Tacháaaaan! Después de días, semanas, meses, años, lustros, décadas, siglos, milenios...después de mucho, mucho tiempo, por fin me he dignado a aparecer con un nuevo capítulo. Quiero agradeceros muchísimo la espera, la paciencia, y los comentarios tan bonitos que me dejáis. Os lo agradezco mucho de verdad, muchísimas gracias FandeDaniDaniels, LyzzSQ, Maritexxam, Gia-Rebel, CarlaMills, AleaRachel y mi fan, como siempre :)

La verdad es que estos meses están siendo complicados y no puedo asegurar si actualizaré más rápido o si volveré a tardar un montón, pero no os preocupéis, que yo siempre vuelvo. Una vez más, espero que os guste el capítulo y que me dejéis vuestras opiniones.

A disfrutar de la lectura :)


La isla

12

Día 56

Es curioso cómo las cosas pueden cambiar de un momento a otro. Cómo, sin siquiera querer, a través de un simple comentario, el comportamiento de otra persona hacia nosotros cambia radicalmente. Cómo una simple acción puede marcar un principio o un fin. Es curioso…pero más que curioso, a Emma le parecía una faena. La había fastidiado con Regina, todo por intentar conocerla un poco más, por empujarla a abrirse y contarle más sobre su pasado.

Días antes apenas podían parar de besarse o quitarse las manos de encima, pero ahora…Regina no le dirigía la palabra, e incluso evitaba mirarla. Y la rubia se debatía entre decidir si la reacción de la otra mujer estaba siendo exagerada o realmente la había ofendido hasta el punto de no poder ni verla. Probablemente lo segundo, pero no lo había hecho aposta.

Era de noche, acababan de cenar, y definitivamente era el momento favorito de ambas. Podían quedarse hablando, compartiendo experiencias y bromas hasta quedarse dormidas. O también podían pasar el tiempo besándose, acariciándose, avanzando cada vez un poco más en su relación, aunque a pequeños pasos. Y si no, simplemente quedarse abrazadas, sin necesidad de decir nada, era una buena opción. Pero era noche la rubia tenía otros planes.

- ¿Jugamos a "yo nunca"? – preguntó emocionada, con ganas de saber más de Regina.

- Pero ya no tenemos alcohol. – respondió Regina. - ¿Cómo se supone que vamos a jugar?

- No importa, usaremos las reglas made in Emma.

La morena se rió ante la ocurrencia de la otra mujer, pero mostró curiosidad.

- ¿Y en qué consisten esas normas?

- Pues…cada vez que digamos algo que haya hecho la otra, hay que contar cómo fue. Si no, tendrás que pagar con una prenda.

Para la suerte de la rubia, Regina no puso ningún impedimento, simplemente asintió y aseguró que ganaría ella.

- Yo nunca…he deseado matar a nadie. – dijo Emma con cautela, después de jugar un rato. La morena parecía relajada, y aunque no estaba segura de aquello que había dicho, ya estaba hecho. Ahora, solo podía esperar lo mejor.

- Emma, no me gusta por dónde estás yendo… - se quejó Regina, visiblemente molesta.

- ¿Y por dónde estoy yendo?

- Quieres que te cuente lo que pasó con Leopold. Quieres que te cuente que lo maté, ¿verdad? – la miró incrédula durante unos segundos, y al ver que no contestaba siguió hablando. - Eso es lo que realmente crees…

- No, Regina, yo… - reaccionó Emma, pero ya fue tarde. La morena se había levantado y trataba de calmarse.

- No, Emma, ¡basta! – gritó – Dijiste que creías en mí, que confiabas en mí.

- Y confío en ti, yo solo…

Regina no la dejó hablar. Simplemente la miró una última vez, con tristeza y enfado mezclados en su rostro, y se marchó. No volvió hasta dos horas después, y se tumbó lo más lejos de ella posible, sin mirarla. Haciendo como si no existiese.

-x-

Estaba cansada. Cansada de estar atrapada en esa isla, de no tener nada más que hacer que preocuparse por sobrevivir y preguntarse cómo estaría Henry, y cansada de ignorar a Emma. La rubia le había hecho daño, es verdad, pero echaba de menos sus largas charlas nocturnas, y la forma en la que la hacía reír con cualquier tontería. Lo cierto era que con Emma no se sentía sola. Sin embargo, no podía perdonarla tan fácilmente, solo porque no tenía a nadie más con quien hablar. No. Se sentía herida profundamente, después de todo ese tiempo… resulta que realmente, nunca había confiado en ella.

Pero tampoco podía ignorar el hecho de que la rubia parecía cada día más triste y agotada. Se había estado fijando en ella, por supuesto, que la ignorara no quería decir que dejara de preocuparse. Quería verla bien, animada, como siempre, aunque lamentablemente, en las condiciones que se encontraban, no era posible. Dejando ese tema aparte, era sencillo darse cuenta de que Emma cada vez tenía menos fuerzas, alargaba el levantarse y se iba a dormir un poco más temprano cada día.

Lo único positivo que se podía sacar de aquellos días era que habían visto algo que podría ser perfectamente un barco, pero estaba muy lejos para distinguirlo bien. Aun así, les había traído esperanza, tanto a una como a otra, y Regina había compartido una mirada de complicidad con la rubia, de tan solo unos segundos, antes de volver a ignorarla. Realmente no necesitaban palabras para saber que estaban de acuerdo en lo que harían. Ahora solo quedaba esperar.

-x-

No podía aguantarlo más. La cabeza le iba a explotar de un momento a otro, era insoportable y no le daba tregua, un dolor palpitante sin compasión. Había resistido todo lo posible, no quería pedirle ayuda a Regina por miedo a su reacción. Pero la verdad es que tampoco se sentía con el derecho de hacerlo. En su interior, sabía que la morena dejaría a un lado su orgullo y se ocuparía de ella, la cuidaría hasta que se recuperase. Esa idea le gustaba. Le gustaba demasiado. Pero tendría que dejarla pasar. No estaban en su mejor momento, no paraba de repetírselo, y permanecer atentas a los movimientos de aquel barco, si es que estaban en lo cierto, era su prioridad.

Realmente se sentía enferma, como no lo había estado desde… ni siquiera lo recordaba. Quizás nunca se había enfermado de aquella manera. Emma Swan, que siempre había sido fuerte, que siempre se había mantenido firme para luchar contra las adversidades, ahora era débil. En contra de su orgullo y a favor de su deseo, se acercó a la morena, casi arrastrándose.

- Regina… - dijo en un susurro apenas audible, pues no tenía fuerzas para más.

Cuando la morena dirigió su mirada hacia ella, la ira había desaparecido, dejando lugar a una visible preocupación, que casi la hizo correr hasta ella para sostenerla.

- ¿Te encuentras bien? – preguntó, haciendo a la rubia apoyarse en ella y comprobando su temperatura – oh por dios, ¡estás ardiendo!

- Me duele mucho la cabeza… - se quejó Emma.

Regina miró hacia todas las direcciones, nerviosa, tratando de encontrar una solución.

- Emma. Quiero que me escuches. – suspiró – Necesito que me escuches. Voy a cuidar de ti. Necesito ir a por un poco de agua, que no se te ocurra intentar moverte. Te quedas aquí descansando.

-x-

Día 58

Un día y dos noches horribles después, la temperatura de la rubia parecía haber descendido, pero no lo suficiente. Regina no sabía qué más hacer. Había intentado todo lo que hacía cuando Henry estaba enfermo, y no había sido suficiente. Emma seguía enferma, y aunque era capaz de moverse y trataba de seguir en pie, aun se veía débil y, algo que asustó a la morena, frágil. Necesitaba cuidar de ella. Necesitaba que cuidaran de ella, que le administraran algún medicamento, y lo necesitaba urgentemente.

Para su suerte, habían tenido razón y la forma misteriosa que habían visto a lo lejos, era un barco. Para ser exactos, era un carguero, pero qué más daba, era una oportunidad para salir de allí. Para su gusto, todavía no se había acercado lo suficiente, pero podían esforzarse un poco más de lo planeado y alcanzarlo. No podía correr el riesgo de dejar morir a Emma, así que se acercó a ella, quien trataba de descansar tras una mala noche.

- ¿Puedes mantenerte en pie? – preguntó suavemente, intentando no sobresaltarla.

Emma levantó la cabeza y la miró confundida durante un momento, para luego comprender sus planes y asentir.

- Creo…creo que sí. – dijo, más que nada para convencerse a sí misma. – Ayúdame, por favor.

- Sólo serán unos segundos – indicó Regina – necesito que llegues hasta la balsa.

- Ssss….sí. Llegaré. – Emma se tambaleó un poco, pero gracias a la ayuda de la morena se mantuvo y caminaron lentamente hacia donde se encontraba la balsa.

Mover aquella estructura no era tarea fácil, menos sin la ayuda de Emma, y Regina lo había sabido desde el principio, pero haciendo uso del doble de su fuerza, lo consiguió. Más vale tarde que nunca, pensó, animándose a sí misma por su pequeño logro. Y sí, había tardado, pero lo había hecho. Ahora estaba allí, solo quedaba subirse y esperar llegar sanas y salvas hasta el carguero.

- Te desenvuelves muy bien para tenerle fobia al mar. – admiró Emma.

- Sinceramente… no me lo había planteado. – respondió la morena. – Creo que llegar allí a salvo es más importante que cualquier miedo que pueda tener.

- Me alegra que digas eso. Sobre todo por si a una manada de tiburones le da por venir y atacarnos.

Podría estar enferma, podría estar muriéndose, pero Emma no perdía su sentido del humor. Aunque su risa fuera débil y sus palabras pareciesen desalentadoras, Regina sabía que estaba bromeando. Solo esperaba que aquellas palabras no se hicieran realidad jamás.

- ¡Emma! – la reprendió ella.

- ¿Ves? Hasta echándome la bronca estás guapa. – respondió, para quedarse un momento en silencio. – Me gusta más cuando me hablas.

-x-

Odiaba el clima de aquella isla y sus alrededores desde el primer minuto que pasó allí. Las cosas habían ido ya lo suficientemente mal como para que empeoraran, ¿verdad? Pues parecía que no. Parecía que la vida, el destino, un dios o lo que quiera que existiese en el cielo o donde fuera, quería seguir jugando con ellas un rato más. El viento había hecho que el mar se picara, y debían agradecer que las olas no fuesen lo suficientemente altas como para inundar la balsa y acabar de una vez por todas con sus miserables vidas.

- Regina… - la reclamó Emma.

La morena inmediatamente se movió de donde estaba para ir junto a ella, tenía miedo y sabía que la rubia también.

- Si morimos aquí… - continuó – no quiero que pienses que… - sollozó – en fin, yo… joder, ¡por qué es tan difícil!

Las lágrimas de la rubia afectaron a la morena de una manera que ni podía ni quería aceptar o explicarse a sí misma. Lo único que quería hacer era tranquilizar a Emma y tranquilizarse a sí misma, quería sacar esperanza desde donde ya no le quedaba y compartirla con la rubia. Respiró hondo y se dispuso a hacer algo que probablemente, nunca antes habría pensado que podía hacer.

- Emma, no vamos a morir aquí. Vamos a llegar hasta ese barco y volveremos a casa. Todo irá bien. – prometió, tratando de secarse las lágrimas de sus ojos, inútilmente – Pase lo que pase, volverás y conocerás a tus padres.

- Si tú me lo dices…te creo. – respondió Emma, en un intento de sonrisa que no le salió muy bien.

-x-

Habían tardado horas. ¡Horas! Horas que parecieron días, o incluso años. Los segundos se habían vuelto eternos, y aunque cada vez se acercaban más, parecía que nunca alcanzarían su objetivo. Incluso temieron que todo estuviese siendo un sueño, y a la mañana siguiente se despertarían en la isla de nuevo. Pero no, todo había sido real, después de tanto sufrimiento, finalmente, estaban allí , aunque no sin haber superado unos cuantos contratiempos de más.

La llegada al barco no fue para nada tranquilizadora. Emma había llegado temblando, y aunque ahí tendría más facilidades para curarse, no podía estar tranquila, no aún. Inmediatamente, Regina pidió que se ocuparan de su salud, pues lo demás podía esperar. Y afortunadamente, le hicieron caso, no sabía si por lo alterada que sonaba o por la apariencia que tenía la rubia.

Mientras atendían a Emma, facilitaron a Regina un camarote y le dieron de comer, además de informarla hacia dónde se dirigían. Londres. De vuelta al punto de partida.

La morena explicó que eran las únicas supervivientes del vuelo Londres – Nueva York que se había estrellado casi dos meses atrás, sin dejar ninguna pista o rastro, y se mostraron más que comprensivos con ella. Sí, definitivamente se encargarían de que llegasen a Londres sanas y salvas, para poder continuar con sus vidas lo más pronto posible.

Después de una larga charla, Regina se dirigió hacia la enfermería para ver a Emma. Le habían dado medicinas y la rubia se encontraba mucho mejor, lo que hizo que no pudiera contener una sonrisa en cuanto la vio, lo que se sumaba a su alegría por haber salido, por fin, de aquel agujero dejado de la mano de dios.

- Me alegro de que estés mejor.

- Regina, estás aquí. – respondió Emma con otra sonrisa. – Me has salvado la vida.

La morena tragó en seco. No lo había pensado. En su mente, solo estaba haciendo lo que tenía que hacer. Lo que quería hacer. Nunca pensó en la magnitud de sus actos.

- Yo solo te ayudé a llegar aquí. Te han curado ellos.

- Oh, vamos, no seas modesta.

Ambas compartieron una sonrisa y una tierna mirada antes de volver al silencio absoluto. Habían pasado muchas cosas como para dejarlas atrás. Emma no quería que Regina siguiera molesta con ella, así que debía intentarlo.

- Regina, yo… yo sé que no has matado a nadie. No quería insinuarlo, yo solo…

- Emma…

- No, quiero hablarlo. No puedo soportar que me ignores más tiempo. Debemos aclararlo. Yo sé que no lo has hecho. Es más, puedes decirme cualquier cosa ahora, que me la creeré, aunque me digas que jamás te has sacado un moco y eso sea claramente mentira.

Regina rió. Emma nunca dejaría de ser Emma, y eso era precisamente lo que le gustaba de ella. Aunque ahora que volvían al mundo real, no estaba segura de cómo debían ser las cosas.

- Emma, yo…lamentablemente no puedo decirte eso. – suspiró la morena, agachando la cabeza. – No puedo decirte que no he matado a nadie. Pero no es lo que crees, yo… - suspiró, nerviosa – prefiero esperar a contártelo cuanto te recuperes del todo.

La rubia la miró, confusa, pero no había rastro de miedo o desconfianza en sus ojos. Era cierto que creía en ella, a pesar de lo que acababa de decir. Y sabía que esperaría a que se lo contara para poder tomar una decisión.

- Regina…quiero que sepas que confío en ti, ¿vale? – dijo acercando su mano a la de ella y apretándola sin mucha fuerza, en cuanto la morena la dejó. – Y que no era mi intención ofenderte…

- Lo sé. Yo solo…reaccioné. Pero no fue la mejor manera de hacerme hablar.

- Lo he podido comprobar. Perdóname.

Regina asintió, y sin darle tiempo para irse, Emma la agarró suavemente del brazo.

- Por favor. Nunca he sido más sincera. Lo siento mucho. Y…me gustaría que te quedaras.

De nuevo, dudó, mirando a Emma durante unos segundos. ¿Cómo de grave sería quedarse a hacerle compañía? Seguramente dejaría sus barreras caer de nuevo, y si volvía a hacerle daño no estaba segura de poder soportarlo. Quería volver a confiar en ella, y algo en su interior le decía que podía hacerlo, pero necesitaba pensar. Necesitaba un par de horas para sí misma.

- Está perdonada, Señorita Swan. – dijo con media sonrisa. – Pero no puedo quedarme.