Titulo: Despertar Contigo

Disclaimer: Los personajes de Inuyasha son propiedad de Rumiko Takahashi.

Advertencia: Un triste intento de Lemmon, espero que no les cause confusión… D: Leer bajo su propio riesgo…

XII

Inuyasha se quedo de pie a las afueras de la aldea, había algo que no podía sacar de su mente y esa era la situación que se presento de hacer suya a Kagome. Se sentía un miserable al tratar de dañarla, pero aun más cuando ella decidió quedarse con Sesshomaru.

La cruda realidad le dio de lleno, había perdido.

¿Pero que estaba pensando? Ella había prometido quedarse a su lado, a costa de lo que fuera y la haría cumplir su promesa de una forma u otra, definitivamente la obligaría. Apretó los puños con odio, jamás dejaría que su medio hermano le arrebatara el cariño y el afecto de la morena.

-¿Qué ocurre Inuyasha?- Pregunto una voz conocida a su espalda.

-Kikyo…- Giro y observo a la joven que se acercaba hacia él.

-¿A dónde esta Kagome?- Cuestiono sin rodeos.

-Se… Decidió quedarse con Sesshomaru…- Contesto de mala gana.

-Ya veo y es por eso que estas así… ¿No es verdad?- Oculto lo mas que pudo sus celos para que el hanyo no sospechara nada.

-¡No te importa!- Le grito de forma tajante.

-¡Claro que me importa! Es algo que me afecta… Tu mismo dijiste hace unos cuantos días que a quien amabas era a mi, no a esa mujer… ¿Qué esta pasando?- Quería averiguar el porqué de la actitud de Inuyasha, se estaba comportando como un lunático.

-Yo…-

-No es necesario que lo digas… Te diré que esta pasando… ¡Tu tienes miedo! Tienes miedo de perderla y que ya no sea tu segunda opción, ¿sabes que? ¡Me alegro y mucho! Cuando estaba contigo jamás le diste el valor que ella merecía. Porque aunque me duela admitirlo, te amaba….- La joven comenzó a llorar amargamente y él se quedo allí, sorprendido de sus palabras. En algún lugar de su corazón lo que dijera la sacerdotisa habían calado hondo porque eran verdad. Él se sentía de una forma dueño de la otra morena y por un momento no supo que decir. Tenía muchas cosas que pensar y lo primero que haría seria de una vez por todas definir sus sentimientos, así que se alejó ante la mirada atónita de la miko.

La mujer lo vio perderse en la oscuridad y con lentitud se encamino hacia el pequeño templo donde había dejado la perla guardada, mientras que las pequeñas serpientes que siempre le acompañaban, iban depositando almas en su cuerpo.


Los primeros rayos del sol iluminaron a la pareja que estaba recostada junto al abrigo de un enorme árbol. Sesshomaru pasó lo que restaba de la noche en vela, viendo descansar a la sacerdotisa. Con su larga estola le había proporcionado algo de comodidad para que reposara ya que tenía dos días sin dormir adecuadamente.

Un par de veces la escucho gemir y mencionar su nombre entre sueños, además de otro: Shun.

¿A quien se refería? No había nadie en el grupo de Inuyasha que se llamara así… Tal vez, de la época en que venia había dejado a alguien que llevaba ese apelativo. No le dio importancia y observo al sol que se levantaba con lentitud sobre el cielo. Entonces la joven se aferro de sus ropajes pero aun no despertaba; por lo cual decidió llevarla en brazos para llegar lo antes posible a su destino y como el día anterior, utilizo la tele transportación para ahorrar tiempo. Arribaron de inmediato a la entrada del castillo y con andar solemne llego hasta sus habitaciones y deposito a la muchacha sobre la cama.

Después de un rato, alguien toco a la puerta.

-Amo bonito, vine a darle la bienvenida…- Lo que vio sobre el lecho le llamo en extremo la atención y la quijada del individuo de color verde golpeo el suelo de la impresión.

-¿Qué has visto, Jaken?- Cuestiono el Lord con esa voz tan fuerte y gélida que al yokai, de tener cabellos, sin duda se los pondría de punta. El pequeño sapo se inclino con nerviosismo hasta que su frente topo el suelo.

-N-nada, amo Sesshomaru… En seguida me retiro…- Irguiéndose de inmediato, camino fuera de la alcoba lo mas rápido que le permitieron sus pequeñas extremidades.

Ya había pasado más de una hora y ella seguía durmiendo, se le miraba tranquila por lo que decidió dejarla un momento, mientras él iba y tomaba un baño.

Perezosamente la joven miko comenzó a despertar y cuando su vista se acostumbró a la luz que se filtraba por la ventana, reconoció el lugar. Se incorporo de inmediato, haciendo que sus pies se enredaran con las mantas y cayo al suelo.

Una jovencita le ayudo a incorporase y aunque aun era pequeña la recordó de inmediato.

-¿Yuki?- La niña la vio como si su ama tuviera tres cabezas y luego sonrió.

-Si, señora Kagome. El amo me mando a prepararle el baño y sobre la mesa está dispuesta la comida. Me imagino que ha de tener hambre, ¿no es así?- La morena asintió y después de tomar sus alimentos, se alejó rumbo al cuarto de baño donde duro mas de quince minutos disfrutando del agua.

Cuando decidió salir hacia la alcoba, vio que las espadas y la armadura de Sesshomaru descansaban en una esquina de la habitación. El daiyokai estaba de pie frente a la ventana observando con detenimiento el atardecer, solo vestía un kimono y su estola descansaba sobre su hombro derecho. Mientras estaba distraído, ella se introdujo debajo de las sabanas y se cubrió completamente. Sus mejillas estaban teñidas de rosa y no quería que la viera en ese estado, sentía que sería la primera vez desde que estuvieron juntos. Aunque en su momento sintió desprecio por él, nunca pudo odiarlo realmente.

Levanto un poco la manta para espiarlo, pero curiosamente él ya no estaba. Se sorprendió y arrojo las sabanas al suelo para levantarse de inmediato. Trago saliva, pues a los pies de la cama estaba el daiyokai observándola de soslayo. Kagome no pudo evitar darse cuenta de que él estaba desnudo y pudo admirar su anatomía por completo hasta llegar a sus ojos.

Se miraron en silencio durante unos instantes, que a ambos les parecieron eternos.

Él se subió a la cama sin quitarle la vista de encima, haciendo que la joven retrocediera asustada.

-¿Me temes, mujer?- Pregunto seriamente. Ella de inmediato conmemoró esas palabras y no pudo dejar de sonrojarse de la pena.

-N-no…- Respondió conciliadoramente, aunque su tartamudeo la delato.

Sesshomaru le rodeó con ambos brazos y se inclinó sobre ella. Sentir la cercanía de su cuerpo y el calor que este emanaba, la hacía temblar en gran manera. Los ojos dorados colisionaban con sus pupilas de color chocolate y sus bocas estaban tan cerca que casi chocaban sus alientos. Con suavidad él depósito un beso fugaz sobre su labios y ella quedo a la expectativa de un poco mas. Con agilidad el joven desato la yukata de seda blanca que llevaba puesta para dejar entrever su desnudez.

Fue un momento increíble para ella. Estar así, a merced del hombre que amaba. Con vergüenza se cubrió el busto y su intimidad, algo que el poderoso daiyokai no estaba dispuesto a permitir.

-No lo hagas…- Ordeno con voz firme mientras apartaba suavemente sus manos, ella instintivamente cerro los ojos y giro el rostro a un lado.

-Lo siento…- Murmuro.

La espera era casi mortal pero él solo se limito a acariciar con ternura su espalda, depositando besos candentes sobre sus labios y cuello, bajando con lentitud hasta su pecho. No había prisa, deseaba saborear cada centímetro de su nívea piel.

Le abrazo con fuerza, atrayéndola más hacia él para aspirar su suave perfume, esa mujer le alteraba los sentidos. Era hermosa y jamás se imagino poseyéndola de esa manera. ¡No! Era algo que definitivamente estaba fuera de su imaginación.

Kagome estaba más que encantada, amaba todo de él, su aroma, su sabor… Sentir la textura de su piel ardiente. Era algo contra lo que no podía luchar, se encontraba excitada y sin aliento.

-Hazme tuya, Sesshomaru…- Hizo el pedido a modo de secreto. Como temiendo que alguien mas pudiera escucharle. Por supuesto que estaban solos, y ella siguió mirándole, esperando a que él entendiera su suplicio.

Sesshomaru hizo una mueca a modo de sonrisa al ver como reaccionaba la mujer al toque de sus manos y eso lo hacia ver maravillosamente sensual. Kagome suspiro y se aferro más a él.

-¿Estas segura? Después de esto…- La joven con un profundo beso le cortó las palabras, no había tiempo para dudar o replicar. Ella deseaba que le hiciera el amor. Sin en cambio él esperaba que fuera placentero para los dos.

Pasaron varios minutos más, en los que el peli plata trazo las curvas de las caderas femeninas con las manos y las caricias que le proporcionaba casi le hicieron perder el juicio. Sonreía enamorada porque estaba con el amor de su vida y sentía que flotaba sobre nubes.

Esta experiencia podría decirse que era nueva para Kagome y muy diferente a la primera vez que estuvo con él, algo que por el momento prefería olvidar.

Con timidez separo las piernas para que Sesshomaru acoplara su cuerpo al de ella, permitiéndole una cercanía total a su sexo. La joven sintió el roce del miembro que estaba endurecido por el éxtasis y se puso rígida. Cerró los ojos por el temor que hizo presa de ella. ¿Seria igual de doloroso que aquella ocasión?

-Tranquila… ¿Confías en mi?- Pregunto mirándola fijamente a los ojos, ya que la joven había comenzado a temblar. Ella asintió levemente y acto seguido el daiyokai beso sus labios con tal ternura, logrando así que se relajara.

Con lentitud fue introduciendo su virilidad en ella, tratando de poseerla lo más delicadamente posible. Kagome ahogo un grito de dolor y unas cuantas lágrimas rodaron por sus mejillas. Estrujó con fuerza las sabanas para luego llevarse una mano a la boca, tratando de aplacar sus sollozos.

El dolor era insoportable, ella dejó escapar un ligero gemido y le clavó las uñas en la espalda.

-Tal vez debería detenerme ahora…- Sugirió.

-N-No… Por favor, continúa…- Solicito entre dientes, mientras subía sus manos sobre la espalda de Sesshomaru y se aferraba a su cuello. -E-estaré bien…- Exclamó ya casi sin aliento. Los movimientos comenzaron en un vaivén lento y rítmico. A los pocos minutos ya se había acostumbrado al dolor, por lo cual se aferro a la cintura del peli plata con las piernas.

Él cambio de posición y sin salirse aun de ella, la acomodo sobre su cuerpo mientras se sentaba sobre la cama. A través de la lánguida luz del atardecer, busco su mirada para después besar sus senos y a succionar con avidez sus sonrosados botones.

Sesshomaru descubrió que eso la enloquecía y no estaba dispuesto a negarle tal placer, por lo que continuo masajeándolos con sobrado descaro. Kagome sentía que no podría mas y el, adivinándolo, aumento la velocidad, cuando estuvo a punto de llegar al clímax, mordió el cuello de la joven plasmando el sello que la señalaba como su esposa. La mujer estaba tan extasiada que por un momento olvido el dolor de la mordida.

Después de unos instantes, juntos llegaron a la culminación de su entrega. Vencido y cansado, el Lord la deposito en la cama y recostó su cabeza sobre los pechos de su mujer, mientras que ella acariciaba sus cabellos plateados.

-Te amo… Sesshomaru…- Dijo en un susurro para luego quedarse dormida.

-Yo… También… Kagome…- Le hizo saber, levantándose inmediatamente para poder besarle la frente y una vez mas sus labios.

Él se acomodó a un lado de ella y poco después igualmente, le venció el sueño.


Kikyo sostuvo la perla entre sus manos y su rostro se reflejo en la superficie de color rosado. Era verdad, aunque formulara su deseo podría traer cambios extraños a su vida, podrían ser malos o buenos, no lo sabia con certeza. Pero de una cosa estaba segura, si no la usaba ahora perdería la oportunidad de que Inuyasha le amara.

Aunque no olvidaba las palabras de Kagome.

"La perla concedería el deseo pero se debía pagar un alto precio por obtenerlo…"

¿O es que solo tenia que tener cuidado con lo que mas anhelaba el corazón? Suspiro y la llevo a su pecho. Lo mas extraño fue que su color cambio a purpura en un segundo, probablemente era egoísmo. ¿Quién pudiera interponerse ahora?

-No lo hagas, hermana…- Suplico.

-Kaede, es necesario… Amo a Inuyasha, pero él…- La anciana se acercó a ella.

-Vas a sufrir más, Kikyo… Dale tiempo, por ahora esta confundido, yo sé que él te ama…- Las palabras de su hermana fueron como bálsamo para su corazón.

-¿De verdad lo crees?- Pregunto esperanzada.

-No lo creo, lo confirmo…- Cuando hubo terminado de hablar la perla adquirió su tono normal, a lo cual la anciana sonrió. Inmediatamente se pusieron a purificar el lugar para que su poder no atrajera a los malos espíritus.


Habían pasado varios días e Inuyasha ahora deambulaba a los alrededores del castillo del daiyokai, tratando de que no fuera descubierto por ningún sirviente o guardia, por supuesto que no dudaba de que ya Sesshomaru había advertido su presencia.

-¿Qué haces en mis dominios, Inuyasha?- Cuestiono el Lord caminando hacia su persona. A Inuyasha no le pareció extraño que surgiera así, de la nada. Tenia que darle el crédito de que era mucho más ágil que él.

-¿No es obvio? Vengo por ella…- Le contesto seriamente.

-No creo que quiera ir contigo desde que intentaste propasarte con ella…- Un leve sonrojo apareció en sus mejillas. Era verdad que el intento hacerle daño, pero estaba mas que arrepentido. Era su amiga y no había palabras para expresar realmente como se sentía.

-Dame a Kagome…- Pidió el hanyo.

-¿Qué me darás a cambio?- Se aventuro a preguntar, mientras que sin dudarlo su medio hermano le mostraba a Colmillo de Acero. Sesshomaru permaneció impasible y lo observo fijamente con desdén. Después de todo, habían tenido una pelea a muerte por ese raro objeto que le heredo su padre.

-Es lo único que tengo… ¿Aceptaras?- Dijo arrojándosela y el daiyokai con un ágil movimiento de su mano la atrapo en el aire.

-Trato hecho…- Soltó definitivamente, dándole la espalda para después alejarse a paso lento de allí. Inuyasha sonrió complacido. -Puedes ir cuando quieras por la mujer…- Fue lo ultimo que dijo y desapareció de allí sin dejar rastro. El joven de ojos dorados se encamino hacia el lado contrario con rumbo al castillo.


Pasaron horas desde que Sesshomaru se fuera y aun no había regresado, pero no le tomo importancia dado por sentado que él hacia eso muchas veces. Bien, había preguntado a su dama de compañía que le corroboró sus sospechas, ya que se encontraba en un estado de desespero.

Decidió salir al jardín para relajarse un poco, las flores que habían sembrado para la pequeña Rin estaban muy bien cuidadas y eran tan fragantes que su olor llenaba el ambiente.

-Kagome…- Escucho que le llamaban.

-¿Que haces aquí?- Examino al intruso.

-Vengo por ti, para llevarte conmigo…- Respondió serio a su pregunta.

-Inuyasha, no me iré de ninguna forma. Soy feliz aquí…- Le hizo saber con decisión.

-¿No lo entiendes? Sesshomaru te cambio por Colmillo de Acero.- Soltó sin medir sus palabras.

-¿Que dices? ¡No! Estas mintiendo…. Él no seria capaz de eso…- Dijo llevándose la mano a la boca sorprendida.

-¿Porque crees que no seria capaz de eso, mujer?- Ella observo a Sesshomaru que traía la espada de Inuyasha en su mano derecha. No daba crédito a lo que había visto, entonces, todo el tiempo que pasaron juntos… ¿Qué significaba realmente para él?

-V-vámonos… I-Inuyasha…- Expresó balbuceante ante la mirada del peli plata mayor.

-Andando…- Suspiro el joven con alivio.

Aunque ella deseaba deshacerse en llanto, se forzó a no hacerlo, era mejor así. Se trago su dolor y se encaramo a la espalda de Inuyasha.

-Adiós… Sesshomaru…- Se despidió con marcada tristeza. El Lord del Oeste no la detuvo, sabia porque lo hacia y no tenia porque rendir explicaciones a uno o al otro, por el momento.

Kouga los observo desde lo alto del árbol en el que estaba descansando. Hacia tiempo que la había buscado pero no había podido dar con ella. Ginta y Hakkaku lo habían dejado para buscar comida para su aldea y él se había quedado dormido, hasta que sintió el olor de su mujer y el de Inuyasha.

Con agilidad bajo y se poso en frente de ellos.

Vio a uno y después al otro con atención. Ella vestía un kimono de color negro y su cabello estaba suelto, era muy linda, en verdad. Pero había algo extraño en ella, su olor era algo distinto y esa marca en su cuello decía más que mil palabras.

-¿Eres… su esposa?- La joven no entendió de principio a la pregunta que le formulara el ookami yokai, dado que él se encontraba en un estado de enajenación.

-¿De que hablas lobo sarnoso?- Pregunto Inuyasha.

-De eso, idiota… ¿O es que acaso no la habías notado?- Soltó con molestia mientras que apuntaba a Kagome con su dedo.

-¿La marca de la media luna?- Examino muy de cerca la extraña figura en el cuello de la miko. ¿Y entonces porque su medio hermano se deshizo de ella? Trataría de averiguarlo después, por el momento tenían que arreglar algunos asuntos con Kouga.

-Kagome… Se suponía que tu eras mi mujer… ¿Por qué te decidiste por él?- Pregunto un tanto angustiado, pero por alguna extraña circunstancia lo acepto aunque no de muy buena gana.

-Kouga… Yo…- Dijo la joven, llevándose las manos al pecho.

-No… No tienes que explicar, hasta siempre…- Dicho esto se fue con rumbo desconocido.

Los jóvenes permanecieron en silencio e inmediatamente después se pusieron en marcha ya que muy pronto oscurecería.

Llegaron después de que se hubo ocultado el sol. Todos la recibieron con emoción y después de cenar fueron a dormir. Sango no tuvo tiempo de platicar con ella, así que no había podido saber que había pasado con ella en estos dos días que estuvo ausente. Inuyasha no podía dormir y camino sin rumbo fijo por la ribera del rio que cruzaba la villa. De pronto irguió sus orejas y olfateo el viento, sin duda era él. Inmediatamente se alejó de allí y llego a un claro en el bosque, donde Sesshomaru esperaba. En cuanto estuvo a escasos metros del daiyokai, le arrojo a Colmillo de Acero.

-¿Por qué me la regresaste?- Pregunto incrédulo.

-Ella me ama Inuyasha y era necesario separarla de mi lado… Protégela…- Fue algo raro para el hanyo que él mas poderoso daiyokai le pidiera cuidar a Kagome.

-¿Qué pasa Sesshomaru? ¿Acaso…?- El asintió como única respuesta.

-¡Déjame ayudarte!- Pidió a su medio hermano.

-¡No! Si algo me llegase a pasar, te suplico que veles a por ella…- Repitió su petición.

-¿La amas Sesshomaru?- Cuestiono, pero de sobra sabia que aquel definitivamente no diría nada.-Te prometo que estará bien…- Le aseguro con una sonrisa de autosuficiencia.

-Y Rin… No me he olvidado de mi protegida…- Inuyasha volvió a asentir, entonces el Lord de las tierras del Oeste se elevo en el aire y desapareció en un instante.

Al día siguiente comenzaron las peleas en la casa de la miko Kaede.

-Se han perdido…- Soltó el hibrido delante de sus amigos, quienes estaban a punto de golpearle.

-¡Mientes Inuyasha! ¿Qué hiciste con ellas?- Cuestiono Sango, cogiéndolo por el cuello de su traje con furia.

-¡Es la verdad!- Replico.

-Sabias que estarían mejor aquí, pero tu… Eres un…- Grito la joven exterminadora entre sollozos, mientras que Miroku la consolaba. Rin y Kagome brillaban por su ausencia y era algo que no podian pasar como si de cualquier cosa se tratara. Kohaku en compañía de Shippo veían la pelea entre los mayores del grupo, con molestia. Por fortuna Kaede no estaba en casa, si no también hubiera recibido reprimendas por parte de esta hacia su persona.

El joven ya no dijo nada y en su mente estaba presente el lugar exacto donde las morenas estaban recluidas.

"Sera lo mejor… Él no se atreverá a hacerles daño…" Con estos pensamientos dando vueltas en su cabeza, salió de la casa, seguido de Kikyo.

-¿A dónde están, Inuyasha?- Cuestiono a su amado hanyo de ojos dorados.

Continuara…

¡Maldición y mil veces maldición! Entre el trabajo y la casa y el gimnasio, se me fue la vida y no pude actualizar con tiempo. Lo siento mucho… D: Espero que este capitulo sea del agrado de todos ustedes y si no… XO ¡Buuua! ¿Qué tal mi intento de amor entre estos dos? Fue difícil porque es la segunda vez que escribo algo así, si encuentran algo como: "El órgano masculino del hombre" Perdónenme y sean comprensivos, no soy buena para describir escenas de Lime y tuve que inspirarme… ¡Ejem! Jejeje

Al 1B: Lo se, aunque dicho sea de paso iba a terminar en tragedia, pero me dije ni modo… ¡Amo a esta pareja! Gracias por tu comentario.

Kiwiset: Inuyasha solo estaba confundido, en esta historia ama a Kikyo pero no quería perder a Kagome… Muchas gracias…

Natalia: ¡Si! Jejeje, al menos que le toca con chicos lindos, ¿no lo crees?… Gracias por tu comentario.

Alessa: Gracias por leer… XD

Ranka Hime: Si, yo también quiero a esos tres peleándose por mí… Jejeje Soñar no cuesta nada, ¿verdad? Gracias por pasarte a leer… n_n

Hermbells: Pues aquí esta, mas vale tarde que nunca… Gracias…

DamaLunaEly: Pues a ver que te pareció este nuevo capitulo. Gracias…

S: Gracias, muchas gracias por tu paciencia, mas que nada… Besos…

Pegaso1325: Así es… Amo el InuxKag, pero cuando me di cuenta que beso a Kikyo, desee matarlo… Xp Gracias por tu comentario…

Hetake Ama: Siento mucho haberme tardado, pero sufrí con este episodio, mucho… No tienes idea… Gracias por tu comentario…

: Ni tan joven, dieciséis cumpliditos Jojojo… Gracias por tus ánimos…

ElizabethShane: No, por supuesto que no… Aunque haya dejado inconclusas unas cuantas historias no quiere decir que las he olvidado… ¿O si? Para nada, espero que este nuevo capitulo sea de su agrado.

Flor_VIB412: Muchas gracias y la verdad es que soy muy corajuda y mi Sasuke se asusto un poco, pero en fin… Es una faceta que no conocía de Hyuuga Hinata…. Jajaja Gracias por tus ánimos…

Luna: Pues aquí esta, tarde pero sin sueno… Espero que te guste… Muchas gracias por tus palabras…

Alinita28: Pues aquí sigo, vivita y coleando… Muchas gracias por tu comentario, la verdad que me halagas… Espero que este nuevo capitulo te guste…

Muchas gracias a todos por el precioso tiempo que se toman para leer este fic. Besos.

HinataUchiha82