"LIMERENCIA"

"O PERDER LA CABEZA POR AMOR"

Disclaimer: Ninguno de los personajes que aquí se mencionan de Dragon Ball Z me pertenecen. Son única y exclusivamente del magnánimo Akira Toriyama.


"I know, I chased a memory but you used to taste so sweet"

Vegeta continuó golpeando lento y profundo dentro de ella. La acostó entera sobre la cama, extasiado con la vista de sus pechos retozando con cada envite. Si algo había añorado los últimos días, era desgarrarle aquel descarado tank top y lamerle los pezones hasta que le suplicara por clemencia.

"Vegeta" la escuchó susurrar, posando sus manos debajo de sus muslos y abriendo sus piernas con obscenidad. El pelinegro bajó la vista para apreciar la forma como entraba y salía dentro de ella totalmente empapado en transparente lubricación. El sonido de la humedad cada vez que empujaba con fuerza, y la manera como la peliazul contraía su vientre para apretarle el miembro, lo estaba enloqueciendo. Bajó una mano hasta posarla dentro de su agujero estrecho, deseándole a todos los dioses de la lujuria poder duplicarse/triplicarse y llenarla de todas las formas posibles.

"VEGETA"

Bulma—gimió su nombre entre sueños, acercando la almohada contra su cuerpo. En medio de su inconsciencia, comenzó a mover su pelvis contra ella.

El sonido de risas en el pasillo, logró despertarlo abruptamente de su ensoñación. Se levantó tan rápido de la cama que no le permitió a su cuerpo despejarse del aturdimiento, cayendo sobre la helada baldosa de la habitación.

"¡¿Pero, qué mierda?!"

Zarandeó la cabeza y rozó su mejilla lastimada. Peinó sus alborotados cabellos y exhaló profundamente, aun sintiendo el palpitar alocado de su corazón por el vívido y sensual sueño.

Su entrepierna también le dolía. Gruñó con ira, pensando si doblegaría su orgullo -otra vez- o dejaría que el agua helada de la ducha le acomodara la cabeza. Optando por lo último, con un sonoro portazo se encerró en el baño.

"¿Qué diablos me está pasando?"

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Bulma sonrió suavemente, sosteniendo las manos de su oyente. En los días en que ignoró a Vegeta, había buscado refugio y distracción en la única persona que sabía que no le mencionaría su nombre: Yamcha. Interiormente se alegró de que su exnovio fuese tan maduro para aceptar salir con ella en plan amistoso, y durante aquellos días de unión, notó lo mucho que disfrutaba de su compañía. Si bien, no había comentarios sarcásticos o juegos de palabras, y muchas veces Yamcha se perdía en el rumbo de su conversación, su compañía era valiosa.

Pero lo que más le sorprendió, fue que no sintió ni la mínima pizca de celos o resentimientos al escuchar a Yamcha hablando de Maron.

Ni siquiera le afectaba.

Sin embargo, ahora mismo, el rumbo que había tomado la conversación era peligroso.

Lentamente soltó el agarre de sus manos —Yamcha…

—Espera— alzó el dedo al aire —Entiendo que no quieras volver a lo nuestro. Y lo respeto. Pero tenía que ser honesto contigo porque eres mi mejor amiga y siempre lo serás. Te extraño, Bulma. Te extraño como mujer, como mi mujer. Extraño no tocarte, no verte, no respirarte. Te quiero. Todo el tiempo, te quiero. ¡Por Kami, aún lo hago! — volvió a tomarle las manos —Aun así, quiero que sepas que, si algún día decides intentarlo, aquí estaré. Y si no es posible, seguimos siendo amigos, como estos últimos días. Prefiero eso, antes que soportar tu indiferencia. —

Bulma asintió con la cabeza, palmeándolo juguetonamente en el hombro —Claro que seremos amigos. No pienses en el pasado, Yam. Estamos bien así. — se levantó del sillón, observando el enorme ventanal de su sala —Y cambiando el tema, ¿ya escogiste que usar para la boda de Gokú y Chi? —

Yamcha carcajeó —¡Aún no creo que vayan a casarse!

—¡Y que Chi-chi esté embarazada!

—Me sorprende que Gokú supiera donde meterla…

—¡Yam! — la peliazul se sentó en el sofá, sosteniendo su estómago del ataque de risas que la agobió.

Su vida era feliz y tranquila. ¿Qué podría salir mal?

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Vegeta vendó su antebrazo lastimado por la daga que le lanzó el robot de entrenamiento. Si no hubiese estado perdiendo el tiempo pensando en Bulma, de seguro no estuviera haciendo presión en su herida. Por el motivo que fuese, su irritación no dejaba de crecer y el hecho de que fuese consciente de ello y no pudiera impedirlo, empeoraba las cosas.

Y sin embargo allí estaba, incapaz de continuar entrenando porque al parecer, Bulma, tan obstinada como era, no salía ni un segundo de su cabeza. Sentía atracción por ella. La quería hacer suya.

Y aunque quisiera, no podía objetar aquella revelación:

Jamás en su vida había deseado tanto a una mujer, como a la condenada demonio de cabello azulado.

Sumiso en sus pensamientos, ni siquiera notó cuando la alarma de la cámara le alertaba sobre la inminente explosión.


:::Ciudad Capital, Hospital:::

Bulma ahogó un gritillo al notar el brazo que iba directo a su rostro. Si hubiese estado unos milímetros más cerca del pelinegro, probablemente le hubiera propinado un fuerte puñetazo. Lo observó revolcándose entre las sábanas, respirando agitadamente aún con los ojos cerrados.

Miró el reloj que reposaba encima del cabezal y se preguntó si los médicos autorizarían el traslado de Vegeta a Capsule Corp. La escena de hacía unas horas se había repetido innumerables veces en los últimos meses, pero esta vez fue grave.

Llevó la mano a su pecho. ¿Será que la cámara de gravedad presentaba fallas tiempo atrás y Vegeta nunca se lo dijo? ¿Fue culpa de su propio descuido en aquellos veinticinco días de silencio?

—¡No! — el alarido del hombre logró que Bulma brincara en su asiento. Se precipitó directo hacia la cama, y lo observó moviendo su cabeza espasmódicamente de lado a lado —¡No, Freezer, no! —

Con gentileza, tomó su cabeza inquieta entre sus manos —Vegeta. Soy yo, Bulma. Estoy contigo. ¿Me escuchas? Todo estará bien—

La tensión en su cuerpo disminuyó al sentir su suave tacto y su voz en el fondo de su inconsciencia. A causa de las injurias y de los fármacos, Vegeta ni siquiera estaba seguro de dónde estaba. Estaba desorientado, tenía frio y nauseas, y cada centímetro de su cuerpo dolía.

¿Otra vez soñaba con Bulma?

—Todo estará bien, Vegeta— repitió la peliazul, esta vez pasando una mano por su cabello enjuagado en sudor. Con delicadeza se acostó a su lado, sin detener sus caricias.

Se sonrojó al asimilar que nunca había estado tan cerca de él.

El pelinegro siguió con su diatriba de frases incoherentes, con una palabra constante en sus delirios: Freezer. Bulma apoyó su frente contra la de él, notando que tenía fiebre. Le habló dulcemente al oído, sin cesar sus caricias. —Bulma… soy Bulma. Freezer no está aquí—

Cuánto habría añorado adentrarse en su oscura cabeza y borrarle aquel recuerdo terrible que parecía agobiarlo como ahora. No solo bastaban sus heridas físicas, el pelinegro sufría mentalmente. El dolor que transmitía con cada mueca desarticulaba expresaban lo atormentado que estaba. Bulma nunca había visto en primer plano algún arquetipo de sufrimiento.

—No quiero que sufras más, Vegeta— murmuró, acariciando ahora sus mejillas rasposas. Comenzó a tararear una suave canción mientras notaba cómo Vegeta normalizaba su respiración y ladeaba el rostro hacia su dirección, aprobando sus caricias. Minutos después, su pecho subía y bajaba tenuemente, preso de un plácido y profundo sueño. A pesar de ello, Bulma continuó masajeando su rostro y tocando su cabello, pensando que esta sería la única vez en que Vegeta no objetaría a su proximidad.

Inhalando a su ritmo, Bulma no supo en qué momento se quedó dormida.

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Vegeta abrió los ojos lentamente. Mientras recuperaba la noción del tiempo y el espacio, notó que Freezer no estaba alrededor y que el recinto olía a desinfectante. Giró el rostro a la izquierda al sentir un peso sobre su rostro, topándose de cerca con la peliazul que yacía dormida.

Poco a poco, recordó el sueño erótico, el láser que el robot le lanzó a su brazo, y un abismo negro a su alrededor. Iba a abrir la boca para objetar sobre su cercanía, pero prefirió suspirar profundamente, tal vez muy cansado para alegar con ella. Se levantó con suavidad, sintiéndose algo mareado por el movimiento.

Cayó sentado nuevamente en la cama, logrando que Bulma se levantara como acto reflejo.

—¿Vegeta? — refregó sus ojos —¿Qué diablos…?— calló al notar la herida ensangrentada en su brazo. Se levantó con rapidez y se acercó al mesón —¡Quédate quieto!—

—No me das órdenes

No me das órdenes bla bla bla— lo remedó —Al menos mientras estés hospitalizado, no seas tan temerario. Que digo temerario, ¡Más bien no seas idiota! No me quiero encargar de enterrar tu cadáver. —

—¡Cállate, maldita sea!

—¡Cállate tú y voltéate! Tengo que reemplazar esos apósitos— dispuso la peliazul, desatando el vendaje de su brazo —Ojalá pudiera vendarte esa boca odiosa que tienes…—

Luego de la curación, se levantó nuevamente de la cama para guardar los implementos. —Esas heridas te dejarán cicatrices, estoy segura. Estás con suerte de salir con vida. Compórtate y no andes moviéndote por ahí—

Mientras guardaba la medicina y gasa, el pelinegro aprovechó para levantarse de la cama, e inmediatamente cayó sentado en el suelo. Bulma gritó.

—¡Vegeta! ¡¿Qué diablos estás haciendo?! Te acabo de decir que NO TE MUEVAS— sin fuerzas, intentó en vano levantarlo —¡¿Qué pasa contigo, eh?!

—No veo la hora en que todo este teatro de Cell termine, para acabar con tu patético amigo Kakarotto y deshacerme de tu maldita presencia—

—¿Eres imbécil, o qué? ¿En serio crees que podrías ganarle a Gokú? ¡Yo lo conozco desde que tenía 8 años! Él es fuerte y siempre lo será. No necesita de tu terquedad y orgullo para llegar a donde quiere. No tiene que matarse en largos entrenamientos para ser el mejor. ¡Suficiente! ¿Cuánto tiempo te llevará abrir tus ojos? ¿O acaso lo perseguirás tontamente por el resto de tu miserable vida, aunque él te patee el trasero una y otra vez? ¡Ese es tu destino, ser un perdedor! —

Como si le hubieran vaciado un balde de agua fría, Bulma detuvo su diatriba y se llevó la mano a la boca, totalmente asustada. Lo vio aún sentado en el suelo y contraria a otras veces él no le respondió. Solo se limitó a sonrió tristemente a medio lado.

Bulma se sintió como la peor persona del mundo. Ella podría ser impulsiva, gritona, mandona, pero nunca había sido cruel.

Nunca.

Aquella actitud hiriente indudablemente fue algo malo que le aprendió al maestro mayor del sadismo. Ni siquiera fue capaz de decir que lo sentía.

—Lárgate—

—Vegeta, yo…

—¡FUERA! —

Su alarido fue tan fuerte que al instinto de supervivencia de Bulma solo se le ocurrió salir corriendo de allí. Bajó las escaleras del enorme hospital, sacó su automóvil de su cápsula y condujo como un zombie hasta su casa. Su mente permanecía en blanco en todo momento hasta que llegó a su habitación y se tumbó boca arriba en su cama.

Estaba resignada. Vegeta nunca saldría de su hermética coraza, y con ella no haría alguna excepción.

Que por alguna extraña razón siempre terminaran envueltos en un conflicto entre la arrogancia y sarcasmo de él, y la impulsividad e ingenio de ella, no significaba que Vegeta le mostraría su enigmático interior, sus miedos, sus fantasías, sus sueños, sus metas, su pasado…

Que sus miradas se encontraran más que las otras, no significaba que podría leer lo que escondían sus impertérritos ojos negros.

"Y él nunca me daría el privilegio de acercarme más allá…"

Sumisa en su sentimiento de culpa y en su derrota, se echó a llorar.