CAPITULO 11
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Darién vio una familiar cabeza canosa asomarse por una ventana de la casa de al lado cuando llego a casa de Serena el domingo por la noche. La señora Harbison era como la vigilante del vecindario, estaba al día de todo lo que hacían los residentes del vecindario.
Y al salir del coche se le ocurrió que tal vez había desperdiciado una buena fuente de información.
- Buenas noches señora H
- Supuse que era tu coche
- ¿Reconoce el sonido de mi coche?
Ella sonrió.
- Ese sonido es inconfundible
- ¿Es esa una forma educada de decir que mi motor hace mucho ruido?
- Nadie me ha dicho que sea una persona educada – le dijo –. Si me molestara el ruido, me aseguraría de hacértelo saber.
- Es del sesenta y seis, ¿verdad?
- Veo que sabe de coches.
- En realidad no. Serena me dijo el modelo cuando le dije que me gustaba.
- Sí, a la mayoría de las mujeres les gusta.
La mujer sonrió.
- ¿Sabes? Solo estaba mirando por la ventana para asegurarme de que eras tú, de que no había ningún problema. Puede que esté no sea un barrio elegante, pero aquí todos cuidamos los unos de los otros.
- Supongo que no habrá mucho por aquí que usted no sepa – comentó.
- Si estas preguntando si me fije en que tu coche estuvo estacionado aquí toda la noche del viernes hasta bien entrada la mañana del sábado, he de decir que sí.
Y aunque en su tono había humor mas que censura, se sintió como un chico al que habían sorprendido robando flores del jardín del vecino.
- Lo cierto es que no es eso en lo que estaba pensando – dijo, aunque eso confirmo sus sospechas de que la mujer conocía todos los movimientos del barrio –. ¿Cree que podría dedicarme unos minutos?
- El tiempo es algo que me sobra ahora misma – le dijo –. Pasa. Tengo que sacar unas galletas del horno.
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Serena había estado esperando a que sonara la puerta.
Había visto los faros por la ventana cuando Darién se había estacionado… hacia ya casi una hora.
Ahora, por fin, estaba llamando a la puerta.
No lo había visto ni había hablado con él desde que había rechazado desayunar con ella el día anterior y ahora se sentía nerviosa. De camino a la puerta sentía un cosquilleo en el estomago.
- ¿Me has rechazado por una mujer mayor? – le pregunto intentando mostrarse tranquila y natural.
- No me ha quedado mas remedio después de probar estas increíbles galletas de chocolate.
La mirada de Serena fue directa al plato que Darién sostenía.
- ¿Has venido solo para darme envidia o piensas compartir?
- Puede que comparta si me das una café para acompañarlas – hizo como si hubiera sentido un escalofrió –, la señora H me ha dado té.
Serena sonrió mientras se apartaba de la puerta.
- Acabo de hacer una cafetera.
Ya en la cocina, sirvió dos tazas y las puso en la mesa.
Darién le había quitado el plástico al plato de galletas y Serena le entrego su taza para tener una mano libre con la que comerse una galleta. Se fijo en que Darién ya le había dado un mordisco a una.
- ¿De que has estado hablando con la señora H?
- De coches – respondió.
- Sé que le gusta el tuyo.
- Sí, me lo ha dicho. Esa clase de comentarios hacen que tanto esfuerzo haya merecido la pena.
- ¿Lo arreglaste tú?
- Pareces sorprendida.
- No, es solo que nunca se me había ocurrido.
- Lo compre pocos meses después de que Neflyte muriera, cuando toda mi vida se estaba derrumbando.
Ella dio un sorbo de café preguntándose si Darién se habría dado cuenta de que era la primera vez que mencionaba el nombre de su amigo al hablar con ella.
- Mi hermano Diamante estaba conmigo. No recuerdo adonde íbamos, pero sí recuerdo cuando lo vimos aparcado a un lado de la calle con un cartel de SE VENDE. A Diamante le pareció un montón de chatarra, pero me dijo que tal vez podía entretenerme trabajando en el.
- Tu hermano parece una persona… interesante.
Él sonrió.
- Dijo algo parecido de ti… quería saber si podía presentarlos.
- ¿Le has hablado a tu hermano de mí?
- Todos mis hermanos estaban delante – admitió – Es mas, fue Zafiro el que saco tu nombre en la conversación.
- No estoy segura de querer saber nada más.
- Lo único que necesitas saber es que ignore lo que Diamante me pidió.
Ella anarco las cejas.
- Intentaría que te fueras con él.
- ¿Crees que soy tan voluble?
- No, lo que creo es que eres demasiado buena para cualquiera de los dos.
Y aunque su tono no era serio, Serena creyó que Darién sentía realmente lo que estaba diciendo.
Se levanto de la mesa para rellenarse la taza y él la siguió.
- No estoy seguro de porque estoy aquí Serena.
- ¿Quieres decir que no has venido solo a traerme unas galletas?
- He intentado mantenerme alejado.
- Se que no buscas una relación estable – dijo ella.
- No, pero aunque resulte sorprendente, tampoco quiero una relación que no signifique nada.
Ella sonrió.
- Bueno, al menos eso es algo.
- Pero tú mereces más que lo poco que puedo darte.
- No te preocupes por mí. Entre nosotros no ha pasado nada que yo no quisiera que pasase.
Darién abrazo a Serena, que apoyo la cabeza en su pecho.
- Eres tan dulce, cálida y generosa – dijo.
Serena echo la cabeza hacia atrás y lo miro.
- ¿Y por qué te asusta eso?
- Porque yo no lo soy – dijo con una sonrisa irónica – Soy frio, egoísta y un cínico y me preocupa contagiarte.
- A lo mejor te contagio yo a ti – sonrió –. Pero para contagiarte algo tenemos que estar muy juntos.
Darién se rio.
- ¿Es eso una invitación?
- Una invitación personal.
- E increíblemente tentadora.
- Pero los niños…
- … están durmiendo – ya tenia las manos bajo su camisa –. Así que puedes quedarte… un rato… si quieres.
Deseaba quedarse; Serena podría notarlo por su grado de excitación. Pero aun así se sentía culpable, estaba dividido entre querer quedarse, odiar tener que marcharse antes de que terminara la noche y no querer desearla del modo en que lo hacia.
Él era frio, egoísta y cínico. Al menos eso era lo que había dicho Mina antes de salir por la puerta y él tampoco podía negarlo. Pero ahora, con Serena, ya no sentía frio, sino calor. Y aunque sin duda quería tomar lo que ella le estaba ofreciendo, también quería dar.
- Quiero quedarme… un rato.
Ella no dijo nada mas, lo tomo de la mano y lo condujo a su dormitorio.
Darién cerró la puerta y echo el cerrojo.
Cuando se volvió, ella estaba sonriéndole de un modo que le lleno el corazón.
Era preciosa. Tenía una belleza increíble y sobrecogedora.
Rápidamente empezó a desabrocharle la camisa hasta revelar su piel suave y tersa, y un sujetador de encaje. Le beso el cuello hasta llegar a sus pechos y la sintió temblar.
Era una mujer sexy, irresistiblemente sexy. Y seductora.
Darién tiro la camisa y el sujetador al suelo. Después, termino de quitarle la ropa hasta dejarla allí, delante de él, desnuda.
Preciosa, sexy, seductora y desnuda. Y suya.
Porque al menos por esa noche, Serena le pertenecía.
No pensaría en lo que vendría después, lo único que le importaba era el momento.
La llevo a la cama y la tendió sobre las sabanas.
- Darién…
Él no quería hablar. No tenía palabras para expresar sus deseos. De modo que le cubrió la boca con un beso, un beso lento y profundo, mientras no dejaba de acariciar su sedosa piel. Desde los hombros hasta los pechos y más abajo.
Deslizo los dedos sobre la suave longitud de sus piernas para luego volver a subir y detenerse en el vértice de sus muslos. Sintió los músculos de Serena tensarse y temblar y ella separo ligeramente las piernas para animarlo a seguir con la exploración.
Volvió a trazar el mismo recorrido de antes varias veces, pero acercándose cada vez más a esa zona tan intima. Serena comenzó a respirar entrecortadamente cuando sintió su dedo pulgar acariciándola y alzo las caderas de manera instintiva.
Las manos de Darién bajaron hasta sus tobillos antes de doblarle suavemente las rodillas. Después se arrodillo entre sus piernas y bajo la cabeza para saborearla.
Serena volvió a levantar las caderas del colchón mientras la lengua de Darién se deslizaba entre los húmedos pliegues de su feminidad.
Respiro entrecortadamente y gimió; sus caderas giraban a un ritmo inconsciente. Cuando su cuerpo tembló, se tenso y finalmente se relajo, él le dio mas placer hasta hacerla llegar al borde de un segundo clímax. Y en ese momento se quito rápidamente la ropa, se tendió sobre ella y la tomó.
Serena engancho las piernas alrededor de su cintura y lo anclo a ella mientras juntos avanzaban en esa tormenta de sensaciones que los azotaban.
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Darién no quería crearle ilusiones a Serena contándole la conversación que había tenido con su vecina; al menos, no hasta que no pudiera confirmar lo que la mujer le había dicho. De modo que no le dijo nada, pero lo primero que hizo a la mañana siguiente fue concertar una cita para ver al abogado de Andrew.
- Gracias por hacerme un hueco en tu agenda – dijo Darién sentado enfrente de Kelvin Gurio.
- Acabo de llegar del juzgado, tenia tiempo. Y he de admitir que tengo un poco de curiosidad por saber los progresos de tu investigación.
- Desgraciadamente no hay muchos.
Kelvin sonrió con ironía.
- Así que supongo que Andrew esta colaborando tanto como de costumbre.
- Eso es, pero descubrí algo interesante cuando hable ayer con Ethel Harbison.
- Lo dices como si ese nombre debiera decirme algo.
- ¿Y no te dice nada?
- Ahora mismo no me suena – le dijo el abogado.
- Es la vecina de Andrew – dijo Berjerite al entrar en la oficina con dos tazas de café y una sonrisa –; es una mujer fantástica. Su nieto y el hijo de Andrew son muy amigos.
Darién asintió.
- Y la señora Harbison me ha dicho que el día que el prototipo y los planos fueron robados, había un coche estacionado el otro lado de la calle. De tamaño mediano, color gris y ventanas oscuras. Tal vez un Acord viejo, aunque de eso no estaba segura. Pero sí que estaba segura de no haber visto nunca ese coche, ni antes ni después de ese día.
- Ahora nos viene bien tener información nueva.
- Pero no es información nueva – dijo Darién –, le conto lo mismo a la policía.
- La Oficina del Fiscal del Distrito no nos dijo nada sobre un coche sospechoso – dijo Berjerite.
- No me sorprendería – dijo Kelvin –; el juicio fue como una burla al sistema judicial.
Cualquiera que escuchara a Kelvin decir eso podría pensar que estaba buscando una excusa para disculparse por haber perdido un caso por primera vez en su carrera, pero Darién había leído las transcripciones y sabía que había sido así.
- Pero hay normas, no se pueden ocultar datos. ¡Ey! – exclamo de pronto Berjerite – ¿No nos podría servir esto para presentar una apelación?
- Es difícil decirlo sin saber exactamente qué información no fue revelada – le dijo Kelvin antes de dirigirse a Darién –: ¿Vas a ir a la Oficina del Fiscal de Distrito?
- Ésa es mi siguiente parada – le confirmo.
Después se termino el café y fue a tener una charla con su ex novia.
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Darién no llamó antes ir.
Pensó que si Mina no estaba en la oficina, lo intentaría mas tarde, aunque no avisaría. Quería mantener el factor sorpresa.
Pero resultó que sí la encontró en su despacho.
- Hace más de dos años que no vienes por aquí – dijo ella –. Así que he de admitir que tengo curiosidad por saber qué te trae por aquí ahora.
- Quiero hablar del juicio de Andrew Tsukino.
- Debería habérmelo imaginado después de verte la otra noche con su hermana.
Ignoro la alusión a Serena.
- Ethel Harbison hablo con la policía. Quiero saber qué aparece en el informe.
- Darién, tengo treinta y siete casos sobre la mesa. No tengo tiempo.
- Dijo que vio un coche desconocido estacionado enfrente de la casa de los Tsukino el día que los planos y el motor desaparecieron.
Mina dejo de escribir y alzo la vista.
- ¿Y?
- Quiero saber por qué a la defensa no se le dio esa información.
- Porque era irrelevante.
- Eso no es algo que tuvieran que decidir ustedes.
- Claro que sí. La policía le tomó declaración a la mujer. Resultó que el coche pertenecía a un amigo del tipo que vive al otro lado de la calle. Por lo tanto esa información no suponía ninguna ayuda para la defensa y yo no estaba obligada a dársela.
- ¿Te aseguraste de tener las espaldas bien cubiertas, eh?
Ella lo miro con los ojos entrecerrados.
- ¿Ya has terminado?
- ¿Qué te ha pasado Mina? Hubo un tiempo en el que le habrías dado todos los datos a la defensa y te habrías preparado para enfrentarte a ellos, habrías dejado que el jurado decidiera. Antes creías en la justicia.
- Tú también creías.
- Tienes razón y a lo mejor perdí algo de fe cuando el asesino de Neflyte quedo libre.
- Y a lo mejor yo me canse de muchos abogados defensores que utilizaban información irrelevante para confundir al jurado. Pero aun así, seguí entrando en una sala de juicios todos los días.
- ¿Buscas justicia o solo buscas ganar?
- Hago mi trabajo. Sé que tu novia esta mal porque su hermano esta en la cárcel, pero eso es lo que pasa cuando alguien quebranta la ley.
- He leído la transcripción del juicio. Me pareció que el juez Rhinehardt estaba arremetiendo contra Andrew Tsukino desde el principio.
- A lo mejor otra interpretación es que su abogado defensor era un incompetente.
- Vamos, Mina. Ya conoces la reputación de Kelvin Gurio. Y estoy seguro de que le asignaron el caso cuarenta y ocho horas antes de que se celebrara el juicio. Era razonable que pidiera un aplazamiento… y habría sido razonable que se lo hubieran concedido.
- Admito que la negativa de Rhinehardt fue un golpe duro para la defensa, pero el juez tenía sus criterios para rechazar el aplazamiento.
Estaba seguro de que Mina estaba pensando en ello ahora, reconsiderando lo sucedido.
- Quiero ver el informe – le dijo Darién.
- No tuve que dárselo a la defensa y por supuesto no tengo que dártelo a ti.
- No, no tienes por qué hacerlo, pero te lo pido de todos modos. Por favor.
Mina suspiro al levantar el teléfono y marcar a su secretaria.
- Ceres, ¿puedes buscarme el archivo del caso Tsukino? El juicio se celebro en… - frunció el ceño.
- Marzo – dijo Darién.
- El juicio se celebro en marzo, gracias.
Colgó el teléfono y se volvió hacia Darién.
- Es un caso relativamente reciente, así que supongo que no le costara localizarlo.
- Te lo agradezco Mina.
Ella no le hizo caso a su muestra de gratitud.
- Hice mi trabajo – repitió – Y no encontraras nada que sugiera lo contrario.
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Mientras Darién esperaba a que Ceres encontrara el archivo, fue a una cafetería a por un sándwich. También compro una para Mina, ya que no parecía tener tiempo de tomarse un descanso para el almuerzo.
- ¿Hacemos las paces? – le dijo al poner en el escritorio de Mina un sándwich de atún con pan integral y un refresco.
- Gracias – dijo sonriendo –. No puedo creer que te acuerdes.
- No ha pasado tanto tiempo.
- Ya hace mas de dos años que me marché y antes de eso las cosas no iban bien – desenvolvió el sándwich y le dio un mordisco –. Te debo una disculpa.
- ¿Por qué?
- Por dejarte cuando te sentías tan hundido.
Él se encogió de hombros.
- Sé que te puse difícil el querer quedarte.
- ¿No me guardas rencor?
- Como tú misma has dicho, han pasado más de dos años.
- Sí, pero a lo mejor quiero explicarme para limpiar mi propia conciencia.
- Bien.
- Te culpé por distanciarte de mí, pero lo cierto es que después de la muerte de Neflyte te quedaste perdido y yo no supe el modo de traerte de vuelta a mí. Como no sabia como ayudarte, te culpé y me marché. Pero creo que lo que hice fue lo mejor para los dos. No pude darte lo que necesitabas, pero tal vez Serena sí pueda.
- ¿Qué tiene que ver Serena en esto?
- Hoy has entrado aquí con fuego en la mirada, con una energía y una ilusión que habías perdido incluso antes de que me fuera. A lo mejor se debe a que el tiempo lo cura todo o a lo mejor es gracias a ella.
- O a lo mejor tú estas imaginando demasiadas cosas.
Ella sonrió.
- Te asusta, ¿verdad? Volver a abrir tu corazón. Incluso tal vez a enamorarte.
- No es eso – insistió.
- Es exactamente eso. Y si pensaras en qué hacer en lugar de salir huyendo, podrías volver a ser feliz.
- Soy feliz – y por primera vez en mucho tiempo se dio cuenta de que era verdad.
- Entonces no dejes escapar esa sensación. No la dejes escapar.
Pero Darién no estaba seguro de poder hacerlo, aunque quisiera.
Y se sintió aliviado cuando la conversación fue interrumpida al entrar Ceres en el despacho.
- Gracias – dijo Mina, y esperó a que su secretaria se hubiera ido. Después le entregó el archivo a Darién.
- Si quiere copias de algo, puedo hacértelas, pero los originales se quedan aquí.
Él asintió y comenzó a leerlo mientras ella volvió a su trabajo.
Mina siempre había sido una mujer organizada y por eso no le sorprendió ver un índice en la primera página con todos los contenidos del informe. Busco en la lista y, por supuesto, encontró el nombre de Ethel Harbison.
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18. Ethel Harbison – Información de contacto. Pág. 41
19. Harbison – Entrevista a cargo del agente Morrow. Págs. 42-44
20. Harbison – Declaración. Pág. 45
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Darién busco entre las páginas numeradas la declaración de la señora Harbison, pero se extraño al ver que los números saltaban del cuarenta al cuarenta y nueve. Volvió al índice, comprobó el numero de las paginas que estaba buscando y anoto la descripción de las otras que también faltaban.
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21. Byron Losani – Información de contacto. Pág. 46
22. Losani – Entrevista a cargo del agente Morrow. Págs. 47-48
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Losani, supuso, debía de ser el vecino de la casa de enfrente, el dijo que el coche era de un amigo suyo.
¿Pero donde estaba su declaración?
Volvió a mirar.
- No encuentro las hojas de la cuarenta a la cuarenta y nueve – le dijo finalmente a Mina.
Ella se extraño, pero siguió escribiendo en su teclado.
- Probablemente estén descolocadas.
- Eso creía, pero he mirado todas las paginas una a una.
Mina aparto la vista del ordenador y tomo el archivo. Hizo lo mismo y Darién pudo ver como, al ver que las paginas habían desaparecido, su gesto pasaba de la sorpresa al nerviosismo.
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Serena llegaba al salón de belleza con el mismo temor que había sentido la primera vez que había ido allí. No era que no confiara en Rei, pero se preguntaba cual seria la reacción de Rini ante la excéntrica mujer.
Y al igual que la primera vez, se había quedado vacilando en la cera, entonces la puerta se abrió y Rei salió.
- ¿Vas a quedarte todo el día allí o piensas entrar?
Serena no pudo evitar sonreír.
- Pensábamos entrar, si no estas muy ocupada.
- Tienes el pelo rosa – le dijo Rini a la mujer.
- Es la especialidad del día – dijo Rei con aire solemne –, ¿no han venido a ponerse el pelo rosa también?
Rini sacudió la cabeza.
- Pero si que me podrías pintar las uñas de los pies de rosa. Hoy el cole ha terminado antes y Sammy se ha ido a casa de un amigo, así que tía Serena ha dicho que tal vez podríamos venir a que nos hicieras la piedicura.
- Con que la pedicura ¿eh? Pero no puedo hacerlo aquí, en mitad de la acera, ya sabes, ordenanzas municipales.
Rini asintió con gesto solemne y siguió a Rei dentro. Serena fue tras ellas, contenta por las buenas migas que habían hecho la mujer del pelo rosa y su sobrina.
- Por cierto, soy Rei.
- Yo Rini.
- ¿Rini la bailarina?
- ¿Cómo lo sabes? – pregunto la niña sonriendo.
- Lo sé todo de ti – dijo Rei.
Los ojos de Rini se abrieron de par en par.
- El señor Chiba me ha hablado de ti. Me dijo que la noche de la actuación fuiste la bailarina más bonita del escenario.
- Me trajo flores. Tulipanes.
- Bueno, eso es lógico – dijo Rei colocando un baño de pies para Serena – La estrella del espectáculo siempre ha de recibir flores.
Mientras Serena metía los pies en el agua caliente, oía a su sobrina reírse; un sonido poco común en las ultimas semanas.
- Y una bailarina siempre debe cuidar sus pies – ayudo a Rini a quitarse los zapatos y los calcetines y le remangó los pantalones para que pudiera meter los pies en agua caliente, como estaba haciendo su tía.
- ¿Quieres un jugo? Hay de manzana y de combinado de frutas.
- Combinado de frutas – respondió la niña – por favor.
- Combinado de frutas marchando – se volvió hacia Serena - ¿Café? ¿Té? ¿Vino?
- Café, por favor, solo.
- Bien chicas, ustedes ha relajarse. Yo vuelvo enseguida.
Cuando termino de hacerle la pedicura a Rini, le dio a la niña un libro de colorear y unas pinturas para que se entretuviera mientras ella se ocupaba de los pies de Serena.
- He visto a tu detective este mañana – le dijo Rei –; estaba en la cafetería hablando de las deliciosas galletas de chocolate de alguien.
- De mi vecina.
- Pero parecía estar mas contento por la conversación que tuvieron que por las galletas. Puede que haya encontrado una pista importante para el caso de tu hermano.
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Lo primero que pensó Darién al ver al agente Morrow fue que le chico apenas parecía tener la edad suficiente para afeitarse. Pero le gusto ver que el joven policía tenía mente ágil y que pudo contarle un detallado resumen de su participación en el caso prácticamente sin consultar sus notas.
- Entrevisté a Losani dos veces. En la primera ocasión le hice las preguntas de rigor: ¿Estuvo usted en casa? ¿Vio o escucho algo?... pero después de que Ethel Harbison me dijera que hubo un coche estacionado justo delante de la casa de Losani, empezamos a preguntar a otros vecinos por el coche, para confirmarlo, y entonces, de pronto, recibo una llamada de Losani diciéndome que el coche era de un amigo suyo que había ido a visitarlo. John Roberts – dijo consultando sus notas –, un amigo de Sacramento.
- ¿Qué impresión de dio Losani?
El policía se encogió de hombros.
- No me llamo demasiado la atención la primera vez que lo entrevisté. Y la segunda supongo que pensé que estaba nervioso porque eso es lo que le pasa a mucha gente cuando habla con la policía.
- ¿Y que pensarías si te dijera que he hablado con él esta mañana y me ha dicho que el coche pertenecía a un primo suyo llamado Jack Richards?
- Pues que nos esta mintiendo a uno de los dos.
- Lo que me lleva a pensar que ese coche es más relevante de lo que la gente piensa.
Morrow no pudo negar esa posibilidad y Darién salió de la cafetería seguro de que Andrew Tsukino estaba asumiendo las culpas de otro, y dispuesto a descubrir la verdad.
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Reviso sus mensajes en su móvil de camino a casa y sonrió al escuchar la voz de Serena:
«"Sé que tenias una reunión, pero he pensado que tal vez te gustaría venir a cenar; tenemos asado, si quieres venir. Si no… bueno, tal vez nos veremos mañana."»
Y eso fue todo. Fin del mensaje.
No lo presiono, no pareció esperar nada de él, simplemente le dijo: «… si quieres venir»
Y el problema era que sí que quería ir. Tal vez demasiado.
Recordó las palabras de Mina animándolo a perder el miedo a enamorarse y a intentar ser feliz.
Tal vez era un tonto por considerar la posibilidad de un futuro con Serena, pero lo cierto era que si pensaba en su futuro, no podía imaginarlo sin ella.
La ironía era que Serena no parecía esperar, ni incluso querer nada más de lo que tenían ahora. Se recordó que era mejor no hacerse ilusiones y no aferrarse a un sueño que jamás se cumpliría.
Por eso en lugar de aceptar la invitación a cenar y guiarse por el deseo de verla, se quedó en el carril central y pasó de largo el cruce, sólo para demostrarse que podía resistir, que podía no dejarse vencer por una cálida sonrisa que era tan inocente como seductora.
¡Pero a quien intentaba engañar!
Hizo un giro prohibido en mitad de la calle.
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Hola =D
Les dejo otro capitulo, a partir de este nos quedan tres capitulos mas y llegamos al final, mmm casi termino el siguiente capitulo, si lo termino lo subo antes de salir del trabajo, sino hasta el lunes, bueno hasta la proxima =)
