¡Hola!
Muchas gracias a las personas que enviaron reviews, gracias por hacer de este fic, un fic feliz. Ahora, aquí viene el siguiente capítulo, ¿cuál ha sido el resultado final de los acontecimientos que quedaron inconclusos en el capítulo anterior? ¿Quién murio? ¿Quién Vivió? ¿Y quién se hizo asquerosamente rico? Todo eso, y un poco más aquí adelante.
Finaliza la Operación.
Veredicto final: el último golpe de la espada.
Kakuzu y su diminuta aprendiz se deslizaban fugazmente a través de los intrincados pasillos laberinticos de la mansión Kawamura. El Akatsuki sentía que todo iba saliendo muy bien, aun con la metida de pata que había hecho el religioso, y más porque no tendría que lidiar con el lunático de Hidan.
Doblaron a la derecha en una esquina y se encontraron con un pequeño pasaje de unos tres metros en cuyo final solo estaba un pasillo sin salida, en la solitaria pared solo se encontraba un gran lienzo con la figura del señor Kawamura plasmada en él.
-¿Es ahí? -pregunto Kakuzu.
-Exactamente, sensei.-afirmó Ice, sacando una pequeña navaja plateada de su bolsillo.
-¿Esa cuchilla es la llave? –Volvió a interrogar el Akatsuki mientras ambos se aproximaban al lienzo.- ¿Es de plata?
-Si, es de plata.-dijo Ice, envolviéndola con sus manos en señal de que no pensaba dársela. –Pero no es la llave, es mía. No conseguí averiguar cómo abrir el pasadizo sin matar a nadie, así que tendremos que hacer uso del ingenio sensei.
Y dicho y hecho, Ice dio unas vueltas a la pequeña navaja resplandeciente entre sus manos, luego la tomo firmemente y desgarro el lienzo sin piedad con menos de cinco cortes. Si el Gran Sasori de la arenas rojas hubiese visto tal osadía Ice ya hubiese sido borrada del mapa, a diferencia de Deidara, quien hubiera disfrutado de ver como la pintura es destrozada e incluso él mismo se hubiese ofrecido a hacerla explotar con un ¨¡bang!¨.
Luego, Kakuzu desprendió la tela desgarrada del marco dejando al descubierto una vieja puerta de madera que no duro mucho antes de que el Akatsuki la destrozara de un puñetazo. Detrás de esta singular entrada continuaba el pasillo, solo que las paredes eran de roca lisa, estaba completamente oscuro. Caminaron unos dos metros en la mediana oscuridad cuando divisaron una trampilla de metal en el suelo. Una vez la atravesaron, de nuevo gracias a la increíble fuerza de Kakuzu, se encontraron en una cámara subterránea que parecía mas bien una bodega: las paredes húmedas y frías de roca le daban cierto aire sofocante a el lugar y varias estanterías llenas de viejísimos vinos, y barriles que seguramente también contenían este líquido, estatuas de oro (demasiado complicadas de vender según Kakuzu) y una vieja chimenea. Pero ¿Qué hacía una chimenea en un sótano?
-Ahí debe estar. –advirtió Kakuzu con sus ojos fijos en la roída chimenea.
-No es tan sencillo, Kaku-chan. –Kakuzu dirigió una mirada de reproche a Ice.-Perdón, Kakuzu-sensei. El interior de la chimenea sirve como un elevador que nos bajara hasta la cámara mas baja, es ahí donde esta el verdadero tesoro de los Kawamura.
-Me parece algo extraño que hagan todo esto para ocultar un simple montón de oro. –noto Kakuzu mientras seguía a la chica hacia estrecho interior de la chimenea.- No es algo que hace la gente normal, aunque debo admitir que es una buena estrategia contra los ladrones. Yo la usaría sin duda.
-Eso es porque los Kawamura poseen un objeto que nadie mas en el mundo posee: La piedra de las almas.-Los ojos de Ice brillaban como oro ante la visión de ese objeto mientras activaba una palanca sobre su cabeza y el ascensor comenzaba a descender.
-¿La piedra de las almas? –se mofo Kakuzu. -¿para qué sirve eso? Si no es algo importante como el dinero no vale la pena.
-Esa roca tiene un valor más especial que el dinero.-aclaro Ice un poco indignada. –Se dice que si toca el alma de una persona cuando esta muere, si recuperas su cuerpo, puedes traerla a la vida. Aunque eso es solo y cuando la persona no haya muerto por muerte natural.
-¿Y tú crees en esas tonterías Ice? –gruño Kakuzu.-No hay nada mas valioso que el dinero, todo esos sentimentalismos son tonterías. Además, ¿Para qué querrías tu usar ese objeto?
La mirada de Ice se torno dura, mostrando la verdadera fuerza de la kunoichi. El minielevador topo con el suelo y la chica respondió, de nuevo con su mirada juguetona:
-Eso, eso un secreto, Kaku-chan.
-Ya te he dicho que no me llames así. -bufo molesto Kakuzu saliendo del elevador junto con Ice, adentrándose en la oscuridad.
Una tenue luz ilumino la oscura cámara a la que habían ido a parar Kakuzu y su aprendiz.
-¿Qué es eso? –Pregunto Kakuzu viendo una pequeña llama en medio de la oscuridad.- ¿Acaso es un artilugio creado para defender mi tesoro?
-No seas bobo sensei. -le respondió Ice que no se veía en la penumbra. –Es la llama del cerillo que acabo de encender.
Y luego la habitación se ilumino, la chica se las había arreglado para encender un viejo farol del aceite. Dirigió la luz hacia el frente y ahí estaba: custodiado por una especie de urna de fuerte vidrio, relucía la fortuna de los Kawamura. Cientos de doblones de oro desparramados en esa pequeña y hermosa urna. Ambos se acercaron precipitadamente hacia el tesoro y se pegaron al cristal como dos niños en una tienda de golosinas, con los brillantes ojos fijos en lo que querían: Kakuzu, solo hacia cálculos tratando de averiguar sus ganancias, y Ice con sus ojos dorados fijos en una cajita de oro que coronaba el centro del brillante paisaje, sin duda alguna, la piedra de las almas se encontraba ahí.
-No hay tiempo que perder Ice, -Kakuzu le lanzo a la chica un saco gris.– ¡a trabajar!
-Como usted diga, sensei. –La chica sacó de nuevo su pequeña navaja y cortó el vidrio de la urna sin ningún problema. –Pero recuerde que lo que esta dentro de esa caja es mío. –le recuerda, señalando a la pequeña caja dorada.
-Lo que hay dentro si, pero esa caja me la darás, la puedo vender a muy buen precio. –exigió Kakuzu cuyo saco ya estaba por llenarse.
La chica tomó el pequeño contenedor, lo abrió y encontró lo que buscaba. Era un pequeño anillo, de un color cambiante como el tornasol, tenia un refinado aro de oro con pequeños detalles grabados en él. Ice se lo puso, sonrió complacida y miro a su maestro.
-¿Todo listo ya? –pregunto Kakuzu una vez se aseguro de haber dejado limpia la urna.
-Así es, sensei.-afirmó Ice dejando caer el ultimo saco a los pies del Akatsuki.
Al final habían llenado cuatro sacos con todo el tesoro Kawamura, Luego, una maraña de hilos salió por debajo de la capa negra de Kakuzu, envolviendo tres de los sacos y arrastrándolos consigo para resguardarlos, temporalmente, en el interior de su cuerpo. Ice tendría que cargar el restante.
-Ya sabes, Ice: -advirtió Kakuzu mientras subían de nuevo por el pequeño elevador, que por tanto peso estuvo a punto de romperse. –si alguien nos ataca, tú tendrás que hacerte cargo. Así como estoy ahorita peso demasiado y no puedo luchar a mi máximo potencial.
-Descuide sensei, yo me hago cargo.
oOo
Una mancha negra apareció en el techo del gran salón y una gigante shuriken se dirigió hacia Hidan, que comenzaba a entrar en su estado piscótico-maniaco, lanzada por el pequeño ninja de la cicatriz. El Akatsuki no tuvo ninguna dificultad para esquivarla y no solo eso, si no que también se las arreglo para desviar el ataque de la segunda shuriken (jutsu sombra de shuriken) con su lanza, ante la sorpresa de la escuadra de la lluvia.
-¡Con esos simples ataques jamás me podrán vencer! –Alardeo Hidan. -¡Peleen como hombres! ¡Demuéstrenme que es el verdadero dolor! ¡Jajá!
-No es tan estúpido después de todo. -dijo Ryuu al ver que las técnicas de sus compañeros no conseguían siquiera herir al Akatsuki. -Eso no cambia que siga siendo un idiota…
-¡Tendremos que movernos rápido Ryuu!-le advierte otro de sus compañeros. -¡Ya sabes! ¡Hay que cegarlo!
EL alto y fornido Ryuu asintió e hizo un simple sello que lleno la habitación de una espesa niebla, con la que el religioso era incapaz de ver mas allá de la palma de su mano.
-¡Todos ustedes no son mas que unos simples cobardes! –Gritó indignado por la estrategia de los ninjas de Amekurage. –Son una niñitas lloronas pero no importa, solo consiga tener a uno de ustedes en mis manos y… ¡Jajá! ¡Jajája! –risa maniaca desbordada.
Pero su risa fue detenida abruptamente cuando una afilada lanza lo atravesó por la espalda, dejándolo clavado al suelo, un hilo de sangre sale de su boca que aun conserva su mueca maniaca.
-No fue tan dificl. -alega uno de los ninjas de la lluvia acercándose al religioso mientras la neblina se despeja. –Que forma tan más estúpida de morir…
-¿Eso crees? –pregunta una voz suave y amenazante.
Todos dirigen sus miradas hacia el cuerpo de Hidan, cuya cabeza se alza esbozando esa sonrisa estúpida y diabólica típica del religioso.
-¡Todavía no estoy muerto! ¡Esta batalla apenas comienza!
oOo
Temari sostenía fuertemente su abanico con ambas manos, lista para lanzar otro ataque a la mínima señal de vida, pero estaba casi segura de que sus enemigas estaban muertas.
-¡Tsk! –chistó Kankuro a su lado.
-¿Qué ocurre Kankuro? –pregunto la rubia
-Mi marioneta… la han destruido.
Los ojos verdes de Temari miraron con asombro a su hermano. No creía que esas dos pudiesen haber destruido una marioneta tan fácilmente, y menos si era su hermano quien la controlaba. Estaba completamente enfurecida y el deseo de venganza se apoderaba de la kunoichi. Mataría a Amaya a toda costa, no era posible que siguiera con vida después de lo que le hizo a Gaara. Esa traición no se repetiría nunca más.
Antes las miradas de furia de los dos shinobis de la arena aparecen Miyuki y Amaya y, a sus pies, pequeños trozos de marionetas regados por todos lados, Amaya había conseguido librar a Miyu del ataque, pero a costa de su propia creación, ya no podría repararla de nuevo.
-Lo siento por tu marioneta. –se disculpo Miyuki recordando como se había enfurecido la pelirroja cuando Hidan le había desbaratado su marioneta.
-Ya, no te disculpes… -Amaya hablaba con una voz un tanto despreocupada, pero su mirada esmeralda se mantenía fija con fiereza en los dos de la arena. –Deberías preocuparte por esos dos.
Kankuro observaba indignado.
-Por lo menos esa zorra se quedo sin su arma también. Además tú tienes otras dos marionetas Kankuro, no seas estúpido. –dijo su hermana, notando la preocupación de Kankuro. –Ahora tenemos la ventaja, hermano.
-Odio admitirlo, pero la rubia intimidante tiene razón…-suspiro Miyuki. Aun debía luchar más, sus ¨vacaciones¨ se habían estropeado.
-Eres demasiado pesimista Miyuki. –Amaya saca unas pequeñas esferas purpura de su bolsillo. –Un buen ninja siempre tiene más de un Ass bajo la manga. –sonrió y dejo caer las esferas que, al chocar contra el suelo liberaron una cortina de humo purpura que inundaron toda la callejuela, ocultando a las chicas.
Temari sintió como algo se movía tras de ella, se volvió y vio vomo Miyuki intentaba clavarle la espada en el vientre ¿Cómo consiguió Miyu ese instinto de matar? Simple, Miyuki acababa de entender que no podía escapar de esa realidad que ella misma, o la vieja Miyu con recuerdos, se había forjado. Aun sentía un ardor en su cuerpo por el dolor de su caída pero ya no importaba, solo quería acabar con todo ese lio rápido. Después se dedicaría a atacar a Amaya con preguntas para satisfacer su curiosidad y como vengaza por haberla involucrado en aquella pelea.
La kunoichi de Suna reaccionó justo a tiempo y alcanzó a esquivar el ataque de Miyuki ¡Por centímetros! Pero no pudo evitar mostrar una cara de asombro cuando en su brazo derecho se abrió un gran corte y comenzó a sangrar.
-¡C-cómo…! –exclamó la rubia furiosa, estaba segura de que la katana de Miyuki no la había tocado.
Miyuki no pudo retener su sonrisa, al fin veía que ella también podía luchar a un nivel aceptable contra los de la arena. Después de todo, la hoja de su espada no había tocado a Temari, nada que pudiese verse había atacado a Temari. Si podía hacer eso con el viento es como si tuviese a su disposición mil espadas invisibles.
¨El viento corta… ¨
Kankuro se enfadaba cada vez más, no podía invocar a su segunda marioneta gracias a que la pelirroja consiguió hacer estallar su segundo pergamino. Tenía que calmarse, todavía le quedaba una tercera marioneta.
Un gigantesco remolino se irguió dentro del callejón, las tres lunas purpura estaban marcadas ya en el abanico de Temari y una sonrisa malvada enmarcaba su rostro. Miyuki era el blanco de su ataque, no podría esquivarlo, y si lo recibía de frente no podría vivir más…
oOo
Tal y como el Akatsuki lo esperaba, cuando el ascensor subió completamente ya había alguien esperándolos. La luz tenue que desprendía el foco del sótano hizo revelar la apariencia de su visitante: el símbolo de la aldea de la lluvia relucía en su banda, tenía una complexión corpórea que recordaba a un arácnido sobre dos patas y en cada mano llevaba una espada, sin contar con el enorme sable que cargaba sobre su espalda. En cuando distinguió las dos siluetas saliendo de la pequeña chimenea salto sobre sus cabezas y se dejo caer con sus espadas listas para rebanarlos.
Ice no perdió tiempo, dejo caer el saco con el botín y salto hacia su enemigo, dándole una patada en estomago y desviándolo de encima de su sensei. Ambos fueron a caer a unos metros de la chimenea y en cuanto Ice se puso e pie tuvo que sacar dos kunais para retener el ataque de las espadas de aquel ninja.
-Buen trabajo Ice. –Murmuro Kakuzu recogiendo el saco que la chica había abandonado en el suelo. -Es por eso que te elegí a ti.
-¡Sensei vete ya! -gimió la chica que, aun siendo tan menuda y aparentemente frágil, retenía el ataque del fuerte ninja con solo fuerza bruta.
-Justamente eso era lo que estaba por hacer, suerte Ice. –se despide muy despreocupado Kakuzu y se dirige hacia las escaleras que conducen a la trampilla por la que se entra al sótano.
-¡Eso lo permitiré! –gruñe su atacante empujando a Ice contra la chimenea y luego corriendo directo hacia Kakuzu.
Ice se intenta poner de pie para cubrir a su sensei, pero su pierna se encuentra enredada entre los escombros, no hay mucho que pueda hacer.
-¡CUIDADO SENSEI! –le grita.
Kakuzu frunce el ceño, es demasiado tarde, estaba confiado en que Ice podría cubrirlo, pero si la chica le grito es porque no puede hacerlo. Además, ahorita no es tan rápido, igual, Kakuzu intenta esquivar el ataque del shinobi, y su cuerpo lo consigue, lamentablemente el saco que cargaba no corre la misma suerte.
-¡NO!
Un puñado de relucientes monedas de oro cayó al suelo. Kakuzu, en un reflejo innato, se agacho para recogerlas todas, pero una fue a parar a los pies del ninja de la lluvia, quien la recogió y la examino con cuidado.
-Creo que esto es una paga más que suficiente por acabar con estos patéticos ladrones. –dijo y se echo la moneda al bolsillo. –Tal vez cuando acabe con los dos, tome unas cuantas más.
Pero el inocente ninja de la lluvia no tenía idea de lo que estaba por ocasionar. Había molestado a Kakuzu justo donde mas le dolía, y ahora tendría que pagar el precio. El Akatsuki cosió rápidamente el corte en el saco y lo dejo en el suelo, saco un segundo de su cuerpo y lo dejo igualmente. Sus ojos blancos ardían con furia mientras ordenaba a Ice:
-¡Tómalos y ve por Hidan! Yo me haré cargo aquí, los alcanzare en menos de un minuto.
Ice ya conocía ese tono en la voz de su maestro y no pensaba darle contra, luego de liberarse de los escombros que la aprisionaban, se acerco por detrás hacia donde estaban los dos sacos, se los echo a la espalda y se dirigió a la trampilla del sótano.
El ninja de la lluvia intento detenerla, pero dos largos brazos, guiados por una maraña de hilos, lo tomaron fuertemente y lo arrojaron contra un muro. La chica miro a su maestro una ultima vez antes de salir del lugar.
-Kaku-chan…
-Solo llévate el dinero fuera de aquí Ice. –sentencio Kakuzu quien miraba como el ninja de la lluvia volvía a ponerse de pie.
Para cuando Ice sale del sótano, el shinobi de Amekurage ya esta en pie listo para continuar luchando.
-Esta batalla aun no termina… -bramó sin aliento.
-Lo sé. –afirma Kakuzu y sus brazos se lanzaron como proyectiles envolviendo al sorprendido ninja de la lluvia. –Pero no durara demasiado.
Los brazos del Akatsuki envuelven el cuerpo de su contrincante al igual que lo hace una Boa Constrictor con su presa, hasta que el ninja muere, asfixiado. Las extremidades de Kakuzu regresan a su sitio y el cuerpo del ninja cae al suelo, ya sin vida.
Kakuzu se aproxima a él, y esculca sus bolsillos, hasta que saca una pequeña y reluciente moneda de oro.
-Esto me pertenece.
oOo
Ice corría lo más rápido que podía en dirección a la sala donde habían dejado antes a Hidan. Aun cargando dos pesados sacos en su espalda, la pequeña aprendiz de Kakuzu era muy veloz. Finalmente llega al pasillo que conecta con esta y siente una punzada de miedo cuando ve humo saliendo de la habitación. Entra finalmente en la habitación y se queda paralizada por la terrible escena que tiene frente a sus ojos: un totalmente loco Hidan riendo a carcajadas en el centro de la estancia y a sus pies, regados por todo el lugar, se encuentran los cadáveres de los cuatro ninjas de la lluvia que antes lo habían atacado, brutalmente destrozados y casi irreconocibles.
-¡Jajajá! ¡Ese es el precio que pagan los putos traidores de Jashin-sama! ¡Bastardos inútiles! ¡Mueran todos! ¡Jajajá!
Por primera vez, Ice sintió una pizca de temor hacia Hidan. Entonces, la chica sintió como un brazo se apoyaba sobre su hombro.
-¡Ah! ¡Yo creo en la fe de Jashin, por favor aun no…
Ice se giro y se dio cuenta que era la mano de Kakuzu, quien ya la había alcanzado. Por un instante imagino que era el religioso a punto de matarla.
-Ya basta con un loco religioso. –Murmuro Kakuzu. -Más vale que lo que dices no sea verdad.
-¡Kaku-chan! –chilla Ice y se lanza a su sensei dándole un gran abrazo que el deshace casi al instante.
-Si vuelves a hacer eso, Ice, juro por Jashin que te matare. –gruño Kakuzu.
-Lo siento sensei. –se disculpo esta con una sonrisa. Morir a manos de Kakuzu era la forma perfecta de morir, o por lo menos así lo veía Ice.
-Ahora tenemos que sacar a ese imbécil de aquí. –se quejo Kakuzu, esa era sin duda, la parte mas difícil de la operación RATERO, que había sido un rotundo éxito.
oOo
Antes de que el remolino de viento tocara siquiera a Miyuki, esta sintió como una fuerza invisible la jalaba por la espalda poniéndola fuera de peligro.
-Mi-Miyuki… ¿estas bien? -pregunto Amaya quien mostraba una cara un poco desencajada. Miyu había ido a parar justo a su lado.
–Pero… ¿Cómo lograste escapar del remolino?
-¿Qué cómo? –dijo Miyuki sorprendida. –Pero si fuiste tu la que me saco de ahí… ¿o me equivoco?
-Me temo que así es. –admitió Amaya algo confundida. –Yo estaba cubriéndome de otro ataque así que es imposible que una de las dos… entonces ¿Quién?
Eso mismo también se cuestionaba Miyuki en ese instante. Habría jurado que fueron esos hilos de chakra que Amaya puede hacer lo que le salvo la vida, pero la pelirroja estaba igual o mas confundida aun que ella.
-El punto es que sigues viva. –farfullo la pelirroja sacudiendo levemente la cabeza, ese no era momento para ponerse a meditar. –Primero lo primero, tengo un pequeño plan que podría librarnos de esta.
-Es una lástima que no vaya a funcionar. –masculló Kankuro quien segundos antes, y al igual que Amaya y Temari, se había quedado sorprendido por la manera en la que Miyuki había conseguido librarse del poderoso ataque de su hermana. –Ya no tienen oportunidad.
Tenía ya, junto a él, su tercera y mejor marioneta: Karasu.
-Yo creo que estamos parejos, será mejor que le eches una ojeada a tu hermanita antes de hablar. –asevero Amaya en una forma sínica, efectivamente uno de los brazos de Temari había sido herido por Miyuki y sangraba copiosamente.
-No le hagas caso Kankuro, -ordeno Temari siendo indiferente al dolor de su herida, ella no era una kunoichi débil y no se daría por vencida por culpa de un simple rasguño.
Kankuro hizo una mueca que semejaba a una sonrisa, él ya sabía que Temari diría eso. Y no planeaba detener esa batalla hasta que las otras dos terminaran muertas. De la boca de Karasu comenzó a salir un denso humo color verde oscuro que inundo todo el lugar.
La vaga experiencia hizo que Miyuki adivinara el siguiente movimiento, para el cual ya se había preparado: dejo fluir nuevamente su chakra por la hoja de la espada, en una corriente que manipulaba cada vez mejor, cuando Karasu apareciera entre el humo, la destruiría de un solo golpe.
Pero Kankuro también predijo los movimientos de su oponente y la marioneta surgió a espaldas de Miyuki, quien giro lo más rápido que pudo y clavo la espada tan solo unos centímetros de vuelta sobre el pecho de la marioneta y ambas se alejaron una de la otra rápidamente. Miyu entendía cada vez mejor como luchar en estas condiciones.
-¡Estilo de agua, jutsu de la gran ola!
Miyuki sintió como ambas, Amaya y ella, eran elevadas por una gran masa de agua que luego se desparramo en una potente ola que se llevo el humo verdoso consigo, pero que no pudo hacer lo mismo con los hermanos de la arena, quienes consiguieron esquivar ese ataque.
Las técnicas que Amaya podía hacer eran tan increíbles como las del pez Kisame. Eso era tener un gran nivel de ataque, y la pelirroja era bastante fuerte.
-Solo necesito darle un golpe más. -murmuro Miyuki con la vista fija en la marioneta.
-Un golpe más ¿eh? –Amaya sacó tres kunais de su bolsillo. –Entonces ve por él, yo te cubro.
Y lanzó las kunais, los combatientes de Suna esquivaron sin problema moviéndose tan solo unos centímetros, pero no contaban con que uno de los kunais tuviese un sello explosivo.
-¡Mierda! –exclamó Temari pero ya era demasiado tarde.
¡¡BOOM!!
-¡Miyuki ahora! –grita Amaya al tiempo que saca más kunais y sellos explosivos, no le quedaba mucho chakra y debía manejar la situación con cuidado.
En medio de todas esas explosiones, Miyuki consigue encontrar a Kankuro quien rápidamente la ataca con su marioneta. Karasu va directo hacia a Miyu, pero esta ya esta preparada:
-¡Arte ninja, técnica de la cuchilla de viento!
La katana se clava atravesando por completo a Karasu, que cae al suelo en pedazos. Miyuki por fin había conseguido dominar su chakra de viento, y justo en el momento mas indicado. Pero su felicidad dura solo unos cuantos segundos, porque siente como algo atraviesa su muslo, mira hacia su pierna y ve a la cabeza de marioneta, que podía moverse independiente de su cuerpo, clavándole un kunai en la pierna. Miyuki lo destroza de un golpe, pero el daño ya estaba hecho, por su sangre comenzaba a fluir un veneno tóxico del que estaba impregnado el kunai. Miyuki no tiene mucho tiempo, ese último ataque por parte de Kankuro la destruiría de un momento a otro, aunque ella no fuese plenamente consciente de eso.
Miyu comienza a sentir un hormigueo que recorre todo su cuerpo. Poco a poco se va quedando sin fuerzas. Miyuki cae al suelo de rodillas somnolienta, la droga ya comenzaba a hacer efecto, caería dormida para nunca más despertar… ¡No! Ella debía vivir, no podía morir, no sin haber intentado sobrevivir, trato de mantenerse consciente concentrándose lo más que su mente le permitía, vio un par de sandalias que se le acercaban.
-Aunque hayas acabado con Karasu, la victoria es mía. -rio Kankuro de pie frente a ella. -El veneno mortal ya corre por tus venas, en unos segundos mas caerás inconsciente y en cuestión de menos de un día morirás… ya no hay nada que puedas hacer.
Miyuki apretó fuertemente el mango de la espada, no moriría ahí y si iba a hacerlo no seria la única en visitar el otro mundo.Todavía quedaba algo que hacer: se llevaría al ninja de Suna junto con ella…
-¡Yo no moriré! –exclamó juntando su ultima voluntad y tomando por sorpresa a Kankuro.
La hoja de la espada atraviesa al poderoso Jounin de Suna, que no puede creer lo que acaba de pasar.
-¿C-cómo…? –balbucea Kankuro mientras su sangre se desliza a través de la espada de Miyuki.
Aquí ya el final del episodio. Un poco de suspenso, jeje.
Bueno, espero y sigan apoyando este fic, tal vez próximamente lance otro medio largo. Pero por ahorita los dejaré hasta el próximo capítulo donde sabremos qué ocurrirá con Miyuki, y el siguiente movimiento de Kakuzu, Hidan y Ice.
