Es una idea alterna a la saga de Macross conocida; he agregado detalles, personajes y otros de acuerdo a las necesidades de la historia.
ADVERTENCIA: CAPITULO NO APTO PARA MENORES DE EDAD.
SDF-2; Perdidos en el Tiempo
Historia basada en "Robotech-Macross"
Capítulo 12
Las estrellas fueron tomando forma como puntos estables en el espacio al salir de la transposición; la estación espacial Libertad se veía como un diminuto pedazo de metal a la distancia.
Lisa echó fuera un profundo suspiro.
—Y estamos de regreso—murmuró.
El oficial a su lado asintió, paseando su vista en aquella tripulación de doce personas que controlaban las lecturas brillantes en sus pantallas frente a ellos, entendiéndolas con ojos expertos, tranquilos, porque todo había sido un éxito.
Un tripulante de turno se volvió a sus superiores, demostrando cierta alegría en su rostro.
—La última nave de la flota ha salido de la transposición—informó.
—Y estamos recibiendo comunicación de la estación —dijo en tanto el controlador de turno, quien, se ocupara de poner al general Brown en la pantalla principal.
—Almirante Hayes—dijo el serio hombre — nos alegra tenerlos de vuelta. Sean bienvenidos.
—Gracias, general. A nosotros también nos alegra estar de regreso.
—Sepa usted almirante, que tendrá un vehículo esperándole a su arribo, por supuesto, si no se encuentra muy cansada como para permitir una corta charla.
—No hay problemas, general.
—Excelente—asintió conforme—La estaré esperando.
Una vez que él desapareció de la pantalla, el primer oficial miró extrañado a Lisa.
—Con todo respeto, ¿fue cosa mía o él parecía de muy buen humor?
Lisa se permitió sonreír.
—No es cosa suya, también lo percibí.
—Eso sí que es raro.
—Habrá de tener sus razones—giró sobre sus talones, pero antes de iniciar la marcha, dijo: — Usted continúa al mando.
A su salida del puente, advirtió que Jack le estaba esperando más allá.
—Justo deseaba verte—pensó avanzando con pasos firmes hasta él.
Jack se encontraba con la espalda recargada en la pared al lado del elevador, y al tenerla a dos pasos, pulsó el botón para abrir la puerta.
Ninguno de los dos emitió palabras hasta estar dentro de la caja metálica.
—He sabido que andas causando problemas—murmuró Lisa entonces, sin que su voz sonara a reproche.
—Qué rápido corren los chismes en esta nave.
—No sabes cuánto—miró a Jack— ¿Hasta cuándo vas a comportarte como debes?
—Ah, esto es serio—emitió el piloto, en tanto su mano detenía el avance del elevador — ¿Y qué medidas vas a tomar al respecto?
—Pulsa ese botón, piloto—Jack simplemente negó con la cabeza—Estoy apurada Jack, necesito estar en la bahía de descenso para cuando esta nave se acople a la estación.
—Estoy aburrido Elizabeth, estoy harto de ese escuadrón de pendejos—se quejó—No es mi problema que ellos se exalten conmigo, y no estoy dispuesto a lidiar con una manada de culicagados que se creen pilotos.
Lisa rió.
—Tu problema es que estabas acostumbrado a la gente como tú, mercenarios o pilotos demasiado rudos y difíciles—se puso seria en un instante—Despierta Jack, debes acostumbrarte a ellos de una buena vez.
—Es nada más que una prueba tuya, ¿verdad? —Lisa mostró una expresión de haber sido descubierta—Entonces lo es, y mi pregunta es: ¿qué pretendes? Pues yo no voy a cambiar mi forma de ser o de pensar, mucho menos amoldarme a ellos.
—No fue una prueba para ti—estirando su mano, reinició la marcha, y le miró a la cara—Es para ellos, Jack.
—No entiendo.
—No tienes que entender nada —replicó relajadamente.
—Elizabeth—negó con la cabeza— últimamente no sé en qué estás pensando.
— ¿Y crees que antes si lo sabías? —Preguntó divertida—Yo pienso que nunca has sabido bien qué pienso o qué pretendo.
El destino fue señalado con el singular sonido. Las puertas se abrieron y ella salió. Jack por su parte se había quedado perplejo, y apenas pudo reaccionar antes de que las puertas se cerraran nuevamente. La alcanzó a grandes zancadas y ella se detuvo a verle de frente.
—Me resulta muy particular verte actuando de esta manera—sonrió—pienso que estás cansado porque te noto un poco… ¿aturdido? —Jack soltó un bufido. — ¿Dónde está el hombre seguro y autosuficiente?… ¿dónde está ese ex mercenario porque no lo he visto hace tiempo? Te estás ablandando, Jack. —continuó su camino.
—Sólo soy blando contigo, preciosa. —le siguió, una vez más.
— ¿Y entonces qué fue ese silencio que mostraste hoy ante las palabras de la mayor Sterling? Sinceramente pensé que responderías, pero me sorprendiste, te quedaste callado, y te juro que quise reírme, pero una almirante no podía en frente de todos sus subordinados.
—Parece que hoy te despertaste graciosa, pero me gusta esa parte tuya, te ves más hermosa aún.
—Gracias por el cumplido.
—Entonces, ¿comemos juntos hoy?
Lisa le miró de reojo.
—Lo siento, hoy no puedo, iré a dormir tras mi junta con el general Brown. —Jack bufó de nuevo, deteniéndose —Nos veremos en otra ocasión, mayor Archer.
—Cuando quieras.
Tras cruzar a la estación, Lisa olió el aire que se respiraba allí y se dio un momento para ver detenidamente los movimientos de los equipos técnicos en la zona. Pensó que todo era igual donde sea que fuera. Lamentablemente así eran las cosas, y por más que se quisiera en ese instante un escenario distinto, más tranquilo y agradable a la vista que un lugar donde casi nunca existía parálisis de actividades, tenía que conformarse con la monótona rutina y su realidad estrecha. Esto era lo que ciertamente le estaba inquietando durante la transposición, ya que por un momento- cuando su primer oficial mención de una supuesta casa- pensó en la tierra y en cuánto le agradaría retornar allí, como una ilusión provisoria que quedaba desterrada totalmente de su mente y anhelos.
Desde la distancia Ethan la observó en todo momento sin tener el valor para acercarse y saludarla. Él se sentía estremecido por su presencia, aterrorizado por su belleza acrecentada con la distancia y el tiempo.
Él vaciló tanto en su decisión que, finalmente ella se le escapó cuando se subió al vehículo que le esperaba. Su cara se convirtió en la viva expresión de frustración, la tenía roja cuando una loca prácticamente lo tira al piso cuando se lanzó a abrazarlo, sorprendiéndolo completamente.
Más molesto que antes, encaró a Dana.
— ¡Oh, rayos Ethan! —exclamó la rubia echándose a reír—Pareciera que quisieras asesinarme en vez de darme la bienvenida.
Tras ella, Marie Phillips se detuvo recargando sus manos en las caderas.
— ¿Así es como se recibe a los amigos, Capitán Hunter? —cuestionó.
—Oh, no, claro que no—dijo al tiempo que se irguió saludando formalmente, pero Dana, atrayéndole hacía sí con un brazo, le hizo perder la postura.
—No tienes que ser tan formal con ella.
—Mayor Sterling—gruñó Marie instantáneamente. —A mí me gustan las formalidades. —se acercó más, viendo a un Ethan liberado de las garras de Dana —El paso de los años te ha hecho bien, ¿cuánto hace que no nos hemos visto?
—Ocho largos años—la estrechó en un abrazo, en tanto un grito se dejaba oír.
— ¡Oye tú, suelta a mi mujer!
—Ya tenía que salir el macho celoso—bufó Dana, moviendo la cabeza negativamente.
Ethan y Marie se distanciaron.
—No pienso quitártela.
—Nunca me he creído ese cuento, Hunter—correspondió a la mano que se estiró hacia él, ejerciendo fuerza. Se miraron directo a los ojos, como desafiándose, hasta que el fingido enojo de Sean se tradujo en una expresión afable —Gusto en verte de nuevo, Ethan.
—Lo mismo digo, Sean.
En escasos segundos se unía a ellos Ángelo Dante, seguido por una Neela que apareció con un rostro ansioso de saludar a su hermano; ella repartió abrazos a los que aún no había visto, dejando para último a Ethan. Su abrazo fue excesivamente estrecho y prolongado, que provocó la burla de algunos.
—Parece que no se hubieran visto en años. —citó Dana.
—Lo mismo pienso—agregó Sean, abrazándose a su esposa.
—Ya déjalos, son hermanos. —intervino Marie.
—Aunque lo sean, ese amor que se demuestran es excesivo.
Neela posó su mirada en el último que había hablado, sin intensiones de soltarse del brazo de Ethan.
— ¿Tan malo le parece, señor Dante?
—Déjalo Neela, lo dice un hombre frustrado y amargado—Marie recibió una fea mirada de Ángelo, mientras Dana comenzaba a reír nuevamente—Pero si es cierto, estás amargado.
—Definitivamente—apoyó Dana, aun riendo.
—Le falta el cariño de una mujer—Dijo Sean, estrechando más a su esposa contra sí, y la miró—Pero no encontrarás a alguien como esta que tengo aquí.
Dana rogó paciencia el cielo, en tanto decía:
—Esto sí que es excesivo.
—Tal vez—señaló Ethan, echándose a reír como los demás, incluyendo al mismísimo Ángelo.
Al poco rato el grupo se dividió cuando los hermanos Hunter tomaron su propio camino; estos sin duda tenían que hablar de los sucesos de cada quién en el tiempo de separación, instancia que Neela aprovecharía para tantear el terreno.
Lisa en ese momento participaba de una amena charla con Marcus Brown y el doctor Smith, quién le diera una cordial bienvenida. Lo que se habló en esa corta reunión fue poco y nada referido a los asuntos oficiales. Marcus consideró que Lisa no estaba en plenas condiciones de lucidez producto del cansancio de la transposición, por tanto, aparte se señalar algunos temas a grandes rasgos, propuso una fecha y hora para efectuar una nueva reunión que se auguraba extensa.
Y como Lisa había dicho a Jack, regresó a su habitación para descansar, mientras los recursos técnicos y humanos comenzaban su labor en el aprisionamiento y revisión de los cruceros que se recién estacionados.
Los días que vendría serían intensos para todos en pos de ajustar todos los detalles concernientes a la nueva misión. Lisa particularmente se pasó gran parte de su tiempo en juntas con Brown y los comandantes de la flota, perdida para el resto, sobre todo para Ethan, que no logró verla por más que quiso propiciar un encuentro.
Él, a cinco días del retorno de la treceava flota, comenzó a preguntarse si en realidad encontraría una forma de deshacerse de sus sentimientos hacía esa mujer que una vez más le quitó el sueño. Ella con su tan sola presencia había derrumbado todo ese avance en el poder de sus sentimientos que en casi tres meses mantuvo reprimidos, creyendo que la había olvidado cuando la realidad le gritaba lo contrario.
Sentía que seguía amándola más y más, y en contra de todos sus deseos.
Él simplemente no podía amar a la misma mujer que su padre amaba.
Al día siguiente, apenas al salir de la ducha, hecho un fiasco con una cara que ni él mismo podía cargar, se vistió tratando de ignorar el hecho de su reflejo el espejo.
—Por la mierda, ¡Por qué tuve que sacar fielmente tu aspecto físico, Richard Hunter!
Decidió que efectivamente debía tomar medidas desesperadas, de aquellas que quizás dolían más que la realidad misma; ya no se haría el tonto ante Sam, sabía que esa chica estaba interesada en él y llevaba tiempo demostrándoselo; ella era bonita, muy bonita, sobre todos sus ojos color miel que demostraba ternura, y era fuerte como muy pocas en medio de las batallas.
Como había hecho tras los tres despertares anteriores, preparó un café bien cargado, pero esta vez, habría algo diferente al beberlo; esta vez definiría su postura…
Estaba a punto de beber su primer sorbo cuando sintió golpes suaves en la puerta.
— Soy Neela. ¿Ethan, aún estás ahí?
Dejó su café de mala gana, y mientras se ajustaba el último detalle suelto de su uniforme, le abrió la puerta a su hermana.
—Ethan —Neela entró en el camarote y observó con inquietud la cara de su amigo—Tengo una excelente noticia que contarte, y es que oí que te devolverán el mando del Skull.
Él hizo un gesto de rechazo.
—Dudo que Robert haya hecho tan mal trabajo como para que me retornen el puesto.
—Pero así ha sido estimado, la misma Lisa me lo dijo—ella no terminaba de comprender la decisión de abandonar a aquellos que eran sus fieles compañeros — ¿Qué te sucede?
El piloto iba a salir, pero ella le agarró del brazo.
— ¡No me esquives! Hace días que apenas te puedo ver, y cuando lo hago te me escapas argumentando con excusas.
—No te he evitado—se soltó del agarre— Agradezco tu emoción por eso que oíste, pero ya sabes que tengo a mi nuevo escuadrón, y estoy seguro que el Skull sabe valerse muy bien sin mí. Conozco a Robert y él es muy capaz, aunque a veces pueda llegar a ser muy flexible.
— ¡No estoy de acuerdo! Siempre anhelaste llegar a ser líder de ese mítico escuadrón, querías seguir la huella que dejó nuestro padre— La incomprensión brilló intensamente en los ojos de Neela; fuese cual fuere la causa que atacara a su hermano, no comprendía que dejara cumplir su sueño— Tú decías que ibas a morir si era necesario por el escuadrón Skull, era tu sueño…convertirte en leyenda como fue Roy antes que nuestro padre.
—Pues ese era el sueño de un piloto soñador, de un inmaduro—la miró con seguridad impresa en sus retinas—Ahora creo ser un verdadero piloto, y esté donde esté, esa situación no cambiará.
—Ethan—murmuró la chica.
Él apoyó sus manos en sus hombros, mirándole fijamente.
—Quien está a la cabeza del Skull, es porque se lo merece—le dijo—Yo sólo sigo órdenes, adquirí un deber con mi nuevo escuadrón, y con ellos me quedaré hasta que alguien considere que estoy incapacitado de asumir como un líder tal.
—Excelente—se permitió curvar una ligera sonrisa en sus labios, aunque no era del todo sincera.
—Más que excelente—la cogió de un brazo y la arrastró fuera del camarote—Estoy bien donde estoy, no me quejo para nada, mis chicos y chicas son excelente pilotos.
—Chicas ¿eh? —lo miró maliciosa.—Los rumores han corrido rápido y se dice que te llevas muy bien con alguien de tu equipo.
—Sam es mi amiga…por el momento.
Neela, deteniéndose, lo miró perpleja,
— ¿Y Lisa? —no estaba segura, pero esas últimas palabras le había sonado a insinuación.
—A veces hay que saber cuándo rendirse —la jaló una vez más para que siguiera andando —Ya no quiero ir tras la misma mujer que nuestro padre ama, y lo mejor no es desperdiciar mi vida en algo que no tiene ningún futuro pues no creo que ella se vaya a fijar en mí…le recuerdo mucho a papá, de eso no me cabe duda.
—Te rindes Ethan, y es lamentable que cometas el mismo error que él—expresó sentida—Tanto que decías ser diferente a él, pero al final es lo mismo.
Ethan se mordió la lengua para no replicar con acritud, al darse cuenta de que no valía la pena contradecir algo tan evidente como lo que ella acababa de señalar. Su silencio, que se prolongó por un extenso rato. Sólo cuando salieron del área de barracas, decidió hablarle, en son de despedida.
—Iré a verte esta noche para que hablemos de eso que me dijiste era tan importante.
Ella asintió, silenciosa, y le quedó viendo mientras se marchaba.
En los días venideros y conforme se acercaba el día para partir en misión a XP, Neela sintió aún más la lejanía de su hermano; éste se la pasaba casi tiempo completo con su nuevo escuadrón y solo a veces se reunía con su mejor amigo, no obstante, más allá de eso, él parecía esquivar a todo el mundo. Pero no pretendía amargarse demasiado con ese hecho, ya que a veces pensaba que Ethan necesitaba estar tranquilo y sin sus presiones que Jeremy le señalaba como exagerada; él le había dicho que dejara vivir a Ethan, y ella lo consideraba. La cuestión es que no se terminaba de acostumbrar a la idea de no poder hacer algo por él.
Y en cuanto a su problema, temía irse a la misión sin poder hablar con su hermano.
Faltando sólo dos días de emprender rumbo hacia XP, y tras terminar con un agotador turno, se dirigió en solitario hacia los comedores, con nada en la cabeza más que los detalles que aún le quedaban por concretar antes de la partida. Y mientras comía con deliberada lentitud, descubrió que todos esos lugares abarrotados de gente estaban de buenos ánimos, y tuvo la ligera certeza de que sus rostros relajados contrastaban totalmente con el suyo que, con plena certeza, sabía que mostraba un aspecto cansado y serio.
Bajó la cabeza en un instante centrando su vista en la comida que no era más que una mole nada apetitosa. En tanto, en la puerta, la imponente presencia de la mayor Dana Sterling volvía a atraer la mirada de muchos, aunque ella poco le importaba, buscaba a Neela con ojos agudos, y la encontró; solitaria, con la cabeza baja, y más que cansada, le parecía ¿triste?
Se acercó esquivando con destreza a las personas y mesas, y se sentó frente a la chica de ojos azules.
—Te he buscando por un buen rato—señaló.
— ¿Para qué sería? —preguntó mientras definitivamente abandonaba su plato. Recibió una singular sonrisa de la rubia—Dana… ¿qué estás planeando? Esa sonrisa tuya me da mala espina.
—Quiero saber si estás libre esta noche, y si Lisa y Kim lo están también.
—Si no me explicas, no te digo —sonreía también, resuelta a que le contara qué planes tenía, pero, dado que visualizaba en su rostro intención alguna de ceder, se decidió a hablar: —Kimberly tiene turno, pero sale en unas cuantas horas; Lisa está libre y yo…, pues deseaba dormir plácidamente hasta mi turno de mañana.
—Tendrás que cambiar de planes porque tengo algo preparado—pausa en que Neela le vio con interés, demandando más datos con su expresión—…es un pequeña reunión que hemos planeado con los muchachos, nada agitado, más bien es una comida especial.
— ¿Eso nada más? —preguntó Neela con divertida incredulidad.
Dana adoptó expresión seria.
—Sí—contestó—Le dije a nuestra almirante que nos divertiríamos juntos, y hoy es cuando. Después de la partida dudo que se nos dé una instancia para un buen relajo.
—Pues no podría decirte si Lisa está en condiciones. Sus días han estado bastante agitados y apenas hoy concluyó con los últimos detalles de la misión.
—Por eso mismo—enfatizó—Nada le haría mejor que juntarse con nosotros, disfrutar de una buena cena especial y quizás algo más —se puso en pie—A ti también te haría bien, te notas muy estresada, y dando por hecho que no me dirás que no, que no puedes decirme que no, te dejo a ti la labor de convencer a Lisa y Kim porque las estaremos esperando.
— ¿Adónde?
—En nuestra nave, a las ocho en punto.
—Pero Dana—protestó.
—Ángelo se encargará de que nos encuentren—alzando su mano a modo de despedida, se marchó sin mirar atrás.
Neela no pudo más que quedarse a brazos cruzados, situando en su mente las dudas acerca de su capacidad de convencimiento. No estaba segura que Lisa estuviera dispuesta a participar, ni siquiera ella misma veía probable ese hecho.
—" Y no sé qué me dirá Kim…—pensó, levantándose —Lo más probable es que quiera descansar a la salida de su turno"
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A la misma hora que Neela abandonaba el comedor, Lisa se encontraba haciendo un recorrido por distintas áreas de la estación en compañía Marcus Brown y el capitán Vargas. El interés del general era mostrarle a ambos la producción y reserva de los cazas con tecnología Haydon incorporada.
Ese hombre estaba orgulloso de lo que se había obtenido en tres meses, y ahora ya podría decir que estaban en pos de dotar a todos los pilotos de la treceava flota con este nuevo avance.
—Considerando que los pilotos se vieron beneficiados en la capacidad de sus Veritech —decía Brown—No veo por qué dejar que el resto de los escuadrones no posean…—Se quedó admirando la magnificencia de un alfa un momento antes de proseguir, volviéndose hacia quienes les acompañaban—esto.
Con las manos unidas a sus espaldas, su pecho inflado se marcaba a plenitud.
Lisa era una creyente de que esas máquinas de vuelo efectivamente era lo que necesitaban para combatir al enemigo. Ella lo había confirmado en las pocas batallas que se dieron en la misión que dejaba atrás, y no pretendía contradecir al sonriente general que tenía enfrente.
—Tiene toda la razón general Brown—dijo — pero lamentablemente no contamos con el tiempo para el recambio.
Vargas la miró.
—Lamentable en su totalidad, solo esperemos no encontrarnos con eventualidades en nuestro camino.
—Dé por hecho que las eventualidades van a encontrarnos, pero…—giró tomando rumbo hacia la salida de esa zona—no seamos tan pesimistas.
Las tres personas, que eran seguidas por otros oficiales a sus espaldas, avanzaron vislumbrado a su paso las alfas estacionados, nuevos, que se disponían a los costados de ese recinto de gran extensión. Lisa pudo contabilizar una cantidad superior a las cincuenta unidades en lo que caminaron en tanto oía lo que Brown que en el SDF-3 se había iniciado la producción, y que según los datos entregados por Rick Hunter, todo iba de acuerdo a la rigurosa programación que decidieron seguir.
Hubo un momento, cuando ya pasaban al sector adyacente donde se encontraba un nuevo y gigante hangar, donde Brown señaló que la tecnología Haydon también había sido probada en un uno de los cruceros.
Mucha gente en ese hangar seguía atento a las visitas, y sólo Ethan Hunter se mantenía mantenerse ajeno; él se encontraba parado en la escalerilla de su alfa, hablando con el oficial técnico que reparaba un problema que se estaba suscitando en el aparato de radio.
—Creo que ahora funciona correctamente—señaló el técnico una vez que efectúo una prueba—dudo que vaya a tener inconvenientes desde ahora, Capitán.
—Lo mismo dijeron la vez anterior—dijo Ethan sonriendo.
—Yo le digo capitán Hunter, confié en mí.
Ethan se bajó, y conforme con el técnico, le dio las gracias.
—No me las dé, señor, sólo hago mi trabajo.
—Como quieras, Boby.
Sonriente, el técnico se marchó de allí topándose en el camino con una rubia, que iba dispuesta a acaparar la atención de su líder de escuadrón.
— ¿Todo bien, señor?
—Ahora podemos decir que sí.
—Perfecto—le lanzó a las manos una de las sodas que llevaba consigo—De limón, como a usted le gusta.
—No tenías que molestarte, pero gracias.
Hasta entonces Ethan percibió el ambiente tranquilo que se desataba allí, si antes entre ruidos, se elevaban gritos, algunos con vocabulario bastante groseros entre los hombres, ahora sólo se escuchaban palabras de hombres y mujeres bien educados.
—Tenemos visitas señor—explicó Sam—Parece que a los del alto mando les dio por venir a ver lo que sucedía aquí.
—Ya me parecía raro—dijo Ethan, abriendo su lata, y bebiendo después.
Justo en ese momento el grupo pasó, Lisa no pudo evitar mirar a Ethan. Le llamó la atención su aspecto; los músculos de sus brazos descubiertos, su sudadera mojada a la altura del pecho, la forma varonil en que bebía de su lata, que la hicieron sentir…No sabía cómo describirlo, pero le parecía tanto al Rick que conoció, sólo que de cuerpo más trabajado… Y la verdad, se hubiera quedado con la vista prendada en él de no haber visto a Samantha abrazarse discretamente a él, como insinuando más que amistad.
De improviso volvió a mirar al frente, algo frustrada.
—…y eso ha sido todo —convenientemente dijo Brown.
—Me ha parecido una visita muy ilustrativa.
—Y muy necesaria—dijo Lisa sonriendo a la elocuencia del capitán Vargas.
—Es cierto—concedió.
Luego que Lisa de ellos se fue rápidamente a su nave, directamente hacia su camarote donde encontró a su oficial de puente, esperándola en silencio a un lado de la puerta. Su cara de niña fastidiada le produjo gracia, pero evitó reír y la invitó a entrar.
—Es insoportable, se toma demasiado en serio su trabajo—se quejó Neela. —Parece una estatua.
—Déjalo Neela, es uno de los hombres fieles al general Clooney ya sabes que él habla a menos que sea necesario.
Neela se dejó caer pesadamente en una silla.
—Bueno, no importa—dijo—Vine a decirte que tú, Kim y yo estamos invitadas a una reunión con Dana Sterling y sus chicos, esta noche.
—Oh, tu tono suena serio —comenzó a desabotonarse el saco. Se sentía acalorada por la caminata rápida.
—Nos estará esperando, me dijo que no se podía decir no.
Lisa sonrió.
—Así es que cumplió su palabra, ahora me toca cumplir la mía.
— ¿Acaso eso es un sí? —preguntó Neela, con sorpresa.
—Por supuesto. Dana me hizo una invitación y pienso aceptarla—miró con diversión la expresión de su subordinada—Vamos, Neela, ¿por qué creo que te parece algo anormal?
—Es que no me imaginé que dijeras "sí" sin oponer excusas, pero bueno, si tú vas, yo voy.
—Y Kim también lo hará, te lo aseguro.
—De acuerdo—se levantó, mirando su reloj—a las siete y media vendré por ti. Voy a dormir un poco ahora.
—Yo también lo haré, porque de seguro será una larga noche.
—Que no te quepa duda de eso.
Horas más tarde las tres chicas se reunieron en el camarote, y salieron con rumbo al sitio de reunión. En el camino, Neela le fue explicando un poco de lo que podrían esperarse-para que no se encontraran sorpresas, -y fue así como en un momento dado, acompañadas de Ángelo Dante, quien galantemente las esperara y condujera al sitio, se encontraron con todo un grupo de alegres personas, y la más inexplicable de todas las sorpresas: un banquete con algunas cosas que no se hallaban con facilidad en pleno espacio, entre las que contaban una variedad de frutas frescas dispuestas como un apetitoso postre.
La improvisada mesa dispuesta para reunir a todo el grupo, estaba dotada además de las comidas, de bebidas muy extrañas, donde lo único que faltaba era el vino, cosa que llamó la atención de Lisa, pero no le dio mayor importancia.
Éste cálido encuentro comenzó a desarrollarse entre conversaciones moderadas, conociéndose a través de las presentaciones; luego vino la cena donde ya las risas comenzaban a desatarse.
Tal como Dana insinuara, a Lisa le pareció que su escuadrón era un grupo de agradables hombres y mujeres, y no le costó para nada tomar el ritmo de sus bromas y anécdotas que surgieron más adelante.
—Se lo dije almirante Hayes—dijo Dana en un momento dado, al ver como Lisa reía por el cuento de Sean, basado en sus anécdotas de mujeriego que enrojeció a Marie—Estos chicos son divertidos.
—Pero a nuestra estimada piloto no le gusta nada—dijo el siempre recatado y caballeroso Bowie.
—No es eso Grant—se defendió Marie—es solo que no pensé que este tonto fuera a decir esas cosas que yo ya tenía olvidada.
—Tú lo olvidaste, nosotros no, ¿cómo podríamos olvidarnos de la tórrida relación que tuvieron en sus inicios?
Varios de los chicos asintieron, en tanto Sean recibía un codazo por reírse junto a los demás.
—Vamos amor, eso es pasado, mírale el lado divertido.
—Es cierto Marie—apoyó Neela—mejor deja eso y piensa en una sutil venganza, no sé…—miró a Dana, viró la vista hacia Bowie, pasó por el rostro de Ángelo, de otros miembros del escuadrón para devolverse a Dana que seguía riendo por lo bajo—Debes saber algo de esta mujer burlesca, ¿o no?
— ¡Yo sé una! —exclamó Ángelo.
—Eso no Ángelo, o te juro que te mando al calabozo si lo cuentas.
— ¡A ti no te gusta nada eh! —apuntó Marie.
—Eso es cierto, a Dana le gusta molestar a los demás, pero cuando le tocan sus temas, no se le hace gracioso.
—Cállate, Bowie —pero lejos de enojarse, rió, agregando: —Mejor cambiemos de tema.
—Dana está escapando—canturreó Neela.
—Eso bien lo parece—acotó Kim.
—Pero si no quiere hablar, es comprensible. —dijo Lisa—Mejor dejemos eso.
—Y vamos a esto otro—propuso Sean, tomando una botella que se encontraba intacta en su contenido en el centro de la mesa—Quiero que nuestras invitadas prueben esto, les va a encantar.
—No, Sean. —emitió Marie.
—Déjalo Marie—intervino Dana—Ellas decidirán si es que quieren tomarlo.
Los demás estuvieron de acuerdo, mientras Kim y Lisa se miraban la una a la otra, preguntándose qué era. Por su parte, Neela ya mostraba su mejor expresión de asco; ella conocía muy bien la bebida. Y Sean, con el asentimiento de Dana, sirvió todos los vasos con un poco de su brebaje especial.
Lisa miró desdeñosamente el licor que desprendía un fuerte olor.
—Dudo que pueda beberlo—dijo en voz baja. El miedo a probarlo y escupirlo golpeó más su mente—. Definitivamente no puedo, disculpen.
—Pero es toda una maravilla, si estás acostumbrado—Dana no estaba insistiendo, nada más se limitaba a emitir opinión sobre el brebaje. Alzó su vaso—No forcemos a nuestras invitadas.
Neela se sintió libre, y con toda confianza se atrevió a decir que ella tampoco era capaz de tomarlo.
A su lado, Marie le dijo:
—Es una buena decisión.
—Ye apoyo amor, porque este trago es sólo para valientes. —dijo Sean con una sonrisa de superioridad.
Kim en tanto, tentada por la idea de saber cuán malo podía saber, sonrió, demostrando a los demás que ella si se atrevía. Alzó su vaso, instando a los demás a beber.
—Parece que aquí tenemos a una valiente —señaló Ángelo— y me gusta.
—Yo que tú no lo haría—advirtió Neela.
— ¿Qué no lo haga? —la miró con una sonrisa antes de beberse el trago de un solo sorbo; le ardió la garganta, pero con valentía mostró una expresión de no inmutarse mientras plantaba su vaso en la mesa.
— ¡Vaya, vaya! —exclamó Dana.
—Toda una mujer del ejército—dijo Sean, y bebió de su trago— ¡Wow! —terminó sacudiendo su cabeza ligeramente.
—Después de tanto tiempo, sigue ardiendo, ¿no Sean?
Y en tanto todos reían por el comentario burlesco de Marie, Jack había llegado a la estación. Él no había encontrado a Lisa tras su búsqueda en el Strike. Siempre cenaban juntos y cuando los impedimentos se interponían Lisa siempre le avisaba, era muy raro que no le ía perfectamente que ella no tenía compromisos a esas horas, se había encargado de confirmarlo, y donde fuera que estuviera, sabía que estaba con Kim y Neela, porque alguien le dijo que las había visto salir juntas de la nave.
Y, mirando hacia todos lados, no sabía por dónde empezar a buscar, pero por algo tenía que partir, preguntando a quien se le atravesara si las había visto.
Así comenzó a vagar por todas partes, y el tiempo comenzó a correr sin frutos hasta el límite de la paciencia donde se dijo que era una tontería su deseo de buscarla solo porque su ser se lo pedía, pero se sentía enamorado de ella y quería tenerla junto a él el mayor tiempo posible, sobre todo en estos días de relativa tranquilidad.
Para el tiempo en que él regresaba a la nave con intenciones de ir directo a la cama, Kim y Neela se disculpaban del grupo, argumentando un cansancio que les impedía seguir con la velada. Fueron comprendidas y hasta imitadas por varios, entre ellos Marie Crystal.
Quienes se retiraron del lugar lo hicieron charlando entre ellos acerca de lo que le había parecido todo; todos y sin excepción, estaban en común acuerdo de que lo habían pasado muy bien comiendo y bebiendo, riendo y charlado; y para quienes la noche continuaba, los menos, se propiciaba un momento donde solo existía confianza arrastrada desde tiempos antiguos, claro, a excepción de Lisa.
La conversación se tornó un poco más seria desde entonces, pero esta no estaba exenta de anécdotas que desataban más risas.
En cuanto a Jack… Él pudo ver a las chicas apareciendo junto a Sean Phillips quien las despedía cordialmente, se acercó un poco y pudo oír que hablaban de Lisa, donde Sean aseguraba que Dana se encargaría de ella y la haría regresar con bien. No le gustaba la idea que estuviera con esa rubia, pero al menos ya sabía dónde encontrarla.
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Bowie, cuyas intervenciones en la velada había sido más que discretas, había comenzado a hablar bastante alentado por el licor que le quitaba un poco las inhibiciones propias de su personalidad.
Lisa comenzaba a darse cuenta que los hombres junto a ella y Dana habían bebido un poco más de la cuenta, y a momentos, temía que le vieran demasiado retraída porque sin alcohol corriendo por sus venas, a veces le costaba seguirle el ritmo.
—Vamos Almirante—propuso Ángelo Dante, extendiéndole un vaso—Esto no le hará mal, está muy suave.
Dana negó con la cabeza el gesto de insistencia de su amigo.
—Está bien—aceptó, tomando el vaso—No quiero que piensen que me niego a recibir lo que ustedes me ofrecen.
—Yo pienso que debe negarse si así lo quiere—dijo Dana.
—Claro que no—alzó el vaso—Por ustedes muchachos.
Imitándola, al igual que el resto, Bowie agregó:
—Por este singular encuentro.
—Que espero se repita—acotó Ángelo.
—Así será.
—Eso lo tengo por seguro—señaló Dana con seguridad.
En tanto Lisa degustaba la bebida de sabor dulce y agradable al paladar, en el corredor Sean –quien se tardó en su regreso por pasar antes a su camarote-se encontraba en la entrada con Jack, y entre ellos se produjo un cruce áspero de palabras, ya que el mayor pretendía entrar al lugar sin ser invitado, y lo consiguió finalmente.
— ¡Le dije que no era bienvenido!
—Y yo te dije que vengo por ella y me la voy a llevar conmigo —esquivó finalmente el muro que representaba Sean, y fue a plantarse frente a Lisa, ante las miradas poco amistosas de los que estaban allí.
Sean por su parte, se excusaba silenciosa y frustradamente ante Dana.
— ¿Qué haces aquí Jack? —preguntó Lisa, encarándole.
—Lo mismo digo yo—dijo la mayor, plantándose al lado de Lisa— ¿Qué hace aquí, Archer? Lo que menos me esperaba, era ver su cara justo en este momento.
Ignorándola, le habló a Lisa.
—Vine por ti.
— ¿Qué te pasa Jack? —apartando a Dana sutilmente, lo enfrentó de nuevo— ¿Acaso no ves que estás interrumpiendo de mala manera?
—Ya te dije.
—Un idiota como tú…—Ángelo miró fugazmente a Dana, y regresó la vista a Jack viéndole desdeñosamente—Vete a las buenas, o te sacamos a las malas.
—Qué agresivo—se burló Jack.
—Vete Jack—dijo Lisa dando paso atrás—Yo me quedo.
—Ya la oíste—Dana le señaló la salida. —Ella no quiere irse, y tú sobras.
— ¿Elizabeth? —insistió el piloto.
— Nunca pensé que se comportara más idiota de lo que ya se dice que es —expuso Sean burlonamente— Pareces un marido celoso.
— ¡Repite eso y será lo último que puedas decir antes de que te arranque la lengua!
Sean tragó saliva por la mirada amenazante que le dio, pero Dana no se intimidaba ante alguien como él, y estaba molesta por el poco valor que vio demostrar uno de los suyos. Ella estaba a punto de tomar medidas, pero Lisa se le adelantó.
—Es la última vez que te lo dijo, Jack—su tono se acercaba peligrosamente al enojo—Vete y déjame con ellos, no sé cómo se te ocurrió pensar que…
Antes de que terminara de hablar, ya se sentía jalada de una mano. Por supuesto los demás habían reaccionado instantáneamente, incluso Bowie se había dado el valor para interponerse a su paso, sin embargo, de un solo empujón, Jack se lo quitó de encima.
Lisa en primera instancia le pedía que la soltara, que la estaba lastimando, pero Jack sencillamente no daba cabida a las peticiones y la arrastraba rápidamente, mientras los muchachos de Dana se quedaban con el enojo por no hacer nada más, ya que la rubia, cuando pretendían salir tras él, les detuvo diciendo que no quería problemas y que estaba segura que Lisa se las podía arreglar sola. Fue Ángelo quien terminó más enojado, apretando los puños, gruñendo mientras juraba que Jack se las iba a pagar cuando tuviera la oportunidad.
— ¿Por qué? —Bowie seguía mirando con desaprobación a la rubia.
—Porque a veces…—se sentó y se tomó su bebida con de un solo sorbo, plantando el vaso con fuerza sobre la improvisada mesa —no se debe pelear una batalla perdida.
— ¿Batalla perdida? —Sean se cruzó de brazos, enojado— ¿Estás loca o qué?
—Ese tipo pasó sobre nuestras cabezas porque tú lo dejaste pasar—cuestionó Ángelo a Sean.
—Oye, el tipo venía hecho una bestia.
—Creo que bestia siempre ha sido—miró con burla a su amigo—Y lo que me impresiona, Sean, es que dejaras que te manejara así de simple.
—Eso mismo digo—apoyó Ángelo.
— ¿Dónde quedó el Sean agresivo que conocemos?
El cuestionado los miró con incrédulo desprecio.
— ¡Ja! Ahora yo tengo la culpa.
—Nadie dijo que la tuvieras—aclaró Dana levantándose —Esto terminó. Fue un rato muy grato, pero ahora hay que ordenar este desastre, los dejo en esa tarea.
— ¿Y adónde se supone que vas? —criticó Ángelo al verla marcharse así como así.
— ¿Qué crees?
Se marchó sin disposición a oír respuestas.
—Yo pienso que se va a hacer lo que ella piensa que es justo…No sé, tal vez vaya tras ellos y quiera asegurarse que todo esté bien.
— ¿Ella? —Sean dijo riendo sarcásticamente. —No me jodas, Bowie.
—Idiota.
—Mejor ponte a recoger todo, me voy.
— ¿Yo?
—Sí, tú—dijo Bowie, marchándose al igual que Ángelo.
— ¡Óiganme…!
Era tarde para detenerlos, no le quedaba de otra que arreglárselas solo.
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Luego de detener su arrebato, Jack contempló fijamente a la persona plantada delante de él, a brazos cruzados. No la había visto así de enojada desde que estaban en el SDF-2.
— ¡No tenías porqué, Jack!—dijo Lisa ásperamente—Pretendía divertirme hoy, y la verdad no te entiendo. Eras tú el que siempre decía que debía tomarme un momento para esto, que resultaba abrumador verme casi todos los días entregada a mi trabajo como si fuera una vieja amargada. ¡Qué rayos te pasó hoy!
—Pasa que decidiste no incluirme.
— ¿Eso era? —preguntó con despreciable incredulidad.
—Sí.
—Me suena a un compromiso que nunca he asumido, o por lo menos, no que yo recuerde.
Jack rió de sí mismo, divertido ante la situación de verse como el novio celoso que no era.
— ¿Y ahora qué te hace tanta gracia? —lejos de molestarse más, se estaba relajando.
—Tienes toda la razón, lo siento. Perdón por haberte sacado de esa forma del lado de tus nuevos amigos —sonrió en un intento de aplacar la molestia que aún visualizaba en su rostro— ¿Seguimos siendo los buenos amigos que éramos? —le extendió su mano.
—Nunca hemos dejado de serlo—le dio la espalda.
Jack se quedó con su mano en el aire, que empuñó cuando sintió frustración al pensar que no sería tan fácil arreglar con una simple disculpa.
Lisa ya había avanzado varios pasos alejándose, cuando dijo:
—Sólo te perdonaré si haces de fiel compañero hasta la puerta mi habitación.
Jack ni siquiera lo pensó para seguirla, y en todo el rato en que caminó junto a ella, no supo por qué, pero se le hacía un poco difícil sacar un tema de conversación. Sólo al llegar a destino se dignó a hablar para desearle un buen descanso, girándose posteriormente con intenciones de marcharse.
—Dudo que vaya a dormirme tan pronto—dijo Lisa en tono amistoso. Jack se detuvo en seco —Se me apetece un buen vaso de vino, ¿a ti no?
— ¿Es una invitación? —preguntó girándose.
Lisa confirmó su propuesta con un movimiento de cabeza antes de internarse en su camarote.
No era la primera vez que le invitaba a su habitación, ya que sentía que, en todo el tiempo transcurrido, Jack había pasado a ser una persona de confianza a quien podía permitirle ciertos honores, de la misma forma como trataba a aquellos que consideraba sus amigos.
—He estado pensado—dijo mientras servía el vino— que tal vez deba solicitar al general Brown, y a Rick, que evalúen la posibilidad de abrir el lugar de recreación para los oficiales. Mientras pueda ser controlado, no veo el problema.
—Creo que te quedó gustando el relajo—prácticamente se echó en uno de los asientos—No vaya a ser que te perdamos en los vaivenes de las celebraciones jubilosas sin razón.
—Vamos, Jack—le miró sonriente— ¿Crees tú que me podría pasar eso?
—No.
— ¿Entonces?
—Es sólo que…—su sonrisa se amplió en su rostro—Se me olvida con quien hablo.
—Exacto. —Pero por lo menos dejemos razón a las dudas. A veces las personas podrían sorprenderte.
—No tú, preciosa.
—Me doy cuenta de que crees saber mucho de mí.
—Reconozco que no sé mucho, pero debo dejarte claro que, entre todos de tus más cercanos, incluyendo a Kim y la teniente Hunter, soy el que más sabe cosas tuyas, y de las que no sé, las puedo adivinar.
—Bravo, te aplaudiría si no tuviera las manos ocupadas—le cedió una de las copas, que él recibió en breve, riendo del sarcasmo de Lisa.
—Hablando en serio Elizabeth.
— ¿Acaso ya no lo hacías?—se sentó en su cama, realmente divertida.
—Bien, esto no te lo conocía—dijo mirándola con falsa seriedad—He de suponer que lo que pudiste haber bebido esta noche, te desinhibió.
—No bebí nada de nada—sorbió de su vino, notando la perplejidad en el rostro del piloto—Es enserio, ni siquiera una gota de eso que Sean Phillips denominó "trago para valientes", que no supe qué era, y que me dio la impresión que eso me dejaría inconsciente por al menos un día, y jaqueca por una semana.
—Entonces… ¿a qué debo atribuir esta forma de comportamiento tan suelta y liberal que estás mostrando?
—Es sólo que me siento bien, Jack—su rostro se tornó serio—Hace mucho tiempo que no me distraía de esta manera, que ya casi había olvidado lo que se sentía. La verdad es que lo necesitaba y te doy la razón en lo que me decías.
—Yo sólo lo decía por mi conveniencia—confesó —Sabía que eso te iba a quitar el estrés de encima, y des-estresada, siempre nuestra relación es mejor.
—Hemos llegado a un punto Jack, donde sin importar mi estado de ánimos, siempre eres bienvenido a mi lado. Antes no te soportaba, menos a esa arrogancia con la que me invitabas a salir a través del tac-net. Odiaba esa postura de casanova tuya, ahora ya me divierte. Me acostumbré a esa forma de ser, pero extrañamente comenzaste a comportarte como alguien normal. ¿Acaso es una estrategia tuya, o realmente cambiaste?
—Me has pillado, Elizabeth—estiró su brazo dejando la copa sobre el escritorio a su lado—Ya que he decidido ser sincero, partiré diciendo que no quería vino.
—Lo suponía.
— ¿Y qué más supones de mí?—se cruzó de brazos mirándola fijamente.
—Que esa atracción que decías tener conmigo, es nada más que un capricho—Jack le miró con curiosidad, incitándola a seguir tras su pausa—Un mujeriego nunca cambia Jack, es como el árbol que crece doblado.
— ¿Y si estás equivocada? ¿Si realmente lo que siento por tú es serio, y tan poderoso, hasta el punto de hacerme cambiar?
Jack lo decía tan convencido, que Lisa no pudo más que sentirse inquieta.
— ¿En verdad me quieres?
— ¿En verdad tú no lo puedes notar?
—Me asustas, Jack.
— ¿Te da miedo mi amor?
—No es eso—centró su vista en el color oscuro de su brebaje—Es sólo que siento que no podría corresponderte, no cómo quisieras.
—No pido mucho ¿sabes? —se levantó, y arrodillándose frente a ella, tomó una de sus manos entre las suyas. Sus miradas se encontraron—Si me dieras una oportunidad, no te decepcionaría. Yo sería sólo para ti.
—No podría prometerte nada.
—Es por Rick, ¿cierto? ¿Aún no puedes olvidarte completamente de él?
—No es eso…He recibido mucho daño ya, y no quiero tener más.
—Siempre a la defensiva no conseguirás nada. Déjate amar y permítele a tu corazón sanar las heridas con nueva compañía. Es cierto que el humano no vive de ilusiones, pero es bueno tenerlas a veces.
—Me estás proponiendo tener algo contigo.
—Siempre lo hago, de una u otra forma, es sólo que tú no quieres darte cuenta. —le arrebató la copa y la dejó a un lado en el piso, bajo la cama.—Permíteme ser quién cure tus heridas, y te dé vitalidad, sin compromiso serio por el momento si no lo deseas. Como ves, puedo ser muy liberal en ese aspecto.
—Jack…—quiso liberarse de sus manos, pero se vio impedida—, no estoy lista.
— ¿Entonces cuándo?—preguntó serio, presionando más sus manos entre las suyas— ¿Dejarás que las oportunidades se escapen sólo por aferrarte al sentimiento por ese hombre? No se irá por sí solo, necesitas ayuda, y quién mejor que yo para brindártela.
—En verdad eres insistente—su intención de sonreír sólo quedó en eso: un intento.
—Y tú eres terca—su mano viajó hasta una de sus mejillas para proporcionarle una caricia. Ella sólo se dejó hacer—Eres hermosa Elizabeth, por ti vendería mi alma al diablo.
—Tampoco exageres.
—No lo hago—sus dedos acariciaron sus labios con delicadeza. Ella cerró los ojos—Siéntelo Elizabeth…Vibra con la emoción de sentirte querida como yo te quiero.
Lisa se sumió en un mundo donde los suaves susurros de Jack inundaban sus oídos como una música placentera. No era capaz de darse cuenta que estaba cediendo, permitiendo de esta forma que él se atreviera a no sólo tocar sus labios con sus dedos, lo hizo con sus labios, en un suave contacto, tal dulce y tierno, que Lisa sintió un estremecimiento recorrer cada fibra de su cuerpo.
—Jack—susurró Lisa débilmente, enfrentándose a la mirada de súplica de éste.
—Por favor, Elizabeth. —besó una de sus manos sin deshacer el contacto visual.
Él esperó, mientras con su brazo intentaba acercarla hacia él. Al sentir esta acción, y viéndose ante esa situación, ella no dio más que un suspiro, retiró su mano, a la vez que desviaba la mirada.
—Elizabeth—insistió tomándola nuevamente.
—No sabes lo que quieres—le miró de una forma que él no pudo descifrar. Esta vez fue ella quien otorgó una caricia corta—Jack, yo tampoco lo sé.
Ante aquella mirada esmeralda, los ojos de Jack brillaron, esperanzados.
—Tengo posibilidad, lo sé.
Lisa no estaba segura del terreno que pretendía pisar, pero al pensar que no podría ir con indecisiones por el resto de sus días, decidió aventurarse a dar el paso más allá; acercando su boca a su oído, susurró:
—No te tengo miedo Jack, sólo temo a dañarte.
Su confesión provocó al ex-mercenario.
—Te burlas de mí al decir eso, yo no le temo a ese tipo de daños—dijo, y su siguiente acto fue tentarla mordiendo sutilmente su lóbulo.
Un suspiro involuntario escapó de la boca de Lisa, y sus momentos de dudas dejó paso a la posibilidad cierta de dar otro paso. Jack, aprovechándose de eso, descendió con sus labios por su cuello, sintiendo la calidez que desprendía esa piel tersa, deleitándose con su perfume…
Más suspiros escaparon de Lisa, quién, llevada por la grata sensación ladeó la cabeza para darle más acceso.
—Si quieres que me detenga—dijo a contra piel— este es el momento.
No hubo más que un prolongando silencio, y lejos de querer seguir, Jack se separó de golpe, para mirarla al rostro. Ella sonreía.
—Te desconozco—sonrió también— pero me encantas.
—Oh, Jack—bajó la cabeza, mordiéndose el labio inferior.
Sentía revolución en su estómago, y una sensación que hacía años no la embargaba, de la que no podía deshacerse, de la que no quería deshacerse. Y Jack…Jack no esperó lo que venía, a ella, tomando la iniciativa con un beso apasionado, atrayéndole por la nuca.
Ella le quitó el aire con un simple contacto, le dejó con una sensación placentera que le recorrió el cuerpo entero; y no conforme con deshacerlo, se separó viéndole con un brillo especial en sus ojos. No podía más que mirarla, impresionado.
— ¿Elizabeth…?—apenas pudo balbucear.
—Sólo fue un beso, Jack…, un muy simple beso —él sacudió ligeramente su cabeza, se sentía un poco confundido, creía estar alucinando.
—Estás jugando conmigo Elizabeth…pero ten cuidado, no corre agua por mis venas y te vas a quemar.
—Yo jamás juego, Jack—el brillo de sus ojos se esfumó en un instante.
— ¿Entonces?
Lisa sólo dirigió la vista hacia la puerta mientras se desabrochaba el primer botón del saco, y él, más perturbado que antes, pudo entender que esta era una indirecta que le indicaba marcharse; se puso en pié y avanzó hasta la puerta sin saber que estaba sucediendo realmente. Abrió, dio un paso afuera, dándose cuenta de algo.
Volvió la vista atrás; Lisa terminaba con el último de sus botones. Ella le parecía tan despreocupada, tan indispuesta a esbozar un "que tengas buen descanso Jack" o alguna otra cosa, que él se dijo que sería un idiota si se marchaba ahora.
Regresando sobre sus pasos, con una agilidad felina se apoderó de sus labios, en un beso frenético, cargado de pasión, que no deshizo hasta que la tuvo de espaldas contra la cama. Entonces se distanció, encontrando su mirada ambarina con la esmeralda de ella.
—Me provocaste Elizabeth Hayes—le dijo susurrado, viéndola con un lujuria contenida—Ahora ya no me podré contener. Quiero tenerte entre mis brazos, amarte…—depositó un beso en su labios; mordió su labio inferior con suavidad, para luego separarse, notando que ella estaba sumisa —Quiero hacerte mía Elizabeth.
Lisa ladeó la cabeza, y él continuó diciéndole al oído muchas cosas más en su tono sugerente, en tanto una mano traviesa acariciaba su muslo por sobre la tela de la falda.
Cuando los susurros cesaron, atacó su cuello con sus labios ardientes, sacándole un suspiro reprimido, distrayéndola mientras esa mano se atrevía a tocar la suave piel de su muslo.
—Lisa…
Ella cerró sus ojos, intentando pensar que era Rick a quien tenía sobre ella, pero no lo consiguió. Sabía perfectamente con quien estaba-
Por su parte, Jack sonrió satisfecho con el trabajo en ese cuello que disfrutó en toda su extensión, besando, succionando, mordiendo la piel con toda la delicadeza que su Lisa merecía. Había logrado un profundo suspiro.
La miró extasiado.
—No sabes cuánto esperé este momento —su tono apenas era un murmullo —No lo sabes…
Consiguió que ella le viera, y le besó, esta vez tiernamente.
—Jack—dijo Lisa al separarse.
—No digas nada, sólo disfruta.
Dicho esto, se acomodó para desabotonarle la blusa, pasando a rozar sus dedos intencionalmente con su piel, luego la instó a sentarse. Él se acomodó tras ella.
—Jack—gimió Lisa al sentir sus manos trabajando para descubrir sus hombros.
—Yo…—con una mano descubrió parte de la espalda de los molestos cabellos. Besó uno de sus hombros—… te quiero.
Lisa abrió mucho sus ojos. Ése "te quiero" sonaba sincero; le hizo bajar la guardia por un instante más largo de lo que ella tuvo noción…Volvió a cerrar los ojos cuando se sintió desprovista de ropas desde la cintura hacia arriba.
— ¿Sabes? —murmuró esta vez Jack a su oído, sin atreverse aún a tocarla con libertad, solo mantenía sus brazos rodeándola por la cintura—Siempre quise saber qué se sentiría al tenerte para mí, y ahora que te tengo…
Se sintió interrumpido cuando ella cogió su mano y la puso contra uno de sus senos.
—Si es permiso lo que quieres—giró su rostro para decirle contra su boca—te lo di hace mucho rato —atrapó sus labios.
Él correspondió al beso con devoción, y sin disolverlo la instó a girarse, la estrechó contra sí con más fuerza, acariciándola a su vez, sintiendo la piel de su espalda baja ante el tacto de sus manos, memorizando cada centímetro de piel.
Su beso era enérgico, profundo; su lengua se movía con avidez dentro de la boca de Lisa, sintiendo la de ella que estaba respondiendo con la misma hambre que le profesaba.
Lisa sentía su cuerpo ablandarse, volviéndose dócil ante las suaves pero fuertes manos del piloto.
Delicadamente la dejó de espaldas una vez más, y con su boca en pleno descenso lento por su cuello, con las manos torpes por el deseo comenzó a batallar con sus propias e indeseables ropas.
Lisa era presa de un mar de estremecimientos por esa boca tibia que tocaba su piel; se mordía los labios a ojos cerrados, soltaba quejidos cada vez que él debía distanciarse para deshacerse de sus prendas; pero ella, no era sincera con Jack, ni consigo misma. En su mente convergían imágenes de aquella figura masculina que también le gustaba, un Hunter en su juventud, a torso desnudo, deseable, excitante, no sabía si menos o más como aquel que justamente ahora le daba placer, y que le hizo soltar un sonoro jadeo cuando su boca ardiente llegó a uno de sus senos, mordiendo suavemente su pezón.
—Oh, Jack…Jack
No pudo evitarlo, la lengua de él contra su piel era un tormento.
—Estás excitada, pero quiero mucho más—un nuevo mordisco, y se pasó al que aguardaba por su atención, lo lamió afrentando su mirada con la de ella—No te reprimas preciosa, sé tú misma, conmigo no hay nada que temer.
Saciado, siguió una línea recta con su lengua hasta alcanzar su ombligo; lo degustó en un tormentoso jugueteo que extasió a Lisa, y continuó su camino, hallándose con un estorbo a su paso: esa molesta falda que no tardó en acompañar al resto de las ropas regadas en el piso. Y no conforme con ello, en un arrebato, le arrancó la ropa interior, dejándola desnuda a su merced, admirándola, registrando esa visión en su memoria.
Lisa no se lo creía del todo, estaba con el que sería el tercer hombre en su vida, y la verdad es que ya no sentía morbo, no ante Jack. Lo vio morderse el labio lascivamente antes de comenzar a desnudarse sin pudor alguno en una danza erótica. Él la tanteaba, queriendo observar en sus ojos más brillo de deseo del que veía, la encendía un poco más, pero no era suficiente…
Una vez que la última prenda que le cubría quedó abandonada en el piso, se posicionó sobre ella, provocándole un jadeó cuando su parte íntima rozó su piel. Se concentró-por unos segundos-en admirar el exquisito rubor que se apoderaba de sus mejillas. Ella le pareció más linda y deseable…Ella le parecía que también le deseaba con intensidad, y no quiso hacerla esperar. La besó con sutil ferocidad.
Al paso de los segundos de ese beso profundo, Jack sentía que no era dueño de su cuerpo, de una de sus manos que había cobrado vida propia para hacer de las suyas en la piel suave de Lisa, metiéndose más temprano que tarde, en terreno que le eran permitidos profanar en sólo sus más delirantes y locas fantasías; la acarició en esa zona íntima, tocándola con maestría y delicadeza, ejerciendo pequeñas presiones de momentos mientras se maravillaba con su rostro estremecido por sus masajes, comprendiendo que estaba consiguiendo que sintiera ese placer ardiente que la instaba a cerrar sus ojos, mantener su boca entre abierta…Y animado por esa expresión sublime, la besó como si no hubiera un mañana hasta que finalmente, ya no pudo más con la necesidad que clamaba ser atendida. Le era imposible contenerse, quería poseerla, hundirse profundamente en su cuerpo, hacerla suya, hacerla sentir el deseo que ella despertaba en él; pero quería que ella se lo pidiera, y Lisa lo hizo en un instante dado, en una súplica cargada de necesidad de placer.
Una vez que se hundió lentamente en su interior, la sintió cálida y húmeda, deliciosa al contacto estrecho que le dejó tembloroso. No tenía palabras para describir este instante mágico que le envolvía, el principio de la culminación de un deseo que le dejaba en el cielo, perdido en las sensaciones, pero no así, con la conciencia pérdida, porque sabía lo que estaba haciendo y hasta donde quería llegar con ella.
Lisa era todo un mar de sensaciones indescriptible que nunca pensó en llegar a obtener. Había quedado toda temblorosa cuando él se internó en ella, jadeante, perdida en un recóndito paraíso donde la realidad comenzaba a desaparecer y la urgencia de satisfacción tomaba un límite infinito.
Cuando Jack comenzó a moverse, lo hizo lentamente, disfrutando el roce inicial de la carne y del rostro de aquella mujer que no dejaba de soltar suspiros y gemidos insonoros por la represión, en plena insistencia de guardar eesa expresión para la posteridad; pero conforme su cuerpo ardía más, incitado por el calor que emanaba de ella, comenzó a tomar velocidad y fuerza, y los besos que le daba, cada vez se volvían más necesitados. Así llegó a un punto donde su mano se aferró a su trasero y la embistió con fuerza tal, que ella liberó su boca para soltar un sonoro gemido mientras le clavaba las uñas en su espalda.
Abrazada estrechamente él, mientras éste le guiaba a mover sus caderas acompañándole en el ritmo, se oía a sí sisma, sofocada, ronca. Piel contra piel, sentía el sudor que emanaba de cara poro cuerpo.
Lisa no contenía los sonidos que escaparon de su boca en ese instante, mucho menos contenía los que salían al sentir otra embestida profunda, esta vez más intensa, que definitivamente le hizo perder todo el dominio de la conciencia. A esas alturas, el temblor en su cuerpo se había vuelto generalizado, y sólo podía jadear, deleitando a Jack, quien, dentro de su placer intenso, se detuvo convenientemente, instándola a cambiar de posición. Ella pudo entrever su intensión, y lo complació quedando boca abajo, experimentando así nuevas formas de placer para ambos.
Ella, mirando hacia la pared, colocó sus manos sobre el barandal de la cama para amortiguar las embestidas de él, fuertes y profundas, que la anulaban por completo, enviándola a un universo desconocido, donde no había orgullo, heridas, aprehensiones, ni recato, ni otra cosa en mente que limitaran su entrega por completo.
—Oh, Jack, ¡sí!… ¡No te detengas, por favor!
Y Jack… complacía a sus súplicas ahogadas, daba más de lo que le ella pedía; le demostraba que él era su hombre, el único que podía hacerla llegar a su punto álgido de placer, sacando todo de sí de ese ímpetu amoroso que guardaba para su mujer perfecta, ella, Elizabeth Hayes, la temida y respetada almirante que, retorciéndose y meciéndose al compás de placer que le imponía, no era más que una flor sucumbida ante la tentación de un juego donde no había un ganador sino el dulce deseo de compartirse y complacerse mutuamente.
Jack sentía que la amaba más a cada segundo con cada jadeo desesperado, con su voz ronca que citaba su nombre trastornando su normalidad; su entrega también era máxima, porque la amaba, y se lo decía una y otra vez entre sus propios jadeos; poco importaba si ella ahora lo asimilaba realmente, pero sentía que tenía que decírselo para que supiera que le estaba haciendo el amor y no simplemente el sexo.
Con la ausencia total de la vergüenza, en un instante dado, cuando ambos se sintieron satisfechos, silenciosamente acordaron cambiar a una nueva posición donde Lisa tomaba las riendas para hacerle el amor a él; ella se movía de tal forma, que Jack no podía hacer otra cosa más que derrumbarse ante el tormentoso y delirante movimiento de caderas que perturbaba su razón de ser; sus manos se aferraban a la cintura de ella, ejerciendo presión inconsciente, mientras caía vertiginosamente a un abismo donde todas las emociones y sensaciones convergían para transformarse en un éxtasis inigualable.
—¡Elizabeth!… ¡Nena, eso es!… Así me gusta, ¡Vamos!…
Lisa hacía sólo lo que su deseo le pedía, y el placer que se auto-profería se traducía en una expresión perdida, irreal, lujuriosa e imputable de pecado…Ella lo hizo llegar hasta su máximo, logró que el cielo se derrumbara sobre él, sumergiéndolo en un momento de locura en que soltó un ruido gutural nacido por la violencia en que se produjo su clímax. Después, se unió a él llegando al éxtasis; cayó sobre su pecho, desvalida, agotada, y fue recibida por un abrazo sólido, real, firme, deseoso de envolverla hasta que los espasmos de su cuerpo terminaran cediendo ante una reposición alentadora.
Quejidos roncos, susurros entrecortados y respiraciones que se confundían como una sola, fue todo lo que se oyó por varios segundos más.
Él la mantuvo abrazada durante largo rato, mientras sus pensamientos le condujeron nuevamente a un estado de bienestar y satisfacción plena, con la certeza de que ella se había entregado por completo, ninguna duda quedaba albergada en su mente.
Su primera impresión hacia ella era correcta. Ella complacía todas sus expectativas; era la mujer de sus sueños, y ahora más que nunca estaba dispuesto a no dejarla ir. Él tenía su estrategia, le haría olvidar a Rick o cualquier otro que amenazara su soberanía sobre ella. La quería para él, únicamente para él, y lo lograría. Era Jack Archer y nada le era imposible.
Al separarse, no había palabras, sólo miradas cruzadas, y respiraciones entrecortadas.
—Elizabeth—susurró él cuando pudo. Ella sólo sonrió, y se recostó de espaldas, a ojos cerrados.
En ella existía la sensación de cansancio por el acto, y su mente, quería disfrutar este momento, sintiendo la liberación plena de todas las emociones inservibles acumuladas durante meses y dejando fluir las ansias reprimidas que contuvo por largo tiempo.
Sonrió, para sí misma y para Jack, al tiempo que abría sus ojos y estiraba su mano para que él la tomara. En silencio él lo hizo, y fue guiado a su lado. Ella se colocó de costado, y él la abrazó estrechamente. Cualquier cosa, cansancio o sensación de calor queriendo ser liberado, era inútil si podía estar así con ella.
—Te amo, Elizabeth.
Aquellas palabras que retumbaron en los oídos de Lisa, la sorprendieron completamente, sin saber qué decir, pero creyendo fielmente que las entendía… y así sucedió, pues muy a pesar de que sus sentimientos eran distintos, se comprendían mutuamente. Ya eran amantes, personas adultas que vivían una experiencia en plenitud.
Fin Capítulo 12
