Capítulo 11. Caminos que recorrer
El aire que entraba por la ventanilla azotaba la cara de Nida mientras conducía a toda velocidad un compacto 4x4. Aunque no se arrepentía, el joven SeeD no estaba muy seguro de cómo había acabado allí sentado con dos brujas en los asientos traseros.
Mientras el vehículo azul mate avanzaba un grupo de cocatoris, Nida se obligó a recordar cómo había pasado todo.
Tras el choque del Jardín contra las montañas de Yaulny se había producido un gran jaleo, había muchos heridos, aunque por suerte no se había tenido que lamentar ninguna baja, y grandes destrozos, el patio y la zona de entrenamiento había quedado completamente bloqueados.
Una vez se coordinó todo el mundo y sabiendo que los motores del Jardín no se podían reparar de momento, Nida había sido enviado en labores de rescate y ayuda en la zona de los dormitorios.
Tras unas horas ayudando y mientras buscaba más heridos en las habitaciones, se encontró con Quistis y Amanda junto a la otra bruja, Anatema, en el cuarto de Dederian. La mujer mayor y la instructora estaban enzarzadas en una acalorada discusión, mientras, Amanda rellenaba una maleta con cosas que encontraba en el caos de la habitación. Al parecer Amanda había decidido ir en busca de Dederian pero Quistis se oponía.
Antes del impacto Squall había intentado forzar a Nida a tomarse un descanso y todavía estaba algo resentido, además, la sensación de haber perdido a su mejor amigo, le hizo decidir irse sin pensarlo.
La unión de Nida al grupo dio a Anatema un nuevo argumento para rebatir a Quistis que, finalmente, desistió. La noticia de la marcha de Nida no gustó a los dirigentes del Jardín, pero el hecho que el Jardín no se pudiera mover y que acabaran de intentar forzarle a coger una baja le dio la razón al SeeD.
Aunque Nida se unió al grupo de Amanda y Anatema, Quistis, como instructora y alto cargo, no podían abandonar fácilmente el Jardín. Pese a ello, consiguió que el Jardín suministrara el vehículo y víveres para el viaje. Y así, en menos de veinticuatro horas, Nida había acabado en medio de una pradera conduciendo un 4x4, dirección a Timber, la ciudad más cercana.
Mientras Nida permanecía sumido en sus pensamientos, Amanda y Anatema tenían una conversación atrás.
- Hay que ser prudentes. – Decía la mayor de ambas. – Estoy de acuerdo en buscar a tu caballero, pero no debemos dejarnos ver demasiado, tenemos que recordar que el Renacimiento de Xian sigue tras nosotras.
- Eso ya lo sé. – Contestó Amanda con un tono seco.
La joven bruja todavía presentaba un aspecto demacrado, ojeroso y de cara blanquecina, resultado de dos semanas de mal sueño y sin apenas comer. Vestía con las ropas que le había recomendado Dederian, lo que parecía tanto tiempo atrás, cuando le enseñaba a luchar: una camiseta corta ajustada, un chaleco sin mangas y uno tejanos por encima de la rodilla.
A su lado, Anatema continuaba con su incesante análisis de la situación. Ella llevaba puesto un vestido largo y gris destinado más a ser cómodo que hermoso y que, con unos cuantos remiendos visibles, parecía gastado y antiguo.
- Tampoco deberías llevar eso arriba y abajo. – Dijo señalando el regazo de Amanda donde reposaba, envuelta y atada en un trapo marrón, la espada que Dederian había dejado tras de sí en la persecución de sus captores.
- Eso no es discutible. – Contestó tajantemente Amanda recogiéndola y apretándola contra su cuerpo. Anatema, sin embargo, parecía dispuesta a discutirlo pero la mirada de la joven bruja le indicó que por mucho que insistiera no iba a conseguir nada, así que cambió de tema.
- Está bien. ¿Entonces qué plan tienes para encontrar a tu caballero? – Preguntó observando distraídamente por una ventanilla como un wendingo intentaba avanzar al coche.
- Oh. No tengo ningún plan. – Dijo sinceramente Amanda.
Sorprendida Anatema se volvió hacia ella.
-¿Cómo que no tienes ningún plan? ¿¡Piensas dar vueltas por el mundo hasta que lo encuentres!? – Dijo casi histérica.
- Sí. – La respuesta fue simple y directa.
Anatema parecía a punto de explotar. Era una mujer extraordinariamente previsora y planificadora, y la idea de buscar a un desaparecido sin, como mínimo, una idea aproximada de por donde empezar, le parecía impensable.
De pronto Nida, que estaba escuchando la conversación desde delante, creyó oportuno intervenir.
-Oye, Amanda. – Interrumpió. - ¿No nos dirigimos a Timber capital, verdad?
La joven periodista se incorporó sobre su asiento para asomarse a la parte delantera.
- No. – Contestó dándole la razón.- Nos tenemos que dirigir a esas montañas de allí. – Siguió señalando una sierra. – No está demasiado lejos de la capital.
- ¿Y se puede saber por qué? – Saltó Anatema, con un tono sarcástico. Amanda volvió a sentarse.
- Porque hay una pequeña casa de madera donde pasamos un tiempo entrenando hace poco.- Con esa respuesta clarificadora Anatema no pudo replicar y simplemente calló y miró a Amanda con rabia.
Unas cuantas horas después, el coche ya avanzaba entre los árboles en un camino sin pavimentar. Nida seguía al volante y Anatema miraba por la ventanilla mientras Amanda estaba enfrascada con su ordenador portátil, tecleando a gran velocidad.
De pronto la bruja mayor dio un respingo señalando hacia delante, por encima de los árboles que se veían a lo largo del bosque. Amanda y Nida dirigieron su mirada hacía el lugar descubriendo un fino hilo de humo.
- ¡La casa está en esa dirección! – Gritó Amanda. - ¡Acelera, Nida! ¡Le hemos encontrado! – Sus compañeros no se sobresaltaron por su efusividad, pero ninguno de los dos estaba seguro de las emociones que cubrían el rostro de Amanda.
Antes de que el vehículo se detuviera Amanda ya había saltado por la puerta y corría hacia la pequeña cabaña de madera.
-¡Dederian! ¡Dederian! ¡Sal! – Gritaba en su carrera.
Bajando aún del coche, Nida y Anatema la observaron entrar por la puerta a toda velocidad. Con aparente tranquilidad la bruja y nerviosismo el SeeD ambos comenzaron a dirigirse al edificio.
A los pocos segundos de haber entrado, Amanda salió un poco perpleja.
-No hay nadie. – Dijo estupefacta.
-Debe estar por el bosque. –Señaló con obviedad la otra bruja. – Si no, la chimenea no estaría encendida. No tardará en llegar, será mejor que esperemos dentro.
- Tal vez podríamos…- Comenzó a decir Amanda, pero Anatema la interrumpió.
-Eso sería absurdo. No sabemos en qué dirección ha ido ni cuan lejos. Lo más sensato es esperarle aquí.
Amanda asintió algo alicaída y los tres pasaron al interior de la cabaña.
Un par de horas después los tres estaban sentados alrededor de una mesa de madera bastante desgastada con una taza de té cada uno.
- Está tardando bastante. – Dijo Nida tímidamente mientras se calentaba las manos con su taza. Ya había comenzado a anochecer y por la casa se extendía una corriente de aire frío que le estaba helando.
- Bueno, estoy segura que no esperaba visita. – Contestó Anatema. – Pero acabará apareciendo.
Amanda se levantó por novena vez en diez minutos a mirar por la ventana que daba a la entrada. No vio más que árboles y tierra.
Tras mirar a su alrededor sin saber que decir, Nida dio un sorbo al té.
- Ummm. Un té delicioso, señora. – Acabó diciendo.
Anatema, que estaba mirando con curiosidad la distribución de los pocos muebles de la habitación, se giró hacía él.
- Gracias. – Contestó secamente. – Es uno de los pocos placeres de los que disfrutaba durante mi reclusión en Melcino. Aunque prefiero el té negro, la verdad, el té verde no me sabe ni la mitad de bien.
De pronto Amanda se giró hacia ellos.
-¿Has dicho té verde?
Anatema y Nida la miraron con extrañeza. – Sí. – Contestó la bruja con recelo.
Los ojos de Amanda se movieron brevemente de lado a lado mientras repasaba sus recuerdos. – Sin duda… - Dijo murmurando, antes de levantar la cabeza hacia ellos de nuevo.
En un destello mental Nida también cayó en la cuenta y la miró con los ojos muy abiertos.
Ambos lo dijeron a la vez:
- Dederian no soporta el té verde.
De pronto la puerta de la casa se abrió con un quejido.
[Fin del capítulo 11]
