Capítulo XII

Arrojó la chamarra al suelo, ni siquiera se había dado tiempo de prender las luces, y poco le importó si estaba o no vacía la duela, se sentó a la orilla de la cama a reflexionar cada minúsculo momento. Se sentía herido, completamente devastado. Bien, justificaba el anhelo del futuro y las grades aspiraciones que tenía, pero no daba crédito a la superflua y frívola mujer que contemplaba en Anna. No encajaba con la chica que visualizaba, de la que tiernamente se había enamorado. Como si la ilusión se hubiese desvanecido en el aire, dejándole en la nada.

Era como bajar del cielo al infierno de un solo salto.

Cerró los ojos y abrazó sus rodillas en claro símbolo de cobijo. Trataba de tranquilizar su mente, pero todas sus decisiones parecían no tener el peso necesario para mantenerlo a flote. Sus abuelos le exhortaban a terminar la universidad en Estados Unidos, tenía tiempo residiendo en este lugar, entonces… por qué no se sentía satisfecho. Por qué no se sentía parte del ambiente. Incluso rogaba por regresar a Japón, pero volviendo no le esperaba nada, sólo un futuro incierto.

Lentamente escuchó la puerta abrirse. Cierto, temporalmente estaba compartiendo habitación. Su mirada siguió al sujeto que entró con dos generosas mochilas. Escuchó cómo se despedía y el murmullo de una felicitación. Se incorporó para ayudar a cargar los bultos, pero cuando Chocolove giró palideció de inmediato.

—¡Yoh! —exclamó soltando todo cuanto llevaba en la mano.

Sonrió, mientras tomaba su equipaje del suelo.

—¿Esperabas a alguien más?

—¿Eh? No, no, cómo crees. Además es tu cuarto—dijo avergonzado de su torpeza—Es sólo que pensé que no llegarías a dormir.

—Oh… eso—recordó la amarga cita con Anna—Tampoco era para quedarse toda la noche en la calle.

Y no llevaba una doble intención, más allá de salir a charlar.

Caminó hasta dejar la mochila a un costado de su cómoda. Notó de inmediato un gesto de extraño nerviosismo en su amigo mientras trataba de esconder un disco debajo del colchón. No preguntaría si no estaba dispuesto a confesarle su fechoría.

—Saliste con Horo Horo.

—Fuimos por mis cosas, ya sabes, tuvimos que hacerlo a la mala.

—¿Y hacerlo a la mala que implica hacer? —cuestionó con curiosidad.

Su mirada reflejaba un ligero toque de seriedad. Pero después del problema que tuvieron para evadir a los matones, lo que menos quería era involucrarlo más de lo que podría ser obvio. Sin embargo, ocultarle la información tampoco lo salvaría si venían a buscar la evidencia de los videos privados de Peyote.

—Ya sabes, entrar de contrabando—se limitó a contestar con más tranquilidad—No podíamos hacerlo por la puerta principal, así que lo hicimos por el cuarto de Peyote.

Asintió pensativo, tratando de procesar la información que Chocolove le dictaba, pero algo no le cuadraba.

—Bueno, eso no me parece mal, yo diría que las circunstancias los obligaron a ello, pero porqué dices que lo hicieron a la mala. ¿Acaso hay algo más que estés ocultando? —inquirió inspeccionando las maletas en el suelo—¿Algo robado?

—Bueno… no exactamente robado, cambiamos el disco de su audición—confesó algo atareado—El Bandslam, ya sabes, como ellos hicieron el año pasado que nos dejaron fuera.

Por supuesto, recordaba a la perfección el incidente y cómo habían ganado con la composición de Horo Horo. Su amigo no cabía en sí después de semejante barbarie contra su autoría, pero pensaba que el problema estaba saldado porque poco podían hacer en su contra cuando la canción ya había sido registrada.

—¿Y…debo suponer que el demo original está debajo del colchón?

—¿Qué? ¿Cómo te diste cuenta? ¿Acaso tienes ojos en la espalda? —replicó sacando el material de la cama.

Sonrió y extendió su mano para obtener el cedé. Parecía contener más de un compacto en la caja y con mucho pesar Chocolove se lo entregó.

—Tranquilo, puedes confiar en mí.

—No es que no confíe en ti, Yoh—resopló en voz baja—No quiero involucrarte directamente y que después ellos te golpeen o cosas peores.

Comprendió que aquello iba a cosas mayores.

—Tranquilo—dijo acercándose hasta palmear su hombro—De cualquier manera, pueden contar conmigo.

—Es una grabación de Peyote teniendo sexo… con dos hombres más.

—¡Qué! —exclamó sin creerlo.

Pronto se vio bloqueado por Chocolove que había reaccionado para acallar sus gritos exagerados.

—Cállate—murmuró en advertencia—Si se entera, nos van a matar, qué te digo matar, nos van a descuartizar. Ellos de por si sabrán que entramos, lo saben. Pero es la única manera en que lo vamos a tener controlado. Con este disco, olvídate de sus malos tratos, olvídate de la mala vida.

Quitó lentamente la mano de su amigo y le miró preocupado.

—No es la manera.

—Horo Horo dijo que dirías eso.

—No, es que hablo en serio. Te sacaron del edificio, no te permitieron sacar tus cosas, son personas más grandes y no sé con quién andarán—objetó en voz baja—Hao me dijo que eran tipos de cuidado.

—Lo sé, yo mismo era un tipo de esos.

Por supuesto, tenía en cuenta esos detalles, pero aún así no dejaba de ser peligroso hablaba de ligas mayores cuando se hermano le relataba la clase de criminales que suponía eran. No había datos concretos, pero tenía mala espina de todo el embrollo.

—¿Y Horo Horo va a subir esto a internet?

Asintió con un gran suspiro.

—Sé que no quieres ser parte de esto y lo entiendo, créeme, yo tampoco me quisiera meter en más problemas, pero lo hicieron personal y no me refiero a lo del concurso, sinceramente eso me vale mierda—confesó el moreno—Tuve que dejar muchas de mis cosas, un lugar en el que ya me había adaptado. ¿Sabes cuántos caseros te permiten vivir en una residencia estudiantil con mis antecedentes? Quizá hasta le dijeron mentiras, yo qué sé, pero no me será fácil encontrar dónde vivir y no me alcanza para pagar la residencia, ya ni siquiera sé si me alcanzará para la cuota de la universidad pública, ¿puedes imaginarte cuán jodida está mi situación?

Exhaló con pesadez y se sentó a su lado, por supuesto que entendía el problema.

—¿Me creerías si te digo que a pesar de lo difícil que suene todo esto aún así debes tener esperanza? —pronunció sereno.

—¿Esperanza? —cuestionó irónico—Yo hace mucho que dejé de tener esperanza. Tú tienes becas deportivas, una familia que te apoya, vives muy bien, por supuesto que tienes esperanza, sueños….

—Chocolove, tienes salud—puntualizó mirándolo—Y yo sé que aquí hay racismo todavía, que tus antecedentes no te ayudan, pero si decides ir por este camino, y confrontarlos con las mismas mañas entonces no vas a salir adelante. Eres muy inteligente, quizá no eres el mejor en la clase, pero llevas bien los estudios, puedes trabajar medio tiempo, eres americano. Yo te puedo acompañar a los lugares que quieras alquilar, puedo dar mis referencias, yo metería las manos al fuego por ti porque sé que eres responsables, y qué si estuviste un año en la correccional, eso no te hace peor persona.

Sonrió y bajó el cabeza, avergonzado.

—Tienes razón… creo que no suena tan mal la situación si lo pones en esos términos.

—Además, puedes quedarte el tiempo que quieras, ni siquiera necesitas irte a otro lado a rentar.

—Cómo crees—dijo apenado—Además a Anna no le va a gustar compartir habitación cuando se quiera quedar a dormir aquí.

Apretó sus labios con la sola mención, incluso cuando le miraba preocupado al ver que en efecto el espacio no era el adecuado para más personas. Se sorprendía de la confianza que tenía en él para dar por sentado que ella y él eran pareja.

—Pues… eso… no se concretó.

—¿A qué te refieres con que no se concretó? —cuestionó mirándolo extrañado—¿No me digas que con todo y que está embarazada se dio el lujo de rechazarte?

Sonaba peor cuando lo traducía a palabras.

—Sí, no quiere nada conmigo, me mandó a la friendzone—respondió con seriedad.

—¿A la friendzone? No creo, conociendo a Anna te mandó al diablo—dijo con un ademán de manos nada agradable—Pero no la entiendo, te busca ¿y luego te dice que nada de nada? ¿Para qué te llamó, no era más fácil decírtelo en el pasillo de la escuela?

Apretó su puño, ni siquiera quería recordar todas sus palabras. Cerró los ojos tratando de tranquilizarse.

—No es nada personal, pero si no quiere nada contigo entonces por qué no dejas de estar de rogón—dijo directamente—Personalmente, sabes que no es muy mi amiga, pero sinceramente con todo lo que dicen de ella, a mí no me parece que valiese la pena insistir tanto, brody. Te quiero y te aprecio, por eso te lo digo.

—Sí…

—Le ofreciste tu ayuda de buen modo, digo, cualquier patán la hubiese mandado al diablo. Tú insististe, incluso por cosas que nadie quiere a esta edad —razonó Chocolove al verlo pensativo—Es simple, no le gustas, y no quiere vínculos contigo. Siguiente, amigo, no te estanques, ya lo hiciste todos estos años.

Suponía que tenía una ligera esperanza, algo en su mirada le denotaba que no estaba tan perdido, pero era obvio que sus intenciones iban más allá del plano sentimental. Incluso consideró regresar, después de todo le preocupaba que se fuera sola a casa a tales horas de la noche, mas fue su orgullo el que le obligó a desistir. Ya era suficiente, quizá Manta tenía razón. Quizá Hao había ganado como se lo había presumido, después de todo qué podía esperar cuando todo era en su contra. Nada. Tal vez era mejor dejarla hablar diplomáticamente como tanto deseaba, saber qué deseaba en realidad con esa salida y no confrontar esta situación que parecía no tener buenos resultados.

—Créeme, no es la única chica en la escuela. Piénsalo del lado bueno, te libraste de las obligaciones, incluso ya te la cogiste, le ofreciste algo serio y lo rechazó. No te quiere, puedes hacer de tu vida lo que quieras sin tener que rendirle cuentas.

—Lo sé, es sólo que… me es muy difícil dejar de quererla de la nada—confesó mirando al moreno—Sé que hice las cosas mal, pero lo quise rectificar, ¿acaso eso era malo? Digo, tampoco soy el mejor partido… pero creí cuando nos vimos la primera vez que teníamos algo especial. Lo sentí y lo percibí mucho tiempo.

—Pues evidentemente ella no lo siente— mencionó con dureza— Además, eso no existe. Lo sientes y punto. No es una conexión ni nada. Si de verdad hubiese existido esa atracción, sería tu novia y quizá no estarías en estos problemas pensando en cómo apoyarla. Debes entender que si no quiere, no la vas a poder obligar.

—Entonces debo portarme como un patán, ¿ignorarla? ¿Pretender que yo nada tuve que ver en el embarazo?

Ambos callaron sin dar una clara afirmación, pero que evidentemente flotaba en el ambiente. Chocolove suspiró cansado, era un caso complicado, pero ya le habían dado vuelta mucho tiempo sin llegar a algo concreto.

—Yoh, tienes a una chica linda detrás de ti—relució con una pequeña sonrisa—Si Anna ya te mandó al diablo, creo que deberías buscar otras opciones.

Enarcó la ceja algo extrañado por el consejo.

—¿Hablas en serio? ¿Cómo podría salir con alguien más estando Anna en esa situación?

—¿Ves? ¿Ves a lo que me refiero? ¿Por qué carajo piensas en Anna? Anna ya te dejo claro que no eres su prioridad, no pintas para nada en su vida, y eso que tú la embarazaste—dijo señalándolo— Olvídate de Anna, si no quiso es su problema, tú ve, sal, diviértete con Tamiko. Después de tantos años enamorado de una chica que no te corresponde, ¿no crees que tienes derecho de disfrutar de una relación con alguien que sí te quiere? Piensa en ti.


El reverendo problema era que no tenía justificación. Todo se había salido de control y encima había tenido que pagar el taxi de regreso. Su vestimenta no le inspiraba a tomar el riesgo de irse en transporte público, menos en la zona en la que habitaba. Horo Horo no había respondido a su llamada y Ren estaría muy ocupado adelantando trabajos extra para desocupar el fin de semana. Lo que le recordó que tenía que cancelar la cita, de ninguna manera iba a salir con todos, especialmente si Yoh estaba presente, lo que menos quería era verle la cara.

Para su tranquilidad no había nadie en la sala del departamento, ni una sola luz prendida en el pasillo. Meditó rápidamente las actividades de todos sus compañeros, sin recordar si había una fiesta en algún sitio cercano a la universidad, donde eran invitados con frecuencia a fiestas con chicos más grandes debido a la cercanía de las fraternidades. Matti y Kanna eran dos de las más chicas asediadas, no duda por un instante que estarían a disposición de tiempo de ellos.

Suspiró y abrió su habitación. El desastre que había dejado antes de partir no la alentó a descansar. Tampoco es que pensara en pasar la noche en otro lado, de cualquier manera tenía que llegar a limpiar y acomodar ropa y zapatos de nuevo en el clóset. Sin embargo, esta vez sólo se limitó a apilar los vestidos en la silla cercana al escritorio y apartó los zapatos de su camino. Dejó su bolso de lado, así como su abrigo, su estómago aún gruñía de hambre cuando se recostó en la cama.

Permaneció varios minutos callada, sin saber qué más maldecir. Sus planes se habían ido por la borda, pensando que tenía seguro su participación en el evento. Ni siquiera tenía ánimo de levantarse a preparar un emparedado. Odiaba que sus acciones hubiesen llegado hasta ese extremo. Cómo es que había terminado embarazada y con un grave problema emocional entre dos hermanos peleándose por ella. Aludía que el embarazo comenzaba a hacer estragos en su estado anímico, porque comenzaba a sentirse bastante vulnerable al respecto. Apretó los labios, tratando de calmar su incesante corazón. No era justo, bajo ninguna pauta. Ni Hao ni mucho menos Yoh tenían derecho para decidir en su vida.

—Esto es demasiado, acabo de gastar parte de mi mesada en algo que no valía la pena—pronunció finalmente con amargura.

Si conseguía llegar a final de mes absuelta de deudas se daría por buen servida. Aunque tenía como segunda opción el apoyo de Fausto, pese a su precaria forma de vida. Se levantó y buscó en el interior de su bolsa el móvil, debía realizar esa llamada antes de que el reloj marcara la una de la mañana. Rápidamente buscó el número de Tao, más le valía no ignorar su llamada de nuevo. Hasta que finalmente el tono dejó de escucharse y el cronometro comenzó a correr.

—¿No te parece que es demasiado tarde? —escuchó molesto su voz.

—Para tu mejor amiga, nunca será demasiado tarde, Tao—objetó sentándose en el suelo.

Y suspiró con pesadez.

—Sólo llamaba para decirte que no iré a tu reunión.

Varios segundos de silencio transcurrieron. Era tonto preguntar si estaba del otro lado de la línea, porque el tiempo seguía su curso, sólo no esperaba el sepulcral sigilo.

—Tus planes no salieron bien y no quieres ver a Yoh— dictó finalmente—No es cosa de Yoh, es cosa mía, así que mañana te veré a las once donde acordamos.

—Ren, si estoy llamando es para anticiparte que no iré.

—Y yo te estoy diciendo que no me importa—respondió rápidamente —¿Tan mal salió esa "reunión"?

Odiaba el tilde sarcástico en aquella oración, pero lo justificaba.

—Es un idiota. No te lo imaginas, me gritó y dijo cosas…. ¡arg! ¡Ni siquiera vale la pena recordarlo—vociferó realmente fuera de sí, necesitaba sacarlo aunque fuese con él— Traté de estar en los mejores términos con él, le propuse que fuéramos amigos, le di las mejores opciones y las rechazó. ¡Encima ha exigido la custodia!

—Suena caótico—admitió sorprendido mientras acomodaba los libros en el escritorio—No imagino a Yoh fuera de sí, pero….

Sabía a qué se arriesgaba con decírselo, o más bien con reiterárselo. Para ambos, la cuestión no era precisamente ajena.

—Oh no, ahórrate tus palabras.

—Yo te lo dije, Anna—dijo sin importarle su negativa—¿Qué no te lo dije cuando mencionaste esta cita?

—¡No era una cita!

Sonrió y se sentó en la cama, tratando de no soltar una maldición. Lo venía vaticinado desde hacía tanto tiempo, suponía que la explosión de Yoh derivaba de muchas más cosas, y que esto había sólo colmado su excelsa paciencia. Propios y extraños podían tener una visión diferente, él sabía bien que sus intenciones estaban disfrazadas para suavizar la relación con el castaño y poder pedirle aquel favor, pero era totalmente innecesario. Sabía que el castaño accedería sin tanto embrollo, sólo bastaba con ser directa.

—Dirás lo que quieras, pero para qué tanto misterio—dijo sin un ápice de bondad—Me hiciste llevarle un menú, invitarlo, cuando fácilmente pudiste haber platicado con él en la cafetería de la escuela después de las practicas. Pero no, la señorita le envolvió el misterio, hasta tenía cierto aire de romanticismo. El lugar donde se conocieron… ¿quieres que siga o ya te das una idea de por qué pensó que se jugaba contigo a otra cosa?

—¡Ese no es el punto!

—Claro que es el punto, él pensó que estabas buscando algo para solucionar su relación—argumentó tomando su frente—Y casi estoy seguro que ni siquiera le dijiste bien lo de la adopción, que lo mandaste al diablo y que sólo te abocaste en eso del Festival de Navidad.

Roló los ojos fastidiada al recordar ese pequeño detalle.

—Ni siquiera me dejó decirle, quería saber del embarazo—respondió apretando su puño—Él fue el que mandó al diablo mis buenas intenciones, le dije que fuéramos amigos y que no se preocupara de los engendros.

—¿Le dijiste que eran dos?

—No, por supuesto que no—dijo horrorizada—Se aferraría más a ellos.

No quería siquiera pensar la posibilidad de que él pudiese efectivamente luchar por esos niños, porque no sólo arruinaría sus planes, sino que tendría que pelear con ellos también. No deseaba que después de todos los tragos amargos y las situaciones tan adversas a las que la estaba sometiendo, él fuera tan feliz como si nada. No lo merecía, ni de broma.

—Da igual, de cualquier forma, no lo necesito. Voy a presentar mi participación sola, y seguiré con el plan. Lo único que quiero es que esté lo más lejos posible de mí.

—Bien… entiendo eso—contestó más tranquilo—Pero que eso no te limite a realizar todas tus actividades.

Era complicado, más teniendo un sinfín de ocupaciones en común.

—Pues… tendré que renunciar a muchas de ellas—retomó tan serena como pudo—Y enfocarme en el pase a Stanford. Tendré que dejar la banda y veré si puedo integrarme a otros equipos, comparto casi todas las clases con él. Pero respecto a tu invitación de mañana. Olvídalo.

Nuevamente el silencio prolongado se hizo presente, pese a su renuencia, debía entenderlo. Para nada estaban las aguas calmadas con Asakura y sólo arruinaría la reunión.

—Debes ir, he estado contigo en situaciones malas, me la debes, como me debes tantas cosas—espetó con dureza— Jeanne quiere conocerte.

—Como dices, siempre podemos tomar un almuerzo en la cafetería de la escuela.

No hablaba en serio. Es Anna Kyouyama, claro que hablaba en serio.

—Literalmente, no digas estupideces— respondió tratando de contenerse— Te he hecho favores y favores grandes. Y con todo lo que se dice de ti, para mí es importante que convivas con mi novia. Ella no te conoce y quiere hacerlo, no quiere preocuparse de toda esa sarta de rumores.

Comprendía su postura, pero era irrelevante hacerlo mañana o en una semana.

—¡Son tonterías!—cortó tajante—Tú sabes la verdad, no sé por qué tanta inseguridad con estas cosas. Hemos sido amigos mucho tiempo, acabo de romper una relación, no sé por qué tanto drama si estoy o no contigo.

—Pues porque tienes una fama de mierda, ¡entiéndelo!

—Y ya te dije que ese no es mi problema, yo no vivo de lo que dicen los demás. Y si Jeanne no confía en ti entonces no merece tenerte de novio.

Bufó cansado de traer a colación un tema tan recurrente. Ante todo, trató de serenarse, no era la primera confrontación que tenía de esa índole, pero sin duda sí una que no llevaba anestesia que amortiguara los golpes.

—¿Tú me hablas de confianza, Kyouyama? ¿Tú? ¿Qué no eras tú quien me decía que tenía que limitar mi contacto contigo? Y todo porque su novio se molestaba por vernos juntos. ¿Y tú me hablas de confianza?

—Era diferente—respondió molesta—¡Tenías un flechazo conmigo!

—Tenía… tiempo pasado—argumentó del mismo modo—Pero te hice caso, me alejé un poco y estuve ahí cuando me necesitaste, prácticamente cuando se te ofrecía. Y había muchas veces en que no me hablabas varios días, mejor amiga.

Mordió con suavidad sus labios. A veces las palabras eran difíciles de olvidar y sí, consideraba que no era la mejor para establecer relaciones cercanas, pero él era lo único importante y constante en su vida.

—Ambos sabemos por qué los rumores tienen cierta parte de verdad. Tú y Horo Horo. Tú e Yoh. Mucho se habló de que tú lastimaste a Horo Horo y sólo jugaste con él. Que nos besamos en alguna ocasión. Y por dios, no olvidemos el rumor que anda corriendo por ahí de que Yoh embarazó a alguien. No sé si te has dado cuenta, pero salvo por ti y otra chica que ya está casi en término casi no tenemos próximos bebés en puerta.

Cerró sus ojos tratando de sopesar tanta información. Para todos sería más que evidente el hecho de que había engañado a Hao con su propio hermano, era cuestión de tiempo para que la verdad saliese a flote.

—¿Tengo razón al pedirte que intercedas por ti? —cuestionó esta vez más suave—Yo sólo quiero que conozca la maravillosa persona que eres, aún con todos tus defectos, eres de las pocas personas que vale la pena tener como amiga.

Suspiro largamente.

—Con tantos antecedentes negativos, dudo mucho que ella me quiera de amiga.

Sonrió con ironía.

—Aunque no lo creas, a veces vale la pena creer en las posibilidades, te podrías sorprender.


En contadas ocasiones se sorprendía de su grado de compromiso escolar, no porque fuese irregular o inconstante, sino por lo centrado que era a la hora de tomar decisiones certeras. Cómo olvidar que todo ese proyecto había partido de él. Fue su iniciativa conocer otro país y vivir en él, estudiar, aprender otros idiomas, deshacerse del yugo materno. Prometió superarse, ser el mejor en el instituto, y aunque estaba en los primeros sitios, nunca cedía cada que podía subir el nivel de sus calificaciones.

Stanford no era ningún reto para él. Sabía que entraría a la universidad de California y podría cubrir el resto de la colegiatura con ayuda de sus padres. Estudiaría Derecho, se convertiría en un gran abogado y pronto se olvidaría de esa sarta de tonterías que inundaban su cabeza esos días. Era probable que conocería chicas más atractivas que Anna, y entonces no perdería el tiempo en más relaciones largas, disfrutaría plenamente de su soltería.

Y cómo marchaban las cosas dudaba mucho que Kyouyama lo siguiese. A pesar de cubrir los requisitos, el término monetario jugaba un papel decisivo. Sin olvidar que en sus condiciones se perdería el curso previo de ingreso. De sólo pensarlo, aunque no quisiera, sonaba a un desperdicio de potencial. Por mucho que estuviese enojado con ella en ese preciso momento, no iba a demeritar lo que era, el mejor promedio de la generación.

Suspiró y dejó en bolígrafo sobre los cuadernos. Cómo odiaba cuando sus pensamientos se dirigían a ella. Detestaba saberse vulnerable ante lo que sentía todavía por la rubia. Eran casi las dos de la mañana, no imaginaba lo ridículo que se veía un viernes por la noche realizando proyectos adelantados de la semana. Pero el maldito insomnio.

—Y todo por culpa del idiota de mi hermano—vociferó realmente dolido—De haberlo sabido jamás lo hubiese ayudado a venir.

Yoh le debía todo. Absolutamente todo y se lo haría pagar con creces, cuando el teléfono comenzó a vibrar. Giró su vista al móvil cuando contempló en la pantalla el rostro de su abuela. Suspiró profundo antes de responder con el altavoz la llamada.

—Tiempo sin recibir tu llamada, abuela—dijo tan solemne como pudo—Pero debo decirte que no es una hora prudente para llamar.

—Pero estás despierto, así que no debe ser tan mala hora—respondió tajante—Sólo quería saber cuándo planeas llegar. Te deposité esta mañana el dinero para comprar los boletos de avión.

—Es sólo una semana, francamente no sé si valga la pena—contestó mirando el calendario—No estoy tan seguro.

Aunque considerando que no los veía desde las vacaciones de verano, podría hacer una excepción. Pero la situación… pasar en familia estaba bien, pasar la Navidad con Yoh, no.

—Tu abuelo ya no está tan joven, en cualquier momento se puede morir, ¿te quedarás con el remordimiento de no pasar una Navidad con él?

Tan directa como ella misma, debía reconocer que mucho de esas cualidades las veía también en Anna y las adoraba. Sonrió por la simple mención, de un intento de chantaje emocional.

—¿De qué hablas? Ese anciano aguantará otros veinte años, creo que es más fácil que me mate yo en el avión de regreso a Japón.

—No digas tonterías y mejor dime qué día van a llegar—negó con mejor humor— El vago de tu hermano rara vez me contesta el teléfono.

Entonces un gran escalofrío recorrió su cuerpo por entero. Había olvidado el pequeño detalle del embarazo.

—¿Hace mucho que no hablas con él? —intentó corroborar la información.

Bufó molesta por la falta de cortesía de sus nietos, más cuando recordó el tardío mensaje de felicitación en su cumpleaños.

—¡Por lo menos unos tres meses! No hemos recibido una llamada de él. El muy ingrato sólo debe acordarse de nosotros cuando necesita dinero.

—Sí, es un idiota….

—Bien, quiero que se lo digas, porque sino tendré que ir personalmente a jalarle las orejas. Al menos sé que contigo ahí, todo marcha bien. No me preocupo por estos detalles porque manejas excelente las finanzas. Sólo no dejes de llamarnos si algo sucede.

Por supuesto, eso haría, pero no con tremendo problema que estaban atravesando. Consideraba que debía manejarlo por su cuenta, de ninguna manera le convenía que ellos le apoyaran para tuviese a los niños. No deseaba bajo ninguna circunstancia que él y Anna afianzaran una relación. Si jugaba bien sus cartas, probablemente pondría la situación a su favor.

—Sí…—dijo pensativo—Aunque ahora que recuerdo…quizá no pueda acompañarme porque tiene un examen previo a la universidad. Ya sabes, tampoco es tan sencillo.

—¿En esas fechas? —cuestionó desconfiada.

—Trámites, ya sabes cómo son—añadió con una sonrisa —Pero… sé de alguien que si está disponible para viajar, y que podría ser una excelente compañía para mí en lugar de mi hermano.

—¿Estás sugiriendo que traerás a Anna en lugar de Yoh? —respondió extrañada.

— Así es, si tú me lo permites, y dado que mi hermano no puede viajar con nosotros, para mí sería un placer pasar la Navidad con mi familia y… mi novia.


Francamente, su mente dibujaba cualquier escenario, desde uno dulce y agradable hasta la total indiferencia. Y no sabía cuál prefería más. Era evidente que los sentimientos de Yoh no cambiarían de la noche a la mañana, sólo le molestaba saber cuán disponible estaba para ella. Cerró los ojos tratando de serenarse, pero era precisamente la razón por la cual estaba sentada esperándolo con antelación hora y media. Sus pies colgaban en la banca de concreto, moviéndose sincrónicamente, tratando de sopesar sus emociones.

Rutherford había labrado muy bien las dudas en su contra. Aunque tampoco podía reclamar nada, porque tan sólo eran conocidos, no llevaban más que una semana de tratarse como algo más que compañeros de aula. Era precipitado lanzar amenazas en su contra, además que no deseaba alejarlo de su lado. No cuando había tenido el valor de hablarle después de observarlo tanto tiempo en silencio.

Suspiró por doceava vez cuando lo vio aparecer en el pasillo. Se sorprendió de verlo una hora antes de lo acordado y al parecer no era la única. Tan pronto llegó hasta ella advirtió su semblante melancólico y una ligera sombra debajo de sus ojos, símbolo de que no todo marchaba bien. Quiso no alegrarse, pero tampoco era el tipo de persona que se regocijaba de la desgracia ajena, más proveniente de él.

—No esperaba que llegaras antes—pronunció al verlo sentarse con un paquete blanco en su mano.

Había escuchado de buena fuente que tenía una dieta estricta en temporada deportiva y por lo que notaba, era una parada obligatoria ir a la cafetería antes de cualquier actividad para los atletas de alto rendimiento.

—Yo tampoco—dijo tranquilo—Pasé por mi ración, Billy nos obliga a comer avena y algunas otras proteínas antes de la gran competencia.

Y aunque todavía sentía molestia, era difícil ignorar aquel brillo de tristeza en su mirada.

—¿Quieres? En realidad, saben bien los panqueques de avena.

—No, gracias, ya desayuné—respondió mirando al campo—Me levanté hace varias horas.

Eran casi las nueve.

—¿Y desde entonces estás aquí? —dijo admirado el castaño.

Sonrió al rememorar lo pensativa que podía ser en ocasiones.

—Te sorprenderías si te digo que a veces mirar a la nada ayuda a no pensar en nada y en todo a la vez

Y con tan bello paisaje, no era tan difícil de lograr. Era la ventaja de estar alejada de los suburbios principales, pero la mala fortuna para quienes tenían que llegar en transporte público, nada económico para el bolsillo de muchos. Sin embargo, el simple panorama le brindaba una tranquilidad que veía difícil de alojar en su corazón. Él se sentó a su lado, limitándose a dejar el jugo de naranja a un costado del desayuno, mientras admiraba el horizonte.

Podía percibir la brisa fría de la mañana pegando en su rostro aligerando el sentimiento contradictorio que habitaba en su interior. Así permanecieron varios minutos, tan sólo escuchando la respiración el uno del otro, hasta que sus dedos percibieron la tibieza de su mano. El simple toque le erizó la piel y giró a verlo. Bastó con ver su mirada para dejar de lado su indiferencia.

—Lo sabes…Sé que debí decírtelo—comenzó tranquilo—Porque sé que tú tienes otras intenciones conmigo.

Mordió sus labios al verse tan descubierta,

—Tú no tienes porqué explicarme nada. Puedes salir con quien tú quieras, además apenas nos estamos conociendo—respondió rápidamente, alejando su mano de él—Sé que Anna y tú tienen bastantes asuntos que arreglar.

—Teníamos…—puntualizó volviendo su mirar al paraje—Yo de verdad quería arreglar las cosas, hacerme cargo, pero ella tiene razón en muchas cosas. Ni siquiera soy independiente, cómo podía ofrecerle seguridad económica cuando ella es lo único que busca después de tantos problemas en su vida. Yo sólo vine a sumar uno más a su lista. Fui egoísta, fui… demasiado impulsivo, estaba ebrio, no medí las consecuencias. Y también sé que no debería decirte esto…

—¿Por qué crees que te voy a juzgar? —contestó suspirando—En realidad, no me enoja esto que dices, entiendo que fue un error. Sé que dirás que no te conozco, pero en realidad sí lo hago, muy a mi manera, te conozco un poco. Y sé que te pesa no poder arreglar las cosas. Tu ideal era estar con ella y hacer lo correcto, porque tú eres así. Siempre piensas en los demás.

Era un lindo pensamiento, más proviniendo de una persona que apenas conocía de unos días y que muy a su pesar estaba escuchando toda su carga emocional.

—Gracias…—pronuncio conmovido—No sabes cómo agradezco tu apoyo para todo.

Sonrió y se encogió de forma despreocupada mientras acomodaba su cabello.

—Sólo digo la verdad—expresó con melancolía—Tú me gustas, es obvio que sé tus cualidades.

—Entonces quizá deberías conocer también mis defectos…—añadió en el mismo tono—No he sido una buena persona estos días. Y viéndolo con más calma, me enfoque tanto en Anna que olvidé hacer algo importante.

—¿Y qué es?

—Disculparme con Hao.

¿Era en serio? Aunque considerando las circunstancias era difícil que no lo hiciera antes, pero podía traslucir en su rostro que aquello no era el punto primordial que deseaba lograr. Suspiró una vez más antes de tomar un fragmento de panqueque.

—Y además, cómo pretendía que me aceptara así de la nada. Ella debe amarlo todavía—agregó molesto, apretando el puño—Fue una… estupidez sobre otra. Le rogué, insistí y fui tan ciego. Evidentemente ella tiene razón. La adopción es la mejor opción para todos. Cómo puedo forzarla a aceptar un bebé que no quiere y una persona con la que no desea estar. Me confundió con mi hermano aquella noche, yo me aproveché de eso, Damuko. No sé cómo puedo dormir por las noches sabiendo que me metí en un lugar donde ya no tenía cabida.

Y cubrió su rostro con una mano. Era evidente que aquellas palabras venían cargadas de tanta negatividad y rechazo hacia sí mismo. Notó cómo su respiración se aceleró y su corazón se detuvo ante aquella imagen.

—Debía haberla olvidado hace muchos años…. En cambio me aferré a ella, busqué cada oportunidad para estar ahí—dijo con dureza—Pero lo hecho, hecho está, no puedo cambiar lo que hice, ni el daño que les causé.

Pronto notó cómo una lágrima cruzaba su mejilla. No sabía cuán raro era ver a un hombre llorar, lo que sí sabía era lo duro que era verlo sufrir a él. Se levantó hasta situarse delante y sin pensarlo más lo estrecho en su regazo. Yoh percibió el calor de inmediato, rodeándola con sus brazos en una necesitada caricia consoladora. No había llorado antes, ni siquiera sentía la vehemencia de hacerlo anoche, pero sus pensamientos, sus propios sentimientos le dictaban la basura en la que se había transformado de un momento a otro.

Acarició su cabello castaño, mientras sentía el estremecimiento de su cuerpo. Más palabras resultaban innecesarias. Transcurrieron minutos antes de sentir cómo su respiración se calmaba y los ligeros espasmos cedían mientras se aferraba a ella. Rutherford hubiese recriminado sus acciones, ser su paño de lágrimas, pero no quería y no deseaba estar en otro lado.

—Perdón…—dijo más tranquilo, separándose paulatinamente de ella— No debí….

Sonrió al ver notar su contradicción.

—¿Hablar de lo que sientes? Yoh, es algo muy normal—contestó acariciando su mejilla—Sé que es difícil porque la has amado mucho tiempo.

—Sí…—dijo tocando su mano—Lo es.

—Pero eres humano y cometes errores como todos, no debes… sentirte menos— apremió agachándose un poco para besar su frente—Lo importante es que estás muy a tiempo. Quizá no puedas remediar tu relación con Anna, pero puedes hacerlo con Hao. Es tu hermano, tarde o temprano te perdonará, pero debes estar dispuesto a renunciar a ella y todo lo que eso implica.

Jaló aire para sacarlo lentamente. No era precisamente la imagen que deseaba mostrarle, pero se sentía cómodo hablando con ella. Era tan natural liberar sus emociones cuando percibía comprensión en su mirar. Incluso la manera en que lo observaba en ese momento, sólo evocaba ternura, ni un gesto de dureza y menos de reproche.

—Me va acostar trabajo—dijo finalmente—Yo no quería que mi hijo fuera adoptado por alguien más.

Se sentó a su lado y tomó su mano con firmeza, mientras su mirada no se apartaba de ella.

—Tal vez puedas hablarlo con tu familia.

—No. Para Hao sería un recordatorio constante, es demasiado orgulloso…. De hecho, lo estuve pensando demasiado anoche y creo que aunque me duela sí aceptaré la decisión—respondió más tranquilo—Anna lo único que quiere más en el mundo es entrar a la universidad y tener un futuro exitoso. Sé que me dolerá mucho perderla y perder este bebé, pero quizá la familia que ella buscó sea buena. Y lo quieran, le den todo lo que yo en este momento no puedo darle. Créeme que aferrarme a él, pelear por él, no hará más tranquilas las cosas y yo quiero dejar de complicarlo. Quiero dejar de sentir esto que siento por ella.

Asió con mayor firmeza su mano hasta entrelazar sus dedos.

—Y lo harás… sólo es cuestión de tiempo—dijo con una pequeña sonrisa Damuko—Es el momento en que la veas como lo que es, sólo una amiga.

—Sí… Aunque no por eso la dejaré sola, quizá ya no sea tan constante, pero no puedo dejarla en la deriva, más en la situación en que está.

—Por supuesto que no—negó recargando su cabeza sobre su hombro—No serías Yoh Asakura si fueras indiferente a tus acciones.

—Sí, tienes razón—respondió con una risa nerviosa— Es sólo que… últimamente no he sido yo.

El simple sonido armonioso aliviaba en mucho su alma, porque lo que menos deseaba era verlo triste.

—Pues… entonces sé tú—mencionó levantándose—Vuelve a ser tú.

—Tomará mucho tiempo…

—No importa—dijo jalando su mano hasta pararlo—Conozco un buen lugar donde venden helados de naranja, tal vez, es un buen sitio para comenzar de nuevo.

Sonrió y se sintió realmente agradecido por el entusiasmo y vitalidad que deseaba inyectarle.

—Yo creo que es perfecto.


Argumentar que estaba paranoico sonaba poco. Desde su intrusión al departamento de Chocolove, tenía que cuidar el doble su pellejo. Conocía varios detalles de la reputación de Peyote y no era nada agradable recordar el escarmiento a un chico de su misma clase por meterse con el grupo. Ni de broma parecía ser idóneo. Sin embargo, debía calmarse, estresándose de más no lograría nada. Tenía el control de la situación, sólo debía ser precavido con el manejo de información.

Atravesó el umbral del parque y la vio. Era extraño que Ren no estuviese acompañándola, pero al ver las bolsas que llevaba en mano, probablemente había hecho una parada estacionaria en el mall antes de llegar. Y sabía lo mucho que Tao odiaba las compras femeninas, él también tenía una hermana, así que no lo podía culpar. Sonrió mientras la observó hablar por teléfono mientras rondaba la banca acordada, cerca del zoológico. Vestía un hermoso conjunto de falda y blusa digno de admirar, y los zapatos aunque no tan altos tenían cierta altura que le daba realce al conjunto.

—Horokeu Usui—pronunció su nombre con agrado.

Pocas veces la había visto con fijeza. Ubicaba perfectamente su presencia, pero nada fue comparado con el estremecimiento que sintió cuando lo estrechó en un esporádico abrazo. Dios, era tan linda.

—Perdona la emoción, es que Ren me habla diario de ti que siento como si te conociera de siempre.

Delicada, incluso para hablar. Si no estuviese tan impactado, seguramente bromearía sobre los malos comentarios que emergen de la boca de Tao. Sin embargo, se limitó a sonreír.

—Sí…—afirmó apenado—Seguro que no dice muchas cosas buenas.

—La mitad de ellas son buenas—respondió con una afable sonrisa, ofreciéndole su mano—Perona si no me presenté, Maiden Jeanne.

—Es un placer, aunque ya nos conocíamos un poco—estrechó rápidamente— Él también te ha mencionado mucho.

—Seguro cosas no tan buenas.

En eso se equivocaba, porque Ren sólo mencionaba maravillas de ella. Caminó de vuelta hasta sentarse en la banca de nuevo, invitándolo a hacerle compañía. Acomodó su cabello, mientras introducía una mano a la bolsa que llevaba en la mano. Entonces le extendió una barra de chocolate oscuro Godiva.No era muy afecto a las cosas dulces, pero se sintió importante por recibir el presente.

—Gracias, eres de verdad muy amable—dijo tomándolo de su mano—¿Acaso compraste para todos?

—Así es, pasé a la chocolatería antes de llegar—añadió mostrándole el resto de las barras y trufas—Amo esta marca, tienen lo mejor en repostería.

No había aprendido mucho sobre chocolates, sólo sabía que había de distintos colores, desconocía la textura y el porcentaje de leche o cacao que contenía una barra. Tampoco era de su cocimiento el procedimiento de elaboración, pero escucharlo de sus labios de pronto se volvió el cuento más fascinante. Escuchó atentamente cada paso y la variedad de productos que tenían a la venta en la quinta avenida.

Era difícil no perderse en sus ojos y el brillo que emitían por saberse escuchada, apostaba que Ren no era muy afecto de conversar de dulces. Suponía que no cualquier hombre le aguantaría el ritmo, pero se sentía fascinado de verla entusiasmada en tanto le daba a probar una caja entera.

—Y es como dice esa película: La vida es como una caja de chocolates, nunca sabes qué te va a tocar—agregó con dulzura.

—Es cierto—apremió viéndola sonreír aún más.

Repentinamente se paró y caminó un par de pasos detrás de él. No tuvo que ser adivino, bastaba con escuchar sus palabras para saber que su persona esperada estaba ahí. Quizá había llegado con mucha antelación, aunque realmente había disfrutado esos minutos exclusivos para él. Tao estrechó su mano mientras aludía que el tráfico estaba lo bastante denso en las avenidas principales por un incendio en una pastelería cercana.

—¿Y Anna? —cuestionó con dureza al verlo solo.

Él también se preguntaba lo mismo, pero no tenía dato alguno de ella.

—Debe haber ido a la biblioteca, ya la conoces—resumió simple Usui observando a Jeanne—Es bastante nerd cuando quiere.

—¿En serio? No creí que fuera esa clase de chica—intervino Maiden.

—¿Y qué clase de chica crees que es? —preguntó interesado al ver el sonrojo en su rostro— Créeme, quizá no use lentes, pero lee bastante, es muy muy meticulosa para estudiar. He sido su compañero de apartamento más de tres años.

Pero la sonrisa forzada de Ren, aunado al interés magnánimo de su presencia forjó en Jeanne una no muy agradable sensación, podía notarlo al ver su gesto serio cuando vio a Tao alejarse para hablar por teléfono.

—Es su mejor amiga—intentó componer.

—¿Y por qué él y no tú? —preguntó en un tono melancólico— No lo tomes a mal, es sólo que…

—Ya… pero déjame decirte algo—irrumpió decidido—Un hombre puede tontear con varias chicas. Él y yo salimos con muchas y ninguna de ellas fue Anna. Tal vez en mi caso, bueno sí intenté salir con ella, pero eso es otra historia. El punto es que Anna tuvo su novio durante varios años, eso la hizo inaccesible para todos. Es sólo una amiga para nosotros, no existe lazo romántico con ninguno. Estamos acostumbrados a verla de forma familiar. Y si ahora, Ren ha decidido salir contigo es porque verdaderamente está interesado en ti.

—¿Estás… seguro?

Sonrió de lado y fijó su vista en Tao que colgaba el teléfono al ver a Kyouyama en el umbral del zoológico, apostaba lo que fuera que estaba por entablar una discusión por su tardanza. Admitía que para Jeanne debía ser difícil, más con el tipo de relación que llevaba Ren y Anna. Pero con el tiempo, aquel par se veía más que como prospectos, como hermanos, esa era su conexión. Sin embargo, jamás lo había visto tan entusiasmado con alguien.

—Tan seguro como que tú eres… su chica perfecta.

Sonrío y ese bello rostro se iluminó de nuevo ante tan sublimes palabras.

—Gracias, Horo Horo.

Lastimosamente, también parecía ser la suya.

Continuará…


N/a: ¡Hola! Un saludo a todos quienes continúan leyendo por estos lugares. También a los que esperan pacientemente cualquier señal de vida de mi parte. Créanme, me esfuerzo por escribir más rápido, igual y si dudara menos, actualizaría más. Estoy leyendo los fics que estoy por actualizar también, tengo hasta el momento esta lista: Sunshine, Sublime deseo, Contigo Siempre y Nuestro Ayer. En ese orden, sin alterar los factores. Denme un plazo de dos semanas para concluirlas.

Respecto a este fic, wow. Todo se ha dado de forma vertiginosa, era diferente a mi versión inicial, pero me gusta el rumbo que toma cada personaje, al principio decían que todo se centraba en Anna y bueno muchas cosas parten de ella, creo que porque básicamente era por los problemas que desencadena con todos. Sin embargo, es natural siendo la única chica en el grupo.

También, me sorprende que quieran que se quede con Hao, aunque viendo el desarrollo de la historia, la verdad no debería parecerme raro. Incluso, hubo alguien que me preguntaba si era factible que Yoh y Anna tuvieran sexo en los próximos capítulos, y le decía que por cómo se desenvuelven los personajes, es más lógico ver a Hao en ese tipo de acciones con ella. Simple, pónganse en su lugar y verán que no es tan descabellado. A uno lo ama y al otro… Pero no se desanimen, tampoco queda descartado. Damuko tendrá una participación sobresaliente. Horo Horo tuvo un flechazo con Jeanne. Y aún falta ver cómo se ven de nuevo Yoh y Anna. Todo esto y más en el próximo episodio.

¡Un millón de gracias por sus comentarios!

Agradecimientos especiales: MeridaHime, Adryleira, DjPuma13g, papaola, Anneyk y Asakura Keiko. Todas sus recomendaciones son escuchadas.

Nos leemos después.