:s Me doy vergüenza xD

La vida real me está comiendo, tengo algunos problemas familiares y trabajo con el que tenía que ponerme a la par por el tiempo que estuve ausente. Perdón, perdón, perdón, perdón.

/me pide perdón con las manos al piso.

Ahora sí, juro terminar de responder los reviews que tengo pendientes. Lamento los que no responderé porque no hay correo electrónico o no están registrados(as) en la pagina :( Sepan que leo cada uno y todos los agradezco muchísimo. Me emociono infinitamente con cada uno.

Quiero contarles que hay dos hermosos fanarts inspirados en éste fic *.* Son tan hermosos, cuanto talento chicas. Mil gracias por dibujar lo que había en mi mente en ese momento. Antes de mostrárselos a los demás pediré su permiso para proporcionar link y así se maravillen con esos hermosos fanart's *.*

Lo de la semana Korroh está abajo :D

De nuevo serán dos partes de éste capítulo, apenas llegué a la mitad de la idea Xd y otra vez el título de la canción será el del capítulo. Si se quieren hacerse una idea de lo que viene chequen lo que falta de la canción :3


ALEVOSÍA PARTE I.


ALEVOSÍA.

Luis Eduardo Aute.

Más que amor lo que siento por ti es el mal del animal.

No la terquedad del jabalí, ni la furia del chacal.

Es el alma que se encela con instinto criminal.

Es amar hasta que duela, como un golpe de puñal.

Ay amor, ay dolor, yo te quiero con alevosía.

Yo te quiero con alevosía.

Necesito confundir tu piel con el frio del metal.

O tal vez con el destello cruel de un fragmento de cristal.

Quiero que tus sentimientos sean puro mineral.

Polvo de cometa al viento, del espacio sideral.

Ay amor, ay dolor, yo te quiero con alevosía.

Yo te quiero con alevosía...


Korra estaba de mal humor.

No, eso era poco, estaba de pésimo humor. Lo que se traducía en peligro para cualquiera que intentara acercársele con malas noticias: Como el desafortunado soldado que le había informado que la Señora del Fuego había sido envenenada y que aunque estaba fuera de peligro, requería que Iroh regresara con urgencia a la Nación del Fuego.

Naga aulló pasando por sexta ocasión en la zona de artesanías pero perdía el rastro a causa del humo donde fundían materiales.

¿En dónde demonios estaba Iroh? Prácticamente desde que regresaron; unas horas atrás, había desaparecido.

— Vamos Naga, sé que puedes encontrarlo. — Alentó acariciando la cabeza de su amiga, y mirando en todas direcciones buscando por cualquier señal de su futuro esposo.

Mordió su labio inferior.

Se sentía muy preocupada.

El que Ursa sufriera un atentado quería decir que las cosas estaban peor de lo que pensaban en la Nación del Fuego. No había ninguna duda, dentro del Palacio estaban los enemigos… Y el General no sabía nada del estado de su Madre.

Frunció el ceño.

Tenía tantas cosas en la cabeza y la única persona en el mundo que podía resolverlas parecía haber sido tragado por la nieve.


Con las manos entrelazadas bajo la manga de su abrigo, Katara miró hacia el frente sonriendo al ver que el sol comenzaba a ocultarse entre las montañas de su amada Tribu. El tiempo había pasado tan rápido.

Cuando ella era aún más joven que Korra la población en el lugar era tan escaza que apenas alcanzaba el par de docenas y ahora había edificios donde fácilmente se triplicaba esa cantidad. Sonrió un poco más mirando un puesto de comida rápida; era risible, pero allí estaba más gente que la cantidad con la que había crecido cuando los hombres se fueron a la guerra.

El mundo había cambiado, casi todos sus amigos estaban muertos; Aang había partido al otro mundo mucho antes que ella y ahora al parecer estaba ayudando al futuro amoroso de la nueva Avatar.

Al mirar de soslayo a la izquierda no pudo evitar notar la mirada del joven Iroh quien contemplaba con ilusión la cajita que contenía el collar que él mismo había creado.

Sonrió tiernamente: ¡Ah! El amor joven, tan bello.

— ¿Sabes Iroh? Mi tribu ha cambiado mucho. Al llegar más gente del Polo Norte hemos adoptado y dejado muchas tradiciones; pero me alegra que el collar de compromiso permanezca.

El de cabello negro le regresó la sonrisa. Ésta pequeña mujer era tal vez la única persona en el mundo que podía entender completamente a su Abuelo puesto que era la otra persona viva, que había participado directamente en el término de la Guerra de los cien años.

— Debo confesar que estoy inseguro si Korra verá el collar de la misma manera que tú, Katara. — La Maestra Agua levantó una ceja, animándolo a explicarse mejor, a lo que él miró hacia delante. — Korra tiene un espíritu libre, temo que sienta que éste collar no es una muestra de cariño si no una cadena.

— Oh.

El General suspiró.

Tal vez era una mala idea no haber consultado primero qué le parecía la idea a Korra.

— Bueno, supongo que eso dependerá de lo que le digas cuando se lo des.

—… Hasta hace un momento estaba seguro en dárselo, ahora, no sé…

Katara se detuvo haciendo que él la imitara y la anciana ladeó la cabeza.

— No tienes que dárselo si estás inseguro del significado que tiene para ti, porque esos son tus sentimientos. El que Korra los acepte o rechace sólo depende de ella.

El de ojos dorados la miró profundamente. ¿Cómo es que todos ellos parecían ver directo a su alma? ¿Y por qué nadie se sorprendía que estuviera enamorado precisamente de Korra?

Si Katara que lo había visto algunas ocasiones durante su vida entendía todo sólo con verlo ¿Cómo se comportaría su Abuelo?

— No temo a su rechazo Katara; sé que dolería mucho y que es posible, pero su odio no podría nunca superarlo.

— ¿Y por qué te odiaría?

— Le hice la promesa de devolverle su libe…

— ¡Espíritus! Eres igual que tu Abuelo. — Gritó la anciana entre divertida y desesperada y siguió caminando. ¿Cómo es que los jóvenes teniendo toda esa vitalidad desperdiciaban tanto tiempo con miedos absurdos?

— Normalmente eso lo consideraría un halago, pero por tu tono de voz no sé si fue un insulto.

Katara rió por lo bajo a la voz detrás de ella. Iroh no comprendía lo mucho que se parecía a Zuko. Ambos actuaban exactamente igual cuando se sentían inseguros.

Se detuvo de nuevo y lo miró.

— Lo que quiero decir es que nunca había visto a alguien preparar con tanto amor un collar. Si no se lo das entonces vas a desperdiciar algo que ya está allí y que podría convertirse en lo más preciado de tu vida… Y con eso no me refiero a lo que está dentro de la caja.

Iroh consideró unos segundos las palabras de la anciana sintiéndose molesto con él mismo, ya había tomado la decisión de tratar de conquistarla, entonces ¿Qué lo detenía de nuevo? ¿Por qué estaba dudando otra vez? Tomó aire.

— Esto es extraño, no sé por qué me he convertido en un tipo inseguro… — Frunció el ceño así mismo. — Yo no era así.

Katara se acercó al joven, aún con su sonrisa serena y colocó una mano sobre su hombro; notando lo alto que era.

— Nada parece ser tan deseado y a la vez tan temido como el amor ¿No? — El de cabello negro asintió una vez. — Pero te aseguro que al final valdrá la pena.

Él torció la boca ante su nuevo pensamiento, pero sintiendo que era el momento perfecto para exponer todo lo que tenía dentro que le molestaba.

— ¿Y Mako? ¿Qué tal si Korra sigue enamorada de él?

Ella bajó su mano colocándola en su barbilla.

— Cierto que cuando Korra entendió un poco qué es el amor lo sintió por primera vez en él, pero recuerdo a una pequeña Maestra Agua diciendo que te ibas a casar con ella y que era mejor lo aceptaras.

El joven rió a carcajada abierta recordando ésa escena, la anciana se le unió contagiada por su risa.

— Pero aún era muy pequeña como para comprender lo que me estaba pidiendo, ahora ni siquiera lo recuerda.

— ¿Y? Por lo que yo veo a partir de allí Korra definió a su tipo de hombre: Callado, misterioso, maestro fuego de bonitos ojos. — Iroh se quedó mudo ante la implicación de Katara. Después cruzó los brazos en su pecho y miró hacia otro lado.

— Mako y yo podremos ser parecidos físicamente, pero en otros aspectos somos totalmente distintos.

Katara asintió dándole la razón.

— Y es por eso que Korra eligió en primer momento a quien no era para ella.

El General le sonrió de medio lado. Bueno, muchos parecían leerlo fácilmente pero estaban de su lado. Hasta ahora nadie le había dicho que se olvidara de Korra.

— ¡Iroh! ¡Iroh! — Los gritos desesperados de la mujer en sus pensamientos lo hicieron salir de inmediato de su contemplación, haciendo que él mirara a la derecha de la calle y encontrara a la Avatar cabalgando a Naga, con un rostro que le decía que lo que saldría de su boca no sería nada bueno.


Korra miró con pesar cómo se alistaban los dos barcos para zarpar a diferentes lugares: El que estaba preparándose para la Avatar la llevaría a Ciudad República junto con Bumi y el segundo barco regresaría al General a la Nación del Fuego.

Aunque había sido su idea el que cada uno se encargara de su prioridad, no dejaba de ser doloroso tener que separarse varios días; sobre todo cuando estaba tan preocupada por la salud de la Señora del Fuego.

Suspiró girándose para recargar su peso en un barandal que servía de mirador al puerto.

Miró a lo lejos a su villa, ya se había despedido de todos, prometiendo mandar las invitaciones a su boda en cuanto pudiera. No entendía del todo el motivo, pero se sentía extrañamente nostálgica de partir.

O bueno, en realidad sí sabía el por qué: Iroh; lo iba a extrañar demasiado.

Frunció el ceño tratando de poner en orden sus sentimientos. ¿En qué momento Iroh había pasado de ser un "gran amigo" a "hombre atractivo"? Cierto que desde que lo había visto cuando lucharon contra Amon notó de alguna manera lo mucho que lo habían favorecido sus genes, pero, estar peleando por tu vida y la del mundo entero puede ser un gran distractor para ver que también era "opción disponible".

Además estaba en ése momento el tema de Mako.

Gruñó por lo bajo y regresó de nuevo su posición mirando el mar.

¿Y si lo encontraba en Ciudad República? ¿Qué pasaría? ¿Le diría lo confundida que estaba? ¿Por qué tendría que decirle?

Sacudió la cabeza sujetándola con una mano.

Tal vez la distancia sería buena, estaba hecha un mar de confusión y todo gracias al inocente beso del Príncipe de la Nación del Fuego.

¡Ja! Inocente.

No tenía tanta experiencia en ese tipo de cosas, pero notó la mirada que él le había dado antes de colocar los labios sobre los suyos. Esa no era la mirada que alguien le da a una amiga, ciertamente ella no veía así a Naga. Era lógico que cuando Iroh se separó, Korra se lanzara a besarlo de nuevo; un poco más efusiva… Sí, perfectamente comprensible.

Rió para sí misma recordando su propia excusa al ver al de ojos dorados enmudecido: "¿Qué? ¿Tú me besas y yo no puedo hacerlo? ¡Eso es injusto Iroh!" Por demás está decir que durante el camino de regreso todo había sido incomodo: miradas furtivas, silencio fuera de lugar, sonrojos casi todo el tiempo, brincos asustados cuando sus manos sin intensión se tocaban y un largo etcétera.

Y después él simplemente desapareció haciéndola suponer que se estaba escondiendo de ella ¿Tan malo había sido todo lo del beso? ¡Él había iniciado todo!

Volvió a girarse en sus talones sólo para encontrarse frente a frente con un amplio pecho cubierto por tela roja… No había que ser un genio para saber quien estaba usando ropa de ése color en el Polo Sur, práctica y literalmente, entre un mar de gente vistiendo azul.

Se sonrojó de inmediato y subió su mirada lentamente descubriendo al General sonriéndole.

— No deseo parecer grosero, pero te ves muy cómica girando cada cinco segundos en tu lugar y gruñéndole al aire.

Desvió el rostro inmediatamente y regresó a su posición mirando al mar, con los brazos en su pecho, sintiéndose repentinamente nerviosa.

¿Qué estaba pasando? Jamás se había sentido así por la presencia del pelinegro. Tomó aire al notar que él se colocaba a su lado izquierdo sin dejar de mirarla, lo que no ayudaba en nada a la joven Avatar y su extraña crisis nerviosa.

Tratando de no dar muestras de lo que le estaba pasando, ladeó su rostro ligeramente, fingiendo interés en el barco más lejano del puerto y así ocultar su sonrojo, logrando sólo que Iroh riera por lo bajo y se acercara más a ella.

Korra respingó por la cercanía, prácticamente sentía que su espacio personal había sido vulnerado intencionalmente.

— ¿Te pongo nerviosa, Korra? — Susurró el Príncipe peligrosamente en la oreja femenina haciendo que ella no lograra controlarse más y brincara a una distancia segura.

Girando en el aire y enfrentándolo notó que su sonrisa no era una que le hubiese visto antes, ésta era… peligrosa.

Su garganta inesperadamente se sentía seca y no podía evitar mirar en todas direcciones menos a él. Frunció el ceño al descubrir que estaba por salir corriendo cuando el General volvió a acercársele, lentamente, de frente.

Apretó los puños, ¿qué estaba pasándole? No sabía cómo reaccionar ante todo ese nerviosismo, sentía que si se permitía la cercanía ocurriría algo más… Como de un pequeño beso en los labios regresárselo de una manera más intensa: algo que ya había hecho. Gruñó y lo señaló.

— ¡Es tú culpa que esté así! ¿Por qué me besaste?

La sonrisa del pelinegro se hizo más pronunciada causándole a Korra la impresión de estar siendo acorralada por un cazador.

Él encogió los hombros despreocupadamente.

— Sentí que por fin era el momento correcto para hacerlo.

Korra levantó una ceja, esperaba una pelea, que él le dijera que ella sí que lo había besado, no que admitiera tan desvergonzadamente haber iniciado todo. Abrió los ojos ante la implicación que recién había notado.

— ¿Por fin? Eso quiere decir que…

— Sí, que llevo mucho tiempo deseando besarte.

— ¡Oh, espíritus!

Y la Avatar se sonrojó aún más, dándole la espalda al risueño General.

Después de un tiempo él colocó una mano sobre su hombro, haciendo que ella lo encarara de nuevo.

Tímidamente la castaña lo miró.

— ¿Por qué me besaste?

— Ya te lo dije, me di cuenta que era el momento…

— ¡No! No me refiero a eso… ¿Por qué querías besarme?

El de ojos color ámbar desdibujó su sonrisa y su rostro se volvió el absoluto reflejo de la seriedad.

— ¿Tú por qué crees que un hombre besaría a una mujer?

La de ojos azules frunció el ceño y cruzó los brazos en el pecho. Retomando sus experiencias pasadas recordó que varios especímenes del sexo contrario saltaban a la primera oportunidad de contacto físico, por mínimo que fuera.

Cómo si Iroh leyera sus pensamientos, evitó que le respondiera con una señal de su mano y sacudió la cabeza. — Disculpa, no fue bien planteada mi pregunta. ¿Por qué crees que respetándote y admirándote como lo hago te besé? ¿Crees que lo haría sólo por impulso? ¿Piensas que soy ése tipo de hombre al que un beso le da igual? ¿Aún estando en la situación que vivimos?

La castaña guardó silencio varios segundos recordándose con quien estaba hablando.

Iroh no era un adolescente que arriesgaría su amistad y hasta sus planes sólo por un beso. Cada acción de éste hombre tenía una razón que había sido perfectamente valorada, planeada y decidida. Él había pensado mucho en ése beso y llegó a la conclusión simplemente de dárselo.

Abrió los ojos sorprendida.

— ¿Te gustó? — Preguntó incrédula, ése tipo de cosas no le pasaban a las mujeres como ella. Iroh era demasiado elegante, refinado, poderoso, noble, valiente y leal. Él era el tipo de hombre que se quedaba con chicas igual a él; como Asami. Bajó la mirada levemente.

— No es sólo eso Korra. "Gustar" puede ser meramente físico, lo que yo siento por ti va más allá de una simple atracción.

Ella regresó su mirada azul escuchando su corazón latir con tanta fuerza que recordó lo viva que estaba… y que no sabía qué decir. Sabía que su rostro debía estar completamente enrojecido, pero no era lo que mayor espacio ocupada en su mente en ése momento. ¿Sería posible que él la amara?

— Iroh… yo… — Lo intentó insegura.

Él le sonrió tiernamente.

— Hay tantas cosas que decir, Korra y no tenemos tiempo. Pero tal vez sea mejor así, por ahora. Sólo quiero que sepas que la promesa que te hice sigue en pie: te daré tu libertad si eso es lo que quieres.

La Avatar intentó hablar de nuevo fallando miserablemente a lo que el General rió por lo bajo.

— Korra, cuando regreses a la Nación del Fuego hablaremos de todo esto de manera adecuada. No tienes que decir nada ahora.

Asintió no muy segura si podría sobrevivir esas semanas sin que pudieran hablar claramente, pero tomó aire, Iroh tenía razón era lo mejor por ahora. Sentía la gran necesidad de analizar sus propios sentimientos.

— Príncipe Iroh, Avatar Korra. — Saludó un soldado haciendo una reverencia e interrumpiéndolos, ligeramente asustado de la chica que había barrido el piso con él varias semanas atrás. — El Comandante Bumi me ha enviado para informarles que el barco de Avatar Korra está listo para partir. Por favor, necesitamos que aborde.

El de ojos ámbar asintió, notando que el gesto de su futura esposa cambiaba a uno de tristeza.

— Sólo… Me despediré del General, en un momento subo al barco. — Aclaró la castaña no muy convencida de tener que separarse. El soldado volvió a reverenciarlos.

— Príncipe Iroh cuídese mucho y dele mis saludos a la Señora del Fuego.

— Gracias soldado, se lo diré.

Cuando el hombre que había llevado el mensaje estuvo a varios metros de distancia Korra giró con pesar hacia el de cabello negro.

— Bueno, supongo que es hora de despedirse.

Iroh ofreció su brazo, caballerosamente, haciendo que Korra quisiera arrancar cabezas; la suya o la de él, no estaba segura.

— Te llevaré hasta las escaleras del barco.

— No tienes que hacer eso. — Replicó mordiéndose el labio inferior y arrepintiéndose inmediatamente al notar que había sido grosera. No estaba para nada en control de sus emociones y al no saber cómo actuar hacía lo primero que se le veía a la cabeza.

— ¿Qué no tengo que hacer? ¿Llevarte al barco u ofrecerte mi brazo? — Preguntó ligeramente divertido con el efecto que acababa de descubrir podría general en la Avatar, la cual bufó ante sus cuestionamientos.

— ¡Las dos cosas! No, espera, ninguna-quiero decir… No sé.

Iroh asintió y volvió a ofrecer su brazo, logrando que ésta vez ella lo tomara aún muy sonrojada. Le encantaba verla así.

— Respira Korra. Sigo siendo el mismo Iroh de siempre, sólo un poco más sincero.

La Avatar rió a carcajada abierta, no pudiendo evitarlo. Todo eso parecía estar hecho para avergonzarla. Además él estaba perfectamente normal para haberse confesado minutos antes.

— O más sínico.

Él se le unió a la risa.

— Sí, tal vez. Pero era importante decirlo, no nos veremos en varios días. — Su tono cambió a uno muy serio pero continuaron avanzando, hasta llegar al pie de las escaleras.

La morena suspiró desprendiéndose del brazo masculino.

— Iroh, por favor se precavido. Cuida a tu Mamá. Ya que verás a Azol dile de mi parte que…

— Voy a echarte de menos, Korra. — La interrumpió logrando que se sonrojara de nuevo y que se quedara sin palabras varios segundos. Al fin, cuando pudo moverse, le sonrió y le dio un golpe en el antebrazo.

— Yo también te extrañaré, principito.

Sin pensar en quién dio el primer paso, pronto se encontraron en un confortable abrazo duradero. Ninguno queriendo separase. Korra enterrada en el hombro izquierdo masculino rodeando la cintura del General, mientras que él la atraía a su cuerpo con una mano en la cabellera castaña y otra en su cintura, su rostro en el delicado cuello moreno.

Cuando por fin pudo tomar valor se separó y llevó la mano derecha a su chaqueta roja, sacando una caja rectangular azul, pero con la insignia de la Nación del Fuego.

Aclaró su garganta sintiéndose nervioso.

— ¿Recuerdas cuando pregunté si te molestaba que nuestra boda fuera tradicional de la Nación del Fuego y dijiste que no, pero querías usar algo de tu tribu? — La morena asintió en su pausa a lo que él tomó aire para seguir controlado y le acercó la caja. — Desde que pensamos en comprometernos pensé en darte esto y bueno, coincidiría perfectamente con tu petición. Por eso desaparecí hoy estuve haciéndolo.

Korra levantó una ceja alcanzando el obsequio del de ojos dorados, sonriendo al notar ahora un sonrojo en él. Al parecer no era tan seguro como quería mostrarle.

— ¿Qué es? — Preguntó intentando abrirlo pero de repente; y como si se tratara de una venganza por lo que ella le había hecho durante su viaje anterior, una llamarada de fuego pasó cercana a ella impactándose en la nieve en un tejado, convirtiéndola en agua y mojándola. — ¡Iroh!

El General rió limpiamente alejándose de dos pasos.

— Míralo cuando el barco haya zarpado. Cuídate Korra. Estaré esperándote en la Nación del Fuego. — Recapacitando sobre su distancia, regresó sobre sus pasos, le dio a la castaña un beso en la mejilla y se alejó corriendo de ella.

Korra que trataba de exprimir su cabello olvidó completamente su enfado y con una mirada suave lo miró alejarse.

— Son tan lindos, me hacen recordar a mi Mami y a mi Papi… Aunque no tan desagradable cuando se besan. No que haya escuchado su "pelea" ese rato.

Ante la interrupción de Bumi ella lo miró recordando que tenía Agua Control y alejó a su elemento natural de su cabello, secándose en el instante, pero estrellándolo en el rostro del Comandante.

El pequeño espíritu que siempre lo acompañaba revoloteó alejándose del ataque.

Korra rió y tomó de la mano al hijo de su encarnación pasada arrastrándolo al barco.

— Tenemos que zarpar rápido, da la orden.

El adulto rió por lo bajo asintiendo a la tripulación para que zarparan mientras la morena corrió hasta la pequeña habitación donde estaba Naga y así poder abrir su regalo sin ojos curiosos.

Se recostó en su hombro y espero no muy paciente por el segundo exacto donde sintió movimiento.

Sin nada de recato levantó el sello que mantenía la caja cerrada y encontró algo que nunca creyó le darían; un collar de compromiso. Su madre solía decir que nada era tan personal como un collar hecho a mano; justo como el que le estaba dando Iroh.

Con la mano derecha sujetó el collar dejando caer la mandíbula ante la belleza de lo que él había hecho para ella.

La correa era color azul separada a la mitad por un dije. De cada lado donde se suponía iría el frente de su cuello estaba la correa marcada con un sello a base de calor.

Sonrió imaginando al de cabello negro cuidando la intensidad de su Fuego Control para imprimir los dos sellos:

El del lado derecho era el símbolo de las Cuatro Naciones encerradas en un círculo; justo como él había explicado para enseñarle a manipular relámpagos las características de cada Nación.

El segundo sello eran las siluetas del Sol y la Luna unidas, eclipsándose. Dejó salir una risa suave recordando la anécdota que su futuro esposo le había contado sobre su abuelo y Katara, la mítica frase: "Tú creces con la luna, yo crezco con el sol".

Y finalmente observó con atención el dije, mordiendo sus labios. Un dragón extendiendo sus alas formando un círculo con ellas y su cuerpo. El material era de obsidiana negra; una piedra volcánica muy usada en toda la nación del fuego. Al moverla ligeramente estaba tan perfectamente pulida que brillaba.

Cerró los ojos y con las manos aferrándose a su collar deseó haber sido más valiente y abrazado a Iroh una vez más.

Su collar de compromiso era el perfecto balance de las dos culturas.

De repente tomó aire recordando algo. Se puso de pie horrorizada y salió corriendo de la habitación dejando una muy extrañada Naga detrás.

Se dirigió a toda prisa hacia el lado donde subió, no había pasado mucho tiempo aún debían estar cerca de la costa.

Al llegar al lugar buscó la mancha de color rojo que era a la distancia el General y tomando aire gritó con todas sus fuerzas, logrando que él se detuviera a mirarla a lo lejos.

— ¡Iroh! ¡Idiota! ¡Tenías que ponerme el collar! ¡Así no cuenta!

Escuchó a su espalda la risa la de tripulación, por su puesto Bumi resaltando como siempre. Notó como el de cabello negro recibía miradas extrañadas por parte de las personas a su alrededor y rascaba nerviosamente su nuca.

Después unió sus manos y escuchó con mucho esfuerzo su risa.

— ¡Úsalo en la muñeca mientras!

La Avatar rio honestamente y agitando las manos de manera efusiva se despidió del sonriente chico de ojos ámbar que en el congelado puerto de la Tribu Agua del Sur sentía su corazón latir emocionado; Korra había aceptado el collar de compromiso que él le había hecho.


TT Debe haber de nuevo varios errores, juro que cuando tenga más tiempo corrijo todo xD

Ahora sí, la semana Korroh.

Mi propuesta es que elijamos un tema para escribir, o dibujar; lo que quieran hacer. Obviamente en base a ésta parejita. Todos pueden participar :D A mí no me gustaría que fuera una competencia porque es la primera semana que podríamos organizar algo así xD Entonces pienso que sería mejor que participáramos por puro gusto a la pareja :) Pero si ustedes creen que es bueno un "challenge" entonces lo hacemos así :D Si quieren participar mándenme un mp para empezar a hacer la lista, igual si tienen sugerencias, o para más rápido, podemos comunicarnos en Facebook, estoy como: Kakatsushi Hatake.

Las propuestas hasta ahorita que me han comentado son: Crosover, Jugo de Cactus, Ever After, Libre o Musical (Aquí cada quien propondría una canción para inspirar una historia. Al azar nos repartiríamos la canción). Si tienen propuestas díganmelas en mp o facebook :D