Holaaa otra vez x3.

Creo que está vez me he tardado un poco en actualizar, pero eso se debe a que justo el martes inicié la Universidad y probablemente tardaré en actualizar de una o dos semanas cada capítulo ;u; Dadas las tareas que me dejan y qué debo concentrarme.

¡Muchísimas gracias por sus comentarios!, siempre logran sacarme una sonrisa y jamás me cansaré de agradecérselos uvu.

En fin, disfruten el capítulo y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


En el crepúsculo, Kagami soltó su décimo quinto suspiro del día.

Desde ese día, el peliazul no había regresado al departamento y ello lo tenía terriblemente ansioso, no porque temiera realmente por su seguridad, no. Aomine era verdaderamente fuerte y podía cuidarse solo, lo sabía bien. Simplemente era qué tras saber de esa forma el hecho de que el lycan fue desterrado de su verdadero hogar, lo tenía con mil preguntas en su cabeza. Además, en todos los libros que Alex le prestó para nutrirse de información, no había nada respecto a eso; tal parecía que había cosas que ni él mismo debía saber de ese otro mundo.
O bien se lo estaban ocultando.

¿Qué era lo que había hecho? O mejor dicho, ¿de verdad había hecho algo? ¿Dónde era su hogar? ¿Por eso su personalidad era así? ¿Por eso se comportaba como un cabrón cada que tenía la oportunidad?

Pero Taiga sabía que el moreno no podía ser realmente alguien "malo", porque de ser así, él ya hubiera muerto desde hace mucho tiempo, además de que ni siquiera le hubiera ayudado aquella vez en que fue mordido. Y también estaba el hecho de ese detalle que ocurrió el miércoles, porque no era precisamente inocente como para no adivinar que estuvieron a punto de besarse, de no ser por esa maldita alarma.

Kagami se mostraba menos reacio a aceptar la evidente atracción que sentía por el peliazul, pero también estaba el hecho de que cuando pensaba en eso, se acordaba de Tatsuya. Claro que el amor que sentía por este último era completamente diferente a lo que su corazón sentía cuando estaba cerca o simplemente compartía miradas con Aomine, era diferente. Era algo abrumadoramente febril y poderoso.
Y aunque realmente no sintiera que traicionaba los sentimientos de su hermano, le daba cierta inquietud. Sobre todo porque aunque sus emociones por el vampiro y por el licántropo fueran diferentes entre sí, las sentía con la misma intensidad—pero que tampoco podría considerarse amor conyugal, no con Himuro—, por así decirlo, porque fue por ese hecho que el pelirrojo terminó haciéndose una idea de lo que Aomine empezaba a despertar en sí. Que no es como si las hubiera comparado o algo mientras pensaba, solo era su instinto.

Ciertamente, también le preocupaba el cambio que su relación con Himuro podía tener por esto; él no quería deslindarse del vampiro, no así como así. Después de todo, con él tenía esa irrompible conexión que no solo se basaba en lo sexual ni la hermandad, porque pensar simplemente que tendría que alejarse de Tatsuya le dolió.
Sin embargo, el estar sin saber nada de Aomine, lo tenía mucho peor.

Tal vez al principio le costaría elegir, pero quizá pronto tendría la respuesta completamente clara.

El departamento sin Daiki se sentía demasiado solo y frío, teniendo en cuenta lo poco espacioso que era. Pero Taiga extrañaba el gran cuerpo atlético moreno merodear por ahí e incluso los comentarios y sonrisas ajenas que siempre lo sacaban de sus casillas.
Era tan increíble pensar que solo había pasado una semana de todo, porque se sentía como si hubiesen pasado hasta meses.

Este día, como ayer, pasó con un Kagami cocinándose, haciendo ejercicios de estiramiento, leyendo, viendo la televisión, higienizándose a sus horas e incluso optó por salir a caminar en más de una ocasión mientras fuera de día.
Las cosas se habían vuelto malditamente rutinarias y molestamente monótonas.
Si las cosas iban a seguir así, lo único que le daban deseos al pelirrojo era de irse, mas no podía hacerlo así como así sin haber visto a Aomine y terminar de aclarar sus sentimientos.


La reunión que se llevó a cabo en aquel enorme castillo que solo los seis poderosos podían utilizar en el mundo de La Noche, hoy cobró vida, como cada semana en que todos eran convocados.

Las dos lunas; una llena y una creciente, brillaban con intensidad en el cielo azul oscuro, sin estrellas, mientras a lo lejos en cada territorio, cada especie vivía como siempre, en su propio hogar, en sus propios sueños, trabajos, etc. Como cada semana, también habían soltado el "alimento" para todos, que no era como si fueran ganado, simplemente que todos ahí preferían obtener su comida con la acción que era la de cazar o mejor dicho, ya habían aprendido a hacerlo así con todos estos siglos alimentándose de los humanos.

En el mundo de La Noche, nadie podía atravesar los portales hacía el mundo más que simplemente los seis gobernantes, estos eran los que llevaban el alimento vivo a sus territorios, o casi todos, porque entre esos seis, había alguien demasiado compasivo como para simplemente traer humanos vivos que sufrieran una muerte dolorosa. Para Kuroko, mientras siguieran teniendo sangre, servían, no importaba si estaban muertos o casi muertos; él lo prefería así, porque odiaba la violencia, pese a tener un don bastante práctico. Porque él creaba ilusiones, tanto mentales, como físicas que generaban las mismas sensaciones como si las estuvieras viviendo, como dolor, felicidad, tristeza, agonía y escenarios; no por nada era uno de los seis principales.

Quien creaba los portales mediante el Lago Espejo—como era conocido el lago central de ese mundo—, era Midorima. Su don como vampiro era el manejo de la magia y por ende, podía crear puertas a otros mundos, siempre y cuando, los lugares tuvieran algo diferente para poder crear un portal; se mostraba de colores. Y a veces eso era molesto para el vampiro, por lo que descubrió que para evitar ver toda esa clase de combinaciones coloridas, era necesario usar un cristal en su visión. Por eso era que usaba los lentes, mas no es que tuvieran aumento ni nada, solo eran un pedazo de cristal y ya, así evitaba irritarse por lidiar con tanto arco iris por los portales.

Akashi realmente prefería no salir de La Noche para pisar el mundo humano, él era bastante "hogareño", por decirlo suave, pero prefería seguir con su imponente presencia en su mundo para no perderse de nada, porque su control era absoluto. Y era mucho mejor, gracias a la hipnosis que era capaz de crear con solo su visión, esa que también le permitía leer cada pensamiento ajeno, como si él mismo lo estuviera pensando o viviéndolos como si estuviera presente.

Era curioso, porque los vampiros pura sangre eran los únicos que tenían dones. Así como los licántropos, solo que en estos los dones se expresaban de forma física solamente.

Murasakibara era el lycan más grande de todos e intimidaba a cualquiera, además de ser casi tan cruel como lo era el pelirrojo, aunque fuera alguien un poco infantil. Tal vez el tamaño fuera considerado poca cosa para muchos, pero en un combate real, el chico demostraba bien lo que valía y lo capaz que era, puesto su piel o pelaje, era realmente duro, como una barrera o escudo. Así que dañarlo físicamente era casi imposible.

Haizaki, por su parte era el más problemático de todos, pero su "don", era que su fuerza era única, podía golpear solo una vez a alguien y ya lo mataba. Era bastante violento, de hecho.
Se podría decir que era el lycan más fuerte de entre todos; sus brazos y piernas eran muy potentes.

Y Aomine, él era el más veloz de los licántropos; no había nadie que se moviera tan rápido que él, ni siquiera un vampiro, era como una pantera. Sin embargo, aunque su lugar en la Unión Milagrosa siguiera intacto, ya no formaba parte de eso, estaba excluido por su destierro.

—Moo, Aka-chin, ¿todavía no podemos irnos a casa? Tengo hambre —habló Murasakibara con una voz extremadamente perezosa.

—No, Atsushi. Sé paciente —ordenó Akashi con una paciencia fría.

—Si dejáramos a Murasakibara libre en el mundo humano, estoy seguro que extinguiría a todos —expresó Midorima, ajustándose los lentes y serio.

—Pero, Mido-chin, ya pasaron varios días desde que comí —se quejó Murasakibara.

—Solo han pasado varias horas, exagerado —resopló Midorima.

—Guarden silencio los dos, Shogo ha regresado —la voz de Akashi sonó completamente autoritaria.

El aludido licántropo de cabello gris y algo alborotado, así como tenía dos pendientes en cada oreja, entró relamiéndose el pulgar y sentándose.

—Habla, Haizaki-kun —animó la calmada voz de Kuroko.

—Pues eso, Tetsuya. Tal parece que Seijuro no se equivocó en nada —comentó Haizaki con una sonrisa socarrona y un tono maleducado.

Akashi anteriormente les había explicado a todos solamente que mandaría como espía al licántropo peligris por ciertas sospechas que tenía, mas no les había aclarado que era por Aomine.

—Akashi-kun, ¿a qué es lo que se refiere Haizaki-kun? —quiso saber Kuroko, dirigiendo su vista celeste a la bicolor.

—Simplemente quiero evitar que Daiki cree otro caos; no le bastó con este y ahora quiere hacerlo en el mundo humano —explicó Akashi con una sonrisa fría.

—Yo no entiendo, Aka-chin —masculló Murasakibara, algo fastidiado.

—Que tal parece que Daiki no ha aprendido la lección —empezó Akashi nuevamente con la voz sombría.

—Tú mismo has dicho que lo que pase en el mundo humano no nos afecta realmente a nosotros y Aomine siempre seguirá ahí —comentó Midorima con el ceño fruncido.

—No lo entiendes, Shintaro —Akashi le miró con superioridad—. El castigo de Daiki no está completo, por eso…

— ¿No fue suficiente con haberle hecho creer que Kise-kun simplemente lo usó, desterrarlo y no permitirle tener comunicación? —inquirió Kuroko, mostrándose más serio de lo normal.

Los ojos bicolores le miraron con advertencia y un brillo autoritario, porque el vampiro pelirrojo no toleraba que lo interrumpieran así, pero el peliceleste no se inmutó, dada su inexpresión.

—Tetsuya, entiendo tú punto de vista —calmó Akashi con una sonrisa—. Pero no se puede evitar si Daiki está por hacer lo mismo, porque tal parece que no le quedó claro que el involucrarse sentimentalmente con otras especies equivale a lo imperfecto —explicó como si fuera obvio.

—No es lo mismo, Aomine-kun ya no está en este mundo —insistió Kuroko, frunciendo suavemente el ceño.

—Pero no por eso voy a permitir que alteré el curso natural y perfecto del equilibrio racional —Akashi alzó la voz un poco y se mostró seriamente calculador, viendo a cada uno de los presentes—. Saben bien el caos que la mezcla de diferentes especies sería capaz de crear en ambos mundos, ¿no recuerdan lo que nuestros antepasados vivieron? —inquirió— Para que todo sea perfecto, debe ser como debe ser; azul con azul, agua con agua, vampiro con vampiro, licántropo con licántropo y humano con humano —sentenció, como una orden.

A excepción de Haizaki, los otros tres chicos intercambiaron una mirada. Sabían que era imposible detener ese pensamiento tan cerrado del pelirrojo cuando se ponía así.

—Bien, esta reunión empieza a hacer aburrida, ¿qué es lo que haré entonces, Seijuro? —habló Haizaki con desdén, picándose detrás de la oreja.

—El humano con el que viste a Daiki, destrúyelo —finalizó Akashi, incorporándose.

—Entiendo tu sentir de la ley de este mundo, Akashi-kun, pero no puedes ir y matar a un humano así como así, porque los humanos no se rigen por tus reglas —dijo Kuroko con firmeza y seriedad, para nada de acuerdo.

Midorima le miró casi impresionado, no por nada lo respetaba tanto—aunque no lo dijera—, pues aparte de ser el segundo más poderoso de los seis, era capaz de enfrentarse al pelirrojo sin intimidarse o si lo hacía, lo ocultaba perfectamente.
Y Murasakibara, simplemente parecía querer irse ya, era demasiado perezoso como para desear meterse en este tipo de discordias con conversaciones sin fin, pero parte de él lo entendía.

Akashi se detuvo y lo miró, como si fuera alguien insignificante. No toleraba que quisieran desafiarle de esa manera, cuando él siempre tenía la razón.

—Es curioso que lo digas, Tetsuya, porque, ¿qué no eso hacemos siempre para alimentarnos; matar a humanos así como así?

—Eso es un caso diferente e incluso podríamos alimentarnos de ellos sin necesidad de ser nosotros los asesinos, Akashi-kun.

Murasakibara frunció el ceño, mostrando su descontento con eso, porque así comer no era divertido; dada su naturaleza, él prefería comer con la acción de la caza.

—Bien entonces. Si a lo que te refieres es que no podemos matar humanos a menos que no sea para alimentarnos, entonces… —Akashi sonrió de forma cruel— Shogo, trae al humano con vida para que sea mi comida en tres días —demandó.

—Hah, seguro —Haizaki sonrió malicioso y se relamió el dedo pulgar—. ¿Puedo darle un mordisco al menos, ya que será para comer? —cuestionó.

—Solo tráelo con vida, aun si le falta un brazo o una pierna —contestó Akashi.

—… —Kuroko frunció el ceño, de verdad que no lo podía creer.

—De nada te sirve hablar, Tetsuya, mis órdenes son órdenes —recordó Akashi con amabilidad seca—. No dejes que tu amistad por Daiki interfiera en tu deber —finalizó.

—Entiendo tu sentir, Kuroko, pero sabes lo que puede suceder si uno se revela contra las órdenes de Akashi —musitó Midorima con aparente indiferencia, incorporándose también.

—Nosotros tenemos el mismo poder y voto también, Midorima-kun —recordó Kuroko viéndole—. Es Akashi-kun el que se toma todas las responsabilidades.

—Eso es porque nosotros mismos decidimos considerarlo como un líder desde el desorden que se armó con la locura que hizo Aomine, ¿o ya lo olvidaste? —inquirió Midorima con el gesto grave.

El peliceleste suspiró.

—Aquello es algo de lo que me arrepentiré en todos mis largos años de vida —masculló.

—Arrepentirse no soluciona nada, Kuroko. Solo hay que afrontarlo y ya.

— ¿Incluso aunque esto termine haciendo infeliz a más de uno? —masculló Kuroko con los labios ligeramente fruncidos. No era ciego como para no darse cuenta de lo que el peliverde ocultaba, porque él podía observar perfectamente las cosas.

Pero Midorima no le respondió y simplemente siguió caminando. Aunque por supuesto que entendía todo esto, lo entendía más de lo que todos se imaginaban.


Kagami estaba regresando al departamento a eso de las siete de la noche y casi se sobresalta al encontrarse al peliazul revoloteando ciertas cosas de ahí, desordenando todo a su paso.

—Al fin regresas —dijo Kagami, con el tono serio, pero sintiéndose aliviado de que el moreno estuviera bien, mas no le duró mucho cuando notó la expresión dura de este, justo como la que tenía al momento en que lo conoció.

— ¿Qué? ¿Ahora resulta que debo pedirte permiso? Ni que fueras mi esposa —se mofó Aomine con una sonrisa acida y jactante.

—Idiota, no se trata de eso —replicó Kagami toscamente y le miró mal—. Solamente estaba preo…

—No te tomes atribuciones que no te corresponden —interrumpió Aomine con desdén y una expresión ceñuda—. Además, te las estás pasando bien, como si estuvieras en tu casa, ¿no? —añadió con sarcasmo.

Kagami frunció notoriamente el ceño con fastidio y resopló.

—Deja esa maldita actitud, ¿cuál es tu estúpido problema, Ahomine?

—Tú eres mi problema, Bakagami —siseó con acidez.

— ¡¿Hah?! ¿Qué demonios tengo que ver yo con esto? —aquella anterior frase hizo que Kagami sintiera cierto dolor en su pecho, ¿tanto le seguía desagradando al lycan, pese a que ya parecía se llevaban mejor? Pero él también tenía orgullo y no se mostraría débil— No te desquites conmigo por lo que sea que te haya pasado.

—No eres la gran cosa como para darte ese honor —repuso Aomine con sorna y superioridad. También empezaba a molestarse por la forma en que el pelirrojo le enfrentaba, pero al fin de cuentas, quien empezó esta vez era él mismo, no tenía por qué quejarse. Sin embargo, tampoco se dejaría, aunque parte de su interior le decía que dejara de ser tan terco.

— ¡Pues si es así entonces deja de comportarte como un cabrón insensible! —exclamó Kagami, irritado.

—Ja, es así cómo soy, Kagami, ¿a penas lo notaste? —inquirió Aomine en un bufido arrogante— Lamento no cumplir tus expectativas como los chupasangres con los que vives —agregó con una sonrisa sarcástica y un tono asqueado.

— ¡No hables así de ellos, idiota, tú no los conoces! —defendió Kagami. Hasta ese momento, ninguno de los dos se dio cuenta que la puerta seguía abierta, aunque tenían suerte de que nadie les estuviera prestando atención.

—Ni me interesa conocerlos. Es obvio para mí que tú solo eres su mascota, su juguetito con el solo se divierten y…

— ¡Cállate de una jodida vez! ¡Tú no sabes nada, ellos son mi familia! —cesó Kagami, utilizando su mano sana para sujetar al moreno de la ropa y verle con amenaza, por mucho que el peliazul le atrajera, no permitía que nadie le faltara el respeto a su familia.

— ¡Ajaja! Eso no se le puede llamar familia, cuando te acuestas con uno, ¿verdad? —se burló Aomine con ganas, despreocupado de la fulminante aura del pelirrojo, ¿qué podía hacerle un humano a él, el mejor licántropo?— Ahora que lo pienso, es asqueroso pensar que te rebajas tanto como para dejarte usar por…

— ¡¿Qué mierda sabes tú de mí vida?! —rugió Kagami— Es más, seguro que hasta ya olvidaste lo que es tener una familia porque te desterraron —añadió con una sonrisa llena de confianza—, ellos podrán ser lo que sea, pero seguramente tienen mejores valores que tú, ya que no están en tu misma situación —y es que Kagami ignoraba el hecho de que todos los habitantes del submundo estaban en el mundo humano porque fueron desterrados.

Esas palabras lograron que al peliazul se le borrara la sonrisa y la ira inundó su sistema por eso, de modo que su ceño se frunció más y sus ojos brillaron homicidas. Le valió mierda que el otro todavía estuviera algo herido de su hombro y lo sujetó de la ropa para estamparlo contra la pared.
Odiaba ser comparado con esos vampiros y sobre todo, que le echaran en cara su castigo, pero más que eso, que fuera Taiga quien le dijera eso, le causó una sensación dolorosa en su pecho. Porque se sintió ligeramente rechazado y de ninguna manera le iba a dar ese honor a nadie y mucho menos a un mundano.

— ¡Cállate, maldita sea! —gritó Aomine con fiereza, en un tono tan amenazante que hizo estremecer al pelirrojo, dejándolo asombrado. Porque ya antes había visto al peliazul fuera de control, pero esto era mucho peor, todo su ser emanaba odio— ¡¿Qué vas a saber tú?! ¡Sólo eres un maldito humano ignorante! ¡No creas conocerme, porque no lo haces ni nunca lo harás! —sus ojos se abrieron de más, formando una mueca sádica y cruel— ¿Y sabes por qué? Porque en mi vida no hay espacio para nadie y menos para alguien tan ingenuo e idiota como lo eres tú —hasta a él mismo le dolió decir eso, pero su orgullo no le permitió echarse para atrás.

El pelirrojo en ningún momento le miró con miedo, al contrario, le veía con furia, con desafío y no dejó de mostrar esa salvaje expresión pese al nuevo dolor que esas palabras le causaron. Aunque en un rincón de su mirada, eso se notó un poco, al menos para Aomine y eso le hizo darse cuenta de lo que estaba haciendo, mas todavía seguía demasiado alterado como para lograr calmarse y cambiar el rumbo de las cosas.

Y es que seguía frustrado y ansioso por lo sucedido del miércoles. Su trabajo de ese día le llevó más tiempo del que esperó, gracias a que no llegó a concentrarse del todo por estar pensando en el famoso casi beso. Al principio negó todo, al principio quiso evitarlo todo, pero no era un cobarde. No obstante, cuando regresó el jueves en la madrugada y se encontró dormido a Kagami, este pronunció un nombre entre sueños que le hizo encenderse de unos tremendos celos que volvieron a regresarlo a su terquedad. Porque justamente el pelirrojo estaba murmurando el nombre de uno de los apestosos vampiros con los que vivía y que aunque no lo conocía, sabía que se trata de aquel que vio en esa foto con el humano hace tiempo, ese mismo que respondía el nombre de "Tatsuya".
Más que nada, por eso Daiki se había desaparecido ese día y parte del viernes para buscar que matar e intentar calmar la ira sin sentido que le embargó por eso. Porque tal parecía que Taiga tenía mucho que ver con ese vampiro como para decir su nombre en sueños y de esa manera; si ese era el caso, entonces, ¿qué demonios era lo que pasó el miércoles cuando casi se besan? Y sencillamente ya no toleraría más malditos líos amorosos, no valían la pena, aunque en el fondo de su alma lo que estaba buscando era justamente esa estabilidad, que no es que la necesitara para salir adelante, pero siendo un licántropo y alguien medio bestia, el amor era importante.
Pese a que lo negara en todas estas décadas por todo lo que vivió, esa era la única verdad.

Y hoy que regresó, al encontrarse su departamento vacío, le asaltó el pensamiento de que quizá ese vampiro había aparecido y llevado a Kagami con él, mismo hecho que le frustró y enojó más de lo normal. Pero aunque no sintió el olor a nada más que el del humano, no se sintió tan aliviado cuando el pensamiento de no querer al pelirrojo cerca de esos vampiros, lo inundó. ¡Estaba siendo demasiado posesivo con un humano, justamente después de que se había dicho que evitaría a toda costa sentir algo más por ese chico! Y resulta que así le respondía su persona.
Además del desconcierto y frustración que sentía porque era un humano el que lo estaba haciendo sentir así de atraído, estaban los celos de imaginarse al pelirrojo con alguien más, sobre todo con ese vampiro.

Kagami no supo ni de dónde sacó fuerza, porque le dio tremendo manotazo al licántropo, soltándose del agarre al que le tenía sometido y aunque le dolió un poco golpear la resistente piel ajena, hizo caso omiso.

—Entonces, haberlo dicho —expresó con dignidad, viendo serio al peliazul, que aunque se sorprendió por la forma en que el otro lo hizo a un lado, no lo demostró—. Yo no dependo de tu compañía, de modo que si es así como piensas, no tengo porque seguir aquí —finalizó dándose la vuelta para salir por la puerta que seguía abierta. Él no iba a estar rogando por nada. Y en el camino, se desinmovilizó su brazo que se lastimó anteriormente para empezar a moverlo mientras corría, porque ya había pasado una semana y su hombro se sentía mucho mejor.

Mientras que a Aomine le embargó una extraña sensación de dolor cuando vio salir al pelirrojo de su departamento. De ninguna manera iba a ir tras él, ¡por supuesto que no! Está vez iba a ser más fuerte, esta vez su voluntad de apartarse de Kagami sería más grande que su instinto y deseo de ir por él. Después de todo, esto era lo que estaba esperando, ¿no?, una oportunidad para poder librarse de ese chico y no enamorarse por segunda vez.

Pero lo que Daiki estaba pasando por alto, es que ya lo estaba.
La barrera de su terquedad y orgullo, eran lo que no le dejaban aceptarlo para poder verlo con claridad y así saber qué hacer.


El pelirrojo no era alguien que se pondría a llorar ni lamentar tras sentir su corazón herido; no era la primera vez que le pasaba eso, ya mucho antes experimento algo similar con Tatsuya cuando este pareció quererse alejar por motivos desconocidos y dado que Kagami no podía permitir eso, lo enfrentó para saber el por qué, pero solo logró que ambos terminaran peleando y bueno… Gracias a la intervención de Alex, ambos lograron platicar y fue donde Himuro le había dicho que empezaba a tener una necesidad más hacía él, pero que no podía permitírsela porque ambos se consideraban hermanos. Y es que Taiga inexplicadamente era alguien imposiblemente atrayente, no solo estaba en su belleza masculina, también en su sangre, por ende tenía varios pretendientes entre los humanos y era considerado una presa para varios vampiros que, obviamente fueron aniquilados tanto por Alex como Tatsuya.

Tras ese inconveniente que pasó con el pelinegro, Kagami en un impulso desesperado, le había besado. Eso desencadenó muchas cosas y la necesidad de sangre que Himuro sintió al principio—que era por lo que se estaba alejando—, fue sustituida por el deseo de entregarse al pelirrojo en cuerpo y corazón completo. Y a sus quince años, su relación cambió para pasar de esa manera, como si fueran pareja, pero sin serlo realmente.
Ellos estaban bien con eso. Incluso aunque los sentimientos—diferentes para cada uno— empezaron a crecer, mas por alguna razón, ninguno creía conveniente el dar un paso más. Porque ilógicamente, no querían dejar de llamarse hermanos aunque su relación no fue exactamente como si lo fueran.

—Desearía que Tatsuya estuviera aquí —suspiró Kagami con el ceño fruncido y la expresión algo ensombrecida por lo sucedido ayer; porque se sentía desilusionado. De verdad que le había hecho feliz pensar que ese licántropo sí podía ser un buen chico y que su relación parecía volverse más cercana.

La noche anterior, se había largado fuera de esa zona peligrosa con solo sus pies. Pese a que no estaba familiarizado con Japón, extrañamente supo ubicarse bien, hasta llegar a un hotel y haciendo uso de las tarjetas de crédito que Alex le había dado, se puso sus moños para rentar una suite. Kagami no se pondría a lamentarse de nada, no era así.
No importaba lo mucho que sentía la tristeza en su pecho y que de alguna manera, parecía que había dejado parte de él al lado del peliazul cuando se fue de ahí. Y ahora parecía necesitar en demasía ese lado.

Pensaba que se calmaría con la tranquila presencia de su hermano, porque él siempre había sabido hacerle sentir mejor con sus palabras. Aunque si lo pensaba mejor, no sería una buena idea, dada la extraña relación de hermanos que mantenían, no podía llegar y decirle "me está gustando un estúpido licántropo, pero indirectamente me ha rechazado". Ciertamente, eso era lo que Daiki había hecho ayer. Y algo le decía al pelirrojo que eso era algo que no debía decir tan fácilmente, al menos no a su hermano.

Pero no podía quitarse de su mente al moreno. Había reaccionado bastante mal por las palabras que le dijo, es decir, ya sabía lo temperamentales que eran los licántropos, pero más que parecer a punto de querer matarlo, Aomine destiló un odio doloroso, eso fue lo que notó en sus ojos por un momento fugaz. Y una vez calmado, al recordar eso, se sintió mal por habérselo echado en cara, porque fue capaz de sentir que ese hecho era algo que todavía lastimaba al peliazul. No supo cómo, pero ahora lo sentía más claro que antes. Con tan solo recordar lo sucedido de ayer, sentía mejor esos sentimientos de dolor reprimidos por el moreno.
No obstante, todavía había algo que impedía que Kagami despertara por completo esa atracción hacía Daiki, esos sentimientos que empezaban a aclararse cada vez más, pero que todavía no eran suficientes y por eso su conexión con él todavía no era tan buena como la que Alex había visto en sus visiones.

Aunque tal parecía tampoco tardaría tanto en formarse, porque justo cuando Kagami salió de la ducha, sintió la alerta en su cuerpo y sencillamente supo que Aomine lo necesitaba. Por ende, una vez se vistió, salió corriendo de ahí.
Ahora no pensaba, de tan solo haber tenido aquella sensación, no dudó para analizar si era verdad o solo era algo sin gracia y simplemente salió del hotel, olvidando todo lo negativo que había sucedido ayer.

Porque sencillamente, sí era algo que tenía que ver con Aomine, no podía negarse. Su instinto lo llevaba a él como la fuerza de atracción que ejercen dos imanes, aunque luego saliera lastimado.


Por su parte, el licántropo de cabellos azules se había sentido completamente mal. Desde que Kagami se había ido del departamento, ahora todo le parecía jodido y frío, un lugar mucho más aburrido de lo que era antes de que llegara el chico.
Pese a que ayer se decidió firmemente a no salir a buscarlo, porque además ya estaba mejor, ahora no podía lidiar con la ansiedad. Y sobre todo, sentía que algo le faltaba, que algo se había ido cuando el pelirrojo salió por esa maldita puerta, y esto no era algo fácil de ignorar.
¿Qué mierda era lo que ese humano le estaba haciendo? ¿Por qué la lucha con su oposición no era suficiente? Este tipo de necesidad, este tipo de atracción no se asemejaba con nada, no había sentido nada igual, pese a que ya antes se había enamorado.
Ni siquiera tenía espacio en su mente para comparar, aunque tampoco es que lo fuera hacer, porque sería demasiado patético y cobarde. Sin embargo, su instinto sabía diferenciarlo, del mismo modo que se diferencia el sol y la luna. Solo que lo que Kagami estaba empezando a significar, daba a entender que era ambos. O algo mucho más que eso.
Aomine se estremeció y las barreras de su corazón lo hicieron con él, parecía como si un terremoto le sacudiera todo su interior. No sabía cómo pararlo y empezaba a desesperarse, ya no solo porque no comprendía esto, sino porque necesitaba saber que estaba haciendo ese estúpido pelirrojo y como estaba. Incluso aunque hubieran terminado en malos términos ayer, quería verlo ahora y eso que solo había pasado un día.

El recuerdo de Kise todavía estaba ahí, sus sentimientos seguían ahí también. Pero parecían estar siendo eclipsados y la facilidad con que eso estaba pasando, asustó al peliazul.
Tal parecía que no era que estuviera sustituyendo esos sentimientos, más que nada, su corazón latió con tal energía que Aomine supo que eso estaba superándolo por completo. Pero, ¿desde cuándo si no hacía mucho apenas notó que empezaba a hacerlo? ¿Acaso la superación empezó mucho antes de lo que él creía? ¿Por qué? ¿Y cómo es que no se dio cuenta?

El moreno jadeó, como liberándose y se sentía… no encontró palabra para definir como se sentía. Pero para él todavía era demasiado pronto, todavía, porque no era posible que estuviera desprendiéndose así del recuerdo de Kise, ¡no era posible! ¡¿Por qué si en un siglo no pudo hacerlo, ahora parecía que incluso ya lo había hecho?! Sobre todo, porque Aomine no dependía de nada para hacerlo, sino lo había hecho antes era porque no quiso y ya, porque aunque le doliera y sintiera odio, era un amor difícil de desprenderse. Y para nada aceptaba que era por Kagami. Él no dependía de otras personas para eso y no era posible que esa magnética atracción que sentía por el pelirrojo fuera la causante.

Frustrado, el peliazul decidió salir a matar algo, ya que hoy la alarma no sonó. Así que vestido con sus jeans y una camiseta, salió al barrio, caminando por los callejones más peligrosos para ver si había algo de acción. Por supuesto que todavía recordaba la que le debía esos vándalos aquella vez que quisieron vengarse usando a Kagami, pero sentía que si hacía algo ahora, era como si se contradijera de lo que se negaba a aceptar.

Y justo cuando creyó no había nada interesante, un maldito olor familiar se hizo presente y a lo lejos, escuchó esa voz que tanto odiaba.

—Heh, Daiki, cuanto tiempo —saludó Haizaki, pese a que estaban a más de quinientos metros de distancia.


Creo que ha quedado en una parte crucial o no sé(?) xDDDDDDDDDDDD.

Probablemente a partir de ahora Haizaki será odiado, pero… Ay, no sé, yo lo amo, pero no había persona perfecta más que él para este papel :v.
Igual no se torturen por esto ahora, que todavía falta lo peor… okey, no x'D.

¡Me encantaría saber que les pareció este capítulo! ovo, no sean tímidos y anímense a dejarme su opinión x3

No tengo mucho decir más por aquí, pero aquí les dejo el Spoiler del próximo capítulo:

[…] Shogo no le dio importancia a eso, después de todo, solo era un humano y ya no tenía su arma ahora, añadido que la plata nada le hacía.

—Mataré a este humano frente a tus ojos, Daiki, disfruta el espectáculo que luego iré por ti —dijo malicioso, acercándose al pelirrojo.

—Mierda, Kagami… —siseó Aomine, intentando sentarse al menos. Pero todavía era muy pronto para que sus heridas sanaran; esto no lo iba a matar, mas estaba completamente débil.

El cabello rojo del pelirrojo cubría parte de sus ojos y su cuerpo temblaba con fuerza, como si fuera a convulsionar. Sentía como su sangre parecía cambiar, como si algo en su interior empezaba a cobrar vida.

[…]

Cuando se dio cuenta de su verdadero sentir por el peliazul, aquello que se retenía en el alma de Kagami, salió disparado, llegándole como la bola de una grúa contra una pared.

Y entonces, rugió.