N/A: Este capítulo está dedicado a I love Okikagu y a mi hermana Marisa. Gracias por el apoyo incondicional y el ánimo que siempre me brindan.


Capítulo 12


El lema "juega limpio" jamás existió en el vocabulario de su mejor amiga ni en el de su afamado rival. Solía verlos hacer trampa decenas de veces y faltar a la mayoría de los convenios también. Sin embargo, Soyo tenía la seguridad (más bien, se aferraba a un deseo inescrutable) de que el estudiante de último año cumpliera, esa vez, con todas las condiciones y limitaciones del juego. Hasta el momento lo había hecho, pero aún así tenía la duda de si aquel milagro se mantendría, pues sabía que no era una persona de fiar. Es por eso que decidió entregarle la grabación una vez ella hubo comprobado que él ejecutara su parte del trato, tal como lo habían pactado.

Fue así como comenzó su "período de prueba", y coincidió exactamente con el primer día de "esclavitud" de la chica.

Llegas tarde, esclava —la amonestó en la entrada, con el hombro apoyado contra la pared y los brazos cruzados.

Maldita sea, ¿te quedaste a esperarme, infeliz come m*****? —cuestionó enfadada la muchacha, dirigiendo su vista hacia el camino cerrado de la entrada—. Te perderás la primera hora, ¿lo sabías? —dijo, mientras lanzaba su mochila por encima del muro y luego se trepaba a las rejas del portón principal.

Ajá —respondió él, imitando a su nueva "subordinada".

Te podrían poner falta. Estás hasta el borde con eso. ¿Qué verso le dirás… —escaló hasta la cima de la elevada verja, para luego saltar de ella hacia el suelo de concreto— al viejo para justificarla?

Que me detuve a ayudar a un perro golpeado por un mugroso auto —respondió al aterrizar, después de haber pegado el salto también.

Eso no te lo crees ni tú mismo, seguramente tú serías ese que iba en el auto, (robado, claro) de Hijikata. —La muchacha tomó su mochila del suelo para luego comenzar a caminar. Él la siguió de cerca.

Por eso dije "mugroso", todo lo que toca ese bastardo se convierte en m*****. Quizás le diga que te toque, ah, no, ya lo ha hecho, eso explica el mal olor que llevas siempre.

Ey, tú… —Había levantado ya el brazo, con el puño cerrado, cuando él la detuvo al sujetar su mano, y, rápidamente, se acercó hacia ella. Sus narices volvían a quedar a pocos centímetros y ella quedó sin habla de la sorpresa.

China mala. Eso no se le hace a tu amo.

¡No eres mi…!

Pues lo serás por un mes —dijo en tono de burla—. Y tendrás que acostumbrarte a ello. —Soltándola de su agarre, se alejó para luego indicarle con el dedo que lo siguiera. Con todo el rostro ruborizado, Kagura caminó detrás de él patentado el piso, en señal de berrinche.

Soyo había contemplado toda la escena desde un árbol no muy lejano, escondida tras las pocas hojas que aún le quedaban. Suspiró de alivio al verificar que los chicos estaban tan ensimismados discutiendo que no la notaron trepada en la rama, a punto de caerse. Después de intentar un ligero movimiento se estrelló al fin contra el suelo, consiguiendo algunos raspones en brazos y piernas. Se levantó algo adolorida, y luego tomó su mochila, que había dejado desde un principio en un rincón, a salvo de las alturas. Posteriormente corrió hacia el edificio de natación, tenía la certeza de que irían allí. Pero cuando llegó, cansada y agitada por haberse precipitado tanto, no los encontró en la parte trasera, como siempre acostumbraban, sino dentro del edificio, hecho que le resultó extraño.

Eso suponía un enorme problema para ella, su escondite de arbusto de cartón no encajaría para nada allí. Además, ya lo había colocado media hora antes en un lugar estratégico en las afueras, donde podría apreciar perfectamente el episodio del día. Suspiró aceptando el reto de improvisar, ya lo había hecho en ocasiones anteriores.

Primero buscó las ventanas y probó dar pequeños saltos para poder ubicarlos. Cambió de posición varias veces hasta dar con la locación exacta de donde se encontraban. Podía oírlos un poco, aun cuando las paredes amortiguaban el sonido, pues su amiga gritaba como si estuviera en una cancha de fútbol. Según entendió, el muchacho le estaba exigiendo algo. No sabía bien qué era ni tampoco llegó a escuchar lo demás, ya que se mudaron de sitio. Maldijo internamente y buscó nuevamente alrededor del edificio. Estaba tan ofuscada en su pesquisa que apenas notó al par saliendo del edificio por una de las ventanas. Era una altura considerable, pero aun así se las arreglaron para trepar al muro y saltar al suelo. Soyo corrió ágilmente a colocarse detrás del arbusto falso, justo en el momento en el que el muchacho caía sobre su amiga.

Óyeme, tú, sal… —Sougo le tapó la boca con una mano y con la otro le hizo seña con el dedo índice para que no hiciera ruido. Esperó un poco y luego le hizo un gesto para que lo siguiera en silencio y con cautela. Se sentaron un poco más adelante, recargados sobre la pared, separados por varios centímetros. Al cabo de un rato, un retumbante ruido se oyó y el muchacho se paró para marcharse a otro lugar, seguido de cerca por la chica.

Para Soyo aquello significaba otro problema, pues debía ir también, y no sabía adónde. Sin tener muchas opciones, levantó apenas el cartón y fue caminando lentamente, con la esperanza de no tropezarse en el camino.

Ese cartón no estaba allí hace un momento —comentó el joven Okita cuando miró hacia atrás, para comprobar que Kagura lo acompañaba.

¿Ahora alucinas, idiota? Ese es un arbusto —reprochó la chica.

No lo es, China estúpida.

Que sí.

Que no.

Que sí.

Que no.

Siguieron todo el camino discutiendo la veracidad de la misteriosa planta andante. En algunas ocasiones bajaban tanto la voz que se convertía en solo un murmullo, y otras pocas en deletreos o monosílabos. La causa de todo ese jaleo tenía nombre y apellido: Toushirou Hijikata. Lo habían visto merodear por varios lugares, recolectando las planillas que se le habían caído por la ventana al profesor Sakata. (Eso lo sabían pues el rector iba maldiciendo al docente, cada cierto tiempo.)

Vio que se detuvieron en un rincón, al lado del estacionamiento de bicicletas. Dejó el arbusto de cartón, lejos de allí, y se escabulló entre las más lejanas, en los recovecos más oscuros. No pudo ver la escena, ya que corría el riesgo de que la descubrieran si buscaba un sitio mejor, así que trató de afinar lo más que podía su sentido de la audición.

No es mi culpa que llegarás tarde a propósito —dijo el chico, molesto.

Claro que es tu culpa, hazte cargo, ladrón de clases.

No puedo evitar ser irresistible, China, entiende…

Algo sonó como un crujido y supuso que la chica le había dado un golpe, debido a lo que gritó a continuación.

Ey, ¿qué hablamos el sábado?

China, ten cuidado, casi me rompes la nariz con esas patas de oso —escuchó que decía Sougo de forma burlona.

Te dije que dejaras eso.

Si me hubieras dejado terminar de hablar sabrías que me estaba refiriendo a otra cosa.

No importa, no digas nada en doble sentido, sí sé que lo hacías a prompósito, idiota.

Oyó que alguien se reía y creyó que se trataba del chico.

Tonta, ¿cuándo empezarás a hablar correctamente?

Deja de reírte de mí —reclamó la muchacha, con enfado— o…

¿O qué? Sabes que tienes prohibido golpearme, esclava mía.

Déjate de idioteces, no me llames así.

Es lo que eres por estos treinta días.

Maldito desgraciado, es la última vez que hago apuestas contigo, siempre haces trampa.

Como si tú no lo hicieras.

Oye, no se suponía que debías saber eso.

Hubo unos minutos de silencio y luego el chico habló de nuevo.

¿Tienes algo que decirme, esclava?

No.

¿Segura?

Oyó lo que creía que era un berrinche de la chica, luego ella le respondió.

¿Qué demonios quieres que haga?

No, no, debes decir: "¿Desea algo, amo?"

Vete a la m*****, cabrón, no diré eso ni en tus sueños.

Qué raro, porque anoche te soñé diciéndomelo.

Otro minuto de silencio y unos cuantos ruidos de pasos.

¿Pretendes torturarme con ese acercamiento mediocre de galán de cuarta? Deja de hacer eso, que no te sirve de nada.

Oh, yo creía que sí, tu cara me lo dice.

Soyo escuchó el sonido de varios pasos y luego algunas bicicletas caerse.

Ok, vale, dejaré eso. Quédate. —Aseguró el muchacho, con voz seria.

No hubo sonido alguno durante varios minutos. Media hora, estipulaba Soyo. Incluso creía que se habían marchado sin que se hubiera dado cuenta, hasta que lo oyó hablar de nuevo.

¿Ya? —preguntó como si nada.

Quiero irme. T-te veré mañana.

China…

Estoy, tú sabes, con eso que le vienen a las chicas todos los meses, necesito ir al baño.

Tu regla llega siempre a fines de mes, no mientas.

¿Cómo m***** sabes eso?

No hemos hablado aún de eso —dijo el muchacho, cambiando de tema.

Vas a burlarte.

Puede ser, pero he hecho un trato con la hija del diablo, con eso estoy condenado a cerrar la boca. Así que puedes hablar.

¿No dirás nada?

No.

Otro silencio prolongado, Soyo desesperaba por ver qué es lo que hacían.

M-ma-mañana. No hoy.

Ok.

Bueno, ¿qué quieres?

Comida. Vas a devolverme todo lo que gasté contigo en estas semanas. Y más te vale que sea rico.

¿Todos los días? No soy buena cocinera, la vecina es quien prepara nuestros almuerzos.

Dile que haga de más, pero mañana quiero algo hecho por ti.

Da igual que lo haga ella, si a fin de cuentas lo que quieres es comida, ¿no?

No exactamente.

Maldito… No sé cocinar.

Busca un libro de recetas o en Internet, no me interesa.

Soyo se percató, de forma inequívoca, de que la muchacha no estaba pasándola nada bien y que estaba molesta con la situación.

Será la primera y última vez, no pienso hacerlo de nuevo, ¿me entendiste?

¿No quieres complacer a tu amo?

¡Vete a la m*****! —Gritó la muchacha, con enfado.

Percibió algunos pasos y lo que le parecía que podían ser empujones, mientras él se reía tenuemente. Luego intuyó que la muchacha se marchó porque una voz le habló a continuación.

—Amiga de China, puedes salir.

No le sorprendió mucho que supiera que estaba por allí, después de todo se trataba del muchacho más listo de toda su clase.

—¿Cómo lo sabías? —preguntó, saliendo de su escondite. Él sonrió y se encogió de hombros—. No te estás portando bien con ella, que digamos, la has hecho enojar.

—Pues es una lástima porque es muy divertido.

—Recuerdas nuestro trato, ¿verdad?

—Claro que sí —fue todo lo que le dijo, sonriendo, y luego se retiró.

ooOoo

No hubo más encuentros por ese día. Soyo se escurrió para entrar a la segunda hora cuando la profesora Tsukuyo se hubo retirado y esperaban al profesor Sakata, quien siempre llegaba unos minutos más tarde. Allí encontró a su querida amiga, y ella le explicó que el muchacho había establecido sus propias reglas para el mes de "servidumbre". Estas referían a la prohibición de golpearlo, desobedecer a sus pedidos, faltar a clases y a sus encuentros, atentar contra su salud, exponer su período de esclavitud hacia otras personas —en especial a docentes y autoridades—, y no "abusar" demasiado de él. Claro que Kagura respondió mal a la última regla y trató de abofetearlo, pero fue detenida.

—¿Puedes creerlo? Y ahora tengo que hacerle una comida, maldición.

—Es tu oportunidad, ¿no?

—Pero es que él ganará entonces, y tendré que hacer lo que diga. No puede ganar, ni siquiera en su propio juego —ratificó, golpeando el pupitre.

—Eso no importa, Kagura, concéntrate en lo importante.

—Demonios, es tan difícil. Si alardea mucho lo golpearé —zanjó la muchacha, decidida.

ooOoo

—¿Dónde iba la cosa esta que iba dentro de esa otra cosa? —preguntó una Kagura muy confundida, llena de harina y condimentos por toda la cara—. M*****, ¿por qué Roberta no lo hace y ya?

—Porque debes hacerlo tú, es tu muestra de amor —respondía Soyo, ilusionada, mientras Kagura y el ama de llaves la miraban con resignación.

—Estupideces. Roberta puede hacerlo mejor que yo y punto.

—Yo la ayudaré, señorita, estaré con usted paso a paso. Ya verá que saldrá delicioso —aseguraba el ama de llaves.

—No tienes escapatoria —convino Soyo, apoyando la mano derecha sobre la mejilla y el codo en la mesada.

—Maldición. De acuerdo, empecemos. —Al no tener más alternativa, tuvo que rendirse a los caprichos de la anfitriona (y a su deber de cumplir con el pedido también).

Kagura resultó ser mucho más ineficiente e inútil de lo que todos creían. Apenas sabía cómo hervir el agua y los huevos, ese era todo su conocimiento culinario. Mientras Roberta dedicaba todo su tiempo en enseñarle técnicas revolucionarias (en palabras de la chica), la muchacha de cabellos rojos les comentó que, en su casa, Gin y ella solían pedir comida a domicilio por las noches, o simplemente cenaban un sencillo emparedado de huevo frito o fiambres. Mientras que para el almuerzo, la mujer del local que tenían enfrente les preparaba las viandas todos los días, a razón de una suma importancia de dinero.

Soyo advirtió que la mujer tenía deseos de preguntar acerca de los padres de Kagura, lo veía en sus ojos, pero sabía que no se atrevería nunca a indagar en los asuntos personales de los invitados, así que fue ella quien decidió sacar el tema.

—Podríamos ayudarte a cocinar algo para el aniversario de tus padres, ¿cierto? No falta mucho.

—Sí, podría ser. Seguro les gustará —comentó la inquieta invitada, de forma tranquila.

—Ya han pasado seis años, ¿no? ¿Sabes algo de tu hermano?

—¿Esa rata de alcantarilla? He sabido que se fue hacia el norte, a buscar a un maestro de alguna de esas m****** de Arte Marcial. Sé que no lo veré por algún tiempo, eso es todo lo que me interesa.

—Oh, bien. No necesitarás a Okita para que te escolte.

—No le tengo miedo, solo no quiero enfrentarlo para darle la satisfacción de verme perder. Las internaciones son muy costosas. Y si gano vendrá por más, tendría que matarlo, y tampoco quiero eso. La maldición de mi clan es una porquería, y ese estúpido también lo es. Espero que se olvide de mí para siempre. Podría fingir mi muerte, con eso me dejaría en paz.

—Podrías pedirle ayuda a Gin, después de todo ahora vives con él.

—Está en la misma situación. No quedará muy bien que un maestro deje inválido a un escuincle peleonero, aunque podría hacerlo sin que nadie se entere. Pero no quiero que sus manos se ensucien con algo así, ya me ha ayudado bastante al no dejarme tirada y medio muerta en la calle.

—¿Y Okita?

Kagura se detuvo un momento y levantó la cabeza, pensativa.

—Podría ser… Pero no quiero deberle nada. —Y luego continuó con su labor.

Para ese punto, comprendió que Roberta ya estaba algo aturdida y escandalizada al saber la clase de pasado que acarreaba la joven estudiante. Le pareció que se compareció de ella, y nunca más la encontró mirando con malos ojos a su amiga cuando la escuchaba decir groserías.

ooOoo

Al día siguiente los chicos volvieron a encontrase en el lugar de siempre y Soyo pudo utilizar su arbusto de cartón. Observó cómo su amiga le entregaba la vianda de mala manera, con las mejillas algo sonrosadas. Evitaba mirarlo a los ojos, y eso le pareció tan tierno.

Takoyaki… No le has puesto veneno, ¿cierto? Porque eso supondrá un castigo, lo sabes.

Kagura había olvidado el detalle de mencionarle que por cada orden infringida, ella tendría que pagar una especie de castigo por ello. Era evidente que el muchacho estaba cobrándose las veces que había sido humillado con las reglas de su rival; era su turno de hacer lo mismo.

Sí, sí, cómetelo ya.

Primero tú —demandó el muchacho con desconfianza.

Soyo observó a la chica comerse tres pelotitas y luego hacerle muecas al joven. Este, convencido, se sentó sobre el césped y se aventuró a llevarse uno a la boca, el primero de muchos.

Nada mal, China. ¿Dónde los compraste?

En la tienda de la esquina de mi casa —mintió, cruzada de brazos, con el rostro volteado hacia otra parte.

Pues está bueno.

Vio a su amiga suspirar, aún sin querer mirarlo. Pensó que era una especie acuerdo tácito entre ellos, pues se daba cuenta de que el muchacho sabía que no era comprado.

Después de devorar la tercera parte del recipiente, llamó a la colegiala y le extendió el objeto con algo de comida.

Ya me has intoxicado bastante, te dejaré lamer las sobras.

Ni quien quisiera —rezongó la joven con molestia, sujetando el recipiente. Comió el resto sin dirigirle la palabra. Soyo sonrió al igual que Sougo.

Cuando terminó, la divisó limpiarse la boca con el cuello de su camisa y al chico observándola fijamente.

Bueno, ¿comenzamos ya? Dijiste que sería hoy.

Soyo siempre se maravillaba con la extraña comunicación que entablaban entre ellos. Le parecía que cada uno buscaba la forma más grosera y descortés para decir las cosas, pero a su vez, se entendían perfectamente, a veces incluso sin necesidad de hablar.

Oh, nunca respetamos nada, podría ser otro día, ¿no?

Hoy —ratificó el muchacho, seriamente.

Bien… —concedió ella, rendida—. Pregunta.

Desde ese momento presenció una serie de preguntas y respuestas. Él lanzaba una interrogante, con expresión sería, mientras que ella se limitaba a contestar con disimulado nerviosismo.

¿Desde cuándo?

Desde hace unos cuatro o cinco meses, creo.

¿Cómo?

Eso quisiera saber yo también.

¿Por qué de mí?

Porque no podría ser de nadie más.

Sougo se tomó una pequeña pausa para sonreír de medio lado, y luego continuó.

¿Mucho o poco?

No lo sé. A decir verdad me he enterado hace poco, no sabía que tenía nombre.

¿Qué pretendías con lo del juego?

No lo sé, fue idea de Soyo, no quería que te enteraras en realidad.

De nuevo, ¿qué pretendías con lo del juego?

Esta vez fue Kagura quien se tomó unos minutos para contestar, su rostro entero ardía ya como el suelo de un volcán activo.

Pues que soy una chica, idiota, y no una bestia como me llamas a veces.

¿Cómo pensabas que iba a reaccionar?

Pues igual que ahora, con burlas y esas cosas.

¿Qué es lo que pretendes ahora?

No lo sé.

¿Qué es exactamente lo que pretendes ahora?

No lo sé.

China, no estás siendo sincera.

¿Por qué tengo que ser la única? —reclamó, exaltada y con los puños cerrados—. Cuéntame algo tú, ¿no? A ver si puedes.

Bueno, ya comenzaba a sospechar, hace unos meses. Creía que era mi imaginación. Lo confirmé cuando me pediste encontrarnos para decirme algo.

Estúpido… Te reíste de mí todo este tiempo, eh. Mal nacido, cuando termine el mes te dejaré en el hospital.

¿Qué hubieras hecho tú?

Otro silencio incómodo se produjo entre los dos. Se mantenían distantes, sin voltear a verse mutuamente.

No me hubiera reído de ti.

Mientes.

¡Al menos no hubiera sido tan cretina por tanto tiempo! Vete al demonio, esto fue un error —dijo, poniéndose de pie. Soyo tenía la certeza de que se marcharía si él no hacía algo para evitarlo.

No se supone que debas huir ahora, China tonta.

La joven Tokugawa observó a Sougo levantarse también y luego detener a la muchacha sujetándola de un brazo. Como todo buen galán de telenovela, hizo que Kagura volteara hacia él y la arrinconó contra la pared,mientras ella intentaba zafarse. Soyo estaba más que emocionada, casi se la podía ver emanando chispas de sus mejillas a causa de la alegría que sentía.

Decidió darle el premio de mejor galán cuando se acercó hacia ella y le susurró algo al oído que no pudo escuchar. Le restó importancia al pensar que luego se lo preguntaría a su amiga, lo que le importaba en ese momento era la reacción de la chica, pues había dejado de forcejear y lo miraba intensamente.

¿Y qué con eso? Además, ¿qué es lo que "se supone" que debo hacer, señor "perfecto"? —cuestionó, con el ceño fruncido y las mejillas encendidas.

Mira que eres lenta, China.

A Soyo se le borró un poco la sonrisa por la expectación, al contemplar que el chico se alejaba un poco y ponía un brazo contra el muro, por encima de la cabeza de su rival.

Se supone que debes tratar de conquistarme. Solo es una idea, pero puedes usar este mes como excusa.

Qué estupidez… ¿De verdad? —preguntó después, interesada.

Yo lo haría si fuera tú. Además, has comenzado bien con el almuerzo de hoy —dijo guiñándole un ojo.

Vio a Kagura exhalar con pesar y luego ablandar sus facciones, mas no sus cejas fruncidas.

Pero no vayas a reírte de mí otra vez, eh, no voy a hacer de idiota más veces. Y ni creas que voy a estar consintiéndote. No esperes esas cosas.

Ajá.

Ahora… yo pregunto, ¿qué es lo que pretendes tú con esto?

¿No es obvio?

No, estúpido, no lo es del todo. Lo primero que se me viene a la mente es que quieres jugar conmigo y reírte de mí, si es así, maldito bastardo, te juro que te romperé todos los huesos.

Te equivocas. Pregúntale a tu amiga "Harriet, la espía", ella sabrá la razón.

¡No! ¡Vas a decírmelo ahora! No me he expuesto por nada, y, por cierto, tú no me has dicho algo tampoco. Eres un tramposo.

No estás siendo linda, China —amonestó Sougo, no con seriedad, y recibió como resultado un certero escupitajo en la cara.

Pues me vale una soberana m***** si no te gusta mi comportamiento antimujercita. Dime algo que valga la pena ahora.

Soyo vio al chico sonreír más que nunca, como cuando acepta un desafío extremo o cuando encuentra una perfecta oportunidad para fastidiar al rector. No sabía si eso era buena señal o no, lo notaba muy divertido con la situación, aun cuando su pelirroja compañera lo había escupido. Después de secarse un poco, lo divisó mordiéndose el labio inferior.

China idiota, me gustas así como estás, pero deja de hacer estas cosas, o harás que me comporte mal y te dolerá.

¿Había escuchado lo que escuchó? Sí, lo había hecho. Esta vez no se trataba de una escena de su imaginación, ocurrió de verdad. Soyo casi brincaba de emoción al repetir en su mente la parte en la que él había confesado corresponder a los sentimientos de su amiga. Era todo lo que necesitaba saber para morir de júbilo.

Pero en cambio su mejor amiga estaba lejos de tener una reacción parecida, se encontraba viéndolo fijamente, con mirada sospechosa.

Lo siguiente que supo Soyo —pues se había perdido en una nube de corazones y arcoíris voladores sobre unicornios—, fue que ambos comenzaron a reñir por alguna cosa que no había observado. Se regañó a sí misma y luego volvió a enfocar la vista y a escuchar con agudeza, mas cuando quiso prestar atención, la conversación ya casi estaba en su fin.

Haz lo que quieras, solo ten en cuenta la última regla y lo que pasará si me desobedeces.

No te tengo miedo, ¿sabes?

Lo tendrás cuando me porte mal, te lo aseguro. No me provoques.

Vio a su amiga sacarle la lengua, burlona y desafiante, y luego al muchacho sonreírle con malicia.

Mañana vendrás sin los pantalones deportivos —exigió para continuar con lo del mes de esclavitud, mientras se alejaba a una distancia prudencial.

Está haciendo frío, ni de broma.

Y también quiero bandas elásticas, muchas.

Demente —dijo la chica como despedida, y luego él se marchó con una expresión se satisfacción, mientras hacía girar su llavero en el dedo índice derecho.

ooOoo

Esa misma tarde, en clase del profesor Zenzou, Soyo insistió desesperadamente mediante mensajes de papel sobre lo que le había dicho el muchacho en el oído. Decenas de papeles llenaban el pupitre de la alumna quien apenas se mantenía despierta, con el rostro apoyado en una mano. Nada le daba más bronca que la indiferencia en la que se sumía su compañera cuando podía darse el lujo hacerlo, pues no podía armar un alboroto en medio de la lección.

Llegado el receso, los incesantes reclamos, pedidos y súplicas surtieron efecto y no hubo más remedio que confesar.

—Pues nada, me dijo que me veo linda cuando me enojo. No es la gran cosa.

Soyo estalló con la declaración, sus ojos brillaban de ilusión.

—Entonces lo admitió. Le gustas, Kagura.

—Algo así.

—¿Cómo que algo así? ¿A qué te refieres? —preguntó, confundida, cambiando la expresión de entusiasmo por una de desconcierto.

—No es de la misma forma que en mi caso. Hay algo más, lo sé.

—Sigo sin entender.

—Pues que le gusto solo un poco, ¿ya? Pero mañana quitaré esa estúpida sonrisa y me las cobraré todas. Esto no va a quedar así, ¿quién se cree ese idiota?

—No estarás pensando en hacerle alguna maldad ¿no? Tienes que conquistarlo, recuerda.

—¿Maldad? ¿Yo? No, qué va —dijo sonriendo de forma nerviosa. La adolescente de negros cabellos dudó de su palabra y continuó todo el resto del receso regañándola acerca de que no debía cometer ninguna travesura.

ooOoo

A pesar recibir advertencias de su amiga, Soyo decidió volver a espiar al par con su nuevo disfraz de arbusto realista. Este era un traje acolchonado por dentro, con suficiente espacio como para que ella cupiera de forma cómoda. Por fuera estaba cubierto de cuantiosas ramas de plástico, con sus respectivas hojitas. El folleto de la caja aseguraba la máxima efectividad en camuflaje. Claro que era mayormente usado para propósitos de caza, pero ella creyó que el fin era el mismo en resumidas cuentas: pasar desapercibido. Y realmente lo era, engañaba muy bien a la vista. De lejos parecía un arbusto cualquiera, salvo por el detalle de que era el único detrás del edificio de natación.

Bueno, es un inicio —saludó Okita, cordialmente (pues ese era el mejor de todos sus anteriores saludos) al ver a su "subordinada" llegar con unos ajustados pantaloncillos cortos hasta la rodilla—. Pero te he dicho "sin" pantalones.

Dijiste "sin los deportivos", estos los uso en casa, así que no cuentan como deportivos."Touché", hubiera dicho de saber pronunciarlo, pero el francés no era su fuerte (ni ninguna otra lengua, ni siquiera la propia).

Ok, mañana te vienes sin pantalones, shorts, calzas o lo que sea que tengas en ese mugroso ropero tuyo que no sean bragas. Aunque…

Oh, creo que habré entendido mal entonces —contestó la muchacha con un exagerado tono falso de disculpa.

Te la dejo pasar por esta vez, China, a la próxima te castigaré —amenazó el muchacho, sonriente.

Uy, qué miedo.

Hubo un minuto de silencio en el que se sostuvieron la mirada de forma desafiante. Pero fue Okita quien finalmente la desvió.

¿Trajiste lo demás?

Sí, maldito cabrón.

Por alguna razón que no entendía, los insultos no fueron incluidos en la lista de prohibiciones. Y su amiga tomó provecho de ello, alegando que todo lo que no estaba prohibido estaba permitido, y como él no había dicho nada de los insultos, tenía pase libre para hacerlo. Lo extraño era que realmente parecía que no le molestaban y se lo había concedido.

¿Qué quieres que haga con estas cosas?

Átatelo a los dedos. —Kagura lo fulminó con unos ojos llenos rencor. Soyo no entendía bien lo que tramaba el chico, pero, a juzgar por la expresión de su amiga, no debía ser nada bueno. Sus sospechas se confirmaron, en parte, al notar que este le extendía unas hojas y algo más que no pudo precisar en el momento.

¿Qué quieres que escriba?

Lo mucho que me quieres.

Pues no me van a alcanzar las palabras.

El tono sarcástico de ambos hacía difícil que la espectadora pudiera entender con claridad la situación. Luego vio a su amiga pincharse el dedo y comprendió de qué iba la cosa. Le costó un poco digerir a su compañera llenar todas las hojas con fuertes insultos, escritos en sangre, mientras Sougo la miraba desde arriba con las manos en los bolsillos.

Toda una poeta —recalcó al pasar las hojas cuando ella se las entregó.

¿Te gustan?

¿Cuándo me dirás algo bonito?

Cuando los idiotas como tú dejen de existir. ¿Tienes algo más para mí?

No por ahora.

Mientras el muchacho se concentraba en doblar las hojas para guardarlas en la carpeta en la que las había traído, notó que su amiga se agitaba más de la cuenta, como si hubiera caminado algunas manzanas. Luego esta cerró los puños y caminó a paso acelerado hacia el muchacho. Apenas pudo levantar la vista cuando ella lo golpeó en la boca del estómago y le jaló la pierna con un pie para que cayera. Eso le facilitó la tarea cuando se arrodilló sobre él, lo sujetó por el cuello de la camisa y le plantó un beso repentino, entretanto su víctima abría los ojos como platos.

Era el beso más torpe que jamás haya visto, y estaba segura de que Sougo coincidiría con ella, pues la chica apenas le había apoyado los labios, descuidadamente, en los escasos segundos en los que cerró los ojos. Cuando la chica se separó, con el rubor anunciándose en todas direcciones, le dedicó otro golpe inesperado, esta vez en el rostro. Luego salió corriendo a toda prisa, dejando a un Sougo estático y sorprendido.

Soyo superó el mini-infarto que le produjo la escena, para salir febril tras su amiga. Entonces Okita volteó hacia una planta con zapatos escolares que pasaba presurosa delante de él.

ooOoo

Para cuando divisó a su amiga el timbre del final del receso se había anunciado y una sombra alargada le pasó por al lado. Reconoció muy bien al estudiante de último año, quien no solo la alcanzó sino que también tironeó de ella para obligarla a volver a su rincón. Ella opuso algo de resistencia, pero aún así fue arrastrada por él y Soyo tuvo que correr nuevamente detrás de ellos. Fue lo más veloz que le permitía el traje y llegó justo cuando el muchacho la aprisionaba contra la pared, después de decirle algo que no pudo oír a tiempo.

Lo que pasó después le robó el aliento, y decidió que las novelas en vivo eran mucho mejores que las de televisión. Con toda claridad, pudo apreciar al muchacho inclinarse ligeramente para luego besarla impetuosamente. Soyo se acercó un poco más, de forma automática e inconsciente, y se quedó contemplando la escena, hipnotizada: Ella aferrada a los pliegues de la falda, con el rostro acalorado y los ojos cerrados con fuerza; él con las manos contra el muro, también con los párpados cerrados. Al poco tiempo lo vio bajar los brazos y tomar a la muchacha de los hombros con firmeza. Ella, por su parte, apenas se aventuraba a relajar su expresión de conmoción y a sujetar levemente el dobladillo en los codos de la camisa del estudiante. Pensó que, para tratarse de una primera ocasión, aquella había sido más animada y ajetreada de lo que podría esperarse. Resultaba evidente que la muchacha desconocía totalmente del tema, hecho que Sougo se encargó encantado de enseñarle, por lo que veía. Al principio ella respondía de forma torpe y tímida, pero, con el correr de los minutos, fue domando la técnica hasta seguirle el ritmo a la perfección. Se dio cuenta de que hubo más lengua que saliva en todo el besuqueo y que los dedos de Okita tenían más agarre del que hubiera imaginado, incluso cuando descendieron hacia los brazos de la chica.

Era como en un cuento romántico de acción. Okita se movía de un lado a otro, mientras la adolescente se desnucaba de tanto levantar la cabeza hacia arriba.

A ninguno de los tres les importó demasiado el hecho de que las clases hubieran comenzado nuevamente y que pasaban ya, veinte minutos desde que sonó el timbre del final del receso. Para ellos, el tiempo apenas había avanzado unos cuantos minutos, cinco estipulaba Soyo cuando mucho.

En el momento en que Sougo quiso poner una mano sobre la cintura de la chica, fue cuando finalmente este se separó de ella, cortando el beso apasionado. Como buena espía, la espectadora se fue alejando de a poco, aprovechando el tiempo en que ambos se estuvieron sosteniendo la mirada con solvencia. Luego lo vio levantar el mentón, altivo (o como su amiga diría, como un pavo real), y alardear de sus habilidades "labiales".

Esto es un beso, China. Aprende.

Kagura se relamió los labios y, por un momento, creyó que él tuvo el impulso de besarla de nuevo, pero no lo hizo. En cambio lo vio alejarse unos pasos y mirarla con soberbia, mientras ella se secaba la boca y alrededores con la mano, sin quitarle la vista de encima.

Lo haré mejor a la próxima —contestó, de forma desafiante y burlona.

Luego lo vio sonreír levemente y partir con las manos en los bolsillos, dejando a una estudiante suspirando, con los ojos cerrados, y apretando el ruedo de su camisa.


Notas:

28/01/2016.
A los que han leído este fanfiction en tiempos anteriores a esta fecha.

ACLARACIONES GENERALES

A ver, para que ya no haya más confusiones. El fic se trata de Soyo y todo lo que ella ve, siente, percibe, observa, oye, cree, piensa, entiende y presencia. Si hay alguna cosa que no se comprende y/o no se muestra se debe a que la protagonista principal no logra hacerlo, y también a la dinámica misma de la historia. Les pido que sean pacientes en cuanto a los enigmas que encontrarán, serán todos develados a su debido tiempo.

En cuanto al romance, en este fanfic es Kagura quien debe conquistar a Sougo, y es esta la razón del poco fanservice y momentos de suspiro, pues ella no es la chica más romántica del planeta. Es más del estilo torpe y descuidado, motivo por el cual no puedo hacer que, de repente, se convierta en una modelo feminista vestida de rosa, que se anda con coqueteos a todas horas. Ella tiene su forma de hacer las cosas, algo tosca, sí, pero a su modo al fin. Si es correspondida o no se dirá después. Vuelvo a repetir, todo se ve desde el punto de vista de Soyo, y en base a sus observaciones.

Ahora, con respecto a la querida Soyo la idea no es que sea perfecta ni mucho menos el "Cupido" ideal. Tengan eso en cuenta.

Sobre la historia tengo que decir que mi inclinación y tendencia es hacer de este un relato con toques realistas, con coherencia y humor. Las cosas sucederán cómo y cuándo deban suceder. Los personajes son los que tendrán que adaptarse a las situaciones y no al revés.

En lo referente al futuro del fic tengo dos aspectos que abarcar. El primero es que iré cerrando temas y asuntos que quedaron sueltos, se irán entendiendo más cosas y habrá un cambio de ritmo y curso. Daré varias pistas, así que estén atentas. Lo segundo que quiero plantear es una duda: Percibo que una parte del público desea ver la historia terminar en poco tiempo, pero también hay otro sector que espera que la historia se alargue un poco. Me gustaría saber qué opinan. Si abrevio el fic, terminará en dos capítulos, posiblemente kilométricos. Si sigue en forma, como yo lo tenía pensando inicialmente, finalizará en, bueno, más capítulos con probabilidad de dos especiales. Me gustaría que me hicieran saber qué desean ustedes.

ACLARACIONES PERSONALES

No creo correcto exponer pensamientos míos ni nada referente a mí. Pero me veo en la necesidad de expresar, por esta vez, mi sentir, y es en forma de queja. Entiendo que mucha gente esté acostumbrada a leer ciertas historias, con ciertas temáticas y estilos. Molesta que esperen algo parecido en mis fics, pues yo no me guío por estereotipos ni preestablecidos populares. Escribo de la forma que escribo. Punto. También molesta mucho, pero mucho, que entren a leer con la sola idea de encontrar "ese algo" que vinieron a buscar, y que boten a la basura todo lo demás. Esto incluye trama, situaciones, contexto, coherencia y muchas otras cosas y detalles, pero sobre todo, el esfuerzo que he puesto en este fanfic. No importa si me he matado la cabeza pensando ideas, si he planeado cuidadosamente las situaciones, si planteo nuevos retos y formas de humor, si me vuelvo loca buscando errores de textos (y Karunebulous sabe que me he trabado muchas veces por andar más pendiente de la composición de la narrativa que de la trama), no, nada de eso importa ni sirve si no hay beso o fanservice. Realmente es molesto que algunos no sepan ni esperar ni apreciar el trabajo de alguien a la que ni le pagan por hacer nada de esto, y que se esfuerza por realizar un trabajo limpio y prolijo. Me agrada que me expresen sus opiniones y me critiquen, de hecho lo espero, pero que sean coherentes y argumentadas.

Para aquel que quiera conversar un poco más sobre estos temas, este es mi mail: kyosha (arroba) hotmail (punto) es

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Reviews: Cap. 10:

I love Okikagu: Me hace muy feliz que te haya gustado el capítulo, y espero que este también te guste. Como te dije, tiene todo lo que el 10 no tuvo xD. Te agradezco infinidad de veces por seguir mis historias y por ser como eres :]

Lu89: Oh, bueno hay un poco de verdad en lo que dices, ya se verán sus otras intenciones y, claro, el segundo round xD. Y desde luego que no la pasará muy bien de esclava pero se compensará luego. Gracias por leer y seguir esta incordia de fic :]

Mitsuki: Pues me alegra que te gusten los caps. largos porque desde ahora serán más o menos así. Y sí, era demasiado perfecta la cita, ellos no son de esa manera. Me alegra mucho que te haya gustado el cap. A ver qué te parece este. Saludos :]

Jugem Jugem: Oh, qué bien que te haya gustado, me alegra mucho saberlo, estuve en duda con el desarrollo. A partir de ahora se pone más interesante el asunto xD. Gracias por seguir leyendo y comentando :]

Magdalena: Hola. Me alegra que te haya gustado Un año diferente y que te hayas aventurado a leer este fic también. Como verás, me gusta jugar con la perspectiva de los personajes, es por eso que si hay desinformación se debe a que el protagonista principal (desde el cual se toma el punto de vista), no puede observarlos o apreciarlos en primera instancia. Lo que quieres saber de Sougo viene más adelante, que no es fácil de entender para ella. Por otro lado, si lees entre líneas, te darás cuenta de que es Okita quien utiliza a Soyo para sus propios fines, como lo de los nombres, la broma a Hijikata y la grabación. Y no, no es tonto ni necesita consejera, he pensado cada parte de la trama, por algo lo he puesto así. Por cierto, con las intromisiones de Soyo quiero dar a entender un punto realista y es que nadie es perfecto, ni siquiera en la ficción. Ahora, no sé qué clase de fics y/o estereotipos lees ni cómo se lo plantea "al sádico" en ellos, pero yo no me guío por ningún estilo ni regla, trato de plantear un fic sensato y con toques de humor. Por otro lado, si lo que quieres es que haya jugueteo y fanservice a toda hora, en todos los capítulos, con giros "convenientemente" inesperados, te advierto que no vas a encontrarlos aquí, pues yo trato de plantear una historia más realista y madura en la que sucede en el momento adecuado. Saludos.

Anonymous D: Aw, qué amor, gracias por tus hermosas palabras. Bueno, hay una explicación para todo que ya se mostrará más adelante, pero por ahí viene la cosa xD. Gracias por seguir leyendo y por comentar, eres todo amor :]

Guest (1), Guest (2): Muchísimas gracias por leer :]

Mi-chan: Oh, no te preocupes, no me iré a ningún lado. Amo esta pareja y estoy con muchos ánimos de seguir escribiendo fics sobre ellos. Ya tengo pensado el próximo, también será un longfic. Así que prepárate a leer más historias mías xD. Eres un amor, gracias por seguir leyendo y comentando. Y sí, llegué a las 130 y algo, qué emoción. Me siento muy feliz y mucho tiene que ver con ustedes, que lo hacen posible. Gracias :]