar por tener un amor así, y aunque la pareja de ella no es el príncipe azul como lo eres tú mi amor.
-Basta no me hagas sonrojar.
-Digo lo que siento por eso Eliza debe tratar de ser feliz con la persona que ella ha escogido como pareja, al final la vida es así una búsqueda constante de la felicidad.
Ya estaba listo todo para el gran día estaban a menos de dos semanas por eso habían decidido ir hasta la playa para caminar y pasear por aquel lugar donde fueron tan felices. Lo único que todavía no sabían era el sexo, en cada una de las citas médicas Albert se había negado rotundamente a que el médico le dijera cuál era el sexo de su hijo, pues como le hizo notar a su mujer con que viniera sanito se contentaba.
Y como ya era costumbre desde la primera vez que se entero que estaba embarazada se agacho de rodillas contra su abultado vientre para hablar con su hija.
-¿Cómo estas mi pequeña princesa? ¿Te gusta el lugar que te trajeron mami y papi? Quiero que cuando nazcas sepas que serás la alegría de nuestra vida, que no podríamos quererte más de lo que lo hacemos y eso que aún no te conocemos.
-Amor porque siempre te diriges a nuestro bebe como si fuera una niña.
-¿Por qué lo es? Dijo convencido
-¿Albert, acaso le preguntaste al médico su sexo?
-Claro que no…
-¿Entonces como puedes estar tan seguro?
-No lo estoy, lo querré igual si es un niño, pero estoy convencido que será una hermosa niña de cabello rubio y una larga cabellera, con rizos que le caen a un lado, blanca como el día, con unas mejillas sonrojadas y con unos ojos verdes que cuando crezca y cualquier chico la mire, no tendrá alternativa quedara prendado de ellos. Será honesta, leal a sus amigos, pero también traviesa, que lo compensará con una mirada dulce e inocente que cuando nos quiebre el primer jarrón no sabremos si castigarla o abrazarla.
-Amor que cosas más dulces y tiernas dices.
-¿Acaso tuviste algún especie de premonición?
-No solo te estoy describiendo a ti, a la mujer que se gano mi corazón y mi vida, la madre de mi hija, por eso estoy tan seguro que cuando nazca se parecerá a ti.
Ella no pudo más se lanzo a sus brazos mientras las lagrimas caían por su rostro.
-Soy tan feliz Albert te amo tanto.
-Y yo no podría vivir si no te tengo, eres el solo mi vida mi dulce Candy.
Y allí se quedaron abrazados, su rubio cerraba sus manos a la altura de su vientre ella descansaba su cabeza entre el hueco de su hombro y su pecho, podía escuchar claramente el latido de su corazón y sabía que esos latidos eran para ella y que la amaba y con el cielo y la luna como testigo de su amor se quedaron mirando hacia el mar sabiendo que hay un amor verdadero para cada uno de nosotros pero si no te arriesgas a decírselo, podrá pasar por tu lado sin que te des cuenta…
FIN
