Los personajes que aparecen en esta historia, no son de mi pertenencia.
Capítulo 12: El trato
Las botas del noble resonaban sobre la madera del suelo, tras traspasar la puerta. Era un sonido pesado y continuo. En pocos segundos su sonrisa se amplió del todo.
El doctor estaba preparando a la mujer para su amo, pero éste le ordenó que se detuviera. Poco después, sacó un arma de dentro de su chaqueta y apuntó a la cabeza del doctor. Apretó el gatillo. No toleraba los errores.
La niña había escapado y seguramente ya habría encontrado ayuda. Eso restaba su tiempo, además la sirvienta permanecía desmayada así que tendría que esperar a que despertara o secuestrarla lo cual sería tedioso.
El cuerpo del doctor calló al suelo y un charco de sangre se formó a su alrededor. La mujer estaba en cima de la cama inconsciente y él se sentó en la silla del escritorio, lo más próximo a ella que pudo. Después comenzó a acariciarle el cabello, la mujer no daba señales de vida, pero él podía percatarse de que su corazón aún latía.
Pocos minutos después la joven empezó a despertarse y el noble se tumbó con ella en sus brazos.
El noble que había entrado en la casa, tenía muy claros sus objetivos.
El tiempo pasaba en el bosque, tal vez en vacío. El chico no paraba de correr, era algo muy extraño. Llevaba muchos años viviendo en aquella casa había recorrido el camino miles de veces, pero ahora lo había olvidado. No podía contar con la niña y Honey había decidido marcharse. Él la había apoyado, no quería que su seguridad se comprometiera.
Estaba realmente nervioso y no había echo mas que andar hacia todas partes, la niña no hacía mas que llorar, estaban los dos totalmente perdidos.
-¿Cuanto falta? -preguntó la niña desesperada.
-¡No lo sé! -gritó él-. ¿¡Por qué no lo sé!? ¿¡Por qué ahora!? ¿¡Que demonios está pasando!?
Desesperado se apoyó en un árbol intentando concentrarse y calmarse. No se percató de un objeto maldito en su bolsillo.
Lo único de lo que estaba seguro era que un extraño estaba en su casa y eso no le agradaba nada, no sabía lo que podía ser capaz.
Ella despertó con lentitud. Estaba muy mareada y le dolía mucho la cabeza. Pronto sintió como alguien besaba su herida, de dónde la sangre brotaba. Ella pensó que sería su amo, sin duda estaba equivocada. Se abrazó a la persona que tenía al lado sin siquiera abrir los ojos, pero algo iba mal, no sentía el calor que a él lo caracterizaba ¿Era otra persona?
Intentó abrir los ojos pero el extraño puso una mano sobre sus ojos. Aquella persona llevaba guantes, su amo nunca llevaba guantes.
Notó que estaba tumbada y empezó a asustarse. Temblaba mientras la otra figura la abrazaba mas fuerte. Estaba tan frío.
-¿Q-quien...? -intentó decir ella.
No podía ver nada, aquella mano enguantada impedía que su sentido de la vista trabajara como debía.
-No te tomes esto como un ataque -dijo el extraño- sino como una reunión para negociar.
Ella frunció el ceño y apretó los dientes, jamás olvidaría esa voz, quería salir de sus brazos.
-No... me abraces... ¡bastardo!
-Eres muy descarada. Cuando eras una cría eras mas fácil de tratar, ahora admito que tienes muy mal genio.
Ella apretó los puños pero no tenía fuerza para más. Odiaba a ese hombre, con toda su alma.
-¿Que hay en juego... Queen?
-Tu futuro y el de tu amo.
-¿En que entra él en todo esto? ¿Esto es entre tú y yo?
-Pronto será un nosotros -dijo Queen.
-Eso ni lo sueñes -le contestó la sirvienta-. Se que tú manipulaste al doctor. ¿Que eres?
-No somos tan distintos. Somos almas gemelas, el destino a decidido que estemos juntos.
-Tu y yo, "nosotros" si tu pequeño cerebro lo entiende mejor, somos totalmente diferentes, más de lo que imaginas. ¿Que hiciste con el doctor? ¿Un fármaco tal vez? Haz que vuelva a ser como antes, es un gran hombre y lo has convertido en un monstruo.
-Un monstruo... tal vez, pero yo prefiero verlo de otra manera, un ser casi divino, sólo por un defecto... parte del alma humana.
-Lo has convertido en... en...
-Uno de nosotros -dijo Queen con una sonrisa.
La niña con desesperación intentaba despertar al chico rubio. De pronto había caído al suelo sin ningún tipo de explicación o motivo. ¿Qué podría haberle pasado? ¿Estaba malo? ¿Le dolía la tripa? Era lo único que se le ocurría a la niña. No alcanzaba a más. Estaba muy preocupada por él, pero también tenía miedo de que el médico los encontrara.
-¡Señor noble despierte! -rogó la niña.
-Verás querida -dijo Queen- tu y yo somos los últimos seres semi-demonios en el mundo. O cazadores. Pero aún nos queda esa inútil parte humana, en nosotros está el deber de llenar la tierra de demonios puros, auténticos...
-¿Cómo es posible que...? ¿Y el doctor? -musitó ella.
-Sigues preocupada por ese inútil... no sabe controlar su sangre impura y obedece mis órdenes porque en su instinto está el saber que yo soy superior. Pero... pronto dejará de sufrir pues cada vez tiene menos control sobre sí mismo y pueden ocurrir dos cosas.
-¿Dos cosas? -murmuró la sirvienta aterrorizada.
-Puede que no consiga dominar sus impulsos hasta suprimirlos, puede que su cuerpo no pueda soportarlo y entonces morirá. Aunque si es de los pocos que logra ser lo suficientemente fuerte, se unirá a mi ejército de esclavos y guerreros.
-¡Devuélvelo a la normalidad!
-No se puede, una vez que la sangre se a mezclado ya no hay vuelta atrás.
-¿¡Y si tenía familia!? ¿¡Y si tenía hijos!?
-Y su bonita esposa... -dijo Queen.
Ella le escupió, apuntando a los ojos. Sin comprobar que hubiera acertado, intentó escapar pero como era de esperar el noble muy enfadado no la dejó marchar. Al contrario, se acercó más todavía.
-Escuchame -dijo con voz lúgubre- como te vuelvas a pasar de la raya sabrás de verdad lo que es un noble. ¿Me has entendido? ¿Monstruita? Verás mi sueño es poblar la tierra de demonios siendo yo el rey de todos ellos y que los humanos hagan el papel de esclavos en mi obra maestra. Pero para eso te necesito, por ello tendrás el resguardo de que no vas a morir, de momento. Primero tu y yo engendraremos una nueva raza. ¡Nuestros hijos formarán una nueva era!
-¿Hijos? -murmuró ella.
-Sí, nuestros pequeños...
La mujer aterrada era incapaz casi de respirar. Empezó a temblar violentamente.
-¡No quiero hacerlo!
Intentó escapar pero Queen era demasiado fuerte. Su agitada respiración sobre el cuello iba a matarla.
-Aquí llega el trato que quiero proponerte. Hay miles de mis esclavos en la academia, apenas se diferencian de los humanos cualquiera de ellos podría atacar a tu más que indefenso amo... y después ya no habría vuelta atrás. Todo para él se acabaría en el mismo instante en que su sangre se fundiera con la de uno de mis esclavos. Su vida tal y como la conoce abría llegado a su fin.
La sirvienta comenzó a llorar descorazonada.
-Yo no quiero que sufra... -murmuró.
-Lo sé -dijo Queen acariciando su rostro-. Por esa razón yo quiero darte una oportunidad, tu puedes impedir que esas cosas malas le ocurran a tu amo.
-¿P-puedo? -dijo la sirvienta mientras dejaba de llorar.
-Sí -le contestó Queen-. Si vienes conmigo si te entregas a mi yo haré que sea protegido en lugar de atacado. A él jamás le pasará nada e incluso... si deseas que sea feliz...
-Sí -dijo la sirvienta-. Lo deseo mas que nada en el mundo.
-Le entregaré a mi sobrina, como él tanto desea.
La sirvienta entonces lloró con aún mas fuerza, se sentía tan mal. Por una parte quería que fuera feliz pero por otra, quería tenerlo para ella sola. ¿Acaso estaba destinada a acabar con un cuarentón? Esta era una de las situaciones en las que pensaba "¿¡Por qué siempre a mí!?" Ella no quería una vida así. Se lamentó profundamente de haber nacido, apenas tenía recuerdos felices, su vida era una auténtica basura y apenas había echo daño al mundo mientras que Honey, se había quedado con el chico de sus sueños siendo una mala persona.
Incluso Queen que era el ser mas perverso al que había conocido, estaba consiguiendo todo lo que quería.
-No es justo... -murmuró entre lágrimas-. ¿Y la niña?
-También puedo garantizarte su seguridad. Tienes una semana para decidir, recuerda o el apuesto joven y la niña o tú.
El noble sonrió.
Su futuro marido la abrazó mas fuerte todavía. Ella se sentía mas perdida que nunca, ¿por qué tenía que hacer esas cosas? Además tenía la opción de ser libre pero ella elegía una opción peor que la muerte para que su amo tuviera un futuro mejor y también aquella niña que no tenía que ver con nada. Pero sabía que en cuanto tuviera ese futuro feliz ella sabía que se iba a olvidar de aquella sirvienta indefensa a la que rescató de un polvoriento camino. Estaba destrozada, sólo quería que él fuera feliz, pero a la vez quería que fuera feliz a su lado
La niña agitó al noble quien permanecía desmayado. Y de repente algo cayó de su bolsillo, era una extraña perla negra, que rodó hasta perderse por el bosque. Automáticamente el joven despertó aturdido.
Se dio cuenta de lo que estaba pasando y cogió a la niña mientras se ponía en pié, por alguna razón ya recordaba dónde estaba su casa. Cuando llegó allí, encontró a la sirvienta en la cama de su cuarto con grabes heridas y llorando desesperada. Pasó una hora hasta que vinieron unos desconocidos a limpiar el cadáver del médico y lo quitaron todo, ella seguía llorando. El joven intentó calmarla pero no había manera ella lo único que hacía era abrazar su cuerpo con fuerza y llorar sobre su pecho. Su felicidad había acabado mas pronto de lo que ella misma hubiera imaginado.
-Por favor cálmate -le rogó el noble una vez mas.
Ella siguió llorando y lo único que el noble pudo escuchar en horas fue:
-Yo siempre buscaría tu felicidad antes que la mía...
Él descorazonado dejó que la mujer y la niña, asustadas y heridas durmieran con él en la misma cama, abrazadas a su cuerpo. Al mirarlas sentía que podían ser como su mujer y su hija pero tras desechar aquellos pensamientos por los que Honey le abría dado una paliza, se durmió dándoles calor y amor a sus dos damiselas en apuros.
Continuará...
