DISCLAIMER: Los personajes de Yu-Gi-Oh! No me pertenecen son propiedad de sus respectivos creadores.
Tormentosa Manipulación
Chapter 12
By Kinyoubi
Seto estaba seguro que de haber podido, no hubiera dudado en ofrecerse a estar en el lugar de Joey. Se sentía terriblemente mal al ser un mero observador de la escena que ahí se daba lugar, de hecho, no recordaba haber experimentado en su vida una impotencia tan asfixiante e insoportable.
Para Seto era sumamente difícil ver a su cachorro en aquel estado. Sentía como si algo le estrujara el corazón cada vez que fijaba sus ojos en el cuerpo recostado en aquella fría cama de hospital. Joey tenía la cabeza envuelta en un ajustado vendaje, en algunas partes, se podían ver pequeñas manchas de sangre. Su rostro estaba pálido, y gruesas líneas negras se marcaban por debajo de sus ojos. La bata blanca con la que estaba vestido y los cables y aparatos a su alrededor no ayudaban a mejorar su imagen.
Todo había empeorado cuando Joey había comenzado a inquietarse. Las enfermeras llegaron presurosas a aplicarle algunos medicamentos en la intravenosa que tenia conectada, pero el estado del rubio parecía muy alterado. Seto trató de llamarlo un par de veces para tranquilizarle, pero parecía que no reconocía su voz, incluso mantuvo sus castaños ojos fuertemente cerrados todo el tiempo. Entonces le habían pedido que saliera del cuarto, y como venía haciendo desde varias horas atrás, lo único que pudo hacer fue quedarse fuera esperando.
Cuando el rubio había comenzado a salir de la inconciencia, al irse agotando los efectos de la anestesia, Seto estaba ahí junto a su cama. Lo habían trasladado de nuevo a su cuarto, al haber resultado la operación satisfactoria. Habían extirpado el tumor por completo y salvo algunos cuidados postoperatorios para evitar su regeneración, no había mayores tratamientos. El cirujano encargado de atender al rubio le había dicho a Kaiba todos los detalles apenas la larga intervención hubo terminado. Aunque Seto experimentó una enorme sensación de alivio en ese instante no podía decir que ahora estuviese completamente tranquilo. La situación no estaba resuelta aun, apenas si habían superado un obstáculo que no había sido contemplado desde el inicio. Además quedaba ver como reaccionaba el rubio al despertar, y que tan graves eran las secuelas que pudiesen haberle quedado.
Mokuba había llegado hacía apenas unos minutos al hospital, al preguntarle a una enfermera que encontrara en el pasillo por el estado de Joey Wheeler, la mujer le había informado que se encontraba ya en una habitación y que podía pasar a verlo, advirtiéndole antes de retirarse que ya alguien más se encontraba acompañando al paciente.
- Seto – murmuró Mokuba, viendo a la enfermera seguir su camino por el blanco pasillo. Su ceño se frunció ligeramente, no iba a permitir que ese detalle estropeara su determinación. Le había tomado mucho tiempo llegar a reunir la fuerza necesaria para hacer lo que pensaba llevar acabo en ese mismo momento, y no se retractaría, no ahora – Esto es por ti Joey, por todo el daño que te he hecho.
Con decisión, emprendió su paso hacía la habitación a la que habían asignado a Joey, poco le importaba que su hermano mayor estuviese ahí, había pasado largas horas devanándose el pensamiento para llegar a aquella resolución, así que olvidándose de todo lo demás siguió caminando, con la mirada fija en su objetivo.
Acariciaba la cabeza de Joey suavemente sobre las vendas, las enfermeras se habían retirado hacia bastante. Sentado en una silla puesta junto a la cama del enfermo, Seto esperaba pacientemente a que Joey despertara. Quería hablar con él, escuchar su voz, ver sus ojos y mirar en ellos un poco de vida. Necesitaba de todo aquello para obtener más fuerza, porque toda su determinación y estoicismo característicos se habían resquebrajado, necesitaba que Joey le recordara que tenía que ser fuerte, y seguir enfrentando cuanto hubiera que afrontar.
Lo único que podía hacer era observar la pálida piel, recorrer centímetro a centímetro la extensión de aquel cuerpo que reflejaba el mal rato que estaba pasando, y aquello no ayudaba a su decaído ánimo. Se esforzaba en rememorar aquellos momentos de felicidad junto a su cachorro, pero al hacerlo recordaba que en toda la exactitud de la palabra, ellos nunca habían sido felices.
Tal vez Joey se conformase con aquellos momentos en los que pasaban juntos sin peleas, disfrutándose, amándose. Pero siempre estaba presente la sombra de saber que todo era momentáneo, que en menos de lo que le gustaría ahí estaría de nuevo el Seto huraño de siempre, atacándolo e insultándolo. Seto no se imaginaba como era que el rubio, estando enamorado de él, había podido soportar todo aquello. Después, en su reencuentro en Japón, reanudando su relación a escondidas de su hermano, las cosas no habían ido mejor. Si bien ambos se demostraban su amor abiertamente, no podían estar tranquilos al saber lo que le ocultaban a Mokuba.
Pensar todo aquello empeoraba su situación. La verdad era que Joey había estado mucho mejor antes de que Seto Kaiba entrara en su vida. Tenía amigos inseparables, si bien no una familia muy amorosa, una hermana a la que adoraba, sueños, ilusiones. ¿Qué había pasado desde que el entrara a la vida del rubio? Sólo disgustos, discusiones, peleas. Hasta había sido el culpable de la separación de Joey de sus amigos, de su familia.
Seto se atormentaba a sí mismo, cuando notó un ligero movimiento bajo su mano. Los parpados de Joey parecían luchar por abrirse. Leves murmullos se dejaban escuchar de su boca. Unos segundos bastaron para que el rubio abriera los ojos, su mirada estaba desorientada, opaca. A Seto la espera le pareció eterna.
- Joey – Seto habló, entrecortada y tan suavemente que le pareció aquella voz no era la suya.
Los ojos claros buscaron la fuente del sonido, un ligero brillo pareció llenar aquellas cuencas ensombrecidas por la confusión. Lo que pareció ser un gruñido salió de entre los labios resecos.
- Tranquilo Joey, todo esta bien – Seto buscó su mano y la tomó con firmeza, quería transmitirle seguridad a su cachorro, que parecía estar muy desconcertado y temeroso.
Se sentía mejor, y eso definitivamente era una novedad. No sabía cuanto tiempo había transcurrido y a decir verdad tampoco estaba del todo seguro de que hacia ahí, recostado en aquella cama, semidesnudo y rodeado de molestos aparatos.
Le dolía la cabeza, aunque definitivamente el constante zumbido que sentía, no se comparaba con los pinchazos de los que había sido presa antes en un par de ocasiones, razón por la cual había sido intervenido por alguna enfermera y puesto a dormir con un potente calmante.
Recordaba vagamente el rostro de Seto al despertar, a su lado, llamándolo con una voz tan dulce que precisamente era eso lo que le hacía dudar de la veracidad de aquel recuerdo. Su Seto, llamándolo dulcemente, eso si era de pensarse y de llegar a la conclusión además, de que debía estar muy enfermo para obtener aquellos tratos del frío castaño, y bueno, después de todo, estaba en un hospital.
Lamentablemente no había tenido oportunidad de hablar con el mayor de los Kaiba, apenas abría los ojos en anteriores ocasiones, y un malestar general lo agobiaba, impidiéndole abrir siquiera la boca lo suficiente para articular alguna palabra. Esta vez sin embargo, era diferente. Menos de cinco minutos antes, una enfermera había ido a revisar los signos vitales del rubio, y este había podido expresar algunas frases, no del todo coherentes al principio, pero al paso se volvían mas acertadas, obteniendo unas cuantas respuestas orientadoras de parte de la madura mujer de uniforme.
Ahora se encontraba esperando a Seto, recostado en su cama, sabía por informes de la mujer que no debería estar muy lejos de ahí, y que había permanecido junto a él la mayor parte del tiempo. También había mencionado unas cuantas cosas de Mokuba, lo cual le causaba un extraño sentimiento, pues era conciente de que aún le tocaba enfrentar momentos desagradables, no sabía que hacer, y preferiría no pensar en aquello pero comprendía que el bloquear aquella idea no le serviría por mucho tiempo. Pedía encarecidamente a quien quisiera escucharlo allá arriba, que el primero en ir a visitarlo fuera el mayor de los Kaiba, el era un genio y sabría como resolver aquello, al menos mejor que el pobre desorientado y convaleciente rubio.
Además, estaba ansioso por verlo y escuchar nuevamente esa voz aterciopelada, no podía negarlo.
Un leve sonido lo saco de su ensimismamiento, al levantar la mirada, sus ojos se toparon con una mirada azul, asombrosamente cálida, aunque a simple vista agotada. Seto entraba por la puerta de la habitación calmadamente, y la sorpresa fue notoria en su rostro al ver los ojos de Joey abiertos y mirándolo fijamente.
- ¿Hace cuanto estas despierto? – preguntó quedamente el castaño, acercándose a la cama donde reposaba el otro.
- No mucho – respondió con voz rasposa el rubio, aun no estaba del todo repuesto, y los estragos de todo aquello aun eran palpables en su cuerpo.
Seto se sentó en la silla puesta al lado del lecho del rubio, había un sentimiento incomodo recorriéndolo de pies a cabeza, y no sabía como describirlo, de más esta decir que el que le pasara aquello, estando cerca de Joey no era para nada una novedad, al paso de los años se había terminado por acostumbrar, pero por ello no dejaba de resultar incomodo.
Joey por su parte estaba mirando fijamente los movimientos del castaño, se encontraba aturdido, más allá del estupor producido por los medicamentos aun presentes en su cuerpo, estaba a la espera de alguna reacción por parte del otro, algo más... ¿cálido?
¡Demonios! El tonto de Wheeler y sus expectativas, como siempre estaba esperando algo de Kaiba que al otro le costaba horrores, pero... ¿aún ahora?
Se encontraba sumido en sus pensamientos autocompasivos cuando sintió el roce tibio de unos dedos sobre su mano, bajó su vista hasta posarla sobre la cama, donde su mano se encontraba siendo atrapada por la de Seto, pausadamente, en un movimiento tan lento como si el otro temiera hacerle daño.
- Yo... yo – con la vista baja tragó saliva, el gran CEO de una de las más importantes compañías del planeta no sabía que decir. Más bien, tenía las palabras revueltas en su mente, era tanto lo que deseaba transmitirle que simplemente no era capaz de expresarlo.
- Se-to
Quedamente el rubio murmuró aquel nombre, el dueño lo miró por fin con aquellos ojos brillantes y de pupilas dilatadas, como un niño asustado, temeroso de lo que podría pasar en cualquier instante. Entonces lo dejó escapar, en un suspiro roto...
- Te amo
Y fue todo lo que pudo decir, sus ojos se cerraron dejando correr por sus mejillas un sendero de lágrimas saladas. A Joey no le pudo latir el corazón más fuerte porque de haber sido así, se hubiera roto. Un sopor cálido le inundo el cuerpo y de sus labios dejaron libre el aire retenido.
Mokuba estaba parado tras la puerta de la habitación de Joey, su hermano había entrado primero a revisar el estado del rubio, quien hasta el momento permanecía inconsciente. Escuchó los murmullos de Seto al entrar, así que supuso el rubio estaba por fin consciente, y aunque su primer impulso fue correr a verlo y abrazarlo desesperadamente, con una gran fuerza y determinación obtenida después de largas meditaciones durante los últimos dos días, había logrado contenerse, apretó los puños y respiró profundo. No podía retractarse, no ahora que estaba tan cerca.
Un escalofrío le recorrió la espalda, empezaba a sentir una opresión quemante en el pecho, pero debía hacerlo antes de arrepentirse, así que juntando valor tomó el picaporte de la puerta y lo hizo girar.
Dentro la escena no era alentadora, al menos no para el menor de los Kaiba, Seto estaba pasando su mano sobre su rostro, parecía agobiado. Joey por su parte se limitaba a mirarlo profundamente, con una expresión que Mokuba prefirió no interpretar.
- Joey – con el llamado ambos jóvenes giraron su vista
- Mo-Mokuba – el nombre se le escapó al rubio como si fuera una frase que llevaba tiempo olvidada, y que de pronto había vuelto a su mente.
- En verdad, tenemos que hablar – Mokuba habló, en un tono pausado pero firme.
- No creo que este sea el mejor momento
Kaiba se levantó de la silla donde había permanecido, y enfrentó su mirada con la de su hermano menor, como si momentos antes nada fuera de lo común hubiera sucedido.
- Pues a mí me parece que si lo es, y hablo muy en serio Seto – el pelinegro mantuvo fija la mirada en las orbes del otro, fue profunda y sincera, tanto que Seto comprendió y caminó fuera de la habitación sin decir palabra.
- No – se apresuró a decir – Quédate aquí hermano – murmuró por lo bajo.
Pero Seto lo escuchó a tiempo, volteó su vista y con el ceño fruncido en clara seña de confusión, permaneció inmóvil esperando una aclaración de aquello.
- Lo que voy a decir, les interesa a ambos.
Joey permanecía impávido, sus ojos bien abiertos mostraban su turbación ante aquello, no esperaba nada bueno y su corazón parecía querer salirse del pecho, más no podía articular palabra alguna.
- Yo se que he causado mucho daño, y lo lamento – La frase había comenzado fuerte y clara, pero al acercarse al final se había visto envuelta por un tinte de ansiedad y tristeza.
- Pero que – Seto no sabía que pensar de aquello que escuchaba.
- Déjame continuar Seto – interrumpió abruptamente el menor – Yo no sabía que hacer, estaba confundido, dolido... Joey estaba ahí, tan humano, tan comprensivo... tan cerca
Joey permanecía atento, pero no entendía aquello que murmuraba el menor de los hermanos, ¿Qué estaba sucediendo? ¿De cuanto se había perdido?
- Yo... ya no quiero hacerte sufrir más Joey – con determinación en la voz y en la mirada Mokuba continuó con su discurso – es por ello que en contra de todo lo que pudiese desear o sentir, tengo que hacer lo que sé que es mejor para ti...
- Mokuba por favor no hagas esto... no ahora – Seto con un dejo de impaciencia que luchó con brío para ganar la batalla ante una voz cargada de curiosidad y si, quizá un poco de esperanza, trató no sin esfuerzo de tranquilizar a su hermano, no quería que las cosas se complicaran más en el estado actual de Joey.
Sin embargo el chico de cabellos obscuros no pensaba bacilar en su determinación, si bien le estaba costando mantener la voz firme, sabía que si no lo hacía ahora todo su arrojo iba a terminar yéndose por el caño.
- Estoy decidido Joey y se que entenderás que hago esto porque te quiero – la mirada nublada de Mokuba se posó sobre la brillante y expectante del de cabellos rubios – me voy a quitar de en medio, en donde nunca debí haber estado...
La frase final fue dicha como un susurro apenas audible, pero en aquel silencio tan incomodo era imposible no oírlo con claridad.
- ¿Què...? Mokuba que dem...
- ¡Eso es todo Joey! Me marcho, yo... ya no puedo estar más tiempo aquí
Con las últimas palabras dichas por el moreno Seto salió de su estupor repentino al escuchar el súbito impulso de su hermano por arreglar aquel embrollo, pero lejos de sentirse aliviado o feliz por la idea de dejar de pelear en una batalla sin verdaderos ganadores, un sentimiento de desasosiego lo invadió de pronto. ¿Su hermano tenía que sacrificarse por su felicidad? ¿Desde cuando los papeles se habían invertido de aquella manera? ¿Es que acaso todo el sufrimiento que Moki había experimentado esos años lejos de casa no era suficiente?.
Él no podía permitir que su hermanito se viera nuevamente en peligro de recaer ante una pérdida tan dolorosa como la que debía ser aquella.
¡No podía!
- Basta Mokuba – la voz firme del Kaiba resonó entre las paredes de la habitación. El moreno que había empezado a caminar hacia la puerta, giró su cuerpo para encarar la figura altiva del mayor.
- Soy yo el que se retira de esta absurda situación – con la frase que dejó escapar el castaño, los ojos de los otros ocupantes de aquel espacio se abrieron con asombro. Sin mirar al chico de cabellos rubios que contenía la respiración, Seto avanzó con paso firme hacia la figura de su hermano.
- Si alguien merece seguir a su lado... eres tú – los ojos azul profundo se fijaron en los oscuros del otro, aunque la mirada era segura se podía apreciar un dejo de dolor en ella – yo no he hecho más que hacerlos sufrir todo este tiempo, a ambos, de alguna u otra manera me he empeñado en no dejar que sean felices.
- ¡Eso no es verdad! Si, conocemos tu carácter frío, pero nosotros somos quizás las únicas personas que saben que ese no es el autentico Seto Kaiba – dijo Mokuba con total certeza de sus palabras – Es por eso que acepto lo que es tan obvio, que tu y él...
- ¡Basta!
Las miradas confundidas de los hermanos voltearon a ver a quien hasta aquel momento parecía haber desaparecido de la habitación. El rubio con su ceño fruncido y una expresión de profunda incomodidad y enfado mantenía sus ojos cerrados apretando las sabanas a su alrededor, había conseguido, gracias a las fuerzas que escuchar aquella discusión le daba, incorporarse ligeramente de su posición en la cama.
La verdad es que estaba furioso, ¿cómo se atrevían esos dos idiotas a decir aquello? No eran mas que unos egoístas al pensar en ellos y en su propio bienestar, en su podrida conciencia que no los dejaba estar en paz por haberle hecho tanto daño, porque era eso lo que los malditos Kaiba habían hecho en su vida, destrozos y heridas que no sanaban por más que el se empeñara en curarlas.
Ahora con total desfachatez se atrevían a desfilar frente a él, tratando de ser los héroes del drama en el que se había convertido su vida, queriendo parecer valientes, sacrificándose por su felicidad.
¡Imbeciles! ¡Egoístas!
Y eso no era ni la mitad de lo que Joey deseaba gritarles a la cara, escupirles de frente como si eso le causara un alivio a esa terrible sensación de desasosiego que paseaba burlona por todo su cuerpo. Se sentía morir, más allá del dolor de la reciente operación y el embotamiento de su cuerpo, se sentía perplejo, incrédulo de que tantas situaciones irónicas pudiesen presentársele a un sólo hombre en tan poco tiempo.
Quería arrancarse del cuerpo todos aquellos aparatejos que lo mantenían estable, quería pararse de esa horrible cama y salir corriendo hasta que no pudiese más, gritar y sacarse todo aquello que lo hacía sentir tan mal. Quería que fuera posible que con un grito ahogado, profundo, que saliera de lo mas profundo de su ser, pudiera regresarle a los Kaiba toda ese dolor del que era presa.
¿Por qué? ¡Por qué!
¿Había sido tan malo como para merecerse aquello?
Sabía que había cometido errores, muchos en su vida, pero nunca imaginó que el destino se ensañara tanto con él haciéndoselos pagar de aquella manera.
¡Estaba harto! Cansado...
Ya no podía más, quería cerrar los ojos para hacer de cuenta que nada de aquello estaba pasando, golpearse la cabeza tan fuerte que no fuera capaz de recordar nada que le hiciera daño... quería arrancarse el corazón, apuñalarlo para que dejara de experimentar cualquier sentimiento dirigido hacia esos dos.
Pero de pronto un dejo de sensatez invadió su mente, entre el embrollo de pensamientos y emociones diversas, una resurgió como si se tratase de una barca salvavidas en un naufragio. Y como si hubiese sido iluminado por algún ser que aún quería ayudarlo en alguna parte, la resolución llegó a él como nunca antes, con una seguridad y tranquilidad que hizo temblar a los dos altos sujetos delante suyo, al escuchar sus palabras.
- Quiero que los dos salgan de mi vida
Continuará...
N/A: Si, bien... con esto se podrán dar cuenta de que sigo viva, y esta vez dispuesta al 100 por ciento a terminar esta historia (no podré vivir tranquila hasta que lo haga).
Mis más fervientes agradecimientos a todas esas personas que siguieron pendientes de esto, es por ustedes que estoy aquí ahora!.
