Notas, disclaimer, algo que decir:

El nombre del hijo de Rivaille se pronuncia "Etháan". Claro está, es francés.

Bienvenidos los nuevos protagonistas de esta obra.

Nos leemos el fin que viene

¿De qué color es el amor que sientes?


Doceavo pergamino:

Del rescate de su alteza y su similitud con el rey.

-Entonces su alteza, si el caballo está en ésta posición. El rey en ésta. Y la torre en ésta. ¿Qué hará?- preguntó una voz amable en la sala de clases real.

-El alfil se mueve para acá, mientras la reina para acá. – Dijo Imre analizando el tablero

-No. El Rey se mueve para acá. Sacrifica al caballo pero hace Jaque Mate- dijo otra pequeña voz en el salón.

-Muy bien Ethan- felicitó el maestro de estrategias Marco. El menor no se inmutó ante la referencia, y suspiró con fastidio ante aquella lección. La técnica del enroque de Marco era una paupérrima trampa para el mordaz niño. Una vez leída la colección de ajedrez que su padre guardaba en su biblioteca personal, todo era más sencillo.

Tal vez su padre pudo haber detenido ese movimiento tan arriesgado. El chico se lamentó en su mente haber desperdiciado dos movimientos inútiles defendiendo al rey.

Los amarillos ojos de Ethan observaron a través de la ventana como una ave curiosa que descansaba un poco de su vuelo. El animal era de un vibrante azul brillante.

Por su parte, Imre pidió un descanso para ir al baño y caminó hecho furia hacia el lavabo. Todos sus esfuerzos siempre eran en vano. Porque Ethan siempre se salía con la suya.

El agua cristalina aguardaba a las necesidades de su alteza real. Luego de restregarse la cara una y otra vez, el niño se estiró con frustración delante de la ventana.

¿Cómo un niño de ocho años podía jugar ajedrez mejor que él?

Inconcebible.

Volvió al salón para soportar otra vez la cara del inteligente enano. Sus ojos amarillentos le seguían con aquella mirada filosa que había heredado de su padre. Una pequeña cicatriz cerca de aquellos vigilantes hacía que Ethan pareciera un pequeño hermoso asesino.

Tembló ante la idea y se sentó. Ethan era el único niño que podía compararse con él, al hijo del rey de Alles.

Imre Jaeger. Único príncipe de Alles.

"Menudo engreído" pensaba el castaño.

El sol alertó al instructor que la hora del almuerzo estaba cerca; dio terminada su lección y despidió a los niños que salieron más o menos precipitados.

-¿Cómo lo haces?- preguntó Imre, algo seducido por la idea.

-¿Qué?- cuestionó el pelinegro.

-¿Cómo ganas en ajedrez?- insistió Imre.

-Ganando- respondió Ethan, de forma tajante.

-Haces trampa.

Ante la idea, el hijo del mejor soldado del reino se detuvo para observar a Imre. Aquello era un gesto bastante grosero que pudo costar la pena de muerte a cualquier otro plebeyo. Pero Ethan era como su padre: voluntarioso y sin miedo a las represalias.

-Te responderé de la mejor forma.-dijo el niño suspirando con pesadez- El ajedrez consiste en cuatro cosas: teoría, práctica, velocidad e intuición.

-¿Y la inteligencia?

-La inteligencia es la suma de los cuatro. Para poder ganar siempre pienso en el mejor movimiento del enemigo.

-¿Haces trampa para superarme?- re preguntó el príncipe, bajando un poco la mirada con sus vivaces ojos verdes.

Ethan giró los ojos de una forma que mostraba claro fastidio. El mayor no comprendía el planteamiento. Era normal, al mismo Ethan le costó entenderlo de su padre cuando se lo explicó.

-No. Practico mucho lo que sé.- respondió Ethan. Pensó que aquello podía ser lo más normal.

Pero no lo era. El chicho gozaba de un excepcional talento para memorizar, sumado a su capacidad física e intelectual que él mismo cultivaba todos los días de duros estudios.

Se igualaba a la inteligencia de Imre, que le llevaba tres años de edad.

El mayor se irritó nuevamente. El pequeño siempre encontraba una forma de ganarle o molestarlo. Inconscientemente, la habilidad de Ethan alimentaba la pesadez de Imre.

"Cuando venga papá, le demostraré de que estoy hecho" pensaba Ethan seguro de sí mismo. Una leve sonrisa se asomó a su rostro.

Y mientras Imre observaba al pequeño con atención, Ethan se despidió y bajó por las escaleras corriendo directo al comer. El príncipe se quedó pensativo en lo que había dicho el menor, pero lo trajo del ensueño la hora del almuerzo.

Por su parte, el pequeño mandatario se dirigió hacia su padre, ocupado en su despacho real. En el gran salón, todas las vigas estaban en posiciones precisas para su correcto funcionamiento. El fresco aroma del bosque impregnaba el aire, y las tiernas ramas goteaban aún la savia del verano. Entre los robustos maderos del techo colgaban los pendones de los caballeros, formando una cortina de colores rojo, azul, plateado, dorado, blanco y negro.

Al fondo del lugar, Eren no alzaba sus ojos verdes de los documentos reales.

-¿Papá?- dijo el chico esperando que el rey lo dejase pasar.

-¿Ya terminó la clase de estrategia, Imre?- preguntó Eren tomando un descanso para observar a su hijo. Imre crecía hermoso y sano. Era el vivo retrato del padre sin heredar mayores detalles de la madre. Lo más parecido eran ciertas aptitudes físicas que, sin duda, eran de la progenitora.

El príncipe era la luz de su vida y su esencial razón de trabajo y esfuerzo. Aunque también quería mucho al inteligente Ethan por recordarle el carácter de su amado. Los ojos amarillentos del chico, iguales a los de Petra le daban un tono diferente al mini Rivaille.

Por tanto, y por razones también emocionales, Eren se había empeñado en criar al príncipe y al hijo de su guarda como si fueran hermanos, como si fueran sus hijos.

Esa era la verdadera razón por la que estudiaban juntos.

-Si. Ethan descubrió la trampa de Marco, una vez más.- dijo el chico suspirando- El enano siempre descubre las trampas que le coloco en ajedrez.

-Eso lo heredó de su padre.- dijo sonriendo Eren acariciando el cabello de su hijo

-¿Y yo? ¿qué he heredado de ti, padre?- preguntó Imre estirando la mano hacia Eren.

-Esas ganas tuyas de ser el mejor- dijo Eren recibiendo una cálida sonrisa de Imre. El chico podría estar enojado pero el rey siempre lograba una agradable sensación en el corazón del chico.

La hora del almuerzo para el rey consistía en tiempo de "calidad" en familia. Desde el conflicto interno con Mikasa, las cosas se habían estabilizado un poco. La reina mantenía siempre un semblante paciente e imperturbable.

Ya no exigía o peleaba cosas. Pero dentro de ella la tristeza se apoderó tanto que Imre lo notaba a ratos. Junto a su padre, ella era una vieja compañera. Pero cuando no estaban juntos, Mikasa era una mujer de belleza rara y esbelta. Con un cálido corazón encerrado en una gélida celda.

Pero con el joven príncipe de once años, Imre, todo era aparte. Ambos padres le amaban como cuando el invierno necesita que el sol aparezca. Por tanto, daban lo mejor de ellos para que Imre fuera feliz.

-Mamá ¿Por qué tengo que estudiar con el hijo de Rivaille?- preguntaba Imre

-Porque así lo quiso tu padre- decía Mikasa mientras ignoraba contestar preguntas referentes al élite.

Y si. Era incomodo.

Eren entonces intervenía la conversación haciendo comentarios banales o sin ningún interés en responder cosas a su hijo. A veces incluso se encontraba nervio en su voz para poder desviar la charla.

Si antes todo eso era tenso, ahora todo estaba peor.

La lucha psicológica con Mikasa era agotadora. La reina con su cara de "mujer herida" le recordaba cada segundo de existencia su miserable comportamiento

¿Es que Levi no lo castigó lo suficiente?

En silencio, los ojos centelleantes de Irme paseaban desde su madre hasta su padre sin comprender muy bien qué sucedía. Así que se incorporó de mejor forma a la mesa y continuó con la hora del almuerzo.

-¡Ethan! ¿Posez une question?- preguntaba la bella voz de Levi

-Non, Pére. ¿Je peux sortir?- respondía la voz del chiquillo.

Levi bajó la taza de té a la mesa de los élites, quienes asombrados observaban al padre y al hijo hablar en perfecto francés sin casi entender alguna palabra.

-Oui, fils. Leyez vous.- respondió el padre con un gesto con la mano.

Ethan se levantó de su asiento en búsqueda de más comida con las señoras de la cocina. Estaba algo incomodo porque terminaba de explicar sus movimiento innecesario en ajedrez y su padre le había sermoneado.

-Levi, ¿Qué carajos le dices a Ethan?- preguntó Hanji con curiosidad. No le sorprendió la mirada inexpresiva del pelinegro

-Nada que te importe. Él sabe que le digo.

Una mirada bastante severa reposó sobre el niño. Inmutable, Ethan continuó comiendo.

Un suspiro general se hizo presente en la mesa. Podría decirse que Levi no cambiaría nunca su estricta forma de criar a su hijo. Y cuando Hanji intentara nuevamente persuadir al pelinegro sobre su dureza, se presentó Armin en la sala.

-¿El príncipe no está aquí?- preguntó el rubio algo alarmado bajo la situación

-Non-respondió Levi sacudiendo un poco su cabeza para volver al idioma. - ¿El príncipe no estaba con su alteza?

-Al parecer, luego de terminar. Imre dijo que jugaría con Ethan un rato. No parecía raro hasta que me dijeron que Ethan hablaba con usted, Sir.

El aludido levantó sus amarillentos ojos en señal interrogativa. Jamás el príncipe acudiría a su lado para "jugar". Sus actividades siempre consistían en alguna competencia.

-Mi hijo está aquí, Armin. Búscad a su alteza por el castillo.- comentó Levi

Armin se fue ondeando la capa con elegancia. Al pasar de los minutos, el incómodo deber de los élites se hacía presente.

Media hora más tarde, Imre Jaeger era buscado por todos en el castillo.

Dos horas más tarde, por un escuadrón de búsqueda por el reino.

¿Por qué mentiría el príncipe de su paradero? ¿Por qué preocupar al rey?

Rivaille ordenó detalles de búsqueda. Y en cuanto pudo se acercó a Eren y tranquilizarlo. Lo cual fue casi imposible

-¡Leeeviii!- lloraba cuando el soldado se acercó. Lo hubiera abrazado si el amargado élite no lo detiene

-¿Qué pasó con el mocoso?- preguntó sin rodeos.

-Lo último que supe, que se iba a jugar con Ethan. Ellos casi nunca juegan, pero hoy mi hijo se veía sonriente y distinto.

Levi suspiró. Imre era astuto para escabullirse de su padre y el ojos verdes mayor ni se daba cuenta de ello. Con bastante cautela y viendo a su alrededor, el soldado acarició fugazmente el cabello de su alteza. Con aquella mirada algo tierna, que solo reservaba al rey, le susurró dulcemente que juntos encontrarían al príncipe.

La noche se hacía presente sin noticias del menor. Se dio la orden de mantenerse en búsqueda oculta en el pueblo puesto que si alguien llegara a enterarse de aquello, sería un punto débil para el mandatario. Aquella noche se antojaba oscura, sin luna ni viento silbante a los alrededores de un bosque. Mientras un padre, estresado y preocupado observaba a través de la ventana mientras trataba de calmar su esposa.

¿Por qué los dioses le castigan de esa forma?

Rivaille se hallaba tan ocupado en la búsqueda que no se percató de un detalle. Uno pequeño que pudo cambiar el futuro de aquel reino.

Una lástima.

La paz y la serenidad lo invadieron de repente y por completo, observando con cautela el refugio iluminado. Dentro de la pequeña cabaña, la luz titilaba con determinación y sin intenciones de detenerse. La voz del príncipe parecía animada mientras conversaba con alguien más. Ethan atravesó el oscuro lago con un nado silencioso y atlético. En su mente se quejó: hacía frío.

Inmediatamente atraen poderosamente su atención las cristalinas y serenas aguas del pequeño lago que se extiende en el centro mismo del valle. Lo rodea una magnífica pradera cubierta de una fresca y brillante hierba, humedecida por el rocío. A lo lejos se divisa la impresionante mole de una sierra exuberante de pinares.

Normalmente, Ethan hubiera estudiando el terreno para realizar un plan de acción mas no había tiempo para eso.

Debía volver con su padre antes que se diera cuenta de su ausencia.

Una sombra alta detuvo el suave nadar del menor. La noche era tan densamente oscura que era imposible descifrar quien era concretamente. Ethan observó con sus ojos amarillos a la sombra desaparecer.

En verdad detestaba aquello. Hacía frío.

-¡Levi!, en la parte sur de pueblo no hay reportes del principe desaparecido.

-¡Váyanse! Que nadie me diga nada hasta que aparezca el mocoso.

El capitán cerró al puerta para ir al lado de Eren, una vez más. Esta vez lo abrazó sin temor. Estaban en la habitación.

-¿Dónde está?- repetía preocupado el ojos verdes.

-Tranquilo Eren. Aparecerá.

Suavemente acariciaba el rostro del rey. El soldado se vio envuelto en una ternura inesperada. En un rato, él mismo saldría en búsqueda del niño.

El bosque, silencioso, auguraba de alguna forma todo.

Un niño de ocho años salió de un lago, mojado en su totalidad. Aborrecía estar fuera del castillo a esas horas. Ethan abrió al puerta para encontrar a su alteza preparándose para dormir. Al encontrarse con los ojos amarillos del menor su cara cambió inesperadamente de expresión.

-Imre. ¿Qué haces aquí?

-La pregunta es, ¿Qué haces tú aquí?

El príncipe le hablaba con altanería y rebeldía al menor. Ante la inesperada actitud de una persona "salvada", Ethan enserió su actitud con violencia tal como lo habría hecho su padre.

-Merci, Ethan- se dijo a sí mismo caminando con firmeza hacia Imre, quien se había levantado fugazmente.

-Ethan. Me quiero quedar aquí.

El menor se detuvo. ¿Cómo es posible que Imre pensara de una manera tan despreocupada?

-No puedes. Todos te buscan- dijo el niño simplemente.

-Mi papá y mi mamá dejaran de pelear…

Ethan había recordado una historia que su padre le dijo al volver de misión. Eren, cuando era pequeño, siempre se escabullía de los problemas escondiéndose del que era Rey Grisha.

Tal vez, el destino de los Rivaille era perseguir a los Jaeger a donde fueran.

-Si quieres te puedes sentar un rato en la fogata. Estás mojado y puedes enfermarte

-No puedo.- respondió el menor observando la fogata.

-¿Por qué?- preguntó Ethan

-La cabaña se incendió- dijo el niño agarrando varias ramas y arrojándola contra las paredes.

Solo entonces Imre cayó en cuenta que el pelinegro podría estar loco. El fuego comenzó a esparcirse con velocidad devorando, prácticamente, aquel refugio.

¿Qué refugio era ese? ¿Había estado ahí siempre?

Con agilidad, el menor tomó la mano del príncipe y salió corriendo de la cabaña. El calor expansivo y ell llameante lugar alumbraban un destino entre estos dos pequeños. Aún con las manos tomadas que gradualmente se soltaron se forjó un camino para estos dos caballeritos del reino de Alles.

La pregunta era ¿Cuál camino?

-¿Ethan? ¿Ese niño consiguió a mi hijo?- preguntó Eren tres horas más tarde.

-Así es, señor- dijo Armin sonriendo mientras se hallaba inclinado ante el rey.

-Hágalos pasar. ¡Ahora!

Bajo el frío ojo de Erwin en asuntos reales, pero siempre protector de los culpables, ingresaron a la sala los dos niños delante el guarda.

-Padre…

-Silencio Imre. Ethan. Dime ¿Dónde estaba?- dijo el rey severo ante los niños.

-Imre estaba en una cabaña con algún desconocido. No me ha querido decir el nombre.

Eren guardó silencio, luego de meditar un poco, preguntó cómo lo rescató.

-La cabaña sin querer se incendió- concluyó el menor observando con serenidad a los ojos esmeraldas del mandatario

-¡Él la incendió, padre!- intervino Imre captando la atención del menor.

-¿Es cierto?- dijo sorprendido Eren- ¡Pudieron salir lastimados!

-Pero no fue así, su alteza.- respondió astutamente el niño. El rey recordó el atrevimiento de su amado y le hizo llamar para que buscara a su hijo.

-Ambos están castigados. Imre, porque te fuiste voluntariamente. Ethan, por pirómano. Si eres tan amable, déjame con él- dijo señalando a uno mientras miraba al otro. El pelinegro, con una reverencia, se retiró.

Desde ese día, el hijo de Sir Rivaille fue apreciado por todos. El rey le mimaba como un hijo más y le dejaba moverse con facilidad por el reino. Rivaille desaprobaba esta solución y cada vez que podía detenía con firmeza alguna cosa inadecuada con el menor. Ethan, de todos modos, era un ser estoico, tranquilo y análitico.

Jamás hizo alguna estupidez en nombre del rey.

Mientras el hijo de Levi salía el rey volvió a su hijo.

-¿Quién era ese que te acompañaba en la cabaña?

Imre no dijo nada. Ni ese día, ni es los que siguieron. Ni nunca.