Cuatro paredes

Cinco meses. Cinco meses eran los que llevaban allí. Entre esas cuatro paredes sin apenas salir. Ella le sonríe desde el salón, donde lee un buen libro. Pero no era la misma sonrisa de felicidad que tenía cuando se casaron. No. Es solo una sonrisa cansada llena de cariño. Y le corresponde con la misma sonrisa, porque ya era mucho tiempo. Y el malestar de cansancio e impotencia le iba apoderando poco a poco. Pero sabe que es lo único que puede hacer. Esperar a que todo esto acabe. Que acabe esta guerra llena de dolor y sufrimiento, en la que han muerto sus padres, amigos y personas no conocidas. Y reza para que muera antes de que se cumpla la profecía. Porque aunque su hijo sea su única esperanza, él, por encima de todo, es un padre que se preocupa por su hijo. Un niño que, a medida que crezca, tendrá ese coraje y valentía Gryffindor, que aceptara su destino por muy duro que sea.