Bell
El entrenamiento con Gryffindor no ha ido tan mal como yo pensaba. Potter, sorprendentemente serio, nos ha explicado por qué estábamos allí.
─ Nos hemos reunido porque vuestro próximo partido es contra Slytherin ─ su gesto era serio y su voz grave, como si el Quidditch fuera lo único que se toma en serio ─ Si les ganáis, no tendremos que jugar contra ellos sino contra vosotros. Y si jugamos contra vosotros, ganaremos.
Como no, su ayuda no es desinteresada. Aún así, la seguimos necesitando.
─Slytherin juega sucio. No quiere perder y no le importan las normas ─ prosigue él ─ si un golpeador le rompe un brazo a vuestro guardián, será expulsado, pero vosotros os habréis quedado sin guardián. Por eso vamos a enseñaros cuáles son sus movimientos básicos y cómo ganarles.
Tras dos horas de hacer quiebros, piruetas, rizos y todo tipo de movimientos para evitar que me tiren de mi Barredora, me bajo de ella cansada y mareada, pero satisfecha. Lion, en las gradas, estaba sentada con Remus. Cuando me acerco, están charlando animadamente sobre... ¿mandrágoras? Lo único que me interesa de ellas es con qué mezclarlas en un caldero.
─¡Bell! ─ exclama ella cuando se percata de mi presencia─¿Vamos a Hogsmeade esta tarde?─ ambos me miran, claramente interesados en que acepte, pero no quiero ser la carabina de Lion en su primera... ¿cita?
─Uhm... ¿los tres?
─James y Peter también estarán allí─ Responde Remus sonriendo. "Perfecto" pienso yo "Don nací-con-una-escoba-entre-las-piernas y compañía." ¿Y quien demonios es Peter?
─¡Claro! Se me han acabado las ranas de chocolate, me pasaré por Honeydukes.
Entonces él se mete la mano en el bolsillo de la túnica y saca un paquete.
─¿Quieres?─ pregunta ofreciéndome ─ siempre llevo encima.
Este Gryffindor sí que es simpático.
Después me despido de ellos porque tengo que ir a ver a Ogg a su cabaña. Aún no le he devuelto el ejemplar de "Criaturas fantásticas y donde encontrarlas" que me prestó para que me pusiera al día con Cuidado de criaturas mágicas. Es mi primer año en esa asignatura.
Cuando estoy apunto de llegar, veo un perro enorme salir del bosque prohibido y acercarse a la cabaña.
─ ¡Eh! ¡Lobito! ─ le grito, y en cuanto me ve se acerca a mí, trotando. ─ ¿Otra vez aquí?
En ese momento, Ogg abre la puerta. Es un hombre corpulento aunque no demasiado alto, con el pelo rubio canoso recogido en una coleta. Lleva un delantal harapiento cubierto de manchas rojas, y una gran chuleta sangrienta en la mano.
─ ¡Belladona! ─ me saluda alegremente ─ ¿Que haces por aquí? ─ y antes de que le responda, le tira la chuleta al perro-lobo, que me mira unos segundos, dudando, antes de lanzarse a por ella.
─ Tengo tu… libro. Espera, ¿Lobito es tuyo?
─ ¿Lobito? ─ suelta una ruidosa carcajada ante la ironía ─ No, la verdad es que… "Lobito" vive por aquí, en las lindes del bosque. A veces le doy algo de comida que me sobra, eso es todo.
─ ¿Entonces no tiene dueño? ─ le pregunto, y pruebo a acariciarle mientras come.
─ No exactamente.
─ Bueno, entonces yo seré su dueña. Es mi lobo a partir de ahora. Aunque no creo que a Arquímedes le haga mucha gracia.
Lobito deja de comer y se sienta encima de mis pies. Pesa una barbaridad, y cuando consigo quitarmelo de encima, me sigue hasta los setos del jardín principal.
─ Espera ─ le digo antes de irme ─ necesitas algo para que sepa reconocerte ─ al fin y al cabo, hay docenas de perros gigantes y extrañamente cariñosos en Hogwarts. Me quito mi lazo con los colores de Ravenclaw y se lo ato a la pata, aún sabiendo que se deshará de él en menos que se dice "Quidditch".
Gruñe un poco al principio, pero luego parece convencerle, y se aleja trotando alegremente.
Lion
En clase de Transformación soy incapaz de concentrarme, la Profesora Mcgonagall pretende que transformemos unas pequeñas lechuzas en salseras y la mía, capaz de notar mi nerviosismo, está muerta de miedo.
─Lion, vas a hacer que le de un infarto al pobre bicho ─ me dice Bell mientras presume de su salsera, que tiene un color crema a juego con lo que era el plumaje de su lechuza.
─Es que estoy nerviosa. Nerviosa, nerviosa, nerviosa ─ Bell me mira y arquea una ceja.─No me mires así, tu salsera tiene plumas en el asa.
Hace ya una semana coincidí con Remus en el entrenamiento de Gryffindor y Ravenclaw. La verdad es que en seguida nos pusimos a hablar de un montón de cosas ("¡no puedo creer que cultives tus propios bubotubérculos!") y pasamos la tarde en Hogsmeade con Bell, Potter y Pettigrew pero a decir verdad, fue una tarde un poco extraña… Un lobo negro estuvo siguiendo a Bell toda la jornada y los chicos estaban extrañamente incómodos; no pararon de intercambiar miradas enigmáticas. Desde aquella tarde apenas he vuelto a coincidir con Remus por los pasillos o en el Gran Comedor, pero me invade una extraña sensación de nerviosismo constante.
─¿No crees que es injusto?
─Totalmente, no puedo creerlo, cada vez que pienso en esos tramposos… Y dicen que el buscador de este año es super agresivo...
─¿Qué? ¿De qué me estás hablando Bell?
─¿Huh? Del partido del sábado claro. ¿De qué hablas tú?
─¡De lo injusto que es que haya conocido a Remus a una semana de las vacaciones de Navidad, claro!
─¡Dandelion!
─¿He dicho eso en voz alta?─Miro a mi lechuza, un asa de porcelana le ha crecido en el ala derecha─No se, aún así hay algo raro en esos cuatro, ¿no crees? quiero decir, Remus siempre está en la enfermería, incluso más que nosotras; Pettigrew apenas habla y de Potter no me creo una palabra de lo que dice. Bueno y luego Black… ¿Qué demonios pasa con Black?
─No se Lion, le das demasiadas vueltas a todo, ¿sigue teniendo plumas mi salsera?─Bell la gira y me la enseña dudosa, yo asiento con la cabeza.─ Bueno, ¿vas a dejarte de cháchara y decirme que piensas?
Sonrío. Miro a la profesora que ya nos ha llamado la atención varias veces y aparto mi pobre lechuza, ahora ya con dos asas. Odio admitirlo pero la de Bell está mucho mejor.
─Verás, el otro días te leí los posos del té y…
─¡Lion!
─¡Ay ya se que lo odias! Pero es que no lo puedo evitar, y tu no ibas a enterarte, te habías ido a entrenar y dejaste ahí tu taza… El caso es que ví cosas muy extrañas. Había una figura, un animal, y justo después encontraste a ese perro que te sigue a todas partes, ¿dónde está por cierto?
─No se, hace lo que quiere. ¡Ya no tiene plumas!
─Bueno… El caso es que vi más cosas.. Y no eran del todo buenas… Había maldad y violencia. También había alivio pero no se… ¿Qué crees que significa?
─Ay Lion… Odio cuando te pones en plan Adivina loca, me recuerdas a tu tía─la miro escandalizada─Probablemente serán terribles augurios sobre el partido del viernes.
─No te burles Bell. No es que quiera presagiarte cosas terribles pero…
─¿Señorita Wytte, ha terminado ya de torturar a su lechuza?
La profesora Mcgonagall corta por lo sano nuestra charla con diez puntos menos para Ravenclaw, al parecer es de vital importancia saber cómo transformar un bicho volador en una pieza de vajilla si quieres llegar a ser algo en el mundo mágico. Sin embargo, aunque Bell no quiera creerme cuando le hablo de adivinación, ultimamente no he andado desencaminada. Sé que su nueva mascota esconde algún secreto, porque no es casualidad que se haya entrecruzado en su destino, y también sé que no tenían nada que ver con el Quidditch el resto de augurios que me desvelaron los posos del te. Algo va a pasar, algo malo, y solo espero que la tempestad que se avecina deje pasar pronto a la calma.
