Disclaimer: Naruto y sus personajes, desafortunadamente, no me pertenecen. Son de Masashi Kishimoto. Escribo esto sin fines de lucro. Basado en una novela de Vicki Lewis Thompson.
Velis nolis: por la fuerza (latín)
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–Nuestro trabajo aquí terminó. Sasuke vendrá a nosotros por su propia cuenta.
Velis Nolis
Capítulo final: At the beginning
Se sorprendió al ver que el reloj apenas marcaba las cinco de la mañana. A pesar de ser muy temprano para ella, no se sentía cansada ni tenía sueño. Se dio una ducha rápida y subió a su automóvil, manejando hasta una carretera poco transitada. Buscó un lugar para estacionarse y tomar tranquilamente el café comprado a toda prisa en una tienda de autoservicio. Encontró el lugar ideal justo a tiempo. Ella bajó del automóvil, sintiendo un poco de frío, pero no le molestó. Se preguntó cuándo había sido la última vez que se permitió disfrutar del frío aire matutino rozando su piel. Respiró profundo, dejando que el aire con aroma a bosque inundara sus pulmones y dio un sorbo a su café mientras observaba el profundo precipicio frente a ella, si se apoyaba un poco en la baranda, podía observar un riachuelo plateado serpentear entre los árboles que cubrían el fondo de aquella barranca. No se confió mucho del barandal y se retiró, sentándose sobre el cofre de su vehículo.
¿Cuántos amaneceres más podría observar de esa manera? ¿Cuánto tiempo le quedaba? Los dolores de cabeza se volvían cada vez más fuertes y frecuentes, ni siquiera los nuevos medicamentos podían controlarlos. También notaba que su vista comenzaba a volverse borrosa. Afortunadamente ningún ataque convulsivo había reaparecido y su estado de humor permanecía tranquilo, pero comenzaba a distinguir que la mitad de su cuerpo se entumecía de vez en cuando y en ocasiones, le resultaba difícil moverse adecuadamente. Con todo eso, suponía que la enfermedad estaba más avanzada de lo que el médico le había dicho y su tiempo de vida era más corto.
Comenzaba un nuevo día… o, desde su punto de vista, un día menos. Extrañaba muchísimo a su hijo, quería estrecharlo una vez más entre sus brazos, acariciar sus cabellos, susurrarle cuánto lo quería… y lo haría. Esperaría una horas más antes de llamarle a Sasuke y pedirle que la dejara ver a Kai un par de horas… para despedirse de él. Estaba segura que al lado de Sasuke no le faltaría nada y estaría muy bien atendido. Naruto también se encargaría de cuidarle bien, pues confiaba mucho en el rubio, a pesar de lo mal que lo trató. Junto a ellos Kai encontraría cariño y Sasuke le hablaría de su madre. Su recuerdo no moriría en la mente de su hijo.
Y pensando en Kai, aún debía de encargarse de un asunto más. Orochimaru. Con el poco tiempo que le quedaba, se aseguraría que el anciano no le tocaría ni un pelo a su hijo o al bombero. Por el rabillo del ojo miró la guantera de su automóvil. No pensaba utilizar el arma que recientemente había conseguido en el mercado negro, pero… se olvidó de todo eso, concentrándose en el amargo y fuerte sabor de su café y dejando que su mente se pusiera en blanco mientras contemplaba el hermoso amanecer que se extendía frente a ella.
Los minutos transcurrieron más lento de lo normal, pero por su cabeza sólo rondaba un pensamiento. ¿Qué haría? Lo último que deseaba era poner en peligro a Kai o a Naruto una vez más. Pero volverse un asesino tampoco estaba entre sus planes. Sabía que Orochimaru era capaz de cumplir sus amenazas, prueba de ello era la cicatriz en el abdomen del rubio.
Naruto se revolvió inquieto entre sus brazos, pero apenas lo notó. Tenía que planear muy bien lo que haría. Para empezar, llamaría a Itachi y le pediría que se quedara un poco más con Kai. Seguramente su hermano se negaría, pero esperaba poder contar con algún argumento que lo convenciera. En cuanto a Naruto, tendría que pensar también en una excusa creíble para separase de él. Aunque le doliera en el alma, prefería que el rubio se quedara con el corazón roto antes de tener que asistir a su funeral. Si pudiese engañar a Orochimaru haciéndole creer que el abogado no era nadie importante para él, quizá dejaría de amenazar al rubio. No estaba seguro de que su plan funcionara, sin embargo, después de pensarlo toda la noche, no tenía ningún plan mejor.
Disfrutó de los últimos minutos junto a Naruto antes de poner en marcha su plan. Acarició sus suaves hebras doradas y jugueteó con su piel, despertándolo.
–Mmmm… ¿qué hora es, Sasuke? –murmuró aún adormilado.
–Vuelve a dormir, es temprano. –contestó automáticamente, de esa manera tenía un poco más de tiempo para tratar de ocultar sus sentimientos. –Eres la persona más imbécil, ruidosa, tarada, desesperante, molesta, hiperactiva, desinteresada, terca, orgullosa, encantadora, entusiasta y sensual que alguna vez tuve el agrado de conocer. Maldito dobe, te amo. –susurró. –Perdóname.
Extrañó el calor que el desnudo cuerpo de Sasuke le proporcionaba. Se sentó sobre la cama, tallando sus ojos azules con la mano. Naruto miró a su alrededor, sin encontrar rastros de su amante. Su mente se inquietó al fijarse que el armario estaba abierto de par en par y mucha ropa faltaba, en realidad, faltaba la ropa de Sasuke. Temiendo lo peor, se envolvió en una sábana para salir a buscar al moreno en las demás habitaciones. Un suspiro de alivio escapó de sus labios al encontrarlo tomando un café en la cocina. De nuevo un sentimiento de intranquilidad lo asaltó al echar una mirada por el rabillo del ojo y descubrir un par de maletas esperando justo junto a la puerta.
–¿Sasuke? –la mirada azabache continuaba clavada en la taza. –¿Qué sucedió?
–Me marcho hoy. –contestó con un tono de voz frío que realmente ocultaba sus sentimientos. Cualquiera pensaría que aquella persona era un témpano de hielo.
–¿Por qué? ¿Volverás a tu apartamento? –sospechó que algo ocurría cuando Sasuke desvió la mirada una décima de segundo antes de mirarlo fijamente y ponerse de pie. –Kai no tardará en llegar, tal vez deberíamos salir a comprar…
–Me voy para siempre.
–¿Qué jodidos sucedió para que cambies de opinión de la noche a la mañana? –exigió saber con un tono de molestia en la voz.
–Ya conseguí lo que quería. –respondió con simpleza. Los ojos azules luchaban contra el montón de emociones que se debatían en su interior: sorpresa, desconcierto, ira, tristeza, celos…
–Bien. Si te vas a largar, ni se te ocurra pensar que puedes volver. –giró, dándole la espalda al moreno. Al ver que su estrategia de hacerse el duro no funcionó y Sasuke caminaba hacia la puerta, la desesperación lo invadió. Mandando al cuerno su orgullo, atrapó el brazo del moreno. –¿Me vas a decir qué demonios pasa o te lo saco a golpes?
–Naruto, déjame.
–Si me vas a botar así después de lo que compartimos anoche, creo que tengo el derecho a exigir una explicación. –replicó, tratando de ignorar el nudo que comenzaba a formarse en su garganta. –¿Por qué…? Tú dijiste que me… Sasuke, ¡maldita sea! Toda esta relación ha sido tu culpa… fuiste tú el me forzó a ser su novio. –gritaba mientras rememoraba aquellos momentos. –Tú eras el que me iba a invitar a salir el día que rescataste a Kyubi, me dejaste conocerte, me contaste tus secretos, me obligaste a cambiar de opinión respecto a lo de vivir juntos… ¿por qué demonios me haces esto ahora? –malditos sollozos que escapaban de su garganta sin su consentimiento. –Si sólo querías acostarte conmigo, ¡podrías haberte ahorrado todo esto! De cualquier manera, eres tan condenadamente atractivo que me hubiese entregado a ti. Habríamos compartido una noche de sexo ¡y después habría salido de tu vida! No era necesario que me enamoraras de esta manera… ¡eres un imbécil!
–Lo sé. –susurró en voz tan baja que Naruto no lo escuchó. –Pero ya que te he tomado y he vivido cómodamente por un par de semanas, creo que no hay nada más que me interese de ti. ¿De verdad creías que me quedaría atado a ti de por vida? Eres la persona más molesta que he conocido. Que tengas suerte, Naruto.
–¡Estúpido, no escaparás tan fácilmente! –con toda su rabia contenida, cerró sus manos en puños y golpeó en la cara a Sasuke. La sangre del moreno pronto manchó su puño. –¿Por qué no te defiendes? Maldita sea, Sasu..mnh… –su boca se fundió con el sorpresivo beso de Sasuke. Naruto trataba desesperadamente de atrapar la escurridiza lengua de Sasuke, intentando convencerlo de que se quedara. Se aferró a su espalda, acercando sus cuerpos. Los labios calientes del moreno se volvieron fríos y rígidos. Cerró los ojos antes de separarse.
–Lo siento, dobe. –besó su frente, armándose de valor para marcharse. Si el corazón del rubio latía tan dolorosamente como el suyo, entendía a la perfección las cristalinas lágrimas que bajaban de los hermosos ojos de Naruto.
Naruto sabía que algo andaba mal. La noche anterior, Sasuke se había entregado de una forma tan sincera que era imposible de fingir. Ni el mejor actor del mundo podría ser capaz de simular los besos sensuales, la perfección de su acto, la entrega total de ambos cuerpos… ¿qué demonios había sucedido? Revolvió sus cabellos, frustrado por todo lo que ocurría. ¿Sería Sasuke uno de esos hombres que perdían el interés al tomar la virginidad de alguien? ¡Por supuesto que no! La primera vez que habían dormido juntos, recordaba muy bien que también era la primera vez del moreno siendo uke, porque definitivamente Kai no había nacido por obra y gracia divina. Era imposible pensar que ese encuentro hubiese desatado en Sasuke una oleada de deseo por desvirgar a cuantos se cruzaran en su camino.
El teléfono repiqueteó con insistencia, pero lo ignoró. De hecho, lo único que deseaba en esos momentos era perderse en algún rincón oscuro, en espera de despertar de esa pesadilla. Se puso de pie, era mejor distraerse en algo útil y provechoso antes que pasar toda la tarde llorando por el estúpido de Sasuke. Una vez bañado y con ropa limpia, arregló la recámara, eliminando los recuerdos de la noche anterior. Se encerró en el pequeño cuarto que tenía la función de oficina, dispuesto a sumergirse en resolver los casos pendientes. No se despegó del asiento hasta que su estómago le reclamó por algo de alimento. Fastidiado, volvió a la cocina en busca de ramen instantáneo. Llevó la comida a su oficina y se perdió una vez más en las disputas legales.
Tenía sueño, pero terminaría el maldito trabajo aunque se pasara el fin de semana completo en vela, sólo así alejaría al fantasma de Sasuke. Ni siquiera le sorprendió descubrir que eran las cuatro y media de la mañana, tampoco le importó dormir sobre el escritorio, invadido por la inmensidad del silencio.
–¡Naruto! tienes una ojeras terribles… ¿pasaste la noche en vela? –no era el saludo que esperaba por parte de Ino, pero ¿cómo ocultar las enormes manchas oscuras que ensombrecían su rostro?
–Hola Ino. Sí, demasiado trabajo. ¿Puedes llevarme un café a la oficina? Bien cargado y sin azúcar.
–En un minuto. –por el tono de su jefe era mejor no hacer bromas ni preguntas respecto a su estado.
Cansado, insertó la llave en la cerradura de su oficina, pero le extrañó que estuviera abierta. Giró la perilla y empujó la puerta para encontrarse con un desastre en su oficina. Papeles revueltos y tirados por todas partes, los cajones del escritorio abiertos de par en par, la estantería de los libros derrumbada… parecía que un torbellino había pasado por su oficina.
–¿Qué demonios…? –susurró, observando el desastre a su alrededor. En pocos minutos se le unió Ino e Iruka.
–¿Qué sucedió, Naruto? –preguntó sorprendido Iruka.
–No tengo ni la más remota idea. ¡Maldita sea, mi vida no puede ser peor! El imbécil y estúpido de Sasuke me deja y ahora esto… ¿a cuál de todos los dioses hice enojar para que me castigue de esta forma? –casi chilló, jalándose los rubios cabellos.
–¿Sasuke y tú terminaron? –preguntó Ino, más asombrada por la reciente ruptura que por el desastre de la oficina.
–¡El muy imbécil se largó después de follarme! –les confesó. –¡Claro, le entrego el "tesorito" y después decide que soy poca cosa! –estaba a punto de patear la pared más cercana cuando Iruka lo detuvo.
–¡Espera, Naruto! Lo mejor será dejar todo tal y como lo encontramos. Llamaré a la policía para que venga a investigar.
–¿Y eso de qué nos servirá? Seguramente fue uno de los secuaces de Orochimaru.
–Precisamente por eso tenemos que llamarles. –intervino la rubia. –No está de más que echen un vistazo.
–Los llamaré inmediatamente. –ofreció Iruka, saliendo de la oficina.
–Mientras tanto, tú y yo tomaremos una taza de café y me contarás lo sucedido. –dijo Ino, jalando del brazo a su jefe para alejarlo de la escena.
–Es justo lo que dije. Era la primera vez que lo dejaba follarme y ¡mira como lo pagué! El muy maldito y cínico bastardo me dijo que era una persona molesta, que me había utilizado por mi dinero y se fue, sin mirar atrás. En estos momentos podría retorcerle el cuello, molerlo a golpes, patearlo hasta que…
–Entiendo. –interrumpió Ino la descripción del intento de homicidio que el rubio planeaba. –Pero ¿qué te dijo?
–¡Ino! –gruñó exasperado. –Ya te dije que no me dio ninguna explicación… eso de que soy molesto no es una excusa aceptable.
–Lo entiendo, pero… ¿Por qué te dejaría? Tal vez…
–¿Tal vez? –la animó a continuar. –Dime lo que piensas, Ino.
–¿Y si se enamoró de alguien más?
–Yo… no lo creo… –le parecía poco probable que Sasuke le hubiera hecho todo lo que hizo durante la noche si estuviera enamorado de otra persona. Nadie le quitaría de la cabeza la idea de que el moreno no fingía la última noche que estuvieron juntos. –Será mejor echar un vistazo a la oficina. –concluyó la plática.
Ino dudó unos segundos, considerando la actitud de Sasuke. Era básicamente imposible que la relación hubiese terminado de esa manera. Desde su punto de vista el Uchiha se veía tan enamorado de Naruto… definitivamente algo andaba mal y el rubio también lo sabía. Necesitarían investigar un poco más. Siguió a su jefe hasta el destrozado despacho. Los ojos de él se veían diferentes. No demostraban ese entusiasmo y alegría que lo caracterizaban. Intentó brindarle un poco de apoyo, poniendo la mano sobre su hombro. Naruto se lo agradeció con una sonrisa.
–Naruto, ya he llamado a la policía y vendrán en un minuto. –dijo Iruka al entrar en la oficina. –¿Tienes alguna idea del por qué hicieron todo esto?
–Es probable que sea obra de Orochimaru. –murmuró. –Posiblemente buscaba la USB con su información.
–Pero…
–No te preocupes, Iruka. El único lugar que no revisaron, fue la caja fuerte. Después de todo, mi padre la escondió bastante bien. –señaló el lugar indicado, aún intacto. Habían tumbado el librero, pero en la oscuridad de la noche habría sido muy difícil notar el lugar donde la alfombra ocultaba la caja fuerte. –De cualquier manera, aunque la hubiesen robado, tengo una copia de respaldo en casa.
–¡Naruto! es muy peligroso que tengas esa información en casa. No dudo que el siguiente objetivo sea revisar tu apartamento. –replicó preocupado el mayor. –Lo mejor será que pases unos días fuera. ¿Por qué no vienes a vivir uno días con Kakashi y conmigo? A ese pervertido le encantaría tenerte un par de días en casa.
–Muchas gracias, Iruka, pero de cualquier forma saldré de la ciudad. –rechazó amablemente la propuesta. –Asuma me ha encargado un caso y tendré que viajar dos días. Cuando vuelva, tal vez mi casa ya esté como esta oficina.
–También mi casa está disponible. –ofreció la chica.
–Gracias, Ino. –suspiró. –No hay forma de trabajar así. –dijo refiriéndose al desorden en su oficina. –Iré a mi casa y tomaré mis maletas, cambiar un poco de aires me hará bien.
–De acuerdo, Naruto. ¿Quieres que haga las reservaciones?
–Sí, te lo encargo. Pasaré por la información camino al aeropuerto.
–Naruto, ten mucho cuidado. Si hay algo fuera de lo normal, avísanos. –le dio un preocupado abrazo al rubio. –Cualquier cosa y a cualquier hora ¿de acuerdo?
–Sí, mamá Iruka. –contestó con una sonrisa. Iruka tenía una obsesión con cuidar de él como una gallina clueca. –Te llamaré esta noche y todas las noches para que estés tranquilo.
–Muy bien. Naruto, hay otra cosa… la policía ha estado trabajando en lo de tu accidente, y al parecer, han encontrado un par de pistas que los llevan a Orochimaru.
–No me sorprende. –reconoció el rubio. –De cualquier forma, aún continúo trabajando en el caso de mi padre, y gracias a la información que robé, no necesito de mucho para lograr llevarlo a juicio. En cuanto vuelva y termine el trabajo de Asuma, me dedicaré a Orochimaru.
–¿De qué lo acusarás?
–Hay tantos cargos en su contra, empezando por el asesinato de mi padre, venta de drogas, lavado de dinero, maltrato físico a Sakura, intento de homicidio contra mí, allanamiento de morada… si no se va a la cárcel, al menos viajará de juzgado en juzgado por el resto de su vida.
Los hombres vestidos de azul llamaron la atención de los tres. Mientras los policías revisaban y hacían preguntas a Naruto, Ino trabajaba en el viaje de su amigo y jefe. Alejarse de la ciudad, por un periodo corto de tiempo, le haría olvidarse un poco de Sasuke. Lo que Ino ignoraba era que Naruto no pensaría en otra cosa más que en Sasuke durante todo el viaje.
La llamada de Sakura pidiéndole ver a Kai no lo sorprendió, pero sí interfería en sus planes. Pensaba ir con Orochimaru cuanto antes, pero no estaba seguro de poder mantener a Kai alejado del anciano una vez que aceptara trabajar. Con un poco de ayuda de Itachi, concertó una cita en su pequeño departamento, donde Sakura pudo ver a Kai.
–¿Todo va bien con Naruto? –la inesperada pregunta por parte de Sakura lo pilló desprevenido.
–¿A qué viene eso? –evitó mirar a los ojos jades, concentrándose en cuidar a Kai y a los gemelos de Ino en el parque. Al parecer, los tres niños se llevaban bien. Mientras Kai subía al resbaladero, Seth corría a los columpios. La idea de ir al parque no había sido del todo mala.
–Es sólo que… bueno, te ves diferente. Un poco… ¿molesto?
–Una discusión sin importancia. –no dijo nada más y la chica entendió que no iba a darle ninguna explicación.
–Comprendo… Kai ha hablado mucho de él. Se ve feliz de estar con ustedes.
–Naruto es… Naruto. –completó, después de todo su cerebro no podía encontrar una sola palabra que pudiese describir al rubio.
Sakura rió a su lado. –Sí, él es un amigo fantástico. Me hubiese gustado tener la oportunidad de conocerlo un poco más. –susurró melancólica. –Pero el poco tiempo que lo conocí, ha sido fantástico, a pesar de todas las cosas que hice.
–Hablas como si fueras a morir mañana. –alzó una ceja. –¿Tu tratamiento va mal?
–Tal vez no pueda recuperarme. –explicó en voz baja. –Quizá… quizá no pueda…
–¿De qué demonios hablas, Sakura? –interrumpió. –Eso no fue lo que me dijiste.
–Yo jamás te dije que iba a comenzar un tratamiento. Tú lo supusiste.
–Y tú me dejaste creerlo. –contraatacó. –Me vas a explicar qué está sucediendo exactamente.
–¿Para qué? Explicártelo no solucionará nada. –se puso de pie. La tarde comenzaba a ceder paso al anochecer y el aire se volvía más frío. –Será mejor que vuelvas a casa, no quiero que Kai se enferme.
–¿Tan grave es?
–Algo así. –sacudió sus ropas y se volvió hacia el niño. –¡Kai! Ya me voy.
El pequeño bajó del columpio y corrió a abrazar a su madre. Era increíble el cambio de Sakura, y el niño se encontraba feliz de que no le gritara o lo encerrara en el auto como antes.
–Kai, te quiero mucho. Eres lo más importante de mi vida. –le dio un sonoro beso en la mejilla. –¿Prometes no olvidarlo?
–¿Por qué lo haría, mami? –el lenguaje de los adultos era muy extraño para él. –Yo también te quiero.
Las saladas lágrimas inundaron los ojos esmeraldas. Estrechó el cuerpecito del niño aún más entre sus brazos y maldijo que la enfermedad le hiciera perder sensibilidad, pero sabía que los sedosos cabellos azabaches de su hijo seguían siendo igual de suaves que siempre. Con un suspiro, dejó al niño nuevamente en el suelo y se bebió su imagen, tratando de grabarla para siempre en su memoria.
–Te amo, Kai. –la sonrisa angelical de su hijo sería imposible de olvidar. Con toda su fuerza de voluntad, se separó de él.
–Cuídalo bien, Sasuke. Estoy segura que serás un buen padre. –sin ninguna intención de seducción, acarició la mejilla de aquel que era su primer y único amor, superado sólo por el amor de madre que le profesaba a su hijo. –Y tú también cuídate.
El pelinegro mayor asintió, preguntándose el porqué de su extraña actitud, pero prefirió no hacerlo frente a su hijo para no preocuparlo con cosas innecesarias. Tomó a Kai de la mano y llamó a los gemelos, para que acudieran a su lado y regresar al departamento. En un gesto nada propio de él, depositó un pequeño beso en la mejilla de Sakura, seguro de que le ocultaba algo más respecto a su enfermedad.
–Ten cuidado. –esperaba que Naruto no tomara eso como una infidelidad, porque lo último que transcurría por su mente era amar a otra persona. Simple y sencillamente aquella era una muestra de cariño a la mujer a la que alguna vez quiso. Y, en cierta manera, sentía que ese día era como una despedida.
Itachi los esperaba en el departamento. Si la petición de su hermano acerca de cuidar al pequeño Kai le sorprendió, supo disimularlo bastante bien.
–¿Por qué tanto misterio? –preguntó una vez que cerró la puerta. –¿Ocurre algo con Naruto?
–Ya te lo dije. No quiero que Kai esté en peligro y aunque me cueste admitirlo, a tu lado estará seguro. Al menos hasta que el usuraton… Naruto –se obligó a corregirse. –Ponga tras las rejas a ese hombre y a todos sus ayudantes.
–Por cómo van las cosas, no falta mucho. –confesó. –Y he oído por ahí que Akatsuki ya está planeando algo contra él.
–¿No pueden esperar? Es decir… apenas acaba de volver a Japón.
–Mientras más rápido, mejor. –miró a su pequeño sobrino buscar colores en su mochila. Aquel niño adoraba dibujar y no le asombraría que Kai se volviese un artista. –Será mejor que nos vayamos, aún tenemos algunos problemas con la empresa.
–De acuerdo. –abrazó un segundo a su hijo. –Obedece todo lo que te diga el tío Itachi. Pórtate bien. Yo iré por ti.
–Eso quiere decir… ¿no nos veremos por un tiempo?
–Será un corto tiempo. –prometió, sin estar muy seguro de eso.
–Pero… –miró alternadamente a su tío y a Sasuke. –Quiero ver al tío Naruto. ¡Prometió que volveríamos a comer hamburguesas! Y además, íbamos a ver una película en su cama, con palomitas. –el niño comenzó a sollozar. –También se iba a subir a los juegos conmigo ¡Quiero quedarme con Naruto!
A Sasuke le dolía mucho más que a Kai, porque si todo salía bien, quizás no podría volver con Naruto. No después de todas las cosas que le dijo. Observó las gruesas lágrimas de Kai y aguantó la mirada de escrutinio de Itachi.
–Le diré a Naruto que le mandas saludos. –secó las lágrimas de Kai con su mano. –Pero por el momento, te quedarás con Itachi.
–¡Papá! –replicó con enojo. –¡Quiero ir con Naruto!
–No. –respondió con firmeza. Aunque le partiera el corazón a su hijo, prefería que estuviera a salvo con Itachi.
–¡Papá! ¡Te odio! Quiero volver con Naruto y con mi mamá.
Kai había sido un niño bien portado, pero la repentina rabieta era cosa nueva para Sasuke. Hasta el momento Kai no había sido berrinchudo y egoísta, así que no tenía ni idea de cómo actuar. Las palabras de su hijo dolían, pero sabía que no eran en serio y sólo estaban influidas por el berrinche.
–Kai, ¿crees que a Naruto le gustaría verte llorar? –Itachi intervino, pues tenía más experiencia. Durante su infancia había visto cientos de escenas parecidas, pero con Sasuke y sus padres como protagonistas. Hasta en eso se parecían padre e hijo. –Yo creo que Naruto se sentiría triste al verte así.
El niño, aún molesto, se alejó de su padre para tomar la mano de Itachi.
–¿Podemos… podemos comprar algo… para el tío Naruto?
–Tengo una idea mejor. ¿Qué te parece si vamos por tus acuarelas y le regalas un cuadro hecho por ti mismo? Estoy seguro que le gustará mucho. –sugirió Itachi, tomando en brazos a Kai. –No deberías estar enojado con tu papá. ¿Por qué no te despides de él?
Kai continuaba molesto con Sasuke, por lo que ocultó su rostro en el cuello de su tío, dejando que su papá le acariciara los cabellos negros.
–Cuídalo mucho, Itachi.
–Conmigo estará seguro. Tú eres el que me preocupa.
–Estaré bien. –dijo, no muy convencido. –Los veré dentro de poco.
Itachi asintió. Aunque Sasuke lo negara, algo en su forma de actuar lo hacía sospechar. Lo mejor sería mantener un ojo sobre Orochimaru y otro sobre su propio hermano.
La enorme reja de hierro frente a él se abrió con un estridente rechinido. Entró con cuidado, siguiendo el camino empedrado hasta la puerta principal de la mansión. Sin bajar la guardia, llamó a la puerta. No tardaron ni un segundo en abrirle. Algo en los negros ojos detrás de las gafas lo perturbó.
–Sígueme. –ordenó, guiándolo a través de varios pasillos hasta llegar a una oficina. –No puedes entrar con nada. –señaló la pequeña maleta que colgaba de su hombro. –Déjalo aquí.
Soltó su maleta, a fin de cuentas lo único que llevaba ahí era algo de ropa. Kabuto abrió la puerta, no sin antes advertirle:
–Cualquier movimiento sospechoso y no dudaremos en cortarte la garganta.
Sasuke bufó con enfado. Tampoco era tan tonto como para asesinar a Orochimaru al primer instante y el anciano era lo suficientemente listo para estar alerta ante cualquier amenaza. Entró con pasos decididos, encontrándose con el anciano sentado frente al escritorio y otra figura más que no reconoció.
–Querido Sasuke. –paseó su mirada amarillenta por el cuerpo del Uchiha, analizándolo lentamente. –Pensé que tardarías más tiempo en decidirte. –esperó una respuesta que nunca llegó. –Comenzarás tu entrenamiento inmediatamente. Kimimaro. –el rostro oculto entre las sombras se hizo visible. –Lleva a nuestro invitado a los campos de entrenamiento y le enséñale a disparar. –ordenó. –Quiero resultados pronto. Yo me encargaré de entrenarlo con las espadas. Tu cuerpo es ideal para esas armas… delgado pero fuerte, ágil, reflejos increíbles. –se relamió los labios, provocando un escalofrío de repulsión en Sasuke. –Muero de ansias por verte danzando con Kusanagi.
Kimimaro se veía bastante delgado, sus cabellos blancos junto a su pálida piel le daban un aspecto casi fantasmagórico a pesar de su corta edad. Sin decir nada, siguió al joven a través de la mansión. Se sintió un poco libre cuando sus pulmones se llenaron del aire fresco del exterior. A lo lejos, pudo observar unas dianas de tiro con las que supuso que empezaría a practicar. Kimimaro dejó entre sus manos una pistola pequeña y ligera.
–Comenzarás afinando tu puntería. Lo demás, es cosa simple.
–¡Hola, Naruto! –saludo con alegría Ino. –¿Cómo estuvo tu viaje?
–Muy bien. Hablé con el cliente el mismo día de mi llegada y descansé dos días. –suspiró. –Cambiar de aire me hizo muy bien.
–Me alegro mucho. –lo felicitó sinceramente. –Naruto, ya sé que tratas de olvidarte de Sasuke pero…
–Me harías un gran favor si no lo vuelves a mencionar.
–De acuerdo. ¿De verdad no te interesa saber? –insistió.
–Por supuesto que no.
–Deberías estar preocupado. –murmuró. –Lleva varios días sin aparecer. Desde que Sakura y Kai fueron… –dejó la frase al aire, a sabiendas que eso sólo podría despertar el interés del rubio.
–¿Ah sí? ¿Qué sucedió? –Ino tenía toda la razón al sospechar el interés mal disimulado de Naruto.
–Es exactamente como te lo dije. Sakura y Kai fueron a verlo y después desapareció. Quizás haya vuelto con ella.
Naruto frunció el ceño. ¿Podría Sasuke haberlo dejado para ir al lado de Sakura? Aunque no amara a la mujer, si Sasuke se guiaba por su sentido del deber, entonces podría haber escogido a Sakura por el bien de Kai. Después de todo, lo mejor para un niño es que creciera al lado de su padre y su madre ¿o no? Su mente de abogado le dijo que no. En ocasiones, era mejor que un niño creciera sólo con un padre en lugar de vivir entre discusiones y disputas desgastantes.
–Pues bien. Si prefiere quedarse con Sakura, que le vaya bien. ¿Qué pendientes tenemos para hoy?
–Revisaré. –tomó la agenda. –Tienes una cita con uno de tus clientes nuevos y otra con uno de los abogados del caso de Asuma. Además ha estado llamando un doctor, dice que es urgente localizar a Sakura Haruno. –pronunció el nombre de la mujer con cierto resentimiento. –¿Qué quieres que haga?
–Si el doctor vuelve a llamar, comunícaselo a Iruka, él lleva el caso de Kai.
–Señor Orochimaru, creo que alguien ha estado espiando la mansión.
–Seguramente será Hidan o Kakuzu. –repuso sin ninguna tipo de temor. –Se han dado cuenta que estamos aquí.
–¿No le preocupa eso? –se atrevió a expresar por primera vez sus temores.
–Para nada. Deja abierta la puerta del jardín.
–¿Qué? –exclamó incrédulo.
–¿Eres sordo o simplemente estúpido?
–¡No lo entiendo! Nos estamos exponiendo a un peligro…
–¡Cállate, Kabuto! –explotó el mayor. –Si dejas la puerta abierta, entonces no tardarán en ver que Sasuke está de nuestro lado.
–Pero…
–No eres la persona más brillante que pude escoger. –suspiró cansado. –¿Para qué sirve tu inteligencia? Pensé que resolverías este dilema tu solo. Ya tienes todas las piezas, sólo falta acomodarlas adecuadamente.
–¿Tiene que ver con el incidente de Itachi y Madara?
–Exactamente. Ese día, Itachi les salvó el culo a todos los de Akatsuki. –explicó. –De manera que están en deuda con él. Y aunque a Akatsuki no le guste estar en deuda con nadie, algo de dignidad les queda a esos bastardos.
–Así que obedecerán a Itachi.
–A lo largo de estos años, Akatsuki ha estado bajo el control indirecto de Itachi. Si él les ordena no matarme, harán caso para saldar la deuda.
–Pero podrían matarnos a nosotros y dejar en paz a Sasuke. –comentó Kabuto. –¿Cuál es la diferencia?
–Para eso he tomado otras medidas al respecto. –sonrió. –Si me matan, alguien se hará cargo de matar también a Sasuke. Y mientras Itachi desconozca a quién le he ordenado eso, no hará nada.
Ambos hombres miraron hacia la puerta. Kimimaro pidió permiso para entrar, que fue consentido al instante. Ese chico era uno de los favoritos de Orochimaru, en él depositaba las tareas más difíciles y que requerirían de mayor discreción. Un asesino nato como Kimimaro le había permitido sobrevivir entre la oscuridad todos esos años, desapareciendo a sus enemigos.
–¿Cómo va el entrenamiento con Sasuke?
–Creo que el chico tiene potencial. –explicó a su jefe que Sasuke tenía el talento innato y la habilidad necesaria para manejar armas. –Me asombra la rapidez con la que aprendió a disparar. Además, tiene una puntería excelente. Mi señor estará muy complacido con los avances que ha hecho en tan poco tiempo.
–Bien, entonces es hora de que aprenda a sostener una espada.
Ya era tiempo de arreglar todo. Con la información que tenía, era suficiente para arrestar formalmente a Kabuto y a Orochimaru. Nada le gustaría más que ver a esos dos tras las rejas, de preferencia, por el resto de sus vidas. Estiró sus brazos sobre su cabeza para permitir que sus entumecidos músculos se aflojaran un poco. La policía estaba en busca de Orochimaru, incluso pedirían una extradición de ser necesario.
Con todos los asuntos de la oficina arreglados, ahora tenía que dedicarse a arreglar su vida personal. Buscaría a Sasuke para solucionar el problema, o al menos, pedirle una explicación lógica. Al finalizar el día, acompañó a Ino hasta su departamento para hablar con el moreno. Tocó varias veces, pero nadie abrió. Tal vez aún estuviera en el trabajo. Le pidió a Tsunade la dirección del cuartel de bomberos y fue hacia allá.
–¡A mí también me gustaría saberlo! –gritó el jefe de Sasuke cuando Naruto preguntó sobre el moreno. –¡El muy cabrón no se ha parado aquí en más de tres días! Si lo encuentras, dile que está despedido.
No tenía ningún ánimo de ponerse a pelear con aquel sujeto de mirada feroz, así que agradeció el tiempo y salió del departamento. Un sujeto lo esperaba afuera.
–Hey, ya sé que es de mala educación, pero no pude evitar escucharte preguntar sobre Sasuke. ¿Tienes alguna noticia?
–Si la tuviera, no estaría aquí. –respondió con ironía.
–Lo siento. Me llamo Rock Lee. Soy compañero de Sasuke. –extendió la mano para saludarlo. –Sé que no me conoces, pero yo estaba en el hospital el día que tuviste el accidente.
–Ah… gracias, supongo.
–Sasuke estaba realmente preocupado por ti. Ni siquiera quería comer. ¿Sabes algo? Hoy por la mañana vino a buscarlo un chico alto y de largo cabello negro. No pude preguntarle quien era, pero supongo que es un familiar porque son muy parecidos.
Así que Itachi también había ido a buscarlo. Aquello comenzaba a asustarlo un poco ¿Y si estaba en el hospital? O peor… ¿Orochimaru habría cumplido sus amenazas?
–Por cierto ¿conoces a Sakura? he intentado localizarla para invitarla a salir. Sasuke me dijo que no habría problema si intentaba algo con ella, he ido a buscarla al motel donde se hospedaba, pero ya no está. ¿Habrá sido casualidad que los dos desaparecieran?
A esas alturas Naruto no podía estar más inquieto. Sospechaba que Sasuke se había largado con Sakura y Kai al ganar su lado heterosexual. Con que así eran las cosas… ¡pues él también podía hacer lo mismo! No era feo y podía conseguir a cualquier chica en un segundo para vengarse. Con lo comunicativa que era Ino, Sasuke no tardaría en enterarse que Naruto tenía una nueva novia.
–Lo siento, Lee. No tengo ni la menor idea de dónde pueda estar Sakura. –comentó en tono cortante. –Será mejor que me vaya.
–¡Saluda a Sasuke de mi parte! –pidió Rock Lee antes de ver al rubio desaparecer entre la multitud.
Naruto pensaba a qué chica podría utilizar para su venganza. Hinata estaría encantada, pero no quería jugar con sus sentimientos. Ino era una mujer casada. ¿Sakura? se estremecía de sólo pensarlo. Su grupo de amigos reducido no le daba muchas opciones. ¿Tsunade? Preferiría comerse un gusano antes de besar a una mujer mayor, además que Jiraiya no se lo pondría fácil. ¿Shizune? Era una opción, después de todo Sasuke se enteraría rápidamente ya que vivían en el mismo edificio.
¿A quién quería engañar? Él mismo reconocía que no podría estar con ninguna mujer. ¿Y un chico? Si mal no recordaba, Itachi le había comentado en ocasiones lo lindo que le parecía y el hermano mayor de su ex no estaba nada mal, por el contrario, su largo cabello negro y su cuerpo bien formado tentarían a cualquiera. Y por supuesto que él no era del todo inmune a los encantos de Itachi.
–¡Naruto, eres un imbécil! –se dijo a sí mismo, llamando la atención de las personas a su alrededor.
Caminó en silencio, con las manos dentro de su abrigo. Necesitaría un poco de tiempo para olvidarse de Sasuke antes de pensar en enredarse sentimentalmente con otra persona. Sus pies lo llevaron por caminos poco conocidos. La noche cubría la ciudad y aquel rumbo no era el mejor para andar solo.
Muy tarde, se dio cuenta de que se hallaba en el distrito rojo. Varias mujeres con faldas increíblemente diminutas deambulaban por las calles en busca de clientes potenciales. Una linda chica de rojos cabellos lo miró de reojo. Naruto se abrochó el abrigo y continuó su camino, unas cuadras más adelante se encontraba la salida a aquellos callejones. Trató de no correr, lo último que deseaba era llamar la atención de las mujeres.
En su carrera apresurada chocó contra una mujer vestida elegantemente, pero provocativa a la vez, su estilo no encajaba con el de las demás. Ella sonrió y se levantó primero, ofreciéndole su mano para ayudarle. No quería parecer grosero, así que aceptó, aunque le pareció extraña la actitud de la chica.
–¿Estás bien? –preguntó.
–Sí, disculpa, estaba distraído.
–Claro, con todas estas bellezas, cualquier hombre se distraería. –comentó con voz baja y sensual. –¿Buscas algún tipo en especial, Naruto?
–No, ni siquiera quería… ¿cómo sabes mi nombre? –preguntó sorprendido.
–Se te cayó la cartera. –le entregó la billetera abierta. –Leí tu licencia de manejo.
–¡Ah! –se sentía un poco tonto por imaginar otra cosa. Quizá se estaba volviendo paranoico. –Lo siento, de verdad. –se disculpó cogiendo su cartera.
–¡Espera! ¿Por qué estás aquí? –los ojos grises de la mujer se clavaron en los azules. –Tus ojos me dicen que estás enamorado.
–Bueno… –tartamudeó un poco. Las manos en su pecho comenzaban a ponerlo nervioso. –Sí, pero…
–La única razón por la que un hombre tan atractivo como tú vendría aquí… –los labios de la chica estaban demasiado cerca para su gusto. – … es para olvidar. ¿Necesitas ayuda?
Era difícil resistir la tentación. La mujer era linda, y su cuerpo también, a juzgar por las formas que se reflejaban bajo en corto vestido negro. Y el que estuviera restregando su cuerpo de esa manera contra el de él, no le hacía dudar de lo bien que podrían pasarlo. Pero… nunca en su vida había estado con una mujer, ni siquiera le llamaban la atención. ¿Por qué con ella era diferente? Tal vez era el deseo de olvidar. Cuando las frías manos de la chica encontraron las suyas, dejó de pensar y siguió a la mujer hasta un oscuro callejón.
Su espalda chocó contra la pared y sus labios no tardaron en encontrarse con los de ella. Pero el beso fue corto y la sonrisa de satisfacción de la mujer lo sorprendió. La chica se alejó y dos pares de manos salieron de entre las sombras para sujetarlo.
–Llévenselo al auto. –pidió la mujer. –Este es el último favor que hago por Orochimaru. –cerró su abrigo, olvidando lo mucho que detestaba utilizar vestidos tan cortos y escotados, pero ya no tendría que hacerlo. Su deuda con el anciano había terminado.
–¡Hey! Suéltenme. –los dos enormes hombres lo habían tomado de los brazos para evitar su escape. A nadie por esos rumbos les sorprendió ver la escena, estaban acostumbrados a ese tipo de situaciones, por lo que gritar no le fue de mucha ayuda a Naruto. –¡Déjenme ir!
Fue empujado dentro de un pequeño auto negro con vidrios polarizados. Pataleó un poco, pero los hombres aún tenían el control. La mujer subió al volante y notó el forcejeo en la parte posterior.
–Sabemos dónde está Sasuke. –dijo para callarlo. –Si te quedas quietecito, tal vez puedas verlo.
–¿Qué le hicieron a Sasuke? –gritó, dejando de pelear un poco. –Porque si algo le hicieron, les juro que…
–Cállate, niñato. –exigió. –El inútil de tu noviecito está con Orochimaru porque quiere, nadie lo obligó.
–¡Estás mintiendo! Sasuke nunca…
–¿Crees que miento? –pisó el freno repentinamente, provocando que el rubio chocara su cabeza contra el vidrio, ya que estaba sentado entre los dos hombres y no había nada que se interpusiera en su camino para detenerlo. –Escucha, niño. Orochimaru está en aprietos y necesita alguien con quien negociar. Y la mejor persona es…
–¿Yo? –preguntó Naruto.
–No, imbécil. Itachi.
–¿Cómo sabes todo eso?
–Digamos que yo estuve al servicio del señor Orochimaru mucho tiempo.
–Hablaste en pasado. –le hizo notar el rubio. –¿Ya no trabajas con él?
–Este es el último trabajo que haré. –le explicó. –Orochimaru es un hombre terrible, estoy de acuerdo en eso. Y debería de pagar con la cárcel.
–¿Entonces por qué haces esto? Déjame ir y le avisaré a la policía.
–Claro, si te dejo ir, Orochimaru me matará a mí. –dijo. –Anko Mitarashi.
Naruto se quedó perplejo frente a la mano extendida de la mujer. Dudó un segundo, pero la tomó. –Naruto Namikaze.
–Lo sé, te conozco. –le recordó. –Bien, las cosas están así. Sasuke es ahora uno de los sirvientes de Orochimaru y ha estado entrenando.
–¿Por qué haría eso? Sasuke tal vez sea un bastardo amargado y frío, pero en el fondo es un buen chico. No haría…
–¿Me dejas explicarte o vas a iluminarnos con tus palabras de amor por el bastardo ese? –Naruto hizo un puchero de inconformidad y se cruzó de bazos, dispuesto a escuchar el resto de la historia en silencio. –Lo hizo para protegerlos a ti y al niño. El pequeño mocoso está con Itachi, a salvo. La serpiente rastrera le dijo que, o trabajaba para él o les haría daño a ustedes.
Sonrió. Siempre supo que Sasuke tenía una razón de peso para abandonarlo de la manera en que lo hizo. Todo el enojo y la frustración desaparecieron como por arte de magia, dejando sólo la preocupación.
–¿Por qué me cuentas todo esto?
–Para que no hagas una estupidez. Se supone que te secuestraría y llevaría a la mansión. –arrancó el motor, ya era hora de llegar a su destino. –Orochimaru quiere tenerte como amenaza contra Sasuke.
–Eso es…
–Me dijo que tenía que drogarte para que no hicieras ruido cuando llegáramos. Si prometes fingir que duermes, no tendré que hacerlo. –comentó, sin perder de vista el camino. –Estarás bajo mi cuidado unos días, hasta que él decida utilizarte. No te preocupes, si obedeces no habrá golpes ni tortura. Te alimentaré y podrás ver televisión.
–Tal vez deberían de golpearme un poco, para que Orochimaru crea la historia del secuestro. –miró a los dos hombres con un poco de temor, imaginando lo que un golpe de ellos dolería, pero por el bastardo de Sasuke podría soportarlo. –Si quieren…
–Denle un buen golpe en la cara. –ordenó Anko. –Diremos que opuso resistencia antes de caer bajo el efecto de la droga.
–Pero, señorita Anko… él es un buen chico. –dijo uno de los ayudantes.
–¡Sólo háganlo! –pidió el rubio. –¿Quieren que los insulte? Así tendrán una justificación.
–Imagina que es Orochimaru. –sugirió el otro hombre.
–¡No quiero matarlo!
–Entonces imagina a tu ex.
El golpe no tardó en llegar. Se sobó la zona adolorida, notando unas gotas de sangre. El golpe se pondría morado e inflamado en unas horas. Se quitó el abrigo y pidió que lo jalonearan. Desacomodó su ropa y su cabello. El resultado final era pasable: un chico que se había metido en una pelea.
–Estamos por llegar. –advirtió Anko. –¿Seguro que no quieres un poco de cloroformo?
–Eh… quizá debería de aceptar. –la actuación no era su fuerte y si Orochimaru se aparecía, no podría contener las ganas de golpearlo. –¿Un poco?
Uno de los ayudantes tomó un frasco y empapó un pedazo de tela con él.
–No te pasará nada, te lo prometo Naruto. –dijo la mujer antes de que aquella tela se posara en su nariz. El olor era extrañamente desagradable, pero el sopor comenzó a invadirlo casi de inmediato. –No lo dejen totalmente dormido, sólo lo suficiente.
Cuando al fin abrió los ojos, miró la habitación a su alrededor. Era enorme y estaba completamente vacía, a excepción de un par de sillas y una mesa. Sus manos y pies estaban atados al asiento en el que él mismo estaba sentado. Se aseguró que estuviese solo y luego susurró:
–¿Anko?
–Tardaste en despertar, niñato. –la figura de la chica salió de entre las sombras. –Orochimaru me ha pedido mantenerte aquí un par de días.
–Alguien sospechará mi desaparición. –explicó Naruto. –Tal vez mi secretaria o Iruka.
–Bueno, pues reportarán eso a la policía y después veremos lo que ocurre. No debo dejarte morir de hambre, así que come. –arrastró la mesa hasta situarla delante del rubio. –Sólo es pan y un poco de agua, pero sobrevivirás.
–¿Y si quiero ir al baño?
–Alguien vendrá a ayudarte. –movió la mano y uno de sus ayudantes se acercó, Naruto lo reconoció como aquel que le dio el puñetazo. –¿Alguna otra pregunta?
–¿Dónde está Sasuke?
–Entrenando para volverse un asesino. Orochimaru no lo deja descansar mucho.
–¿Sabe que estoy aquí?
–No lo creo. –señaló el plato. –Come.
–Tal vez si me desataras, podría hacerlo.
Con un gruñido de protesta, deshizo el nudo de la cuerda que ataba una de las manos de Naruto. –Sólo puedo desatar una.
–Está bien. –no se quejó. Tomó el pan y lo tragó. –¿Viviré a base de pan estos días?
–Lo siento, órdenes de Orochimaru.
–Da igual. Ya le daré su merecido. –bebió el agua. –¿Qué haré aquí? Me aburriré de lo lindo. ¿No hay ni un libro? Me dijiste que podría ver televisión.
–Puedes pensar en la inmortalidad del cangrejo. –sugirió con ironía Anko. –No, no hay nada que puedas hacer. Por cierto, tendré que ponerte esto en la boca. –le mostró un trozo de tela. –Eres tan ruidoso que no puedo controlarte ¿de acuerdo? –explicó la finalidad de la mordaza.
–No tengo otra opción ¿o sí?
–Si Orochimaru se aparece, tendré que golpearte, pero no lo tomes a mal. –comentó mientras ataba la mordaza. –Ya está. Ahora tendrás mucho tiempo para pensar en lo que quieras. –miró el vaso con un poco de agua y tuvo una idea. Arrojó el líquido a la cara de Naruto, mojando el rostro y parte de la camisa. El rubio gruñó.
–Te has puesto rebelde y tuve que "obligarte" a comer. –explicó, volviendo a atar la mano libre de Naruto. –Es sólo para darle un toque más realista.
–¿Cuánto tiempo llevo encerrado aquí? –preguntó Naruto mientras estiraba sus músculos adormecidos. Anko le dio la oportunidad de caminar un poco porque Orochimaru estaba fuera de la mansión.
–Dos días. –contestó. Sólo por precaución, uno de sus hombres cuidaba la puerta, por si al rubio se le ocurría hacer una tontería. –Cada vez falta menos.
–Me imagino. –un suave golpeteo de procedencia desconocida los puso sobre alerta.
Naruto corrió a sentarse de nuevo en la incómoda silla y fingió estar medio atontado. Anko tomó las sogas y ató al rubio, al mismo tiempo que su ayudante revisaba los pasillos. No vio nada sospechoso, extrañado, revisó la única ventana del cuarto. Asomó su cabeza por fuera y regresó con noticias para su jefa.
–¿Y bien?
–No era Orochimaru. Sólo un travesti sexy saltando en el tejado.
–¿Qué?
–Un chico o chica de cabello largo y rubio. Delgado… hasta creo que era atractivo.
–Deidara… –susurró. La descripción coincidía con la de ese miembro de Akatsuki. –Han descubierto a Orochimaru. No tardarán mucho en vengarse.
–¿Quién es Deidara? –preguntó Naruto.
–Forma parte de Akatsuki. Creo que es el encargado de eliminar a Orochimaru. –ató la mordaza. –Tal vez Orochimaru venga en camino.
Anko no se equivocó. Orochimaru apareció unos minutos después, seguido por su fiel sirviente Kabuto. Naruto apretó los puños, agradecido de estar atado o de otra manera, se habría lanzado a golpearlo. El anciano observó la furiosa mirada azul y sonrió. Su ropa sucia, desarreglada y con gotas de sangre le indicaba que el muchacho no aceptaba el cautiverio muy bien. Además, las muñecas de Naruto mostraban rojizas marcas consecuencia de las cuerdas que rozaban su piel.
–Me alegro que aceptaras mi cordial invitación, Naruto. –habló, poniéndole los pelos de punta. –Tenemos un par de cosas que conversar. Espero que estés cómodo. –recibió un gruñido como respuesta. –¿Te divertiste robando mis datos?
Arrastró una silla para ponerla justo frente a Naruto. Se sentó y subió sus pies a la mesa de comida.
–Anko, quítale la venda de la boca. –ordenó. –Quiero escuchar las respuestas de nuestro invitado.
–¿Qué demonios quieres de mí? –vociferó en cuanto se sintió libre de la mordaza. –No te serviré para amenazar a Sasuke, él y yo hemos terminado. De hecho, creo que me harías un enorme favor si lo eliminas. –mintió, a sabiendas que preferiría arrancharse su propio brazo y comérselo antes de desearle sufrimiento al moreno.
–Vaya, un novio ardido. –Orochimaru rió fuertemente. –Bien, el caso es que no planeo hacerle daño a Sasuke, al menos por el momento. –eso tranquilizó un poco al rubio. –Supe que la policía está buscándome gracias a la acusación que pusiste en mi contra. Espero que este tiempo en soledad te haya servido para pensar en una forma de librarme de este embrollo.
–He estado pensando en cosas más importantes que eso. Y aunque lo supiese ¿crees que lo haría? Primero muerto antes que mover un dedo para ayudarte.
–¡La misma determinación que Minato! –exclamó, sorprendiéndolo. –Demasiado buenos y justos para ser verdad. Pero, si no lo haces por mí, al menos hazlo por Kai.
–¿Qué tiene que ver Kai en todo esto?
–Él está conmigo. Encontrarás la manera de quitar esa acusación o el pequeño e inocente niño perderá los dedos poco a poco. Mientras más tardes, menos dedos tendrá.
Evitó buscar con la mirada a Anko. Ella le había dicho que Itachi cuidaba de Kai y el niño estaba seguro, pero ¿y si todo eso fue una muy buena actuación para ganarse su confianza? De esa manera, Anko no tendría que pelear ni forcejear mucho para convencerlo de ir voluntariamente con Orochimaru. No sabía qué hacer. Por un lado, si se negaba a ayudarlo, y Kai estaba bajo su control, era perfectamente capaz de lastimar al niño. Pero si Kai estaba a salvo con Itachi, no tendría de qué preocuparse.
–¿Cómo demonios…? –una fuerte bofetada lo hizo callar. Anko había cruzado la habitación a toda velocidad para situarse justo frente a él y golpearlo. Los brillantes ojos grises trataron de comunicarse con él a través de las miradas. Y Naruto sonrió al darse cuenta que Anko estaba confirmándole que había dicho la verdad.
–Mis disculpas, señor. –murmuró. –Parece que los invitados no son muy bien educados.
–Namikaze. –habló con severidad. –¿Qué dices? ¿Retirarás la acusación?
–Lo siento, Orochimaru, pero aunque la quitara, la policía continuaría buscándote. –miró los viperinos ojos. –Y por mí, puedes dejar al niño sin dedos.
A pesar de la situación, el anciano hizo una mueca sonriente. –Creo que me equivoqué al elegir a mi siguiente asesino. Aquí hay otro con sangre fría.
–No soy así. Simplemente he roto cualquier tipo de relación con el teme. Lo que le suceda de ahora en adelante no es de mi incumbencia.
Orochimaru se puso de pie y soltó una estruendosa carcajada. –Me he encontrado con alguien que no es nada fácil de intimidar. Me comienzas a gustar, muchacho.
Observó los movimientos del anciano hasta que éste y Kabuto desaparecieron del cuarto. Fue entonces cuando pudo exhalar un suspiro de alivio.
–¡No pensé que hacerse el duro fuera tan difícil!
–No lo hiciste nada mal, niñato. –le aseguró Anko. –Por un momento creí que te dejarías llevar por la mentira de Kai.
–Eso me preocupó. –confesó. –Aún así, debo de preguntarte a ti ¿por qué me ayudas? ¿Cómo sé que puedo confiar en ti?
–Yo no soy como los demás. –desató los nudos de las muñecas. –Orochimaru ha hecho muchas cosas horribles a lo largo de estos años y ya es tiempo de que pague.
–Te has dado cuenta muy tarde. –la miró fijamente. –¿Por qué hasta ahora?
–Porque ya no tiene las posibilidades de hacerme daño. Está atrapado entre la espada y la pared. –sacó el teléfono móvil y llamó. –Aquí está la prueba de que no miento.
Naruto tomó con desconfianza el teléfono que le ofrecía, sin saber quién contestaría del otro lado.
–¿Diga?
–¿Itachi? ¿De verdad eres tú? ¿Cómo está Kai? ¿Está contigo? –bombardeó de preguntas al mayor de los Uchiha al reconocer la voz.
–Sí, soy yo. Kai está conmigo y está bien. ¿Por qué tanto misterio?
–No, por nada. Estaba preocupado. ¿Has hablado con Sasuke?
–No desde que me pidió cuidar a Kai. ¿Qué me ocultas?
–Yo… –Anko le susurró en voz baja que ni se le ocurriera mencionar lo de su supuesto secuestro. –No sé de qué hablas.
–Me lo dices ahora o…
–Ya me tengo que ir. –interrumpió. –Cuídate y cuida mucho a Kai. Salúdalo de mi parte y dale un abrazo ¿quieres? ¡Hasta luego!
Terminó la llamada y le devolvió el teléfono a Anko, satisfecho y aliviado de que Kai estuviese a salvo. De ser así, entonces podría continuar con el teatrito.
–¿Has visto a Sasuke? –preguntó el rubio.
–Sé que está en esta mansión, pero no me dejan estar a solas con él. Siempre están acompañándolo Kimimaro, Kabuto o el propio Orochimaru.
–Si puedes encontrarte con él, dile que estoy bien y no se preocupe por mí. Me harías un gran favor al hacerlo.
–Tal vez podamos enviarle una nota.
No sabía porque, pero Orochimaru parecía de buen humor. Esquivó con facilidad uno de sus ataques, desviando el filo de Kusanagi un par de metros y provocando que el anciano trastabillara. Su espada habría atravesado el corazón de Orochimaru si no fuera porque la propia espada de Kimimaro amenazaba con cortar su garganta si se atrevía a dar un paso más. Eso y el cañón de la pistola de Kabuto en su sien lo hicieron desistir de sus instintos homicidas. Siempre ocurría lo mismo. En cuanto Sasuke lograba una posición favorable que pusiera en peligro la vida de la serpiente, sus dos súbditos se encargaban de frenarlo en seco. De esa manera el anciano nunca corría verdadero peligro junto a Sasuke. Poniéndose de pie, Orochimaru avanzó los pocos pasos que lo separaban de su nuevo sirviente.
–Me sorprende tu progreso, Sasuke. Definitivamente eres un digno heredero de los Uchiha. –siseó en voz baja, obteniendo un gruñido como respuesta. Sasuke dio por finalizado el entrenamiento y se secó el sudor con una toalla, aprovechando la oportunidad también para beber algo. –Ahora que tus habilidades están desarrolladas, continuaremos refinando tu carácter.
Con un movimiento de cabeza, Kabuto se retiró de la habitación, dirigiéndose al despacho de su jefe.
–¿Señora Sakura?
–Hola Kabuto, me alegro de verte. –saludó la mujer, sentada en la silla principal. –¿Me harías un favor? Necesito hablar con Orochimaru ¿dónde puedo encontrarlo?
Tenerla ahí era un problema pero a la vez una ventaja. Problema porque debían de mantenerla lejos de Sasuke y ventaja porque su visita mataría dos pájaros de un tiro.
–El señor Orochimaru se encuentra arreglando unos asuntos. –excusó. –Pero vendrá aquí en cuanto termine.
–Lo esperaré.
–Señora, ¿le importaría sentarse acá? –señaló una de las sillas para invitados. –No creo que…
–¡Discúlpame, que tonta soy! –fingió inocencia. –Pensé que ésta seguía siendo mi casa.
–Sí, es así pero…
–Lo esperaré aquí. –declaró con firme voz, haciéndole entender que no se movería ni un milímetro de allí.
De vuelta en el cuarto de entrenamiento, Orochimaru alternaba su mirada entre su favorito, Kimimaro y su nueva adquisición, Sasuke.
–Entonces comenzaremos a volverte un asesino, Sasuke. Mata a Kimimaro.
–¿Qué? –no estaba preparado para ese tipo de noticia y le sorprendió que ni siquiera el joven pestañeara ante la orden dada.
–Ya te lo dije. Mátalo.
–¿Y si me niego?
–No me quedará otra alternativa que mandar llamar a Naruto. Ese era nuestro trato, ¿recuerdas? Tú obedeces y yo no mato a Kai ni a Naruto.
–Haz lo que quieras con el dobe. Él ya no me interesa. –cerró sus manos en puños para que el anciano no notara el temblor que invadió su cuerpo.
–Qué curioso. –suspiro. –Él dijo exactamente lo mismo hace unas cuantas horas.
Con una velocidad asombrosa, Sasuke giró sobre sus talones y corrió hacia Orochimaru, agarrándolo por las solapas y acorralándolo contra la pared más cercana. Podía ver a la perfección los orbes negros plagadas de enojo y el brillo rojizo característico de los Uchiha. Lo conocía bien porque era la misma mirada que Itachi alguna vez le obsequió, justo cuando le declaró sus ambiciones y su deseo de… bueno, eso era cosa pasada. No duró mucho tiempo acorralado porque Kimimaro se hizo cargo y alejó a Sasuke de él.
–¿Dónde está Naruto? –exigió saber. –Si le hiciste algo, juro que…
–¿Acaso pueden comunicarse telepáticamente? Repites las mismas palabras. –suspiró. –¡Anko!
La puerta se abrió, revelando a Naruto atado a una silla, con la mordaza puesta sobre la boca y varios golpes sangrantes, cortesía de Kabuto. Los ojos de ambos chicos hicieron contacto. El rubio intentaba decirle que él estaba bien, pero Sasuke estaba cegado por la furia.
–Llévenselo. –Anko ordenó a sus dos ayudantes cargar la silla de vuelta al cuarto y cerró la puerta, dejando a los tres en la sala de entrenamiento.
–Niñato, de verdad lo siento. –dijo al mirar las heridas de Naruto. –No podía negarme a las órdenes de Kabuto sin parecer sospechosa.
Naruto no la culpó por el hecho. El único culpable era Orochimaru y Kabuto. Por órdenes del primero, Kabuto había ido al cuarto donde permanecía secuestrado, dándole una paliza y dejándolo en un estado lamentable para convencer a Sasuke de colaborar con el anciano. Anko no podía decirle que no sin arriesgarse ella misma o a sus hombres.
–Al menos ahora sabes que tu queridito Sasuke y Kai están bien.
Recibió un gruñido como respuesta, pero no podía quitarle la mordaza hasta que volvieran a estar encerrados.
–Y bien, Sasuke ¿qué has decidido? –preguntó Orochimaru sin dejar de soltar a Kusanagi por si debía defenderse de un ataque del moreno. –La única forma de salir será matando a Kimimaro, pero él no te lo pondrá nada fácil, ¿verdad? –el joven asintió, corroborando las palabras de su jefe. –Si quieres salvar a Naruto, tendrás que salir de aquí. Si te tardas mucho, no sé qué podría pasar. –Orochimaru abandonó la habitación, dejando tras de sí una estruendosa carcajada y cerrando con llave la puerta. –No se te olvide que Kimimaro tiene la llave. –advirtió antes de dirigirse a su despacho.
–No quiero matarte. –susurró Sasuke. –Y tú no quieres matarme tampoco.
–La verdad sí quiero matarte. Son las órdenes de Orochimaru. –con un rápido movimiento cogió la espada de Sasuke y comenzó el ataque.
–¿Qué sucede allá? –inquirió Naruto al verse libre de la mordaza. Uno de los ayudantes de Anko, de nombre Tessai, llegaba con información.
–Sasuke se ve obligado a matar a Kimimaro si quiere salir vivo de allí. –explicó.
–¡Eso es una locura! –gritó. –Debemos pararlo. ¡Déjenme salir!
–No te moverás de aquí, Naruto. –dijo Anko, liberándole la mano y pierna derechos. –Nosotros iremos a ayudarlo, pero tú te quedas quieto. Tessai, ayúdame con el otro lado.
–¿Por qué no puedo ir? –expresó con desesperación. –¡Quiero ayudarlo!
–No creo que puedas, Naruto. –todos clavaron su mirada en Kabuto, que recién ingresaba al cuarto. Anko tragó en seco. Tessai dejó su tarea de desatar las cuerdas. –Después le reportaré a Orochimaru su sublevación. Lárguense.
No tuvieron más remedio que aceptar. Naruto tenía libre una mano que aprovechó para intentar liberar la otra, pero Kabuto fue más rápido y volvió a amarrarle la muñeca, imposibilitando su escape.
–¿Qué haremos contigo, Naruto?
En cierta medida le asombraba el valor de Sakura para presentarse ahí y sentarse en su silla. No sabía que tan valiente podía llegar a ser su todavía esposa.
–Querida, no es el mejor momento para hablar. –depositó su espada sobre el amplio escritorio de madera y se colocó detrás de Sakura, colocando sus manos sobre los pequeños hombros de la mujer para forzarla a levantarse. –Te buscaré después.
–No iré a ningún lado, Orochimaru. –dijo con voz decidida. –Quiero que me digas dónde están Sasuke y Naruto.
–Ellos están aquí en la mansión. Ahora ¿te largas o…?
–Tengo que asegurarme que estarán bien, después de todo, Sasuke cuidará a Kai. –interrumpió. –¿Qué harás con ellos?
–¿Por qué haces una pregunta tan tonta? Sabes que acabarán igual que Minato, Tayuya y Sarutobi… flotando en algún lugar. Ahora que sabes mis intenciones, lárgate. –se escuchaban algunos golpes y el típico sonido de las espadas al chocar.
–No puedo permitirte que hagas eso. –sujetó con fuerza el bolso que llevaba, apretando el pequeño revólver contra su cuerpo. Orochimaru intuyó que algo andaba mal porque de inmediato clavó sus afilados ojos en el bolso y con un movimiento ágil se lo arrebató de las manos.
–¿Intentabas matarme? –preguntó con burla. –Necesitarías ser mucho más inteligente, querida. Una pequeña amenaza como tú, es como un pequeño mosquito embarrado en el cristal.
Los ojos jade inspeccionaron a su alrededor, buscando algo con qué defenderse. Los sonidos de las espadas pararon y se escuchó un grito de dolor. Sakura gimió asustada, conocía perfectamente la voz de Naruto. El cuerpo de Orochimaru frente a ella comenzaba a acorralarla contra el escritorio… ¡Kusanagi! Juntó todas sus fuerzas en la palma de la mano para darle una bofetada que desvío la atención del anciano un par de segundos, los suficientes para girar y tomar la pesada espada entre sus manos. A pesar de que el filo estaba a pocos centímetros de su pecho, Orochimaru no se inmutó.
–¿Qué piensas hacer con eso, Sakura? –odiaba la sonrisa viperina del mayor, pero se vio obligada a no distraerse por nada del mundo. –Tú y yo sabemos que no eres capaz de matarme.
Fue pura suerte que Kimimaro tuviera un ataque de tos en ese momento. A pesar de la desventaja, Sasuke aprovechó para hacerlo caer y arrancarle la espada de las manos, lanzándola fuera de su alcance. Se puso a horcajadas sobre él, inmovilizándole las piernas y buscando entre las ropas alguna otra arma que pudiese ser usada en su contra. Encontró en su pecho una cadena con la llave que necesitaría para salir de allí, pero Kimimaro no se lo pondría fácil.
El joven empujaba al moreno, desesperado por quitárselo de encima y evitar que saliera de la habitación. Un leve tirón en su cuello le indicó que la cadena había sido arrancada de su sitio. Llevó ambas manos hacia el cuello del contrario para estrangularlo, no necesitaba ningún tipo de arma para matarlo.
Lo primero que su instinto de supervivencia le dictó, fue llevarse las manos a las contrarias para retirarlas de su garganta y poder respirar. El grito de dolor de Naruto lo alertó de que tardaba demasiado y sus fuerzas comenzaban a disminuir por la necesidad de oxígeno. Dejó de intentar liberarse para golpear el rostro de Kimimaro, tratando de dejarlo inconsciente. Fueron necesarios varios golpes para atontarlo un poco y poder liberarse. Tambaleantemente, se puso de pie. No era su intención hacerle daño a nadie, pero reconocía que el muchacho sería una amenaza si lo dejaba ahí. Tomó una gran bocanada de aire y pateó el abdomen de Kimimaro varias veces. Cuando quedó al fin inconsciente, salió de la habitación corriendo, no sin antes tomar de nuevo su espada y la pistola que Kimimaro llevaba escondida. Su principal prioridad era encontrar a Naruto.
–¿Dónde está Naruto? –preguntó jadeando al encontrarse de frente con Anko.
–Estás a dos puertas de encontrarlo. –murmuró la mujer. –Me pidió que te dijera que él está bien, pero necesitará ayuda con Kabuto. Anda, ve por él.
Observó a Sasuke correr hacia la habitación donde seguramente Kabuto estaba ensañándose con un atado e indefenso Naruto. Con un suspiro se dirigió al despecho de Orochimaru, dispuesta a enfrenar y derrotar a su demonio particular.
–¿Qué haces aquí, Anko? –gruñó Orochimaru al notar que la puerta se abría, dando paso a su ex alumna. –¿Debería de sentirme atemorizado por estar en medio de dos chicas?
–Por fin podré vengarme de ti, eso si no te molesta, Sakura. –dijo Anko.
–No, por supuesto que no. –contestó de inmediato la Haruno.
Ankó abrió su gabardina color beige para sacar la pistola que Orochimaru le había obsequiado después de su primer asesinato. En aquel entonces, recordaba vagamente que estaba enamorada de aquel hombre, por ser el único que alguna vez la cuidó. Que tonta era. Orochimaru solamente la había cuidado para aprovechar sus habilidades, desechándola en cuanto encontró a Kimimaro y a otros sirvientes mucho más eficaces que ella. Por el brillo en los ojos amarillos, supo que él también reconocía el arma.
–¿Terminarás el trabajo con el arma que yo mismo te regalé?
–Considéralo tu regalo de despedida.
El potente sonido de la detonación asustó a Sakura que por reflejo, cerró los ojos y alzó la espada frente a sí. Desde el suelo, el cuerpo de Anko le regalaba una mirada perdida.
–Corre… –murmuró, estirándose para alcanzar la pistola. La sangre salía a borbotones de su estómago.
Orochimaru pateó la pistola. El revólver de Sakura había funcionado a la perfección. No dudó en disparar porque reconocía en la mirada decidida de Anko que ella tampoco dudaría en matarlo. El primer tiro había decidido al ganador.
Escuchó el disparo y por un momento detuvo su carrera. Tal vez sería mejor volver y asegurarse de que todo estuviese en orden, pero estaba a solo un par de pasos de abrir la puerta donde se encontraba Naruto. Regresar sería una pérdida de tiempo. Al abrirla, encontró a Naruto tirado en el suelo, atado todavía a la silla e intentaba defenderse inútilmente de los golpes de Kabuto.
–¡Dobe! –exclamó al ver al rubio con sangre fresca en varias partes de su cuerpo. Corrió a detener a Kabuto, pero éste lo miraba con los ojos muy abiertos.
–¿El disparo…?
–Al parecer provenía del despacho de Orochimaru. Tal vez alguien ya ajustó cuentas con él. –y él también se las cobraría al chico de lentes en cuanto terminara de desatar a Naruto.
Kabuto dudó un segundo entre continuar con sus amenazas hacia Sasuke o volver con su jefe para asegurarse de que estaba bien. Al final, se decidió por lo último y se dirigió a paso veloz hacia el despacho. Bajó velozmente las escaleras y de la nada, una pistola con silenciador estaba delante de él. Su pecho ardía y con temor, miró que el disparo había dado justo en su corazón. Se desplomó por las escaleras y murió, mirando fijamente a su asesino.
–De cualquier manera, nunca me trataste bien, Kabuto. –dijo Tessai. Al fin se cobraba la venganza por su ojo derecho. El disparo anterior posiblemente era de Anko. Estaba seguro de que su ex jefa ya había matado a Orochimaru, ella también tenía sus buenas razones para hacerlo. Con tranquilidad, arrojó la pistola y el silenciador a uno de los muchos armarios de la mansión. Caminó hacia la salida, donde se reuniría con Anko. Esperaba que la mujer pudiera salir antes de que la mansión volara en cientos de pedacitos.
–Hey dobe, ¿estás bien? –preguntó una vez que Naruto pudo volver a moverse.
–No lo sé, teme. Me duele mucho la pierna, creo que está fracturada. –señaló una de sus extremidades, la cual fue palpada sin ningún cuidado por el pelinegro. –¡Duele muchísimo, animal! –gritó.
–Sí, está fracturada.
–Eso ya lo sabía, imbécil. –contestó entrecortadamente debido al dolor en su pierna. –¿Por qué te fuiste sin decirme nada? ¿Sabes que eres un grandísimo idiota, bastardo desconsiderado?
–Si te lo decía, Orochimaru volvería a hacerte daño. –dijo con simpleza, ayudando al rubio a ponerse de pie. –Será mejor largarnos de una buena vez.
Con cuidado, ayudó al rubio a ponerse de pie, lo cual era extremadamente doloroso y difícil dada la condición actual de su pierna. Mientras esperaba pacientemente a que Naruto lograra el equilibrio, echó un vistazo a la única ventana de aquel cuarto. La calle estaba completamente sola, a excepción del auto que reconoció casi de inmediato.
–¡Sakura!
–¿Está aquí?
–Su auto está aquí, tal vez ella esté con Orochimaru. –se estremeció de tan sólo pensar que alguno de los dos disparos escuchados anteriormente tuvieran por objetivo a la mujer. –Escucha dobe, iré a asegurarme que ella esté bien. Tú no te muevas de este lugar. –le entregó la pistola. –Utilízala si es necesario.
–¡De ninguna manera, Sasuke! Voy contigo.
–¡No puedes caminar, estúpido! Sólo estorbarás. –exclamó.
–Puedo cubrirte las espaldas. –protestó el rubio. –Iré.
–¡No lo harás!
–¡Que sí!
–¡No! ¡De ninguna manera voy a ponerte en peligro de nuevo! Bastante tuve con lo del accidente. –confesó al fin. No pondría a Naruto en peligro una vez más. Se lo había prometido la noche de su cumpleaños y pensaba cumplirlo.
–¡Eres un bastardo! –apoyándose en la pierna sana, jaló al moreno de las solapas para acercarlo a sus labios. Le dio un beso corto, para no retrasarlo mucho. –De acuerdo, te esperaré. Pero llévate esto. –le devolvió la pistola. –Tal vez lo necesites más que yo.
–Más te vale que estés bien cuando regrese.
–Estaré bien. Aún debo darte unos buenos porrazos por botarme de la forma en que lo hiciste. –bromeó Naruto, empujando un poco a Sasuke hacia la salida.
–Ten cuidado, usuratonkachi. –murmuró antes de dar la vuelta y caer al suelo por el repentino temblor. Una llamarada de fuego invadió el pasillo y Sasuke retrocedió, evitándolo a duras penas. –Se quema…
–¡Teme!
Los flashback del pasado asaltaron su mente. Estaba otra vez dentro de un incendio y Naruto no podía caminar. Los cuerpos de sus padres se consumían por las llamas del fuego de nuevo frente a sus ojos. Pronto, esas figuras se fundían convirtiéndose en una sola con brillantes ojos azules y rubios cabellos llamativos que suplicaban por su ayuda.
–¡Sasuke! ¡Imbécil, reacciona!
Con un esfuerzo sobrenatural, empujó al pelinegro justo a tiempo para evitar que una nueva oleada de calor lo quemara completamente. Con el cuerpo de Naruto sobre él, observó el rostro pálido y sudoroso por el dolor de la pierna fracturada, y ahora se añadía un ardiente dolor por la piel quemada de su espalda.
–¿En qué demonios piensas, bastardo? ¡Casi te pierdo por estar distraído!
El fuego ya se había llevado una vez a sus seres queridos. Pero esta vez sería diferente. Jaló los rubios cabellos para besarlo antes de ponerse de pie nuevamente, no sin antes susurrarle:
–Te amo, dobe. –si iba a morir, no lo haría sin antes haberle confesado sus sentimientos.
Ahora fue el turno de Sasuke de sacar al rubio de su ensoñación. Caminaron a través de pasillos temblorosos y rodeados por llamaradas que salían de algún lugar. Esperaba que Sakura estuviera bien. Bajaron por las escaleras lo más rápido que pudieron con la pierna en ese estado. Naruto fue el primero en ver el cadáver de Kabuto y tuvo que cerrar los ojos para que las náuseas no lo invadieran. No estaba nada acostumbrado a ver ese tipo de escenas, pero suponía que Sasuke sí porque ni se inmutó ante el cuerpo.
–Hey, teme…
–No lo veas. –susurró, sosteniendo el peso de Naruto con su cuerpo para bajar más rápido.
–¿Cómo puedes…?
–He estado en peores escenas, dobe.
–Querida, ambos sabemos que no eres capaz de matarme. –Sakura temblaba con una mezcla de rabia y de miedo. Aún sostenía a Kusanagi frente a ella, pero nunca imaginó que la espada fuera tan pesada. Sus brazos comenzaban a doler, amenazando con hacerle soltar el arma en cualquier momento.
–Eres una cobarde. –la metálica pistola brilló frente a sus ojos. –Desde el principio lo has sido. Preferiste casarte conmigo en vez de luchar junto a Sasuke para conseguir el dinero que tu madre necesitaba. Tomaste la vía fácil. Lo traicionaste.
–¡Cállate! ¿Crees que no lo sé? Tú no sabes cuánto me arrepiento de eso. –las lágrimas comenzaban a nublar su vista. Las palabras de Orochimaru eran tan ciertas que se clavaban en su corazón con rudeza. –¡Nunca debí aceptar tu propuesta!
–Pero lo hiciste, querida. Y he vivido junto a ti todos estos años, viendo en tus ojos el arrepentimiento. Era magnífico ver que sufrías por tu decisión. –rió fuertemente. –Fue un placer escucharte llorar cada noche, escucharte gemir en voz baja y verte cerrar los ojos imaginando que era Sasuke el que te hacía el amor y no yo… ver tu decepción al verme a mí cada noche a tu lado.
–¡Cállate! –Orochimaru notó la mirada decidida de Sakura. –No volveré a ser cobarde… no lo haré nunca más.
Apenas y alcanzó a esquivar el ataque de Sakura. Se sorprendió al encontrar tanta determinación en los ojos jade. A pesar de sus esfuerzos por evitar el segundo golpe de la mujer, una herida en su costado lo hizo parpadear y tomar la decisión de terminar con ese enfrentamiento mientras aún estaba vivo. Otro disparo retumbó en las paredes.
–¡Sakura! –gritó Orochimaru. En lugar de ver la pistola en sus manos, sólo podía observar un chorro de sangre. –¿Qué demonios hiciste? ¡Mis manos…! ¡Sakura!
Tal vez no había conseguido matarlo, pero al menos se llevaría a la tumba las preciadas manos de su esposo, jamás volvería a levantar un arma en contra de nadie ni sostendría a Kusanagi. Además, en la cárcel probablemente no las necesitaría mucho. Orochimaru gritaba muchas cosas que no entendía mientras ella caminaba a pasos torpes por la habitación, intentando salir de allí.
Las llamas invadían la casa, quemando todo a su paso. Sakura observó el cuerpo de Orochimaru revolcarse en el suelo, lamentándose por la pérdida de sus manos. No le importó, por primera vez deseaba vengarse. Abandonó la habitación y cerró la puerta. Orochimaru tardaría mucho tiempo en ingeniárselas para abrirla. Todo el espacio a su alrededor comenzaba a consumirse por las llamas y el suelo de la segunda planta se resquebrajaba. Sería difícil salir de ahí y más en su estado. Con su mano, apretó la herida que sangraba en su abdomen, afortunadamente la bala no había dañado ningún órgano vital o ya estaría muerta.
–Dobe… –la salida estaba cerca, podían vislumbrarla. –¿Puedes caminar desde aquí?
–Sí, claro. –quitó el brazo que mantenía sobre los hombros del moreno. –¿Qué piensas hacer?
–Volveré por Sakura.
–¡Pero teme, la mansión se está cayendo!
–No voy a abandonarla a su suerte. –empujó un poco a Naruto hacia la salida. –Estaré bien.
–¡No! es suicida dejarte volver ahí.
–¿Piensas que la dejaré?
Varias figuras entraron rápidamente a la mansión. Observaron a su alrededor, confundidos por la repentina intervención.
–¡Uchiha! ¿Aún hay alguien más dentro?
–¿Lee?
–Sí, Sakura está allí. –contestó el rubio al reconocer a Rock Lee. –Probablemente en la segunda planta.
–Iré por ella. Tú lleva a Naruto a la ambulancia. –le dijo Lee antes de perderse entre las llamas.
Quería volver con Lee y ayudarle a rescatar a la mujer, pero Naruto también necesitaría ayuda para salir del lugar. Desesperado, cargó al rubio entre sus brazos, ganándose unos buenos gritos por parte del escandaloso Naruto. Corrió hasta la salida y lo llevó a la primera ambulancia disponible.
Itachi observó la escena desde lejos. Sabía perfectamente que su hermano y el rubio estarían bien. Estuvo a punto de intervenir cuando notó los intentos de Naruto por detener a Sasuke. Al parecer, su hermano quería volver por algo.
–¡Ya tardaron demasiado! –exclamó Sasuke. –Iré por ella aunque no te guste.
–No es que me guste o no, Sasuke, pero si vas estarás en peligro tú también.
–¡Cállate! –volvió a la mansión, escuchando los gritos desesperados por parte de Naruto.
–¡Sasuke!
Lee venía con Sakura en brazos. Suspiró de alivio, notando la sangre en el abdomen de Sakura.
–¿Qué sucedió, Sakura? –preguntó mientras caminaba junto a ellos hasta la ambulancia.
–Estaré bien, es sólo un disparo. –contestó, dejándose atender por los paramédicos. –¿Y Naruto?
–Con una pierna fracturada, nada grave.
Se subió en la ambulancia junto a Naruto, permitiéndole a Lee irse con Sakura. Sabía que era un buen chico, confiable y amistoso. Él era mil veces mejor que Orochimaru.
–Teme…
–¿Qué quieres, dobe?
–¿Te he dicho que me dan pánico las agujas? –Sasuke disimuló una sonrisa y le cubrió los ojos con la palma de su mano mientras el paramédico le colocaba el suero.
–Piensa en otra cosa, dobe.
–Tal vez con un besito…
–Estás enfermo. –retiró la mano y notó la burla en los hermosos ojos azules. Advirtió la manera en la que el paramédico se concentraba en buscar un medicamento y casi le agradeció el momento de privacidad que les otorgaba. Se acercó a los labios del rubio y lo besó. Al fin todo el problema con Orochimaru había terminado.
–Así que todo esto fue obra tuya. –dijo en voz baja, lo suficiente para que el rubio escondido entre los árboles se acercara.
–Era mi trabajo encargarme de él. Akatsuki fastidiaba con eso una y otra vez. –afirmó Deidara mientras se sometía al lento escrutinio del Uchiha.
–¿No crees que fue un poco exagerado matarlo?
–No está muerto… al menos por el momento. –recodó haber visto a un bombero rescatarlo y subirlo a una ambulancia. –Y el fuego quemará las evidencias.
–Vaya… –murmuró sin ninguna emoción, conociendo de antemano la afición del atractivo rubio por los explosivos.
–Pero para lograr el asesinato perfecto… –observó de reojo al pelinegro. –… necesitaría preguntártelo a ti ¿no es verdad?
Itachi Uchiha sonrió y ladeó la cabeza, prestando su total atención a su ex compañero.
–No sé de que hablas.
–¡Uchiha! Claro que lo sabes y muy bien. –compartieron unos segundos de miradas cómplices antes de continuar. –Hablo de Madara. El bastardo ese podía ser un maldito, pero su salud era excelente. No entiendo que haya muerto de un día para otro "por causas naturales"
Itachi suspiró y se cruzó de brazos, sintiendo en poco tiempo las manos del rubio rodearle la cintura, al igual que sus labios rozando la piel del cuello. –Itachi… –susurró en su oído, provocándole un ligero escalofrío. –¿Cómo lo mataste?
–No tienes ninguna prueba de que fue un asesinato. Y aunque la tuvieras, Madara tenía muchos enemigos.
Gruñó fastidiado y se separó del pelinegro. –¿No me lo dirás?
–Ya te lo dije, no tengo ni idea de lo que estás hablando.
–Eres un idiota, Itachi. –dijo enojado.
–Eso no era lo que decías cuando te follaba. –replicó con sarcasmo, causando el sonrojo instantáneo de Deidara.
–¡Eso fue hace mucho tiempo! ¡Y estaba borracho!
–Los borrachos y los niños siempre dicen la verdad. –sonrió, mirándolo hacer un rabieta.
–¡Espero que te vayas al infierno, Uchiha! ¡Te detesto! –dando media vuelta, se perdió entre las calles, de vuelta a su vida en las sombras de Akatsuki.
–Hey, dobe. –saludó en cuanto llegó a la habitación del hospital compartida por Sakura y Naruto. Las camas sólo se encontraban separadas por una pesada cortina que servía para ocultar momentos bochornosos para el paciente, pero en ese instante se hallaba recorrida completamente para permitirles charlar a los dos. –Hola, Sakura. –también la saludó.
–Buenos días, Sasuke. –contestó la mujer, olvidando su plática con Naruto y concentrándose en una revista para otorgarles un poco de tiempo.
–¡Hola, bastardo! –Sakura disimuló su sonrisa detrás de la revista, por la manera en que esos dos se hablaban cualquiera dudaría que eran pareja. –¿Cómo estás?
–Bien. –contestó, sentándose en una silla al lado de Naruto. –¿Y tu pierna?
–¡Perfectamente! El doctor dijo que hoy me darán de alta. –respondió, sintiéndose aliviado de que su estancia hospitalaria terminaba dentro de poco. –¿Qué hay en la bolsa?
–Toma. –se la tendió al rubio y desvió la mirada.
–¡Es ramen! –sacó con cuidado el recipiente de plástico que lo contenía, abriéndolo y aspirando el delicioso aroma. –Sakura ¿gustas? –le ofreció a la chica, pero ella se negó amablemente. –¡Teme, creo que te amo! Traerme ramen al hospital… ¡casi me casaría contigo!
–No seas bruto y come antes de que se enfríe. –ignoró los últimos comentarios de Naruto.
Sonriendo y feliz porque su novio hubiese hecho algo así por él, buscó en la bolsa el tenedor o los palillos para comérselo. Extrañado, tomó los palillos y el otro objeto que aún venía en la bolsa.
–¿Sasuke? –miró atónito la rosa blanca, un poco maltratada por estar escondida dentro de la bolsa de plástico junto al ramen caliente. –¿Y esto?
El pelinegro bufó fastidiado, cruzándose de brazos y evitando la mirada azulina. –Tal vez cayó dentro cuando guardé el ramen.
Naruto movió la cabeza, su novio no tenía remedio. Sasuke siempre se esforzaba por ocultar sus sentimientos, pero sabía que el rubio no necesitaba de palabras para comprenderlo. Entrelazó la mano de Sasuke con la suya, olvidándose por un momento de su comida favorita.
–Gracias, teme.
–No tienes porqué agradecérmelo, usuratonkachi. –contestó en voz baja.
–Este sería un momento apropiado para besarme y decirme cuanto me amas. –añadió con diversión el rubio.
–O podrías hacerlo tú. –replicó, acercándose lo suficiente al rubio para que este tomara la iniciativa de besarlo o no. –Nunca me lo has dicho.
–Pensé que ya estaba muy claro. –murmuró un poco apenado, las palabras nunca habían sido su fuerte.
–Has sido vago al respecto. Me gustaría que lo dejaras claro. –sus ojos negros chocaron con los azules, reconociendo un miedo natural en ellos.
–Pero si te lo digo… ¿no me dejarás? Es decir… –se apresuró a añadir. –… yo… –sus manos se movieron desesperadamente, buscando algo a lo cual sujetar, encontrando la camisa de Sasuke. –Maldita sea, sabes que eres un bastardo amargado, orgulloso y ególatra, tienes cara de estreñido la mayor parte del tiempo y te gusta sacarme de mis casillas, pero también eres valiente y confiable… supongo que eso me hizo enamorarme de ti, señor engreído. También odio que me hagas decir palabras que nunca pensé decir, porque tienes un cuerpo divino que adoro y una actitud terrible, pero en términos generales, puedo afirmar que te amo, bastardo. –tomó un poco de aire. –¿Ya estás feliz?
–No es la confesión más romántica que he escuchado.
–¡No seas cursi y ya bésame, con un demonio!
Olvidaron el ramen y olvidaron también que Sakura los miraba sonriente. Aquellos dos estaban hechos el uno para el otro. Se sentía un poco incómoda al ser testigo de la escena, sobre todo porque ella alguna vez pudo tener al moreno y lo había perdido por ser una cobarde, justo como lo dijo Orochimaru. Y pensando en él, se preguntó como estaría el anciano. Las últimas noticas que recibieron fueron que el anciano estaba bastante grave en ese mismo hospital, con más del cincuenta por ciento de su cuerpo quemado y sin ambas manos. A pesar de que no merecía ni el más mínimo sentimiento, en cierta forma sintió lástima por él. La puerta se abrió y un enorme ramo de azucenas blancas fue lo primero que vio.
–¿Sakura?
–¿Lee? –reconoció el tono de voz, asombrada de que el bombero que la había rescatado estuviese ahí. Tal parecía que su vida amorosa y sentimental estaba completamente ligada a los incendios y hospitales.
–Yo…bueno… –el muchacho tenía un notorio sonrojo decorándole las mejillas. –Te traje esto… espero que estés mejor. –depositó las flores en una pequeña mesita junto a la cama de Sakura.
–Muchas gracias, Lee.
–No es nada… –se quedaron mirándose unos segundos mientras sonreían tontamente. Sakura pensaba que lo mejor era no darle ilusiones al pobre chico porque no le quedaba mucho tiempo de vida, pero… no estaría mal disfrutar sus últimos días. El grito de Naruto los sacó de su ensoñación.
–¡Teme! Mira las flores de Sakura… son hermosas… y mira la mía ¡está quemada por el ramen! Deberías de traerle a tu novio un ramo igual de bonito que el de… ¡hey! Eso duele, bestia. –se sobó el lugar donde Sasuke le había dado un golpe, aún tenía chichones por la paliza de Kabuto, su espalda ardía por algunas quemaduras de menor importancia y el pelinegro no ayudaba a su recuperación golpeándolo.
–Maldito usuratonkachi. No tienes flores, pero tienes ramen, no te quejes.
–¡Es cierto! Gracias por la comida, teme. –depositó un corto beso en la mejilla del moreno y se dedico a comer el tan ansiado plato de ramen. Detestaba la comida de los hospitales, pero la fractura había requerido una cirugía para alinear el hueso y debía de quedarse ahí por lo menos dos días, que afortunadamente terminarían esa misma tarde.
–¡Casi lo olvidaba! –exclamó Lee antes de salir, el tiempo transcurría volando mientras platicaba con Sakura y ya era hora de volver al trabajo. –El jefe dice que si quieres volver a la estación, tendrás que participar en otra subasta.
–¡¿Qué? –exclamaron al mismo tiempo Naruto y Sasuke.
–Eh, bueno… eso fue lo que dijo. Será otra subasta benéfica, estoy seguro que te irá bien.
–De ninguna manera participaré.
–¡Por supuesto que no! Yo haré la maldita donación, ¡pero a mi Sasuke sólo lo toco yo!
–Dobe… ¿podrías dejar de decir ese tipo de cosas? Son incómodas. –señaló el rostro de Rock Lee estupefacto.
–No lo dejaré de decir, teme… ¡yo me subastaré en lugar de Sasuke!
–¡Claro que no!
–Protegeré a mi uke cueste lo que cueste. –añadió Naruto con una sonrisa. –Puedes decirle a tu jefe que yo ocuparé su lugar.
–¡No soy tu uke, maldito bastardo!
–¡Lo eres, teme! Lo hemos hecho varias veces y…
–¡Cállate, con un demonio! –completamente rojo de la pena, tapó los labios del rubio con sus manos para evitar que Naruto dijese más tonterías que lo avergonzaran. –Si vuelves a abrir tu estúpida boca, te quedarás célibe el resto de tu vida. –murmuró, esperando que nadie escuchara esas palabras.
Naruto, asustado ante la perspectiva de una vida sin sexo, asintió, con los ojos muy abiertos.
–Ni una palabra más. –prometió.
–De cualquier manera, el daño ya está hecho.
–Sasuke… ¿en serio… tú…? –tartamudeó la chica.
–Será mejor que me vaya. –se despidió Rock Lee, dejándolos bajo los inquisidores ojos esmeralda.
–¿De verdad…? –volvió a preguntar, sin poder creer la revelación.
Naruto permaneció callado, era mejor no decir ni una palabra o jamás podría tocar a Sasuke. Ambos ignoraron las preguntas y se dedicaron a mirar la interesante pared, cualquier cosa era mejor que soportar el lento escrutinio al que fueron sometidos por los ojos esmeraldas.
Todo el ambiente desbordaba un aire de solemnidad. Se aferró fuertemente a la fría y pálida mano de su padre mientras caminaba junto al grupo de personas rumbo al cementerio. Aún no entendía muy bien que ocurría, pero debía ser algo muy grave, considerando la cara de tristeza de su padre y las lágrimas que Naruto disimuladamente secaba con el borde de su oscuro saco. Las personas susurraban a su alrededor y lo miraban con lástima. Y él odiaba que lo miraran de esa forma. Aceptó la rosa color crema que Naruto le ofreció con una triste sonrisa. Podría jurar que los negros ojos de su papá estaban aún más oscuros que de costumbre. Escuchó a un par de mujeres cuchichear sobre su mamá y una frase capturó toda su atención.
"Está muerta"
Eso no podía ser verdad. El tío Naruto le había dicho que su mamá ahora era una estrella y él creyó que se refería a una de esas lindas mujeres que salían en bonitas películas vestidas como princesas. Tal vez era pequeño, pero comprendía el significado de la palabra "muerto". Cuando las flores se marchitaban se morían y ello significaba que eran arrancadas de la maceta y no volverían a florecer. El perro de la maestra Emi había muerto y nunca más volvió a su lado. Con un furioso movimiento, se soltó del agarre que ejercía firmemente su padre y lo miró con ojos acusadores.
–Mi mami no está muerta ¿verdad?
El moreno compartió un intercambio de miradas con Naruto antes de que el rubio le respondiera:
–Tu mamá está en el cielo, pequeño.
–No. Sakura está muerta. –replicó de inmediato el moreno.
–¡Teme! No tienes que ser tan duro, es sólo un niño.
–Si le mientes diciéndole que su madre es una estrella, eso implica que volverá. Le estas dando falsas esperanzas y quedarás como un mentiroso frente a él. –respondió con calma y se puso en cuclillas para quedar a la altura de Kai. –Sé que es doloroso, Kai, pero tu mamá estaba muy enferma. Ella no volverá, pero cuidará de ti y vivirá para siempre en tus recuerdos.
–¡No es cierto! –gritó con fuerza, cerrando sus ojos y tapándose los oídos con sus manitas. –¡No es verdad! Mi mami no está muerta.
Suspirando, Sasuke envolvió el tembloroso cuerpo de su pequeño entre sus fuertes brazos, dejándole un hueco en su pecho para que pudiera llorar sin remordimientos al entender la cruda realidad. Ambos Uchiha no tardaron en sentir el calor de una tercera persona rodeándolos. Sin necesidad de levantar la vista, Kai reconoció el aroma y el calor de su tío Naruto. ¿Quién mejor que Sasuke y Naruto podía comprender el dolor de perder a sus padres? Afortunadamente Kai tenía quien cuidara de él y velara por su seguridad.
El viento anunciaba que una tormenta pronto empezaría. Con cuidado y delicadeza, bajaron el brillante ataúd de madera a la tierra. Kai observaba todo desde los brazos de su padre. Unos minutos después, dejó caer la rosa que le había dado Naruto sobre el ataúd, en una última despedida a su madre. La rosa y el ataúd comenzaron a perderse tras cada palada de tierra que les caía encima. El ruido de las piedritas al chocar contra la madera provocaron las lágrimas de Kai.
–Van a rayarlo… van a ra-rayar e-el brillan-te ataúd de ma-má. –balbuceó, escondiendo su rostro en el cuello de Sasuke.
Naruto y el pelinegro intercambiaron una mirada de tristeza por el sufrimiento de Kai. Disimuladamente, el rubio alcanzó a tomar la fría mano de Sasuke entre las suya al mismo tiempo que la tormenta comenzaba a caer con fuerza sobre la tierra. Tras unas últimas palabras, los pocos dolientes huyeron, refugiándose de la lluvia. El pequeño grupo de tres decidió quedarse un poco más, dejando que las afiladas gotas de agua intentaran llevarse la tristeza que los embargaba.
–Nunca quise que todo terminara así. –murmuró Sasuke. –Yo nunca… nunca le habría deseado esto, a pesar de lo mucho que ambos sufrimos por su decisión.
–No debes culparte de esto, teme. No fuiste el culpable. –rodeó la cintura de Sasuke con sus brazos, apoyando la frente en la amplia espalda del moreno.
–Detesto esto. –contestó, refiriéndose al estado de su hijo. Le dolía la muerte de Sakura, pero más le dolía el dolor del pequeño Kai. Sabía que el tiempo podía curarlo, pero por el momento se sentía impotente ante el sufrimiento del niño. Daría cualquier cosa con tal de mitigar las lágrimas de su hijo. Ahora entendía mucho de lo que sus padres solían decir.
–Estaremos bien, ya verás. Tú y yo hemos pasado por esto. Y Kai se parece tanto a su padre que lo superará con un poco de tiempo y paciencia.
–Eso espero, dobe.
El silencio del cementerio los envolvió. Naruto agradeció a Sakura el haberle dado una familia nueva junto a Sasuke, porque debía de ser sincero y reconocer que sin Sakura, él nunca habría encontrado el amor de Sasuke ni del pequeño Kai. Al menos algo bueno había resultado de tanta tragedia y sufrimiento.
–Es mejor irnos a casa o Kai se resfriará. –señaló Naruto y Sasuke sólo pudo asentir, dejando al pequeño Kai de vuelta en el suelo.
El niño se tambaleó un poco antes de mirar la fría lápida de granito donde estaba escrito con letras elegantes el nombre de su madre. Se aferró a aquella piedra y depositó un beso, despidiéndose de ella. Al voltear su cabeza, miró a aquellas dos personas con las que ahora viviría y no le pareció tan malo. Por supuesto que extrañaría a su mamá, pero al menos tenía un lugar a donde ir, donde sería amado por dos personas fantásticas. ¿Qué importancia tenía si sus padres nuevos serían dos chicos? ¡Eso sólo significaba el doble de diversión! Podría jugar doblemente al futbol, tendría dos adversarios a quienes derrotar en los videojuegos, a ellos no les importaría que ensuciara los pantalones con salsa de tomate, podría ver televisión, ver deportes y estaba seguro que nunca le faltaría un par de brazos amables que lo envolvieran si necesitaba un abrazo.
–Gracias mami, por no dejarme solo. Te voy a extrañar mucho, pero estaré bien junto a mi papi y al dobe de Naruto. –sonrió. –Prometo venir a visitarte muy seguido ¿de acuerdo? Cuídate mucho. Te amo, mami. –susurró, esperando que nadie, excepto su madre, escuchara su plegaria. Casi podía jurar que sintió los cálidos labios de su madre rozando su mejilla. Seguramente ella cuidaba de él. Un poco más animado por la repentina muestra de cariño, se puso de pie y corrió para alcanzar a Naruto y a Sasuke que comenzaban a alejarse de la tumba.
–¡Es fantástico, Kai! ¡No puedo creer que ganaste el primer lugar en la feria de arte regional! –exclamó Naruto al ver el elegante moño azul que colgaba del cuadro dibujado por Kai, anunciando el primer puesto. –¡No eres tan torpe como pareces, teme!
–¡No me digas teme, dooobe! –sonrió, sacando la lengua en un infantil gesto a pesar de sus siete años de edad. Se cruzó de brazos y buscó entre la multitud a su padre de cabellos negros.
–Estoy orgulloso de ti. –comentó Sasuke y revolvió los cabellos de Kai. A pesar de las pocas palabras del mayor, Kai sabía que en lenguaje común aquello de verdad era un halago. Se sonrojó de la emoción y corrió a los brazos del rubio.
–Y bien, ¿qué es lo que quieres de premio? Prometí que si me sorprendías te concedería un deseo.
–Vas a malcriarlo, dobe. –replicó el mayor de los Uchiha.
–No te metas, teme. ¿Qué es lo que quieres, Kai?
–¿Puedo pedir dos deseos? –preguntó el niño, aferrándose al cuello de Naruto.
–De acuerdo, pero sólo porque obtuviste el primer puesto.
–¡Bien! Deseo número uno. –elevó su dedo índice y señaló el pecho del rubio. –Necesito dinero. Mucho dinero.
Naruto alzó las cejas sorprendido antes de intercambiar una mirada de confusión con su novio. Se encogió de hombros y volvió a clavar su mirada en Kai.
–Y podría al menos saber ¿cuánto y para qué lo quieres?
–Cuánto, no lo sé. –respondió con seriedad. –Tú deberías saber cuánto me cobrará Iruka por realizar un trámite legal.
–¿Un asunto legal? –Naruto ahora entendía menos que antes. –No puedes hacer nada legal, eres menor de edad. Además, ¿qué podría querer un chiquillo como tú que necesitase de abogados?
El pequeño Uchiha sonrió y abrazó a Naruto, en un intento por ocultar su sonrojo. Por más veces que hubiese practicado, aún no podía contener su vergüenza.
–Quiero cambiar mi apellido Uchiha…
–¿¡Qué!
–… por el de Uchiha-Namikaze.
El rubio separó a Kai de su cuerpo para mirarlo detenidamente ¿Habría escuchado bien? Tal vez el calor del verano estaba friendo lenta e indoloramente sus neuronas, haciéndolo escuchar voces.
–Y el segundo deseo… –exclamó el morenito antes de que Naruto pudiese salir de su estado de estupefacción. –… es que me dejes llamarte papá Naruto… ¿puedo hacerlo?
La sonrisa de Naruto iluminó su atractivo rostro y abrazó al niño tan fuerte, que por un momento Kai pensó que lo quería asfixiar por su insolencia.
–¡Eres un baka, Kai! –dijo sorpresivamente. –¡Eso no lo tienes ni qué preguntar! Mañana mismo iremos con Iruka para que comience a cambiar ese apellido de inmediato. –sonriendo, volteó su mirada hacia Sasuke… su Sasuke. –¿Oíste eso, teme? ¡Vamos a ser papás! Bueno, en realidad yo voy a ser papá, porque tú ya lo eres. ¿No es fantástico?
Sasuke intentó disimular una sonrisa mientras miraba a su dúo de seres queridos correr por el parque, abrazándose e insultándose cariñosamente, ambos desbordantes de alegría. Se preguntó si esa misma alegría mostraría Naruto cuando le diera la noticia de que Kai pronto tendría una hermanita para jugar en cuanto Iruka terminara los trámites de la adopción y en cuanto Naruto aceptara casarse con él, claro, debía de proponérselo primero. Pero de momento, ese era un secreto entre él, Iruka y, por supuesto, Kai, que se mostraba fascinado ante la idea de tener una hermana con quien convivir y proteger, porque ahora que su papá Sasuke era el jefe del cuartel de bomberos y Naruto un especialista en derecho internacional privado, las tardes se habían vuelto un poco solitarias y aburridas. Suspirando, apretó entre sus manos la fina pulsera de oro que le daría a Naruto cuando le propusiera matrimonio. Intercambiarían anillos el día de la boda, pero mientras estuvieran comprometidos usarían el par de pulseras que había mandado a hacer especialmente para ellos. Ahora el problema era cómo planteárselo ya que el comenzar a vivir juntos sí que le había llevado su tiempo, así que no quería ni pensar en lo mucho que tardaría en convencerlo de que se casaran. Llevaba todo el día dándole vueltas al asunto y no lograba planear algo que fuera romántico sin ser muy cursi. Tal vez lo mejor era ser directo.
–¿Sabes algo, teme? –susurró Naruto mientras caminaba a su lado. Un par de metros adelante Kai corría entre las atracciones del parque de diversiones, decidiendo a cuál subiría primero. –Nunca te agradecí por salvarme del accidente de automóvil, ni por sacarme de la casa de Orochimaru… así que… gracias.
El pelinegro lo miró extrañado pero ya estaba acostumbrado a ese tipo de ataques de sinceridad por parte de su novio y futuro prometido, eso siempre y cuando todo saliera bien.
–No tienes que agradecerlo, dobe. –se encogió de hombros, restándole importancia al asunto. –Después de todo era lo justo… tú me salvaste a mí.
A juzgar por la mirada azulina, sabía que el rubio no había entendido nada. Por supuesto, también era su culpa por nunca haberle explicado al rubio lo importante que él era en su vida, lo mucho que le agradecía haberle salvado de la soledad y la oscuridad. Porque si de algo Sasuke estaba seguro, era que sin Naruto su vida habría sido un miserable y aburrido pozo oscuro sin fondo. Seguramente estaría tirado en el sofá, mirando lucha libre y bebiendo la cerveza suficiente como para destruir su hígado en un par de años, solo y sin ilusiones. Ahora tenía a Kai, a Naruto y a la futura niña Uchiha-Namikaze, tenía seres por los cuales vivir, esforzarse y hacer sonreír.
–¿De qué te salvé? Si mal no recuerdo yo…mmhn… –los apasionados y cálidos labios de Sasuke callaron cualquier intento de réplica.
Después de que sus pulmones les reclamaron por un poco de oxígeno –y de un grito por parte de Kai– Naruto se separó para acompañar a su nuevo hijo a la rueda de la fortuna. Sasuke lo observó alejarse, esperando que la visita al parque de diversiones cansara lo suficiente a su hijo para que éste durmiera toda la noche y poderle decir a Naruto que se casaba con él sí o sí, para después pasar a actividades mucho más placenteras sin que Kai despertara a medianoche por el alboroto. El siguiente paso definitivamente sería insonorizar la habitación principal.
–¡Te amo, teme! –gritó el rubio cuando estuvieron en la cima de la rueda de la fortuna. Desde esa distancia le era imposible escucharlo, pero Sasuke sabía lo que Naruto decía por el simple movimiento de sus labios y la estúpida (tierna, aunque nunca lo admitiría) mirada azul.
Naruto observó a Sasuke disimular un sonrojo y esconder su mirada entre el resto de la población que esperaba por poder subir al juego. Pero también, como buen observador, sabía que el moreno le había respondido.
"Yo también te amo, dobe"
Notó la sonrisa sincera de alegría de Naruto. Era muy raro que el témpano de hielo Uchiha admitiera su amor por el hiperactivo rubio, pero esa última carta maestra esperaba que le ayudara esa noche a convencer al rubio de aceptar la pulsera de compromiso.
FIN
¡Hola a todos!
¡OMG! No puedo creer que acabo de terminar este fic! Y tampoco puedo creer que tardara tanto en terminarlo D:
¡De verdad les piso una disculpa! Las malditas guardias me quitan mucho tiempo y además, las escenas de acción no son mi fuerte. Tardé siglos en tratar de imaginar una situación medianamente decente, pero espero que el resultado final sea de su agrado.
Como leyeron, no quise profundizar mucho en la muerte de Sakura porque, a final de cuentas, no tenía el corazón suficiente para escribir algo triste, después de todo creo que al final ella logró redimirse y llegué a apreciar al personaje.
¿Qué opinan de Itachi y Deidara? No puse mucho énfasis y dejé un final abierto en cuanto al mayor de nuestros adorados Uchiha ¿habrá matado a Madara o no? Y si lo hizo ¿es tan condenadamente sexy y perfecto que no dejó pistas? Mmm… es algo muy interesante, así que lo dejo a su imaginación.
Bien, creo que lo último salió excesivamente cursi, pero ¡hey! En algún momento estos dos debían dejar los golpes de lado y admitir lo condenadamente cursis que son (muy en el fondo, pero lo son).
Sólo me queda AGRADECER de todo corazón a las personas que siguieron este fic a lo largo de estos capis (sé lo increíblemente martirizadores que son los primeros capítulos, pero estoy trabajando en la edición! Prometo que serán decentes dentro de un tiempo!) MUCHÍSIMAS GRACIAS A:
Soy YO-SARIEL: ¡Mil gracias por tu apoyo! Tus reviews siempre me han hecho muy feliz. Yo estoy muy de acuerdo en que el orden de los factores no altera el producto. ¡Gracias! Cuídate muchísimo y te mando un abrazo :D
Kaoryciel94: ¡Muchas gracias por tus reviews! Sé que sigues todas las historias y siempre me dejas tu comentario, lo cual agradezco infinitamente por tomarte el tiempo de escribirme, eso me hace increíblemente feliz! Cuídate mucho y te mando un abrazoooote! :D
Karu-suna: ¡Hola! Gracias por el comentario! Gracias a su apoyo he logrado finalizar este fic que comenzó como una aventura para mí, y sigue siéndolo porque me pongo muy nerviosa al publicar un nuevo capítulo, ya que nunca sé si será aceptado o no, por eso me alegro al ver los reviews. ¡Muchas gracias! Espero que el capítulo final sea de tu agrado. Cuídate mucho y te mando un abrazo! ;D
narutteba: ¡Mil gracias por el apoyo! Me alegra leer tus reviews :D. Ya vimos el desenlace de lo que el teme hizo, y espero que no lo odies mucho por ello o, al menos, haya logrado tu perdón con lo último jejejejeje. Espero que tengas una excelente semana y de nuevo, gracias por tu comentario. ¡Cuídate mucho y te mando un abrazo! :)
Susana Mode: ¡Antes que nada, muchas gracias por tu review! Espero que el castigo de Orochi sea suficiente para cumplir tu sed de venganza, jajajajaja, a final de cuentas yo también lo quise hacer sufrir mucho, pero espero que haya sido suficiente (aunque creo que nunca lo será) Yo estoy de acuerdo en eso de que pongan a Naru de mujer (inserte un escalofrío de Kerky) ¡lo detesto! De verdad, creo que el que Naru haga el sexy no jutsu no significa que sea una chica! En fin, a cada quien sus gustos, yo respeto a quienes les gusta, pero a mi no me hablen del tema :P. Espero que este capi final te guste. Cuídate mucho y te mando un abrazooote! :D
camiSXN: ¡Mil gracias por tu apoyo siempre! Me hace feliz ver tus comentarios capi tras capi, hace que el esfuerzo de escribir valga la pena. Espero que el final te guste! :D Que tengas una excelente semana, cuídate muchísimo y te mando un abrazo! ;D
dey-Chan: ¡Hola! Antes que nada, mil gracias por dejarme un review! Después de leer que no acostumbras a hacerlo, me sentí feliz de que el fic te motivara a dejar tu opinión. ¡Gracias! En cuanto a lo de agregarte en el face, apenas hace un par de semanas acabo de abrir una cuenta, por lo cual quizá tarde en llegarte la invitación porque soy un poco (de hecho soy muuuy) mala para esto de las redes sociales, pero te dejo mi nombre de usuario a ti y a todos los que quieran agregarme! Te mandé un mail, pero tal vez no llegó o se fue a la bandeja de archivos de gente extraña XD. De cualquier manera sería genial platicar un día de estos. Cuídate muchísimo y te mando un mega abrazo :D.
Veintiocho: ¡Hola! Muchas gracias por tu review! Me ayuda a darme cuenta de mis errores y me hace crecer como autora, así que no tienes ni que pedirlo, leí tu review de cabo a rabo :D y prometo tomar tus consejos. Siendo sincera no me di cuenta del OOC de Sakura, o al menos, desde mi punto de vista, tenía un origen que lo explica, su enfermedad. En lo que estoy completamente de acuerdo es que no debería de alterarme tanto por un personaje que no existe, así que trabajaré en mi autocontrol, pero de verdad que agradezco tu crítica constructiva. Sé que en muchas ocasiones cuesta un poco de trabajo recalcar los errores a los autores, al parecer se nos olvida que para eso existen los reviews, por eso ¡muchas gracias! Los primeros capítulos los editaré porque de verdad que hasta a mí me dan pena. ¡Espero que tengas una excelente semana y cuídate mucho! Un abrazo :) PD: ¡Amé tu imagen de profile!
the nekos mode: ¡Muchas gracias por el review! Juro que sufrí horrores para escribir el lemon, por lo que tu comentario me alegró el día! Espero que te guste el capi final aunque no haya lemon. ¡Cuídate mucho y un abrazo! :D
shirly queen: ¡Gracias por tu comentario! Me alegró mucho que me dijeras que te ha gustado como escribo, ese tipo de comentarios no se reciben todos los días. Espero que te guste el final de esta historia. Cuídate muchísimo y que tengas una excelente semana. Un abrazo!
Y por supuesto, no podía faltar un agradecimiento especial a todos los que han seguido esta historia anónimamente o la han agregado dentro de sus favoritas. ¡Muchas gracias y un abrazo a todos ustedes!
¡No me queda más que despedirme y espero leernos pronto en alguna otra historia!
Pero no me iré sin antes dejarles mi nueva cuenta de facebook, por si alguien quiere seguir en contacto o mandar sus comentarios/criticas/amenazas/gritos/golpes virtuales o lo que quieran. Pueden encontrarme como: Janette López (Kerky) o buscarme por mi e-mail: krysty _ 999 (arroba) hotmail. com . (sin espacios)
Cuídense mucho, les mando un abrazo a todos y les deseo cosas hippies como salud, paz y amor.
Kerky
Número de palabras (sin notas de autor): 16.620
