Capítulo 12
Brighter Than Sunshine - Aqualung
I never understood before
I never knew what love was for
My heart was broke, my head was sore
What a feeling…
Cuando ella abrió los ojos, lo primero que vio fue a Dis sobrevolar en el cielo, distante. Y luego sintió el frío en todo su cuerpo, calarle hasta los huesos. Cayó entonces en la cuenta de que no estaba en el cuarto que Draco Malfoy le había proporcionado, ni en ninguna otra parte de la casa. Miró a un costado y pudo contemplar a Malfoy dormido, tranquilo y sereno, y justo a lado de él estaba su escoba. Al parecer no sentía el frío, porque a diferencia de Hermione, él no temblaba. Pero sus mejillas estaba completamente coloradas, y su pelo algo alborotado.
Tied up in ancient history
I didnt believe in destiny
I look up you're standing next to me
What a feeling…
- Será mejor que entremos – susurró, muy débil, a fin de no despertarlo.
Pero luego recordó un pequeño (o talvez gran) detalle: el despertador. Si se quedaban, Draco no gritaría como un verdadero loco cuando el aparato lo despertara; pero si entraban, no morirían de hipotermia (al menos Hermione). Volvió a temblar ella. Sin embargo, por más de una hora, Hermione Jane Granger no hizo más que observar a Draco Lucius Malfoy dormir. Le pareció extraño verlo así. Era la segunda vez que dormía a lado de Malfoy a una distancia ciertamente no muy grande: la primera, refugiados la noche previa a la última batalla con Voldemort, y que fue la última vez que lo vio hasta hace poco; y la segunda, ésta.
Y recordaba bien aquella noche no por el hecho de haber dormido con Malfoy, sino por haber sido la noche más larga de su vida; la noche en que no dejó de decirle a Harry mil indicaciones, mil cuidados, mil hechizos, mil cosas de todo, por si las cosas llegaran a salir mal, para seguridad de él, para que no le pasara nada, por si acaso. Así que cuando se fue a dormir a la habitación asignada, ni siquiera se fijó en su acompañante (porque usualmente nunca eran los mismos en las habitaciones; en la casa de Sirius Black entraban y salían todo el día). Sus compañeros de cuarto eran Seamus Finnigan, Luna Lovegood y Draco Malfoy. El cuarto era de dos camas. Luna fue la primera en dormirse, para no pensar más en su padre quien se hallaba secuestrado por mortífagos infiltrados en el Ministerio. Y después Malfoy, quien había entrado al cuarto con las fuerzas en el suelo, y se durmió en la otra cama. Cuando Finnigan entró, y vio ambas camas, decidió dormir junto a Luna, porque a Malfoy no lo tragaba ni tantito.
Ella no entró al cuarto hasta pasada la medianoche, y no se dio cuenta de que dormía con Malfoy hasta que por insomnio se volvió a levantar y vio que su acompañante hablaba dormido. Se acercó a verlo más de cerca, y con claridad distinguió el perfil tan delicado del rostro de Draco. No le entendió nada (y ni se apuró por entenderle). Se le quedó un rato viéndolo, porque al igual que en esta ocasión, le parecía sumamente extraño. Tantos años de odiarse, de ser enemigos, de insultarse y repudiarse hasta el cansancio, para que en menos de un mes toda es imagen que tenía de él se viniera abajo. Porque resultaba que su actitud no era más que el resultado de una farsa muy bien planeada por su madre y el mismísimo Dumbledore, porque odiaba a Voldemort tanto como había aparentado odiar a los sangresucia, porque era miembro de la Orden, porque nunca había tenido intenciones de matar a Dumbledore (y que tampoco Snape, y que encima de todo, Dumbledore nunca murió). Y la cosa no terminaba ahí: al igual que Draco, había muchos otros jóvenes slytherianos que se hallaban en la misma situación. De modo que con esta revelación, era difícil saber quien estaba en que bando, quien era aliado o quien era enemigo mortal, puesto que muchos eran los infiltrados en el Ministerio y espías en las casas. Pero la angustia y la zozobra de no saber la verdadera identidad e intenciones de las personas, pasó a segundo término aquellos últimos días previos a la última batalla, porque lo que realmente se temía era que Harry no lograra vencer y el costo humano de la batalla.
A diferencia de aquella vez, en ésta ya no había guerra de por medio, ni noches de insomnio (bueno, rara vez), y Voldemort estaba muerto. Y estaba recostada junto a él, separada tan solo por un mantel, porque se había quedado dormida tomando el té. La tranquilidad con que Malfoy dormía de algún modo la inquietaba. Le parecía alguien completamente diferente estando dormido. El ceño fruncido desaparecía, el semblante a la defensiva/ofensiva se borraba; lo único que quedaba en su rostro eran sus mejillas y sus ojos cerrados, volviendo su cara un tanto enternecedora. Dormido, Draco Lucius Malfoy era simplemente Draco.
What a feeling in my soul
Love burns brighter than sunshine
Brighter than sunshine…
Let the rain fall, i don't care
I'm yours and suddenly you're mine
Suddenly you're mine
And it's brighter than sunshine…
Ya no tenía ganas de entrar a la casa, aún a pesar del frío. La última imagen que había tenido de Malfoy (por mucho tiempo) era la de aquella noche, dormido en un mal sueño. Así que verlo tan sereno, le movía no sabía qué cosa en el pecho.
- ¿Quién soy yo para despertarlo? – dijo, en algún momento de sus pensamientos. Compuso su postura, y recargó brazos y cabeza sobre sus rodillas. Siguió divagando, volviendo a enfocar la mirada sobre el dragón.
Ella sabía que de Draco conocía muy poco, tanto o igual de lo que él conociera de ella. Desde el momento en que aceptó la propuesta y optó por quedarse algunos días más en esta casa, lo había hecho con el propósito de distraerse y olvidarse de Ron (ahora más que nunca). Pero de pronto, le había entrado la inquietud por saber más de su benefactor, aunque no fuera precisamente de su pasado. En un par de segundos, vio como Draco Lucius Malfoy pasaba de ser Malfoy a solamente Draco: acaba de decir su nombre sin darse cuenta realmente que lo decía, y lo decía por mero gusto y deleite propio sin realizar que algo más que letras gramaticales cambiaba dentro de ella. Y si había dicho su nombre fue por culpa del dragón.
- Dragón… Draco… ¿Cuál es la diferencia?... Por eso es su mascota – susurró de manera clara y sutil, para luego agregar – Por eso él se llama así – finalizó, desviando la mirada del animal, y dirigiéndola a cualquier otra cosa que llamara su atención. De todos modos, no tenía pensado llamarle por su nombre a menos que la ocasión lo ameritara realmente. Sonrió en sus adentros: pensar en Malfoy podía ser más agradable que pensar en Ron y su traición, o al menos era más sano. Luego vino a su mente la imagen de Theodore Nott; pensar en él también podía llegar a ser agradable.
Nott había sido el primero en conocer la canallada de Ron, en boca de la propia Hermione. También estaba al corriente del misterioso paradero de la mujer, cosa que a decir verdad no lo tenía muy conforme que digamos. Pero eso no era decisión de él, y tendría que sentarse a esperar que las cosas cambiaran. Theodore Nott y Hermione Jane Granger se habían hecho amigos en la guerra, después de que ella se enteró de que Nott era uno de tantos aventurados desalmados que habían aceptado convertirse en mortífagos a fines de obtener información útil para la Orden. De todas las trampas y métodos que se valió la Orden del Fénix para debilitar a Voldemort, ésta fue la única a la cual Hermione se oponía rotundamente. Era como enviarlos al matadero, solía decir cada vez que se tocaba ese tema por las noches. Pero Nott se pasaba la vida diciéndole que era divertido ser alguien que no era; aún así, Hermione nunca estuvo de acuerdo con él, ni con la Orden en ese aspecto. Pero ella no tenía de otra más que sentarse a esperar que las cosas cambiaran (o por lo menos, rogar porque Nott no muriera en el intento). Las únicas veces que pudieron verse en tiempos de guerra fue durante los enfrentamientos contra mortífagos, y en uno que otro acercamiento casual donde Hermione le curaba las heridas al muchacho, le decía recados de la Orden, y lo regañaba hasta el cansancio por lo que hacía. Nott jamás le objetó algo; siempre se quedaba quieto, oyéndola, divertido de la situación, agradecido por haber aceptado la misión de espionaje y poder haber recibido la confianza de Hermione a cambio (que superaba por mucho cualquier otra satisfacción que él pudiera conseguir en aquellas noches terribles). Pero Theodore Nott se había prohibido a sí mismo amar, por convicción propia y razones personales. De modo que la relación que llevaba con la muchacha castaña era lo más cercano al amor, sin ser necesariamente correspondido, después de su madre. Le bastaba con un par de sonrisas, y los regaños. Su amistad, al igual que con la de Harry y Draco, tan solo era sabida por Ginny y Blaise; y era un secreto aún después de la guerra, por que ya se les había vuelto costumbre tratarse así, al igual que con la de Harry y Draco.
Cuando Theodore Nott se volvió mortífago por encargo, nunca jamás pudo dejar de recordar el día de su iniciación cada vez que dormía. Fue ahí de donde adquirió uno de los tantos y desagradables hábitos de guerra: insomnio. Y no por miedo, sino por angustia. Pansy Parkinson siempre supo del secreto de Nott, aún antes de que él terminara por confesárselo en una noche en que, cansado por no poder dormir, paseaba por los escondrijos en donde se hallaban escondidos, y luego se topó con ella, quien lo abrazó fuertemente, como si tratara de tranquilizar la desesperación que sentía dentro. Nott no hizo más que mirarla intensamente a los ojos, luego de que se separaron: estaba completamente seguro de que nunca había hecho algún gesto que lo delatara, ni el más mínimo comentario. Pero Pansy ya lo había descubierto sabrá Merlín como, de eso Nott estaba muy seguro. Entonces, él no tuvo de otra más que contárselo todo.
Ella también era mortífaga, pero a diferencia de Nott, ella lo era por obligación y no estaba de ningún lado. Ella tenía su propia lucha interna, peleaba por su libertad, y llevaba a cabo su propia venganza. Con eso le bastaba para odiar a su madre, a Lucius Malfoy y a sí misma. Voldemort y su loca obsesión por asesinar a Harry Potter le importaban poco. Ella era la espía favorita de Voldemort: nadie lograba averiguar mejor que ella. Por eso se dio cuenta de la farsa de Nott casi inmediatamente pero, al igual que hizo con muchos otros, calló lo que descubría de ellos y en cambio, les favorecía y ponía en duda las convicciones de aquellos que de verdad seguían a Voldemort, ante ojos de él.
Theodore Nott se volvió entonces confidente de Pansy Parkinson, quien detrás de su máscara de mujer fría y calculadora, había alguien débil y frágil. Nott, al igual que con Hermione, jamás le dijo alguna palabra cuando ella hablaba. Solo se limitaba mirarla, y abrazarla cuando la ocasión lo ameritara. Él jamás le pidió guardar su secreto; siempre lo dejó a consideración de ella, pues decía que él nunca la obligaría a hacer algo en contra de su voluntad para beneficio propio. Y tal vez fue eso, o la confianza que le inspiraba el muchacho, o el deseo de venganza, la razón por la que nunca lo delató.
Fue así como Theodore Nott sobrevivió en los escondrijos de Voldemort la horrible existencia que ahí sucedía; sobrevivió al insomnio, a la soledad, a la vida de un mortífago: todo por Pansy Parkinson. La persona que cada vez que ocurría un enfrentamiento, hacía que él se despedazara la vida por hallarla con vida (a ella y a Hermione, aunque con ésta última tuviera que ser de un modo más disimulado).
I never saw it happening
I'd given up and given in
I just couldn't take the hurt again
What a feeling…
I didn't have the strength to fight
Suddenly you seemed so right
Me and you
What a feeling…
Siguió Granger divagando, entre todos sus recuerdos. Hablar de Nott era pensar inevitablemente en Pansy Parkinson y su desaparición. El mismo Theodore había pasado cerca de cinco años buscándola, pero sus intentos fueron en vano. Era como si se la hubiese tragado la tierra. Y Hermione se daba cuenta de la inmensa tristeza que esto le provocaba, pero nunca él se la demostró. Hermione suspiró, cansada y con los dedos entumecidos. Era cierto que ella jamás había tratado a Pansy Parkinson, fuera del protocolo que ella y otros niños de Slytherin vivían a fuerzas. Pero lo poco que Nott le había hablado de ella, era suficiente para cambiar la imagen que tuviese de ella. No podía sentir lástima, porque ella era la primera que odiaba eso de las personas: que le tuvieran lástima. Por eso se había casi encerrado en casa de Malfoy, por eso había decidido salir un tiempo del escenario: para que la gente no le tuviera lástima, el día en que llegara a salir a la luz la traición de Ron. Volvió a sonreír.
Definitivamente, tenían que entrar ya a la casa: estaba segura de que la temperatura iba a descender aún más, y que a ella moriría de frío. En eso estaba (en pensar como iba a meter a Malfoy a la casa, sin varita a la mano), cuando el alma casi se le iba al cielo por el susto: había olvidado técnicamente, que Malfoy estaba a un lado de ella…
What a feeling in my soul
Love burns brighter than sunshine
It's brighter than sunshine
Let the rain fall, I don't care
I'm yours and suddenly you're mine
Suddenly you're mine
It's brighter than the sun
It's brighter than the sun
It's brighter than the sun, sun, shine.
- ¿Estás despierta? – ella pegó un grito cuando oyó a Malfoy hablar así de la nada. Volteó, haciendo espavientos con las manos.
- ¡No vuelvas a hacer eso, Malfoy! ¡Me matas del susto! – el empezó a reír, a diferencia de Hermione, quien se limitó a mirar a otro lado – Y si, si estoy despierta tonto.
- ¿Entramos a la casa, o quieres estar aquí otro rato más?
- Así que estabas despierto – replicó, con un tono demasiado serio como para tomarse a broma. Él afirmó con un monosílabo – Llevo más de una hora pensando en como meterte a la casa, y mientras tanto, me muero de frío – Draco volvió a reír de nueva cuenta.
- Déjame enmendar el error, Granger – se levantó en un instante del pasto, y sin avisar ni pedir permiso, la tomó de la cintura y la cargó en sus hombros. Ella, como buena mujer, gritaría y le golpearía la espalda hasta el cansancio. Pero a él no le importó, y siguió caminando hasta el interior de la casa. Claro que él también estaba dormido; pero por alguna razón desconocida por él, le había dicho lo contrario. Ahora, ella estaba haciendo berrinche, mientras el reía a carcajadas.
Al entrar, se encontraron con la casa ligeramente iluminada. La llevó al despacho, que era el lugar que tenía la chimenea más grande en toda la casa, y era el más espacioso de todos los cuartos. A este punto, los dos ya iban muertos de risa, por que en una de esas al subir las escaleras casi caen por que ella no dejaba de moverse. La dejó en el sillón de un solo golpe, haciendo que ella perdiera una poco el sentido de orientación. Inmediatamente, comenzó a arreglarse el pelo, y acto seguido, le aventó un par de cojines, que él hábilmente esquivó.
- ¡Ya, basta! ¡Me rindo mujer, me rindo! – exclamó entre risas, prendiendo la chimenea con su varita – ¡Terminarás por destruir mi casa con esos cojines! – y ante tal insinuación de mala puntería, Hermione optó por aventarle cuanto cojín viera a la mano: claro, todos los esquivó a excepción del último, que lo tiró al suelo. Lo peor del caso, fue que él no se levantó, sino que permaneció ahí. Ella, horrorizada, se acercó de rodillas hasta él, llamándolo.
- Malfoy… Malfoy, ¿me oyes? ¡Malfoy! – decía algo nerviosa; de repente, él abrió los ojos, y la tomó por sorpresa, aventándola al piso. Ella hizo todo por no dejarse, pero él le hacía cosquillas para que dejara de golpearlo. Sin esperárselo, quedaron frente a frente, él sobre de ella, sosteniéndose en sus brazos mientras que ella permanecía en el suelo, con la respiración igual de agitada que la de él. Pasaron unos segundos, y estallaron nuevamente en risas, él haciéndose a un lado, y ella componiendo la postura.
Love will remain a mystery
But give me your hand and you will see
Your heart is keeping time with me
- He ganado – dijo ella, una vez que hubo recuperado el aire, con una sonrisa triunfal. Malfoy volteó a verla, alzando una ceja.
- ¿Ganarme? Claro que no – respondió, sonriendo, mirándola inquisidoramente.
- Claro que si, Malfoy. Te tumbé con el cojín – dijo, expectante.
- Me diste porque me dejé; de lo contrario, no me hubieses dejado en paz. Mi casa estaría destrozada – aseveró, haciendo que ella lo mirara con recelo.
- Claro que no: el punto era pegarte, y te pegué. Así que gané; y ya – finalizó, satisfecha, sonriendo vanidosamente, cosa que se la antojo a Draco increíblemente sugestivo. Pero entonces se reprendió a sí mismo, por pensar semejante cosa de ella. Para disimular su embobamiento, empezó a reír, tomando asiento en uno de los sillones próximos.
- Esta bien; tú ganas, Granger – ella lo imitó, y se sentó frente a él.
- Ahora que lo recuerdo, ¿hay algún lugar de tu enorme casa que puedas prestarme para experimentar? – él la vio extrañado – No ese tipo de experimentos, Malfoy – replicó ella, a juzgar por como la miraba – Con experimento me refiero a… ¿Cómo decirlo?... Pues… A hacer una vista previa de nuestro evento. Una vez que quede satisfecha con el arreglo, podré dirigir el catering.
- Puedes usar cualquier cuarto del tercer piso, o el comedor si quieres: es más grande – ella lo pensó un poco.
- ¿Y…? – iba a preguntar algo, pero luego se calló; se le había ocurrido algo – No, nada – dijo, para luego sonreír de nuevo – Bien, usaré el comedor.
- ¿Necesitas algo en especial?
- No en realidad; con mi varita y Amelia será más que suficiente. De todo lo demás yo me encargo.
- ¿Amelia?
- Es que a veces me da la impresión de que me adivina el pensamiento – explicó, algo contrariada – Además, me inspira mucha confianza. Y nadie puede preparar un té tan delicioso sin tener un buen gusto en todas las cosas.
- Si, a mi también me da esa impresión – concordó con ella.
- Bien, Malfoy. Me retiro a dormir. Mañana tengo que levantarme muy temprano; tengo muchas cosas que hacer – se levantó de su asiento; Malfoy la imitó, por mera educación de caballero. Una breve despedida, y ella salió del despacho. Ya sabía como llegar a su cuarto: Amelia le había enseñado todas las formas posibles de llegar a él (por aquello de que la casa era muy grande).
Malfoy por su parte, permaneció otro rato más ahí en el despacho, bebiendo una copa de whisky de fuego. Al parecer Hermione no había notado como se sentía: cuando quedaron frente a frente, esos míseros segundos, él estaba seguro de que algo dentro de él había cambiado…
- Seguramente será el nombre… Hermione – dijo, viendo las llamas chispear en la chimenea; en realidad, no se daba cuenta de que algo más que el nombre había cambiado dentro de él.
What a feeling in my soul
Love burns brighter than sunshine
It's brighter than sunshine
Let the rain fall, I don't care
I'm yours and suddenly you're mine
Suddenly you're mine…
I got a feeling in my soul ...
