Pareja: Kai&Takao
Otras parejas: Rei&Takao, Kai&Max, Rei&Max, Kai&Takao.
Advertencia: Shounen –ai, Lemon y Mpreg
"Pensamientos"
–Diálogos.
CONFUSIÓN
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
&&&Kai&Takao&&&
En la oficina…
Max estaba sentado en su silla giratoria. Tecleaba el ordenador, pasando una factura en él. La noche anterior no había podido pegar ojo por culpa de ese odioso chino. No dejaba de darle vueltas a las palabras de éste. ¿Por qué debería de ir? No le caía bien y encima el otro se daba aires, diciendo que "le recomendaba más sesiones". Tonterías, él se encontraba perfectamente. Únicamente se quejaba del dolor que tenían sus hombros en esos momentos.
"No puedo ir a ese sitio. Hay muchos otros lugares en los que me pueden hacer masajes", pensaba con altanería. "Me duele la espalda", se llevó una de sus manos hasta ahí. "¿Y si vuelvo a esa clínica?", negó con la cabeza. "No seas tonto Max, así le estarás dando la razón al... al chico ese. Rei Kon. No, no debo darle el gusto y la satisfacción para que vea que lleva la razón. Pensándolo mejor... estaba ese otro chico, que según Salima es muy bueno para hacer masajes también. Iré entonces a la clínica para que me los haga él. ¿Pero y si no es igual de bueno que Rei? He ido a muchos masajistas y nadie ha sabido hacer un masaje así de bueno". Pensaba, reconociendo el talento del chino.
&&&Kai&Takao&&&
El chino acababa de abrir una lata de refresco mientras se dirigía a su "sala". Cuando entró, cerró la puerta y se sentó en una silla. Miró el reloj de pared.
"Se está retrasando, quizás no vaya a venir. Pero tenía los músculos muy tensos. Total, no debería importarme, después de todo hay muchas más clínicas aquí y muchos más clientes. ¿Habrá sido capaz de haberse ido a otra?", bebió un poco de su refresco. "¿Tan mal le caigo? No es que precisamente él sea el encanto en persona. Lo poco que lo he visto siempre está a la defensiva. Aunque cuando no sabía que era yo el chico que lo atendía, parecía distinto. No sé, como más amable. Quizás lo mejor sería no volverlo a ver. No he pasado una buena noche y apenas me lo he podido sacar de la cabeza. Esa cara tan blanquita y esas diminutas pecas... se ve gracioso", pensó cuando tocaron la puerta. Dejó el refresco sobre una mesa en la que había varias toallas–. Adelante.
–Hola, Rei –le saludó la recepcionista.
–Hola, ¿qué te trae por aquí? –le preguntó ya que la chica no solía ir hasta una de las salas.
–Un chico ha venido a buscarte –aclaró la chica.
–¿Un chico? "No creo que sea Takao".
La chica le informó al otro que ya podía pasar. Rei vio como un Max serio pasaba a la consulta.
–Hasta luego –se despidió la chica para cerrar la puerta. El chino no pudo evitar sonreír al ver ahí al rubio. Max sólo miraba hacia un lado. Se armó de valor y lo miró a los ojos.
–¿Empezamos?
–Claro –preparó la cinta en el casete–. Quítate la camisa y túmbate boca abajo –para cuando la cinta estaba rebobinada, el rubio ya estaba en su sitio–. Relájate –le dijo con suavidad
–Ya lo hago –le respondió con fiereza.
–No te pongas así.
Bufó–. Me duele la espalda.
El chino se echó una crema en las manos para empezar a masajear los hombros, descendiendo lentamente hasta la espalda.
Max se sintió nervioso cuando sintió que las manos frías del chino descendían hasta casi el sacro. Rápidamente se dio la vuelta– ¿Qué te crees que estás haciendo?
–Darte un masaje en la espalda– le aclaró con evidencia.
–Que quede claro que si estoy aquí es porque no podía soportar el dolor y porque tu amigo no está hoy en la clínica –explicó sentándose en la camilla.
–Pero has venido.
–Ya te he dado mis razones, así que no te hagas ilusiones de otro tipo.
–¿Ilusiones de otro tipo? –Preguntó alzando una ceja– ¡Ja! Te recuerdo que tengo a mi pareja. El que no deberías hacerte ilusiones, eres tú –concluyó.
Ambos se miraron a los ojos con decisión–. Me voy –le avisó. Se puso de pie en el suelo, pero su espalda le dio un pequeño tirón– ¡Ah! –se quejó llevándose la mano hacia atrás. El chino como reacción le sujetó de los hombros.
–Siéntate, necesitas ese masaje ahora.
–¡No! –apretó los dientes e hizo una mueca de molestia.
–Se acabó el ser amable –dijo el chino. Lo cogió en brazos y lo sentó en la camilla, para acto seguido darle la vuelta y tumbarlo boca abajo.
–No quiero tus masajes –le informó cerrando los ojos con fuerza.
El chino empezó a hacérselo en la zona que Max se había señalado antes–. Demasiado tarde y como te oiga rechistar me pondré encima de la camilla para que no puedas escapar, ¿entendido?
Max se sonrojó al oír eso, así que se quedó callado. Poco a poco fue encontrándose mejor. Rei sólo delineaba su espalda con las manos extendidas con mucha suavidad y lentitud.
&&&Kai&Takao&&&
Las semanas iban pasando. Kai había regresado al trabajo, muy a su pesar, pero así tuvo que hacerlo. Después de todo él era el encargado de esa sección y no se podía permitir el lujo de estar de vacaciones. Había disfrutado mucho de la compañía de Takao. No le mencionó lo del beso en el cementerio, simplemente porque no estaba seguro si Takao le había tomado importancia al asunto o no.
Takao deseaba que no hubiese pasado el tiempo cuando Kai lo visitaba aunque eso era algo inevitable. Era demasiada felicidad el que su ex–marido sintiera las patadas de su bebé y que se preocupara por los dos. No le mencionó el tema a Rei. No porque no quisiera, porque aunque fuera algo normal, Rei no lo vería como una simple visita. Sabía perfectamente que cuando eligió a Kai en el pasado al chino le destrozó el corazón y aunque se portó mal con él, Rei seguía siendo su amigo. Todavía le costaba verlo como pareja.
Tanto Max como Rei se sentían extraños cuando estaban uno cerca del otro. Max sin saber porqué se vestía más sexy cada día para demostrarle al pelinegro que estaba realmente bien. Aunque Kai pensaba que lo hacía por él. En cuanto a Rei, cada vez hacía los masajes más sensuales, pero no conseguía que el rubio lo mirase como él quería. Siempre tenía la mirada llena de ¿furia? Posiblemente, ese chico era todo un caos. Quizás por eso le empezaba a llamar la atención más de la cuenta. Los dos estaban con sus parejas, los querían, pero sentían que ahora les faltaba algo. El hueco que antes estaba lleno, ahora estaba medio vacío.
&&&Kai&Takao&&&
–Kai –lo llamó el rubio, viendo cómo se detenía antes de subirse al coche.
–¿Qué?
–¿Tardarás mucho en comprar eso que necesitas?
–No, pronto estaré contigo.
–¿Y qué vas a comprar esta vez? –le preguntó intentando averiguar qué pasaba ahí, porque desde su descanso, Kai siempre le terminaba desapareciendo un momento y casi siempre sobre la misma hora.
–Es un traje, supongo que tardaré bastante.
–Pero vendrás a cenar, ¿no?
–Claro, es medio día casi.
–Si quieres puedes ir esta tarde mejor, yo te acompañaré encantado.
–No... Mejor quédate aquí... en casa –titubeó sobre lo que debía de decir para que nada fuese sospechoso. Intentó que no se hubiese reflejado en su rostro, pero no supo si en ese momento lo consiguió o no. Se sentó en el asiento del coche y cerró la puerta.
Max ya dudaba si Kai le decía la verdad o no. Los fines de semana siempre le hacían que se quedara en casa, preparando la comida. Eso cada vez lo tenía más nervioso, tenía una corazonada un poco rara. Algo no le daba buena espina.
Cerró la puerta de su casa, ya que era donde se encontraba. Tenía las llaves de la moto metida en los bolsillos, así que se dispuso a coger la moto y a arrancarla.
–Veamos que traje te vas a comprar –se dijo a sí mismo, siguiendo la dirección que Kai había tomado.
&&&Kai&Takao&&&
Max se preguntaba hacia donde iría Kai. Esas calles no las conocía para nada, aún así, decidió guardar la distancia para no ser descubierto por su novio. El coche se detuvo frente a una cochera. Max se quedó haciendo esquina en una calle para esconderse. Se bajó de la moto para ver que Kai tocaba el timbre. Esperó impaciente para ver quien le abría, eso no tenía pinta de ser una tienda.
Los ojos se le engrandecieron al ver a un joven de cabellos azules abrirle la puerta para ver que después del paso del bicolor a la casa, cerraba.
"Ese es Takao. ¿Qué hace Kai con él? ¿Estarán liados? No puedo pensar así de él, a lo mejor Rei está en esa casa también y ellos no se llevan bien. Así que dentro de dos minutos saldrá por la puerta".
&&&Kai&Takao&&&
Ya llevaba cerca de una hora esperando. ¿Qué demonios pasaba ahí dentro? Kai no podía engañarlo. Lo quería a él, ¿verdad? No aguantaba la desesperación, tenía que entrar. Pero y si resultaba que no hacían nada malo, se quedaría en vergüenza delante de Takao y avergonzaría a Kai por sus celos. Miró de nuevo hacia la casa, viendo que Kai salía de allí para con pasos ligeros, subirse en el coche, arrancarlo y marchándose de allí.
"Max, serénate. Seguro que esto tiene una explicación, no dejes que tus impulsos te ganen. Respira hondo", se aconsejó tomando aire y expulsándolo despacio–. Bien, ahora no te atrevas a ver a Kai hasta por lo menos tres horas, porque si no tus celos no se harán de rogar para salir. Llámale y dile que te ha surgido un imprevisto y que no volverás hasta la noche por lo menos." Caminó hasta la moto y se montó en ella. Tenía que irse a otro sitio o... era capaz de cualquier cosa.
&&&Kai&Takao&&&
Eran casi las ocho de la tarde cuando Max tocó el timbre de la casa de Kai. Fue abierto por el dueño de la casa. Pasó por su lado como si tal cosa y se fue al comedor.
–Hola por lo menos –le dijo Kai una vez que entró al comedor viendo a un Max serio que tenía la mirada puesta en una bolsa que traía– ¿Te ocurre algo?
–No –contestó simplemente.
–No lo parece, ¿dónde has estado?
–Comprando algunas cosas que me hacían falta. También me traje esto –sacó una botella de champagne y unas fresas de la bolsa–. Con tu permiso voy a la cocina un momento.
–Claro –le contestó viendo que el rubio se ponía de pie, caminando hasta la cocina.
"¿Cómo le digo yo ahora que he bebido 2 vasos de whisky? Se enfadará en cuanto se lo diga y no le faltaría razón. No le veo muy bien, será mejor que intente ser lo más cercano a él como pareja." Pensaba Kai.
En la cocina Max estaba cortando las fresas cuando vio al bicolor entrar.
–¿Tienes nata? –le preguntó.
–No –respondió para después coger dos copas de champagne de un armario–. Necesitaremos esto –le sonrió.
Max le dedicó una media sonrisa, así que Kai se le acercó por detrás y le besó la mejilla, para acto seguido coger con su mano el mentón del rubio y girárselo para besarle. El rubio correspondió el beso, que empezó a cobrar intensidad cuando Kai le abrazó de la cintura y Max jugaba con su lengua. El rubio soltó el cuchillo en la encimera y puso ambos antebrazos en las caderas de Kai, sin tocarle con las manos para no mancharle la ropa. Cuando sentían que ya no podían más se separaron un poco. Max le sonrió más contento.
–¿Te gusta el azúcar en las fresas?
–Sí –le contestó para coger un pequeño trozo de la fruta y dárselo al rubio en la boca.
Después le dio un beso corto. Cogió tanto las copas como el champagne para irse al comedor. Max no tardó en llegar con las fresas, dejándolas sobre la mesa que estaba al lado del sofá. Kai ya había descorchado la botella y estaba sirviendo las copas.
–Te advierto que no voy a beber mucho, se me sube muy rápido a la cabeza. –le comentó ya que con los vasos de whisky que se había tomado y la de champagne no sabía cómo le reaccionaría el cuerpo.
–Vale –le respondió cogiéndole de la mano.
Kai probó las fresas–. Están muy ricas, no están apenas ácidas.
–Lo sé –respondió dándole un trago a su copa.
&&&Kai&Takao&&&
La noche iba pasando y Kai empezaba a sentirse raro. Ya no controlaba muy bien lo que decía, ese champagne le había hecho demasiado efecto. Se había servido dos copas, pero sumadas a las otras del whisky, pues para el que no estaba muy acostumbrado a beber era demasiado.
–Jajaja –reía el rubio– ¿Sabes? Las fresas son muy afrodisíacas le comentó sentando uno frente al otro en el sofá.
–¿Ah, sí? Jajaja, no sabía que intentabas seducirme –le confesó viendo que el rubio se le acercó dándole un abrazo.
–Kai.
–¿Qué? –le respondió correspondiéndole al abrazo.
–¿Tu me quieres?
–Claro que sí, te quiero –le contestó sintiendo que la cabeza del rubio se separaba de su hombro para mirarle y darle un fugaz beso, sintiendo cómo acariciaba su nuca.
Kai le correspondía acariciándole la espalda. No se dio cuenta en qué momento fue pero el rubio estaba sobre él, desabrochándole la camisa. Así que él le hizo lo mismo, desde su posición. El rubio comenzó a hacerle un camino de besos desde el pecho hasta el abdomen, sintiendo cómo el bicolor jugaba con sus cabellos. Se puso de rodillas sobre él y se desabrochó el pantalón. Agarró el miembro de Kai para hacerlo excitar sintiendo un gemido de su parte. Se agachó para volverlo a besar, sintiendo la ardiente lengua del bicolor jugar con la suya.
Juntó su sexo con el de Kai haciéndole un suave meneo a la vez que los dos ahogaban sus gemidos. Kai lo cogió de las caderas y cómo pudo le cambió la posición quedando el encima. Le mordisqueó el cuello con suavidad para después besárselo. Se separó un momento de Max, mirándolo confundido, ¿qué se suponía que estaba haciendo?
En ese momento Max se acercó a él y le dio un beso, mientras rodeaba con sus brazos la nuca de Kai y lo tumbaba sobre él. Kai negó con la cabeza mientras besaba al rubio. Se separó de Max y se puso de pie con rapidez, sintiendo cómo su cuerpo se tambaleaba. Se echó las manos con rapidez sobre el cabello para despejar así sus ideas, todo bajo la atenta y preocupada mirada de Max, quien al ver la reacción de su novio, se sentó en el sofá.
–Kai, ¿qué te pasa? –le preguntó.
–No puedo, Max –lo miró apartando la vista al suelo–. No puedo hacerlo.
–¿Por qué? ¿Me quieres no?
–Claro que sí, pero... esto son cosas muy serias. No deben de tomarse a la ligera.
–Yo no me lo tomo a la ligera –se puso de pie para ponerse frente a Kai.
–Max, esto puede traer sus consecuencias. –le explicó mirándole–. Podrías quedarte embarazado.
–Bueno ¿a caso no te gustaría? –le preguntó no entendiendo la preocupación del otro.
–No es eso. Es que no estoy preparado para ello, todavía.
–Supongo que todavía te afecta lo que te ocurrió. Pero –paseó el dedo índice por el pecho del mayor–, podemos usar un preservativo. Kai negó con la cabeza mirando los ojos de Max, los cuales estaban empezando a llenarse de preocupación–. No te entiendo Kai. Dices que me quieres, pero no quieres hacer el amor conmigo –recordó lo que había visto ese día y se enfado–. Claro, es por Takao ¿verdad? Lo sigues amando –al ver la cara de sorpresa que puso Kai, siguió hablando–. Pero que iluso soy. Yo pensaba que te haría olvidar todo lo ocurrido con él, pero ya veo que es inútil y que por mucho que yo lo intente tu corazón seguirá perteneciendo a él.
Kai no sabía que decir–. Max, escúchame un momento –fue a cogerle de la mano.
–No Kai, escúchame tú a mí –le rechazó la mano–. Estoy harto de que finjas algo que en realidad no sientes. Te aburro tanto que hasta no quieres hacer el amor conmigo y prefieres hacerlo con él.
–¿Qué? –preguntó confundido.
–¿Crees que no sé qué te has estado viendo con él a mis espaldas? Pues te equivocas, hoy mismo te he visto salir de allí. –le habló enfadado.
–Max, por favor. –pensó en que quizá Max había descubierto que realmente si veía a Takao a sus espaldas–. Escúchame, no es lo que piensas. No quiero hacerte daño.
–¡Pues me lo estás haciendo! –Confirmó para cruzarse de brazos e intentar tranquilizarse –Por una vez sé sincero conmigo –le pidió.
–Max, te quiero mucho. De verdad. Pero, me cuesta hacerme a la idea de que he perdido a mi ex para siempre. –notó que un nudo se formó en su garganta. Se sentía fatal. Estaba totalmente dividido entre lo que sentía y lo que debía de hacer–. Lo mío con Takao era algo muy fuerte y no sé cómo superarlo –reconoció al tiempo que una pequeña lágrima empezó a resbalar por su mejilla–. Takao era mi vida y lo sigue siendo. Todavía le amo aunque sé que es un amor imposible, ya que él está formando su propia familia. Esa con la que los dos juntos soñamos desde que nos conocimos. Me cuesta aceptar que otro hombre que no sea yo lo haya tocado. –se sentía mal por el rubio, pero tampoco podía dejar de hablar–. Max, sabías que cuando empezaste a salir conmigo te dije que esto iba a ser muy difícil para mí. Sabías que seguía enamorado de Takao y de verdad que te quiero e intentado transformar eso en amor, pero... no puedo crear algo que no siento. Perdóname, pero es lo que siento.
Max lo miró asintiendo lentamente con la cabeza. Había recibido un golpe realmente duro. Sospechar que no te querían o imaginarlo era una cosa, pero escucharlo, era otra. Aún así pensó en no ponérselo más difícil a Kai que seguramente estaba sufriendo por el hecho de hacerle sufrir por esas duras palabras–. No tienes que pedir perdón por nada –le limpió la lágrima con el dedo pulgar–. Agradezco tu sinceridad –se abrochó el pantalón y la camisa con rapidez.
–Max, yo... –vio que el rubio le silenció con su dedo índice–. No digas nada. Hasta mañana, Kai. Acuéstate y descansa, yo cerraré la puerta al salir –se dio media vuelta.
–Pero yo… –intentó explicarse, pero vio que el rubio alzó el brazo en señal de despedida mientras se iba en silencio.
&&&Kai&Takao&&&
Max necesitaba desahogarse, no iba a llorar delante de Kai pero si lo haría en la soledad, aparte de saldar una cuenta.
Por otra parte Takao estaba esperando a que Rei llegase de comprar. Estaba sentado en la silla de ruedas, viendo la tele de su habitación. Escuchó cómo tocaban la puerta, así que la apagó con el mando la tele que estaba en su mano, dejando el artefacto sobre la mesa.
–Voy –avisó haciendo girar las ruedas, dirigiéndose hasta la puerta–. Que rápido has venido –abrió la puerta, viendo que era Max y no Rei como él pensaba. –Max. –le nombró confundido.
–Sí, soy yo, ¿puedo pasar? –pidió con la serenidad que pudo.
–Claro –se hizo a un lado de la manera que pudo y cerró puerta cuando el rubio entró–. Por favor pasa al comedor y siéntate.
–No hace falta.
Takao se puso frente a él, viendo que el rubio apretaba los puños e intentaba contener un enfado interno–. Tú dirás.
Max lo miró de arriba abajo–. No sé que vio en ti, no lo entiendo.
–¿De qué hablas? –preguntó educadamente sin saber que le estaba diciendo el rubio.
–No me lo puede creer. Te prefiere a ti. –Habló con desprecio– ¿Lo sabe Rei?
–¿Saber qué? –en ese momento sin ser escuchado, la puerta se abrió.
–No te hagas el tonto conmigo, ¿sabe Rei que te acuestas con Kai?
Si hace un momento estaba confundido, ahora lo estaba todavía más–¿Qué? –pensó que era una broma de mal gusto, pero al ver la seriedad del otro notó que sus palabras iban en serio–. Kai y yo sólo somos amigos. –dejó en claro.
Max no se contuvo más y le dio una bofetada, viendo como el menor se tocaba la parte afectada–. No te hagas el inocente, lo vi salir esta tarde de aquí. –Recordó que había sido dejado por Kai de esa manera– ¡Por tu culpa! –Le acusó– ¡Tú tienes la culpa de todo! –le levantó la mano para darle otra bofetada pero en ese momento una mano le sujetó la suya y con rapidez lo apartó de Takao, al cogerlo con la otra mano de la cintura.
–¿Qué pasa aquí? –interrumpió el recién llegado poniéndose frente al rubio.
–¡Pregúntaselo a tu novio, quizás te interese saber la verdad! –lo miró con rabia.
–¡No, tú te vienes conmigo, fuera! –lo cogió del brazo, empujándolo hacia la salida.
–¡No, suéltame! –intentaba soltarse mientras era arrastrado por Rei hacia la calle– ¡Le odio!
Rei cerró la puerta al salir y dejó al rubio contra la pared de la calle– ¿¡Qué demonios hacías!? –pregunto enfadado poniendo ambas manos sobre la pared para impedir que el otro escapase.
–¡No he hecho nada malo, simplemente desahogarme! ¡Él es el causante de todo lo que pasa! ¡Me arrebata lo más importante para mí! ¡Yo que tú, vigilaba más a tu novio! ¡Y ya suéltame! –le exigió.
–¡No hasta que me digas a que has venido!
Max en ese momento sintió cómo unas lágrimas le amenazaban con salir por la rabia que contenía en su interior. Se sentía más solo que nunca y parecía que todo estaba en su contra– ¡Déjame, quiero irme a casa!
–¡Me debes una explicación!
Max abrazó al chino intentado buscar consuelo. Cuando las manos de Rei iban a tocar la espalda del rubio, escuchó cómo el joven de cabellos azules gritó. Así que Max rompió su abrazo y salió corriendo, no sin antes dejarle ver a Rei que estaba llorando.
Entró con rapidez a la casa, viendo que el chico de cabeza azulada tenía ambas manos puestas en su barriga y su cabeza echada hacia atrás con una mueca de dolor en su cara.
–Takao, ¿qué te pasa? –le preguntó poniendo una de sus manos sobre la del menor.
–¡Me duele mucho! –Se quejó apenas sin aliento– ¡Ah! –volvió a quejarse.
–Voy a llamar a una ambulancia –habló con rapidez.
–¡No... Espera, parece que ya se me está pasando!
–Respira hondo –le indicó el chino mientras se ponía a respirar con él– ¿Te sientes mejor? –el otro asintió–. Te llevaré a tu habitación para recostarte y llamaré al médico –le contaba mientras cogía la silla de ruedas y conducía a Takao a su habitación.
Intentó regular su respiración a la vez que su voz antes de hablar–. No lo hagas, después de todo el dolor me ha desaparecido, creo que ha sido una falsa alarma –dejó que Rei lo acomodase en la cama–. No te preocupes. –le restó importancia.
–¿Seguro? –se sentó en la cama, viendo las marcas rojas con forma de dedos en la mejilla. Acercó su mano hasta ella y la acarició con cuidado.
–Estoy bien –le recordó.
–Takao, ¿Max tenía motivos para darte esa bofetada?
–No que yo sepa –respondió evitándole la mirada al chino.
–Takao, sé sincero conmigo... por favor –le cogió el mentón con delicadeza e hizo que lo mirase–¿ Qué me ocultas?
Suspiró–. Rei, no quiero que te enfades, no ha pasado nada –se adelantó a contarle–. He recibido unas cuantas visitas de Kai en este mes.
–¿Sobre qué horas?
–Por las mañanas. Pero únicamente ha sido eso. Visitas. No ha habido nada más, te lo juro.
–Por eso Max estaba así, al parecer se ha enterado– dedujo– ¿Por qué no me lo contaste antes?
–Porque no os lleváis bien, y no quería que desconfiases de mi.
–Desconfío de él –le confesó.
–Pero no ha pasado nada –le aclaró.
–No es nada agradable para mi saber que mi novio se ve con su ex aunque no pase nada entre ellos. Supongo que a Max le hará tan poca gracia como a mí.
–Lo siento.
Rei se acercó a él y le dio un beso en la frente–. Intenta descansar. Buenas noches –se puso de pie.
–Buenas noches –le despidió viendo que el chino salía de la habitación con tristeza. Se tocó la mejilla... todavía la sentía arder. Max le había pegado muy fuerte. Quizás se lo merecía. Pero él no era ningún roba novios, ¿verdad? Claro que lo era, le encantaba la compañía de su ex y los besos de despedida en la mejilla. En realidad se merecía esa bofetada y muchas más. ¿Cuándo aprendería que Kai jamás iba a volver a ser suyo? Tenía que haber escuchado a Rei cuando le dijo que le contara a Kai sobre su embarazo cuando se enteró de la noticia. Por lo menos ahora tendría una oportunidad de estar con él.
&&&Kai&Takao&&&
En su casa, Max lloraba desconsoladamente limpiándose las lágrimas. Respiró profundo un par de veces, intentando tranquilizarse. Ya era muy tarde y estaba seguro de que no conseguiría conciliar el sueño. Por lo que estaba con ambas manos apoyadas sobre la mesa, mientras pensaba que era lo que había hecho mal para que lo suyo con Kai no hubiese funcionado. Salió de sus pensamientos al escuchar que tocaban el timbre de la puerta con bastante insistencia. Así que se levantó de la silla y caminó hacia la puerta.
–Voy –giró la perilla y abrió la puerta, viendo para su sorpresa al pelinegro– ¿Qué haces aquí?
–¿Puedo pasar?
–Claro, pasa –se hizo a un lado, para después cerrar la puerta. Entraron al comedor–. Siéntate.
–Gracias –tomó asiento en el sofá–. Bonita casa –le dijo mirando a su alrededor.
–Gracias. No es por ser descortés, ¿pero cómo has llegado hasta aquí? –preguntó tomando asiento en el mismo sitio.
–Por tu ficha en la clínica, pero mejor no preguntes.
–¿Para qué has venido?
–Para hablar contigo. Takao me lo ha contado. Kai y él se veían algunos días, pero me jura que no ha pasado nada entre ellos.
–No sé que tengo que ver ahora con eso.
–Max, le has dado una bofetada. –le habló con evidencia.
–Merecida –le respondió cruzado de brazos.
–Yo creo que te has pasado.
–Claro, tú que vas a decir. ¡Je! Eres su novio. Pero pongamos que el caso fuese al revés, que hubieras visto a Takao salir de la casa de Kai –Rei se quedó sin palabras– ¿Verdad que no te hubieras pasado?
–Puede que lleves razón, pero, tienes que tener más confianza en Kai.
–¿Te refieres a no tener celos? ¡Ja! Perdona pero no eres el más indicado para decirme eso. Tú eres igual o más celoso que yo –le respondió el rubio con evidencia.
–Tengo mis motivos, créeme.
–Pues yo también.
–¿Ah, sí? ¿Cuáles?
–No voy a decírtelos.
–Eres un cobarde. –le acusó.
–¿Cobarde? Pues cuéntame los tuyos si tan valiente eres. –le invitó a ser el primero.
–Vale, pero tú tendrás que contarme los tuyos.
–Acepto el desafío. –contestó al pensar que era una apuesta.
–Bien. Cuando estaba en el instituto salía con Takao. Él me dejo por Kai, así que me conformé con ser su amigo.
–Eso no son motivos. –le dijo restándole importancia.
–¿Ah, no? ¿Y qué hay de ti?
–Hace tiempo tuve una relación con un chico. Íbamos a casarnos. Yo lo esperaba en el altar el día de nuestra boda. No apareció, me dejó plantado. Esa tarde vino a mi casa y me confesó que no podía casarse conmigo porque... –tragó duro al recordar aquellos momentos–, me era infiel.
–Lo siento. –se disculpó.
–No lo sientas.
–En el fondo hemos corrido la misma mala suerte. A los dos nos dejaron plantados. Sé que te sientes fatal ahora mismo, de la misma forma que me siento yo. Por eso he venido a verte.
–Es un poco tarde para hacer visitas –le recordó.
–Lo sé, pero no podía esperar a mañana.
–¿Por qué no?
–Ni yo mismo lo sé. Sólo sé que quería estar aquí –confesó– ¿Por qué me has abrazado hace un rato? –preguntó curioso.
–No lo sé –negó con la cabeza–. Supongo que necesitaba que alguien me diera consuelo, sentir que no estaba solo en esos momentos.
–Creo que te entiendo –le sonrió, viendo que el rubio le correspondía la sonrisa.
&&&Kai&Takao&&&
A las cuatro menos cuarto de la mañana…
Takao sintió cómo otro dolor en la barriga se volvía a hacer presente. Encendió la luz de la habitación e intentó sentarse en la cama. Viendo que el dolor iba en aumento, estiró la mano hasta el teléfono. Marcó el nº de Rei.
–El nº al que llama está apagado o fuera de cobertura. Si desea... –colgó–. Rei, ¿dónde estás? –Se preguntó a sí mismo cuando le dio otro dolor –¡Ah! –marcó otro nº con la esperanza de que lo cogieran–. Por favor contesta – decía desesperado.
Un bicolor somnoliento encendía la luz de su habitación y cogía el teléfono.
–¿Diga? –contestó volviéndose a tumbar en la cama con los ojos cerrados.
–Kai, soy Takao. Por favor, necesito que vengas. –Kai abrió los ojos de repente. Si Takao lo estaba llamando tan tarde quería decir que algo no andaba bien– ¡Ah! –se quejó.
El de ojos rojizos se sentó en la cama con rapidez– ¿Te encuentras mal? ¿Dónde estás?
–En casa... por favor, ven rápido. Bajo la maceta… –intentó explicarle, con dificultad.
–Ahora mismo salgo –colgó el teléfono y se vistió con rapidez.
&&&Kai&Takao&&&
Aparcó el coche y fue a tocar la puerta cuando se dio cuenta de un inconveniente. ¿Quién le iba a abrir si no tenía llave y Takao estaba dentro sin poder moverse? Una palabra le llegó a la mente... maceta.
Seguro que la había guardado debajo de alguna. Las levantó con rapidez, encontrándolas. No tardó en abrir la puerta y en encender las luces.
–¿¡Takao!? –lo llamó.
–¡Estoy aquí! –le contestó desde la habitación. Corrió hacia ella y vio al menor sentado en la cama, intentando regular su respiración con ambas manos sobre la barriga.
–¿¡Qué te pasa!? –le preguntó poniéndole una mano sobre la espalda.
–Me duele –respondió cómo pudo.
Sin darle tiempo a más, Kai cogió la silla de ruedas y la puso lo bastante cerca para sentar a Takao en ella.
Apagó las luces y cerró la puerta principal. Lo llevó hasta la calle, lo subió en la parte trasera del coche, plegó la silla de ruedas y la metió en el maletero. Se subió corriendo en el coche y salió como una bala hacia el hospital.
&&&Kai&Takao&&&
Kai estaba en la sala de espera del hospital. Los nervios lo estaban desquiciando. No sabía nada desde que dejó a Takao en manos de los médicos. Un médico de aspecto bastante mayor se acercó a él.
–¿Familiar de Takao Kinomiya? –le preguntó.
–Sí –se puso de pie– ¿Cómo está? ¿Está bien? ¿Y el bebé?
–Los dos están bien. Sólo han sido sus primeras contracciones, es normal en la etapa final del embarazo.
Suspiró de alivio– ¿Puedo pasar a verle?
–Claro, pero quería preguntarle algo.
–Dígame.
–¿Ha tenido alguna preocupación o se ha puesto nervioso por algo últimamente?
–Es una persona muy nerviosa en sí.
–Entiendo. Sería bueno que se quedara aquí ingresado hasta el nacimiento del bebé. Le hemos notado nervioso en exceso y puede que eso le produzca un parto prematuro.
–Entiendo.
–Puede pasar la noche con él si quiere. Pero es importante que pueda dormir. Puede que los siguientes días no sean muy agradables con las contracciones.
–Está bien doctor, gracias.
–No hay de qué, adiós –se alejó de Kai para ir a otra de las salas.
&&&Kai&Takao&&&
Takao se acariciaba la barriga con nerviosismo tumbado en la cama. Estaba siendo observado por el bicolor que lo miraba desde el marco de la puerta. El joven de cabellos azules se sintió observado así que miró hacia su izquierda, viendo al joven de ojos rojizos ahí parado. Le sonrió sin dejar de darse caricias.
–Hola –le saludó el menor.
–Hola –entró a la habitación– ¿Cómo te encuentras?
–Mejor, gracias.
–¿Puedo sentarme? –le preguntó señalando la cama. El joven de cabellos azules asintió.
Kai observó las manos temblorosas por los nervios de su chico, así que posó una suya sobre la de éste para tranquilizarle.
–¿Sabes? Todo ha sido tan rápido que... se parecía tanto a la otra vez. Me encontré solo y tenía tanto miedo –le confesó.
–Piensa en que los dos estáis bien –sonrió–. Tendrás a la niña en tus brazos muy pronto. Tienes que descansar. –le animó–. Yo me quedaré contigo. No estarás solo, te lo prometo –acercó la mano del joven de cabellos azules a su boca y la besó, viendo cómo el menor le sonreía.
–¿No te importa?
–Sabes que no. Y ahora intenta dormir. Te ves cansado –le empezó a hacer cosquillas en la mano. El joven de cabeza azulada cerró los ojos dejándose llevar por esa sensación hasta que finalmente se quedó dormido.
&&&Kai&Takao&&&
Por la mañana…
Rei se había levantado de la cama. Lo primero que hizo fue encender su móvil que estaba sobre la mesita de noche a su lado derecho. Se lo había dejado allí para cargarlo y cuando lo hizo se le olvidó cogerlo y encenderlo. Esa noche que habló con el rubio la verdad es que había estado bastante cómodo. El móvil empezó a sonar una vez que lo encendió. Era un número desconocido.
–¿Diga? –contestó.
–Rei. Soy Takao. –le aclaró al saber que era imposible que lo conociese por el número.
–¿Takao? ¿Cómo es que el número es desconocido?
–Porque no estoy en casa, anoche ingresé en el hospital Tokio.
–¿¡Qué!? ¿¡Estás bien!? –preguntó nervioso y preocupado.
–Sí, aunque no voy a poder salir de aquí hasta que dé a luz.
–¿Estás solo? –preguntó, pero antes de recibir la contestación, decidió que lo mejor era actuar rápido–. Voy para allá ahora mismo, adiós –colgó.
–Rei... –intentó explicarle que no estaba solo pero no le dio tiempo a hacerlo–... me ha colgado –apretó el botón y le extendió el móvil a Kai –Gracias por dejármelo.
–De nada, ¿estás bien?
–Cansado –le confesó.
–Duerme otro poco, es temprano todavía.
–Quiero estar despierto para cuando Rei llegue. Quiero contarle lo que sucedió anoche.
–Si quieres puedo despertarte cuando llegue.
–No, prefiero esperar. Tengo todo el día para dormir –le sonrió–. Muchas gracias, no sé que hubiera sido de mi anoche si no hubieses venido. Te he quitado tiempo para dormir.
–Me da igual, sólo me importa que estés bien.
El pelinegro no tardó en entrar al hospital, únicamente había pasado veinte minutos. Encontró a Kai sentado en una silla junto a la cama de Takao, mientras ambos veían la tele.
–Takao –le llamó la atención mientras intentaba respirar.
Takao miró hacia la puerta, viendo a Rei caminar hacia él. Kai al escucharlo no pudo evitar ponerse de pie y mirar la escena.
–Dios, ¿estás bien? –se agachó con rapidez, poniéndole ambas manos en las mejillas dándole un pequeño beso, para después mirarle a los ojos.
–Sí, aunque estoy un poco cansado –Kai apartó la vista, ver ese beso le había dolido demasiado.
–¿Qué pasó? –le preguntó con preocupación.
–Que me dieron los mismos dolores, pero más fuertes. El médico dice que son las primeras contracciones –sonrió.
–¿La niña está bien?
–Sí –le contestó viendo que ahora Rei miraba hacia Kai con algo de enfado aunque intentaba disimularlo– ¿Qué hace él aquí?
–Él fue quien me trajo aquí.
Le intentó restar importancia a ese hecho y decidió Kai ahí estorbaba–Kai, ya he venido, así que puedes irte a trabajar.
Kai simplemente se cruzó de brazos. No se iba a ir de allí sólo porque él llegase.
Takao rápidamente notó la situación tensa, así que debía hacer algo–. Kai –le miró– ¿Te importaría dejarnos solos un momento? –le pidió el moreno.
–Claro, estaré en la puerta –le sonrió para después caminar hacia la puerta y cerrarla tras de sí.
–Podrías haber sido un poco más amable con él.
–No se lo merece –se sentó en la cama–. Además, no te entiendo Takao. ¿Por qué lo llamaste a él en lugar de a mí que soy tu pareja?
–Lo hice –le respondió–. Te llamé al móvil pero no me lo cogiste.
–Eso no es verdad, lo llamaste a él primero en lugar de probar conmigo. –le reprochó empezando a sentirse molesto.
–Rei, no es verdad. Lo hice –le aseguró.
–No he recibido nada Takao, ni un solo mensaje.
–Puede que tarde más en llegar.
–¿Ha pasado la noche aquí contigo? –se refería a Kai.
–Sí, se ha quedado despierto toda la noche para que yo pudiera dormir tranquilo. Rei, ¿Qué te pasa?
–Nada.
–Pues yo no diría eso. Desde que Max me dio esa bofetada estás más... celoso. –terminó diciendo.
–Sólo cuido lo que me pertenece, nada más.
–Rei, tú no eres así. Tan inseguro –finalizó.
–Puede que no me conozcas lo suficiente.
–Está bien. Si no me crees con lo de la llamada, allá tú. Mi conciencia está tranquila. Pero no lo pagues con Kai así, porque gracias a él estoy aquí y no muriéndome de dolor –se dio media vuelta, dándole la espalda–. Vete, por favor –le pidió.
–Takao. –Al ver que no recibió respuesta de éste, decidió que era mejor hacer lo que le habían pedido–. Cómo quieras –se puso de pie y salió de la habitación.
&&&Kai&Takao&&&
Kai vio a Rei salir por la puerta y que se le quedó mirando desde el pasillo. Kai pasó por su lado sin decir una palabra para entrar a la habitación, cuando Rei le cerró la puerta casi en las narices.
–Quiere estar solo. –le advirtió para que no fuese a entrar.
–No hay que dejarlo solo ahora –le respondió.
–En cualquier caso yo seré quien le haga compañía y no tú.
Kai se cruzó de brazos–. Yo decidiré eso.
–Tú no decides nada y olvídate de seguir viéndolo. Nada de visitas, te lo prohíbo.
–En lugar de ordenar a la gente lo que tiene o no tiene que hacer, deberías estar más pendiente de él.
–No es asunto tuyo.
–Que Takao no sea ya mi marido y esa hija que espera no sea mía, no quiere decir que no me preocupe por ellos. Takao ha sufrido mucho con sus embarazos. Si anoche no llega a llamarme... no quiero ni pensar lo que hubiese ocurrido.
Rei iba a contestarle cuando su móvil sonó, lo sacó de su bolsillo delantero del pantalón, sin perder contacto visual con su rival. Agachó la mirada para ver que era un mensaje. Lo abrió y lo leyó. Era una llamada perdida de la casa del moreno a las cuatro menos cuarto.
–¿A qué hora te llamó Takao anoche? –preguntó el chino para verificar si lo que el joven de cabellos azules le había dicho era verdad o no.
–A las tres y cuarenta y siete de la madrugada. ¿Pero eso ahora que importa? –preguntó sin entender, viendo cómo Rei entraba a la habitación, cerrando la puerta tras de sí. El otro le daba todavía la espalda a la puerta, no se había cambiado de postura. Le acarició el hombro, con la esperanza de que se diera la vuelta, pero no lo hizo.
–Takao.
–Quiero estar solo –le pidió con tristeza.
El pelinegro rodeó la cama y se puso frente a él, viendo cómo Takao miraba hacia el frente o más bien hacia la nada. Le enseñó el móvil para después metérselo en el bolsillo.
–Acaba de llegarme el mensaje... lo siento. He sido un estúpido, pero es que pensé...
–Da igual, sino te hubiese llegado el mensaje seguirías pensando lo mismo. ¿Por qué no confías en mí de la misma forma que yo lo hago en ti?
–En ti confío, te lo he dicho muchas veces, pero Kai...
–Kai sólo se interesa por mi salud. ¿Por qué te cuesta entenderlo?
–Porque hace años sólo erais simples compañeros de clase y finalmente te separó de mi lado. –le recordó haciendo énfasis en ello.
–En aquel tiempo él era un hombre libre.
–Pero tú no, estabas conmigo... igual que ahora. Quiero que respete eso y si en el pasado no lo hizo, dudo que ahora lo haga –se sentó en la cama dejándoselo en claro, bajo su tono serio y enfadado.
–Tiene novio –le recordó–. Si están saliendo juntos, es por algo –se puso boca arriba para mirar a Rei–. Rei, no me gustaría pensar que ese odio que le tienes a Kai, se lo puedas llegar a tener a la niña.
–¿Cómo puedes pensar eso? –Le puso una mano sobre el bulto mirándolo con preocupación a los ojos–. La quiero.
–Eso no lo sé. Mira, no sé si llegará a nacer, pero tú sabes tan bien como yo, que puede tener algún parentesco con él. Si lo odias a él, odiarás los rasgos de ella.
–No –le besó la barriga–. Te juro que eso no será así. No puedo odiar a un bebé, mucho menos si va a ser mi hija. Por mucho parentesco que tenga con él. –de pensar en esa posibilidad se sintió totalmente culpable–. Mejor intenta descansar, seguro que anoche debió de ser agotadora –le intentó cambiar el tema.
–Lo fue, pero antes me gustaría que hicieras algo por mí.
–Dime, haré cualquier cosa por ti.
Sonrió–. Quiero que le pidas disculpas a Kai.
Guardó silencio mirando hacia otro lado. ¿Por qué demonios habría dicho que haría cualquier cosa por él? Ya no tenía remedio, así que cumpliría su palabra–. Vale, lo haré por los dos –se puso de pie.
–Delante de mí –le aclaró al pensarlo rápido.
–¿Por qué? –preguntó confundido.
–Para evitar una posible pelea.
Asintió en silencio–. Si así lo deseas, lo haré –caminó hacia la puerta, la abrió y vio al bicolor de pie, apoyado en la pared de enfrente. Kai lo miró–. Pasa –le dijo simplemente.
Kai entró acercándose hasta Takao. Rei apretó los puños tras éste e intentó relajarse. Tenía que demostrarle a Takao que le quería lo suficiente por mucho trabajo que le costase hacer eso.
–¿Estás bien? –le preguntó el joven de ojos rojizos al chico de cabellos azules.
–Sí, estoy perfectamente. –respondió–. Rei quiere decirte una cosa.
Kai lo miró viendo que el joven de ojos dorados relajaba sus facciones–. Sí, yo quería darte las gracias por traer a mi novio al hospital, siendo tan tarde.
–No fue nada –miró a Takao con una sonrisa–. Lo haría todas las veces que fueran necesarias –Rei se sentó junto al chico de cabeza azulada y pasó su brazo por encima de la cabeza de éste.
–Ya –carraspeó–. Takao, he llamado al trabajo y he pedido unos días de descanso para estar junto a ti –miró el reloj–. Es un poco tarde –miró a Kai– ¿No deberías de estar trabajando?
–Claro, ya... me voy –si Rei se iba a quedar no podía hacer lo mismo. A quien le correspondía era al otro porque iba a ser padre–. Volveré más tarde para hacerte una visita –le sonrió de nuevo al chico de cabeza azulada.
–Hasta luego –respondió solamente Takao.
Kai salió de la habitación y Rei suspiró de alivio– ¿Contento? –le preguntó entrelazando su mano con la del menor.
–Al menos esta vez lo has echado de aquí con disimulo.
–Tres son multitud –contestó en su defensa.
–Lo sé. Gracias, me has hecho feliz –vio cómo el mayor se acercaba a él hasta finalmente besarlo.
&&&Kai&Takao&&&
Kai llegó corriendo a la oficina. Había tenido que darse una ducha y cambiarse de ropa primero.
–Buenos días, chicos.
–Buenos días –le saludaron.
Miró hacia la mesa de Max y lo vio vacía–. Salima.
–¿Sí?
–Cuando Max regrese dile que me dé el expediente nº 505.
–Se lo diré cuando llegue.
–¿Cuándo llegue? ¿A dónde ha ido?
–No ha llegado todavía –le informó–. No creo que tarde en hacerlo, siempre es puntual.
–Bueno, tú avísale –abrió la puerta de su despacho y se perdió de la vista de la pelirroja. La cual volvió a sus quehaceres viendo que cinco minutos después, Max entraba a la sección.
–Buenos días –corrió hacia su mesa.
–Buenos días –le contestaron.
–Max, el señor Hiwatari me ha pedido que le des el expediente nº 505.
–¿Hace mucho de eso? –le preguntó encendiendo el ordenador.
–Hace cinco minutos. ¿Qué te ha pasado? Llegas casi una hora tarde.
–Lo sé, es que he pasado una noche larga y pesada, y me he quedo dormido. Seguro que Kai me regañará –se puso a buscar le expediente en uno de los cajones que guardaban archivos.
–Pues al parecer él también se ha dormido, porque hace cinco minutos que ha llegado.
–¿En serio? –preguntó cogiendo el expediente y caminando hacia la puerta
–Sí –contestó.
Max tocó la puerta, escuchando un "adelante" de parte del otro. Tomó aire y abrió la puerta. Caminó hasta la mesa y le dejó el expediente ahí– Ahí lo tiene, ¿necesita algo más?
–No, eso es todo por ahora.
El rubio se dio media vuelta–. Bien.
Se preguntaba por qué el rubio había llegado tarde cuando siempre era puntual. ¿Sería por su culpa?–. Espera, ¿puedo saber por qué has llegado tarde?
No se dio la vuelta para mirarle, prefirió contestarle dándole la espalda–. Nada importante, sólo me he dormido. No dormí bien anoche. Con su permiso –dio un paso hacia delante.
–Max, siento lo de anoche. De verdad, perdóname.
Al escuchar esas palabras, notó el arrepentimiento en la voz del mayor. Lo mejor que podía hacer era intentar olvidar a Kai aunque le costase hacerlo. Armándose de valor, El se dio la vuelta–. No hay nada que perdonar. ¿Sabes? Es mejor así. Aunque no puedo fingir que no me doliera. De ahora en adelante nos trataremos como un jefe y su secretario se deben de tratar.
–Yo pienso que no estaría mal ser amigos, no tenemos por qué perder nuestra amistad. –puntualizó.
–Supongo –se cruzó de brazos.
–¿Sabes? Acabo de venir del hospital.
Max al escuchar eso no pudo evitar preocuparse– ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?
Kai negó con la cabeza–. No era yo. Verás, anoche llevé a Takao de urgencias.
–¿Qué le pasó?
–Sus primeras contracciones... al parecer su etapa de embarazo está terminando. Me preocupa lo que me dijeron los médicos.
–¿Qué? –le animó a continuar.
–Dijeron que habían visto a Takao demasiado nervioso. Tanto que si hubiese seguido así, el parto se le hubiese adelantado. No me imagino que le pudo poner así. Cuando lo visité estaba muy relajado y tranquilo.
Max se sintió culpable... ahora que hacía memoria, antes de salir corriendo de la casa del joven de cabellos azules, había escuchado un grito por parte de Takao. Aunque él no le hizo caso ya que era más importante para él llorar donde nadie lo viese por el dolor tan grande que sentía en esos momentos. Le había dicho una serie de cosas a Takao y se olvidó completamente de su estado.
–¿Y cómo está? –preguntó intentando averiguar hasta donde había metido la pata.
–Está mejor, pero no podrá salir de allí hasta que dé a luz. Rei se ha quedado con él.
–Entiendo. Irás a visitarle, ¿me equivoco?
–Lo cierto es que no. –contestó al saber que ahora Rei estaría a su lado y no quería preocupar más al joven de cabellos azules por su mala relación entre él y el chino.
–Quiero ir contigo –Kai le miró confundido–. En momentos como estos, uno necesita apoyo y ánimo. Voy a seguir con mi trabajo –caminó hasta la puerta y la abrió.
–Max –le miró–. Gracias –el rubio asintió y cerró la puerta tras de sí.
&&&Kai&Takao&&&
Takao escuchó cómo tocaban la puerta–. Adelante –dijo a la vez que Rei salía del servicio que se encontraba en la misma habitación.
–¿Se puede? –preguntó el bicolor.
–Claro, por favor, pasa –le invitó, viendo que detrás de Kai pasaba el rubio. Los dos caminaron hasta la cama, siendo seguidos por la atenta mirada de Rei, quien estaba sorprendido de ver allí a Max.
–¿Cómo te encuentras? –le preguntó Kai.
–Bien, por ahora –contestó mirándose las manos.
–Takao –lo llamó el rubio, captando su atención– ¿Puedo hablar contigo un momento, a solas?
Miró a los otros presentes, esperando ver alguna reacción en sus caras, pero no vio nada–. Supongo –contestó no muy seguro de la respuesta.
Rei miró a Max y viceversa, mientras el rubio veía cómo los dos chicos salían de la habitación, cerrando la puerta– ¿Puedo sentarme en la cama? –le preguntó.
–Claro –sintió el peso del rubio una vez sentado.
–Kai me ha contado lo que sucedió anoche y he venido a pedirte que me perdones. Te di una bofetada por no saber controlar mis celos y soy el culpable de que estés aquí ingresado. Lo siento de verdad. –se disculpó sinceramente.
–No es nada. Supongo que si conseguiste descargarte conmigo de alguna manera, está bien.
–Fui injusto, no te lo merecías. –se reprochó.
–Eso es agua pasada. En cuanto a lo demás. Salgo de cuentas dentro de catorce días, creo que ya era tiempo de tener mi primera contracción. Puede que mi nerviosismo por algo que no esperaba me haya adelantado un poco las contracciones. –intentó restarle importancia aunque Max fue el causante de aquello.
–No llevé una buena noche –confesó.
Sonrió–. Yo tampoco.
–Es una niña, ¿no?
–Sí.
–¿Cómo le vas a llamar?
–Es una sorpresa. Tampoco quiero... adelantarme.
–Entiendo. Ha debido de ser muy duro. –comentó al estar enterado de su pasado.
–La verdad es que no se lo deseo ni a mi peor enemigo, sólo espero que esta vez todo salga bien –medio sonrió.
–Seguro que sí –le animó–. Debe de ser algo increíble sentir a un bebé moverse dentro de ti.
–Es una sensación indescriptible. Da una sensación de alegría al sentir sus primeras patadas –sonrió.
–¿Puedo tocar? –le preguntó con una sonrisa.
–Claro, dame la mano –Max se la estiró y dejó que Takao la colocara en el lugar de las patadas.
–Jajaja, ¡es genial! –Sonrió al sentir las patadas–. Me gustaría llegar a sentir esta sensación alguna vez.
–Claro –no pudo evitar sentirse mal al pensar que Kai tendría alguna vez hijos con Max.
–He de reconocer que cuando Kai me hablaba de ti, me ponía celoso. No paraba de preguntarme que había visto de especial en ti –le sonrió–. Ahora lo sé, eres una persona maravillosa, con un gran corazón –el menor sonrió–. Espero que todo te salga bien.
–Gracias.
Se puso de pie y abrió la puerta, viendo tanto a Kai como a Rei de brazos cruzados en el pasillo, dándose la espalda el uno al otro. Al escuchar el ruido de la puerta abrirse, miraron hacia ella.
–Ya podéis pasar –les avisó, caminando los tres hacia Takao–. Takao tengo que irme, otro día intentaré hacer un hueco en mi agenda para venir a verte.
–Cómo quieras –le sonrió.
–Adiós –se despidió.
–Adiós –dijeron los presentes.
Rei lo miraba, iba a abrir la boca, cuando Kai le habló–. Max, ¿quieres que te lleve?
–No, no es necesario, hasta luego.
–Hasta luego –agregó simplemente para ver cómo Max salía de allí.
Rei inventó una excusa–. Yo... voy a preguntarle una cosa a tu médico Takao. Ahora vuelvo –lo miró con una sonrisa para después mirar a Kai con una mirada defensiva–. Cuida de él.
–Vete tranquilo –se cruzó de brazos, viendo cómo el otro salía de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Kai se sentó en la cama mirando al menor con una pequeña sonrisa.
&&&Kai&Takao&&&
Max caminaba por los pasillos del hospital, cuando sintió que lo llamaban.
–Max –el aludido se dio la vuelta, al escuchar que era la inconfundible voz de Rei–. Hola, ¿a dónde vas? –le preguntó caminando a su lado.
–A coger un taxi –le respondió–. Oye, si vienes a averiguar que le he dicho a tu novio, estate tranquilo. Sólo le he pedido perdón por lo de anoche –en su voz se notaba el desánimo.
–Yo no he venido a eso –le aclaró.
–¿Entonces? –lo miró sin dejar de andar.
–Venía a decirte que anoche me lo pasé bien, contigo. Tenemos cosas en común. ¿Cuándo volverás a ir a la clínica?
–Cuando me duela algo –se encogió de hombros.
–Ah, claro. Es evidente –se pasó la mano por la nuca nervioso–. Me gustaría volver a verte –le confesó–. Si a ti te apetece.
–¿Qué? –Le preguntó enarcando una ceja–. Bueno, volveré mañana al hospital en cuanto tenga un hueco para ver a Takao. ¿Para qué quieres verme? –le preguntó curioso
–Para hablar, nada más.
–Ah –dijo simplemente– ¿Por qué tienes una coleta tan larga? –le preguntó ya que llevaba días intentándoselo preguntar.
–Si te digo la verdad era por mis antepasados. Ya ni siquiera recuerdo bien el por qué, pero la aprecio mucho.
–Yo pienso que estarías mejor sin ella, con el pelo corto –lo miró a los ojos durante un momento ante la puerta principal que se abría y se cerraba por el paso de la gente–. Adiós –pasó por la puerta.
–Adiós –le despidió. "Mejor sin la coleta", sonrió cogiéndose la coleta. No podía negar que el rubio le estaba llamando bastante la atención sin poder evitarlo y lo único que deseaba es que llegase mañana para poder verlo de nuevo.
¿Continuará?
&&&Kai&Takao&&&
Lo sé, capi muy largo.
Gracias por sus reviews a:
Killuki Coni: ¿Sigues teniendo tus dudas? Es normal, aún faltan algunos detalles por escribir. De todas formas, si hay alguna pregunta que yo te pueda contestar no dudes en hacérmela.
Kari Hiwatari: Bueno Kari, si estos dos (Max y Rei) no sienten amor todavía, créeme que están empezando a sentir algo especial. Porque ya lo dijo el propio Rei, no sabía porque pero no podía esperar a mañana. Rei, creo que se te está viendo el plumero.
Takaita Hiwatari: Ya ves que si se vuelven a ver estos dos, que el nombre del bebé es una sorpresa (en el caso de que llegue a nacer), en cuanto contarle la verdad a Kai sobre el bebé... eso no lo sabe todavía. Depende de las circunstancias que se dé, así lo hará.
Senshi Hisaki Raiden: Si a mí también me da mucha pena ellos dos. Me alegra ver que los flashs backs os van ayudando a entender mejor el fic. Rei te sacó de onda a ti, pero creo que sucedió con más de uno.
Por favor, no olvidéis dejar vuestro comentario y perdón por si hay alguna falta de ortografía.
